viernes, 5 de junio de 2026

Caimán llanero tendría nueva ruta para su conservación en Colombia

 Después de más de un año de revisión documental, reuniones con autoridades ambientales y análisis sobre el futuro del Programa Nacional de Conservación del Caimán Llanero, la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) presentó ante el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MinAmbiente) una propuesta integral para atender la situación de los ejemplares que permanecen bajo el cuidado de la Estación de Biología Tropical Roberto Franco, en Villavicencio.

La iniciativa “Gestión de emergencia del caimán del Orinoco (Crocodylus intermedius)” propone trasladar de manera definitiva los 127 ejemplares de caimán llanero que actualmente se reportan en la Estación hacia la Reserva Natural Wisirare, ubicada en el municipio de Orocué (Casanare), mediante un esquema de cooperación entre el Minambiente, Cormacarena, Corporinoquia, la Fundación Palmarito y la UNAL.

Para la profesora Lucy Gabriela Delgado Murcia, decana de la Facultad de Ciencias de la UNAL, “la propuesta busca ofrecer una salida estructural a una situación que se viene acumulando durante décadas y que ya no se puede resolver únicamente desde la reproducción en cautiverio”.

“La Universidad no puede seguir siendo el destino final de los animales. Nuestro papel histórico ha sido aportar conocimiento científico, apoyar la conservación y contribuir a la recuperación de la especie, pero el fin no es coleccionar ejemplares sino reintroducirlos en su hábitat natural para que permanezcan aportando a su ecosistema”, agrega.

Uno de los aspectos que más preocupa a la Facultad tiene que ver con la información que circula sobre las condiciones de los animales alojados en la Estación.

La profesora Delgado rechaza las afirmaciones según las cuales los ejemplares permanecen sin alimentación o en condiciones de abandono:

“los animales que la Nación tiene a nuestro cuidado comen perfecto y en la periodicidad ideal, que corresponde a una vez por semana”, afirma.

Precisamente una visita reciente de Cormacarena —autoridad encargada de la inspección, la vigilancia y el control de fauna silvestre en el Meta— reportó el buen estado de salud de los ejemplares de caimán llanero.

Asimismo, enfatiza que, “los animales no hacen canibalismo, no es propio de su comportamiento”.

Un plan de manejo que sigue sin aparecer

Uno de los elementos que motivan la propuesta tiene que ver con el seguimiento del Programa Nacional de Conservación del Caimán Llanero.

Según la Facultad de Ciencias, el 31 de diciembre de 2025 Minambiente le solicitó formalmente a Cormacarena adoptar un plan de manejo para los ejemplares vivos de la especie, incluyendo medidas relacionadas con su mantenimiento, traslado, disposición y reintroducción en ambientes naturales. Sin embargo, 5 meses después la Universidad asegura que no conoce ningún documento que permita avanzar en la solución de fondo del problema.

La situación adquiere especial relevancia porque actualmente la Estación Roberto Franco alberga ejemplares que superan ampliamente la edad recomendada para procesos de reintroducción.

Mientras los protocolos de conservación plantean que los animales deberían ser liberados durante sus primeros años de vida, numerosos individuos permanecen en cautiverio desde hace más de una década.

Para la decana Delgado, la conservación de la especie no se puede reducir a la reproducción permanente de ejemplares, sino que debe incluir estrategias efectivas de repoblamiento y seguimiento en los ecosistemas naturales donde históricamente habita el caimán llanero.

Una nueva función para la Estación Roberto Franco

La propuesta presentada al Ministerio contempla un cambio profundo en el papel que ha desempeñado la Estación Roberto Franco durante las últimas décadas.

Una vez se complete el traslado de los ejemplares, la Universidad plantea que la Estación deje de operar como centro permanente de reproducción y se convierta en un nodo de incubación temporal, caracterización biológica, seguimiento técnico y apoyo científico para la conservación de la especie, conforme a su misión y alcances institucionales.

El documento establece que los huevos producidos por ejemplares alojados en otros predios podrían ser incubados temporalmente en la Estación, y que los neonatos permanecerían allí entre 6 y 12 meses antes de ser trasladados para su posterior liberación en ambientes naturales, siempre y cuando la autoridad ambiental territorial defina con claridad los destinos de los ejemplares que vayan surgiendo. Sin plan de reintroducción la Universidad solo brindaría su apoyo con asesoría científica sin asumir ningún papel operativo.

