Mostrando entradas con la etiqueta turismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta turismo. Mostrar todas las entradas

viernes, 30 de mayo de 2025

Turismo rural en Ricaurte enfrenta el reto de reconectar al visitante con el territorio

 En esta región de Boyacá donde el turismo crece como motor económico, pero también como amenaza al equilibrio ambiental, una investigación analizó 10 alojamientos rurales en los municipios de Villa de Leyva, Arcabuco y Gachantivá, para entender cómo la arquitectura puede transformar la forma en que nos relacionamos con la naturaleza. El estudio plantea que los materiales, las formas y los modos de habitar definen si el turismo reproduce la desconexión con el entorno o se convierte en un espacio de reencuentro, aprendizaje y cuidado ambiental.

En los últimos años, los municipios de la provincia de Ricaurte han vivido un auge del turismo de naturaleza y rural, alentado por su cercanía con Bogotá, sus paisajes montañosos y su arquitectura patrimonial. Por ejemplo Villa de Leyva recibe más de 700.000 visitantes al año y hoy es uno de los destinos más concurridos del país. Según el DANE, en 2023 el turismo aportó el 2,5 % del PIB nacional y crece en promedio un 11 % anual.

Aunque esta actividad ha dinamizado la economía local, también ha generado impactos ambientales y sociales: aumento en la demanda de servicios, presión sobre el suelo rural, cambios en las dinámicas de uso del territorio y proliferación de alojamientos que privilegian el confort del visitante sobre el equilibrio con el entorno. Este panorama ha hecho urgente pensar cómo se diseña, se construye y se habita en contextos rurales atravesados por el turismo.

La pregunta por cómo el turismo transforma la relación entre el ser humano y la naturaleza llevó a Ingrid Gigliola Aragón Gordillo, magíster en Medioambiente y Desarrollo de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), a indagar en la arquitectura como forma de mediación. Lejos de concebir los alojamientos rurales solo como espacios de descanso o consumo, el estudio plantea que también pueden ser experiencias pedagógicas y éticas.

“Me interesaba comprender si la arquitectura podía propiciar formas de reencuentro, cuidado y comprensión del entorno, especialmente en un contexto como el de Ricaurte, donde el turismo crece sin una mirada crítica”, explica la arquitecta.

Su enfoque se nutre de una lectura sensible del habitar rural, para proponer lo que ella denomina como “habitar del reencuentro”, una forma de ocupación del espacio que cultiva vínculos con el territorio.

Un recorrido por 10 alojamientos rurales

La investigación se desarrolló a partir del análisis de 10 alojamientos turísticos de Villa de Leyva, Arcabuco y Gachantivá. A través de visitas de campo, entrevistas, bitácoras, fotografías y planos, la autora construyó una lectura crítica del papel que cumple la arquitectura en cada lugar.

La selección de casos incluyó desde casas campesinas adaptadas para recibir visitantes hasta construcciones modernas con estética de glamping. Algunos de estos espacios se integran al  paisaje a través del uso de materiales como guadua, bareque, tierra cruda y madera local; otros privilegian estructuras prefabricadas que se imponen sobre el entorno.

Cada sitio fue interpretado no solo desde su forma física sino también desde las experiencias que propone al habitante, su relación con el paisaje y los modos de interacción que promueve. El análisis se organizó a partir de tres categorías: arquitectura que cuida (cuando promueve la conexión con la naturaleza y el arraigo territorial), arquitectura que enseña (cuando facilita procesos de aprendizaje o reflexión) y arquitectura que separa (cuando reproduce lógicas de consumo o aislamiento del entorno).

Lo que revela la forma de habitar

Según la investigación, las formas en que se diseñan y habitan los alojamientos turísticos reflejan tres grandes lógicas. La primera es la arquitectura que cuida, presente en proyectos que se integran al paisaje, reutilizan materiales locales y fomentan el arraigo con el territorio. Estas construcciones, muchas veces de origen campesino, conservan la escala humana, respetan los ritmos del entorno y evocan memorias vivas de habitar. “En algunas casas se puede vivir en primera persona la vida diaria de un campesino boyacense ya sea haciendo las arepas del desayuno, cocinando con leña o aprendiendo en un taller sobre tejidos de lana; esa arquitectura contiene una historia que se vuelve experiencia”, cuenta la magíster.

En contraste, la arquitectura que separa es aquella que convierte la naturaleza en fondo de pantalla: estructuras vistosas, muchas veces prefabricadas o tipo glamping, que aíslan al visitante en una burbuja de confort sin contacto real con el territorio.

