viernes, 6 de febrero de 2026

Manglares, memoria del mar y una alerta para el Caribe colombiano

 Durante los últimos 5.000 años se han registrado en los manglares los avances y retrocesos del mar, y ellos han protegido la línea costera frente a cambios climáticos extremos. Hoy ese archivo natural y esa barrera viva están desapareciendo a un ritmo acelerado, lo que pone en riesgo tanto los ecosistemas y asentamientos costeros como la estabilidad del litoral colombiano. Su importancia se evidencia tras las afectaciones registradas en días recientes en Bolívar, Atlántico, Magdalena y Sucre, y ante una nueva alerta por frente frío prevista para este fin de semana, con fuertes vientos y oleaje elevado.

Eventos como los advertidos por el Ideam y la Dirección General Marítima (Dimar) recuerdan que los manglares cumplen un papel fundamental al retener sedimentos, reducir la energía de las olas y contribuir a la estabilidad de la línea de costa. Comprender cómo han funcionado estos ecosistemas a lo largo del tiempo es justamente el propósito de las investigaciones desarrolladas por los profesores Orlando Rangel Churio y Alexis Jaramillo Justinico, del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y que alertan sobre la urgencia de tomar decisiones.

“Durante el Holoceno –la época geológica actual– el Caribe colombiano ha vivido eventos repetidos de transgresión y regresión marina, y esa transformación de paisajes, ecosistemas y formas de vida ha quedado registrada bajo tierra”, afirman los académicos del grupo de investigación en Biodiversidad y Conservación.

El profesor Jaramillo explica que “la regresión marina ocurre cuando el mar se retira de la línea de costa actual, mientras que la transgresión marina se produce cuando vuelve a avanzar sobre territorios continentales. Estos movimientos han estado ligados tanto a los ciclos de glaciaciones –cuando grandes volúmenes de agua quedan retenidos en el hielo y el nivel del mar desciende– como a los periodos de deshielo, cuando el nivel del mar vuelve a aumentar, cambios que afectan la vegetación y la biota asociadas, y cuyas evidencias quedan registradas en los sedimentos y en el territorio aledaño a la costa”.

El archivo natural del litoral

A partir de perforaciones realizadas en zonas como la Ciénaga Grande de Santa Marta, la Caimanera (Coveñas), el Parque Nacional Natural Tayrona y otros sectores costeros del Caribe colombiano, los investigadores y sus estudiantes llevan varios años analizando capas de sedimento mediante técnicas geológicas como la estratigrafía, que permiten una resolución excepcional: cada centímetro de sedimento funciona como un registro del tiempo y puede contener entre 20 y 60 años de historia ambiental.

“En las columnas de sedimento extraídas durante las perforaciones se observan variaciones de arena, limo, turbas y materia orgánica, y luego, al microscopio, dominios de diferentes componentes que funcionan como marcadores de cambios ambientales”, explica el geólogo Jaramillo.

El biólogo Rangel agrega que “reconstruir esa historia implica entender el litoral como un sistema vivo en donde interactúan el agua dulce y el mar. En los estuarios (zonas donde los ríos desembocan en el mar) y deltas (regiones en donde los ríos se dividen antes de llegar a la costa) esa interacción define qué organismos se pueden establecer, y el factor que marca esa frontera ecológica es la salinidad”.

Además, el análisis de polen, semillas y restos vegetales permite identificar qué tipo de vegetación –y por extensión qué ecosistema– predominaba en cada periodo y cómo respondía a la salinidad, el agua dulce y las variaciones del nivel del mar.

Así, el análisis parte de cómo se ordena la vegetación costera en franjas desde el mar hacia tierra firme. “En el frente más expuesto al mar suele dominar el mangle rojo Rhizophora mangle, y más hacia zonas con mayor influencia de agua dulce aparecen otras especies como Avicennia germinans”.

“Cuando este avanza o retrocede, esa ‘frontera’ vegetal se mueve, y ese movimiento queda guardado en el polen y los restos. Por eso desde hace cerca de 15 años en el grupo de investigación de Biodiversidad y Conservación del ICN hemos fortalecido el trabajo interdisciplinar con geólogos para leer en paralelo el mensaje del sedimento y el de la vegetación”.

“Interpretar un sedimento es comparable a leer un análisis de sangre: en un sedimento tomado a determinada profundidad, aparece un conjunto de señales —un ‘espectro’— que permite ver qué especies están presentes, cuáles dominan y cómo se relacionan entre sí”, indica el académico.

Ese “diagnóstico” ecológico se construye a partir de la autoecología de las especies y de la forma como se organizan en comunidad, y a partir de esa lectura el indicador biológico es el más sólido para interpretar los cambios ambientales registrados en el litoral.

