Mostrando entradas con la etiqueta climático. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta climático. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de septiembre de 2026

El fenómeno climático que podría intensificar las sequías durante El Niño

 Mientras Colombia se prepara para atravesar un Súper Niño, otro fenómeno atmosférico podría influir en qué tan intensas sean las condiciones secas. Se trata de la Oscilación Madden-Julian, que recorre los trópicos cada 30 a 90 días y puede alterar las lluvias a su paso. Una investigación encontró que, cuando coincide con El Niño en determinadas fases, la probabilidad de lluvia puede caer por debajo del 30 % en algunas regiones del país, reforzando las condiciones de sequía.

El hallazgo cobra relevancia ante la posibilidad de que, en un planeta más cálido, los episodios extremos asociados con El Niño se intensifiquen. El término “Súper Niño” se utiliza para describir eventos excepcionalmente fuertes de este fenómeno, caracterizados por un calentamiento muy pronunciado de las aguas del Pacífico ecuatorial y capaces de alterar con mayor intensidad los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del planeta.

Para Colombia, el problema no está solamente en cuánto pueda intensificarse El Niño, sino en la manera como interactúa con otros fenómenos atmosféricos que pueden aumentar o disminuir sus efectos sobre las lluvias, uno de ellos es precisamente la Oscilación Madden-Julian.

A diferencia de El Niño, que puede permanecer durante varios meses, la Oscilación Madden-Julian es una perturbación atmosférica que se desplaza de oeste a este por la franja tropical, desde el océano Índico hacia el Pacífico.


y condiciones más secas. Aunque se origina a miles de kilómetros de Colombia, sus efectos sobre la circulación atmosférica pueden modificar la cantidad de humedad y precipitación que llega al país.

La investigación de Juan Daniel González Caldera, magíster en Ingeniería-Recursos Hidráulicos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, muestra que cuando la Oscilación Madden-Julian se encuentra en sus fases 4 y 5 —es decir, cuando su zona de mayor actividad atmosférica se ubica sobre determinadas áreas del océano Índico y el Pacífico— y coincide con El Niño, la probabilidad de lluvia puede caer por debajo del 30 % en sectores del país, especialmente de la región Andina.

Mientras la Oscilación Madden-Julian completa su recorrido aproximadamente cada 30 a 90 días, El Niño y La Niña forman parte de un ciclo mucho más largo, que varía en escalas de entre 2 y 7 años.

“Puede intensificar las sequías al disminuir las lluvias, o incluso ayudar a mitigar los impactos cuando se encuentra en su fase convectiva”, explica el magíster González.

Según el experto, lo importante radica en dónde se encuentra la zona activa de esta oscilación. Cuando favorece el ascenso de aire húmedo y la formación de nubes puede aumentar las precipitaciones; cuando ocurre lo contrario, puede reforzar temporalmente las condiciones secas.

Esa capacidad de aumentar o reducir las lluvias también aparece durante La Niña. La investigación encontró que, cuando la Oscilación Madden-Julian se encuentra en las fases 8 y 1, la probabilidad de condiciones lluviosas puede alcanzar entre el 70 y el 80 %, con efectos especialmente notorios sobre la región Andina y sectores del Escudo Guayanés.

Por eso, conocer en qué fase se encuentra la oscilación podría aportar información adicional para anticipar periodos particularmente secos o lluviosos dentro de fenómenos de mayor duración como El Niño y La Niña.

Cambio climático podría reforzar los periodos secos y húmedos

Para explorar qué podría ocurrir en un clima más cálido, el magíster González sometió el modelo desarrollado en la investigación a una especie de “prueba de estrés”: aumentó de manera controlada la intensidad de El Niño-La Niña y de la Oscilación Madden-Julian, tomando como referencia un escenario de altas emisiones de gases de efecto invernadero. El propósito no fue predecir exactamente cómo será el clima futuro, sino observar cómo responderían los patrones de lluvia del país si estos fenómenos se fortalecen.

Los resultados mostraron que, bajo condiciones de El Niño, algunos de los estados más secos de precipitación podrían aumentar su frecuencia entre un 5 y cerca de un 10 %. Con La Niña ocurre lo contrario: se refuerzan los estados húmedos. Sin embargo, la Oscilación Madden-Julian puede moderar parcialmente esos efectos, introduciendo episodios húmedos durante El Niño o atenuando algunos cambios durante La Niña.

“Lo que encontramos es que serían períodos más intensos. El ENSO puede ser más fuerte por la disminución de la precipitación, por ejemplo”, añade el investigador.

Sin embargo, los resultados también muestran que la Oscilación Madden-Julian no actúa siempre en la misma dirección: dependiendo de su fase puede reforzar las condiciones impuestas por El Niño o La Niña, pero también contrarrestarlas parcialmente. Esa variabilidad es justamente una de las razones por las que incorporarla a los análisis climáticos puede mejorar la comprensión de lo que ocurre dentro de una temporada seca o lluviosa.

Para llegar a estos resultados, el investigador analizó registros de precipitación de más de 1.000 estaciones del Ideam y los complementó con información atmosférica global sobre viento, humedad y movimiento vertical del aire. A partir de estos datos identificó distintos patrones de lluvia en Colombia y evaluó cómo cambia la probabilidad de pasar de un estado seco a uno húmedo —o viceversa— según la fase de El Niño, La Niña y la Oscilación Madden-Julian.

Para ello utilizó un modelo estadístico conocido como modelo oculto de Markov no homogéneo, que permite reconocer patrones que no son evidentes directamente en los datos y estimar la probabilidad de transición entre distintos estados de precipitación. Después sometió ese modelo a cambios controlados en la intensidad de El Niño-La Niña y la Oscilación Madden-Julian para explorar su comportamiento bajo condiciones compatibles con escenarios de cambio climático.

Más que reemplazar los pronósticos existentes, los resultados muestran que incorporar la interacción entre estos fenómenos puede ayudar a comprender mejor por qué, dentro de un mismo episodio de El Niño o La Niña, las condiciones de lluvia pueden cambiar en cuestión de semanas.