“Se romantiza el estar en medio de la montaña, pero se vive desde un spa climatizado que evita la incomodidad del entorno. No hay una relación viva, solo consumo del paisaje”, afirma. Muchos de estos alojamientos replican una arquitectura genérica, sin conexión con el lugar, diseñada más para las redes sociales que para el entorno.

La tercera categoría, la arquitectura que enseña, aparece cuando el alojamiento propicia experiencias que invitan a comprender el entorno. Puede ser desde un fogón comunitario hasta una pared de tierra cruda que muestra las capas del terreno. “Hay arquitecturas que son pedagógicas, que nos hacen detenernos, preguntar, entender cómo fue hecha esa casa y por qué está ahí”, señala.

Cuando la arquitectura también educa

Más allá del análisis de los casos, la investigación propone una forma distinta de entender el turismo rural: no como simple desplazamiento hacia la naturaleza, sino como oportunidad de transformación del vínculo con ella. En este sentido, el diseño arquitectónico no es neutro: puede ser herramienta pedagógica, medio de comunicación ambiental, o, por el contrario, mecanismo de ruptura. “Si el turista no entiende dónde está ni por qué esa casa es así, se pierde una oportunidad valiosa para generar conciencia”, sostiene la autora.

El estudio plantea que arquitectos, operadores turísticos y decisores deben asumir su responsabilidad en la construcción de estos escenarios. Pensar en escalas adecuadas, materiales  coherentes con el entorno, memorias locales y experiencias que fomenten la reflexión ambiental es fundamental para un turismo más consciente.

Así mismo, propone integrar estas perspectivas en la formación de arquitectos, promoviendo un enfoque ético y territorial que dialogue con las comunidades. “Las universidades deberían enseñar a diseñar desde el arraigo, desde la escucha del territorio, no desde el mercado”, concluye la investigadora Aragón.








miércoles, 9 de abril de 2025

Turismo y contaminación amenazan los manglares del Pacífico

 Lo que impulsa el turismo en la costa Pacífica también está amenazando su equilibrio natural. Una investigación de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) encontró que la contaminación por fosfatos y nitratos –causada por aguas residuales y restos agrícolas– está afectando la regeneración de los manglares en Buenaventura y Tumaco, poniendo en riesgo su biodiversidad y los servicios que les brindan a las comunidades. El impacto de este deterioro sería irreversible si no se toman medidas urgentes.

Los manglares son ecosistemas que, además de albergar una rica biodiversidad, sostienen la vida de comunidades negras e indígenas, las cuales los utilizan para pescar, recoger frutos y obtener materiales de construcción. Así mismo, brindan servicios ecosistémicos esenciales como proteger las costas, purificar el agua y capturar carbono. No obstante, estas funciones están siendo alteradas por acciones humanas como el vertimiento inadecuado de desechos, la acumulación de microplásticos y el uso excesivo de fertilizantes en zonas aledañas.

La investigadora Luisa Fernanda Mondragón Díaz, magíster en Ingeniería Ambiental de la UNAL, estudió la relación entre la concentración de nutrientes en los sedimentos y la estructura de los bosques de manglar en Buenaventura y Tumaco. Su estudio demostró que los bosques cercanos a zonas urbanas y turísticas reciben mayor carga contaminante, lo que afecta su crecimiento y composición.

Para su trabajo se analizaron cuatro sitios con distintos niveles de intervención humana: en Buenaventura se compararon los manglares del bosque de Piangüita –altamente expuestos al turismo y la contaminación– con los de San Pedro, más protegidos por barreras naturales, y en Tumaco se evaluaron los bosques de Bocagrande, situados en una zona turística, y los de Rompido, donde la tala y quema de árboles son frecuentes.

Las muestras se tomaron del agua intersticial de los sedimentos, aquella atrapada entre las partículas del suelo (o sedimento) en un ecosistema acuático, que actúa como un reservorio de nutrientes y otras sustancias químicas influyendo en la disponibilidad de elementos esenciales para las plantas y los microorganismos, y cuya composición puede cambiar por la contaminación, y afectar la salud de los manglares. De las muestras se midió la concentración de nutrientes y su impacto en la estructura de los manglares.

El impacto invisible de la contaminación

“Los resultados revelaron que en Buenaventura las concentraciones de fosfatos y nitratos son más altas, y que estos nutrientes favorecieron la aparición de nuevos árboles, pero más pequeños”.

“En Tumaco los niveles de amonio y nitritos son más elevados, y la alta concentración de estos últimos afectó la regeneración del manglar. Dichos niveles aumentan en época seca, lo que posiblemente obedece al incremento de aguas residuales por el turismo”, afirma la investigadora.