Gracias a este tipo de análisis, los investigadores han podido reconstruir la historia ambiental del Caribe colombiano a escalas de miles de años. En los últimos 5.000 años las perforaciones han mostrado transiciones marcadas entre una transgresión y una regresión marina en un periodo de 1.900 a 2.100 años, con cambios en las formaciones vegetales asociadas.

Los investigadores advierten que en la Ciénaga Grande de Santa Marta han llegado a información de hasta 8 m de profundidad, en columnas de sedimento que aún no alcanzan el fondo, lo que sugiere que hay más historia enterrada y posibilidades futuras de ampliar la reconstrucción ambiental.

Barrera natural frente al aumento del mar

Los estudios muestran que cuando el manglar se establece y se mantiene, la línea de costa gana estabilidad. Estos ecosistemas retienen sedimentos y materia orgánica, lo que favorece la acumulación progresiva de material que eleva el terreno con el paso del tiempo y contribuye a proteger la costa frente a la erosión, las tormentas y el avance del mar (acreción).

“Cuando el manglar se expande y se mantiene, el suelo aumenta su nivel precisamente por esa capacidad de retener material, un proceso que fortalece la protección natural del litoral. Esta evidencia permite trazar con claridad el papel fundamental del manglar como protección de la costa frente a la erosión y al avance del mar”, explica el profesor Rangel.

Según los análisis realizados por el equipo investigador, en algunas zonas del Caribe los registros muestran aumentos del nivel del suelo asociados con manglares y turbas (acumulaciones de materia vegetal formadas en ambientes húmedos) entre 5,2 y 11,4 mm/año por año, mientras que en áreas con material detrítico arcilloso (sedimentos finos transportados y depositados por ríos y corrientes como en las ciénagas continentales) las tasas de sedimentación pueden alcanzar valores entre 0,5 y 1,2 mm/año. Esta evidencia permite trazar con claridad el papel fundamental del manglar como protección de la costa frente a la erosión y al avance del mar.

El problema es que esa protección natural se está perdiendo a un ritmo alarmante. Según los datos presentados por los expertos, Colombia ha perdido más del 80 % de los manglares del Caribe. De una extensión histórica cercana a los 4.500 km2 hoy quedarían apenas unos pocos cientos, con una tasa de desaparición cercana a los 8,5 km2 por año en las últimas décadas.

Añaden que la discusión sobre el nivel del mar también empieza a mirar escenarios de cambios súbitos, como tsunamis y maremotos, una hipótesis que ha sido motivo de preocupación en investigaciones internacionales.

“La evidencia científica es suficiente y el debate ya no debería centrarse en seguir diagnosticando el problema, sino en tomar decisiones. La solución no es construir muros de concreto, sino recuperar las áreas donde históricamente existieron manglares. Eso protege la costa, genera empleo y restaura ecosistemas, y ya existe tecnología para su recuperación”, señala el profesor Rangel.

Los investigadores advierten además sobre la ocupación y titulación de nuevas tierras formadas por procesos naturales en zonas litorales, que deberían ser protegidas por el Estado debido a su fragilidad y valor ecológico. El profesor Jaramillo alerta que, a partir de imágenes aéreas y satelitales, se han identificado nuevas áreas formadas por la sedimentación de ríos como el Sinú y el Turbo, que ya aparecen tituladas a particulares.

“Son tierras de nueva generación, producto de la dinámica natural de los ríos y del mar, que se deberían conservar y contar con protección estatal, ya que su ocupación puede afectar procesos ecológicos y geomorfológicos fundamentales del litoral”, explica.

También alertan sobre la alta vulnerabilidad del litoral Pacífico, una región donde la información científica aún es escasa pese a los riesgos crecientes. El profesor Rangel advierte que, aunque el Caribe colombiano cuenta con estudios paleoambientales y sedimentológicos relativamente detallados, en el Pacífico todavía existen vacíos importantes de investigación sobre la dinámica costera y los cambios del nivel del mar.

En palabras del investigador, “mientras el Caribe está bien documentado, el Pacífico resulta aún más preocupante y su vulnerabilidad puede ser mucho mayor, en parte porque la falta de registros científicos continuos dificulta dimensionar con precisión los impactos de componentes o tensionantes (factores) involucrados en el cambio climático (deforestación, fluctuaciones del nivel del mar), así como la expresión máxima de estos eventos en esa región”.

Reconstruir la historia ambiental del Caribe colombiano no es un ejercicio académico aislado, sino que permite anticipar escenarios, comprender los límites de los ecosistemas y orientar políticas públicas frente al cambio climático y el aumento del nivel del mar.

“La UNAL ya hizo su parte: producir conocimiento sólido. Ahora necesitamos que ese conocimiento sea escuchado”, concluyen los investigadores, quienes compartieron estos hallazgos en el programa Naturalmente, emitido por Radio UNAL.

