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lunes, 9 de marzo de 2026

Calentamiento de mares extingue poblaciones de sardinas, advierten científicos de España, Portugal y la UNAL

 Un análisis internacional en el que participó el profesor Juan David González Trujillo, del Departamento de Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), reveló que el calentamiento sostenido del océano —de hasta 1,5 °C en las últimas tres décadas— ha reducido hasta en un 20 % la abundancia de peces en algunas poblaciones. Entre los grupos más afectados están las sardinas, los espadines y otros peces pequeños, fundamentales para la pesca y el equilibrio de las cadenas alimentarias marinas.

El estudio analizó más de 33.000 poblaciones de 1.566 especies de peces en el mar Mediterráneo, el Atlántico norte y el mar Báltico, uno de los análisis más amplios realizados hasta ahora para entender cómo el aumento de la temperatura del océano está transformando la vida marina.

El profesor González explica que “cuando los peces se concentran en zonas más frías, las capturas pueden aumentar momentáneamente, lo que puede dar la impresión de que las poblaciones están saludables”. Sin embargo, en realidad puede tratarse de una redistribución causada por el estrés térmico, donde algunas regiones se vacían de peces mientras otras se llenan temporalmente.

Agrega que, para reconstruir cómo han cambiado las poblaciones durante casi 30 años reunimos 702.037 estimaciones de biomasa —una medida que calcula la cantidad total de peces en una población— obtenidas a partir de campañas científicas de monitoreo marino realizadas entre 1993 y 2021.

Estos registros forman parte de la base de datos científica abierta FISHGLOB (https://fishglob.sites.ucsc.edu), cuya recopilación y curaduría fue adelantada por un consorcio mundial de investigadores y analistas de datos. En estas campañas, los barcos recorren zonas específicas del mar y capturan peces con redes durante trayectos controlados. Luego se cuentan, pesan e identifican las especies para estimar cuántos peces hay en cada lugar.

Al comparar esos datos con registros de temperatura del océano, que en algunas épocas del año puede llegar a incrementos de más de 5 °C, encontraron que cuando el agua se calienta durante varios años seguidos, muchas poblaciones de peces empiezan a disminuir.

Los resultados del estudio, publicado en la revista Nature Ecology and Evolution, se basan en uno de los análisis más amplios realizados hasta ahora sobre los peces marinos y la temperatura del océano. La investigación fue desarrollada por el profesor González Trujillo junto con el investigador Shahar Chaikin, del Museo Nacional de Ciencias Naturales de España, y el profesor Miguel Araújo, de la Universidad de Évora (Portugal).

El papel esencial de las sardinas

Aunque suelen pasar desapercibidos frente a especies comerciales más grandes, los peces pequeños —muchos de apenas 15 a 25 cm de largo—, como las sardinas tropicales Sardinella aurita o Harengula jaguana, cumplen un papel fundamental en las redes ecológicas y económicas del Caribe. Estas especies se desplazan en grandes cardúmenes que pueden reunir miles o incluso millones de individuos en las aguas costeras.

Por ejemplo, las sardinas se alimentan de plancton, minúsculos organismos que flotan en el agua de mares, ríos o quebradas, y transforman esa energía microscópica en alimento para depredadores mayores como atunes, meros, aves y mamíferos marinos. Por eso, cuando sus poblaciones disminuyen, el impacto se propaga por toda la red alimentaria del océano.

El patrón fue especialmente evidente en rayas y peces pequeños como sardinas, anchovetas y espadines, especies que dependen de aguas ricas en nutrientes y relativamente frías. Cuando la temperatura aumenta, el plancton del que se alimentan también cambia, lo que puede reducir su disponibilidad de alimento o alterar sus ciclos reproductivos.

En algunos casos las poblaciones simplemente se desplazan hacia aguas más frías, pero en otros, especialmente cuando el calentamiento ocurre cerca de los límites térmicos que una especie puede tolerar, las poblaciones pueden colapsar localmente y desaparecer de ciertas zonas del mar.

En el estudio también se analizaron las olas de calor marinas, episodios extremos en los que la temperatura del océano se dispara durante días o semanas. Durante estos eventos, el impacto puede ser aún más brusco. Algunas poblaciones de peces que viven en los márgenes más cálidos de su distribución pueden perder hasta el 40 % de su biomasa en poco tiempo, mientras que en regiones más frías se pueden registrar aumentos temporales cuando los peces migran hacia allí buscando refugio térmico.