La propuesta también incluye crear una mesa técnico-científica permanente integrada por especialistas en medicina veterinaria, conservación y manejo de fauna silvestre, con participación de entidades de la región y expertos vinculados históricamente al programa.

Regularizar la situación de los animales fuera de la Estación

Otro componente del plan busca regularizar la situación de los ejemplares que actualmente permanecen en otros predios.

En el caso de la Universidad de los Llanos, la propuesta plantea formalizar la permanencia de 12 animales mediante un convenio específico entre Unillanos, Cormacarena y Minambiente.

Para Merecure Parque Agroecológico, la Universidad propone una evaluación técnica de una población estimada entre 152 y 185 ejemplares, con el fin de definir cuáles podrían ser liberados y cuáles deberían permanecer bajo esquemas de manejo controlado.

La Facultad de Ciencias sostiene que varios de los instrumentos jurídicos que respaldaban la permanencia de animales en estos lugares ya expiraron y que es necesario definir nuevas responsabilidades institucionales para garantizar el bienestar de los ejemplares y la trazabilidad de la especie. Resalta que tanto Unillanos como Merecure cuentan con la tenencia material de los ejemplares alojados en sus predios.

La experiencia técnica sigue siendo reconocida

La nueva propuesta surge en medio de cuestionamientos públicos sobre el manejo de los animales en la Estación Roberto Franco. Sin embargo, la Universidad sostiene que sigue siendo una de las instituciones con mayor experiencia científica en el manejo de la especie.

De hecho, mientras avanza la revisión y reconstrucción de documentos y convenios relacionados con el programa, la propia autoridad ambiental, es decir Cormacarena, ha solicitado apoyo técnico de la UNAL para actividades asociadas con el manejo y cuidado de ejemplares de caimán llanero, situación que para la Facultad de Ciencias demuestra el reconocimiento de las capacidades técnicas acumuladas por la Estación durante más de cinco décadas de trabajo.

Por eso, la Facultad estructuró un curso de extensión para capacitar al personal de Unillanos, Merecure y Cormacarena, de manera que cuenten con los conocimientos y destrezas adecuadas para asumir en la debida forma el cuidado de los animales a su cargo.

La Facultad también señala que los registros técnicos recopilados durante los últimos meses evidencian la continuidad de los procesos de alimentación y manejo sanitario de los animales alojados en la Estación, en contraste con algunas versiones difundidas recientemente en distintos escenarios públicos.

Una discusión que va más allá de la emergencia

La propuesta presentada al Ministerio no se limita al traslado de animales, también solicita una actualización integral del Programa Nacional de Conservación del Caimán Llanero y una redefinición del papel de la Universidad dentro de esa estrategia.

La Facultad de Ciencias considera que la UNAL debe concentrar sus esfuerzos en investigación, asesoría científica y apoyo técnico, mientras las autoridades ambientales fortalecen los mecanismos de reintroducción, seguimiento y recuperación de poblaciones silvestres.

Para la profesora Delgado, el objetivo final es que la discusión deje de centrarse únicamente en la emergencia actual y avance hacia una solución de largo plazo que garantice tanto el bienestar de los animales como la recuperación efectiva de los hábitats naturales de una especie que continúa en riesgo crítico de extinción.





miércoles, 3 de junio de 2026

HUMEDAL BOSQUELAGO RECUPERA SU BIODIVERSIDAD, TRAS PROCESO DE RESTAURACIÓN AMBIENTAL

 Se le retiraron 34.000 toneladas de vegetación invasiva, en un trabajo de Jaramillo Mora que duró 11 meses. Tras la intervención, que contó con el acompañamiento de la CVC, el ecosistema registró un incremento del 38% en biodiversidad.

Luego de permanecer durante años cubierto por vegetación invasora y con una baja diversidad de fauna silvestre, el humedal Bosquelago, también conocido como humedal Arizona, en Jamundí, avanza en un proceso de recuperación ambiental que comienza a devolverle su importancia ecosistémica.

Este cuerpo de agua de 5,4 hectáreas, ubicado dentro del plan parcial Arizona, fue objeto de intervención por parte de la constructora Jaramillo Mora, aspecto que contó con el acompañamiento técnico y supervisión de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca, CVC, como parte de las acciones ambientales contempladas para el desarrollo de un proyecto urbanístico.

