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martes, 19 de noviembre de 2024

Residuos agrícolas se convierten en el sustrato ideal para cultivar hongos comestibles y nutritivos

 Desechos como bosta de caballo, hojarasca, boñiga de cordero, poda de pasto, tallos de frijol y aserrín resultaron ideales para cultivar hongos comestibles como el champiñón gris (Pleurotus pulmonarius) de la variedad orellana gris, capaces de prosperar en condiciones climáticas extremas. Por su sabor y textura esta especie es muy apreciada en Europa y Norteamérica, y en Colombia tiene un alto potencial para ser producida a escala comercial.

En los invernaderos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), investigadores de la Facultad de Ciencias Agrarias adscritos al Semillero Hwa Investigando Hongos lideran un proyecto que combina sostenibilidad, aprovechamiento de residuos y biotecnología para producir hongos comestibles. 

En uno de los resultados prometedores avanza el estudiante de sexto semestre Javier Santiago Cortés, quien encontró en los residuos agrícolas unos aliados idóneos para producir el hongo gris, el cual se consume fresco o seco y se puede preparar de diversas maneras; se trata de un alimento nutritivo que, al ser incorporado en la dieta, ofrece salud y bienestar.

Entre sus atributos nutricionales se encuentra un alto contenido en proteínas y fibra, y bajo contenido en calorías y grasas; también es una fuente rica en vitamina B y minerales como potasio y cobre, y por si fuera poco cuenta con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias y ayuda a reducir el colesterol y mejorar la salud cardiovascular.

De residuos a hongos comestibles

Para su trabajo, el estudiante Cortés inició con la identificación de residuos provenientes de procesos agrícolas y jardinería tales como estiércol de caballos, gallinas y corderos, y también resultado de la poda del pasto, la hojarasca, los tallos y vainas de frijol, aserrín y restos de maíz, que posteriormente se integraron en formulaciones experimentales de sustratos. 

La primera etapa de este proceso fue la inoculación, mediante la cual el hongo gris se propagó en granos de sorgo, mijo y cebada, utilizados como medios selectivos para que este creciera. 

“Estos granos no son solo un lugar donde se desarrolla P. pulmonarius, sino que además son una fuente de nutrientes que ayudan a que el micelio (parte vegetativa del hongo) se multiplique”, explica el estudiante.


En la segunda etapa, para la formulación de los sustratos utilizó 50 % de pasto picado y 50 % de hojarasca, y a su vez este último lo dividió en dos partes: “para la primera, que es una fuente de nitrógeno, agregamos un 20 % del desecho del cultivo del frijol y un 10 % de carbonato de calcio con el fin de regular las condiciones de acidez del sustrato, ya que a medida que el hongo va creciendo el pH va disminuyendo, lo que influye en su tamaño y en la cantidad que se genera”, anota.

La tercera etapa consistió en la fermentación –que duró alrededor de 20 días– y en el acondicionamiento, y se centró en laestabilización del sustrato, creando las condiciones ideales para el crecimiento del hongo, como por ejemplo absoluta oscuridad y una humedad promedio de entre 70 y 90 %.

Para la incubación el investigador utilizó bolsas inoculadas con el hongo gris que fueron incubadas durante 20 a 25 días antes de pasar al cuarto de fructificación, donde indujo el crecimiento mediante la adición de agua y el intercambio de aire.

Otro reto del experimento fue que el espacio no contaba con todas las condiciones idóneas, lo que le sirvió al magíster para evidenciar que, aunque P. pulmonarius se suele dar a una temperatura promedio de 20 °C y humedad del 75 %, también prosperó en condiciones extremas, como una temperatura de 6 °C en la madrugada y 42 °C al mediodía.

“El hongo gris se adaptó y produjo rendimientos superiores al 100 % en tamaño y cantidad. Para alargar la vida útil de este producto después de la cosecha es crucial mantenerlo entre 0 y 4 °C para prolongar su frescura hasta 20 días, dado su alto contenido de agua” anota el estudiante Cortés.

La investigación sienta las bases para optimizar el cultivo de hongos en contextos de recursos limitados y climas extremos, a los cuales se enfrentan cada vez más países como Colombia. “Esperamos que este proyecto no solo beneficie la producción agrícola, sino que además inspire a futuros investigadores. Queremos consolidar metodologías que combinen sostenibilidad, innovación y aprovechamiento de residuos”, subraya.

