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miércoles, 13 de mayo de 2026

COMUNIDAD E INSTITUCIONES AMBIENTALES SE REUNIERON PARA HABLAR DE COEXISTENCIA CON LA FAUNA SILVESTRE

 Con el objetivo de promover la coexistencia armónica entre las comunidades y la fauna silvestre, la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca, CVC, lideró un encuentro en el Centro de Educación Ambiental El Topacio, en el que participaron funcionarios del DAGMA, Parques Nacionales Naturales de Colombia y habitantes de la zona rural de Cali.

La jornada tuvo como eje central la sensibilización sobre el puma, especie protagonista tras el reciente avistamiento de dos individuos, registrado por un intérprete ambiental de la CVC, hecho ampliamente difundido en redes sociales y que generó inquietudes en la comunidad.

 Durante el espacio, biólogos de la CVC brindaron información sobre las características del puma, su comportamiento, hábitat y alimentación, con el propósito de fortalecer el conocimiento ciudadano y fomentar su conservación. “La idea es informar a la comunidad sobre la presencia de estos animales, explicar sus características básicas y promover una coexistencia responsable. Una comunidad informada contribuye a la conservación porque lo que se entiende, se protege”, señaló Marilyn Velásquez, bióloga de la Regional Suroccidente de la autoridad ambiental vallecaucana. 

Asimismo, se destacó el papel del puma dentro de los ecosistemas y se desmitificaron creencias erróneas, aclarando que esta especie no considera al ser humano como presa y, por el contrario, tiende a evitar el contacto. También se compartieron recomendaciones prácticas para proteger animales domésticos y prevenir encuentros no deseados.

“Este espacio fue muy importante y nos permitió entender la responsabilidad que tenemos en la preservación de la flora y la fauna. Nos tranquiliza conocer las recomendaciones, especialmente, en el cuidado de nuestras mascotas y animales de corral, y entender que no debemos atacar a estas especies porque cumplen un rol natural como depredadores”, expresó Carlos Julio Ramírez, habitante de Pance. 

Como reflexión, el encuentro dejó entre los asistentes el criterio de que la coexistencia con el puma es posible, si se actúa con conocimiento, respeto y responsabilidad. Además, es muy importante fortalecer la educación ambiental, acoger las recomendaciones técnicas y trabajar de manera articulada entre instituciones y comunidad para garantizar la protección tanto de las personas como de esta emblemática especie.



 


martes, 20 de enero de 2026

COMUNIDAD, CVC Y ASOCAÑA SE UNEN PARA LA RECUPERACIÓN DEL HUMEDAL EL ESTERO

 En el corregimiento de Navarro de Cali, avanza la intervención del humedal El Estero, un ecosistema estratégico que hoy se recupera gracias al liderazgo de la comunidad y al trabajo articulado entre la CVC y Asocaña, con el propósito de restaurar su espejo de agua y propiciar el regreso de la fauna silvestre.


La intervención de dos hectáreas del humedal busca recuperar su espejo de agua, favorecer el regreso de la fauna silvestre y fortalecer este ecosistema clave para la comunidad y la producción agrícola del corregimiento.  

Esta intervención, que contempla la limpieza mecánica de cerca de dos hectáreas del humedal, es el resultado de varias mesas técnicas de trabajo en las que la comunidad expresó sus necesidades e inquietudes frente a la recuperación de este ecosistema. 

“Los acuerdos alcanzados se materializan con acciones concretas que buscan devolverle al humedal su función ambiental, hídrica y social. Se trata de un ejercicio de escucha y concertación con la comunidad, que ha sido clave para definir las acciones necesarias para la recuperación del humedal. En este caso, Asocaña aportó varias horas de trabajo con maquinaria amarilla para hacer posible esta limpieza”, explicó Cristian David Rincón, funcionario de la Regional Suroccidente de la CVC.

Para los habitantes de Navarro, El Estero no solo es un ecosistema, sino un lugar cargado de memoria y significado. “Aquí nos bañábamos, jugábamos y compartimos; el agua era cristalina y el humedal era amplio. Hoy, gracias al apoyo de los ingenios y las entidades, estamos trabajando para su recuperación y esperamos que este proceso continúe por muchos años”, señaló Doris Mina, presidenta de la Junta de Acción Comunal del corregimiento.

