miércoles, 10 de enero de 2024

En el canto de la “reinita crestinegra” estaría la respuesta a su diversidad en el país

 La comunicación es el pilar de la vida, y un claro ejemplo de ello es la forma en que las aves lo hacen mediante curiosas melodías que producen sus cantos. Un ávido biólogo logró desentrañar los cambios en estos sonidos que hacen que la “reinita crestinegra”, un animal de gran importancia en el país, sea distinta en lugares como en la Serranía del Perijá, en el Cesar. Esto sería un interesante indicador de sus cambios, la defensa de su territorio y la transmisión de mensajes.

Esta ave es endémica de América del sur, y su hábitat se encuentra distribuido por Colombia, Ecuador, Venezuela y Perú, en áreas montañosas de altitudes entre los 1,200 y 3,000 metros sobre el nivel del mar. Se caracteriza por su distintivo plumaje amarillo y su cresta negra, aunque esto cambia dependiendo de si es macho o hembra, pues los colores de sus alas pueden ser más oscuros.

Son muy pequeñas, pero a la vez muy activas, y se mueven rápidamente entre las ramas buscando insectos y otras presas pequeñas que forman parte de su dieta; la existencia de subespecies de esta reinita es todo un misterio, sin embargo, gracias a los esfuerzos de Mateo Soler Barbon, biólogo de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), y el profesor Andrés Cuervo, del Instituto de Ciencias Naturales, esto podría dejar de ser un vacío en el entendimiento de la especie.

El biólogo Soler se tomó la tarea de estudiar los senderos del Ecoparque Nukasa, en Zipaquirá, que alberga ecosistemas de bosque altoandino y páramo muy bien conservados; así como la Reserva Natural Floresta la Sabana, en La Calera, que es uno de los hogares predilectos de esta peculiar ave de cresta pronunciada.

Allí recopiló datos de por lo menos 15 parejas de la reinita crestinegra y las sometió a un experimento sumamente atractivo, ya que les puso en una grabación, (el método en sí se llama playback y se usa un parlante), en la que se escuchaban los cantos de aves que son de su misma especie, pero que habitan en Cesar (Perijá) y en el centro de Perú (Áncash). La idea era observar qué ocurría, si era posible que estos pajaritos reconocieran los llamados de sus “parientes”, o si por el contrario era una “tonada” distinta para ellos.

Lo que encontraron es fascinante, pues como el mismo investigador cuenta, los cantos de las reinitas del Perijá son muy distintos tanto a los de las aves en Cundinamarca, como en Perú, y esto podría deberse a que la especie en Cesar tiene un carácter aislado, lo que significa que no tienen ningún tipo de contacto, incluyendo el reproductivo, con las poblaciones de la cordillera oriental, y, por ende, guardarían diferencias en la forma en que cantan.

Recordemos que estos sonidos de comunicación en las aves pueden variar por varias razones entre ellas: la evolución y adaptación a lo largo del tiempo en cada lugar; el aislamiento entre un grupo y otro; el aprendizaje vocal, dependiendo de los cantos a los que estén sometidos desde pequeños pueden variar su interpretación sonora, o las presiones ambientales, pues puede que los niveles de ruido en regiones distintas incidan e influyan en la comunicación de los pájaros.

“Las parejas de aves de esta región de Cundinamarca son capaces de reconocer sus cantos y comunicarse, y, de hecho, también puede discernir aquellos que son de las reinitas de Perú; sin embargo, no ocurre lo mismo con las que vienen de Perijá, allí parece haber una entidad taxonómica diferente, lo que podría significar que sería tal vez una subespecie, pero aún hacen falta más investigaciones que ahonden en esta diferencia”, asegura el investigador Soler.

Dentro de las variables medidas para llegar a esta conclusión estuvieron: cuánto tiempo se demoraban en responder vocalmente o cantar cuando escuchaban la grabación, cuánto tiempo se tomaban las reinitas para acercarse al parlante de donde provenía el sonido, cuántos saltos daban estas aves durante y después de escuchar los cantos (este comportamiento denota una posición de defender el territorio para la especie), el tiempo que gastaban cantando, y el número de vocalizaciones que hacían.

Según el biólogo, cada día se ponía un tratamiento o grabación, en total fueron 60 experimentos, y luego de tenerlos eran analizados en el software estadístico RStudio, que permite caracterizar y diferenciar cada sonido en el canto de las aves; así como encontrar las frecuencias y ocurrencias de cada una de las características medidas en estos pájaros.

“El flujo de genes que se produce a lo largo de la Cordillera de los Andes en estas aves, podría ser la respuesta para que las reinitas de Cundinamarca entiendan el canto de las de Perú”, indica el investigador.