 







miércoles, 4 de febrero de 2026

Pilotes mejor diseñados reducirían el riesgo de deslizamientos en Colombia

 Debajo de muchos edificios y puentes hay grandes columnas de concreto –o pilotes– escondidas bajo tierra, como piernas gigantes que sostienen todo para que no se caiga. Sin embargo, simulaciones geotécnicas revelaron que cuando estas columnas se instalan demasiado separadas, el suelo se puede desplazar hasta 59 % más, aumentando así el riesgo de deslizamientos en laderas y carreteras del país, mientras que distancias más cortas mejoran la estabilidad significativamente.

Tras las intensas lluvias registradas en 2025, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) alertó que el 40,8 % de los municipios de Colombia se encuentra en riesgo de deslizamiento, con especial preocupación en departamentos como Antioquia, Cundinamarca, Boyacá, Santander y el Eje Cafetero. A esto se suma el impacto económico, pues datos del Servicio Geológico Colombiano evidencian que desde 1995,estos eventos le han costado al país más de 100 millones de dólares en daños a infraestructura, viviendas y vías.

Más allá de las cifras, los deslizamientos siguen cobrando vidas y afectando comunidades asentadas en laderas cercanas a carreteras, puentes y zonas urbanas, en donde la estabilidad del terreno depende de obras de contención que no siempre se diseñan con criterios ajustados a las condiciones reales del suelo. Uno de los casos más recientes ocurrió en junio de 2025 en el municipio de Bello (Antioquia), en donde un deslizamiento asociado al desbordamiento de una quebrada arrasó varias viviendas y causó la muerte de 16 personas.

En este contexto, la investigadora Leydy Tatiana Bernal, magíster en Ingeniería - Geotecnia de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), se propuso analizar el desempeño real de los pilotes utilizados como estructuras de contención en laderas, y encontró que aunque estos elementos se emplean desde hace años en el país, su diseño suele enfocarse en evitar un colapso inmediato de la estructura, pero no en controlar los desplazamientos progresivos del terreno durante eventos de lluvia intensa, sobre todo en zonas rurales y de alta pendiente.

Las normas vigentes, como el Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente y el Código Colombiano de Puentes, evalúan si los pilotes resisten el peso del suelo y las cargas externas, pero no analizan con suficiente detalle cómo interactúan con el terreno ni cuánto se pueden desplazar este con el tiempo. Así, una ladera puede no colapsar de forma súbita, pero sí moverse lentamente generando grietas en vías, viviendas o redes de servicios hasta volverse insegura.

“Uno de los aspectos más críticos y menos estudiados es la distancia entre estas columnas de concreto. Si están demasiado separadas, el suelo puede ‘escaparse’ entre ellas; si están muy juntas, la obra se encarece sin que necesariamente mejore su desempeño”, explica la investigadora.

Simular la montaña antes de construir

Para responder a este vacío técnico, la magíster recurrió a modelos computacionales tridimensionales mediante el software MIDAS GTS NX, una herramienta que permite recrear virtualmente lo que ocurre bajo la superficie antes de construir. Las simulaciones evaluaron cómo varían los movimientos del suelo según la pendiente del terreno, el tipo de material —más arcilloso o más arenoso—, la presencia de agua subterránea y la separación entre los pilotes.

Los modelos representaron pendientes con alturas entre 10 y 20 m, con excavaciones de hasta 6 m para instalar pilotes de gran diámetro, separados entre sí a distancias equivalentes a dos, tres y cuatro veces su diámetro. Estos escenarios reproducen condiciones comunes en carreteras, taludes intervenidos y zonas montañosas del país.

Para simular el efecto de las lluvias se incorporó el aumento del nivel de agua dentro del suelo. Los resultados mostraron que cuando el terreno se satura no solo pierde resistencia, sino que además cambia su interacción con los pilotes: en separaciones amplias, el suelo tiende a desplazarse entre las columnas, reduciendo así la capacidad del sistema para contener la ladera.

En cambio, cuando los pilotes se ubican a distancias de entre dos y tres veces su diámetro, trabajan de manera conjunta, redistribuyen los esfuerzos y limitan el desplazamiento del terreno incluso en pendientes pronunciadas y con presencia de agua subterránea.

En términos cuantitativos, los pilotes separados a cuatro veces su diámetro registraron hasta un 59 % más de desplazamiento horizontal en comparación con separaciones menores, lo que incrementa significativamente el riesgo de movimientos de tierra en zonas habitadas o de infraestructura vial.

A partir de estos hallazgos, la investigación sugiere que los diseños no se deberían basar únicamente en que la estructura “no se caiga”, sino también en cuánto se mueve el suelo con el tiempo, y además que se deben evaluar conjuntamente variables como la pendiente del terreno, el diámetro y la separación de los pilotes, así como la presencia de agua subterránea.

