Escuchar el amanecer de la selva, acompañar la liberación de
tortugas, recorrer un bosque restaurado y mirar la Amazonia desde los ojos de
sus niños ahora es posible gracias a un documental, mapas sonoros, fotografías
participativas y una plataforma digital que transformaron una investigación de
la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia en una experiencia
abierta al público.
“Raíces invisibles” transforma los hallazgos de una
investigación científica en una experiencia interactiva que invita a conocer
desde distintos formatos las prácticas de conservación y la memoria biocultural
de las comunidades indígenas amazónicas.
El proyecto fue realizado por la administradora ambiental
Yesica Juliett Hernández Escobar, magíster en Estudios Amazónicos de la UNAL, a
partir de un trabajo adelantado en el Resguardo Indígena Santa Sofía y El
Progreso, en el departamento del Amazonas.
Allí la investigadora documentó cómo las prácticas cotidianas para proteger las tortugas, restaurar el bosque y transmitir el conocimiento ancestral también son estrategias para conservar el territorio y preservar la memoria biocultural.
La investigación se centró en la experiencia de la familia
Carihuasari, líder en iniciativas comunitarias para proteger las playas en
donde anidan las tortugas, amenazadas por la caza ilegal y el tráfico de
especies.
El trabajo también mostró que la conservación de la selva
está estrechamente ligada a la permanencia de los saberes tradicionales y a las
relaciones culturales construidas por las comunidades con su territorio.
A diferencia de una tesis tradicional, “Raíces invisibles”
convirtió los resultados de la investigación en una experiencia que se puede
ver, escuchar y recorrer. El proyecto reúne un cortometraje documental, una
plataforma web interactiva, 6 mapas sonoros construidos junto con la comunidad
y un mural fotográfico creado por niñas y niños del Resguardo como parte de los
talleres de dibujo y fotografía análoga.

“En ese sentido, creo que esta propuesta representa una
nueva forma de hacer divulgación científica en Colombia: una divulgación que no
solo transmite información, sino que también genera experiencias, despierta
emociones y reconoce a las comunidades como protagonistas y productoras de
conocimiento”, afirma la magíster.
Esa apuesta también transformó la manera de investigar. Las
familias del Resguardo decidieron qué lugares registrar, qué historias contar y
cuáles sonidos, paisajes y memorias debían integrar el proyecto, para que el
resultado reflejara su propia forma de entender el territorio.
“Al final la metodología fue verdaderamente co-creativa
porque el proyecto no se trató de extraer información, sino de construir
conocimiento junto a la comunidad, reconociendo que ellos son los principales
narradores y guardianes de su propio territorio”, señala la magíster Hernández.
Como parte de ese trabajo colaborativo se registraron los
sonidos del amanecer y de la noche, los recorridos por el Viejo Bosque y las
jornadas de liberación de tortugas. Al mismo tiempo, niñas y niños documentaron
con su propia mirada los espacios, las especies y las actividades que forman
parte de su vida cotidiana, creando un archivo visual construido por quienes
habitan el territorio.
Los hallazgos muestran que proteger la selva no consiste solo en conservar sus ecosistemas, sino que también implica mantener vivos los conocimientos transmitidos por las comunidades durante generaciones y que orientan su relación con el territorio. “Ambas dimensiones son inseparables”, comenta la investigadora Hernández.
“Lo que descubrí, y que sigo aprendiendo de las comunidades
amazónicas, es que en cada gesto de cuidado existe una historia de resistencia:
resistencia al olvido, a la pérdida de la memoria biocultural y a las dinámicas
que amenazan con desvincular a las personas de su territorio”, afirma.








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