Señala además que “el exceso de nutrientes puede generar eutrofización, un fenómeno en el que la proliferación de algas reduce el oxígeno disponible, lo que perjudica a la fauna y la flora: una acumulación excesiva de fósforo obstaculiza el crecimiento de las plantas, y la reducción del oxígeno en los sedimentos puede aumentar las emisiones de gases como el dióxido de carbono y el metano”.

Este estudio representa un hallazgo fundamental para entender el estado de los manglares del Pacífico colombiano, pues al generar una base de datos sobre la calidad del agua intersticial y los niveles de eutrofización se pueden establecer alertas tempranas y orientar estrategias de conservación.

La investigación  también subraya la necesidad de establecer regulaciones más estrictas en la gestión de residuos y en el turismo en estas áreas sensibles, asegurando la protección de estos ecosistemas esenciales tanto para la biodiversidad como para las comunidades locales.






jueves, 5 de septiembre de 2024

El mar tiene “fiebre”: impacto del cambio climático en San Andrés y Providencia

 Transformar el modelo de turismo masivo en alternativas con menor impacto medioambiental, y además implementar políticas públicas que fortalezcan la gestión del riesgo de desastres en las zonas insulares del país, forman parte de las estrategias planteadas por expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Caribe e instituciones internacionales para mitigar los efectos que ha dejado el cambio climático en el territorio.

En el archipiélago de San Andrés y Providencia los impactos de esta crisis se han reconocido en el incremento de fenómenos naturales como las marejadas ciclónicas –cambio en el nivel de agua debido a la presencia de una tormenta–, capaces de generar inundaciones permanentes en zonas costeras; en las marejadas las olas pueden alcanzar entre 7 y 8 m de altura.

En los últimos días los impactos producidos por el aumento en la temperatura de la atmósfera han dejado alrededor de 3.000 damnificados en zonas del Pacífico colombiano a causa de marejadas, situación que requiere nuevas estrategias de atención para que la vulnerabilidad social que padecen los habitantes de la zona por estos comportamientos atípicos del mar se pueda reducir.

Carolina Velásquez, Ph. D. en Gestión y Manejo Científico de Desastres y magíster en Estudios del Caribe de la UNAL, señaló que “la vulnerabilidad descrita en aspectos tanto sociales como ecosistémicos ha traspasado a situaciones de injusticias hídricas que deben ser atendidas en la gestión de riesgos.En San Andrés se han tomado decisiones legitimadas a través de políticas públicas que han llevado a que los habitantes de la Isla sufran por el acceso al agua”.

Según el Observatorio de la Reserva de la Biosfera Seaflower, el 82 % del agua que se utiliza San Andrés es subterránea, y aunque existen dos acuíferos, solo uno de ellos se considera apropiado para la captación de agua para consumo.

El acuerdo integral (naturaleza-cultura) y nuevo diálogo entre las poblaciones y el elemento agua para minimizar los impactos del cambio climático en las zonas costeras también pone sobre la mesa las consecuencias del desequilibrio existente entre la sobrepesca y la reducción de las poblaciones que componen la biodiversidad marina en los territorios.

Según Adriana Santos, doctora en Ciencias, magíster en Biología Marina y directora de la UNAL Sede Caribe, “sobrepasar los límites de explotación de las especies que conviven en el mar perjudica el ambiente en las zonas que dependen de ese recurso. La sobrepesca en múltiples ecosistemas se ha unido a la pérdida de hábitat, la contaminación y las bioinvasiones que han deteriorado la salud de estas áreas y han llevado a reconocer que el mar y el planeta tienen fiebre por el inminente incremento en la temperatura global”.

Para los expertos, la amplia biodiversidad que existe en el país tiene que convertirse en un motor de desarrollo, en el que los genes y los ecosistemas converjan como uno solo. José Ernesto Mancera, profesor de la Facultad de Ciencias y Biología de la UNAL, en el Especial La UNAL en la  COP16 de Radio UNAL, indica que las posibilidades de desarrollarnos como especie también depende del patrimonio natural.

“Al quemar toda la materia orgánica para mover nuestra maquinaria estamos calentando la atmósfera y esto lleva al derretimiento de los casquetes polares, que albergan el 3 % del agua dulce del planeta”, subrayó el profesor Mancera.