Se logró una verdadera juntanza entre las empresas cañeras, la CVC y la comunidad para mejorar el humedal El Estero, uno de los más largos de Cali, con cerca de 13 kilómetros. El objetivo es garantizar que siempre tenga agua y continúe siendo una fuente ambiental e hídrica para las aves, los cultivos y la comunidad”, afirmó José Luis Tenorio, edil del corregimiento de Navarro.

Además de su valor ecológico, el humedal El Estero es fundamental para la irrigación de los cultivos de la zona, como frutales, tomate, pimentón y maracuyá, lo que refuerza la importancia de su conservación y manejo adecuado.





jueves, 27 de noviembre de 2025

CVC Y COMUNIDAD SIEMBRAN 5.000 ALEVINOS DE BOCACHICO EN EL RÍO LA VIEJA

 En la orilla del río La Vieja, a la altura del municipio de Cartago, la CVC lideró una jornada de siembra de 5.000 alevinos de bocachico con el apoyo de la comunidad arenera y la Fundación Sembrando el Planeta, una actividad que busca recuperar la población de peces y fortalecer la conciencia ambiental en la región.

“Estamos en el río La Vieja, realizando una siembra de alevinos de bocachico, una actividad con la que buscamos promover la sostenibilidad y fortalecer la conciencia ambiental entre pescadores y areneros de la zona, quienes son nuestros aliados clave en el cuidado y protección de este importante afluente”, destacó John James Díaz, funcionario de la Regional Norte de la CVC.

La jornada se realizó junto con la comunidad arenera de Cartago y la Fundación Sembrando el Planeta, como una acción estratégica que aporta a la recuperación ambiental del afluente y al fortalecimiento de las comunidades que dependen de él.

Díaz resaltó que “esta siembra en el río La Vieja contribuye directamente a la conservación biótica, ya que esta especie no solo representa una fuente de alimento para las comunidades ribereñas, sino también para otras especies que habitan en el ecosistema del río. De esta manera, fortalecemos la cadena alimentaria y aportamos al equilibrio natural de toda la cuenca”.

 Desde la comunidad arenera, Jorge Gómez, integrante de la organización Codelrío Cartago, resaltó la importancia de estas acciones conjuntas. Agradeció la vinculación de la Corporación y el acompañamiento que también han recibido por parte de la Fundación Sembrando el Planeta.


"Esto es muy importante porque, debido al mal manejo del ser humano, la población de peces ha disminuido con el tiempo. Este río siempre ha sido majestuoso y muy rico en recursos. Esperamos que esta no sea la única jornada, sino que pueda repetirse muchas veces más”, señaló.

 Por su parte, Felipe de los Ríos, representante de la Fundación Sembrando el Planeta, destacó la importancia ecosistémica de esta labor. “Acciones como esta son fundamentales porque permiten aportar alimento a otras especies y mantener un equilibrio ecológico donde existan depredadores, presas, biomasa y se cumplan los ciclos de vida necesarios para que el ecosistema se mantenga saludable y en armonía”, señaló.

Esto es muy importante porque, debido al mal manejo del ser humano, la población de peces ha disminuido con el tiempo. Este río siempre ha sido majestuoso y muy rico en recursos. Esperamos que esta no sea la única jornada, sino que pueda repetirse muchas veces más”, señaló.

 Por su parte, Felipe de los Ríos, representante de la Fundación Sembrando el Planeta, destacó la importancia ecosistémica de esta labor. “Acciones como esta son fundamentales porque permiten aportar alimento a otras especies y mantener un equilibrio ecológico donde existan depredadores, presas, biomasa y se cumplan los ciclos de vida necesarios para que el ecosistema se mantenga saludable y en armonía”, señaló.




jueves, 30 de octubre de 2025

Comunidad en el Apaporis crea modelo intercultural para cuidar la Amazonia

 En pleno corazón del territorio indígena Yaigojé Apaporis, líderes de la comunidad de Bocas del Pirá y un investigador en estudios amazónicos unieron esfuerzos para fortalecer el cuidado del territorio a través de un diálogo entre saberes. Durante 6 meses, la iniciativa promovió acuerdos sobre el manejo de residuos y el cuidado del agua, en respuesta al aumento de plásticos, la contaminación de los ríos y la pérdida de prácticas tradicionales de limpieza y reciprocidad con la selva. La experiencia comprobó que la selva se cuida mejor cuando la ciencia aprende a escuchar al conocimiento ancestral.