“Se deben generar estrategias de planeación para mitigar impactos; entender la Oscilación Madden-Julian es crucial para ello”, concluye González.

 


viernes, 20 de marzo de 2026

Fuertes lluvias se registran en Chile en medio de temporadas como la de uva de mesa

Los fenómenos climáticos extremos o en fechas inusuales se han convertido en una constante con la que los agricultores han debido aprender a convivir. Esta situación se vivió hace algunos días en el centro-sur de Chile con el registro de fuertes lluvias y donde se encuentran en plena cosecha algunos frutales. 

En ese contexto, Portalfruticola.com  conversó con el presidente de la Federación Gremial Nacional de Productores de Frutas (Fedefruta), Víctor Catán, quien entregó un primer balance marcado por la heterogeneidad de las precipitaciones y sus efectos en distintos cultivos.

Explicó que en la Región de O’Higgins se han registrado diferencias importantes en los niveles de agua caída. “Tenemos zonas donde llovieron hasta 36 milímetros, como San Vicente, mientras que en otras comunas prácticamente no se registraron precipitaciones. Esto genera impactos disímiles, pero igualmente relevantes”, indicó.

Catán detalló que lluvias de entre 30 y 36 milímetros provocan afectaciones directas en la fruta, especialmente por la acumulación de humedad. “La fruta se moja externamente e internamente, lo que aumenta el riesgo de enfermedades y reduce su vida comercial. Aunque se apliquen medidas preventivas o curativas, siempre hay algún grado de daño”, afirmó.

Entre los cultivos afectados, destacó la fruta de secado, como la ciruela, donde incluso el uso de cobertores plásticos no fue suficiente frente a precipitaciones mayores a las previstas. 

Otras frutas afectadas han sido las manzanas. Particularmente en zonas más al sur del país, ya se observan fisuras en algunas variedades, lo que podría traducirse en pérdidas de fruta exportable.

Afectación de las lluvias en uva de mesa 

Respecto a la uva de mesa, Catán explicó que la situación depende en gran medida de la variedad y del estado de avance de la cosecha. “Hay variedades más resistentes que otras. La recomendación es no prolongar la guarda y avanzar rápidamente en el embalaje y comercialización”.

El dirigente también advirtió que la industria ha debido adaptar sus calendarios productivos en los últimos años, concentrando la oferta hacia el final del verano para competir en mejores condiciones en los mercados internacionales, lo que incrementa la exposición a eventos climáticos como los actuales.

Desde el mundo productivo, el presidente de Uvanova, Rafael Rodríguez, señaló a Portalfruticola.com que la afectación en la Región Metropolitana ha sido acotada, debido a la menor superficie cultivada. No obstante, en la Región de O’Higgins, especialmente en la provincia de Colchagua, incluyendo zonas como San Vicente y áreas cercanas a Rapel, se estima que cerca del 50% del territorio habría recibido lluvias con distintos niveles de impacto.

Rodríguez explicó que aún no es posible cuantificar con precisión las pérdidas, considerando que millones de cajas de uva aún estaban pendientes de embalaje al momento de las precipitaciones. “No está claro todavía si se perderán cientos de miles o millones de cajas”, indicó.

En términos técnicos, el presidente de Uvanova, señaló que los principales riesgos en los parrones incluyen partiduras en las bayas y el desarrollo de pudriciones, fenómenos que obligan a los productores a detener temporalmente las labores y evaluar la evolución de la fruta antes de retomar la cosecha. 

“En muchos casos, esto implica descartar volúmenes que no cumplen con los estándares de exportación”, acotó Rodríguez.

Entre las variedades más expuestas se encuentran algunas tradicionales como Crimson, así como otras aún en proceso de cosecha tardía. Rodríguez añadió que “frente a este escenario, los productores han reforzado la aplicación de fungicidas y el manejo de ventilación en los huertos, buscando contener la aparición de enfermedades”.

Por su parte, Ignacio Caballero, director ejecutivo del Comité de Uva de Mesa de Frutas de Chile, explicó que se encuentran en pleno proceso de levantamiento de información y “el lunes (23 de marzo) deberíamos tener un número más realista y responsable”.

Caballero comentó que las lluvias tuvieron un carácter “muy fuerte y muy focalizado”, lo que provocó impactos significativos en algunos predios, pero en otros se registraron afectaciones menores o nulas.

Nuevas lluvias en el horizonte 

En cuanto a un nuevo sistema frontal pronosticado para los próximos días, el presidente de Fedefruta señaló que las proyecciones se han moderado, aunque el sector se mantiene en alerta. 

“Estamos evaluando las estrategias semana a semana, porque cualquier lluvia en este periodo puede generar complicaciones adicionales”, dijo Caballero.

El director ejecutivo del Comité de Uva de Mesa de Frutas de Chile subrayó que la temporada continúa su curso normal en gran parte del país, con cosechas en muchas zonas. “La industria no está paralizada”, dijo. 

Sobre las próximas lluvias, Caballero dijo que los productores ya cuentan con experiencia y protocolos para enfrentar este tipo de eventos, ajustando cosechas y aplicando medidas preventivas según corresponda.

En la misma línea, Víctor Catán reiteró el llamado a los productores a priorizar medidas preventivas, como aplicaciones fungicidas y manejo adecuado de los cultivos. “Es clave mantener ventilación en los parrones y evitar condiciones que favorezcan enfermedades. La prevención siempre será más efectiva que las acciones correctivas”.

Por su parte, Rodríguez señaló que los productores son responsables: “Lo que no tenga las condiciones no se va a embalar. Hay lecciones aprendidas de años anteriores”.







 

jueves, 14 de agosto de 2025

Al final del siglo el Caribe perdería uno de sus peces más importantes por el cambio climático

 La cojinúa negra (Caranx crysos), pez de entre 20 y 50 cm de largo, es uno de los protagonistas de la pesca artesanal de las costas Caribe y Atlántica colombianas; sin embargo, el aumento de las emisiones de dióxido de carbono (CO2), gas de efecto invernadero, estaría acidificando el agua en la que vive, dificultando la supervivencia de otros animales de los que se alimenta (peces más pequeños, algas, moluscos o crustáceos), poniendo en riesgo su presencia en el país hacia 2090 o 2100. Así lo determinó una bióloga que simuló computacionalmente distintas condiciones ambientales en los próximos años.

