martes, 2 de junio de 2026

Fotografías y relatos muestran el otro rostro de San Andrés de Tumaco

 Manglares, playas, ríos, rostros y escenas cotidianas del Pacífico nariñense componen el libro Desde mi sintaxis: San Andrés de Tumaco, del profesor Eyder Daniel Gómez López, en el cual se utiliza la fotografía para contar la riqueza cultural, ambiental y humana de uno de los territorios más biodiversos y menos visibles del país.

La publicación, que formó parte de las novedades presentadas en la reciente Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo) 2026, propone un recorrido por Tumaco a través de imágenes y reflexiones construidas desde la experiencia directa del autor en el territorio.

Aunque en Colombia hablar de San Andrés evoca al Archipiélago del Caribe, al sur del país, en el litoral Pacífico nariñense, existe otro: San Andrés de Tumaco, un territorio rodeado por manglares, ríos y selva húmeda tropical que concentra una riqueza biológica, cultural, ambiental y humana representativa de la biodiversidad nacional.

Allí convergen la pesca, la actividad portuaria y el comercio marítimo. Durante generaciones la población —en su mayoría afrodescendiente— ha construido una identidad profundamente ligada al territorio, expresada en sus prácticas culturales, su gastronomía, su música y sus formas de vida comunitaria.

Esa relación entre paisaje, memoria y vida cotidiana es el punto de partida de Desde mi sintaxis: San Andrés de Tumaco, una obra que interpreta el territorio a través de las fotografías tomadas por el autor.

Además de describir a San Andrés de Tumaco, el escritor lo interpreta en las imágenes captadas a través de una mirada que combina experiencia personal en el territorio y reflexión académica, y propone el concepto de “sintaxis” como la forma en que cada individuo organiza el mundo a partir de su vivencia.

Una de sus inspiraciones principales fue la interpretación personal de “La tríada” (que plantea tres dimensiones del ser: espíritu, cuerpo y alma) presentada por la psicóloga Margarita Osorio Salazar durante el encuentro “Artes, ciencias, humanidades y tecnologías: culturas en comunicación (Cuenco)”, realizado en junio de 2024 en San Andrés de Tumaco.

Lo que comenzó como una reflexión académica terminó convirtiéndose en un proyecto editorial en el que la fotografía asumió el papel principal.

Inspirado en el relato Ante la ley, de Franz Kafka, el libro retoma la idea de “prohibida la entrada” para reflexionar sobre barreras visibles e invisibles: desde las dificultades de acceso a la educación hasta los límites culturales y simbólicos que muchas veces condicionan las aspiraciones incluso antes de intentar alcanzarlas.

En este contexto, a través del Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica (PEAMA), la UNAL ha permitido que estudiantes de regiones como Tumaco accedan a la educación superior llevando consigo sus saberes y experiencias. “Ellos son como una Colombia en pequeño dentro de la Sede”, destaca el autor al referirse a la diversidad territorial que enriquece la construcción de conocimiento.

En sus páginas, el profesor Gómez también reconoce el papel de estos estudiantes, con quienes ha compartido procesos formativos, investigativos y humanos.

La fotografía como puente para leer el territorio

Con 198 páginas y disponible en formato físico y digital gratuito, Desde mi sintaxis: San Andrés de Tumaco recorre los paisajes del Pacífico mediante imágenes y textos breves sobre identidad, territorio y país.

El recorrido comienza con el capítulo “En blanco, gris y negro”, una serie de fotografías de atardeceres en las playas de Tumaco que introduce al lector en la atmósfera visual y emocional de la obra.

Durante su presentación, el profesor Gómez invitó a reflexionar sobre una pregunta sencilla y a la vez profunda: ¿cómo entendemos el mundo desde el lugar que habitamos?

Para el autor, la respuesta pasa necesariamente por reconocer las condiciones históricas que han marcado territorios como Tumaco, en donde las brechas en educación, infraestructura y oportunidades han influido en la manera como las comunidades construyen su relación con el entorno.