Otro aporte de su trabajo fue la identificación de hongos silvestres en áreas cercanas a Bogotá como el humedal La Conejera, en Suba, donde identificó más de 20 especies. “La meta es combinar extensión, bioprospección y producción, integrando el conocimiento técnico y la gestión ambiental para un impacto positivo de largo plazo”, concluye el joven investigador.









martes, 10 de septiembre de 2024

Hongos de orquídeas servirían para controlar enfermedades en cultivos agrícolas

Aunque en Colombia se han descrito más 4.270 especies de orquídeas, solo en 15 de ellas se han estudiado sus hongos micorrícicos (que les permiten germinar), lo cual limita el conocimiento sobre los múltiples beneficios que estos le aportarían a la humanidad en aplicaciones como la propagación de orquídeas comerciales, la protección de cultivos agrícolas e incluso su posible uso en la industria farmacéutica.

Las micorrizas son hongos que han existido por más de 400 millones de años desempeñando un rol esencial en la colonización de las plantas sobre la Tierra; de hecho, más del 80 % de ellas las necesitan en sus raíces para crecer y prosperar. Se trata de una relación simbiótica que implica un intercambio mutuamente beneficioso: los hongos micorrícicos ayudan a las raíces a obtener nutrientes esenciales del suelo –como fósforo y nitrógeno–, y estas a su vez les proporcionan los productos de la fotosíntesis, especialmente azúcares, necesarios para su subsistencia.

Las micorrizas se clasifican en varios tipos, siendo las más comunes las arbusculares, que se encuentran en la mayoría de las plantas, y las ectomicorrizas, que son las más estudiadas e interactúan principalmente con árboles y algunos arbustos. Sin embargo, dentro de esta diversidad destaca un grupo especializado que ha llamado la atención de los científicos por sus posibles aplicaciones biotecnológicas: las micorrizas de orquídeas.

Así lo expuso el profesor Joel Tupac Otero Ospina, líder del Grupo de Investigación en Orquídeas, Ecología y Sistemática Vegetal, durante el Seminario Biotecnología y Biodiversidad “Clave para un futuro sostenible y resiliente”, desarrollado en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira como parte de la agenda previa a la COP16.

“Para sobrevivir, las orquídeas dependen de sus hongos simbióticos desde las primeras etapas de su vida. A diferencia de muchas otras plantas, sus semillas son diminutas y carecen de endospermo, un tejido nutritivo que alimenta el embrión durante la germinación; esto significa que sin las micorrizas las orquídeas no pueden germinar, por lo que dependen completamente de esta interacción para crecer”, explica el investigador.

Micorrizas para la protección de cultivos

Uno de los campos más prometedores de estos hongos es su aplicación biotecnológica, ya que, al contar con el potencial de mejorar la germinación de semillas de orquídeas silvestres y comerciales, puede contribuir en la conservación de las especies en peligro de extinción y en el cultivo de orquídeas ornamentales o con valor económico, como la vainilla (Vanilla planifolia).


En Colombia, pese a que la investigación ha avanzado considerablemente gracias a los estudios pioneros de los profesores Marina Sánchez de Prager y Eider Daniel Gómez López de la UNAL Sede Palmira, quienes documentaron por primera vez micorrizas de orquídeas en el país, aún queda mucho por descubrir. Además, desde el Grupo de Investigación estudiantes de pregrado, maestría y doctorado han desarrollado diversas investigaciones.

Uno de los estudios más destacados fue la confirmación de que estos hongos micorrícicos pueden desempeñar un importante papel en la protección de cultivos, según concluyó la investigadora Ana Teresa Mosquera en su tesis doctoral, al evaluar la capacidad de ciertas especies de micorrizas para inducir resistencia en cultivos de arroz frente a patógenos como Rhizoctonia solani, un hongo que causa daños graves en diversas plantaciones.

Los resultados demostraron que las micorrizas de orquídeas no actúan como patógenas en los cultivos de arroz, sino que, por el contrario, pueden reducir la severidad de las infecciones fúngicas, lo que abre la puerta a nuevas estrategias de manejo de enfermedades agrícolas mediante su uso.