 “En 2022, el humedal se encontraba completamente cubierto por papiros, buchón y pastos que obstruían la totalidad del espejo de agua, lo que limitaba la provisión de los servicios ecosistémicos característicos de este tipo de ambientes. A partir de ese año, se inició un proceso de limpieza manual que se extendió durante once meses y permitió retirar cerca de 34.000 toneladas de material vegetal”, señaló Gladys Castro, jefe de Gestión Ambiental de Jaramillo Mora.

 Además de la limpieza, se instalaron cinco aireadores para mejorar los niveles de oxigenación del agua y actualmente se realizan mantenimientos periódicos para evitarla proliferación de plantas acuáticas invasoras.

 “Este trabajo permitió avanzar en la recuperación físico-química y bacteriológica del humedal, así como en la consolidación de servicios ecosistémicos fundamentales como la regulación hídrica, la conservación de la biodiversidad y el fortalecimiento de espacios de educación ambiental”, destacó Gabriel Rodríguez, biólogo de la Dirección Ambiental Regional Suroccidente de la CVC.

Tras las labores de recuperación, el ecosistema comenzó a evidenciar resultados positivos. Los monitoreos realizados registraron un incremento del 38% en la biodiversidad, con la identificación de 102 especies de aves, entre ellas, algunas migratorias.

 A la fecha, Jaramillo Mora adelanta nuevas acciones autorizadas por la CVC para mejorar la calidad de las aguas que ingresan al humedal, desde una derivación del río Claro. 

Es de resaltar que la recuperación del humedal también hace parte de una apuesta de espacio público y conservación ambiental para Jamundí, ya que tanto el humedal como la zona del bosque de guadua integrarán un parque municipal cercano a los 200.000 metros cuadrados, que será entregado al municipio.

“Desde Jaramillo Mora, invitamos a la comunidad para que se apropie de este lugar, que reconozca la riqueza ambiental que tiene y nos ayude a conservarlo”, agregó Castro.

El llamado se hace debido a que humedal ha comenzado a consolidarse como un escenario de educación y apropiación ambiental, ya que durante el Festival de Aves de Jamundí 2025 y algunas actividades desarrolladas en el marco de la COP16, así como en la Semana de la Biodiversidad, estudiantes, visitantes y observadores de aves recorrieron el lugar para conocer su proceso de recuperación y la biodiversidad que alberga.

Desde la CVC, el acompañamiento continúa mediante reuniones técnicas y seguimiento permanente a las acciones implementadas por el desarrollador del proyecto, con el objetivo de optimizar continuamente las estrategias de manejo sostenible del humedal.

Especies de aves reportadas: 

 Nannopterum brasilianum (cormorán), Egretta caerulea (garcita azul), Phimosus infuscatus (ibis), Tachybaptus dominicus (zambullidor menor), Dendrocygna autumnalis (iguaza), Ardea cocoi (garzón azul) y especies migratorias como la Actitis macularius (playera) y la Tringa solitaria, evidenciando el fortalecimiento de las comunidades de aves vinculadas al humedal.





martes, 2 de junio de 2026

Fotografías y relatos muestran el otro rostro de San Andrés de Tumaco

 Manglares, playas, ríos, rostros y escenas cotidianas del Pacífico nariñense componen el libro Desde mi sintaxis: San Andrés de Tumaco, del profesor Eyder Daniel Gómez López, en el cual se utiliza la fotografía para contar la riqueza cultural, ambiental y humana de uno de los territorios más biodiversos y menos visibles del país.

La publicación, que formó parte de las novedades presentadas en la reciente Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo) 2026, propone un recorrido por Tumaco a través de imágenes y reflexiones construidas desde la experiencia directa del autor en el territorio.

Aunque en Colombia hablar de San Andrés evoca al Archipiélago del Caribe, al sur del país, en el litoral Pacífico nariñense, existe otro: San Andrés de Tumaco, un territorio rodeado por manglares, ríos y selva húmeda tropical que concentra una riqueza biológica, cultural, ambiental y humana representativa de la biodiversidad nacional.

Allí convergen la pesca, la actividad portuaria y el comercio marítimo. Durante generaciones la población —en su mayoría afrodescendiente— ha construido una identidad profundamente ligada al territorio, expresada en sus prácticas culturales, su gastronomía, su música y sus formas de vida comunitaria.