Movimientos engañosos

Aunque el análisis se concentró en el hemisferio norte, sus resultados tienen implicaciones directas para países tropicales. En el Caribe colombiano habitan especies de sardinas y anchovetas que cumplen el mismo papel ecológico que las estudiadas en Europa y Norteamérica: conectan el plancton con los grandes depredadores y sostienen pesquerías costeras.

“En los trópicos todavía estamos en aras de ver si la información que tienen los pescadores o las grandes pesqueras se vuelve pública, porque en el trópico todavía no tenemos datos sobre lo que está pasando con las poblaciones de peces”, indica el experto.

Según datos de la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (AUNAP), las pesquerías de pequeños peces como las sardinas y anchovetas forman parte importante de la captura marina en varias zonas del país y son fundamentales para la economía de pescadores artesanales del Caribe. Estos peces se consumen frescos, se utilizan como carnada o se procesan para harina de pescado, un insumo fundamental en la acuicultura.

Datos del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura muestran que en Colombia más de 1 millón de personas están vinculadas al sector pesquero, de las cuales 300.000 están relacionadas directamente con la pesca artesanal, por lo que, si el calentamiento reduce la abundancia, los primeros afectados son ellos.






viernes, 24 de septiembre de 2021

Deforestación y emisiones del CO2, los mayores enemigos contra el calentamiento

 Prevenir la deforestación, producir energías renovables y sostenibles, además de avanzar en la gobernanza ambiental, son algunas de las políticas públicas efectivas de mitigación y adaptación para que Colombia cumpla con la meta de reducir en 51 % las emisiones de gases efecto invernadero del país para el 2030.

Así lo recomienda Gustavo Ortega, doctor en Derecho de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y miembro del Grupo de Investigación del Instituto de Estudios Ambientales (IDEA) de la UNAL, quien explica que la gobernanza ambiental debe involucrar actores de la sociedad civil –como empresa privada y comunidades locales– como parte de la hoja de ruta que llevaría al país a cumplir sus metas frente a la lucha contra el cambio climático para la próxima década.

El experto recordó que el cambio climático es una realidad que debemos afrontar día tras día, por lo que es importante fortalecer la política ambiental tanto en mitigación como en adaptación (integración de instrumentos de planificación ambiental y territorial, inversión en proyectos ambientales, etc.).

En momentos en que se analizan los avances de las acciones de los países para frenar este fenómeno en la Semana del Clima de Nueva York –evento global organizado por The Climate Group y las Naciones Unidas, en colaboración con la COP-26– el investigador aseguró que aunque las estrategias que se adelantan en el país han seguido los lineamientos que se han venido aprobando en la ONU, aún falta por hacer.

Esas estrategias consisten especialmente en planes de mitigación para disminuir la concentración de gases de efecto invernadero de origen humano (antropogénicas) y otros de adaptación, con el fin de reducir vulnerabilidades y riesgos.


Según el académico de la UNAL, Colombia, por sus características geográficas, biofísicas y de capacidad económica, es altamente vulnerable al impacto del cambio climático y se ha evidenciado con hechos como la pérdida de los glaciares, y la biodiversidad, la intensificación de sucesos meteorológicos como huracanes, así como el incremento en el nivel del mar que genera erosión e impactos de litoral y ecosistemas de manglares.

Producción limpia

Sin embargo, el principal factor está asociado con la contaminación por emisiones a la atmósfera. Según sus investigaciones, por no encontrarnos dentro de los países con mayores niveles de industrialización, nuestras emisiones están ocasionadas especialmente por la deforestación y los cambios en el uso del suelo.

En este sentido, la pérdida de bosques, por ejemplo en la Amazonia, es un aspecto crítico, pues afecta la capacidad de los ecosistemas para capturar dióxido de carbono y producir oxígeno. También influyen en gran medida la industrialización y quema de combustibles fósiles como los derivados del petróleo y del carbón, por lo que se deben diseñar estrategias de producción limpia.

Precisamente en el documento “Convergencia por Colombia: Ideas desde la universidad para diálogos constructivos”, realizado por la UNAL en junio pasado, en marco del “Pacto por la vida”, se precisa que Colombia puede alinear su estrategia de carbono neutralidad de largo plazo E-2050 con sus planes de recuperación económica en el periodo posCovid-19, y llevar a cabo alianzas regionales que potencien los esfuerzos conjuntos de preparación técnica de las economías para sus transformaciones.

No obstante, los expertos participantes en la construcción del Pacto reconocen la dificultad de reducir las emisiones bajo marcos insuficientes de políticas públicas y modelos productivos.

