Debajo de muchos edificios y puentes hay grandes columnas de concreto –o pilotes– escondidas bajo tierra, como piernas gigantes que sostienen todo para que no se caiga. Sin embargo, simulaciones geotécnicas revelaron que cuando estas columnas se instalan demasiado separadas, el suelo se puede desplazar hasta 59 % más, aumentando así el riesgo de deslizamientos en laderas y carreteras del país, mientras que distancias más cortas mejoran la estabilidad significativamente.
Tras las intensas lluvias registradas en 2025, el Instituto
de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) alertó que el
40,8 % de los municipios de Colombia se encuentra en riesgo de
deslizamiento, con especial preocupación en departamentos como Antioquia,
Cundinamarca, Boyacá, Santander y el Eje Cafetero. A esto se suma el impacto
económico, pues datos del Servicio Geológico Colombiano evidencian que desde
1995,estos eventos le han costado al país más de 100 millones de dólares en daños
a infraestructura, viviendas y vías.
Más allá de las cifras, los deslizamientos siguen cobrando
vidas y afectando comunidades asentadas en laderas cercanas a carreteras,
puentes y zonas urbanas, en donde la estabilidad del terreno depende de obras
de contención que no siempre se diseñan con criterios ajustados a las
condiciones reales del suelo. Uno de los casos más recientes ocurrió en junio
de 2025 en el municipio de Bello (Antioquia), en donde un deslizamiento
asociado al desbordamiento de una quebrada arrasó varias viviendas y causó la
muerte de 16 personas.
En este contexto, la investigadora Leydy Tatiana Bernal,
magíster en Ingeniería - Geotecnia de la Universidad Nacional de Colombia
(UNAL), se propuso analizar el desempeño real de los pilotes utilizados como
estructuras de contención en laderas, y encontró que aunque estos elementos se
emplean desde hace años en el país, su diseño suele enfocarse en evitar un
colapso inmediato de la estructura, pero no en controlar los desplazamientos
progresivos del terreno durante eventos de lluvia intensa, sobre todo en zonas
rurales y de alta pendiente.
Las normas vigentes, como el Reglamento Colombiano de
Construcción Sismo Resistente y el Código Colombiano de Puentes, evalúan si los
pilotes resisten el peso del suelo y las cargas externas, pero no analizan con
suficiente detalle cómo interactúan con el terreno ni cuánto se pueden
desplazar este con el tiempo. Así, una ladera puede no colapsar de forma
súbita, pero sí moverse lentamente generando grietas en vías, viviendas o redes
de servicios hasta volverse insegura.
“Uno de los aspectos más críticos y menos estudiados es la
distancia entre estas columnas de concreto. Si están demasiado separadas, el
suelo puede ‘escaparse’ entre ellas; si están muy juntas, la obra se encarece
sin que necesariamente mejore su desempeño”, explica la investigadora.
Simular la montaña antes de construir
Para responder a este vacío técnico, la magíster recurrió a
modelos computacionales tridimensionales mediante el software MIDAS
GTS NX, una herramienta que permite recrear virtualmente lo que ocurre bajo la
superficie antes de construir. Las simulaciones evaluaron cómo varían los
movimientos del suelo según la pendiente del terreno, el tipo de material —más
arcilloso o más arenoso—, la presencia de agua subterránea y la separación
entre los pilotes.
Los modelos representaron pendientes con alturas entre 10 y
20 m, con excavaciones de hasta 6 m para instalar pilotes de gran
diámetro, separados entre sí a distancias equivalentes a dos, tres y cuatro
veces su diámetro. Estos escenarios reproducen condiciones comunes en
carreteras, taludes intervenidos y zonas montañosas del país.
Para simular el efecto de las lluvias se incorporó el
aumento del nivel de agua dentro del suelo. Los resultados mostraron que cuando
el terreno se satura no solo pierde resistencia, sino que además cambia su
interacción con los pilotes: en separaciones amplias, el suelo tiende a
desplazarse entre las columnas, reduciendo así la capacidad del sistema para
contener la ladera.
En cambio, cuando los pilotes se ubican a distancias de
entre dos y tres veces su diámetro, trabajan de manera conjunta, redistribuyen
los esfuerzos y limitan el desplazamiento del terreno incluso en pendientes
pronunciadas y con presencia de agua subterránea.
En términos cuantitativos, los pilotes separados a cuatro
veces su diámetro registraron hasta un 59 % más de desplazamiento
horizontal en comparación con separaciones menores, lo que incrementa
significativamente el riesgo de movimientos de tierra en zonas habitadas o de
infraestructura vial.
A partir de estos hallazgos, la investigación sugiere que
los diseños no se deberían basar únicamente en que la estructura “no se caiga”,
sino también en cuánto se mueve el suelo con el tiempo, y además que se deben
evaluar conjuntamente variables como la pendiente del terreno, el diámetro y la
separación de los pilotes, así como la presencia de agua subterránea.
“Este trabajo muestra la necesidad de revisar con mayor
rigor los criterios de diseño de pilotes usados como estructuras de contención,
para que las obras no solo cumplan con factores de seguridad, sino que
realmente reduzcan el riesgo de deslizamientos”, señala la magíster Bernal,
cuyo trabajo fue dirigido por el profesor Guillermo Eduardo Ávila y da
continuidad a estudios previos desarrollados en la UNAL.










































