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martes, 17 de febrero de 2026

Lluvias intensas y sequías prolongadas ponen en riesgo acueductos comunitarios del río Bolo

 De 13 acueductos comunitarios que abastecen de agua a zonas rurales de Palmira, Pradera y Candelaria (Valle del Cauca), 10 presentan una alta vulnerabilidad climática frente a eventos como aumento del caudal de ríos y quebradas después de lluvias intensas, deslizamientos, sequías prolongadas y elevados niveles de turbiedad durante temporadas lluviosas, fenómenos que ya han generado interrupciones del servicio y dificultades para el abastecimiento en la cuenca del río Bolo.

En Colombia existen más de 12.000 acueductos comunitarios y en el Valle del Cauca se estiman alrededor de 550, muchos de ellos ubicados en territorios a los que no llega el servicio de acueducto convencional. Se caracterizan porque son gestionados por las mismas comunidades que se benefician del recurso hídrico a través de juntas de acueductos, a diferencia de los municipales, que son manejados por empresas de servicios públicos encargadas del proceso de potabilización y suministro, mientras los usuarios solo pagan el recibo.

Dichas organizaciones comunitarias suelen operar con recursos limitados y dependen del trabajo voluntario de sus integrantes, lo que dificulta el mantenimiento permanente de la infraestructura y la atención oportuna de emergencias climáticas.

Ante este complejo escenario, Mayra Alejandra Pérez Ortiz, magíster en Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, creó por primera vez en el país un índice de vulnerabilidad climática para acueductos comunitarios (IVAC) de cuencas andinas tropicales, una herramienta que permite identificar qué tan susceptibles son estos sistemas a daños y qué tan preparados están para mantener el servicio de agua en esas condiciones.

Para su investigación, Alejandra aplicó el índice en 13 acueductos comunitarios ubicados en la cuenca del río Bolo, un afluente que nace en la laguna Los Cristales, en la cordillera Central, a unos 3.800 msnm, y recorre zonas rurales de Palmira, Pradera y Candelaria antes de unirse al río Fraile y posteriormente al río Cauca.

A lo largo de su recorrido, el río enfrenta presiones ambientales acumuladas, como la intervención del páramo donde nace, la deforestación en la parte media de la cuenca y la contaminación en la planicie por sedimentos, residuos sólidos, aguas residuales y escombros. En este contexto, las lluvias intensas (abril-mayo, octubre-noviembre) incrementan la turbiedad del agua y generan daños en las estructuras de captación, así como en periodos de sequía en los que disminuye el caudal de quebradas y nacimientos de agua, obligando a racionar o suspender temporalmente el servicio en algunas veredas o corregimientos.

No obstante, desde su nacimiento hasta su desembocadura, el río Bolo enfrenta múltiples presiones ambientales que agravan la calidad del agua y aumentan su turbiedad. En la zona de páramo, donde se origina el afluente, la intervención humana ha reducido la capacidad natural del suelo para retener y regular el agua.

Más abajo, en la planicie, la contaminación por residuos sólidos, aguas residuales domésticas y escombros de construcción deteriora aún más el afluente. En municipios como Pradera se han identificado puntos críticos de disposición de residuos cerca del cauce, y en barrios como Las Vegas y Primero de Mayo el río recibe descargas de basuras y aguas servidas, lo que empeora la calidad del agua que abastece a los acueductos comunitarios.

Infraestructura y clima ponen a prueba el abastecimiento de agua

El IVAC mostró que 10 de los acueductos evaluados presentan un nivel alto de vulnerabilidad climática, lo que significa que su infraestructura, capacidad de gestión y disponibilidad de agua se pueden ver seriamente afectadas durante eventos como periodos prolongados de sequía o lluvias intensas, crecientes de las fuentes abastecedoras. Por ejemplo, en el caso del acueducto Lomitas, el desbordamiento del río Bolo durante temporadas de lluvia ha generado emergencias que afectan la estructura de captación y la continuidad del servicio, mientras que 3 acueductos (23,1 %) mostraron un nivel medio.

Ninguno presentó un nivel bajo de vulnerabilidad climática, lo que evidencia que todos los sistemas evaluados tienen algún grado de riesgo frente a la variabilidad climática en la cuenca, un hallazgo importante si se tiene en cuenta que los acueductos comunitarios abastecen a comunidades rurales dedicadas principalmente a la agricultura y la ganadería –con cultivos de frutales, cereales y hortalizas, entre otros–, cuyos habitantes también utilizan el afluente para actividades recreativas.

