lunes, 1 de febrero de 2021

Uso de plantas medicinales se perdería por falta de estudios-Colombia

 La migración de las comunidades rurales a las ciudades, la poca documentación disponible y la falta de estudios a gran escala pondría en riesgo el conocimiento sobre el uso potencial de estas especies en la Región Andina.

“En el norte de Suramérica no existe suficiente documentación sobre el uso de plantas medicinales; a gran escala no hay estudios que muestren patrones, y localmente los proyectos suelen ser fragmentados y en periodos cortos de tiempo”.

Así lo advierte la bióloga Diana Abaúnza, investigadora de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), después de realizar un estudio en el que se analizaron 45 documentos de 1961 a 2019, con registros de 18 departamentos, aunque el 53 % de la información se concentró en Cundinamarca, incluida Bogotá y Boyacá.

La bióloga recuerda que en los Andes colombianos, donde vive el 90 % de la población nacional y el 30 % de la población étnica, se tiene una alta riqueza asociada con su cultura indígena, ya que desde la época de la conquista se conocen escritos sobre remedios naturales.

En los documentos se encontraron 1.010 especies, 574 géneros y 144 familias de plantas consideradas como medicinales en los Andes. Dentro de los géneros más representativos están Solanum, que contiene especies como la papa, el tomate y la berenjena; Salvia, cuyas especies suelen tener usos ornamentales, medicinales y gastronómicos; Piper, en el cual se destaca la pimienta, y Betel, usado ampliamente en el sudeste asiático.

También figuran el género Senna, con plantas como el arbusto candela, y el quebracho, en los que se ha demostrado su acción laxante y, por último, el género Oxalis, comúnmente llamados oca o vinagrega, que se reconocen por tener tres hojas –como los tréboles– aunque su ingesta en gran cantidad puede tener efectos nocivos.

El 75 % de estas plantas registradas se encuentran en Boyacá. Los datos indican que el 4,1 % de la flora del país se usa como planta medicinal en los Andes colombianos”, subraya la investigadora.

Riqueza mayor

Agrega que el panorama es prometedor y a pesar de que no toda la información recopilada es significativa, la flora medicinal puede ser mucho mayor.

En ese sentido, señala que la migración de las comunidades rurales hacia las ciudades podría generar cambios en el uso de las plantas medicinales y con esto se perdería la posibilidad de estudios más profundos.


“Boyacá representa la comunidad campesina; la urbana se representa en Bogotá y la indígena tuvo muy poca representación. La revisión reveló que existe un enorme bache de información en los Andes colombianos, debido al bajo número de especialistas y especializaciones que los formen”, comenta

Sin embargo, algo positivo que se determinó es que en la última década ha habido un mayor interés de los investigadores en ese campo.

Principales usos

La revisión encontró que las plantas se usaban para 471 afecciones como inflamación, fiebre, tos diarrea, dolor abdominal, gripe, retención urinaria, fatiga, dolor de cabeza, artritis, heridas abiertas, analgésico, hipertensión, enfermedades infeccionas y parasitarias, y se administraban las hojas de forma tópica u oral, en decocción e infusión.

“Existen diferencias significativas en el uso entre campesinos, indígena y población urbana, estos últimos usan plantas medicinales para enfermedades infecciosas y parasitarias, mientras que los indígenas lo hacen para casos de traumatismo y envenenamiento”, afirma la bióloga Abaúnza.

Dentro de las 65 especies más representativas en el estudio, más de la mitad fueron introducidas a la región, todas usadas por los campesinos, 61 usadas en la comunidad urbana, 46 por los indígenas, y en todos los casos,para afecciones respiratorias y digestivas.

Actualmente las plantas introducidas son más asequibles a la población en general, además muchos estudios farmacológicos en el país y en sus regiones de origen han validado y trasmitido culturalmente su efectividad para ciertas afecciones.

Por último, la bióloga Abaúnza indica que si bien existen baches de información en muchos lugares del país, el llamado es a explorar no solo la región cundiboyacense sino la Región Andina en general, ya que a través del conocimiento del territorio y herramientas de oralidad se conservará la tradición en las comunidades y las potencialidades de estos recursos para la población en general.