A raíz de los efectos del calentamiento global, la UNAL trabaja en más de 30 acciones de fortalecimiento de la gestión de riesgos de desastres que buscan incrementar el conocimiento, la capacidad y preparación con base en la seguridad humana y la preservación de la base natural en el Archipiélago de San Andrés, en las que también participan otras 10 entidades aliadas que desde hace más de un año y medio pretenden jalonar la respuesta a estas necesidades en el territorio.





martes, 3 de septiembre de 2024

Crecimiento del turismo en la Sierra Nevada cambia el territorio para las poblaciones indígenas

 Los habitantes del municipio de Pueblo Bello (Cesar) –en donde habita la comunidad indígena iku, llamada comúnmente como arhuacos– tratan de generar estrategias para mantener su autonomía ante las presiones que les llegan desde el exterior por las distintas modalidades turísticas que, aunque pueden ser una oportunidad económica y cultural, a medida que crece impacta la forma de habitar sus territorios.

El investigador Andrés Ricardo Restrepo Campo, magíster en Hábitat de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL),asegura que aunque algunos indígenas presentan resistencia al turismo, otros piensan en formas que puedan usar para fortalecer sus propias luchas políticas.

“Buscando la diferencia como atractivo, el turismo también visibiliza lo indígena, les da valor a los elementos naturales y culturales como el paisaje prístino, las mochilas elaboradas a mano, o las kankurwas o templos mayores de la palabra, del pensamiento y la reflexión; y su forma de vida, que antes era vista solo como obstáculos para los paisajes de la productividad, hoy son vitales para el paisaje sagrado indígena”, explica el investigador.

En este sentido, la “turistificación” –término usado por el experto para referirse a la transformación de los territorios a raíz del turismo– lleva la subordinación del hábitat a las demandas del mercado y su instrumentalización para el consumo de los visitantes, lo que implica reducir el sentido sagrado que le ha dado la comunidad indígena al territorio que habita.

En este sentido, el magíster señala que “el turismo ofrece una fórmula para resolver una tensión que normalmente está en las comunidades: proteger la naturaleza con la necesidad de desarrollarse económicamente, de proyectos que aprovechen esos recursos naturales y que generen riqueza; pero muchas veces implica consumir o explotar esa naturaleza, que iría en detrimento de ella misma. Asimismo promete generar una alternativa turística, aprovechando ese valor paisajístico, pero que al mismo tiempo se pueda monetizar para satisfacer otras necesidades”.

Impactos del turismo en zonas naturales

En la Sierra Nevada se han evidenciado cambios, específicamente en la parte del límite del Resguardo Indígena Arhuaco. Un ejemplo es Pueblo Bello, en donde se percibe una arquitectura que contrasta con la tradicional: “casas más grandes, con una estética distinta; que se notan son de propiedad de grupos sociales distintos al nativo, seguramente de personas pudientes de Valledupar, convertidas en lo que ellos llaman ‘Casa de campo’ o ‘casas de recreo’ para las zonas rurales”, cuenta el magíster Restrepo.

Así se comienza a transformar el paisaje y el hábitat, debido a la demanda y la oportunidad de ofrecer espacios amplios para la recreación durante el fin de semana, de turistas que buscan espacios tranquilos y frescos fuera de la ciudad, cercanos a la Sierra Nevada. “Para la población  asentada en esta zona, su paisaje sagrado es intervenido y marcado por el accionar de los ‘Bunachi’, es decir el blanco o no indígena, según la denominación de los nativos”, explica el experto.

“En su mismo crecimiento el turismo ejercerá presión sobre la naturaleza. En un primer momento atrae turistas que no tienen tantos requerimientos como el mochilero, que se acomoda en una carpa o en cualquier espacio y no requiere una infraestructura tan compleja, pero en la medida en que se va masificando el turismo y atrae más gente, se requiere infraestructura de acomodamiento, alimentación, restaurantes o senderos que implican intervención sobre esos territorios; a eso se suma que cuando el turismo es descontrolado genera residuos sólidos, erosión de los suelos por el recorrido de alta cantidad de gente y contaminación auditiva”, puntualiza.

Al respecto, los indígenas consultados por el académico manifestaron que en una temporada se veían cosas inusuales como usar cuatrimotos para llegar a Nabusimake (pueblo sagrado de los pueblos indígenas de este sector del Cesar) y fiestas hasta muy tarde en la noche con mucho ruido, por lo que se vieron obligados a poner un portón en su entrada, custodiado por los ‘semaneros’, indígenas a quienes la comunidad les ha encargado la tarea de vigilar y controlar quién puede ingresar o no a su territorio.

“Cabe anotar que la comunidad indígena percibe el mundo bajo una lógica muy distinta de la occidental, a través del entramado de sitios sagrados, y establecen las normas que rigen la vida a través desde la Ley de Origen, un conjunto de normas no escritas presentes en la tradición indígena que dictaminan cómo se deben relacionar en la sociedad y ante su hábitat, donde rige el principio de la armonía y el equilibrio con el universo: una especie de retribución por lo que se toma de la naturaleza”, detalla el egresado de la UNAL.

