miércoles, 2 de septiembre de 2026

El fenómeno climático que podría intensificar las sequías durante El Niño

 Mientras Colombia se prepara para atravesar un Súper Niño, otro fenómeno atmosférico podría influir en qué tan intensas sean las condiciones secas. Se trata de la Oscilación Madden-Julian, que recorre los trópicos cada 30 a 90 días y puede alterar las lluvias a su paso. Una investigación encontró que, cuando coincide con El Niño en determinadas fases, la probabilidad de lluvia puede caer por debajo del 30 % en algunas regiones del país, reforzando las condiciones de sequía.

El hallazgo cobra relevancia ante la posibilidad de que, en un planeta más cálido, los episodios extremos asociados con El Niño se intensifiquen. El término “Súper Niño” se utiliza para describir eventos excepcionalmente fuertes de este fenómeno, caracterizados por un calentamiento muy pronunciado de las aguas del Pacífico ecuatorial y capaces de alterar con mayor intensidad los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del planeta.

Para Colombia, el problema no está solamente en cuánto pueda intensificarse El Niño, sino en la manera como interactúa con otros fenómenos atmosféricos que pueden aumentar o disminuir sus efectos sobre las lluvias, uno de ellos es precisamente la Oscilación Madden-Julian.

A diferencia de El Niño, que puede permanecer durante varios meses, la Oscilación Madden-Julian es una perturbación atmosférica que se desplaza de oeste a este por la franja tropical, desde el océano Índico hacia el Pacífico.


y condiciones más secas. Aunque se origina a miles de kilómetros de Colombia, sus efectos sobre la circulación atmosférica pueden modificar la cantidad de humedad y precipitación que llega al país.

La investigación de Juan Daniel González Caldera, magíster en Ingeniería-Recursos Hidráulicos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, muestra que cuando la Oscilación Madden-Julian se encuentra en sus fases 4 y 5 —es decir, cuando su zona de mayor actividad atmosférica se ubica sobre determinadas áreas del océano Índico y el Pacífico— y coincide con El Niño, la probabilidad de lluvia puede caer por debajo del 30 % en sectores del país, especialmente de la región Andina.

Mientras la Oscilación Madden-Julian completa su recorrido aproximadamente cada 30 a 90 días, El Niño y La Niña forman parte de un ciclo mucho más largo, que varía en escalas de entre 2 y 7 años.

“Puede intensificar las sequías al disminuir las lluvias, o incluso ayudar a mitigar los impactos cuando se encuentra en su fase convectiva”, explica el magíster González.

Según el experto, lo importante radica en dónde se encuentra la zona activa de esta oscilación. Cuando favorece el ascenso de aire húmedo y la formación de nubes puede aumentar las precipitaciones; cuando ocurre lo contrario, puede reforzar temporalmente las condiciones secas.

Esa capacidad de aumentar o reducir las lluvias también aparece durante La Niña. La investigación encontró que, cuando la Oscilación Madden-Julian se encuentra en las fases 8 y 1, la probabilidad de condiciones lluviosas puede alcanzar entre el 70 y el 80 %, con efectos especialmente notorios sobre la región Andina y sectores del Escudo Guayanés.

Por eso, conocer en qué fase se encuentra la oscilación podría aportar información adicional para anticipar periodos particularmente secos o lluviosos dentro de fenómenos de mayor duración como El Niño y La Niña.

Cambio climático podría reforzar los periodos secos y húmedos

Para explorar qué podría ocurrir en un clima más cálido, el magíster González sometió el modelo desarrollado en la investigación a una especie de “prueba de estrés”: aumentó de manera controlada la intensidad de El Niño-La Niña y de la Oscilación Madden-Julian, tomando como referencia un escenario de altas emisiones de gases de efecto invernadero. El propósito no fue predecir exactamente cómo será el clima futuro, sino observar cómo responderían los patrones de lluvia del país si estos fenómenos se fortalecen.

Los resultados mostraron que, bajo condiciones de El Niño, algunos de los estados más secos de precipitación podrían aumentar su frecuencia entre un 5 y cerca de un 10 %. Con La Niña ocurre lo contrario: se refuerzan los estados húmedos. Sin embargo, la Oscilación Madden-Julian puede moderar parcialmente esos efectos, introduciendo episodios húmedos durante El Niño o atenuando algunos cambios durante La Niña.

