martes, 13 de septiembre de 2022

Uso de glifosato en cultivos de caña afecta población de orquídeas en Palmira

 Un tudio adelantado en zonas aledañas a los cultivos de caña de azúcar en Palmira evidenció que el glifosato afecta de manera negativa las flores de Epidendrum melinanthum, orquídea originaria del Valle del Cauca que ha registrado una disminución significativa en las últimas décadas.

Con un promedio de 200 hectáreas cultivadas de caña de azúcar, el Valle del Cauca es el principal sector azucarero de Colombia. En su proceso de maduración, la caña es tratada con glifosato, un herbicida que aunque aumenta el rendimiento de la sacarosa hasta cinco veces más en el tallo, su uso en grandes extensiones tiene un efecto dañino sobre otras áreas agrícolas y especies nativas aledañas a los cultivos.

Este es el caso de la orquídea terrestre E. melinanthum, originaria del departamento, que crece en los árboles y ha registrado una disminución significativa en las últimas décadas.

Es de anotar que en los árboles adyacentes al monocultivo de caña de azúcar, dentro de un rango de 100 m, ya no se observan las orquídeas en estas zonas, como era tradicional.

Precisamente, tras observar la desaparición de esta especie ornamental en la región, investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira se dieron a la tarea de estudiar si el glifosato afecta a la orquídea terrestre y a los hongos endófitos de raíz.

La investigación se adelantó en el invernadero de la Sede durante seis meses, en los cuales se evaluó el impacto con tres dosis de RoundUp –el herbicida más vendido en el mundo–, que fueron determinadas a partir de las utilizadas para la maduración en caña de azúcar, equivalentes a 1,5 litros del herbicida por hectárea, un poco más de la cantidad usada para erradicar una hectárea de coca en Colombia, que corresponde a 1,4 litros de glifosato, 13 litros de agua y 0,25 litros de Cosmo-flux, un adherente que potencia el efecto del glifosato.

Efectos indirectos, pero relevantes

El estudio adelantado por el profesor Joel Tupac Otero y la estudiante Érika Perea-Morera, del Grupo de Investigación en Orquídeas, Ecología y Sistemática Vegetal del Departamento de Ciencias Básicas de la UNAL Sede Palmira, arrojó que el glifosato afecta negativamente las flores de las orquídeas y sus hongos de raíz, y expusieron los aspectos que sugieren el potencial negativo del herbicida a través de la evidencia de coloración en tallos y hojas, así como la caída de estas.

Según los investigadores, “los efectos negativos sobre las poblaciones de orquídeas se refieren a la deforestación o la sobreexplotación, pero hay otros efectos indirectos –más sutiles– que podrían estar causando la reducción en tamaño poblacional, como el uso de herbicidas en grandes extensiones de producción de caña de azúcar; por lo tanto, es imperativo diseñar políticas de conservación para evitar la extinción de estas especies”.

Desde 1920 se ha estudiado el uso de madurantes en la caña de azúcar, siendo “el glifosato el que presenta efectos más consistentes y de mayor efectividad para el cultivo de caña”, según señala la investigación. Además, otros estudios han demostrado que el herbicida inhibe la germinación de semillas de la orquídea terrestre de la zona templada.

Glifosato en cultivos lícitos

El glifosato es el ingrediente activo de más de 750 herbicidas, ya que mata de manera efectiva e indiscriminada todo tipo de plantas, al bloquear una enzima esencial para su crecimiento.

Tanto en el cultivo de caña de azúcar como en la erradicación de cultivos de coca, este herbicida se aplica mediante aspersión en avionetas o drones, y cuando las hectáreas de cultivos no son extensas, se contratan fumigadores.

El herbicida es altamente riesgoso para la salud humana, ya que aumenta las probabilidades de presentar cáncer, abortos espontáneos, enfermedades respiratorias y dermatológicas; tanto es así, que en 2015 la Organización Mundial para la Salud (OMS) lo clasificó como una “sustancia probablemente cancerígena para los humanos”.

Además, afecta de forma agresiva a ecosistemas y degrada las fuentes hídricas. Causa enfermedades y muerte en animales, especialmente de abejas y otros polinizadores esenciales para la nutrición. Diversos estudios han demostrado que aplicar glifosato por medios aéreos pone en riesgo la seguridad alimentaria de las comunidades.

El reto de prohibir el uso lícito de glifosato

En el mundo, 39 países han establecido restricciones al glifosato o han declarado la intención de prohibir su uso. Según la ONG Elementa, en 2019 Francia prohibió la venta, distribución y el uso de RoundUp, y ese mismo año Vietnam prohibió la importación de cualquier producto con glifosato, mientras en Alemania se prevé su prohibición para finales de 2023.

En Colombia, mediante la Sentencia T-236 de 2017, la Corte Constitucional suspendió la aspersión de glifosato hasta que el Gobierno garantizara la protección del ambiente y la salud de la comunidad. Sin embargo, cuatro años después de proferida la Sentencia, el gobierno de Iván Duque decidió reanudarla mediante el Decreto 380 de 2021. Ahora el gobierno entrante anunció su prohibición en cultivos de uso ilícito.