Acerca de la localidad

La zona urbana de Pueblo Bello es la única cabecera municipal ubicada en el macizo montañoso de la Sierra Nevada. Presenta una población de 14.433 habitantes, de las que el 53,44 % es indígena, pero a pesar de su alta representatividad, es la población mestiza y su modo de habitar se hace más evidente a primera vista, ya que su territorialidad y cultura son las dominantes localmente.

El 51 % de los habitantes residen en zona rural y el 31,49 % en zona urbana. De estas, 11.520 personas están ubicadas en los dos resguardos indígenas (Resguardo Arhuaco de la Sierra Nevada y Resguardo Businchama), mientras que los demás se ubican en el casco urbano y en predios rurales aún no reconocidos legalmente como parte de los resguardos.








lunes, 29 de julio de 2024

Manejo centralizado del turismo impediría la sostenibilidad del sector

 En Colombia la planificación turística centralizada a menudo ignora las realidades locales, lo que afecta la efectividad de las políticas públicas para atender las necesidades de las comunidades que viven en los lugares de interés para los viajeros.

Un estudio realizado en los Parques Nacionales Naturales Los Nevados, Salento - Cocora y San Cipriano, examinó cómo la sostenibilidad del turismo se ve afectada por las estructuras de gobernanza, es decir por los actores encargados de administrar las zonas turísticas.

El estudio fue realizado por Alejandro Echeverri Rubio para el Doctorado en Administración en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, dirigido por el profesor Jaime Andrés Vieira-Salazar, Ph. D. en Ciencias de la Gestión, y con el apoyo del grupo de investigación Gestión Responsable para la Sostenibilidad Territorial (GREST).

El objetivo de este trabajo fue analizar los principales desafíos que enfrentan los actores en la configuración de estructuras de gobernanza para lograr la sostenibilidad de los socio-ecosistemas con aprovechamiento turístico en Colombia y contribuir a que las políticas públicas se adapten a las necesidades locales. La tesis fue laureada por su notable contribución al campo de la gobernanza turística y la sostenibilidad.

Según el estudio, en Colombia las leyes y políticas turísticas –como la Ley 2068 de 2020, la Política Nacional de Turismo Comunitario y los Planes de Ordenamiento Territorial (POT)– han causado controversias entre el Gobierno y las comunidades locales por priorizar el desarrollo turístico sobre las necesidades y los derechos de estas colectividades, excluyéndolas de beneficios económicos, y además por no considerar suficientemente los impactos culturales y ambientales.

Tanto en las regiones de los tres parques estudiados como en el Eje Cafetero y Valle del Cauca se realizaron entrevistas y grupos focales para profundizar en la comprensión de las dinámicas y los retos presentes, utilizando observación directa y encuestas a actores del turismo.

Estos instrumentos permitieron recopilar datos para identificar a los actores involucrados, describir sus relaciones, caracterizar los conflictos socio-ecológicos, detallar las estructuras de gobernanza y proponer escenarios prospectivos para el aprovechamiento turístico sostenible en cada caso de estudio.

En el estudio, los actores clave identificados variaron según el caso. En el Parque Los Nevados los principales actores fueron la Oficina de Parques Nacionales y la Unión Temporal de Operación Nevados (UTON), encargados de la gestión y conservación del Parque, mientras que las comunidades locales desempeñaron un papel secundario.

En Salento - Cocora el análisis incluyó al gobierno local y al Gobierno nacional, que regulan y apoyan el turismo, además de las comunidades locales y las agencias de viajes y operadores turísticos, que participan activamente en la gestión y promoción del turismo.

Para el caso de San Cipriano, los actores clave fueron la Fundación San Cipriano, que coordina la red local; la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca, encargada de la gestión ambiental; el Consejo Comunal, que representa a la comunidad; y las agencias de viajes y operadores turísticos, que apoyan el desarrollo del turismo en la región.

Las redes expuestas en la tesis muestran cómo las estructuras de gobernanza afectan la gestión del turismo en cada caso: en el Parque Los Nevados la centralización limita la participación local. En Salento - Cocora la coordinación horizontal facilita una gestión colaborativa, y en San Cipriano, aunque existe una centralización, la participación local sigue siendo relevante.

La estructura jerárquica y centralizada del Parque Nacional Natural Los Nevados no es inherentemente negativa, de hecho los resultados sugieren que este tipo de gobernanza puede ser necesaria y adecuada para destinos turísticos que requieren un control riguroso y una administración estricta para asegurar la conservación y gestión efectiva de recursos naturales.