Añade que, si se toma un ave de esta especie que habita en Cundinamarca y se lleva al Cesar, puede que no consiga pareja debido a su alto grado de discriminación a los cantos de las reinitas de ese lugar, y aquí es fundamental seguir investigando e intentar hacer los mismos experimentos en el Perú y la Serranía del Perijá, con el objetivo de determinar si se repite el patrón y si efectivamente son entidades taxonómicas distintas.






¿Qué clase de corales se adaptan mejor en el Caribe?

 Estos maravillosos seres milenarios habitan los mares del mundo y sirven como ingenieros de estos ecosistemas, por ser el hogar de diversas especies; sin embargo, cuando compiten por nutrientes y luz con organismos como los céspedes algales, algunas especies se debilitan más rápido. Una bióloga encontró los tipos de coral que se adaptan mejor en esta situación, agudizada cada vez más por el incipiente cambio climático.

Según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, entre el 70 y 80 % de los arrecifes coralinos del país se han blanqueado, lo que quiere decir que las pequeñas algas que viven en los corales –llamadas zooxantelas– están muriendo, y por ende ya no pueden aportarles nutrientes a estos animales, los cuales van adquiriendo un tono blanco y poco a poco van perdiendo toda su fuerza.

Esto es sumamente alarmante porque los informes muestran que el aumento de solo 1 °C en la temperatura del mar puede ocasionar la pérdida de las zooxantelas, que le entregan a los corales el 90 % de la energía para sobrevivir, y además, cuando pierden su huésped más funcional, los céspedes los “atacan”, o les ganan más fácilmente.

Imagine que esto es una carrera, y el que llega primero se lleva todo lo necesario para crecer de manera sana y saludable en las costas y márgenes de los mares; si el coral no tiene “combustible” quedará relegado, y el césped tendrá el primer puesto. No obstante, en algunos escenarios gana el coral, o incluso pueden vivir juntos sin ningún problema, algo así como un empate.

Precisamente aquí es donde aparece la habilidad y el conocimiento de Sarha Marcela Rodríguez García, bióloga de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien como parte del proyecto “Arrecifes coralinos del Parque Nacional Natural Tayrona (PNNT), Santa Marta, Caribe colombiano: configuración, interacciones bióticas y relaciones con la sociedad”, se interesó por encontrar los tipos y especies de coral que estaban resistiendo mejor a esta competencia por el sustrato.

Para ello analizó los corales de dos playas de este importante parque: Chengue y Granate, esta última mucho más cerca de Santa Marta y con mayor exposición a la contaminación de la ciudad y a los residuos de todo tipo que terminan sedimentando la zona e impactando a diversas especies de animales, entre ellos los corales. Esto también se debe a que la primera playa está restringida al público general y solo pueden entrar investigadores.

“Para el estudio tomamos muchas fotos de los corales de esa zona, en una especie de cuadrante recomendado por la Red Mundial de Monitoreo de Arrecifes de Coral y que será la clave para analizarlas en el software de libre acceso ImageJ, en el cual se evalúan fácil y claramente características como área, perímetro y cobertura de los corales”.


“Encontramos que en las playas de Granate los corales tienen estrategias más generales ante estas interacciones con los céspedes, que de hecho son los más frecuentes en la zona, lo que quiere  decir que tienen la posibilidad de adaptarse a más condiciones. Los de tipo colonial, que son los más conocidos por su forma de cerebro, tienen más chances de ganar esta competencia, pues pueden crecer y adquirir una mayor altura”, asegura la investigadora Rodríguez.

Dichos corales tienen 3 formas que presentan estrategias diferentes: los meandroides, que tienen series o caminos múltiples; los plocoides, que comparten una pared común, aunque esta no es muy exitosa frente a los céspedes algales; y los ceroides, que son corales yuxtapuestos y que tienen resultados neutros cuando se presenta esta interacción.

“Hicimos un gran mapa de todo lo que hay alrededor de los arrecifes coralinos, y en cerca de 100 puntos analizados por cada foto, el software identifica lo más importante para ver cómo se adapta y comporta cada coral, teniendo como factores principales la frecuencia y ocurrencia cuando se enfrentan a esta interacción”.

“Cuando el coral pierde las algas ya no tienen tejido, pues las células que lo componen mueren y el césped recubre al coral y se apropia de su zona; esta situación ha aumentado por el cambio climático, un evento que no da tregua y que pone en jaque a tal vez uno de los seres más importantes de los mares del Caribe”, indica la investigadora, cuyo trabajo fue dirigido por el profesor Sven Zea, líder del proyecto y uno de los biólogos más reconocidos del país por su conocimiento sobre este tema.

La investigación es un aporte a la tesis del Doctorado en Biología de Catalina Gómez Cubillos, quien planteaba una hipótesis similar a lo que se encontró. Por otro lado, este importante proyecto se ha realizado de la mano con las Universidades del Magdalena, Jorge Tadeo Lozano y de Giessen (Alemania), además del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andréis y la Corporación Centro de Excelencia en Ciencias Marinas.