Esa relación entre paisaje, memoria y vida cotidiana es el punto de partida de Desde mi sintaxis: San Andrés de Tumaco, una obra que interpreta el territorio a través de las fotografías tomadas por el autor.

Además de describir a San Andrés de Tumaco, el escritor lo interpreta en las imágenes captadas a través de una mirada que combina experiencia personal en el territorio y reflexión académica, y propone el concepto de “sintaxis” como la forma en que cada individuo organiza el mundo a partir de su vivencia.

Una de sus inspiraciones principales fue la interpretación personal de “La tríada” (que plantea tres dimensiones del ser: espíritu, cuerpo y alma) presentada por la psicóloga Margarita Osorio Salazar durante el encuentro “Artes, ciencias, humanidades y tecnologías: culturas en comunicación (Cuenco)”, realizado en junio de 2024 en San Andrés de Tumaco.

Lo que comenzó como una reflexión académica terminó convirtiéndose en un proyecto editorial en el que la fotografía asumió el papel principal.

Inspirado en el relato Ante la ley, de Franz Kafka, el libro retoma la idea de “prohibida la entrada” para reflexionar sobre barreras visibles e invisibles: desde las dificultades de acceso a la educación hasta los límites culturales y simbólicos que muchas veces condicionan las aspiraciones incluso antes de intentar alcanzarlas.

En este contexto, a través del Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica (PEAMA), la UNAL ha permitido que estudiantes de regiones como Tumaco accedan a la educación superior llevando consigo sus saberes y experiencias. “Ellos son como una Colombia en pequeño dentro de la Sede”, destaca el autor al referirse a la diversidad territorial que enriquece la construcción de conocimiento.

En sus páginas, el profesor Gómez también reconoce el papel de estos estudiantes, con quienes ha compartido procesos formativos, investigativos y humanos.

La fotografía como puente para leer el territorio

Con 198 páginas y disponible en formato físico y digital gratuito, Desde mi sintaxis: San Andrés de Tumaco recorre los paisajes del Pacífico mediante imágenes y textos breves sobre identidad, territorio y país.

El recorrido comienza con el capítulo “En blanco, gris y negro”, una serie de fotografías de atardeceres en las playas de Tumaco que introduce al lector en la atmósfera visual y emocional de la obra.

Durante su presentación, el profesor Gómez invitó a reflexionar sobre una pregunta sencilla y a la vez profunda: ¿cómo entendemos el mundo desde el lugar que habitamos?

Para el autor, la respuesta pasa necesariamente por reconocer las condiciones históricas que han marcado territorios como Tumaco, en donde las brechas en educación, infraestructura y oportunidades han influido en la manera como las comunidades construyen su relación con el entorno.

Uno de los hilos más personales del libro es la relación del autor con el mar. Criado en el macizo colombiano, el profesor Gómez conoció el océano a los 6 años durante una visita a Buenaventura, un primer encuentro con el Pacífico que marcaría una profunda conexión, y que más adelante se fortalecería a través de su trabajo académico e investigativo en regiones como Guapi, Tumaco y posteriormente el Caribe.






lunes, 1 de junio de 2026

Tierras raras, el recurso del siglo XXI que Colombia aún no explora a fondo

 “Mientras China limita la venta de minerales estratégicos y Estados Unidos busca nuevos países que los suministren, en Colombia crece la discusión sobre el potencial del país en depósitos de tierras raras, minerales clave para fabricar vehículos eléctricos, turbinas eólicas, baterías y chips”, aseguran expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

Como parte del diálogo de saberes del Centro de Pensamiento de Responsabilidad y Sostenibilidad de la Industria Minera, académicos, geólogos y mineros expertos se reunieron en la Facultad de Minas de la UNAL Sede Medellín, en donde advirtieron que Colombia se podría convertir en un actor emergente en este mercado global, siempre y cuando logre construir una política minera estable, moderna y técnicamente sólida.

“Las tierras raras no son solo minerales, son la infraestructura estratégica del siglo XXI”, afirmó el profesor Jorge León Pérez, de la Facultad de Minas.

Las tierras raras son un conjunto de 17 elementos químicos de la tabla periódica: los 15 lantánidos (del lantano al lutecio) más el escandio y el itrio. Aunque su nombre puede confundir, estos elementos no son necesariamente escasos en la corteza terrestre pero sí difíciles de extraer, ya que suelen aparecer mezclados y en bajas concentraciones dentro de otros minerales. Se destacan el neodimio y el disprosio, empleados para elaborar imanes potentes usados en motores eléctricos y turbinas eólicas; o el europio y el terbio, esenciales para algunos sistemas de iluminación y pantallas.