Uno de los hilos más personales del libro es la relación del autor con el mar. Criado en el macizo colombiano, el profesor Gómez conoció el océano a los 6 años durante una visita a Buenaventura, un primer encuentro con el Pacífico que marcaría una profunda conexión, y que más adelante se fortalecería a través de su trabajo académico e investigativo en regiones como Guapi, Tumaco y posteriormente el Caribe.






lunes, 1 de junio de 2026

Tierras raras, el recurso del siglo XXI que Colombia aún no explora a fondo

 “Mientras China limita la venta de minerales estratégicos y Estados Unidos busca nuevos países que los suministren, en Colombia crece la discusión sobre el potencial del país en depósitos de tierras raras, minerales clave para fabricar vehículos eléctricos, turbinas eólicas, baterías y chips”, aseguran expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

Como parte del diálogo de saberes del Centro de Pensamiento de Responsabilidad y Sostenibilidad de la Industria Minera, académicos, geólogos y mineros expertos se reunieron en la Facultad de Minas de la UNAL Sede Medellín, en donde advirtieron que Colombia se podría convertir en un actor emergente en este mercado global, siempre y cuando logre construir una política minera estable, moderna y técnicamente sólida.

“Las tierras raras no son solo minerales, son la infraestructura estratégica del siglo XXI”, afirmó el profesor Jorge León Pérez, de la Facultad de Minas.

Las tierras raras son un conjunto de 17 elementos químicos de la tabla periódica: los 15 lantánidos (del lantano al lutecio) más el escandio y el itrio. Aunque su nombre puede confundir, estos elementos no son necesariamente escasos en la corteza terrestre pero sí difíciles de extraer, ya que suelen aparecer mezclados y en bajas concentraciones dentro de otros minerales. Se destacan el neodimio y el disprosio, empleados para elaborar imanes potentes usados en motores eléctricos y turbinas eólicas; o el europio y el terbio, esenciales para algunos sistemas de iluminación y pantallas.

“Actualmente China domina cerca del 60 % de las reservas mundiales conocidas y alrededor del 80 % de la capacidad global de refinación, lo que ha convertido estos minerales en un asunto geopolítico de primer nivel. Quien tenga minerales críticos tiene poder en el mercado global”, señaló el profesor Pérez.

Por su parte, el docente Óscar Jaime Restrepo Baena, del Departamento de Materiales y Minerales de la Facultad de Minas de la UNAL, explicó que las reservas globales de tierras raras rondan los 130 millones de toneladas, y que América Latina aparece hoy como una región clave para nuevas exploraciones. En ese escenario, Colombia comienza a llamar la atención por su potencial geológico aún poco estudiado.

Según el experto, regiones como el Escudo Guayanés, la Sierra Nevada de Santa Marta y varios complejos alcalinos del país presentan condiciones favorables para la presencia de estos minerales. “Colombia tiene un potencial sin explorar y urge avanzar en estudios sistemáticos”, insiste.

Primeras descripciones

Uno de los proyectos que más interés ha despertado recientemente es Minastyc, en Vichada, realizado por la empresa canadiense Auxico. La iniciativa avanza en fases de prospección de minerales críticos y tierras raras asociadas con arenas aluviales superficiales, ubicadas apenas entre 3 y 4 m de profundidad. Esto se traduciría en costos de extracción más bajos en y una mayor viabilidad económica, al reducir la necesidad de hacer perforaciones profundas o voladuras.

También hay otros posibles hallazgos en Caldas, Antioquia, Boyacá y Cundinamarca, que la UNAL espera seguir explorando a futuro.

En el evento se presentó el documento “La minería en Colombia: análisis de su actualidad y propuestas programáticas para el manejo integral y sostenible de la minería en Colombia 2026-2030”, en el cual los investigadores recuerdan que la minería representa alrededor del 2 % del PIB nacional, aporta cerca del 13 % de la inversión extranjera directa y genera alrededor de 350.000 empleos directos.

Sin embargo, el sector enfrenta problemas estructurales: informalidad, extracción ilícita, conflictos ambientales, débil articulación institucional y baja confianza entre comunidades y empresas.

Frente a ese panorama, los expertos insisten en que el país debe evitar repetir los históricos errores de explotación desordenada.

Añaden que “el debate ya no se puede limitar a extraer minerales, sino a definir qué modelo de desarrollo quiere construir Colombia. Debe haber un techo que es confianza y seguridad. Es el momento de tomar las riendas académicas y recuperar un país minero”.

Los investigadores también advirtieron que Colombia llega tarde frente a otros países latinoamericanos, pues mientras Chile y Perú atraen grandes inversiones en minerales estratégicos, Colombia enfrenta un escenario de desinversión y falta de capital de riesgo para proyectos de exploración.