UNAL ofrece servicio pionero de análisis genético de cannabis

 En Colombia hay un problema para caracterizar el tipo de semilla de Cannabis sativa L. –o marihuana– que se está cultivando, ya que no hay claridad sobre la cantidad de moléculas cannabinoides presentes en la planta, es decir aquellas encargadas de producir o no un efecto eufórico o de letargo al consumirla. Estudio genético muestra que la manera más adecuada para resolver esta dificultad está en el análisis genético.

Cannabis sativa L. tiene tres subespecies conocidas en el país: Sativa, Indica y Ruderalis, y a su vez estas tienen hoy cientos de variedades que aún se están desarrollando.

En todo el país existen más de 57.000 hectáreas de cultivos, de los cuales 1.200 tienen licencias para sembrar, y se tiene proyectado que para 2030 haya un aumento considerable de este campo, ya que más de 4.000 pequeños y medianos productores están a la espera de la aprobación para producir.

En los cultivos Cannabis sativa L. no se sabe si las semillas que se ofrecen en el mercado tienen la composición molecular que los proveedores dicen que tienen; en palabras más sencillas, si tienen tanto tetrahidrocannabinol (THC) y cannabidiol (CBD) –moléculas llamadas cannabinoides– producidas por estas plantas.

Mientras el THC está relacionado con mayores estados de euforia, el CBD tiene relación con estados de letargo o calma, aunque también se ha demostrado su acción paliativa y medicinal.

La investigación realizada por Juan David Romero, magíster en Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), caracterizó agronómica y genéticamente las semillas de estas plantas para identificar el valor de cannabinoides que contenían. Para ello contó con el apoyo de los profesores Alejandro Chaparro y Felipe Sarmiento, del Departamento de Biología, y Enrique Daghar, de la Facultad de Ciencias Agrarias.

“Al analizar 360 plantas de cuatro variedades distintas, en tres departamentos de producción de Cannabis sativa L. –Valle del Cauca, Santander y Cundinamarca–, se encontró que no hay homogeneidad intravariedad de los cultivos evaluados, lo que quiere decir que el contenido de THC y CBD varía entre los grupos de plantas, incluso en los que se supone son de un mismo tipo de semilla”, explica el magíster.

Las variaciones genéticas –que eran muy pronunciadas– mostraban valores que iban desde semillas que presentaban 1 % de THC y 0,5 % de CBD, hasta algunas que tenían un porcentaje de 8 % de THC y 6 % de CBD.

Según el investigador, esto podría generar que un cultivador o productor sea engañado al comprar semillas y perder dinero, pues su cultivo no tendrá el efecto esperado, por ejemplo si necesita mayor psicoactividad.


Solución genética

En vista de esta dificultad, a partir de 2018 el Grupo de Investigación en Ingeniería Genética de Plantas, del Departamento de Biología de la UNAL, viene considerando ofrecer un servicio de genotipificación y secuenciación genética de cultivos de cannabis, pero ¿qué son estos métodos?

El experto Romero explica que la genotipificación es un método molecular que se hace por medio de la prueba de reacción en cadena de polimerasa (PCR), en la que se extrae una muestra del ADN de las plantas para establecer si dentro de una semilla o grupo de semillas está presente la capacidad de generar los cannabinoides THC y CBD.

Por otro lado, la secuenciación genética es una técnica que descifra la secuencia nucleotídica, y junto con un análisis bioinformático por medio de un software, permite indicar de manera precisa el rendimiento que tendrá una planta de Cannabis sativa en psicoactividad.

“Cualquier productor del sector agroindustrial, o cualquier cultivador, ya sea para fines comerciales o para autoconsumo, puede contactarnos para adquirir estos servicios, lo cual le permitirá saber a tiempo qué plantas son productivas para su cultivo, evitando pérdidas de tiempo, dinero, o permisos”, afirma.

Este último punto es muy importante, ya que para poder cultivar Cannabis sativa, el Instituto Agropecuario Colombia (ICA), el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima), y los Ministerios de Salud y Protección Social y de Justicia, exigen alrededor de 4 permisos y licencias, por lo que los trámites pueden tardar alrededor de año y medio.

Una de las licencias más importantes es la que permite sembrar plantas de Cannabis con efectos psicoactivos, por lo que estas pruebas son fundamentales para saber si los cultivos tendrán el rendimiento requerido.

“En la actualidad estamos culminando nuestro primer servicio, ofrecido a una compañía colombo-canadiense que tiene su producción en Boyacá. Ellos nos confiaron la caracterización de 20 de sus semillas, ya hemos avanzado en la mayor parte de la identificación genética y es una experiencia que permite que nuestra iniciativa crezca”, señala el magíster.

Para más información de cómo acceder a este servicio, los interesados pueden escribir al correodaromerobe@unal.edu.co