Los resultados se atribuyen principalmente a debilidades en la infraestructura de estos acueductos; muchos no cuentan con plantas de tratamiento completas ni con procesos permanentes de desinfección. Los sistemas más sencillos cuentan con una bocatoma, un desarenador —cuya función es separar la arena y los sedimentos antes de que el agua fluya hacia las viviendas— y una red de tuberías que conduce el agua hasta las casas.

Otros acueductos incorporan elementos adicionales como tanques de almacenamiento, que permiten reservar agua, sistemas de cloración para su desinfección, medidores y redes de distribución más completas. En la mayoría de los casos, estas estructuras utilizan tuberías de PVC, concreto o hierro; incluso algunos tienen la red de distribución directa hacia las viviendas, sin tratamientos avanzados de filtración o desinfección, lo que aumenta la vulnerabilidad del servicio frente a cambios en la calidad del agua.

De igual manera, con las intensas lluvias, las quebradas o las fuentes de donde se abastecen estos sistemas tienen fuertes crecidas que dañan bocatomas y generan problemas de presión que rompen las tuberías y las redes de distribución.

“Los acueductos que obtuvieron una vulnerabilidad climática media se caracterizaron principalmente por limitaciones financieras e institucionales, como la falta de presupuesto para mantenimiento, escaso acompañamiento técnico y dificultades para planear acciones de adaptación frente al cambio climático”, señala la investigadora.

IA para la evaluación de acueductos comunitarios

A diferencia de aproximaciones anteriores, que evaluaban la vulnerabilidad climática mediante indicadores aislados, el aporte realizado por la investigadora Pérez radica en que ofrece una herramienta integral y adaptable a diferentes territorios rurales de la región andina tropical, para evaluar la vulnerabilidad climática de estos acueductos.

El IVAC concibe al acueducto comunitario como un sistema constituido por diversos componentes que incluyen las condiciones ambientales de las microcuencas abastecedoras, la infraestructura de captación y distribución, la organización comunitaria y la capacidad económica y administrativa de las juntas de acueducto; así, integra 27 indicadores que reflejan aspectos de infraestructura y operatividad, socioeconómicos, ambientales y administrativos, como el estado de las bocatomas, la capacidad de almacenamiento de agua, la existencia de sistemas de desinfección, la disponibilidad de información sobre lluvias y caudales, el número de usuarios atendidos, los ingresos del acueducto y la capacidad de las juntas para responder a emergencias climáticas.

Además, la evaluación, que utiliza la lógica difusa de la IA, permite analizar los acueductos en los que la información es incompleta o incierta, algo frecuente en sistemas rurales de abastecimiento de agua, por ejemplo, cuando no existen registros continuos de caudal, precipitación o calidad del agua en las fuentes abastecedoras.

“Comprender estas vulnerabilidades permite no solo dimensionar los desafíos actuales, como los daños recurrentes por lluvias intensas, la reducción del caudal en temporadas secas o la limitada capacidad técnica para responder a emergencias, sino también avanzar hacia soluciones que garanticen la continuidad y calidad del servicio para las comunidades rurales que dependen de estos sistemas”, concluye la investigadora.

El diseño del IVAC también contó con los aportes del Grupo de Investigación Monitoreo, Modelación y Gestión de Cuencas Hidrográficas de la UNA Sede Palmira.

 







lunes, 9 de junio de 2025

La CVC y las comunidades de Punta Bonita y el río Naya se alistan para resguardar a estos reptiles en sus playas, con el acompañamiento técnico de la WCS.

 En un esfuerzo coordinado para proteger a una de las especies más emblemáticas del Pacífico colombiano, la CVC, con el apoyo técnico de la Wildlife Conservation Society (WCS), llevó a cabo una serie de acciones preparatorias antes de la temporada de anidación de tortugas marinas en zonas estratégicas como Isla Ají, bajo la jurisdicción del Consejo Comunitario del río Naya, y Punta Bonita, en el Consejo Comunitario del río Cajambre.

Las actividades incluyeron capacitaciones, sectorización de playas y socialización del protocolo de monitoreo comunitario, con el objetivo de reforzar la protección de los ecosistemas marino-costeros y fomentar la participación comunitaria en la conservación de estas especies en peligro.

 El protocolo de monitoreo comunitario es un instrumento relevante que permitirá a los grupos de caminantes realizar un seguimiento ordenado y estandarizado de los nidos y del comportamiento de las tortugas en playas claves como Ajicito (DRMI Isla Ají) y El Bajo (en el río Cajambre).