Sin embargo, las investigaciones en Antioquia muestran señales prometedoras. El profesor Luis Hernán Sánchez, de la UNAL Sede Medellín, presentó resultados de cartografía geoquímica y muestreos de sedimentos en el nordeste antioqueño, en donde se encontraron valores importantes de neodimio, uno de los elementos más codiciados para la fabricación de turbinas eólicas y motores de vehículos eléctricos.

El interés mundial por estos minerales no deja de crecer. Recientemente Europa anunció el hallazgo de uno de los mayores yacimientos de tierras raras del continente, valorado en cerca de 64.000 millones de euros y con potencial para cubrir hasta el 33 % de la demanda europea.

En medio de esa nueva carrera global, Colombia empieza a preguntarse si seguirá siendo solo un exportador tradicional de materias primas, o si intentará convertirse en un actor estratégico de la economía tecnológica del siglo XXI.
















viernes, 29 de mayo de 2026

Diseñan sistema para orientar drones en minas, túneles y zonas sin GPS

 Un sistema basado en cámaras, sensores y visión artificial permitiría que los drones mantengan la orientación y reconstruyan el entorno en tiempo real cuando las señales satelitales fallan. Durante las pruebas el prototipo redujo hasta en 40 % los errores de navegación frente a los métodos tradicionales basados solo en GPS.

Imagine un dron entrando a un túnel después de un derrumbe, recorriendo una mina subterránea o atravesando un cultivo cubierto por humo para detectar un incendio. En esos escenarios depender exclusivamente del GPS es como intentar caminar con los ojos vendados: un pequeño error puede desviar completamente la trayectoria.

Para resolver ese problema, el sistema desarrollado por Edwin Alexander Casallas Moreno, magíster en Ingeniería Mecánica de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), permite que el dron “entienda” el espacio que lo rodea utilizando referencias visuales del entorno.

El principio es similar a la forma en que una persona se orienta en un lugar desconocido: recuerda una puerta, una escalera o una ventana para saber dónde está y hacia dónde avanzar.

En lugar de depender de satélites, la aeronave utiliza cámaras capaces de identificar puntos clave del entorno —como esquinas, patrones, relieves u objetos— y compararlos constantemente para calcular su movimiento en tiempo real. Así, el dron reconstruye un “mapa visual” mientras avanza y corrige errores de posición durante el vuelo.

La arquitectura de navegación propuesta utiliza cámaras, sensores y algoritmos de visión artificial para mantener la orientación incluso en los entornos en donde las señales satelitales desaparecen o pierden precisión.

Para las pruebas, el investigador adaptó un dron cuadricóptero al que le incorporó cámaras Intel RealSense D435i, sensores de movimiento y sistemas de procesamiento capaces de interpretar el entorno en tiempo real.

Luego, el prototipo se evaluó en entornos virtuales desarrollados sobre ROS y RViz —plataformas utilizadas en robótica para simular navegación autónoma— y después en vuelos experimentales realizados en espacios controlados, en donde se debía desplazar, detectar obstáculos y mantener la orientación incluso sin señal GPS.

Soluciones desde la UNAL

Detrás de este desarrollo trabajan sistemas de odometría visual y algoritmos de localización y mapeo simultáneo (SLAM), tecnologías de robótica avanzada que les permiten a las máquinas autónomas ubicarse y desplazarse en espacios complejos.

Durante las pruebas, el dron logró mantener una trayectoria estable incluso sin señal GPS, con márgenes de error cercanos a 1 m frente a la ruta real de navegación. En otras palabras, aun sin ayuda de satélites, el dron podía calcular su posición con una diferencia aproximada de 1 m respecto a su ubicación real.

Uno de los aportes más importantes del proyecto fue el desarrollo de un esquema de “control distribuido”: en vez de depender de un único computador central, distintos módulos del dron —como cámaras, sensores y controladores de vuelo— procesan información de manera coordinada y comparten datos constantemente para tomar decisiones.

La lógica se parece más a un equipo de trabajo que a una sola máquina dando órdenes, lo que quiere decir que mientras unos componentes detectan obstáculos otros calculan trayectorias y otros más corrigen la estabilidad del vuelo en tiempo real.

Aunque en Colombia este tipo de desarrollos todavía están especialmente en etapas de investigación, en países como China ya existen aplicaciones similares para minería automatizada, inspección de infraestructura y monitoreo remoto de operaciones industriales.