A más de 800 km de Bogotá, en la confluencia de los ríos Caquetá, Apaporis y Popeyaká, se extiende una franja amazónica de más de 1 millón de hectáreas que abarca los departamentos de Vaupés y Amazonas. En esta región, que recibe entre 2.900 y 3.400 mm de lluvia al año, cada sonido, planta y corriente de agua cumple una función vital. El área, una de las más biodiversas del país, alberga más de 300 especies de aves, 200 de peces y decenas de plantas medicinales empleadas en rituales tradicionales, muchas de ellas aún desconocidas por la ciencia.

En ese territorio, pueblos como los macuna, tanimuca y letuama han tejido su existencia a partir de principios culturales de manejo. En su cosmovisión, los ríos tienen dueños espirituales, los árboles son ancestros y cada acto humano —sembrar, pescar, cazar o curar— es un gesto de reciprocidad con la selva. Pero en las dos últimas décadas ese equilibrio ha comenzado a transformarse.

A las malocas, que durante siglos solo recibían frutos, fibras y utensilios biodegradables, llegaron botellas plásticas, empaques metalizados, latas y bolsas traídas por comerciantes fluviales desde Mitú, La Pedrera, Leticia o Brasil. Con ellas llegaron las gaseosas, las galletas de paquete, el arroz y la harina industrial, el aceite embotellado, el alcohol, los jabones y los detergentes, productos ajenos a la economía de autoconsumo que ahora se han vuelto cotidianos.

Los residuos de yuca, pescado o frutas que antes se biodegradaban fácilmente con las lluvias fueron reemplazados por envolturas que no tienen un retorno posible. El plástico comenzó a acumularse alrededor de las malocas y en los caños, o a quemarse a cielo abierto, dejando un humo agrio que los mayores describen como “aire enfermo”.

Por si fuera poco, a esta invasión silenciosa se suma la presión de la minería aurífera y la tala ilegal, que contaminan las aguas con mercurio y abren trochas en el bosque, alterando además el pensamiento cultural y el control espiritual del territorio, y debilitando las formas tradicionales de gobierno.

Frente a este panorama, Carlos Andrés Cáceres Chaves, magíster en Estudios Amazónicos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia, se internó durante 6 meses en la comunidad de Bocas del Pirá para entender cómo los saberes tradicionales pueden dialogar con la ciencia ambiental convencional.

El diálogo como forma de gestión

El estudio se desarrolló en el marco del proceso político y organizativo del Consejo Indígena del Yaigojé Apaporis (CITYA), articulado con el Régimen Especial de Manejo (REM) establecido en 2018 para coordinar la administración conjunta entre Parques Nacionales Naturales y las autoridades indígenas del territorio. En ese sentido, el magíster propuso un ejercicio colaborativo orientado a fortalecer la gestión ambiental a partir del diálogo intercultural.

“Lo más difícil fue aprender a soltar el conocimiento propio para aceptar el del otro. Venimos de una formación occidental muy estructurada, pero en el territorio hay otra forma de pensar, de sentir y de conocer. Solo cuando dejamos de vernos como ‘blancos’ o ‘indígenas’ y nos reconocimos como pares empezó el verdadero trabajo”, relata el investigador.

El proceso incluyó recorridos por el territorio, talleres con mayoras y sabedores, y la elaboración de cartografías participativas en las que los habitantes dibujaron su territorio identificando zonas de pesca, chagras, sitios sagrados y lugares afectados por residuos o tala.