“Lo que encontramos es que serían períodos más intensos. El ENSO puede ser más fuerte por la disminución de la precipitación, por ejemplo”, añade el investigador.

Sin embargo, los resultados también muestran que la Oscilación Madden-Julian no actúa siempre en la misma dirección: dependiendo de su fase puede reforzar las condiciones impuestas por El Niño o La Niña, pero también contrarrestarlas parcialmente. Esa variabilidad es justamente una de las razones por las que incorporarla a los análisis climáticos puede mejorar la comprensión de lo que ocurre dentro de una temporada seca o lluviosa.

Para llegar a estos resultados, el investigador analizó registros de precipitación de más de 1.000 estaciones del Ideam y los complementó con información atmosférica global sobre viento, humedad y movimiento vertical del aire. A partir de estos datos identificó distintos patrones de lluvia en Colombia y evaluó cómo cambia la probabilidad de pasar de un estado seco a uno húmedo —o viceversa— según la fase de El Niño, La Niña y la Oscilación Madden-Julian.

Para ello utilizó un modelo estadístico conocido como modelo oculto de Markov no homogéneo, que permite reconocer patrones que no son evidentes directamente en los datos y estimar la probabilidad de transición entre distintos estados de precipitación. Después sometió ese modelo a cambios controlados en la intensidad de El Niño-La Niña y la Oscilación Madden-Julian para explorar su comportamiento bajo condiciones compatibles con escenarios de cambio climático.

Más que reemplazar los pronósticos existentes, los resultados muestran que incorporar la interacción entre estos fenómenos puede ayudar a comprender mejor por qué, dentro de un mismo episodio de El Niño o La Niña, las condiciones de lluvia pueden cambiar en cuestión de semanas.

“Se deben generar estrategias de planeación para mitigar impactos; entender la Oscilación Madden-Julian es crucial para ello”, concluye González.

 


martes, 1 de septiembre de 2026

Eclipse lunar cubrió el 96 % de la Luna y tiñó de rojo el cielo bogotano

 Durante varias horas de la noche del 27 de agosto, la sombra de la Tierra cubrió cerca del 96 % de la Luna y le dio una tonalidad rojiza que pudo apreciarse desde Bogotá. Aunque técnicamente fue un eclipse parcial, la magnitud del fenómeno hizo que su apariencia fuera muy cercana a la de uno total. Desde el Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), cientos de personas se reunieron para observarlo y comprender qué estaba ocurriendo en el cielo.

Mientras casi toda la superficie lunar quedó cubierta por la sombra terrestre, cerca del 4 % permaneció fuera de ella, iluminado y conservó su color habitual. El resultado fue una Luna que combinó, durante unas horas, el blanco de su superficie iluminada con los tonos rojizos de la zona eclipsada.

El evento comenzó a las 8:23 p. m., cuando el satélite ingresó en la zona más tenue de la sombra de la Tierra, y alcanzó su mayor intensidad alrededor de las 11:20 p. m. En ese momento, los asistentes pudieron observar el eclipse a través de los diferentes telescopios dispuestos por el Observatorio.

Después de esa hora, la Luna recuperó progresivamente su brillo habitual, dejando atrás ese aspecto rojizo que simulaba un atardecer en medio de la noche. Este efecto se produce porque la luz del Sol atraviesa la atmósfera terrestre antes de llegar a la Luna.

En ese recorrido, los tonos rojizos y anaranjados alcanzan la superficie lunar, produciendo el característico color que se observa durante estos fenómenos.

“Lo que nosotros vemos en un eclipse de luna es prácticamente un atardecer o un amanecer en cualquier otro lado de nuestro planeta, sino que gracias nuevamente a la dispersión de Rayleigh, de la dispersión de la luz sobre la atmósfera de la Tierra, es que se dan esos tonos rojizos o anaranjados sobre la superficie y eso es lo bonito de observar”, explicó Juan Diego Rodríguez, estudiante de la Maestría en Astronomía y becario del Observatorio Astronómico Nacional.