“En China ya se utilizan sistemas autónomos para operar maquinaria minera y apoyar obras de infraestructura. En agricultura, sus aplicaciones van desde monitorear cultivos y aplicar fertilizantes hasta detectar incendios o analizar el estado del terreno en tiempo real. La expansión de estas tecnologías ya no es una posibilidad lejana sino una transformación que avanza rápidamente”, asegura el investigador Casallas.

El avance de sistemas autónomos como este tendría aplicaciones futuras en atención de emergencias, monitoreo ambiental, inspección de obras civiles y exploración industrial.






miércoles, 27 de mayo de 2026

Nueva guía revela las mariposas que sobreviven entre el concreto y los cultivos de Palmira

 Por primera vez una guía científica documentó 41 especies de mariposas rojas, amarillas, azules y blancas que sobreviven entre árboles, jardines y zonas verdes del campus de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira. El registro para la Universidad también revela cómo ayudan estos insectos a medir la salud ambiental de los ecosistemas.

Con cerca de 3.877 especies registradas, Colombia es reconocida como el país con mayor diversidad de mariposas del planeta. Sin embargo, más allá de su belleza, estos insectos funcionan como bioindicadores naturales, es decir organismos cuya presencia o desaparición permite entender qué tan saludable está un ecosistema.

En regiones como el Valle del Cauca, la pérdida de bosques y la expansión de monocultivos amenazan cada vez más la supervivencia de las mariposas, al reducir las plantas de las que dependen para alimentarse y reproducirse. Por eso registrar su diversidad también permite comprender cómo se transforma el ambiente y qué especies logran resistir a esos cambios.

La guía nació de la “Convocatoria sobre bioindicadores ambientales” de la Dirección de Investigación y Extensión de la UNAL Sede Palmira. En el trabajo se documentaron más de 40 especies encontradas alrededor de la cancha de fútbol y en zonas con más vegetación y menos presencia de personas dentro del campus, el cual fue reconocido durante la COP16 como un “refugio de biodiversidad para el suroccidente del país”.

Las mariposas identificadas pertenecen a las familias Nymphalidae, conocidas por sus colores intensos y vuelos llamativos; Hesperiidae, apodadas “saltadoras” por sus movimientos rápidos; Pieridae, de tonos blancos y amarillos; Riodinidae, de pequeños destellos iridiscentes, y Lycaenidae, pequeñas mariposas azuladas difíciles de fotografiar.

El documento fue elaborado por las zootecnistas Estefanía González Quinto y Angely Bueno Torres, integrantes del Semillero de Investigación en Orquídeas, Ecología y Sistemática Vegetal, con el acompañamiento del profesor Joel Tupac Otero Ospina. La guía reúne fotografías, ilustraciones y descripciones detalladas sobre alas, manchas, bordes y tamaños de cada especie.

“El trabajo comenzó en 2024 con diez jornadas de muestreo, y continuó en 2025, cuando logramos ampliar el inventario hasta alcanzar 41 especies registradas dentro del campus”.

“Lo que hicimos fue divulgar la diversidad e importancia de las mariposas presentes en el campus con el propósito de generar conocimiento más allá de su valor estético”, afirma la zootecnista González.

El profesor Otero explica que estos insectos cumplen un papel clave dentro de los ecosistemas. En su etapa de oruga se alimentan de plantas, y en la adultez ayudan en procesos de polinización mientras transportan polen entre flores. Además sirven de alimento para aves, anfibios y otros insectos, por lo que forman una parte esencial de la cadena alimenticia.

Cinco familias y muchas mariposas difíciles de olvidar

La familia más abundante en el estudio fue Nymphalidae, de la que sobresalen especies como Anartia amathea, reconocible por sus tonos rojos, cafés y blancos. En contraste, una de las menos registradas fue Manataria maculata, una mariposa café que suele esconderse entre troncos y zonas de barro, lo que dificulta encontrarla.

La guía también incluye especies como Phoebis argante, de color amarillo intenso y alas de hasta 6,3 cm; Leptotes cassius, una pequeña mariposa azul violácea de apenas 2 cm; y otras como Melanis electronNotheme erota e Isapis agyrtus, reconocibles por sus manchas rojizas, franjas anaranjadas y patrones contrastantes.

Cada ejemplar fue registrado con coordenadas, sitio de captura y nombre científico. Después del trabajo en campo, los especímenes se llevaron al Laboratorio de Entomología para su etiquetado, conservación y montaje en cajas entomológicas.

