Mientras Colombia se prepara para atravesar un Súper Niño, otro fenómeno atmosférico podría influir en qué tan intensas sean las condiciones secas. Se trata de la Oscilación Madden-Julian, que recorre los trópicos cada 30 a 90 días y puede alterar las lluvias a su paso. Una investigación encontró que, cuando coincide con El Niño en determinadas fases, la probabilidad de lluvia puede caer por debajo del 30 % en algunas regiones del país, reforzando las condiciones de sequía.
El hallazgo cobra relevancia ante la posibilidad de que, en
un planeta más cálido, los episodios extremos asociados con El Niño se
intensifiquen. El término “Súper Niño” se utiliza para describir eventos
excepcionalmente fuertes de este fenómeno, caracterizados por un calentamiento
muy pronunciado de las aguas del Pacífico ecuatorial y capaces de alterar con
mayor intensidad los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del
planeta.
Para Colombia, el problema no está solamente en cuánto pueda
intensificarse El Niño, sino en la manera como interactúa con otros fenómenos
atmosféricos que pueden aumentar o disminuir sus efectos sobre las lluvias, uno
de ellos es precisamente la Oscilación Madden-Julian.
A diferencia de El Niño, que puede permanecer durante varios
meses, la Oscilación Madden-Julian es una perturbación atmosférica que se
desplaza de oeste a este por la franja tropical, desde el océano Índico hacia
el Pacífico.
y condiciones más secas. Aunque se origina a miles de
kilómetros de Colombia, sus efectos sobre la circulación atmosférica pueden
modificar la cantidad de humedad y precipitación que llega al país.
La investigación de Juan Daniel González Caldera, magíster
en Ingeniería-Recursos Hidráulicos de la Universidad Nacional de Colombia
(UNAL) Sede Medellín, muestra que cuando la Oscilación Madden-Julian se
encuentra en sus fases 4 y 5 —es decir, cuando su zona de mayor actividad
atmosférica se ubica sobre determinadas áreas del océano Índico y el Pacífico—
y coincide con El Niño, la probabilidad de lluvia puede caer por debajo del 30
% en sectores del país, especialmente de la región Andina.
Mientras la Oscilación Madden-Julian completa su recorrido
aproximadamente cada 30 a 90 días, El Niño y La Niña forman parte de un ciclo
mucho más largo, que varía en escalas de entre 2 y 7 años.
“Puede intensificar las sequías al disminuir las lluvias, o
incluso ayudar a mitigar los impactos cuando se encuentra en su fase
convectiva”, explica el magíster González.
Según el experto, lo importante radica en dónde se encuentra
la zona activa de esta oscilación. Cuando favorece el ascenso de aire húmedo y
la formación de nubes puede aumentar las precipitaciones; cuando ocurre lo
contrario, puede reforzar temporalmente las condiciones secas.
Esa capacidad de aumentar o reducir las lluvias también
aparece durante La Niña. La investigación encontró que, cuando la Oscilación
Madden-Julian se encuentra en las fases 8 y 1, la probabilidad de condiciones
lluviosas puede alcanzar entre el 70 y el 80 %, con efectos especialmente
notorios sobre la región Andina y sectores del Escudo Guayanés.
Por eso, conocer en qué fase se encuentra la oscilación
podría aportar información adicional para anticipar periodos particularmente
secos o lluviosos dentro de fenómenos de mayor duración como El Niño y La Niña.
Cambio climático podría reforzar los periodos secos y
húmedos
Para explorar qué podría ocurrir en un clima más cálido, el
magíster González sometió el modelo desarrollado en la investigación a una
especie de “prueba de estrés”: aumentó de manera controlada la intensidad de El
Niño-La Niña y de la Oscilación Madden-Julian, tomando como referencia un
escenario de altas emisiones de gases de efecto invernadero. El propósito no
fue predecir exactamente cómo será el clima futuro, sino observar cómo
responderían los patrones de lluvia del país si estos fenómenos se fortalecen.
Los resultados mostraron que, bajo condiciones de El Niño,
algunos de los estados más secos de precipitación podrían aumentar su
frecuencia entre un 5 y cerca de un 10 %. Con La Niña ocurre lo contrario: se
refuerzan los estados húmedos. Sin embargo, la Oscilación Madden-Julian puede
moderar parcialmente esos efectos, introduciendo episodios húmedos durante El
Niño o atenuando algunos cambios durante La Niña.
“Lo que encontramos es que serían períodos más intensos. El
ENSO puede ser más fuerte por la disminución de la precipitación, por ejemplo”,
añade el investigador.
Sin embargo, los resultados también muestran que la
Oscilación Madden-Julian no actúa siempre en la misma dirección: dependiendo de
su fase puede reforzar las condiciones impuestas por El Niño o La Niña, pero
también contrarrestarlas parcialmente. Esa variabilidad es justamente una de
las razones por las que incorporarla a los análisis climáticos puede mejorar la
comprensión de lo que ocurre dentro de una temporada seca o lluviosa.
Para llegar a estos resultados, el investigador analizó
registros de precipitación de más de 1.000 estaciones del Ideam y los
complementó con información atmosférica global sobre viento, humedad y
movimiento vertical del aire. A partir de estos datos identificó distintos
patrones de lluvia en Colombia y evaluó cómo cambia la probabilidad de pasar de
un estado seco a uno húmedo —o viceversa— según la fase de El Niño, La Niña y
la Oscilación Madden-Julian.
Para ello utilizó un modelo estadístico conocido como modelo
oculto de Markov no homogéneo, que permite reconocer patrones que no son
evidentes directamente en los datos y estimar la probabilidad de transición
entre distintos estados de precipitación. Después sometió ese modelo a cambios
controlados en la intensidad de El Niño-La Niña y la Oscilación Madden-Julian
para explorar su comportamiento bajo condiciones compatibles con escenarios de
cambio climático.
Más que reemplazar los pronósticos existentes, los
resultados muestran que incorporar la interacción entre estos fenómenos puede
ayudar a comprender mejor por qué, dentro de un mismo episodio de El Niño o La
Niña, las condiciones de lluvia pueden cambiar en cuestión de semanas.
“Se deben generar estrategias de planeación para mitigar
impactos; entender la Oscilación Madden-Julian es crucial para ello”, concluye
González.





















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