Daniela García Montes, investigadora y bióloga de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), se interesó por descifrar cuál es el estado actual de la cojinúa negra y cuál será su distribución en las décadas de 2050 a 2060, y de 2090 a 2100, trabajo acompañado por el profesor Camilo García, del Departamento de Biología. El estudio es pionero en la búsqueda de respuestas sobre el impacto que tendrá el cambio climático, más específicamente el CO2, en la vida marina futura.

Recordemos que en pequeñas cantidades el CO2 es muy importante para las plantas, pues les permite hacer la fotosíntesis, pero en grandes proporciones ocasiona el calentamiento el planeta, ya que la luz que llega del Sol se concentra en un “manto” que retiene el calor, y cada vez que se queman combustibles fósiles (como en el motor de los carros que usan gasolina o las fábricas), este se hace más grueso y la temperatura aumenta en toda la Tierra.

Este fenómeno provoca cambios en los mares y océanos, debido a que el calor y el CO2 también se concentran allí, alterando la dinámica marina y poniendo en riesgo el balance de la vida de peces como la cojinúa negra.

Por eso el objetivo de la investigadora García fue simular estos cambios usando registros geográficos del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andréis, especialmente de 2010 y 2012, pues de esos años es la información más reciente que se tiene sobre esta especie. También empleó información de la base de datos Bio-ORACLE, sobre la temperatura, el pH, la salinidad y la productividad (cantidad de alimento disponible) de los lugares que habita el pez.

Con estos datos usó el software especializado MaxEnt, que le permitió determinar cómo está hoy la cojinúa negra y cuáles son las condiciones ambientales que prefiere, creando un modelo con el que comparó cómo fluctuarán aquellas preferencias a causa del calentamiento global.

“Las simulaciones se pueden realizar gracias a los modelos climáticos (CMIP6) de libre acceso, creados por el Programa Mundial de Investigaciones Climáticas, con mapas estimados de distintos escenarios en el planeta según el aumento de la temperatura”, explica la investigadora.

Así, el programa MaxEnt comparó lo conocido hoy sobre la cojinúa negra con tres escenarios: optimista (aumento inferior a 1,5 °C), intermedio (entre 2 y 3 °C) y peor (más de 4 °C).

Encontró que en los próximos años el pez seguirá resistiendo y adaptándose al aumento de la temperatura, porque tiende a moverse por aguas cálidas; no obstante, al llegar a 2090 y 2100 la situación cambiará, pues en el peor escenario el pH del Caribe sería mucho más ácido, y por ende no sería ideal para los animales de los cuales se alimenta en la actualidad.

De esta manera, la cojinúa negra parece preferir un rango de pH muy estrecho, entre 8,03 y 8,05, lo que la hace sensible a cambios en la acidez del mar. La temperatura también es indispensable: el pez se siente más cómodo en aguas que superan los 30,5 °C, y la probabilidad de su presencia se estabiliza en torno a los 31,2 °C. En comparación, variables como la salinidad y la productividad parecen influir menos.

Entre 2013 y 2021 la cojinúa negra representó el 11,9 % de los desembarques pesqueros en el Caribe y el Atlántico colombianos, lo que evidencian su importancia para la pesca artesanal. Según la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (Aunap), en el país existen unos 120.000 pescadores artesanales, 100.000 de ellos con esta actividad como permanente, y de ella dependen familias de 5 personas en promedio.

“Por la presión pesquera cada vez es más difícil ver este tipo de peces en general, o es muy común encontrar ejemplares cada vez más pequeños. Aunque aún no está en peligro, eso cambiaría en las siguientes décadas si no se toman medidas pronto”, explica la bióloga García.

“Por la presión pesquera cada vez es más difícil ver este tipo de peces en general, o es muy común encontrar ejemplares cada vez más pequeños. Aunque aún no está en peligro, eso cambiaría en las siguientes décadas si no se toman medidas pronto”, explica la bióloga García.

La investigación demuestra que si las emisiones y el calentamiento global siguen el camino más negativo, para finales de siglo el Caribe colombiano no tendría ninguna zona con las condiciones ideales que este pez necesita para vivir. La razón principal sería la combinación de temperaturas extremas y cambios en el pH por la acidificación del océano. En cambio, si se logra reducir el impacto climático, algunas áreas se volverían incluso más favorables que ahora, aunque los peces podrían desplazarse mar adentro, lejos de la costa.

La investigadora también advierte que el modelo tiene limitaciones, como la resolución espacial de los datos (cada celda equivale a unos 5,5 km), que impide ver detalles muy pequeños, como bahías o arrecifes locales que serían refugios importantes. Tampoco se incluyeron factores como los depredadores, la competencia con otras especies o la capacidad de las larvas de llegar a nuevas zonas.

Por eso, aunque el mapa proyecta el potencial ambiental, no garantiza que el pez realmente pueda ocupar esas áreas en el futuro. “Es necesario seguir estudiando el fenómeno y encontrando qué pasa en su totalidad, este fue un primer paso para tomar acciones reales y concientizar sobre un problema concreto para la cojinúa negra, pero el reto continúa”, concluye la bióloga.








martes, 22 de julio de 2025

Colombia prioriza al chontaduro y la sidra como cultivos de oportunidad frente al cambio climático

  Estos cultivos se destacan por su alta capacidad de adaptación a condiciones climáticas extremas, aporte nutricional significativo y potencial de escalabilidad. 

 La selección, liderada por la Alianza de Bioversity International y el CIAT, Agrosavia y el Crop Trust, con la participación de productores, investigadores, sector privado, sociedad civil y tomadores de decisiones, representa un avance estratégico hacia sistemas agroalimentarios más resilientes y sostenibles.