Uno de los momentos más significativos ocurrió cuando el investigador fue invitado al baile del chontaduro, ceremonia que dura tres días y dos noches sin dormir, en la que se transmiten conocimientos sobre el equilibrio del territorio. “Ahí entendí que la educación ambiental no se enseña en un aula sino en el cuerpo, en la danza, en la energía compartida con la selva”, recuerda.

De estas experiencias surgieron dos resultados concretos: el documento “Estructura de gobierno comunitario – Comunidad de Bocas del Pirá” y la propuesta “Educación ambiental intercultural en el territorio indígena Yaigojé Apaporis”, ambos construidos en talleres colectivos.

El primero se concibe como una guía metodológica para fortalecer el gobierno comunitario en torno al manejo ambiental del territorio. En él, la comunidad estableció de forma autónoma roles, funciones y protocolos internos para proteger sus recursos naturales. También creó un Comité de Manejo Ambiental, fundamentado en los principios de manejo cultural e interculturalidad, encargado de promover acuerdos locales, coordinar acciones de monitoreo y resolver conflictos menores relacionados con el uso del territorio.

El segundo producto articula la enseñanza formal con el calendario ecológico indígena, que organiza el año según los ciclos del río, la floración de los árboles y las ceremonias tradicionales. Allí la educación ambiental se convierte en una práctica viva: los niños observan plantas medicinales, reconocen los sitios sagrados, identifican especies de aves y peces, y escuchan a los abuelos narrar historias que vinculan el comportamiento del bosque con el bienestar colectivo.

“El territorio no es solo el contexto de la educación, es su contenido, su método y su sentido”, enfatiza el magíster.

Las iniciativas, validadas en la maloca de Bocas del Pirá y ratificadas por el CITYA, representan un modelo de gestión ambiental intercultural que traduce principios espirituales en acciones cotidianas y consolida el liderazgo de sabedores y mayoras como autoridades ambientales del territorio.

Como parte del proceso, el investigador se apoyó en la idea de “multinaturalismo”, una noción que, en palabras sencillas, reconoce que no existe una única naturaleza, sino muchas formas de  vida que conviven en el mismo mundo. En la visión macuna, los ríos, los animales o las montañas no son recursos sino seres con memoria y voluntad, con quienes se mantienen relaciones de reciprocidad.

“En su idioma no existen palabras como ‘pobreza’ o ‘mañana’ porque no hay acumulación ni ansiedad por el futuro. Su riqueza está en coexistir sin romper los vínculos que sostienen la vida”, anota el magíster Cáceres.

Por eso, el trabajo concluye que cuidar el territorio no se trata solo de conservar árboles o recoger basura, sino de mantener vivas las relaciones entre quienes lo habitan y lo que les da sustento. La educación y la gestión ambiental, más que metas, son procesos que se renuevan cada vez que la comunidad se reúne, conversa y actúa en conjunto. En esos encuentros —ya sea limpiando un caño, sembrando una chagra o escuchando a los abuelos— se reconstruyen confianzas, se transmiten saberes y se fortalecen los lazos que permiten seguir viviendo en equilibrio con la selva.







 



martes, 26 de agosto de 2025

Comunidad del Pacífico impulsa avistamiento responsable de ballenas en el golfo de Tribugá

 Ubicado en el municipio de Nuquí (Chocó), cada año el golfo de Tribugá no solo recibe a las ballenas jorobadas que viajan desde la Antártida para reproducirse, parir y amamantar allí a sus crías, sino que además es escenario de un proyecto que une a comunidades locales, investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, fundaciones aliadas y autoridades ambientales para consolidar asociaciones comunitarias que impulsen un avistamiento sostenible y respetuoso con la especie, y que sean una fuente de ingresos para la región.

Cada año, entre julio y octubre el Pacífico colombiano se convierte en un refugio para las ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae), las cuales recorren más de 8.000 km desde la Antártida, en donde tienen su fuente de alimentación, por eso su travesía la hacen en ayuno. En el golfo de Tribugá estas gigantes del Océano se aparean, tienen sus partos y empiezan a enseñarles a sus ballenatos lo que requieren para la ruta migratoria.