Durante las jornadas, se realizaron ejercicios de sectorización de las playas para identificar zonas críticas de riesgo para los nidos, así como áreas seguras para su posible reubicación, en caso de amenazas como la marea alta, erosión o presencia de depredadores. También se abordaron temas como la pesca incidental —una de las principales amenazas para las tortugas— y el uso de herramientas tecnológicas como GPS y aplicaciones móviles para sistematizar los datos de monitoreo en tiempo real.

“Estas acciones no solo mejoran nuestras capacidades técnicas como autoridad ambiental, sino que fortalecen el compromiso y el conocimiento de las comunidades afrodescendientes que tradicionalmente han convivido con estas especies. El monitoreo participativo nos permite generar alertas tempranas y tomar decisiones informadas para proteger a las tortugas marinas en sus sitios de anidación”, afirmó Maryory Márquez, funcionaria del Grupo de Biodiversidad de la CVC.

Desde la comunidad de Punta Bonita, los líderes del Consejo comunitario del río Cajambre valoraron el acompañamiento técnico de la Corporación. “Nosotras, como comunidad, llevamos años viendo cómo llegan las tortugas a nuestras playas. Este año, con el apoyo de la CVC y WCS, entendemos mejor cómo protegerlas, cómo actuar si el nido está en peligro y cómo enseñar a los niños y jóvenes que estas tortugas son parte de nuestra historia. Es una tarea que hacemos con amor y compromiso”, explicó Tania Lucia Diaz, integrante de la Asociación Guardianes del Manglar de Punta Bonita.

 La experiencia de la CVC demuestra que el trabajo conjunto entre instituciones y comunidades puede generar impactos positivos reales en la conservación de especies amenazadas. Con estas acciones preventivas, se espera reducir significativamente la pérdida de nidos y aumentar el número de crías lleguen al mar.




 



martes, 15 de abril de 2025

CAMPAÑA DE PREVENCIÓN Y SENSIBILIZACIÓN EN EL RÍO PANCE, PREVIO A SEMANA SANTA

 Frente a la Semana Santa y como parte de una campaña interinstitucional de prevención y gestión del riesgo, la institucionalidad de Cali hace un llamado a los bañistas y a la comunidad que visita el río Pance para que tomen precauciones ante los peligros derivados de las intensas lluvias.

“Estamos realizando actividades en colaboración con los lideres comunitarios que hacen parte del Sistema de Alertas Tempranas – Satic Pance, anticipándonos al incremento de visitantes al corregimiento. Nuestro objetivo es sensibilizar sobre temas ambientales y promover la gestión del riesgo y desastres en esta temporada de lluvias”, destacó Norely Cuello, funcionaria de la Regional Suroccidente de la CVC.
 
Esta iniciativa es promovida por la CVC, la Secretaría de Gestión del Riesgo de Emergencias y Desastres de Cali, la Cruz Roja Colombiana, la Defensa Civil, Parques Nacionales Naturales de Colombia y el grupo comunitario Guardianes del río Pance, que se encargan de sensibilizar a los bañistas y demás visitantes sobre la importancia de una conducta responsable.

 

Edwin Cortes, socorrista de la Cruz Roja, dijo que la campaña de prevención y promoción busca educar sobre la gestión del riesgo y temáticas ambientales. “Les aconsejamos que sean precavidos al bañarse, especialmente en zonas seguras, y que tengan cuidado con los niños. Además, es importante no realizar fogatas para evitar impactos negativos en la fauna silvestre y los bosques”.

 

Durante esta jornada, también se sensibilizó sobre las serpientes nativas del área, utilizando modelos realistas en 3D para facilitar su identificación. Asimismo, se llevó a cabo una observación de aves y de la fauna silvestre presente, apoyada por un sendero interpretativo con 18 estaciones, gracias a las Guardianas del río Pance, quienes explicaron la fauna y flora del ecoparque y la relevancia de su protección.

 

Recuerde que si va a Pance, debe hacerlo de manera responsable, contribuyendo a preservar la belleza natural de este corregimiento de Cali:

 

•    Llévese la basura que generó durante su visita y deposítela en los lugares adecuados.
•    No arroje basura en el río, ni en los senderos.
•    Si va a preparar sancocho de leña, recuerde usar los espacios autorizados para evitar incendios y daños a la fauna silvestre que habita en la zona.
•    Está prohibido quemar material agrícola, vegetal u otro tipo de residuos sin autorización.


miércoles, 17 de abril de 2024

Río Magdalena, patrimonio cultural y comercial que se debe preservar

 Por el río Magdalena han navegado peces, caimanes, serpientes y tortugas, pero también la historia, la economía y la cultura colombiana. El recorrido de un tramo de 100 km de este afluente –entre Calamar (Bolívar) y Bocas de Ceniza (Barranquilla)– evidenció su protagonismo ancestral como centro neurálgico del comercio y la comunicación de las comunidades que habitan esta zona. Pese a haber sido declarado como sujeto de derechos, se necesitan acciones urgentes para su preservación y legado.