“Este trabajo muestra la necesidad de revisar con mayor rigor los criterios de diseño de pilotes usados como estructuras de contención, para que las obras no solo cumplan con factores de seguridad, sino que realmente reduzcan el riesgo de deslizamientos”, señala la magíster Bernal, cuyo trabajo fue dirigido por el profesor Guillermo Eduardo Ávila y da continuidad a estudios previos desarrollados en la UNAL.






martes, 3 de febrero de 2026

Mamá Dominga, el humedal que respira dentro del campus UNAL Sede Bogotá

 No todos los humedales están lejos de la ciudad ni escondidos tras rejas, algunos sobreviven dentro de los campus universitarios. Entre senderos, plantas nativas, semillas, aves y rituales simbólicos, el humedal Mamá Dominga, ubicado en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, fue recorrido como parte de la conmemoración del Día Mundial de los Humedales. La actividad, liderada por el Museo de Historia Natural, abrió un mes de reflexiones y acciones pedagógicas para reconocer el valor ecológico y cultural de estos ecosistemas urbanos.

Los humedales son espacios en donde el agua sostiene la vida y en donde plantas, aves, insectos y otras especies encuentran refugio, alimento y rutas de paso, incluso en medio de la ciudad. Bogotá cuenta con alrededor de 15 humedales reconocidos oficialmente, 11 de los cuales forman parte del complejo urbano incluido en la Lista Ramsar, la máxima distinción ambiental internacional. Entre ellos están humedales emblemáticos como La Conejera, Juan Amarillo (también llamado Tibabuyes), Córdoba, Jaboque, El Burro y La Vaca, lugares que guardan historias, biodiversidad y memoria en distintos rincones de la capital.

A pesar de su importancia para la biodiversidad de la Sabana de Bogotá y para el equilibrio ecológico urbano, su presencia en entornos citadinos suele pasar inadvertida o ser subvalorada. Con frecuencia son vistos como “caños” o zonas residuales, cuando en realidad cumplen un papel vital en el equilibrio de la ciudad.

La conservación de dichos ecosistemas no depende solo de la buena intención, sino del conocimiento. La profesora Yaneth Muñoz Saba, directora del Museo de Historia Natural, afirma que “conservar no es sembrar plantas sin contexto. Cuando no sabemos si una especie es propia de la región o de la Sabana de Bogotá podemos introducir plantas invasoras que causan más daño que beneficio”.

Fauna asociada con el humedal Mamá Dominga, fundamental para el equilibrio del ecosistema.

La corteza de los árboles registra su crecimiento y adaptación al entorno.


Semilla de nogal, árbol nativo de los Andes y especie emblemática de Bogotá


El aprendizaje directo fortalece el cuidado del territorio

Acompañantes del recorrido orientan los procesos de educación ambiental.

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La profesora Yaneth Muñoz Saba, directora del Museo de Historia Natural de la UNAL, durante el recorrido



Pequeñas miradas que ayudan a construir futuros más verdes.



Durante el recorrido se reconocieron especies comestibles como la uchuva.



Semillas de chocho, asociadas con la mejora de la calidad del suelo.



Cultivos experimentales desarrollados por estudiantes en el entorno del humedal.



El árbol loco es una especie de girasol que contribuye a regular el ciclo del agua



Descubrimiento y reconocimiento de especies durante el recorrido ambiental.



Ingreso al humedal Mamá Dominga, un ecosistema vivo dentro del campus.



La conexión con la naturaleza como base de la educación ambiental.



Charlas que explican la importancia ecológica del humedal Mamá Dominga.



Ritual simbólico que refuerza el respeto y la conexión con el humedal.



Aprender del entorno a partir de la experiencia directa.

Desde el Museo, la apuesta es ampliar la conmemoración más allá de una fecha simbólica y convertir febrero en un espacio de encuentro entre ciencia, educación ambiental y saberes territoriales. A través de distintas miradas y experiencias de las comunidades que conviven con estos ecosistemas en la Sabana de Bogotá, se busca fortalecer el vínculo entre ciudad, naturaleza y territorio.


lunes, 2 de febrero de 2026

Agujeros negros, más que una “aspiradora” cósmica

 Durante la década de 1980 se consolidó la visión de que los agujeros negros borraban por completo cualquier rastro de lo que caía en ellos. Según esta idea, una vez una partícula del universo (electrón, neutrino, etc.) cruzaba su límite, perdía toda la información y el agujero cambiaba de tamaño y de peso. Un físico de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) demostró teóricamente que esto no ocurre, pues sí quedan rastros de esta interacción, útiles para seguir leyendo el cosmos.

Con el fin de explorar una alternativa a esa premisa, el investigador David Leonardo Bernal Fino, magíster en Física de la UNAL, analizó lo que ocurre con las partículas en condiciones extremas asociadas a los agujeros negros, como la gravedad intensa, las velocidades elevadas y un entorno extremadamente frío. En ese escenario, encontró que las diferencias entre partículas dejan de importar, ya sean electrones, neutrinos, el bosón de Higgs u otros tipos de materia.