Esta estructura, aunque limita la participación local, puede ser esencial para garantizar la protección de áreas de alta biodiversidad y la implementación de políticas de conservación. Por otro lado, la estructura de gobernanza en Salento es menos jerárquica y fomenta una mayor participación colaborativa, mientras que la de San Cipriano, aunque más horizontal en comparación con la del Parque Los Nevados, aún presenta elementos de centralización.

“Es vital mencionar la relevancia del factor socioecológico en la gobernanza del turismo, porque es fundamental para asegurar una gestión equilibrada y sostenible de los recursos naturales y culturales”, explica el investigador. Este factor se refiere a la interacción entre aspectos sociales y ecológicos, y cómo estas interacciones influyen en la sostenibilidad de los destinos turísticos.

“La integración efectiva de las dinámicas socio-ecológicas en la planificación y gestión turística permite no solo conservar el medioambiente, sino además fortalecer a las comunidades locales promoviendo un desarrollo turístico que beneficia tanto a las personas como al entorno natural”, puntualiza el investigador.

Las redes colaborativas, como la de San Cipriano, tienden a manejar mejor los recursos turísticos y a abordar las necesidades locales. En contraste, las estructuras más centralizadas, como en Parque Los Nevados, pueden enfrentar desafíos en términos de inclusión y adaptabilidad. Comprender y adaptar estas estructuras a las dinámicas socio-ecológicas específicas de cada destino es esencial para promover un desarrollo turístico sostenible y equilibrado.






miércoles, 3 de julio de 2024

Mal manejo de residuos y turismo no controlado contaminan manglares del Pacífico

 Expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira evidenciaron que la contaminación del agua de los manglares de Buenaventura –con 47,7 % de contenido de espumas– es casi 7 veces más alta que la de Tumaco, en donde predominan las fibras (65,1 %). El Pacífico colombiano alberga cerca del 73 % de las áreas de manglar del país.

En este trabajo, el más reciente del grupo de investigación Ecología y Contaminación Acuática (Econacua), se evaluaron las diferencias entre las bahías de Buenaventura y Tumaco con respecto a la contaminación por microplásticos en agua asociada con manglares, y se confirmó la influencia de factores humanos y climáticos en la concentración de estos.

Su autora, Laura Vanessa Vidal Torralba, magíster en Ingeniería Ambiental de la UNAL, definió dos zonas de manglar por cada bosque, una de baja y otra de alta densidad. En Buenaventura seleccionó el área de San Pedro, menos intervenida, y la Piangüita con mayor actividad; en Tumaco escogió Bocagrande como la de menor intervención y Rómpido como la de mayor, y allí realizó muestreos en periodos de temporada seca y de lluvias.

Así determinó que en los manglares de la Costa Pacífica los niveles de microplásticos es de 71,64 partículas/m³. En la bahía de Buenaventura se registró una concentración de microplásticos totales significativamente superior: 125,51 ± 27,56 partículas/m³ respecto a Tumaco, que es de 17,78 ± 4,39 partículas/m³.

La alta presencia de espumas en los bosques de manglar de la bahía de Buenaventura se explicaría por el uso frecuente de plásticos de un solo uso, especialmente de aquellos que contienen poliestireno expandido, común en envases de comida y productos desechables, en áreas turísticas como Piangüita y San Pedro. 

“Los macroplásticos mal gestionados se descomponen en fracciones más pequeñas debido a influencias ambientales como el oleaje, la salinidad, la exposición solar, la temperatura y la abrasión, lo que habría contribuido a la acumulación de microplásticos”, explica la magíster Vidal.

La presencia de fibras en Tumaco se relacionaría con la descarga de aguas residuales de actividades de lavandería e industrias textiles ubicadas en la zona de drenaje de la cuenca hidrográfica, y especialmente con la liberación no intencional de redes de pesca en el ecosistema.

Los análisis también revelaron que las concentraciones aumentan sustancialmente durante la época de lluvias, debido a que incrementan el caudal de los ríos que desembocan en las bahías transportando consigo microplásticos desde los ecosistemas terrestres hacia los marinos. Los sitios más intervenidos por actividades humanas dentro de cada bahía presentaron niveles hasta 4 veces mayores que en los sitios menos intervenidos.

Una barrera natural

Otro hallazgo fue la relación entre la estructura del manglar y la concentración de microplásticos. Los manglares más desarrollados –como los de San Pedro (Buenaventura) y Bocagrande (Tumaco)– tienden a tener concentraciones más bajas de microplásticos en el agua, lo que sugiere que actúan como barreras biológicas efectivas. Estas estructuras densas ralentizan el movimiento del agua permitiendo que los microplásticos se sedimenten antes de llegar al mar.