Colombia ya eligió sus dos cultivos de oportunidad. A través de un proceso participativo que reunió a representantes del Gobierno Nacional, productores, investigadores, organizaciones ambientales, de cooperación internacional, gremios del agro y emprendedores del sector privado, Colombia priorizó el chontaduro y la sidra como cultivos de oportunidad.

 Estas especies se priorizaron por su capacidad para diversificar los sistemas alimentarios, hacer frente al cambio climático, fortalecer la seguridad alimentaria del país y escalar su impacto a nivel nacional.
 La selección se llevó a cabo entre el 15 y el 16 de julio en Bogotá, durante el Taller Nacional sobre Cultivos de Oportunidad, liderado por la Alianza de Bioversity International y el CIAT, con el apoyo de Agrosavia y el respaldo del Crop Trust, organismo internacional dedicado a salvaguardar la diversidad de cultivos. 

El chontaduro y la sidra fueron seleccionados entre 48 especies tradicionales. ¿Qué son los cultivos de oportunidad? “Estos cultivos tienen un potencial aún no del todo aprovechado para mejorar la nutrición, diversificar las dietas y fortalecer los medios de vida rurales”, dice Edwin Garzon-Horta, del Crop Trust. 
Los cultivos de oportunidad son especies resilientes que crecen en suelos pobres, soportan temperaturas extremas y resisten largos periodos de sequía. 

Requieren menos insumos, ofrecen un alto valor nutricional y representan alternativas más sostenibles frente a los modelos agrícolas intensivos.

 Además, están profundamente ligados a las tradiciones locales, las cocinas regionales y los saberes ancestrales.
 El chontaduro: alimento, tradición y oportunidad El chontaduro es una especie nativa que se cultiva en Nariño, Cauca, Valle del Cauca, Chocó, el occidente de Risaralda, Urabá, Putumayo, Caquetá, sur del Meta, Amazonas, Guaviare y Vaupés.

 Su fruto se consume cocido o en bebidas tradicionales como la chicha y el masato. Además de su valor cultural, ofrece múltiples usos: palmito, aceite, alimento animal y madera para construcción o artesanía. Aunque su consumo fuera de la región Pacífica es limitado, el palmito de chontaduro tiene un alto potencial para nuevos mercados. 

Para Colombia, el banco de germoplasma principal se encuentra en el Centro de Investigación El Mira, de Agrosavia, en Tumaco, donde se mantienen 241 accesiones de chontaduro que representan gran parte de la variabilidad genética de la especie. 


La sidra, un alimento tradicional con valor medicinal La sidra se cultiva en zonas de clima templado a cálido de Nariño, Cauca, Antioquia, Cundinamarca y otras regiones como la Sierra Nevada, Putumayo y el Eje Cafetero.

 Se consume cocida en sopas, guisos o ensaladas. Además de su uso alimentario, las raíces y hojas se emplean en medicina tradicional. 
Su comercialización es principalmente local y rural, aunque existe un mercado internacional. En Colombia, hasta el momento, no existen colecciones registradas.

 A nivel regional, existe un banco de germoplasma activo en Costa Rica, con amplia diversidad genética.
 Aunque el chontaduro prescultivos abre nuevas posibilidades para impulsar la investigación científica, incluyendo la conservación de accesiones, y avanzar hacia sistemas alimentarios más resilientes.

 “El evento de priorización fue una oportunidad clave para alinear la investigación científica y la estrategia, asegurando que enfoquemos nuestros esfuerzos donde tendrán mayor impacto para los agricultores y los sistemas agroalimentarios”, explicó Lizeth Llanos, científica de datos senior de la Alianza Bioversity - CIAT. Además, el ejercicio de priorización permitió identificar desafíos comunes como la débil articulación con los mercados, el limitado apoyo institucional y la necesidad urgente de mayor inversión en investigación. 

El camino a seguir exige integrar estos cultivos en las políticas públicas, los programas de investigación y las estrategias comerciales.

 “Agrosavia tiene la oportunidad de generar un esfuerzo conjunto para que, como país, rescatemos la diversidad que hay en el territorio, logremos integrar conocimientos, y aportemos —junto con el saber de nuestras comunidades y el conocimiento técnico y científico— a la conservación de estos recursos genéticos y, quizás, a su restitución en poblaciones que los han perdido”, agregó Carolina González, jefe del Departamento de Agrobiodiversidad de Agrosavia.

 El evento se realizó en el marco de la iniciativa internacional Fondo de Financiamiento para el Poder de la Diversidad (Power of Diversity Funding Facility), liderada por el Crop Trust y que cuenta con el respaldo financiero del Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania (BMZ), a través del Banco de Desarrollo KfW, y del Departamento de Asuntos Exteriores de Irlanda. El proceso de priorización continuará en países como Kenia, India, Nigeria, Tanzania, Uganda y Zambia, en una apuesta global por rescatar, conservar y promover los cultivos que pueden nutrir un futuro más resiliente y equitativo.


sábado, 12 de octubre de 2024

Cambio climático está impactando en la germinación de malezas en Colombia

 El análisis a bajas y altas temperaturas de semillas de cardo negro (Cirsium vulgare), planta autóctona de Europa, Asia y África pero considerada como una maleza común y agresiva en países como Argentina, México y Colombia, mostró que esta tiene una gran capacidad para brotar en condiciones extremas de temperatura, con un rango muy amplio –entre 4 y 35 °C–, un hallazgo crucial para los agricultores pues les permite anticiparse y diseñar estrategias para proteger los cultivos.

El ingeniero agrónomo Cristian Camilo Grajales Forero, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, explica que “la maleza no es un tipo de organismo sino un comportamiento, es decir que depende de dónde se dé y en qué condiciones para ser considerada como tal”.

Por ejemplo en Europa el cardo negroes una planta autóctona, o sea que no es perjudicial allá, pero en Colombia, si nace cerca a los cultivos no los deja crecer porque compite con las plantas nativas por los nutrientes del suelo y el agua, lo que hace que se reproduzca de manera rápida y acelerada; “por eso es una maleza que puede afectar la productividad de los cultivos hasta en un 50 %, trayendo consigo pérdidas económicas para los agricultores”, agrega el investigador.