“Actualmente China domina cerca del 60 % de las reservas mundiales conocidas y alrededor del 80 % de la capacidad global de refinación, lo que ha convertido estos minerales en un asunto geopolítico de primer nivel. Quien tenga minerales críticos tiene poder en el mercado global”, señaló el profesor Pérez.

Por su parte, el docente Óscar Jaime Restrepo Baena, del Departamento de Materiales y Minerales de la Facultad de Minas de la UNAL, explicó que las reservas globales de tierras raras rondan los 130 millones de toneladas, y que América Latina aparece hoy como una región clave para nuevas exploraciones. En ese escenario, Colombia comienza a llamar la atención por su potencial geológico aún poco estudiado.

Según el experto, regiones como el Escudo Guayanés, la Sierra Nevada de Santa Marta y varios complejos alcalinos del país presentan condiciones favorables para la presencia de estos minerales. “Colombia tiene un potencial sin explorar y urge avanzar en estudios sistemáticos”, insiste.

Primeras descripciones

Uno de los proyectos que más interés ha despertado recientemente es Minastyc, en Vichada, realizado por la empresa canadiense Auxico. La iniciativa avanza en fases de prospección de minerales críticos y tierras raras asociadas con arenas aluviales superficiales, ubicadas apenas entre 3 y 4 m de profundidad. Esto se traduciría en costos de extracción más bajos en y una mayor viabilidad económica, al reducir la necesidad de hacer perforaciones profundas o voladuras.

También hay otros posibles hallazgos en Caldas, Antioquia, Boyacá y Cundinamarca, que la UNAL espera seguir explorando a futuro.

En el evento se presentó el documento “La minería en Colombia: análisis de su actualidad y propuestas programáticas para el manejo integral y sostenible de la minería en Colombia 2026-2030”, en el cual los investigadores recuerdan que la minería representa alrededor del 2 % del PIB nacional, aporta cerca del 13 % de la inversión extranjera directa y genera alrededor de 350.000 empleos directos.

Sin embargo, el sector enfrenta problemas estructurales: informalidad, extracción ilícita, conflictos ambientales, débil articulación institucional y baja confianza entre comunidades y empresas.

Frente a ese panorama, los expertos insisten en que el país debe evitar repetir los históricos errores de explotación desordenada.

Añaden que “el debate ya no se puede limitar a extraer minerales, sino a definir qué modelo de desarrollo quiere construir Colombia. Debe haber un techo que es confianza y seguridad. Es el momento de tomar las riendas académicas y recuperar un país minero”.

Los investigadores también advirtieron que Colombia llega tarde frente a otros países latinoamericanos, pues mientras Chile y Perú atraen grandes inversiones en minerales estratégicos, Colombia enfrenta un escenario de desinversión y falta de capital de riesgo para proyectos de exploración.

Sin embargo, las investigaciones en Antioquia muestran señales prometedoras. El profesor Luis Hernán Sánchez, de la UNAL Sede Medellín, presentó resultados de cartografía geoquímica y muestreos de sedimentos en el nordeste antioqueño, en donde se encontraron valores importantes de neodimio, uno de los elementos más codiciados para la fabricación de turbinas eólicas y motores de vehículos eléctricos.

El interés mundial por estos minerales no deja de crecer. Recientemente Europa anunció el hallazgo de uno de los mayores yacimientos de tierras raras del continente, valorado en cerca de 64.000 millones de euros y con potencial para cubrir hasta el 33 % de la demanda europea.

En medio de esa nueva carrera global, Colombia empieza a preguntarse si seguirá siendo solo un exportador tradicional de materias primas, o si intentará convertirse en un actor estratégico de la economía tecnológica del siglo XXI.
















viernes, 29 de mayo de 2026

Diseñan sistema para orientar drones en minas, túneles y zonas sin GPS

 Un sistema basado en cámaras, sensores y visión artificial permitiría que los drones mantengan la orientación y reconstruyan el entorno en tiempo real cuando las señales satelitales fallan. Durante las pruebas el prototipo redujo hasta en 40 % los errores de navegación frente a los métodos tradicionales basados solo en GPS.

