viernes, 24 de septiembre de 2021

Deforestación y emisiones del CO2, los mayores enemigos contra el calentamiento

 Prevenir la deforestación, producir energías renovables y sostenibles, además de avanzar en la gobernanza ambiental, son algunas de las políticas públicas efectivas de mitigación y adaptación para que Colombia cumpla con la meta de reducir en 51 % las emisiones de gases efecto invernadero del país para el 2030.

Así lo recomienda Gustavo Ortega, doctor en Derecho de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y miembro del Grupo de Investigación del Instituto de Estudios Ambientales (IDEA) de la UNAL, quien explica que la gobernanza ambiental debe involucrar actores de la sociedad civil –como empresa privada y comunidades locales– como parte de la hoja de ruta que llevaría al país a cumplir sus metas frente a la lucha contra el cambio climático para la próxima década.

El experto recordó que el cambio climático es una realidad que debemos afrontar día tras día, por lo que es importante fortalecer la política ambiental tanto en mitigación como en adaptación (integración de instrumentos de planificación ambiental y territorial, inversión en proyectos ambientales, etc.).

En momentos en que se analizan los avances de las acciones de los países para frenar este fenómeno en la Semana del Clima de Nueva York –evento global organizado por The Climate Group y las Naciones Unidas, en colaboración con la COP-26– el investigador aseguró que aunque las estrategias que se adelantan en el país han seguido los lineamientos que se han venido aprobando en la ONU, aún falta por hacer.

Esas estrategias consisten especialmente en planes de mitigación para disminuir la concentración de gases de efecto invernadero de origen humano (antropogénicas) y otros de adaptación, con el fin de reducir vulnerabilidades y riesgos.


Según el académico de la UNAL, Colombia, por sus características geográficas, biofísicas y de capacidad económica, es altamente vulnerable al impacto del cambio climático y se ha evidenciado con hechos como la pérdida de los glaciares, y la biodiversidad, la intensificación de sucesos meteorológicos como huracanes, así como el incremento en el nivel del mar que genera erosión e impactos de litoral y ecosistemas de manglares.

Producción limpia

Sin embargo, el principal factor está asociado con la contaminación por emisiones a la atmósfera. Según sus investigaciones, por no encontrarnos dentro de los países con mayores niveles de industrialización, nuestras emisiones están ocasionadas especialmente por la deforestación y los cambios en el uso del suelo.

En este sentido, la pérdida de bosques, por ejemplo en la Amazonia, es un aspecto crítico, pues afecta la capacidad de los ecosistemas para capturar dióxido de carbono y producir oxígeno. También influyen en gran medida la industrialización y quema de combustibles fósiles como los derivados del petróleo y del carbón, por lo que se deben diseñar estrategias de producción limpia.

Precisamente en el documento “Convergencia por Colombia: Ideas desde la universidad para diálogos constructivos”, realizado por la UNAL en junio pasado, en marco del “Pacto por la vida”, se precisa que Colombia puede alinear su estrategia de carbono neutralidad de largo plazo E-2050 con sus planes de recuperación económica en el periodo posCovid-19, y llevar a cabo alianzas regionales que potencien los esfuerzos conjuntos de preparación técnica de las economías para sus transformaciones.

No obstante, los expertos participantes en la construcción del Pacto reconocen la dificultad de reducir las emisiones bajo marcos insuficientes de políticas públicas y modelos productivos.

A pesar de todos estos esfuerzos, desde el punto de vista de las políticas, aún falta mucho por avanzar, y aunque gran parte de la responsabilidad en las soluciones está en mano de los países más industrializados, Colombia tiene que formar parte del proceso y hacer realidad su estrategia para seguir siendo uno de los líderes en biodiversidad.