Teniendo en cuenta esta situación, el ingeniero agrónomo ha centrado su experiencia en identificar, controlar y gestionar malezas en sistemas agrícolas. Su investigación surgió a partir de la observación de la aparición estacional de ciertas malezas, por lo cual se dio a la tarea de indagar sobre cómo las variaciones ambientales influyen en el comportamiento de estas plantas, trabajo que realizó con semillas de malezas comunes como C. vulgare y Epilobium montanum traídas del Centro Agropecuario Marengo de la UNAL.

El análisis de los momentos de brote o germinación se midió a temperaturas de 5, 10, 15, 20, 25, 30 °C y la temperatura ambiente, que al momento de hacer la investigación promedió los 18 °C.

Para simular las temperaturas altas utilizó una incubadora de germinación, y para las bajas una nevera. En ambos entornos incorporó una lámpara para proporcionar luz. Las semillas se pusieron en vasos de agua con algodón y su germinación se monitoreó diariamente durante un mes.

La investigación concluyó que mientras C. vulgare puede germinar en condiciones extremas, a temperaturas mínimas de 4 °C y máximas de 35 °C, E. montanum mostró limitaciones; de hecho, germina en un rango de entre 10 y 30 °C.

El ingeniero agrónomo afirma que “este hallazgo es crucial para los agricultores, ya que les permite anticipar a qué temperaturas germinarán las malezas, lo que les brinda herramientas para prevenir su aparición y proteger los cultivos”.

Así, el estudio realiza un valioso aporte desde la ciencia al agro colombiano, pues identificar las condiciones climáticas óptimas para la producción de estas malezas permitirá anticipar las tomas preventivas en los cultivos, contribuyendo a la seguridad y la sostenibilidad ambiental.

Los hallazgos de esta investigación se presentaron durante el II Congreso Internacional de Variabilidad y Cambio Climático, organizado por las Facultades de Ciencias y Ciencias Agrarias de la UNAL Sede Bogotá.







miércoles, 10 de julio de 2024

UNAL explora el impacto del cambio climático en insectos transmisores de enfermedades

 Para avanzar en el estudio del microbioma (conjunto de microorganismos) de los insectos importantes en salud humana porque transmiten enfermedades tropicales como malaria, dengue y leishmaniasis, la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) adelanta una investigación en Amazonas, Cesar y Antioquia relacionada con el cambio climático.

“Nuestro conocimiento en esta temática aún es incipiente y por ello cada avance nos acerca a desarrollar estrategias más efectivas de control biológico de los vectores fundamentales para la salud pública”, explica el microbiólogo y bioanalista Giovan Gómez, profesor de la UNAL Sede de La Paz.

Señala además que, “teniendo en cuenta que el estudio abarca tres áreas geográficas contrastantes, podremos revelar posibles diferencias en la composición de microorganismos en los insectos analizados”.

Así mismo, la investigación permitirá evaluar el efecto de los cambios de temperatura con un diseño experimental controlado de laboratorio sobre los insectos para intentar determinar el efecto potencial del cambio climático en la interacción microorganismos-insectos.

El profesor Gómez indica que la temperatura es una variable climática que impacta el desempeño vital de los artrópodos, y en especial de los vectores de enfermedades tropicales, influenciando características como las tasas de desarrollo, la frecuencia de ingesta de sangre, la modulación de la respuesta inmune, y la susceptibilidad a infección por parte de parásitos y bacterias, entre otros microorganismos.

“El análisis de la humedad relativa es relevante, ya que condiciona los ciclos de supervivencia de muchos insectos, pues los cambios térmicos sufridos hoy por el ambiente –no solo por el cambio climático sino también por la expansión de la frontera agrícola y por eventos de deforestación acelerada o explotación minera– pueden resultar favorables para los patógenos, pues ayudan a expandir su rango de dispersión, incrementan el contacto humano-vector y generan fenómenos de adaptación ecológica en ambientes intervenidos, lo cual podría resultar en efectos más severos de los agentes infecciosos en futuros escenarios climáticos”, enfatiza el académico.

Además de su relevancia científica, el proyecto tiene un componente social: busca impactar a las comunidades de los sitios de estudio mediante estrategias de apropiación social del conocimiento con acciones de promoción de la salud y prevención de las enfermedades transmitidas por insectos, particularmente de mosquitos.

Acerca de las enfermedades

La malaria o paludismo es una enfermedad causada por un parásito Plasmodium, el cual se transmite por la picadura de la hembra del zancudo Anopheles. Los síntomas incluyen fiebre, vómito y dolor de cabeza.

El dengue, transmitido por el mosquito Aedes aegypti, puede ser asintomático o cursar con síntomas que van desde una fiebre moderada hasta una alta incapacitante, con dolores de cabeza, en los ojos, en articulaciones y músculos, y sarpullidos.

La leishmaniasis la provocan 20 especies del género de parásitos protozoarios Leishmania. Existen varias formas, entre las más comunes están la cutánea y la visceral. El tipo cutáneo causa llagas en la piel y el tipo visceral afecta órganos internos como el bazo, el hígado y la médula ósea. Los enfermos suelen tener fiebre, pérdida de peso y aumento de tamaño del bazo y el hígado.

La problemática en salud

El Sistema de Salud Pública (Sivigila) señala que entre 2017 y 2022 se confirmaron en Antioquia 5.849 casos de leishmaniasis, 156 de chikungunya, 82 de zika, 32.022 de malaria y 16.299 de dengue, estas dos últimas con 5 y 18 víctimas mortales respectivamente.

En la misma ventana de tiempo, en Amazonas se confirmaron 51 casos de leishmaniasis; 9.983 de malaria, 148 de ellos de tipo complicado; 2.346 de dengue, con una víctima mortal, 18 de chikunguña y 25 de zika.