El cielo también se convirtió en aula

El fenómeno pudo observarse a simple vista, sin necesidad de equipos especiales, lo que permitió seguir el avance de la sombra de la Tierra sobre el disco lunar y apreciar las variaciones de color que acompañaron el eclipse.

La observación también estuvo acompañada por una programación de divulgación científica en el Observatorio Astronómico Nacional. La Universidad abrió sus puertas a la ciudadanía y dispuso telescopios, charlas y actividades en el domo planetario.

Las actividades comenzaron desde la tarde y se extendieron durante la noche. Estudiantes de la Maestría y el Doctorado en Astronomía participaron como divulgadores y abordaron temas relacionados con los eclipses, su origen, su importancia histórica y otros fenómenos observables en el cielo.

La intención fue que la experiencia no se limitara a mirar por un telescopio. Las charlas combinaron explicaciones teóricas y actividades didácticas para acercar la astronomía a personas que no necesariamente tenían conocimientos previos sobre esta ciencia.

La jornada coincidió además con los 223 años de historia del Observatorio, espacio dedicado a la observación y formación científica. Durante la celebración, la comunidad universitaria recordó la trayectoria de este lugar y su aporte al desarrollo de la astronomía en Colombia.

La programación incluyó también una mirada histórica sobre los eclipses y la relación que distintas sociedades han construido con estos fenómenos. De esta manera, la jornada permitió acercarse al cielo desde la ciencia, pero también desde la historia y la cultura.

Además, el eclipse ofreció una oportunidad para mirar más allá de la Luna. En lugares alejados de la contaminación lumínica, la disminución de su brillo permitió observar estrellas que normalmente quedan ocultas por la intensidad de la Luna llena.

Así, durante unas horas, la sombra de la Tierra convirtió a la Luna en el principal punto de atención del cielo. Pero la jornada en la Universidad dejó una mirada más amplia: detrás del espectáculo había movimientos orbitales, fenómenos físicos y siglos de preguntas humanas sobre el universo.

El eclipse terminó durante la madrugada, cuando la Luna recuperó gradualmente su brillo habitual y abandonó la sombra terrestre. La noche cerró como había comenzado: con la mirada puesta en el cielo de Bogotá y una comunidad reunida no solo para observarlo, sino también para comprenderlo.








jueves, 30 de julio de 2026

Técnica usada en África aceleraría la recuperación de suelos en Cesar

 La combinación de una técnica utilizada en zonas áridas de África con abono orgánico y sombra permitió recuperar la humedad, disminuir la temperatura del suelo y favorecer el crecimiento espontáneo de vegetación en terrenos degradados del Cesar. El resultado abre una alternativa de bajo costo para restaurar áreas afectadas por el sobrepastoreo, la deforestación, e incluso la minería de carbón.

En buena parte del Cesar, años de sobrepastoreo (exceso de ganado sobre un mismo terreno), tala de árboles y quemas para preparar cultivos han deteriorado la capa vegetal que protege el suelo. Sin esa cobertura, las lluvias arrastran los nutrientes y las semillas, mientras la radiación solar endurece la tierra y favorece procesos de desertificación, dificultando que vuelva a crecer la vegetación.

Frente a este panorama, Angie Vanessa de Armas Díaz, estudiante de Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede de La Paz, desarrolló con el profesor David Sánchez Núñez un experimento para evaluar si era posible acelerar la recuperación del suelo mediante una técnica de microcaptación de agua utilizada en regiones áridas de África.

La estrategia consiste en construir pequeños semicírculos o medialunas de tierra que actúan como trampas naturales para captar y retener el agua lluvia. Así aumenta la humedad alrededor de las plantas y disminuye el impacto del intenso calor sobre el terreno.

Con el apoyo del personal de mantenimiento del campus de la Sede de La Paz, la estudiante adecuó el relieve del terreno y comparó 4 tratamientos: suelo sin intervención; medialunas con compost maduro; medialunas con compost y polisombra; y medialunas con compost, polisombra y riego activo.