Imagine un dron entrando a un túnel después de un derrumbe, recorriendo una mina subterránea o atravesando un cultivo cubierto por humo para detectar un incendio. En esos escenarios depender exclusivamente del GPS es como intentar caminar con los ojos vendados: un pequeño error puede desviar completamente la trayectoria.

Para resolver ese problema, el sistema desarrollado por Edwin Alexander Casallas Moreno, magíster en Ingeniería Mecánica de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), permite que el dron “entienda” el espacio que lo rodea utilizando referencias visuales del entorno.

El principio es similar a la forma en que una persona se orienta en un lugar desconocido: recuerda una puerta, una escalera o una ventana para saber dónde está y hacia dónde avanzar.

En lugar de depender de satélites, la aeronave utiliza cámaras capaces de identificar puntos clave del entorno —como esquinas, patrones, relieves u objetos— y compararlos constantemente para calcular su movimiento en tiempo real. Así, el dron reconstruye un “mapa visual” mientras avanza y corrige errores de posición durante el vuelo.

La arquitectura de navegación propuesta utiliza cámaras, sensores y algoritmos de visión artificial para mantener la orientación incluso en los entornos en donde las señales satelitales desaparecen o pierden precisión.

Para las pruebas, el investigador adaptó un dron cuadricóptero al que le incorporó cámaras Intel RealSense D435i, sensores de movimiento y sistemas de procesamiento capaces de interpretar el entorno en tiempo real.

Luego, el prototipo se evaluó en entornos virtuales desarrollados sobre ROS y RViz —plataformas utilizadas en robótica para simular navegación autónoma— y después en vuelos experimentales realizados en espacios controlados, en donde se debía desplazar, detectar obstáculos y mantener la orientación incluso sin señal GPS.

Soluciones desde la UNAL

Detrás de este desarrollo trabajan sistemas de odometría visual y algoritmos de localización y mapeo simultáneo (SLAM), tecnologías de robótica avanzada que les permiten a las máquinas autónomas ubicarse y desplazarse en espacios complejos.

Durante las pruebas, el dron logró mantener una trayectoria estable incluso sin señal GPS, con márgenes de error cercanos a 1 m frente a la ruta real de navegación. En otras palabras, aun sin ayuda de satélites, el dron podía calcular su posición con una diferencia aproximada de 1 m respecto a su ubicación real.

Uno de los aportes más importantes del proyecto fue el desarrollo de un esquema de “control distribuido”: en vez de depender de un único computador central, distintos módulos del dron —como cámaras, sensores y controladores de vuelo— procesan información de manera coordinada y comparten datos constantemente para tomar decisiones.

La lógica se parece más a un equipo de trabajo que a una sola máquina dando órdenes, lo que quiere decir que mientras unos componentes detectan obstáculos otros calculan trayectorias y otros más corrigen la estabilidad del vuelo en tiempo real.

Aunque en Colombia este tipo de desarrollos todavía están especialmente en etapas de investigación, en países como China ya existen aplicaciones similares para minería automatizada, inspección de infraestructura y monitoreo remoto de operaciones industriales.

“En China ya se utilizan sistemas autónomos para operar maquinaria minera y apoyar obras de infraestructura. En agricultura, sus aplicaciones van desde monitorear cultivos y aplicar fertilizantes hasta detectar incendios o analizar el estado del terreno en tiempo real. La expansión de estas tecnologías ya no es una posibilidad lejana sino una transformación que avanza rápidamente”, asegura el investigador Casallas.

El avance de sistemas autónomos como este tendría aplicaciones futuras en atención de emergencias, monitoreo ambiental, inspección de obras civiles y exploración industrial.






miércoles, 27 de mayo de 2026

Nueva guía revela las mariposas que sobreviven entre el concreto y los cultivos de Palmira

 Por primera vez una guía científica documentó 41 especies de mariposas rojas, amarillas, azules y blancas que sobreviven entre árboles, jardines y zonas verdes del campus de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira. El registro para la Universidad también revela cómo ayudan estos insectos a medir la salud ambiental de los ecosistemas.

Con cerca de 3.877 especies registradas, Colombia es reconocida como el país con mayor diversidad de mariposas del planeta. Sin embargo, más allá de su belleza, estos insectos funcionan como bioindicadores naturales, es decir organismos cuya presencia o desaparición permite entender qué tan saludable está un ecosistema.