De igual manera, en este lapso se registraron en Cesar 211 casos de leishmaniasis, 110 de malaria, 17 de chikunguña, 45 de zika y 14.217 de dengue, con 19 víctimas mortales.







viernes, 12 de abril de 2024

Cambio climático afecta calidad de la ciruela, con un modelo matemático se mitigan riesgos

 Las altas y cambiantes condiciones climáticas afectan el crecimiento y la calidad de la ciruela Horvin. Investigadores desarrollaron un modelo matemático para los productores de ciruela que ya están optimizando sus cosechas gracias a los conocimientos adquiridos. Este modelo sirve como punto de partida para aplicarlo en otros cultivos; por ejemplo en México se replicó con la guanábana y ahora las cosechas son más consistentes y rentables.

Por la inmensa variedad de cultivos que se producen en la región, Boyacá es considerada como una de las mayores despensas de alimentos de Colombia. Según Asohofrucol, la ciruela Horvin es uno de los frutos más importantes de este departamento, ya que representa el 74 % de la producción nacional de esta fruta, lo que la hace relevante para la economía del país. 

Precisamente en la provincia boyacense de Márquez se adelantó el estudio sobre este fruto, enfocado en entender los factores que afectan la calidad de la ciruela de la región, especialmente en Nuevo Colón, donde se concentra gran parte de la producción de esta fruta destinada al consumo nacional. El trabajo fue liderado por la investigadora Mayerlin Orjuela Angulo, ingeniera agrícola de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

En 2018 los agricultores de la zona empezaron a notar variaciones en el color y el tamaño de las ciruelas, además de algunas quemaduras en la epidermis, lo que disminuía su calidad, por lo que la ingeniera Orjuela y su equipo decidieron investigar las causas detrás de este fenómeno, trabajo que adelantó en el marco de su tesis doctoral en Fisiología de Cultivos de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNAL Sede Bogotá. 

“Para el estudio recolectamos muestras de ciruela en diferentes etapas de crecimiento y desarrollo, como el botón floral, la antesis, el cuaje de fruto y la cosecha; además registramos datos climáticos como temperatura, humedad relativa, precipitación y radiación en dos fincas del municipio Nuevo Colón”, explicó la doctora Orjuela.

“A través de mediciones de temperatura en elevaciones distintas de las fincas y en los suelos, además de muestreos quincenales de frutos de 10 árboles por líneas de siembra o ‘surco’, y 2 surcos por finca, para un total de 80 árboles estudiados, se pudo establecer que los cambios bruscos de temperatura son el factor predominante en la disminución de calidad de la ciruela y sus alteraciones de cosecha”, añadió la investigadora. 

¿Cómo afecta el cambio climático la producción? 

El estudio sugiere que los cambios de temperatura, precipitación y altitud afectarían el crecimiento y la calidad de la ciruela. Por ejemplo, un aumento de la temperatura puede provocar un crecimiento más rápido de la fruta, por lo que ya no es en 99 días –como hace 5 años– sino en 90 días. Además la exposición a los fuertes rayos solares cambia el color del fruto al punto de  quemar partes de su cáscara, por lo que pueden ser rechazadas en el mercado y bajar considerablemente su precio. 

Además puede afectar la firmeza y el contenido de azúcar de la fruta, e incluso en la fertilidad de la planta: “por ejemplo, evidenciamos que cuando se presentaban temperaturas bajas y teníamos antesis (etapa en la que los pétalos de la flor comienzan a abrirse) el aborto de la flor era notorio en el suelo, y esta es una etapa clave en el desarrollo del fruto. Al ser menor el fruto cosechado en dichas temporadas el agricultor puede tener más costo de producción”, agregó la investigadora. 

Predicción matemática para afrontar la crisis climática

Con base a la investigación se desarrolló un modelo estadístico que permite predecir el crecimiento, la calidad y el tiempo de cosecha de las ciruelas según las condiciones climáticas locales; con este modelo el agricultor también puede determinar los cuidados idóneos para su cultivo según la temporada de calor o invierno, lo que le permite tomar decisiones sobre abonar o aumentar el riego, por ejemplo, herramientas valiosas para optimizar sus cosechas y que su economía no se vea afectada. 

El modelo se emplea con estadísticas que relacionan el efecto de las condiciones climáticas del cultivo (altitud, tiempo térmico, humedad relativa, precipitación y radiación) con el crecimiento de los frutos de ciruela y su calidad en poscosecha, pues determinando la temperatura base y el tiempo térmico necesarios para el crecimiento y la maduración de los frutos se puede predecir qué tipo de ciruela se obtendrá, y con base en los datos el agricultor sabrá cuáles son los cuidados necesarios para mitigar los impactos negativos del cambio climático en la calidad y la cantidad del fruto. 

En el modelo también se considera el comportamiento fisiológico poscosecha de los frutos en diferentes condiciones ambientales, y se puede determinar bajo qué temperaturas específica se debe almacenar la cosecha de cada temporada. 

El impacto de la investigación no se limita a los agricultores de Boyacá, donde además de la ciruela se cultiva un amplia variedad de frutas y hortalizas –como durazno, manzana, pera, uva, fresa, mora, arándanos, tomate, pepino, lechuga y zanahoria, entre otras–, sino que se extiende a toda la comunidad agrícola de la región.

La implementación de buenas prácticas agrícolas basadas en el modelo matemático desarrollado por la UNAL no solo mejora la calidad de las cosechas, sino que además fortalece la economía local al garantizar que los productos mantengan su calidad y sus precios sean más estables en el mercado.

Alcances internacionales 

La transferencia de conocimientos a otras regiones y países, como México, demuestra el alcance global de esta investigación. Gracias a una alianza con la Universidad Autónoma de Nayarit se pudo llevar el modelo matemático a agricultores mexicanos que enfrentan desafíos similares debido al cambio climático. La adaptación de este modelo a cultivos como la guanábana muestra que la colaboración internacional es clave para encontrar soluciones innovadoras a problemas comunes.

La aplicación del modelo matemático en México les permitió a los agricultores anticipar y mitigar los efectos del cambio climático en sus cultivos de guanábana, lo que se tradujo en cosechas más consistentes y rentables. Esta transferencia de conocimientos no solo benefició a los agricultores mexicanos, sino que también fortaleció los lazos entre ambas universidades y fomentó la cooperación científica internacional en la lucha contra el cambio climático y sus impactos en la agricultura.