Durante el experimento hizo un seguimiento permanente a variables que permiten evaluar la recuperación del suelo, entre ellas la humedad, la temperatura, el pH (nivel de acidez), el contenido de materia orgánica —clave para la fertilidad del terreno—, la cobertura vegetal y la presencia de hongos cultivables.

Los resultados preliminares mostraron que la combinación de las medialunas con compost y polisombra creó un microclima más favorable, al disminuir la temperatura superficial del suelo, conservar mejor la humedad y favorecer el establecimiento de la vegetación.

“En todas las medialunas registramos el crecimiento de vegetación espontánea, lo que nos indicó que con este método el ecosistema comenzó a reactivar paulatinamente sus procesos ecológicos”, explica la investigadora, quien desarrolla este estudio como parte de su trabajo de grado.

De los ensayos en el campus a la restauración de áreas mineras

Los resultados también mostraron que la humedad del suelo y el establecimiento de la vegetación responden rápidamente cuando se crean las condiciones adecuadas.

En contraste, las propiedades químicas del suelo, como la estabilización de la materia orgánica —fundamental para su fertilidad— y el equilibrio del pH requieren más tiempo para recuperarse. Por eso los investigadores recomiendan mantener un monitoreo de largo plazo que permita evaluar la evolución del suelo con futuros equipos científicos del programa.

Los avances obtenidos en este laboratorio ya motivan una nueva fase del proyecto. Según el profesor Sánchez, el equipo de la UNAL Sede de La Paz llevará esta metodología, adaptada de experiencias desarrolladas en África, a escenarios industriales de mayor complejidad.

En una siguiente etapa realizarán ensayos de restauración ecológica en escombreras, es decir terrenos donde se depositan los residuos estériles de la explotación de carbón en el Cesar.

Si los resultados se mantienen, esta estrategia se convertiría en una alternativa de bajo costo para recuperar áreas degradadas por actividades productivas y fortalecer los procesos de restauración ecológica en el departamento y otras zonas del Caribe colombiano. Al adaptar una técnica internacional a las condiciones ambientales del Cesar, la investigación demuestra que es posible desarrollar soluciones concretas para responder a uno de los principales desafíos ambientales de la región.





martes, 28 de julio de 2026

Diminuto sensor de oro rastrea mercurio en el agua

 El oro ya no solo sirve para fabricar joyas. Una química lo combinó con una molécula fluorescente para crear un diminuto sensor capaz de revelar la presencia de mercurio en el agua mediante cambios de luz. Este avance facilitaría el monitoreo de la calidad del agua sin depender de equipos costosos y especializados.


El mercurio siempre ha tenido una ventaja: sabe esconderse. Puede estar presente en un río, en un pez o incluso en el organismo de una persona sin dejar pistas visibles. No cambia el color del agua, no tiene olor y tampoco altera su sabor.

Por ello, detectarlo suele requerir técnicas especializadas, como la fluorescencia de rayos X, la absorción atómica (AAS) o la espectrometría de masas (ICP-MSS), que pueden costar cientos de millones de pesos y deben ser operados por personal técnico, por lo que normalmente permanecen en laboratorios.

Fue precisamente ese panorama el que motivó a la investigadora María Camila Parra Samper, magíster en Química de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), a buscar una alternativa. Mientras revisaba un informe de la Procuraduría General de la Nación de 2024 encontró que departamentos como Antioquia, Chocó, Bolívar y Cauca siguen registrando una preocupante alza de contaminación por mercurio, asociada principalmente con la minería ilegal de oro.

De hecho, la Procuraduría también aseguraba en un informe de 2023 que Colombia tenía más de 80 sitios potencialmente contaminados con mercurio, teniendo fuentes hídricas afectadas en el sur de Bolívar, el Bajo Cauca Antioqueño y en departamentos como Chocó, Caldas, Boyacá, Córdoba y Sucre, la mayoría debido a la extracción ilegal de oro.

La pregunta entonces era inevitable: ¿y si el mercurio pudiera delatarse solo? Así surgió la idea de desarrollar un material que, en el futuro, permita detectar su presencia en una muestra de agua —e incluso de sangre u orina— utilizando apenas una pequeña lámpara de luz ultravioleta.