“Esta condición hace que el respeto por su tranquilidad sea decisivo para garantizar el buen desarrollo de las actividades que realizan aquí”, menciona la profesora Clara Inés Villegas Palacio, del Departamento de Geociencias y Medio Ambiente de la Facultad de Minas de la UNAL Sede Medellín.

En ese sentido, investigadores de la UNAL, a través del Centro de Excelencia en Ciencias Marinas (CEMarin), trabajan desde hace 16 meses en un proyecto participativo con comunidades de Nuquí y sus corregimientos.

La iniciativa “Avistamiento sostenible de ballenas en el golfo de Tribugá” (Abacos), iniciada en mayo de 2024 dentro del Distrito Regional de Manejo Integrado Golfo de Tribugá – Cabo Corrientes, busca consolidar asociaciones comunitarias capacitadas en ecología de las ballenas y en prácticas de observación respetuosa, además de fortalecer los lazos de cooperación y confianza entre los actores locales.

“Un avistamiento sostenible significa que la actividad cumpla tres condiciones: que sea respetuosa con el medio natural y las ballenas, que fortalezca el capital social de las comunidades, y que resulte económicamente viable para ellas. Esto implica comprender el porqué de cada medida —distancia mínima de acercamiento, tiempo limitado de observación y poco ruido— y transmitirlo a los turistas, quienes suelen llegar con la expectativa de ver a las ballenas haciendo saltos o piruetas. Un avistamiento exitoso no es ver saltar a la ballena, basta con observar su lomo o su soplo”, explica la profesora Villegas.

Avistamiento consciente desde Nuquí

Además de la formación técnica, el proyecto ha impulsado un diálogo entre la ciencia y los saberes locales. Las capacitaciones no se limitaron a dar charlas, sino que fueron espacios de cocreación en los que la comunidad y la academia construyeron juntas la manera más adecuada de observar a las  ballenas, combinando saberes científicos y conocimientos ancestrales. Diseñadas por un equipo multidisciplinario, estas actividades resaltan a las ballenas como seres sintientes y explican el sentido de cada medida de manejo.

A través de grupos comunitarios de WhatsApp, diferentes actores del territorio y del proyecto comparten reportes y sucesos asociados con la observación de estos cetáceos en el golfo. “En esos espacios, las propias comunidades se encargan de velar porque las embarcaciones cumplan las recomendaciones, pues ya reconocen que cuidar a las ballenas también es cuidar su forma de vida”, destaca la profesora Villegas. Así la práctica ha consolidado la cooperación y los lazos comunitarios en el territorio.

Desde el inicio del proyecto, capitanes, motoristas, guías, mujeres, hoteleros, posadas nativas y líderes de comunidades como Arusí, Partadó, Termales, Joví, Coquí, Panguí y Jurubirá, además del municipio de Nuquí, han participado en encuentros comunitarios para definir acuerdos colectivos para el avistamiento sostenible de las jorobadas. Además, se han dado pasos hacia acuerdos de precios y protocolos de operación entre las asociaciones.

El trabajo también cuenta con el respaldo de autoridades locales y ambientales como el Consejo Comunitario y la Corporación Autónoma Regional (Codechocó). Así mismo, la iniciativa se ha compartido en espacios urbanos como el Parque Explora de Medellín, para que los diferentes públicos se acerquen a la importancia de un avistamiento respetuoso y comunitario.

“Uno de los principales aprendizajes ha sido que construir confianza entre la Universidad y la comunidad toma tiempo y exige altos estándares éticos. Esa confianza, basada en la cooperación y la apertura mutua, se ha convertido en un pilar para que el proceso avance y pueda inspirar experiencias similares en otros territorios”, señala la académica Villegas.

Sin embargo, uno de los principales desafíos es la continuidad: el proyecto finaliza en octubre, aunque sus líderes quisieran continuar el proceso para garantizar su consolidación.