Durante los recorridos, las investigadoras caminaban sin devolverse para evitar contar dos veces el mismo individuo, y registraban cuidadosamente cada observación en sus libretas de campo.

Fotografía, ilustración y ciencia

El proyecto también requirió un trabajo conjunto entre ciencia, fotografía e ilustración. Las imágenes fueron tomadas por Estefanía González con apoyo del estudiante Alejandro Castrillón, utilizando cámaras Canon y Nikon, mientras que Angely Torres realizó las ilustraciones científicas de la guía.

Capturar algunas especies no fue sencillo. Las autoras tuvieron que aprender técnicas de enfoque rápido para fotografiar mariposas pequeñas y de vuelo acelerado, especialmente las de la familia Lycaenidae.

La expectativa del equipo es que la guía pueda circular tanto en formato digital como físico y convertirse en una herramienta de divulgación científica y educación ambiental para estudiantes y visitantes de la Universidad.

“Esta es la primera guía de mariposas que se hace en la UNAL Sede Palmira, una base que ayuda y promueve el estudio de los insectos presentes en el campus”, concluye la experta González.

 






martes, 26 de mayo de 2026

Residuos de aguacate, café y plátano duplicarían la vida útil de estructuras metálicas

 Cáscaras y podas de aguacate, café y plátano se están utilizando para crear recubrimientos naturales que frenan el óxido y la corrosión en estructuras metálicas. La tecnología busca reemplazar productos tóxicos y extender hasta el doble la vida útil de algunos materiales industriales.

Cada año la industria mundial asume enormes costos de mantenimiento y reparación por los daños de la corrosión. Estudios internacionales estiman que cerca del 4 % del producto interno bruto (PIB) de los países desarrollados se destina a reemplazar o recuperar estructuras metálicas deterioradas por este fenómeno.

Desde hace casi una década, un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales trabaja en el desarrollo de “inhibidores verdes de corrosión”, es decir recubrimientos naturales que ayudan a frenar el óxido y el deterioro de los metales sin emplear los compuestos altamente tóxicos presentes en muchos anticorrosivos industriales tradicionales. El proyecto se adelanta en el Centro de Desarrollo Tecnológico Innterfaz, dirigido por la profesora Elisabeth Restrepo Parra.

“El problema de muchos inhibidores tradicionales es que son sumamente tóxicos y generan afectaciones ambientales importantes. Por eso hace décadas surgió la línea de investigación en inhibidores verdes de corrosión, la cual busca utilizar extractos naturales y residuos agroindustriales para disminuir esos impactos”, explica el ingeniero físico Daniel Alejandro Pineda Hernández, experto en electroquímica aplicada al estudio de la corrosión y encargado del Área de Electroquímica en Innterfaz.

Una solución natural para un problema global

Los inhibidores desarrollados utilizan residuos agroindustriales generados en Caldas, entre ellos podas de aguacate, café y plátano, además de cáscaras de plátano, materiales que contienen polifenoles y otros fitoquímicos con propiedades antioxidantes que ayudan a disminuir el deterioro de las superficies metálicas.

Aunque internacionalmente se ha estudiado el uso de inhibidores naturales desde la década de 1970, uno de los principales desafíos seguía siendo lograr que estos compuestos se adhirieran adecuadamente a las superficies metálicas y ofrecieran una protección duradera.

Precisamente el principal aporte del grupo de investigación fue crear una formula capaz de mejorar esa adherencia combinando residuos agroindustriales y componentes naturales.

“Logramos generar unos anclajes naturales que permiten que el inhibidor se adhiera mucho mejor al metal, haciendo posible aumentar considerablemente la vida útil de las estructuras”, señala el investigador Pineda.

La formulación, denominada LV-1720, se creó durante una tesis doctoral apoyada por el Semillero de Investigación en Electroquímica, y hoy está en proceso de protección industrial.

Según las pruebas realizadas, aplicando este tipo de inhibidores una estructura metálica diseñada inicialmente para durar 50 años alcanzaría hasta los 100 años de vida útil.

Aplicaciones industriales y ambientales

Además de reducir los costos asociados con la corrosión, los inhibidores verdes buscan ser una alternativa menos contaminante frente a pinturas y productos anticorrosivos convencionales, muchos de ellos elaborados con compuestos tóxicos.

El desarrollo ya superó la etapa de pruebas de laboratorio y actualmente avanza en validaciones de mercado y ensayos técnicos especializados, incluidas las “pruebas en cámara salina”, consideradas como un estándar internacional para evaluar materiales anticorrosivos.