En regiones como el Valle del Cauca, la pérdida de bosques y la expansión de monocultivos amenazan cada vez más la supervivencia de las mariposas, al reducir las plantas de las que dependen para alimentarse y reproducirse. Por eso registrar su diversidad también permite comprender cómo se transforma el ambiente y qué especies logran resistir a esos cambios.

La guía nació de la “Convocatoria sobre bioindicadores ambientales” de la Dirección de Investigación y Extensión de la UNAL Sede Palmira. En el trabajo se documentaron más de 40 especies encontradas alrededor de la cancha de fútbol y en zonas con más vegetación y menos presencia de personas dentro del campus, el cual fue reconocido durante la COP16 como un “refugio de biodiversidad para el suroccidente del país”.

Las mariposas identificadas pertenecen a las familias Nymphalidae, conocidas por sus colores intensos y vuelos llamativos; Hesperiidae, apodadas “saltadoras” por sus movimientos rápidos; Pieridae, de tonos blancos y amarillos; Riodinidae, de pequeños destellos iridiscentes, y Lycaenidae, pequeñas mariposas azuladas difíciles de fotografiar.

El documento fue elaborado por las zootecnistas Estefanía González Quinto y Angely Bueno Torres, integrantes del Semillero de Investigación en Orquídeas, Ecología y Sistemática Vegetal, con el acompañamiento del profesor Joel Tupac Otero Ospina. La guía reúne fotografías, ilustraciones y descripciones detalladas sobre alas, manchas, bordes y tamaños de cada especie.

“El trabajo comenzó en 2024 con diez jornadas de muestreo, y continuó en 2025, cuando logramos ampliar el inventario hasta alcanzar 41 especies registradas dentro del campus”.

“Lo que hicimos fue divulgar la diversidad e importancia de las mariposas presentes en el campus con el propósito de generar conocimiento más allá de su valor estético”, afirma la zootecnista González.

El profesor Otero explica que estos insectos cumplen un papel clave dentro de los ecosistemas. En su etapa de oruga se alimentan de plantas, y en la adultez ayudan en procesos de polinización mientras transportan polen entre flores. Además sirven de alimento para aves, anfibios y otros insectos, por lo que forman una parte esencial de la cadena alimenticia.

Cinco familias y muchas mariposas difíciles de olvidar

La familia más abundante en el estudio fue Nymphalidae, de la que sobresalen especies como Anartia amathea, reconocible por sus tonos rojos, cafés y blancos. En contraste, una de las menos registradas fue Manataria maculata, una mariposa café que suele esconderse entre troncos y zonas de barro, lo que dificulta encontrarla.

La guía también incluye especies como Phoebis argante, de color amarillo intenso y alas de hasta 6,3 cm; Leptotes cassius, una pequeña mariposa azul violácea de apenas 2 cm; y otras como Melanis electronNotheme erota e Isapis agyrtus, reconocibles por sus manchas rojizas, franjas anaranjadas y patrones contrastantes.

Cada ejemplar fue registrado con coordenadas, sitio de captura y nombre científico. Después del trabajo en campo, los especímenes se llevaron al Laboratorio de Entomología para su etiquetado, conservación y montaje en cajas entomológicas.

Durante los recorridos, las investigadoras caminaban sin devolverse para evitar contar dos veces el mismo individuo, y registraban cuidadosamente cada observación en sus libretas de campo.

Fotografía, ilustración y ciencia

El proyecto también requirió un trabajo conjunto entre ciencia, fotografía e ilustración. Las imágenes fueron tomadas por Estefanía González con apoyo del estudiante Alejandro Castrillón, utilizando cámaras Canon y Nikon, mientras que Angely Torres realizó las ilustraciones científicas de la guía.

Capturar algunas especies no fue sencillo. Las autoras tuvieron que aprender técnicas de enfoque rápido para fotografiar mariposas pequeñas y de vuelo acelerado, especialmente las de la familia Lycaenidae.

La expectativa del equipo es que la guía pueda circular tanto en formato digital como físico y convertirse en una herramienta de divulgación científica y educación ambiental para estudiantes y visitantes de la Universidad.

“Esta es la primera guía de mariposas que se hace en la UNAL Sede Palmira, una base que ayuda y promueve el estudio de los insectos presentes en el campus”, concluye la experta González.