La investigación destaca la importancia de la colaboración entre la academia, los agricultores y las instituciones gubernamentales para enfrentar los desafíos del cambio climático. La transferencia de conocimientos y la implementación de buenas prácticas agrícolas son fundamentales para garantizar la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible en regiones productoras tan importantes como Boyacá, y en todo el país.





viernes, 8 de septiembre de 2023

Cambio sí, pero no solo climático, las personas y su estilo de vida también se afectan

 El cambio climático afecta la cotidianidad de las personas, las impacta y motiva a adaptarse. En la Zona 7 de Envigado (Antioquia), por ejemplo, algunos dueños de locales han construido muros alrededor de estos para evitar posibles inundaciones. Aún así, los planes de ordenamiento territorial (POT) y otros documentos no incluyen sus puntos de vista, aunque hacerlo permitiría mayor impacto en prevención y mitigación.

El cambio climático también incide en la cultura, las relaciones y actividades cotidianas de las personas. “Los seres humanos somos causantes y también receptores de sus efectos. Las ciudades que habitamos, por ejemplo, juegan un papel muy importante, pues pese a ocupar solo el 2 % de la superficie terrestre, son responsables del 70 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero”, señala la ingeniera ambiental Sara Isabel Rendón Fernández, magíster en Estudios Urbano Regionales de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín.

La forma de vestir ha cambiado, el hogar sufre adaptaciones, los decisores planean distinto el territorio, etc. “Aunque históricamente las comunidades se han adaptado a los cambios del clima (aumento de la temperatura, mayores probabilidades de inundaciones o derrumbes, entre otros), pocas veces se las ha tenido en cuenta, no solo en estudios diagnósticos sino también en la formulación de políticas de adaptación y ordenamiento territorial”.

Por eso la magíster se propuso identificar los efectos del cambio climático que perciben los habitantes de la Zona 7 de Envigado, sus prácticas de adaptación y si estas han impactado o no en la planeación urbana del municipio. “Para esto, durante cerca de 8 meses hicimos recorridos de campo, observación participante, no participante y entrevistas semiestructuradas a personas que habitan allí hace al menos 10 años, líderes comunitarios y víctimas de algún evento ocasionado por cambios extremos del clima, entre otros”, explica.

Así, encontró que el cambio climático percibido por las personas se puede agrupar en tres categorías: patrones climáticos, riesgos en el territorio, y causas y consecuencias concretas. “Es decir, aunque las personas no usen el concepto de ‘cambio climático’, sí dicen que ahora hace más calor, que ya no ventea tanto o que hay menos neblina. También hablan de amenazas como deslizamientos, inundaciones e incendios forestales, y han hecho adecuaciones como la construcción de pequeños muros para evitar inundaciones y se refieren al proceso acelerado de urbanización como una de las causas de los efectos del cambio climático”.

Después de sistematizar la información, la magíster Rendón la comparó con la contenida en los dos últimos planes de desarrollo del municipio, en el Plan Municipal para la Gestión del Riesgo de Desastres y en el Plan para la Mitigación y la Adaptación a la Variabilidad y el Cambio Climático de Envigado, y encontró que coinciden muy poco.


“Constatamos, por ejemplo, que la quebrada La Seca, que en 2011 sufrió dos avenidas torrenciales y dejó estragos graves, no aparecía en el mapa oficial con algún nivel de amenaza. Sin embargo, para la comunidad este es un punto crucial y crítico, pues fueron dos eventos que quedaron marcados en el imaginario colectivo y que se podrían repetir”.

En 2005 los habitantes de la Zona 7 ratificaron la importancia de hacer escuchar sus dinámicas y saberes locales. “Ese año iban a construir sobre el humedal El Trianón, en un predio privado, y fue la comunidad la que se organizó y dijo ‘no, nosotros de niños jugábamos ahí y eso era una laguna’. A partir de esa discusión nació la organización Eco Humedales, y además la administración confirmó que se trataba de un humedal, lo ingresó al Sistema Local de Áreas Protegidas, y en 2019 lo declaró como Área Protegida Urbana, gracias a la movilización de la organización ambiental y comunitaria”.

Por último, la magíster señala que “análisis como este se pueden aplicar en contextos similares a lo largo del país e incluso de Latinoamérica. Estas investigaciones son un complemento para los estudios físicos y atmosféricos del cambio climático. Solo así es posible tener una mirada integradora, que responda a lo que ocurre en los territorios, teniendo en cuenta que es ahí, en una escala pequeña, en donde realmente se sienten los efectos y en donde debemos empezar a implementar medidas de adaptación”.





sábado, 11 de diciembre de 2021

“Cambio climático en Colombia, evidencias desde la ciencia”, nuevo Especial transmedia de Periódico UNAL

 El cambio climático ya es evidente en el país, por lo que la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) lo ha declarado como “un asunto prioritario de gestión universitaria”. Para aportar al debate con acciones frente a este fenómeno, Periódico UNAL presenta un nuevo Especial que aborda sus efectos desde la evidencia científica: análisis, podcast, videos y más.

De la mano de expertos e investigadores se presenta un recorrido que muestra el impacto de esta emergencia en el país: cómo los ríos, océanos, bosques y glaciares han sido víctimas del cambio climático, sus efectos directos en la fauna y la flora, y por último la afectación de este fenómeno sobre la vida de los colombianos.

Con el Especial transmedia “Cambio climático en Colombia, evidencias desde la ciencia” –disponible en https://cambio-climatico.unal.edu.co/– la academia busca incentivar medidas urgentes y drásticas tanto para mitigar el impacto causado como para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

El nuevo trabajo conjunto de la Unidad de Medios de Comunicación (Unimedios) se estructuró en cuatro ejes que muestran: la situación en ríos, mares y océanos de Colombia; el avance de la contaminación del aire; las afectaciones sobre la Tierra; y los efectos directos del cambio climático en los seres humanos, su forma de vivir y su salud.