Esta primera descripción detallada de la parte baja del río Magdalena concibe la cuenca como algo que va más allá de una vía de comunicación, y la asume como un símbolo de unidad nacional y un invaluable patrimonio cultural.

El profesor Fabio Rincón Cardona, de la Facultad de Administración de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, coordinador de este proyecto, menciona que “aunque se ha dicho mucho y se ha estudiado el río, poco se ha profundizado sobre el comercio, el transporte o su valor territorial”.

Para lograr esta caracterización, en 2023 se realizaron visitas y entrevistas a más de 100 habitantes de estas áreas, la mayoría rurales, por ejemplo pescadores; además se analizaron más de 500 investigaciones realizadas en la UNAL sobre este icónico curso fluvial.

Entre los aspectos identificados hasta ahora se encuentra que la navegabilidad del río ha sido crucial para el transporte de una amplia gama de productos, desde los tradicionales tabacos hasta el codiciado café colombiano.

Hoy el Magdalena sigue siendo una arteria vital para el comercio y el turismo, transportando carga y pasajeros desde el interior del país hacia los puertos en la costa Caribe como Barranquilla y Cartagena, además del envío de madera y carbón. Se destacan productos agrícolas como café, banano, cacao y caña de azúcar, junto con alimentos frescos como frutas, verduras y pescados.

Tales actividades económicas no son solo medios de subsistencia, sino también expresiones arraigadas de la identidad cultural y la conexión con la tierra y el río.

En esta zona del país se resalta el vital papel de las mujeres en estas actividades económicas, como pescadoras, agricultoras y guardianas de tradiciones culinarias y artesanales. En cuanto a la agricultura, ellas son responsables de sembrar y cosechar una variedad de productos, desde la yuca y el maíz hasta el plátano y la ahuyama.

“Por ejemplo, la carpintería de ribera, una habilidad transmitida de generación en generación se utiliza para construir y reparar embarcaciones tradicionales como canoas, balsas, o pequeños barcos sin motor”, anota el docente, quien con expertos del Museo del Río Magdalena en Honda (Tolima) exponen los resultados de esta primera aproximación en una exposición permanente, en el Salón Independencia Fluvial del Museo del Río Magdalena.

De igual manera, el Magdalena es un refugio para la biodiversidad y un laboratorio viviente. Alberga variedad de aves acuáticas, caimanes, cocodrilos, tortugas de río, anfibios y mamíferos como el jaguar, el oso hormiguero y el mono aullador, además de diversas especies de peces.

Así mismo, esta primera caracterización destaca que el río ha sido un centro neurálgico de comercio y comunicación, forjando vínculos entre pueblos y culturas –como los taironas, muiscas, panches y zenúes– mucho antes de la llegada de los conquistadores españoles; hoy se estiman 132.156 habitantes.

El Canal del Dique y la transformación del paisaje

La construcción del Canal del Dique en el siglo XX transformó la dinámica del delta, que es una especie de triángulo tajado y el paisaje actual de Bocas de Ceniza, extremo del continente sobre el mar y puntada final del río, resultado de la constancia del cambio facilitando la navegación, pero también alterando su paisaje.

Sin embargo, aunque la conexión entre el río y el mar sigue siendo fundamental para la vida en la región, marcando un equilibrio entre lo salado y lo dulce, entre lo humano y lo natural, los morreros, habitantes del Morro, ubicado en la Ciénaga de Pajaral, manifestaron su preocupación sobre cómo antiguos caños y cuerpos de agua dulce han desaparecido o se reducido drásticamente debido a la construcción de la Troncal y proyectos petroleros, afectando tanto a la vida acuática como a las comunidades que dependen de ella.

 





miércoles, 7 de febrero de 2024

Cátedra sobre el río Magdalena, oportunidad para recalcar urgencia de su preservación

 Con una extensión de 1.528 km, el río Magdalena fue declarado como Monumento Nacional en 1959 y como Patrimonio de la Humanidad en 1995. Pese al protagonismo histórico que le ha hecho merecedor de tales títulos, existe una seria preocupación por su “salud”. La Cátedra Nacional “Pacto de país por el río Grande de la Magdalena”, liderada por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, que se inaugura hoy, abordará su valor simbólico, cultural, medioambiental, económico y social en 16 sesiones a las que ha convocado expertos nacionales e internacionales.