“Sin la apertura de la comunidad y de otros actores del territorio, con sus conocimientos y disposición, nada de esto habría sido posible. Ahora el reto es garantizar apoyo para que este proceso siga vivo y se extienda a otros territorios del país”, concluye.




miércoles, 9 de julio de 2025

La Tatacoa quiere conquistar el cielo con ciencia local y comunidad comprometida

 En pleno corazón del Huila, tres puntos del desierto de la Tatacoa se observaron durante un año para aportar a una apuesta mayor: fortalecer el proceso de certificación como destino Starlight, no solo para atraer turistas, sino para que las comunidades locales –especialmente en Villavieja– se involucren en iniciativas de eco-astroturismo que impulsen el desarrollo regional. Con mediciones rigurosas de nubosidad y turbulencia atmosférica –conocidas como seeing–, investigadores trazaron el mapa de un territorio que quiere mirar al universo con ojos propios.

En Astronomía no basta con mirar al cielo, hay que medirlo, y especialmente en un país como Colombia, donde la nubosidad es una constante que limita la observación astronómica. Sin embargo, durante décadas el desierto de la Tatacoa ha sido una excepción reconocida por astrónomos y turistas. Sus cielos oscuros y baja contaminación lumínica lo convirtieron en candidato ideal para una certificación internacional como destino Starlight, y además despertaron un interés más profundo: ¿cómo aprovechar ese potencial para la sostenibilidad y la apropiación comunitaria?

Con ese enfoque, el Observatorio Astronómico Nacional (OAN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) emprendió una campaña de monitoreo entre marzo de 2018 y febrero de 2019, en el marco de un convenio con el Fondo Nacional del Turismo (Fontur). Esta fue la primera caracterización sistemática de cielo nocturno y condiciones atmosféricas en tres puntos del desierto, combinando técnicas asequibles y rigor académico.

Uno de los resultados de ese trabajo es la tesis para la Maestría en Ciencias - Astronomía de Jimy Raúl Bustos Benítez, dirigida por el profesor Giovanni Pinzón Estrada, en la cual se sistematizó buena parte de ese trabajo colectivo, realizado por un equipo interdisciplinario conformado por 6 expertos, y cuyos resultados serían promisorios para el futuro de la Astronomía colombiana.

El equipo estuvo conformado por los estudiantes Jimy Bustos y Santiago Vanegas, de la Maestría en Ciencias - Astronomía; Andrea Portela y Sebastián Lozano, de Biología; y Andrés Molina y Javier Sánchez, de Física, con el acompañamiento de los profesores Giovanni Pinzón y Santiago Vargas Domínguez, del grupo de investigación en Astronomía, Astrofísica y Cosmología del OAN.

Cómo se mide la turbulencia atmosférica desde tierra firme

El seeing astronómico, que define qué tan “quieta” o “temblorosa” se ve una estrella desde la Tierra, depende de la turbulencia atmosférica, es decir de las distorsiones que sufre la luz al atravesar capas de aire con diferentes temperaturas, presiones y movimientos.

Para medir este fenómeno, los investigadores de la UNAL recurrieron a más de 226 secuencias de video tomadas con cámaras CCD, capaces de captar con precisión el parpadeo y desplazamiento de las estrellas. Estos registros se analizaron con un dispositivo conocido como DIMM (monitor de movimiento diferencial de imagen), fabricado por el equipo con materiales asequibles y adaptado a telescopios medianos de 8 y 9,25 pulgadas. El objetivo era calcular qué tan estable o distorsionada se ve la luz estelar al atravesar las capas de aire en el desierto.

Además del DIMM, la campaña utilizó 1.000 imágenes astronómicas con filtros de color, una estación meteorológica que midió temperatura y humedad, un sensor de brillo del cielo y más de 400 imágenes satelitales para cruzar datos climáticos. Todo fue procesado con software y algoritmos desarrollados por el magísterBustos, combinando ciencia, ingeniería y algo de ingenio artesanal.

Según lo reportado en la tesis, el seeing promedio registrado durante el año de observación fue de 2,22 ± 0,43 segundos de arco (unidad que indica qué tan nítido se ve un objeto astronómico desde la Tierra: cuanto menor es el número, mayor es la calidad de observación), un valor considerado como aceptable al compararlo con otros sitios internacionales de observación astronómica. Además se identificaron diferencias entre los tres puntos medidos: el sector Tatacoa–Anillo Vial presentó condiciones más estables, mientras que Los Hoyos y Danta mostraron mayor variabilidad atmosférica.