“Lo preocupante es que, de las 4.270 especies de orquídeas descritas hasta 2015 en Colombia solo de 15 se han caracterizado sus hongos micorrícicos, lo que destaca la necesidad de continuar investigando para comprender mejor esta relación simbiótica y conocer su potencial biotecnológico”, señaló el investigador Otero.

Recientemente, y por primera vez en el país, estudiantes del Semillero de Investigación en Orquídeas y Ecología descubrieron e identificaron en Palmira (Valle del Cauca) la especie Microchilus riopalenquensis, una orquídea terrestre nativa de Ecuador, Colombia y Perú que crece en guaduales y zonas boscosas, un hallazgo que aporta a la formación científica y al conocimiento de la riqueza botánica del país.

Entre las orquídeas estudiadas por el Grupo de Investigación en diferentes regiones del país –Buenaventura, Palmira, Medellín y Dagua, entre otras– se encuentran especies como Vanilla rivasii, Ionopsis utricularioides y Epidendrum melinanthum, lo que demuestra la importancia de las micorrizas para que estas plantas puedan sobrevivir en diversos y hábitats, incluso con condiciones extremas.

El profesor Otero destaca que “las micorrizas también son valiosas para estudiar la historia natural y la evolución de las orquídeas: entender cómo han evolucionado estas relaciones simbióticas a lo largo de millones de años puede ofrecer perspectivas sobre la adaptación y diversificación de estas plantas”.

Entre los principales retos de la investigación están: identificar nuevos hongos micorrícicos para diferentes especies de orquídeas, crear bancos de micorrizas para aplicaciones comerciales y optimizar los métodos de propagación. La aplicación de técnicas avanzadas como la microscopía electrónica y la secuenciación del ADN permitirá una caracterización más precisa y detallada de las micorrizas.









 

lunes, 16 de enero de 2023

Residuos agrícolas podrían suplir necesidades energéticas del país

 Las biomasas residuales -troncos, frondas o maderas- de palma de aceite, caña de azúcar, café, banano y árboles madereros, tienen el potencial de suplir gran parte de la demanda de energía eléctrica del país. Un estudio adelantado por investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá y la Universidad de Antioquia, evidenció que, el 92,51 % de la cantidad de electricidad que se requiere podría satisfacerse a través de la gasificación.

Según los informes de la Agencia Internacional de la Energía, para 2019 las energías renovables representaron el 23,2 % de la generación eléctrica mundial, mientras que la energía generada con carbono, fue del 37,8 %.

Así, la bioenergía es la cuarta fuente de energía más importante en el mundo, después del petróleo, el carbón y el gas natural. En el caso de América Latina, en 2020 se generaron 85.014 GWh de bioenergía, lo que la convierte en la segunda fuente energética más importante del continente, después del petróleo.

En el caso de Colombia, la producción de cultivos a gran escala genera un flujo constante de biomasa que podría ser aprovechada para la producción de energía. Por ejemplo, en 2019, la actividad agrícola total del país fue de 63,2 millones de toneladas, que se dividió así: caña de azúcar, 23 millones de toneladas; caña panelera, 11 millones de toneladas; racimos de frutos de palma aceitera, 6,6 millones de toneladas; plátano, 4,1 millones de toneladas; plátanos, 2,1 millones de toneladas; y arroz, 1,9 millones de toneladas, entre otros cultivos.

El potencial bioenergético de Colombia, se estima en entre 400–750 pentajulios (PJ) por año. Este se ha calculado utilizando los cultivos más grandes, los desechos animales, los residuos forestales y los residuos urbanos como las principales fuentes de biomasa considerando la cogeneración y la biodigestión como las tecnologías de transformación”.

El estudio adelantado por los grupos de investigación en Poscosecha de Productos Agrícolas del Departamento de Ingeniería Civil y Agrícola de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá y Procesos Químicos Industriales de la Universidad de Antioquia, calculó el potencial energético de residuos agrícolas disponibles en el país para generar electricidad, mediante procesos termoquímicos de gasificación, residuos que usualmente no cuentan con una adecuada disposición o aprovechamiento.

El camino

Los investigadores hicieron una revisión bibliográfica muy detallada para reconocer los procesos de aprovechamiento energético aplicados a diferentes biomasas en el país, se tomaron datos oficiales de producción de algunos procesos agrícolas y estadísticas directas de varios gremios, para posteriormente priorizar las biomasas empleando criterios técnicos, ambientales y sociales.