El agujero negro no distingue entre tipos de partículas; solo registra su presencia. Esa respuesta uniforme hace que el sistema responda de manera ordenada y predecible, con cambios claros en su tamaño, su energía y su estado externo.

Este comportamiento se puede imaginar como un cascarón invisible que rodea al agujero negro. Todo lo que se acerca interactúa primero con esa capa externa y la afecta de la misma manera. Para un observador lejano, ese cascarón funciona como una superficie que guarda pistas de lo ocurrido, lo que permite estudiar al agujero negro sin necesidad de acceder a su interior.

Se trata de un resultado relevante porque muestra que el entorno del agujero negro actúa como un registro físico. Aunque su contenido permanezca oculto, los efectos de lo que ocurre cerca de su límite siguen siendo visibles desde afuera. En otras palabras, la información no desaparece sin dejar rastro, sino que queda reflejada en la forma en que el sistema responde a lo que lo rodea.

“Este paso nos permitirá entender mejor cómo funcionan estos gigantes cósmicos. Es un proceso que se construye desde la teoría, pero que a largo plazo puede abrir la puerta al desarrollo de nuevas tecnologías para comprender lo que ocurre en su entorno”.

“Algo similar ocurrió con la física cuántica, cuya teoría se formuló hace décadas, pero solo recientemente ha alcanzado aplicaciones tecnológicas concretas”, explica el investigador Bernal.

El trabajo no se apoya en observaciones con telescopios ni en bases de datos astronómicas, sino en cálculos teóricos sustentados en leyes físicas ya comprobadas. A través de modelos matemáticos, el investigador demostró que este comportamiento común de las partículas surge de manera natural cuando se consideran las condiciones extremas cercanas al agujero negro.

Un agujero negro con historia

La novedad del estudio está en aplicar ecuaciones clásicas de la física a una región poco explorada del agujero negro y demostrar que, en ese límite, distintos tipos de partículas producen el mismo efecto externo. Estas ecuaciones se apoyan en la relatividad general formulada por Albert Einstein en 1915 y en los aportes posteriores de científicos como Karl Schwarzschild, Jacob Bekenstein y Stephen Hawking, quienes ampliaron la comprensión de los agujeros negros y plantearon el problema de la información.

El físico explica que, para llegar a este resultado, utilizó modelos basados en la relatividad general y la teoría cuántica de campos, resolviendo las ecuaciones que describen cómo distintas partículas interactúan con el entorno del agujero negro. Al analizar esas interacciones muy cerca de su límite, comparó el efecto de varios tipos de partículas —con énfasis en el bosón de Higgs y un fermión— sobre las propiedades externas del sistema, y encontró que, en todos los casos, la respuesta del agujero negro seguía el mismo patrón, independientemente de la partícula considerada.

La solución de las ecuaciones muestra que el resultado no depende del tipo de partícula involucrada. Aunque la magnitud del cambio puede variar según la energía aportada, la forma en que el agujero negro responde es siempre la misma. En términos simples, sin importar qué partícula se acerque, el agujero negro reacciona siguiendo un patrón único y predecible.

Otro concepto fundamental es el de entropía, con el cual se mide cuánta información puede contener un sistema. En los agujeros negros, esa información se asocia con su superficie externa, no con su interior. El comportamiento común de las partículas refuerza esta idea, al mostrar que las interacciones quedan registradas en ese “cascarón” incluso bajo condiciones extremas

Aunque se trata de una investigación teórica y sin aplicaciones inmediatas, sus implicaciones son profundas. Comprender cómo un sistema tan extremo responde de forma ordenada ayuda a establecer límites sobre la información, su conservación y su relación con la materia y la energía, preguntas centrales tanto en la física moderna como en un mundo cada vez más dependiente de los datos.






viernes, 30 de enero de 2026

MÁS DE 80 MIL VISITANTES A CENTROS DE EDUCACIÓN AMBIENTAL EN EL VALLE DEL CAUCA

 

Alrededor de 1.589 jóvenes organizados en más de 100 colectivos ambientales y vinculados a 245 iniciativas han sido beneficiados por los procesos de educación ambiental liderados por la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca CVC, entre 2021 y 2025, a través de estrategias como los Encuentros Ambientales con Jóvenes.

 A estas cifras se suman 42 Proyectos Ciudadanos de Educación Ambiental – Proceda, que han impactado a 1.750 habitantes en 16 municipios del departamento, consolidando una red comunitaria comprometida con la protección y el uso sostenible de los recursos naturales.