 






martes, 26 de mayo de 2026

Residuos de aguacate, café y plátano duplicarían la vida útil de estructuras metálicas

 Cáscaras y podas de aguacate, café y plátano se están utilizando para crear recubrimientos naturales que frenan el óxido y la corrosión en estructuras metálicas. La tecnología busca reemplazar productos tóxicos y extender hasta el doble la vida útil de algunos materiales industriales.

Cada año la industria mundial asume enormes costos de mantenimiento y reparación por los daños de la corrosión. Estudios internacionales estiman que cerca del 4 % del producto interno bruto (PIB) de los países desarrollados se destina a reemplazar o recuperar estructuras metálicas deterioradas por este fenómeno.

Desde hace casi una década, un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales trabaja en el desarrollo de “inhibidores verdes de corrosión”, es decir recubrimientos naturales que ayudan a frenar el óxido y el deterioro de los metales sin emplear los compuestos altamente tóxicos presentes en muchos anticorrosivos industriales tradicionales. El proyecto se adelanta en el Centro de Desarrollo Tecnológico Innterfaz, dirigido por la profesora Elisabeth Restrepo Parra.

“El problema de muchos inhibidores tradicionales es que son sumamente tóxicos y generan afectaciones ambientales importantes. Por eso hace décadas surgió la línea de investigación en inhibidores verdes de corrosión, la cual busca utilizar extractos naturales y residuos agroindustriales para disminuir esos impactos”, explica el ingeniero físico Daniel Alejandro Pineda Hernández, experto en electroquímica aplicada al estudio de la corrosión y encargado del Área de Electroquímica en Innterfaz.

Una solución natural para un problema global

Los inhibidores desarrollados utilizan residuos agroindustriales generados en Caldas, entre ellos podas de aguacate, café y plátano, además de cáscaras de plátano, materiales que contienen polifenoles y otros fitoquímicos con propiedades antioxidantes que ayudan a disminuir el deterioro de las superficies metálicas.

Aunque internacionalmente se ha estudiado el uso de inhibidores naturales desde la década de 1970, uno de los principales desafíos seguía siendo lograr que estos compuestos se adhirieran adecuadamente a las superficies metálicas y ofrecieran una protección duradera.

Precisamente el principal aporte del grupo de investigación fue crear una formula capaz de mejorar esa adherencia combinando residuos agroindustriales y componentes naturales.

“Logramos generar unos anclajes naturales que permiten que el inhibidor se adhiera mucho mejor al metal, haciendo posible aumentar considerablemente la vida útil de las estructuras”, señala el investigador Pineda.

La formulación, denominada LV-1720, se creó durante una tesis doctoral apoyada por el Semillero de Investigación en Electroquímica, y hoy está en proceso de protección industrial.

Según las pruebas realizadas, aplicando este tipo de inhibidores una estructura metálica diseñada inicialmente para durar 50 años alcanzaría hasta los 100 años de vida útil.

Aplicaciones industriales y ambientales

Además de reducir los costos asociados con la corrosión, los inhibidores verdes buscan ser una alternativa menos contaminante frente a pinturas y productos anticorrosivos convencionales, muchos de ellos elaborados con compuestos tóxicos.

El desarrollo ya superó la etapa de pruebas de laboratorio y actualmente avanza en validaciones de mercado y ensayos técnicos especializados, incluidas las “pruebas en cámara salina”, consideradas como un estándar internacional para evaluar materiales anticorrosivos.

El proceso se adelanta con 5 empresas privadas de los sectores de pinturas y metalmecánica, con las que se han realizado ejercicios de validación del producto.

Paralelamente el equipo trabaja en nuevas aplicaciones enfocadas en la preservación del patrimonio histórico. A través de una tesis de maestría, los investigadores buscan adaptar la formulación para proteger esculturas y estructuras metálicas patrimoniales en municipios como Aguadas y Manizales.

“El objetivo es desarrollar soluciones sostenibles que se puedan aplicar tanto en la industria como en procesos de conservación patrimonial”, agrega el ingeniero Pineda.

El trabajo alrededor de los inhibidores de corrosión comenzó con procesos de investigación en pregrado y continuó durante estudios de maestría y doctorado, consolidando posteriormente el Semillero de Investigación en Electroquímica del Laboratorio de Física del Plasma.

Actualmente estudiantes de diferentes niveles académicos participan en el desarrollo de nuevas formulaciones y aplicaciones, fortaleciendo así la articulación entre investigación, innovación y transferencia tecnológica en la Universidad.