Y como ella explica, la propuesta tiene una paradoja interesante; durante décadas el mercurio se ha utilizado para extraer oro por medio de una amalgama en la minería artesanal e ilegal. Ahora ese mismo oro ayudaría a encontrar al mercurio antes de que continúe contaminando ríos y comunidades.


El pequeño sensor funciona como una lámpara que se apaga al entrar en contacto con mercurio, lo cual facilitaría el monitoreo de la calidad del agua.

La investigadora Parra, con el apoyo y la dirección de la profesora Gilma Granados, del Departamento de Química de la UNAL, diseñó partículas esféricas de entre 19 y 21 nanómetros de diámetro, unas 5.000 veces más pequeñas que el grosor de un cabello humano.

A esa escala, el oro deja de comportarse como una joya y empieza a actuar como un nanomaterial capaz de interactuar con la luz de una forma muy distinta a la que vemos a simple vista, una propiedad electrónica que las investigadoras aprovecharon para construir el sensor.

El oro no trabaja solo

La experta de la UNAL lo unió a una isocumarina, una molécula orgánica desarrollada en el laboratorio que emite un intenso brillo bajo luz ultravioleta. Juntos forman una especie de “equipo de búsqueda”: la molécula aporta la señal luminosa y el oro favorece la interacción con el mercurio.

“Tenemos las propiedades fluorescentes de la isocumarina y las propiedades electrónicas del oro. Además, el oro tiene mucha afinidad con el mercurio y ese fue otro de los motivos por los que lo escogimos”, señala la investigadora Parra.

En las primeras pruebas observaron que, al unirse con las nanopartículas de oro, el brillo de la molécula disminuía cerca de un 30 %, pero cuando agregaron mercurio la fluorescencia prácticamente desapareció.

“Cuando estuvo en presencia de mercurio se apagó totalmente. Lo que quiere decir que en el momento en que lo veíamos bajo la lámpara UV se apagaba la fluorescencia y cuando lo medíamos en el fluorómetro las bandas de emisión características también caían. Ahí dijimos: ‘algo está pasando en la superficie del mercurio y de nuestro nanomaterial’”, asegura la experta.

La primera gran pista apareció cuando ese “apagón” de la fluorescencia se convirtió en la señal de que el mercurio estaba presente e interactuando con este nuevo nanomaterial.

Las pruebas se realizaron con cantidades muy pequeñas de cloruro de mercurio disueltas en agua. Los investigadores trabajaron con concentraciones de entre 1 y 100 micromolar (µM), una escala que en química se utiliza para medir cantidades diminutas de una sustancia.

El nanosensor logró detectar el metal a partir de 3,06 µM, un resultado que confirma el potencial de la tecnología y marca el punto de partida para hacerla cada vez más sensible.

Pero eso no es todo, el experimento también buscó reducir su impacto ambiental desde el laboratorio. Las nanopartículas de oro se obtuvieron mediante una metodología de química verde, utilizando agua como medio de reacción, un estabilizante coloidal de baja toxicidad y un proceso de apenas 45 minutos, sin largos periodos de calentamiento.

“No necesitamos reactivos contaminantes como piridinas o algún otro solvente como ácidos fuertes, solo con agitación constante y control ambiental obtuvimos las nanopartículas de oro”, explica.

Además de detectar mercurio, el material también mostró respuesta frente a otros metales como plomo, níquel, zinc, cadmio o hierro, una línea que el grupo espera profundizar en futuras investigaciones.

Aunque el nanosensor ya demostró su capacidad y potencial, ahora las investigadoras buscarán fortalecer la unión entre las nanopartículas de oro y la molécula fluorescente con el propósito de identificar concentraciones cada vez más bajas del metal y ampliar sus posibles aplicaciones en monitoreo ambiental.

 






lunes, 27 de julio de 2026

VISITA DE CONTROL CONFIRMA NORMALIDAD EN NAVARRO

 La CVC, en compañía del Dagma, la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos y Emsirva, realizó una visita de seguimiento al antiguo vertedero de Navarro. Durante el recorrido se verificó el adecuado funcionamiento de los sistemas de manejo y tratamiento de lixiviados y que, de acuerdo con las condiciones observadas, el sitio no sería el origen de los olores ofensivos reportados en Cali.

La Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca – CVC, realizó una visita periódica de control y seguimiento al antiguo vertedero de Navarro, en el marco de las actividades que desarrolla como autoridad ambiental para verificar el cumplimiento del plan de cierre y clausura y las condiciones de seguridad ambiental del lugar.

 El recorrido se llevó a cabo conjuntamente con el Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente – Dagma; la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos y Emsirva, entidades que participaron en la verificación de las condiciones actuales de la celda número 7, la última que la que se depositaron residuos antes de su cierre, y de los sistemas asociados al manejo de lixiviados.

“Durante la visita se constató que los niveles de lixiviados se encuentran en condiciones normales, las piscinas de almacenamiento están en buen estado y la Planta de Tratamiento de Lixiviados opera a una tasa superior a la producción actual de estos líquidos. Estas condiciones, sumadas a la disminución progresiva de la carga orgánica de los lixiviados y de la producción de gases que se presenta con el paso del tiempo, permiten establecer que el antiguo vertedero no presenta actualmente indicadores que lo relacionen como fuente de los olores ofensivos reportados en la ciudad”, explicó Miguel Ángel Sánchez, ingeniero sanitario y ambiental y coordinador de la Unidad de Gestión de Cuencas Lili-Meléndez-Cañaveralejo-Cali de la CVC.

El funcionario recordó que el antiguo vertedero de Navarro se encuentra clausurado desde 2008 y que, desde entonces, se viene ejecutando el correspondiente plan de cierre y clausura. “En la medida en que pasa el tiempo, el lixiviado es menos contaminante y tiene una menor carga orgánica. En el tema de gases, también hay una menor producción con el paso del tiempo”, señaló.

Durante el recorrido también se observó presencia de fauna en el área, el manejo de aguas lluvias y revegetalización de los vasos y se verificó el adecuado funcionamiento de los sistemas de manejo y tratamiento. La Planta de Tratamiento de Lixiviados tiene actualmente una capacidad de tratamiento superior a la producción de estos líquidos, lo que permite mantener controlados los niveles de almacenamiento.

“La visita hace parte de las actividades periódicas de control y seguimiento que adelanta la CVC al plan de cierre y clausura del antiguo vertedero de Navarro. Inspeccionamos y verificamos el estado de las piscinas de almacenamiento de lixiviados, que encontramos en buen estado”, destacó Diana Palta, líder de la Planta de Lixiviados de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos – Uaesp de Cali.

Por su parte, Diana Hincapié, del grupo de Gestión de la Calidad del Aire del Dagma dijo que las lagunas de almacenamiento se encuentran en niveles bajos y que no ha sido necesario realizar transferencias hacia ellas, por lo que, de acuerdo con las condiciones verificadas, el olor muy probablemente no provenga de esta zona.






miércoles, 22 de julio de 2026

Ahora la Amazonia también se puede recorrer desde una experiencia transmedia

Escuchar el amanecer de la selva, acompañar la liberación de tortugas, recorrer un bosque restaurado y mirar la Amazonia desde los ojos de sus niños ahora es posible gracias a un documental, mapas sonoros, fotografías participativas y una plataforma digital que transformaron una investigación de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia en una experiencia abierta al público.

“Raíces invisibles” transforma los hallazgos de una investigación científica en una experiencia interactiva que invita a conocer desde distintos formatos las prácticas de conservación y la memoria biocultural de las comunidades indígenas amazónicas.

El proyecto fue realizado por la administradora ambiental Yesica Juliett Hernández Escobar, magíster en Estudios Amazónicos de la UNAL, a partir de un trabajo adelantado en el Resguardo Indígena Santa Sofía y El Progreso, en el departamento del Amazonas.


Allí la investigadora documentó cómo las prácticas cotidianas para proteger las tortugas, restaurar el bosque y transmitir el conocimiento ancestral también son estrategias para conservar el territorio y preservar la memoria biocultural. 

La investigación se centró en la experiencia de la familia Carihuasari, líder en iniciativas comunitarias para proteger las playas en donde anidan las tortugas, amenazadas por la caza ilegal y el tráfico de especies.