El proceso se adelanta con 5 empresas privadas de los sectores de pinturas y metalmecánica, con las que se han realizado ejercicios de validación del producto.

Paralelamente el equipo trabaja en nuevas aplicaciones enfocadas en la preservación del patrimonio histórico. A través de una tesis de maestría, los investigadores buscan adaptar la formulación para proteger esculturas y estructuras metálicas patrimoniales en municipios como Aguadas y Manizales.

“El objetivo es desarrollar soluciones sostenibles que se puedan aplicar tanto en la industria como en procesos de conservación patrimonial”, agrega el ingeniero Pineda.

El trabajo alrededor de los inhibidores de corrosión comenzó con procesos de investigación en pregrado y continuó durante estudios de maestría y doctorado, consolidando posteriormente el Semillero de Investigación en Electroquímica del Laboratorio de Física del Plasma.

Actualmente estudiantes de diferentes niveles académicos participan en el desarrollo de nuevas formulaciones y aplicaciones, fortaleciendo así la articulación entre investigación, innovación y transferencia tecnológica en la Universidad.







lunes, 25 de mayo de 2026

No es cierto que los caimanes de la Estación Roberto Franco de la UNAL se estén comiendo entre sí

 “Los animales no hacen canibalismo, no es propio de su comportamiento”. Con esa afirmación, la profesora Lucy Gabriela Delgado Murcia, decana de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), explica la situación actual de los caimanes llaneros alojados en la Estación de Biología Tropical Roberto Franco, en Villavicencio.

Según explica la profesora Delgado, una visita reciente de Cormacarena —autoridad encargada de la inspección, la vigilancia y el control de fauna silvestre en el Meta— reporta el buen estado de salud de los ejemplares de caimán llanero o caimán del Orinoco(Crocodylus intermedius) alojados en la Estación, especie declarada en riesgo crítico de extinción principalmente por la caza ilegal.

La decana asegura que las versiones sobre el presunto canibalismo empiezan a circular justamente cuando la Universidad reconstruye documentación, revisa convenios, inventarios y movilización de animales, y los pone en conocimiento tanto de Control Interno como de la Veeduría Disciplinaria de la UNAL, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (Minambiente), la Procuraduría General de la Nación y la Contraloría General de la República. La Institución también prepara documentación para otras autoridades competentes.

“Desde nuestra llegada a la Decanatura, el 1 de octubre de 2024, hemos convocado a todos los actores del Programa Nacional de Conservación del Caimán Llanero para tratar de reconstruir todo el acervo documental”, aclara.

Agrega que “ante los vacíos documentales y las inconsistencias detectadas en el seguimiento histórico de los animales alojados en la Estación Roberto Franco, se han revisado convenios, salvoconductos, hojas de vida, registros de movilización y soportes técnicos de los ejemplares”.

La discusión alrededor de la Estación gira no solo en torno a los animales que hoy permanecen allí, sino también sobre el manejo histórico de uno de los programas de conservación más importantes del país para proteger al cocodrilo del Orinoco.

Un programa que involucra al Estado, la academia y las autoridades ambientales

Desde hace décadas la Estación de Biología Tropical Roberto Franco, adscrita a la Facultad de Ciencias de la UNAL Sede Bogotá, trabaja en la conservación y reproducción de esta especie.

El proceso inició en 1970, cuando el científico Federico Medem, investigador del Instituto de Ciencias Naturales (ICN), impulsó la creación de núcleos reproductivos orientados a evitar la desaparición del caimán llanero en los ecosistemas de la Orinoquia colombiana.

Posteriormente dicho trabajo científico dio origen al Programa Nacional de Conservación del Caimán Llanero y motivó al entonces Ministerio de Ambiente a declarar oficialmente a la especie en riesgo crítico de extinción, mediante la Resolución 676 de 1997.

Además, les encargó a la UNAL y al Instituto Alexander von Humboldt apoyar el diseño del programa de conservación, mientras delegó en las autoridades ambientales de la región —Cormacarena y Corporinoquia— la puesta en marcha de las acciones de repoblamiento y reintroducción de ejemplares en las zonas de la Orinoquia.

En ese esquema, la Estación asumió la reproducción de animales y el aporte de conocimiento científico sobre la especie, mientras el Ministerio y las corporaciones ambientales debían liderar las estrategias para devolver esos ejemplares a sus ecosistemas naturales. “La Universidad cumplió históricamente su papel”, afirma la profesora Delgado.