 Como parte de este trabajo, la CVC conmemoró el Día Mundial de la Educación Ambiental, que se celebra cada 26 de enero, en el Centro de Educación Ambiental La Teresita, donde se generó un espacio de aprendizaje, sensibilización y apropiación del conocimiento ambiental junto al grupo de observadores de aves Parche Tewala y Toxitours de Montebello, además de la comunidad de la zona, quienes vivieron una experiencia formativa en contacto directo con la naturaleza.

“Para la CVC, la educación ambiental es una prioridad. Por eso quisimos conmemorar esta fecha en uno de nuestros ocho centros de educación ambiental, La Teresita, un espacio que promueve la investigación científica y se caracteriza por su ubicación en un bosque de niebla, lo que permite una alta diversidad de plantas, flores y fauna, incluyendo aves, anfibios y mamíferos”, señaló Marco Antonio Suárez Gutiérrez, director general de la CVC.

 Por su parte, John Fredy Ocampo, coordinador del Parche Tewala del corregimiento de Montebello, expresó su satisfacción por la experiencia. “Estamos muy emocionados de haber participado en esta celebración en este lugar lleno de vida y biodiversidad. Nos vamos con nuevos aprendizajes que podremos replicar con los doce niños que hacen parte de nuestro grupo de observadores de aves”.

 Durante la jornada, los asistentes conocieron la renovada estación hidroclimatológica del centro de educación ambiental, equipada con tecnología de vanguardia; la instalación de tres cámaras trampa en el marco de la Red Otus, que permitirán el monitoreo permanente de la fauna silvestre; y la inauguración del mirador Toropisco, una estructura de 5x4 metros desde la cual se puede observar parte de la cuenca del río Cali, convirtiéndose en un nuevo espacio para la educación, la contemplación y la apropiación del territorio.

 El Topacio

La conmemoración del Día Mundial de la Educación Ambiental también se realizó en el Centro de Educación Ambiental El Topacio, ubicado en el corregimiento de Pance, con la participación de cerca de 50 personas entre estudiantes, docentes y grupos de observadores de aves de Vijes y Yumbo.

Durante la jornada, estudiantes de la Institución Educativa Jorge Robledo de Vijes y Gabriel García Márquez de Yumbo, junto con el Club de Observadores de Aves Cardenales de Platanares y el grupo Los Pajareros de Vijes, participaron en una charla sobre fotografía ambiental, actividades lúdicas y recorridos por los senderos interpretativos del centro.

 La celebración se cerró en CEA de las Heliconias con un recorrido guiado por sus renovados senderos, entre el 2020 y 2025 más de 80 mil visitantes han pasado por los 8 Centros de Educación Ambiental de la CVC distribuidos en todo el Valle del Cauca. 


miércoles, 28 de enero de 2026

Cerezas chilenas en China: un escenario marcado por la incertidumbre

 

La temporada pasada de cerezas chilenas dejó un aprendizaje: la calidad. Con el avance de la temporada y ya varias semanas en el mercado, se ha podido visualizar que en general la fruta ha llegado con buena calidad y condición. 

Pero sabemos que no todas las temporadas son iguales y los desafíos no se detienen. Por ello, conversamos con Javier Saavedra, gerente comercial de QIMA Produce y con Diego Navarro, Asia Operations Manager, quienes analizaron el comportamiento actual de las cerezas chilenas en el mercado chino. 

Factores que están incidiendo en la fruta 

Para Saavedra, el escenario actual responde a una combinación inédita de factores en su magnitud. “La situación de la cereza hoy es claramente multifactorial. No hay un solo elemento que explique lo que está pasando, pero el consumo interno chino es, sin duda, uno de los factores más relevantes”, dijo. 

Explicó que se ha dado un hecho muy significativo, relacionado con la política interna del país respecto a los regalos que se realizan en el contexto del Año Nuevo chino, tanto a nivel particular como en ámbitos corporativos y gubernamentales. Sin embargo, esta práctica hoy está bajo un fuerte cuestionamiento.

A este cambio cultural se suma un contexto económico menos dinámico. Tanto Saavedra como Navarro coinciden en que China ya no muestra los mismos niveles de consumo que caracterizaban al país hace algunos años. 

“Antes, China era sinónimo de consumo activo. Hoy se nota una baja generalizada: los arriendos han disminuido, los restaurantes no están llenos y el gasto es mucho más contenido”, comentó Saavedra. 

Para Navarro, cuando se produce esta afectación económica, los productos importados son los primeros en resentirse: “El consumidor chino se vuelca a productos de origen local, que son más baratos y más familiares”. En ese contexto, frutas como la manzana —con alta producción local y larga vida útil—, las peras y el lichi concentran gran parte de la demanda, desplazando a productos importados como la cereza.

Situación actual y el rol de las redes sociales

Analizando lo que viven los mercados mayoristas, los ejecutivos mencionan que también que “hoy no vemos la cantidad de compradores que normalmente había en esta fecha”, afirmó Saavedra. 