Aunque este valor está lejos de los registros más excelsos —como los de Paranal, La Silla o Cerro Tololo, en el norte de Chile, donde el seeing suele estar por debajo de 1 segundo de arco—, en zonas tropicales como Colombia los datos son escasos y las condiciones más variables. En ese contexto, obtener un promedio en ese rango no solo resulta alentador, sino que además representa un insumo valioso: identificar sitios con baja turbulencia atmosférica es fundamental para instalar telescopios capaces de captar con nitidez objetos de brillo tenue.

Ciencia, turismo y territorio

Además de su valor científico, este trabajo ayudó a consolidar a la Tatacoa como destino de astroturismo. En 2019, la zona obtuvo la certificación internacional Starlight, lo que impulsó iniciativas de turismo sostenible.

“Desde la UNAL hablamos de eco-astroturismo, una propuesta que integra el cielo con la naturaleza y la cultura local”, señala el profesor Pinzón. El Certificado de Cielo Oscuro es concedido por la Fundación Starlight, creada por el Instituto de Astrofísica de Canarias (España) con el respaldo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), la Organización Mundial del Turismo (UNWTO) y la Unión Astronómica Internacional (IAU).

Durante la campaña se evidenció que los mejores meses para la observación astronómica son diciembre, enero y febrero, cuando la nubosidad disminuye considerablemente y el brillo del cielo permite ver más objetos celestes.

La articulación entre la academia, las comunidades y los operadores turísticos también permitió mejorar la infraestructura local: se instalaron telescopios y un contenedor de observación, y se dinamizaron actividades educativas para estudiantes y visitantes.

Astronomía para el desarrollo sostenible

Más allá de instalar grandes observatorios, el propósito de este trabajo ha sido impulsar procesos de apropiación social de la ciencia y el cielo nocturno por parte de la comunidad local. Desde el OAN se insiste en que el verdadero valor está en fortalecer el ecoturismo astronómico con  participación local, lo cual requiere voluntad institucional, acompañamiento técnico y articulación territorial.

Aunque las condiciones del desierto de Tatacoa no son perfectas, pues la humedad relativa puede ser alta y las noches despejadas no abundan todo el año, el estudio demostró que con una planificación adecuada es posible aprovechar sus ventajas. Y lo más importante: el conocimiento y la capacidad ya están en casa.

“Es importante democratizar el conocimiento en torno a la Astronomía con el fin de promover el surgimiento de emprendimientos locales que permitan el desarrollo con sostenibilidad para la gente de la región”, afirma el profesor Pinzón.

Los resultados publicados en la tesis de Maestría sugieren que, con seguimiento continuo, se podrían implementar instrumentos ópticos de mediana o alta resolución, lo cual sería un gran paso para la Astronomía observacional en Colombia.







lunes, 22 de febrero de 2021

Participación comunitaria aumentaría seguridad alimentaria

 Incluir a las comunidades en la discusión y construcción de las políticas públicas de seguridad alimentaria en los distintos territorios del país es clave para que se orienten los programas y metas en esta dirección.

Así lo plantea Alejandra Álvarez, nutricionista dietista con grado de honor de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), en su investigación sobre economía feminista, pos-neoliberalismo y seguridad alimentaria, que forma parte de la lista de tesis meritorias del Bicentenario, publicada en forma de libro por la Editorial UNAL.

“Este libro resulta de dos intereses fundamentales: los procesos de lo alimentario y las diferentes formas de entenderlo desde lo institucional, desde enfoques comunitarios y sociales como el concepto de soberanía alimentaria; y segundo, los procesos de participación ciudadana en la construcción de políticas públicas”, puntualiza.

Desde 2008 Colombia cuenta con una política pública de seguridad alimentaria y nutricional que se espera afianzar en los territorios adaptándola a los planes territoriales de cada municipio, en los que se debe hacer inclusión efectiva de la ciudadanía.