De hecho, durante años la Universidad ha asumido casi exclusivamente los costos de reproducción, alimentación, cuidado y manejo de los ejemplares, pese a que el Programa Nacional de Conservación del Caimán Llanero involucra a Minambiente, al Instituto Alexander von Humboldt, a Corporinoquia, Cormacarena y a otras entidades públicas y privadas vinculadas a la protección de la especie.

Reproducir caimanes no puede ser el único objetivo

La revisión adelantada por la Facultad de Ciencias encuentra que muchos de los ejemplares alojados en la Estación ya superan la edad adecuada para procesos exitosos de reintroducción.

Según explica la profesora Delgado, los protocolos de conservación indican que los caimanes nacidos en cautiverio se deben liberar jóvenes, entre uno y dos años de edad, cuando alcanzan entre 1 y 2 m de longitud. A esa edad tienen mayores probabilidades de adaptarse a las condiciones naturales y de supervivencia en ecosistemas donde históricamente habita la especie.

Sin embargo, hoy la Estación alberga numerosos animales de entre 10 y 20 años, algunos con tamaños superiores a 3 y 4 m, los cuales permanecen en cautiverio desde hace décadas.

La académica señala que el problema se agrava porque el ciclo reproductivo de la especie continúa cada año. Entre finales de noviembre y enero ocurre el apareamiento y la postura de huevos, de los cuales decenas pueden resultar fértiles y convertirse en nuevos neonatos.

“Sin procesos sostenidos de liberación, el número de animales aumenta progresivamente y termina generando condiciones críticas de hacinamiento”, indica.

Así mismo, la profesora Delgado menciona que durante una visita realizada por Minambiente en julio de 2025 se identificó la presencia de al menos 18 animales ciegos y otros mutilados, presuntamente como consecuencia de las condiciones de confinamiento y del tamaño reducido de algunos estanques de cemento donde permanecen ejemplares de gran tamaño.

A esto se suma la transformación urbana de Villavicencio: “hoy la Estación de Biología Tropical Roberto Franco está en el centro de Villavicencio, detrás de los juzgados, en una zona rodeada de talleres en donde es absolutamente evidente, y la contaminación ambiental y auditiva está documentada”, explica. Tales condiciones no corresponden a un entorno adecuado para una especie silvestre de gran tamaño.

Décadas de reproducción sin una evaluación clara de resultados

Otro aspecto que hoy revisa la Institución tiene que ver con el seguimiento mismo del Programa Nacional de Conservación del Caimán Llanero, diseñado en 2002.

“El Programa establece una primera fase de 10 años sujeta a evaluación, en la que se debía analizar el éxito reproductivo de la especie, la tendencia del repoblamiento y la efectividad de la reintroducción de ejemplares en ambientes naturales de la Orinoquia”, explica la decana.

Es decir, no bastaba con reproducir animales en cautiverio: “el objetivo real consistía en recuperar poblaciones viables de caimán llanero en su hábitat natural y verificar si esos ejemplares lograban adaptarse y reproducirse fuera de la estación”, enfatiza.

Asevera además que de las reuniones con actores del Programa se evidenció que ni Minambiente ni otras entidades vinculadas realizan balances recientes sobre el estado y la efectividad del Programa.

“La Universidad Nacional no puede suplantar la función de la autoridad ambiental”, recalca.

La UNAL reconstruye la trazabilidad de los animales

La Facultad de Ciencias también adelanta una revisión documental para reconstruir el recorrido de ejemplares trasladados fuera de la Estación durante los últimos años.

Como se trata de una especie en riesgo crítico de extinción, cada animal debe contar con un microchip, identificación y seguimiento desde su nacimiento hasta su muerte. Incluso cuando un ejemplar fallece, sus restos deben ser cremados por empresas autorizadas por Minambiente para evitar que partes del animal entren en cadenas de comercialización ilegal.

La revisión encontró vacíos documentales, ausencia de hojas de vida completas y diferencias entre algunos registros de traslado.

Uno de los casos corresponde a un convenio con la Universidad de los Llanos, mediante el cual 12 ejemplares salen hacia esa institución. Aunque el convenio finalizó formalmente en junio de 2024, la UNAL sigue aportando solidariamente alimentación para esos animales, debido a que Unillanos argumenta que no cuenta con recursos suficientes para asumir completamente su manutención.