Por su parte, Navarro indicó que “si hay una palabra que define esta temporada, es incertidumbre. Nadie tiene claridad total sobre lo que está pasando”.

A la complejidad del escenario actual del sector, se ha sumado el impacto de las redes sociales y la circulación de información falsa. Durante esta temporada, en algunas plataformas chinas se han vuelto recurrente comentarios que cuestionan la inocuidad de la cereza chilena. 

“Se habla de que la fruta viene contaminada con trazas de fungicidas. Incluso personas que no están ligadas al mundo frutícola repiten ese rumor”, comentó Saavedra.

Se trata de una fake news que ya había circulado la temporada pasada y que dejó una huella en la percepción del consumidor. “Las noticias falsas tuvieron un efecto general en el consumidor chino y eso afectó el consumo”, comentó Navarro. 

Aunque no existen antecedentes técnicos que respalden estas acusaciones, el daño reputacional ya está hecho y su efecto se suma a un contexto de menor confianza y mayor cautela.

Precios de las cerezas chilenas, variedad Regina y Lapins en China.


Fruta guardada 

En paralelo, los importadores han tomado decisiones comerciales que han generado un nuevo foco de presión sobre los precios, provocando una mayor lentitud en la venta de las cerezas, debido a que muchos han optado por almacenar la fruta, esperando un repunte en los precios más cercano al Año Nuevo Chino. 

Sin embargo, esta estrategia ha tenido consecuencias. Al 26 de enero, la fruta que se estaba vendiendo tenía un promedio de 40 días desde la fecha de embalaje, explicó Navarro.

Indicaron que, según distintas fuentes del mercado, actualmente habría entre 2.000 y 2.500 contenedores en guarda, aunque algunas estimaciones hablan de volúmenes incluso mayores.

Hasta la semana pasada el movimiento de venta era bajo. Navarro dijo que el promedio de venta era de un 30%. El resto quedaba para el día siguiente, pero con un menor precio. 

Saavedra especificó que la fruta que no ha sido almacenada cumple plenamente con los estándares del mercado chino, aunque la diferencia de precio entre fruta recién llegada y fruta guardada oscila entre 10 y 20 yuanes.

Cerezas en el mercado chino 

Los ejecutivos añadieron que la variedad Regina es la que se encuentra arribando actualmente al mercado, caracterizándose por precios más estables en fechas cercanas al Año Nuevo chino. En contraste, Lapins y Kordia son escasas, y la Lapins que se encuentra hoy en el mercado es fruta que estuvo en guarda por lo que la calidad no es muy buena.

Para Saavedra, la presión del mercado no se observa solamente en las cerezas; también se ha visto en arándanos, uvas y otras frutas importadas, que han enfrentado precios bajos y una menor rotación. 

“No es algo contra la cereza. Pero al ser un producto premium, muy visible y con mucha exposición mediática, todos los focos están puestos ahí”, puntualizó. 

En este escenario, algunos actores del mercado especulan que la ciruela D’Agen podría ganar protagonismo, al ser uno de los pocos productos presentes durante las festividades.

Reactivación del mercado 

En los últimos días comenzaron a aparecer señales de una leve mejoría. El lunes 26 de enero, los precios de Regina subieron cerca de 20 yuanes, mientras que Lapins registró alzas de alrededor de 10 yuanes, dependiendo de la marca y la calidad. 

El movimiento también mejoró: de venderse apenas el 30% de la fruta disponible, se pasó a cerca del 70%.

Navarro atribuye este repunte a la llegada de los últimos barcos de gran volumen, como el Humboldt express (1003 contenedores), Atacama (593 contenedores) y el Buenos Aires Express (567 contenedores).

Especificó que de ahora en adelante el volumen de los arribos será menor, con naves que no superan los 200 contenedores. Con barcos llegando hasta el 8 de febrero, como el One Sapphire con 223 contenedores, la temporada entra en su tramo final previo al Año Nuevo chino. 

Las expectativas apuntan a una mejora gradual de los precios, aunque sin grandes repuntes.

“El consumo interno chino está débil y no se ve, al menos en los próximos tres años, un cambio significativo. La industria de la cereza tendrá que adaptarse a una nueva realidad, donde el mercado chino seguirá siendo clave, pero ya no tan predecible como antes”, concluyó Saavedra.











lunes, 26 de enero de 2026

El erizo negro no ha desaparecido de San Andrés, pero todavía necesita ayuda

 Durante años los arrecifes coralinos del Caribe han venido perdiendo a uno de sus aliados más importantes: el erizo negro (Diadema antillarum), un animal que controla poblaciones de algas que dificultan la supervivencia de los corales. Tras décadas de mortandades masivas se temía que esta especie hubiera desaparecido en la isla de San Andrés, pero un nuevo estudio muestra que aún está presente, aunque en niveles bajos, por lo que su recuperación necesita de planes de conservación más rigurosos.