La nutricionista Álvarez cuenta que “empezamos a indagar si eso pasa efectivamente y encontramos que el caso del Plan Decenal 2010-2019 de Nariño es emblemático, pues ese departamento, además de contar con un plan, involucra un enfoque innovador en el país de la soberanía alimentaria”.

La investigación advierte que en el documento técnico de Nariño se estableció un proceso participativo y se evaluó la situación a través del estudio de caso, entrevistas y revisión de documentos que permitieran reconstruir el proceso de formulación de la política. Por ello, una de las conclusiones del estudio es que es necesario sistematizar este tipo de ejercicios para hacer un mejor análisis.

El estudio identificó que efectivamente el proceso de la política se dio en el marco de la participación y que además involucró un gran espectro de actores desde los territorios.

Otra de las conclusiones es que, si bien hubo un proceso de participación mediado por la institucionalidad y no en todos los momentos los actores comunitarios pudieron tener incidencia, si se dio una construcción social. “Esto es importante porque gran parte de lo que se puede encontrar en el libro es un viaje por el concepto de participación, y una gran conclusión es pensar que aunque puede tener algunos apellidos, los procesos alimentarios son una de las mejores formas para hablar de participación comunitaria”, subraya la investigadora Álvarez.

Recomendaciones para la política pública

El trabajo, que surge del Instituto Unidad de Investigaciones Jurídico Sociales Gerardo Molina de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la UNAL, recalca que el proceso de participación es constante, de esfuerzo, es un reto político, pero que cada vez más se han abierto puertas desde ejercicios de organización, resistencia y legitimación de las comunidades en el país.

Otro punto que indica la nutricionista Álvarez, quien pertenece al Grupo de Investigación de Seguridad Alimentaria y Nutricional del Observatorio de Soberanía y Seguridad Alimentaria de la UNAL, es que el ejemplo de Nariño muestra que, aunque es de largo aliento, es realizable, que la puerta a la participación está abierta y se pueden construir procesos más cercanos a los territorios, involucrar nuevas formas de entender procesos como la alimentación y nuevas formas de política pública.

Por último, la investigadora recalca que para la participación es necesaria una tríada entre territorio, reconocimiento de sujetos y la construcción de representación. “Estos procesos se deben dar desde el reconocimiento de un territorio que da espacio a una comunidad y a la construcción de una identidad y que, unido a los sujetos que habitan el territorio y empiezan a construir el discurso, llega la construcción de la representatividad positiva, legítima, que permita ejercicios de participación cada vez más cercanos”.







miércoles, 23 de noviembre de 2011

ENERGÍAS ALTERNATIVAS

ENERGÍAS ALTERNATIVAS Y CALENTAMIENTO GLOBAL.
En Colombia Palmira Valle del cauca se realizo ,el  "1er SEMINARIO INTERNACIONAL SOBRE BONOS VERDES, ENERGÍAS ALTERNATIVAS Y CALENTAMIENTO GLOBAL" cuya misión fue :
generar un espacio académico en el cual expertos e investigadores motivaran la conciencia por la responsabilidad que nos asiste con la vida del planeta y de todos sus habitantes, teniendo en cuenta que la indiferencia ya no es una opción y que las actividades cotidianas vienen generando consecuencias fatales.
Los temas destacados:
TERRAZAS VERDES- una acción energentica para la mitigacion del cambio climático.
CONCIENCIA AMBIENTAL:Responsabilidad de todos.
ACCIÓN INTERNACIONAL FRENTE AL CAMBIO CLIMÁTICO.
ESTIMACIÓN DE LAS EMISIONES DE GASES EFECTO INVERNADERO.
EL CAMBIO CLIMÁTICO: CAUSAS, MITIGACION Y ADAPTACIÓN.
ENERGIA: USO RACIONAL. 
RESIDUOS DE COSECHA.


"UN ESPACIO DE REFLEXIÓN... PORQUE LA INDIFERENCIA YA NO ES UNA OPCIÓN".  
UN SALUDO ESPECIAL A TODOS LOS PAÍSES QUE NOS VISITARON Y A LOS EXPOSITORES.