El trabajo también mostró que la conservación de la selva está estrechamente ligada a la permanencia de los saberes tradicionales y a las relaciones culturales construidas por las comunidades con su territorio.

A diferencia de una tesis tradicional, “Raíces invisibles” convirtió los resultados de la investigación en una experiencia que se puede ver, escuchar y recorrer. El proyecto reúne un cortometraje documental, una plataforma web interactiva, 6 mapas sonoros construidos junto con la comunidad y un mural fotográfico creado por niñas y niños del Resguardo como parte de los talleres de dibujo y fotografía análoga.

“Este formato nació de una pregunta sencilla: ¿cómo lograr que el conocimiento científico salga de los escenarios académicos y llegue a más personas?”.

“En ese sentido, creo que esta propuesta representa una nueva forma de hacer divulgación científica en Colombia: una divulgación que no solo transmite información, sino que también genera experiencias, despierta emociones y reconoce a las comunidades como protagonistas y productoras de conocimiento”, afirma la magíster.

Esa apuesta también transformó la manera de investigar. Las familias del Resguardo decidieron qué lugares registrar, qué historias contar y cuáles sonidos, paisajes y memorias debían integrar el proyecto, para que el resultado reflejara su propia forma de entender el territorio.

“Al final la metodología fue verdaderamente co-creativa porque el proyecto no se trató de extraer información, sino de construir conocimiento junto a la comunidad, reconociendo que ellos son los principales narradores y guardianes de su propio territorio”, señala la magíster Hernández.

Como parte de ese trabajo colaborativo se registraron los sonidos del amanecer y de la noche, los recorridos por el Viejo Bosque y las jornadas de liberación de tortugas. Al mismo tiempo, niñas y niños documentaron con su propia mirada los espacios, las especies y las actividades que forman parte de su vida cotidiana, creando un archivo visual construido por quienes habitan el territorio.

Los hallazgos muestran que proteger la selva no consiste solo en conservar sus ecosistemas, sino que también implica mantener vivos los conocimientos transmitidos por las comunidades durante generaciones y que orientan su relación con el territorio. “Ambas dimensiones son inseparables”, comenta la investigadora Hernández.

“Lo que descubrí, y que sigo aprendiendo de las comunidades amazónicas, es que en cada gesto de cuidado existe una historia de resistencia: resistencia al olvido, a la pérdida de la memoria biocultural y a las dinámicas que amenazan con desvincular a las personas de su territorio”, afirma.

 

martes, 21 de julio de 2026

Con los cunchos del café crean esponja que limpiaría la gasolina

 En laboratorio, un químico transformó el residuo que queda después de preparar el café —cuncho o “borra”— en un material similar a una esponja capaz de remover hasta el 98 % del azufre (parte contaminante) presente en una mezcla que simulaba combustibles como la gasolina y el diésel.

Detrás del hallazgo está Luigi Sebastián Merchán Suárez, magíster en Química de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien decidió estudiar un problema que, aunque casi nunca aparece en las conversaciones cotidianas, sí influye directamente en la calidad del aire que respiramos.

Cuando un carro, bus o camión quema gasolina o diésel emite no solo dióxido de carbono, sino que también libera compuestos de azufre que, al entrar en combustión, se transforman en gases contaminantes asociados con problemas respiratorios, lluvia ácida y deterioro de la calidad del aire. Además aceleran el desgaste de tuberías y equipos industriales en refinerías y sistemas de transporte de combustibles.

Aunque la industria petrolera lleva décadas usando hidrodesulfuración —un proceso que usa hidrógeno, altas presiones y catalizadores para separar el azufre del combustible—, algunos compuestos son mucho más difíciles de eliminar porque el azufre queda inmerso dentro de la molécula, por eso remover esas últimas trazas exige más energía y mayores costos.

“Algunos compuestos azufrados son mucho más difíciles de eliminar porque el azufre queda ‘muy protegido’ dentro de la molécula, por decirlo de forma sencilla”, explica el químico Merchán.

Remover esas últimas trazas exige condiciones cada vez más agresivas, entre ellas más presión y más temperatura, y en consecuencia mayor consumo energético y costos más elevados.