La investigación se realizó en la Reserva de Biosfera Seaflower, una de las áreas marinas protegidas más importantes del Caribe colombiano. El objetivo era conocer el estado actual de la población del erizo negro, una especie de la que hasta ahora se sabía muy poco en esta región del país.

Para lograrlo, la bióloga Valentina Rojas Manrique, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), realizó un muestreo sistemático en 11 estaciones distribuidas a lo largo de la Reserva en San Andrés. En cada punto buceó en 5 transectos submarinos de 15 metros de largo por 2 metros de ancho, cubriendo un área total de 1.590 metros cuadrados. En ese espacio, contó y estudió cada erizo negro que encontró, sin extraerlos ni alterar el arrecife.

En total registró 304 individuos de erizo negro, a cada uno de los cuales midió directamente bajo el agua registrando el diámetro y la altura de su cuerpo, conocido como testa. A partir de estas medidas los clasificó como juveniles, adultos jóvenes y adultos, lo que le permitió evaluar si la población estaba envejecida, en recuperación o en equilibrio.

“Los resultados despejan una de las principales dudas sobre la desaparición de la especie que existían tras la mortandad registrada en el Caribe en 2022. En San Andrés no se observaron signos de enfermedad activa ni evidencias de mortalidad reciente; además, la presencia de individuos de todas las edades indica que la población aún se mantiene funcional y se puede reproducir”, explica la bióloga Rojas.

Sin embargo, aunque el erizo negro no ha desparecido en la Isla, la buena noticia tiene un límite claro: las poblaciones encontradas son bajas, con menos de un erizo por metro cuadrado en promedio, muy por debajo de los valores históricos y de los niveles necesarios para que esta especie cumpla plenamente su función ecológica.

Antes de la gran mortandad de los años 1980 –ocurrida en países como Puerto Rico, Jamaica y Estados Unidos (Florida)–, algunas zonas del Caribe llegaban a albergar más de 10 erizos por metro cuadrado.

Por otro lado, el estudio de la UNAL encontró que prácticamente no hay individuos en los sectores expuestos a un oleaje fuerte y constante. En contraste, las mayores densidades se registraron en áreas protegidas por la barrera arrecifal, en donde el agua es más tranquila y el fondo marino presenta mayor diversidad.

Punta por punta

Otro aspecto analizado fue el comportamiento de los erizos: muchos de ellos se encontraban en pequeñas agregaciones o grupos de hasta 13 individuos, un patrón que se asocia con mayor protección y mejores condiciones para la reproducción. No obstante, estas agrupaciones están muy lejos de las grandes concentraciones que se observaban décadas atrás.

¿Por qué importa todo esto? Porque el erizo negro cumple un papel muy grande para su tamaño. Al alimentarse de macroalgas, evita que estas cubran el arrecife y asfixien a los corales. Cuando la especie desaparece, las algas se expanden rápidamente reduciendo el espacio disponible para que los corales se fijen, crezcan y se recuperen tras eventos como el blanqueamiento o las tormentas.

Aunque el estudio no identifica las especies de algas ni de corales involucradas, investigaciones previas han demostrado que el erizo negro controla macroalgas como DictyotaHalopteris o Lobophora, favoreciendo así indirectamente la recuperación de corales constructores del arrecife.

Aún hay tiempo

Las grandes mortandades del erizo negro en el Caribe, ocurridas en los años ochenta y más recientemente en 2022, no fueron causadas por huracanes, como a veces se cree, sino por enfermedades, probablemente de origen microbiano, que se propagaron a escala regional. Estos eventos redujeron las poblaciones en más del 90 % en muchas zonas, y en numerosos arrecifes el erizo nunca volvió a alcanzar sus niveles originales.

Al respecto, el estudio de la bióloga Rojas muestra un escenario intermedio en el Archipiélago: la especie no está extinta, pero tampoco se ha recuperado. La población actual es pequeña, aunque estable, y no parece estar limitada por la disponibilidad de alimento. Esto sugiere que existe un potencial real de crecimiento, siempre y cuando se den las condiciones adecuadas.

Ahí es donde la investigación cobra un valor adicional: al identificar las zonas donde el erizo aún sobrevive y las características del hábitat que favorecen su presencia, el estudio proporciona una base científica para diseñar estrategias de manejo y restauración, entre ellas los programas de repoblamiento con juveniles criados en laboratorio, la protección de áreas arrecifales esenciales, y el control de factores que favorecen el crecimiento excesivo de algas, como la contaminación por nutrientes, métodos que ya han sido exitosas en lugares como Florida.

La bióloga plantea una alerta temprana basada en datos: aún hay tiempo para actuar y reforzar el papel de este pequeño herbívoro en la salud de los arrecifes del Caribe colombiano.