Otro proceso revisado involucra al Parque Agroecológico Merecure. La Facultad encontró una acta de entendimiento de agosto de 2020 para entregar 18 ejemplares. Sin embargo, después aparecen solicitudes relacionadas con más de 180 animales, sin soportes completos sobre cómo salen, quién autoriza esos movimientos o qué salvoconductos los respaldan.

También se encontraron informes relacionados con un convenio desarrollado en 2021 para trasladar 104 animales a Merecure en el marco de una investigación científica financiada por Cormacarena.

“Además, algunos de los pocos salvoconductos encontrados registran salida de animales vivos desde Villavicencio hacia Bogotá, sin soportes claros de retorno a la estación”, señala la decana.

La revisión también incluye investigaciones científicas desarrolladas con ejemplares de caimán llanero. Al revisar proyectos registrados en plataformas institucionales y consultar a comités de ética de la Universidad, la Facultad encontró que, al parecer, varias investigaciones carecen de los avales éticos exigidos para el manejo de animales en procesos científicos, situación que se puso en conocimiento del Cicua.

“Estoy absolutamente segura de que el Cicua, y en esta administración de la Universidad, tomará los correctivos del caso para que nunca más una investigación tan importante carezca de los mínimos exigidos para el rigor de la investigación científica”, afirma la profesora Delgado.

El futuro de los ejemplares depende de las autoridades ambientales

La profesora Delgado recuerda que “los animales reproducidos en la Estación de Biología Tropical Roberto Franco siguen siendo fauna silvestre, y por tanto de propiedad del Estado colombiano, lo cual significa que nosotros no podemos disponer de esos ejemplares motu proprio si no existe un plan claro de reintroducción o de liberación guiado por Minambiente o por Cormacarena”.

Actualmente la Facultad de Ciencias trabaja con expertos en biología, veterinaria y bienestar animal para definir alternativas que permitan mejores condiciones para los ejemplares adultos y para los neonatos que nacen en cada ciclo reproductivo.

La propuesta de la Universidad es que esos nuevos ejemplares no sigan aumentando el hacinamiento en la Estación y que se puedan trasladar, con autorización ambiental, a lugares más adecuados para procesos de conservación y eventual reintroducción.

“Nosotros no podemos seguir coleccionando caimanes”, concluye la decana.






viernes, 22 de mayo de 2026

VISITA DE AGENCIAS TURÍSTICAS DE MÉXICO

 EL CEA PARQUE DE LAS HELICONIAS SE POSICIONA COMO ESCENARIO CLAVE PARA EL TURISMO DE NATURALEZA EN EL VALLE DEL CAUCA

En el marco del Fam Trip “Orale Colombia” (México – Colombia), que recorre el Valle del Cauca, el Centro de Educación Ambiental Parque de las Heliconias, ubicado en el municipio de Caicedonia, es uno de los escenarios principales para mostrar el potencial del turismo de naturaleza y la educación ambiental en la región, ante 29 agencias y operadores turísticos mexicanos.

Esta iniciativa, desarrollada con operadores y agencias mayoristas de México, en articulación con la agencia Sevilla Travel y la Cámara de Comercio de Sevilla, busca promover la creación del paquete turístico “Órale Colombia”, orientado a posicionar el destino en mercados internacionales.

En este contexto, el CEA Parque de las Heliconias se destaca como un espacio estratégico que integra la conservación ambiental con experiencias turísticas sostenibles. Durante la visita, los operadores conocieron la estrategia de educación ambiental que se desarrolla en este parque, la cual promueve la apropiación del territorio, la conservación de la biodiversidad y el turismo con propósito, siendo uno de los atractivos del Circuito Local de Turismo de Naturaleza de Caicedonia.

 Así mismo, el CEA fue escenario de una muestra de negocios verdes, donde empresarios locales presentaron productos como café, chocolate, miel, artesanías y panela, reflejando el compromiso de las comunidades con prácticas sostenibles y el aprovechamiento responsable de los recursos naturales.

Este espacio no solo resalta la riqueza paisajística y biológica del territorio, sino que también evidencia cómo la educación ambiental puede convertirse en un eje articulador para el desarrollo económico local, a través del turismo de naturaleza.

 Con la participación del CEA Parque de las Heliconias en este Fam Trip, el Valle del Cauca continúa consolidándose como un destino que le apuesta a la sostenibilidad, proyectando al mundo experiencias auténticas donde la naturaleza, la cultura y las comunidades son protagonistas.