En el primer eje se abordan investigaciones que muestran porqué las cuencas hidrográficas y los ríos son las víctimas olvidadas de este fenómeno; cómo perciben las comunidades indígenas de la Amazonia las alteraciones del clima en su región; la forma en que la acidificación, el calentamiento y el aumento del nivel del mar y el impacto de huracanes, son amenazas para un futuro cercano, y la importancia de los manglares en su tarea de mitigación natural del cambio climático en el Archipiélago de San Andrés y Providencia.

El segundo eje es un podcast –desarrollado por Podcast UNAL– sobre la manera como la contaminación del aire en las ciudades contribuye al cambio climático, con un enemigo común: el CO2.

El tercero aborda todo lo relacionado con la tierra, por lo que incluye una investigación que muestra cómo los incendios forestales, la fragmentación de bosques y las alteraciones climáticas estarían poniendo en peligro de extinción a especies como peces, anfibios y pequeños mamíferos en el corto plazo, y un análisis con expertos sobre los bosques y en general la capa vegetal que pierde el planeta, que lo deja sin su principal escudo protector frente a los gases de efecto invernadero (GEI) asociados con el calentamiento global.

Por último, un podcast sobre los glaciares que muestra que el Volcán Nevado Santa Isabel y la montaña Chacaltaya han entrado en un proceso de retracción o reducción progresiva debido a las precipitaciones y la temperatura.


El cuarto y último eje muestra cuál ha sido el efecto del cambio climático en los seres humanos, no solo en cuanto a salud pública también en la necesidad de incluir las categorías  de “refugiados y desplazados ambientales” para proteger a las comunidades que deben salir de sus territorios por cuenta de dicho fenómeno.

A este se suma la discusión con un panel de expertos que plantea un panorama preocupante pues las comunidades rurales están recibiendo “paños de agua tibia” y se está priorizando el modelo de desarrollo consumista sobre la defensa de los territorios protegidos, las rondas hídricas y las reservas naturales, corriendo el riesgo de perder la biodiversidad en gran parte del país.

Propuestas de mitigación

El Especial también incluye un video en el cual el profesor Germán Poveda, del Departamento de Geociencias y Medioambiente de la UNAL Sede Medellín, responde preguntas sobre cambio y variabilidad climática, el papel de Colombia en el escenario climático mundial y cuáles son las iniciativas que adelanta la Universidad para mitigar los efectos del cambio climático.

“La Nacional es una universidad de la nación colombiana y por lo tanto tiene muchas actividades relacionadas con el cambio climático, además de proyecciones hacia el futuro”, expresa el profesor Poveda.

Cabe recordar que el pasado 9 de noviembre la UNAL planteó 11 acciones frente a la emergencia climática y que cumplen con los ODS, una de las cuales es que la Institución logre reducir la emisión de gases efecto invernadero, lo que incluye el cambio de políticas y programas hacia la conservación de la energía, acciones para aumentar la eficiencia energética y ser carbono cero a 2030, además de soluciones de energías renovables y alternativas. Otras acciones están relacionadas con la gestión de los residuos y recursos hídricos, y la movilidad sostenible, entre otras.

El Especial también cuenta con un repositorio de investigaciones relacionadas con el cambio climático realizadas por la UNAL, que son la base de esta propuesta transmedia con la que se quieren resaltar las propuestas hechas desde la academia para mitigar este fenómeno mundial.






jueves, 26 de mayo de 2016

"2016 ENCUENTRO CON LA NATURALEZA "


 “Casa Abierta” para colegios, una oportunidad de motivar a jóvenes hacia temas científicos"


La primera “Casa Abierta” de 2016 se llevó a cabo de manera exitosa el pasado 22 de abril en las instalaciones de CIAT HQ. Este evento fue una jornada de aprendizaje, en la que los protagonistas fueron 60 estudiantes de los colegios Colombo Británico de Cali y San Vicente de Paul de Palmira. “El objetivo fue dar a conocer a los jóvenes estudiantes información acerca de algunos programas de investigación del Centro con el ánimo de estimular en sus jóvenes mentes el interés por la investigación en temas de agricultura”, explicó José Antonio Arana del equipo de datos, información y conocimiento, quién realizó una charla introductoria sobre el CIAT. En la agenda de la actividad se incluyeron temas considerados de interés como el Cambio Climático y el empleo del dron como herramienta tecnológica para la investigación. Asimismo, se visitaron los laboratorios de forrajes y de calidad nutricional. Así, durante esta Casa Abierta, los estudiantes tuvieron la oportunidad de interactuar con investigadores e intercambiar ideas, conceptos y experiencias en el desarrollo de técnicas y su impacto sobre la agricultura


“Estos chicos necesitan conocer de cerca la experiencia de la investigación, porque la mayoría va a estudiar biología y esta visita es la oportunidad para que se acerquen a conocimientos sobre la ciencia y conozcan sobre agrobiodiversidad, agricultura, modificación genética de semillas y cambio climático”, manifestó  Lucy Hernández, profesora del colegio Colombo Británico. Por su parte, Diana Gómez, profesora del mismo colegio, aseguró que es bueno que los estudiantes se informen sobre  los  proyectos que lidera el CIAT en la región y en el mundo porque serán quienes en el futuro enfrenten los problemas de la investigación. Yamileth Cortés, docente del colegio San Vicente de Paul, sostiene que esta actividad es necesaria para que los jóvenes conecten la ciencia con su proyecto de vida, más aún, si son  jóvenes los que lideran la  investigación en la actualidad. Darling Méndez, estudiante de la institución palmirana, destacó la experiencia al decir que fue una actividad única que le aportó para muchos aspectos de su vida y más aún para sus estudios, ya que encontró temas interesantes que le hicieron reflexionar sobre la situación actual del cambio climático y las afectaciones para el medio ambiente


“Casa Abierta” es una jornada que se realiza en las instalaciones del CIAT, dos veces al año, con temáticas variadas y con la participación de representantes de distintas áreas de investigación como Análisis de Políticas (DAPA) y el programa de forrajes tropicales quienes están dispuestos a compartir sus conocimientos con los futuros científicos. Así que recuerde: si como representante de un colegio está interesado en participar en la siguiente jornada, que se realizará en el mes de octubre.