En relación con la concentración de microplásticos, 7,1 veces mayor en Buenaventura, la investigadora considera que la forma semicerrada de la bahía también favorece la acumulación de estos materiales. En contraste, Tumaco, con una bahía más abierta al mar, muestra una menor retención, ya que estos son rápidamente transportados hacia el océano.

Al comparar las concentraciones de microplásticos en aguas de ecosistemas de manglar de estos municipios con respecto a otros estudios realizados alrededor del mundo, se evidenció que las cantidades son más bajas que las reportadas en la Isla del Carmen en México, la isla de Hainan, las bahías de Xiamen y el Golfo de Tonkín en China, la bahía de Todos los Santos en Brasil, la franja costera de Singapur y la costa este de Sudáfrica. 

En Colombia las concentraciones en Buenaventura son mayores que las de la bahía de Cispata, en el Caribe colombiano, la bahía de Tumaco y los manglares de los ríos Saija y Timbiquí, en el Pacífico colombiano. En Tumaco fue menor respecto a los demás sitios mencionados, pero mayor a la reportada en los manglares de los ríos Saija y Timbiquí.

Según se indica en el trabajo de investigación, “la densidad poblacional en Buenaventura fue 21,1 % más alta que la de Tumaco, con una producción anual de residuos 18 % mayor según el DANE y el Departamento Nacional de Planeación (DNP). Los ríos Dagua, Potedó, Anchicayá y Raposo son los principales afluentes que desembocan en la bahía de Buenaventura, cuerpos de agua dulce considerados como una importante vía de acceso de microplásticos”.

Las muestras de agua se recolectaron en agua superficial para luego analizarlas tanto en campo como en laboratorio utilizando técnicas avanzadas de separación y caracterización. El análisis incluyó la medición de parámetros como salinidad, temperatura y oxígeno disuelto, además de la evaluación de la estructura del manglar, y la densidad y altura de los árboles. Para eso emplearon métodos estadísticos avanzados como la Permanova y los Modelos Aditivos Generalizados Multivariados (GAM) para interpretar los datos​.

Esta investigación sienta las bases para futuras investigaciones y políticas públicas que permitan implementar estrategias que reduzcan la presencia de microplásticos, en especial aquellos provenientes de plásticos de un solo uso, que predominan en ambas bahías.








miércoles, 15 de marzo de 2017

"2017 ENCUENTRO CON LA NATURALEZA"

Cartagena de Indias, oficialmente Distrito Turístico .



Con el gran paso del tiempo, Cartagena ha desarrollado su zona urbana, conservando el centro histórico y convirtiéndose en uno de los puertos de mayor importancia en Colombia, el Caribe y el mundo así como célebre destino turístico.




La ciudad cuenta con un gran Centro Internacional de Convenciones y adicionalmente dos Centros de Convenciones de menor envergadura ubicados estratégicamente en reconocidas cadenas de hoteles de la ciudad.


Cartagena se convirtió en una ciudad cargada de historia y de recuerdos hispánicos. Desde un principio y durante toda la época colonial fue un importante y estratégico puerto, terminal de la navegación por el río Magdalena y lugar donde se reunían las flotas españolas procedentes de otros puertos sudamericanos, y en especial las que llevaban la plata peruana a España.



 Este papel de puerto estratégica queda reflejado en las fortalezas (San Fernando, San José, San Sebastián del Pastelillo, San Lorenzo, San Felipe, La Tenaza) y en las murallas que rodean la ciudad antigua, que tiene iglesias, casas, plazas y calles típicamente españolas. La ciudad vieja está rodeada por el mar Caribe al O, la bahía de C. al S y una serie de lagos y lagunas al N y E. Con la independencia empieza una época decadente para C.: por un lado, se derrumba el monopolio comercial español y por otro llega a encenagarse el canal que comunica la ciudad con el río Magdalena.



La ciudad posee un clima tropical húmedo y una temperatura promedio anual de 29 °C. Cartagena de Indias tiene una humedad relativa +90%, con la estación lluviosa típicamente entre abril-mayo y octubre-noviembre. Es de resaltar que aunque el clima tiende a ser caluroso todo el año, la presencia de brisa hace que el clima sea agradable .


 Los meses de noviembre a febrero son los más ventosos del año. A pesar de que los meses de septiembre y octubre son los más nublados y lluviosos, el sol está a menudo presente en cada día. 



 Cartagena de Indias es uno de los destinos turísticos más importantes de Colombia y América Latina. 