Además el reto en Colombia es cada vez mayor, ya que, según diversos informes de Ecopetrol, el país se ha propuesto reducir el contenido de azufre en combustibles a menos de 10 partes por millón hacia 2030, una meta que exige procesos de refinación más eficientes.

Fue ahí donde el investigador Merchán comenzó a mirar hacia un lugar inesperado, pero abundante en Colombia: el café, un cultivo que genera grandes cantidades de residuos a lo largo de su cadena productiva.

Su investigación formó parte de un proyecto intersedes de la UNAL enfocado en encontrar nuevas aplicaciones para residuos de la industria cafetera. Allí evaluó subproductos como pulpa, cáscara, pergamino y cuncho de café, siendo este último el más prometedor.

La clave está en su composición química

El cuncho de café es una biomasa rica en carbono, una propiedad crucial para fabricar materiales adsorbentes —similares a esponjas—, es decir capaces de capturar moléculas sobre su superficie.

Pero convertir ese cuncho en un material funcional requirió mucho más que secarlo y reutilizarlo. Para los ensayos preliminares el químico de la UNAL trabajó con pequeñas cantidades recolectadas en la cafetería del Laboratorio de Investigación en Combustible y Energía del Departamento de Química, y cuando comprobó que el material tenía potencial, surgió el reto de garantizar que todas las muestras fueran comparables.

“No todos los cafés generan el mismo residuo, pues factores como el tipo de grano, el nivel de tostión o la forma de preparación pueden alterar las propiedades del material. Para reducir esa variabilidad decidí recolectar toda la muestra de una única fuente comercial, en este caso una reconocida cadena de café internacional”, explica el magíster.

Después de secarla, tamizarla y clasificarla por tamaño de partícula, el cuncho se sometió a tratamientos térmicos controlados para modificar su estructura interna sin destruir su base de carbono. El calor eliminó la humedad y los compuestos inestables creando poros y diminutas cavidades que multiplicaron su superficie de contacto.

“Convertimos ese cuncho en una especie de esponja microscópica para moléculas de azufre, y, como ocurre con una esponja común, cuanto más porosa era su estructura mayor era su capacidad de retener lo que entraba en contacto con ella”, resume.

Ahora faltaba remover el azufre

Para comprobarlo, el investigador no utilizó gasolina o diésel comerciales, sino que primero creó en laboratorio un “combustible modelo”, es decir una mezcla mucho más simple, diseñada para contener una cantidad exacta de una sola molécula con azufre.

Esta decisión fue estratégica, pues mientras un combustible real puede parecer una “sopa química” con cientos o incluso miles de moléculas distintas mezcladas al mismo tiempo, el combustible modelo se parece más a una receta controlada, en la que se conoce exactamente cada ingrediente y su cantidad.

Con esa mezcla lista, el procedimiento fue similar a probar la eficacia de un filtro de agua. Primero se midió la cantidad de molécula de azufre presente en el combustible; después esa mezcla se puso en contacto con el material derivado del café —la “esponja microscópica”— y se dejó que las moléculas interactuarán con su superficie porosa.

Si el material funcionaba, parte de esas moléculas debía quedar atrapada en sus poros. Luego venía la prueba definitiva: volver a medir el combustible para ver cuánto azufre seguía allí.

Para hacer esa medición el magíster utilizó cromatografía líquida de alta eficiencia (HPLC), una técnica que, en términos simples, actúa como un separador molecular que permite “desarmar” una mezcla compleja, identificar sus componentes y medir con precisión cuánto hay de cada uno.

Así pudo comparar los distintos tratamientos aplicados al café y descubrir cuál generaba el material más eficiente. El resultado más llamativo fue una remoción cercana al 98 %.

Sin embargo, el experto insiste en poner esa cifra en contexto: “es un resultado muy prometedor porque demuestra que el concepto funciona, pero todavía no significa que podamos reemplazar inmediatamente los procesos industriales actuales”, advierte.

La razón es que ese 98 % se obtuvo en un escenario altamente controlado, por lo que ahora el siguiente paso será probar el material en combustibles reales, en los que muchas otras moléculas también compiten por espacio dentro de esa “esponja” y podrían reducir su eficiencia.