El río Yuma, como lo llamaban los muiscas, ha dejado de ser sostenible, ya que sus recursos no perduran en el tiempo porque es mayor la demanda que lo que puede ofrecer. Aspectos como la caza incontrolada de especies, la tala indiscriminada, la industrialización de la pesca, el vertimiento inadecuado de basuras y materiales de construcción, y la falta de plantas de tratamiento de aguas residuales los asfixian desde hace décadas, a tal punto que en julio de 2023 fue declarado como “sujeto de derechos” para que se efectúen todas las acciones tendientes a su protección, y para mitigar el impacto ambiental.

El profesor Fabio Rincón Cardona, de la Facultad de Administración y director la Cátedra Nacional “Pacto de país por el río Grande de la Magdalena”, que se realizará de manera virtual desde la UNAL Sede Manizales, afirma que este afluente se ha estudiado por años, no es la primera vez, y su situación está sobrediagnosticada; ahora el reto es actuar con las comunidades y las entidades, porque la responsabilidad de su preservación es de todos”.

“Este pacto de país por el río Magdalena permitirá vincular tanto a entidades públicas y privadas como a profesionales de todas las áreas del conocimiento para que se pueda construir y contribuir con nuevas estrategias que generen conciencia real sobre la urgencia que implica el cuidado de los ríos, y del Magdalena en concreto”, agrega.

El geólogo Germán Vargas Cuervo, profesor de la UNAL Sede Bogotá, quien ha estudiado este río por más de 30 años, menciona un aspecto fundamental para abrir la Cátedra, y es la comprensión de la dinámica natural del río.

“La mayoría de las afectaciones al cauce son intencionadas, solo en algunos casos son naturales; por ejemplo, cuando ocurren desbordamientos de la cuenca suelen construirse barreras de contención, pero estas también alteran las dinámicas del río en un futuro, al otro lado de la orilla o más abajo; otro claro ejemplo es la adecuación de represas, que aunque proporcionan energía a las viviendas, también retienen el líquido afectando todo un ecosistema que dependía de ello, y es necesario interpretar la lectura de qué es desarrollo”, anota el investigador.


El profesor Gonzalo Duque Escobar, ingeniero civil experto en geología y mecánica de suelos, y quien estará a cargo de una de las sesiones de la Cátedra, señala que “la cuenca del Magdalena tiene una solemne representación cultural y social en el país, es la conectividad entre los municipios aguas abajo”.

“La Cátedra es un espacio de pensamiento crítico que invita precisamente a reflexionar, pues se debe dejar de pensar la cuenca como un espacio geográfico, ya que es más que eso: es vida, es desarrollo que se debe seguir conservando”, destaca el académico.

La Cátedra se enmarcará en cuatro pilares fundamentales: (i) Introducción, (ii) Procesos e historicidad, (iii) Influencias en estudio, y (iv) Mejoras y propuestas para la recuperación del Magdalena.

Además contará con la participación de expertos de la UNAL, el Centro de Pensamiento río Magdalena, el Museo del Río, la Universidad Jorge Tadeo Lozano, el Banco de la República, el Instituto de Estudios Ambientales (IDEA) de la UNAL, el Atlántico Movimiento Ambiental (AMA) y la Universidad del Atlántico, entre otras importantes entidades.

 






viernes, 10 de febrero de 2017

" 2017 ENCUENTRO CON LA NATURALEZA "

RESTAURAR LA TIERRA DEGRADADA 



En muchos lugares de los trópicos y subtròpicos, lograr aumentos sostenibles en la productividad agrícola requerirá de una inversión significativa en el manejo sostenible de la tierra. Este es un enfoque integrado y participativo para el uso de recursos de la tierra para la producción agrícola.
Es esencial para garantizar la productividad a largo plazo de estos recursos y mantener sus funciones ambientales, al tiempo que mejora los medios de vida mediante una mayor seguridad alimentaria e ingresos màs altos.



 En años recientes, se ha experimentado una demanda creciente de mayores esfuerzos concertados para lograr la neutralidad en la degradación de la tierra. Este fue un mensaje clave de Rio +20 sin  duda surgirá en los nuevos objetivos de desarrollo sostenible.
Importantes agencias de desarrollo han asumido el llamado para construir la base de recursos naturales de la agricultura para mejorar la resiliencia de las comunidades campesinas.  
Gracias por tu tiempo con nosotros