Las biomasas priorizadas pertenecieron a los sectores agroindustriales de la palma de aceite, la caña de azúcar, caña panelera, café, banano, reforestación para aprovechamiento de madera y adicionalmente las podas municipales.

“Se realizaron visitas técnicas a las cadenas agroindustriales que generaban las biomasas priorizadas para validar los datos encontrados en la literatura e identificar los aspectos logísticos de primera mano que permitieran confirmar la disponibilidad del material, sus características y la posibilidad de implementar la gasificación como un proceso de transformación termoquímica en empresas representativas de estos sectores”, explica el investigador Andrés Montaña de la UNAL.

Los resultados de este estudio muestran que el potencial energético calculado para las biomasas colombianas podría satisfacer gran parte de la demanda eléctrica del país mediante el uso de biomasas como troncos de palma aceitera, frondas de palma aceitera, madera de café y aulagas, que muchas veces son recursos subvaluados.

En el estudio participaron, Claudia Patricia Pérez-Rodríguez, profesora de la UNAL, y los investigadores Carmen Sofía Duarte González, Andrés Montaña y Catalina García Marroquín, del grupo de investigación Poscosecha de Productos Agrícolas del Departamento de Ingeniería Civil y Agrícola, de la UNAL Sede Bogotá, y Luis Alberto Ríos, del grupo de investigación de Procesos Químicos Industriales de la Universidad de Antioquia.

Conectando conocimiento

Solo hasta 2014, con la Ley 1715 se empezó a promover el desarrollo y utilización de las fuentes renovables no convencionales de energía. A partir de la expedición de esta ley, los ministerios de Ambiente y de Minas y Energía desarrollaron proyectos para fomentar el uso de la bioenergía en el país.

Estos ministerios encontraron retos en la articulación de los diferentes actores, dificultad de aplicar los incentivos tributarios, falta de conocimiento, carencia de proyectos pilotos y apoyo a la investigación, así como barreras en la normatividad, especialmente de gestión de residuos.

Sin embargo, el panorama para la investigación y el desarrollo se impulsa y es aprovechado por los grupos de investigación, que en el 2019 postulan a la convocatoria de Colciencias (actual Minciencias) llamada “Conectando conocimiento”.







 







martes, 27 de octubre de 2015

"205 ENCUENTRO CON LA NATURALEZA"


EATx Cali, un encuentro de talla mundial para hablar sobre alimentación, salud y medio ambiente en América Latina 


Palmira, octubre 27 de 2015. Expertos investigadores internacionales, representantes del gobierno colombiano, sociedad civil, sector privado y organismos regionales de América Latina se reunirán el próximo viernes 30 de octubre en la sede del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) en Palmira, Valle, para compartir perspectivas sobre alimentación, salud y medio ambiente.
El objetivo de EATx Cali es la formulación de una agenda para desarrollar sistemas alimentarios sostenibles, con dietas más saludables y alimentos accesibles para los consumidores de escasos recursos en América Latina.
La realización de este evento es el resultado de un esfuerzo conjunto entre el CIAT, el Consorcio CGIAR, alianza mundial de investigación agrícola a la que pertenece el Centro, y la Iniciativa EAT, una organización global que conecta científicos, empresarios y formuladores de políticas para buscar soluciones al reto de garantizar buena alimentación, salud y sostenibilidad ambiental a una creciente población mundial.
Un reto que día a día es una realidad apremiante para el 80% de la población que reside en áreas urbanas en América Latina, y que cuenta con escasos recursos que le da un acceso limitado a alimentos saludables. Esto se traduce en problemáticas como hambre y desnutrición, por un lado, y obesidad causada por el consumo de alimentos poco saludables, por el otro, generando así el cada vez más frecuente diagnóstico de diabetes y enfermedades cardíacas.
Este desafío también incide de forma muy directa en los sistemas alimentarios que intentan satisfacer la demanda mundial de alimentos, a un ritmo que infortunadamente incrementa la degradación de los ecosistemas y la generación de gases de efecto invernadero.
“Este encuentro es una oportunidad única para transformar los sistemas alimentarios combinando la formulación de una agenda de políticas claras que articule a los actores interesados: desde los agricultores hasta los consumidores urbanos en América Latina”, enfatiza Guy Henry, líder de la iniciativa estratégica del CIAT en sistemas alimentarios sostenibles.
Se trata entonces de un encuentro que busca contribuir de manera concreta a la reconstrucción de sistemas alimentarios para asegurar que los consumidores tengan acceso a alimentos saludables, producidos de una manera más sostenible y amigable con el medio ambiente.
Para alcanzar esta meta, EATx Cali contará con la presencia de investigadores de talla mundial como:
Carlos Monteiro, profesor de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Sao Paulo, Brasil. Miembro del Consejo de expertos de la Organización Mundial de la Salud, quien fue galardonado en 2010 por la Organización Panamericana de la Salud con el premio Abraham Horwitz por su liderazgo en la salud en las Américas.
Barry Popkin, profesor distinguido de la Universidad de Carolina del Norte, Estado Unidos, experto en temas como la obesidad, una pandemia que se expande en los países en vías de desarrollo.
Frank Rijsberman, Director Ejecutivo del Consorcio CGIAR, compartirá con la audiencia sus perspectivas frente al desafío de brindar dietas saludables a nueve mil millones de personas.
EATx Cali es el evento que trae por primera vez la iniciativa EAT a América Latina. Versiones anteriores de este encuentro han tenido lugar en otras ciudades como Estocolmo, Nueva York y Abu Dabi.