El turismo se convirtió en un factor potencial de la ciudad gracias a sus atractivos naturales y su rica historia, de manifiesto en la variedad de estilos arquitectónicos. En Cartagena se dan cita el barroco español, la arquitectura colonial española y el estilo neoclásico, entre otros.


El centro histórico de Cartagena, «La Ciudad Amurallada», fue declarada Patrimonio Nacional de Colombia en el año 1959, mientras que en 1984, el Comité del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO la incluyó en la lista del patrimonio mundial como «Puerto, Fortaleza y Conjunto Monumental de Cartagena de Indias».


FLORA Y FAUNA
El principal exponente de la flora y fauna de Cartagena es el Jardín Botánico Guillermo Piñeres39 a 130 msnm en jurisdicción del Municipio de Turbaco. Según los estudios realizados por esta fundación que contribuye al conocimiento florístico y de fauna del Caribe colombiano, las especies más representativas son la Sterculia apétala (Camajorú), Bursera simaruba (Indio en cuero), Tabebuia rosea (Roble), Enterolobium cyclocarpum (Carito), Tabemae montana cymosa (Cojón de fraile), Nectandra turbacensis (Ají), Hura crepitans (Ceiba de agua), Cedrela odorata (Cedro), Anacardium excelsum (Caracolí) y Ficus máxima (Copei). Los principales ecosistemas representativos son Herbal medicinal, Arboretum, Palmetum, Frutales, Ornamentales, Xerofíticas. También existe una variedad de animales propios de la Región Caribe, como son los monos colorados aulladores, perezosos, murciélagos, zorras, conejos silvestres, ardillas, pájaros, iguanas, lagartos, serpientes, insectos y otros invertebrados así como el ave representativa de la ciudad que es la Mariamulata (Quiscalus mexicanus).



Más de 275 años, Cartagena estuvo bajo el dominio español. 


 La industria es una de las principales actividades económicas de la ciudad aportando el 10% de los empleos. Una de las actividades industriales más destacadas es la fabricación de sustancias químicas y productos derivados de la refinación de petróleo. La mayoría de industrias se encuentran en el Parque Industrial de Mamonal, considerado una de las zonas industriales más importantes de Colombia en el cual se localizan una 209 grandes y medianas empresas que generan cerca del 8,04% del producto interno bruto industrial del país (2004) y la Zona Industrial de El Bosque donde se encuentran las principales zonas francas de las varias que posee la ciudad.


 Antes de la llegada de los españoles, y a pesar de que se sabe que los indígenas eran politeístas, en materia de religión se tiene muy poca información, ya que no poseían lengua escrita y los cronistas españoles no se adentraron en ella, por lo que en relación con las costumbre religiosas se hace referencia a las de los mayas, ya que por herencia, estos son los predecesores de las tribus indígenas asentadas en lo que es hoy Cartagena de Indias.


 Entre los museos y centros culturales más importantes encontramos al Museo de Oro, Museo de Arte Moderno de Cartagena, Casa Museo Rafael Núñez, Museo Naval del Caribe, Museo San Pedro Claver, Casa Museo de Bolívar, Casa Cultural Colombo Alemana, Casa España, Centro Cultural de Cooperación Española Cartagena, Centro Colombo Americano, Casa del Marqués Valdehoyos, Palacio de la Inquisición, Escuela de Bellas Artes de Cartagena, Alianza Colombo Francesa de Cartagena, Sede Festival Internacional de Cine, Sala Cultural «Domingo López Escauriaza» y Museo de Arte Moderno de Cartagena.



 El Concurso Nacional de Belleza o "CNB" es un certamen que ha sido celebrado en la ciudad de Cartagena de Indias desde 1934; la ganadora recibe el título de Señorita Colombia y es la representante de Colombia en Miss Universo


Por ser una ciudad con un amplio portafolio turístico lleno de historia, diversión, museos, restaurantes, hoteles y lugares para visitar. Cartagena cuenta con diferentes guías turísticas con las cuales los locales y extranjeros pueden planear su recorrido por la ciudad sin perderse ningún detalle.


 Cartagena se ha distinguido por ser cuna de excelentes músicos y fuente de diversas expresiones musicales. Es considerada por algunos la principal cultura musical original de la ciudad de Cartagena en la actualidad; nombrada así desde hace más de veinte años, que luego se traduciría a un tipo de baile y por último a un género musical. La champeta está inspirada en la música europeo-africana tiene su origen en Cartagena de Indias y de San Basilio de Palenque.
El mapalé, la cumbia y el son, entre otros, son aires que han hallado un ambiente propicio para su desarrollo en la ciudad.

PRO-AMBI - agradece al fotógrafo Larry Velasquez    (viajero)

Y a ti por tu amable visita a nuestra pagina