lunes, 27 de julio de 2015

"2015 ENCUENTRO CON LA NATURALEZA"


FEDEGAN Y EL CIAT , ALIADOS ESTRATÉGICOS DE LA GANADERÍA COLOMBIANA


La Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán) reconoció a través de un informe especial en su revista Carta Fedegán, el aporte de la investigación que realiza el CIAT para fortalecer la ganadería en el país.
El artículo destaca la labor del Programa de Forrajes Tropicales del Centro, que ha ayudado al gremio a “mejorar los índices de productividad” a través de la investigación en Brachiaria, un híbrido superior que combina una alta calidad nutricional para el ganado, tolerancia a la sequía, resistencia a plagas y adaptación a suelos ácidos.
La Brachiaria también posee una capacidad extraordinaria para suprimir la nitrificación del proceso microbiano responsable de las emisiones de óxido nitroso por medio de una sustancia que liberan sus raíces; de esta forma emite menos gases de efecto invernadero y puede contribuir a enfrentar el cambio climático.
El informe también incluye el testimonio de dos científicos del CIAT, Jacobo Arango e Idupulapati M. Rao, quienes gracias al apoyo del Centro Internacional de Investigación para las Ciencias Agrícolas de Japón (Jircas), han logrado dilucidar cuál es el híbrido que en este tipo de pasto permite que haya menos gases de efecto invernadero y, a su vez, que exista una menor contaminación del agua con nitratos.
Agricultural Synergies es otro proyecto visible en el Informe, que a través del trabajo colaborativo con la Universidad de Princeton, la Oficina de Investigaciones Económicas de Fedegán-Fondo Nacional del Ganado (FNG) y el CIAT, busca adelantar actividades de apoyo para la formulación de políticas de sostenibilidad para la agricultura colombiana. “Entre estas actividades se encuentran el cálculo de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) provenientes de la ganadería y sistemas de información geográfica de la producción ganadera, en varias regiones de Colombia”.
La alianza entre Fedegán-FNG y el CIAT también es estratégica para la ganadería colombiana, y Jeimar Tapasco, Economista Ambiental y científico del CIAT lo demuestra en el informe. “La reciente inclusión de Fedegán-FNG en el Convenio de cambio climático MADR-CIAT permitirá potenciar la integración entre una institución como el CIAT y sus casi 50 años de trabajo científico, con la Federación que conoce el contexto y la realidad del sector”, afirmó.
Otros proyectos destacados en el informe en los que la investigación en forrajes tropicales del CIAT contribuye de manera significativa a la ganadería:
En Colombia:
  • Acuerdo de cooperación para el apoyo al Proyecto Modelos Integrados de Producción Bovina (MIPB)
  • Ganadería Específica por Sitio, Predicciones Climáticas, Medición de GEI, Huella de Carbono y Huella Hídrica en el marco del Convenio MADR-CIAT.
  • Mesa de Ganadería Sostenible formada por múltiples instituciones del sector privado.
  • Plan de Acción Nacional Apropiada de Mitigación (NAMA).
En otras regiones:
Los forrajes tropicales contribuyen a que los pequeños agricultores mejoren la producción de carne y leche, gracias a la provisión de una fuente valiosa de alimento para el ganado. Estos cultivos muestran además un fuerte potencial para disminuir la huella ecológica que genera la agricultura, mediante la captura de carbono y la restauración de suelos degradados.
Fortalecer las capacidades de los socios nacionales es vital para el progreso y, por consiguiente, forma parte integral de la investigación del CIAT en forrajes.

miércoles, 24 de junio de 2015

"2015 ENCUENTRO CON LA NATURALEZA"


PRIMERAS EXPERIENCIAS DE INTERCAMBIO SUR - SUR

La Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia, (APC-Colombia) y el Centro Internacional de Agricultura Tropical, (CIAT), firmaron hoy un memorando de entendimiento para fortalecer el intercambio de buenas prácticas de Cooperación Sur-Sur (CSS) en los componentes de agricultura, adaptación al cambio climático y emprendimiento rural.


La alianza estratégica entre APC-Colombia y el CIAT incluye el desarrollo de actividades de CSS, bajo las modalidades de asistencia técnica e intercambio de conocimientos en una primera etapa con los ministerios de agricultura de Senegal y Kenia (África); Barbados, Granada y Trinidad y Tobago (Caribe), y Vietnam (Sureste Asiático).
Esta alianza busca contribuir al posicionamiento de Colombia en el mundo a través de la Cooperación y ofrecer a los países beneficiados acceso a innovación e investigación científica, potencializando las experiencias de intercambio de conocimientos en el sector agrícola.
“Una de las experiencias técnicas nacionales, reconocidas internacionalmente e identificada por APC-Colombia, es la relacionada con la investigación en cadenas productivas, agricultura, desarrollo rural y adaptación al cambio climático que viene trabajando el CIAT. Creemos que esta iniciativa, que ha tenido excelentes resultados en el país, puede tener el mismo impacto en contextos similares fuera de Colombia”, dijo Alejandro Gamboa, Director General de APC Colombia.
Primeras experiencias de intercambio Sur-Sur
Una de las primeras experiencias de intercambio Sur-Sur llevada a cabo por el CIAT se realizó en septiembre de 2013 en colaboración con el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural (MADR) de Colombia en el marco del programa global de investigación del consorcio CGIAR sobre Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria (CCAFS). En ella, representantes de instituciones claves del sector agrícola colombiano y hondureño visitaron Senegal con el  objetivo de generar un aprendizaje mutuo sobre el tema de adaptación a la variabilidad climática y por lo tanto, estar mejor preparados para hacer frente a estos riesgos a través de nuevas ideas y colaboraciones.
Posteriormente, en mayo de 2014, se invitó a Colombia a una delegación de Senegal a conocer las diferentes iniciativas que adelantan el CIAT y las principales instituciones colombianas en el área de  adaptación al cambio climático.
Y en julio del año pasado, estos esfuerzos se unieron a los de APC para apoyarlos en la realización de un Taller en Cambio climático y Seguridad Alimentaria Colombia-África que permitió la visita de una delegación de representantes de Ghana, Kenia y Senegal al país.
“Fue sin duda una experiencia inspiradora. Hoy podemos decir que esa semilla que se sembró hace dos años con la primera visita a Senegal empieza a dar frutos pues instituciones colombianas están impulsando iniciativas innovadoras como son las Mesas Agroclimáticas en tres departamentos. Esperamos ahora poder unir esfuerzos con APC y seguir fortaleciendo los potenciales de este mecanismo de intercambio Sur-Sur donde cada país gana, a través de la alternancia del dar y el recibir ”, señaló Osana Bonilla, investigadora del CIAT y CCAFS.
Otro ejemplo de estrategia de cooperación Sur-Sur con el Sureste asiático fue el Curso Internacional sobre “Escoba de bruja” en Yuca: métodos de diagnóstico y alternativas de manejo integrado de la enfermedad, que se llevó a cabo en el CIAT. En este taller internacional, promovido por APC en noviembre de 2013, participaron investigadores de Camboya, China, Filipinas, India, Indonesia, Tailandia, Vietnam y Colombia.