A pesar de todos estos esfuerzos, desde el punto de vista de las políticas, aún falta mucho por avanzar, y aunque gran parte de la responsabilidad en las soluciones está en mano de los países más industrializados, Colombia tiene que formar parte del proceso y hacer realidad su estrategia para seguir siendo uno de los líderes en biodiversidad.







martes, 26 de noviembre de 2019

Calentamiento global reduciría hábitat de la sierra en el Pacífico


Al simular incrementos en la temperatura superficial del Pacífico colombiano, dentro de un contexto en que las emisiones de gases de efecto invernadero continúan aumentando a lo largo del siglo XXI, y tomando como referencia escenarios proyectados científicamente, la distribución del hábitat potencial de la especie Scomberomorus sierra cambiaría negativamente.




Este fue uno de los resultados de Sobeyda Arely Herrera Montiel, magíster en Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, quien determinó que en 2050 y 2080 la sierra disminuiría su probabilidad de presencia en más del 10 %.
La investigadora evaluó los cambios potenciales en la distribución de la sierra en condiciones de calentamiento global, con base en escenarios propuestos por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas, y con la dirección del profesor John Josephraj Selvaraj y codirección de Karold Viviana Coronado Franco, dentro del Grupo de Investigación en Recursos Hidrobiológicos.


La sierra (Scomberomorus sierra), una de las especies de peces de mayor relevancia comercial en el Pacífico colombiano, aportó en 2013 el 2,9 % de la pesca artesanal. Se estima que en la región, donde existen más de 13.000 pescadores artesanales, las especies más aprovechadas son sierra, zafiro y jurel, según datos de ese mismo año.

Para contribuir a su protección, la investigadora Herrera evaluó diferentes escenarios climáticos que plantea el IPCC según los gases de efecto invernadero (GEI) proyectados para los próximos años, cuyo cálculo se puede medir en cambios de radiación que, en este caso, se evaluaron en tres escenarios de incremento: 2,6, 4,5, y 8,5 vatios por metro cuadrado para 2100.
A medida que aumentaron las concentraciones de GEI con los años y por lo tanto aumentó la radiación, la investigadora simuló el incremento en la temperatura superficial del mar para obtener la distribución de la sierra en los meses de estacionalidad de la especie (noviembre a abril) en diferentes periodos: corto (2020), mediano (2050) y largo plazo (2080), considerando que las mayores probabilidades de presencia de sierra se presentan cuando la temperatura fluctúa entre 25 y 27 °C.


 Entonces, si un incremento de la probabilidad de distribución mayor al 10 % respecto al valor actual es un cambio positivo, una disminución en la probabilidad de distribución mayor al 10 % es un cambio negativo, y los valores menores al 10 % son neutros, se determinó que un escenario de bajas emisiones de GEI (RCP 2.6) favorecería la distribución de sierra, sin importar el periodo ni el mes.


 Entre tanto, en un escenario de emisiones intermedias (RCP 4,5) presentaría una distribución equitativa entre cambios positivos y negativos, con una tendencia al incremento de los negativos a finales del siglo (2080).
Finalmente, los mayores cambios negativos, asociados con la disminución de la probabilidad de presencia de sierra, se presentaron en el escenario de emisiones altas (RCP 8,5) a mediano (2050) y largo plazo (2080).
“Los resultados reportados en el presente estudio servirán como insumo para tomar decisiones relacionadas con el manejo, aprovechamiento y conservación de la sierra, así como para generar posibles medidas de gestión y mitigación de los efectos del cambio climático sobre este importante recurso”, comentó la investigadora Herrera.


Distribución actual
Antes de los resultados predictivos para 2020, 2050 y 2080, la investigadora midió la distribución actual del hábitat de la sierra en el Pacífico, teniendo en cuenta variables oceanográficas como temperatura superficial del mar (TSM), clorofila-a –que depende de la disponibilidad de luz y nutrientes– y batimetría, que se refiere a las variaciones del relieve del fondo del mar. La información la obtuvo del Sistema de Información Ambiental Marina (SIAM) y del Grupo de Procesamiento de Biología Oceánica de la NASA.
Para analizar los resultados, la zona se dividió en norte (Chocó), centro (Valle del Cauca y Cauca) y sur (Nariño), y las probabilidades de distribución se clasificaron de 0 a 0,3 (baja), 0,4 a 0,6 (media) y entre 0,7 a 0,9 (alta) desde 2012 hasta 2016, entre noviembre y abril.
Los resultados mostraron que “la zona centro fue la de mayor probabilidad de distribución, pues se mantuvo relativamente constante todos los meses, comparada con la zona norte que presentó mayor probabilidad de distribución solo en enero, y con la del sur que mostró probabilidades medias a altas de diciembre a abril”, explicó la investigadora.

Fuente :  Universidad Nacional -Palmira -Colombia 




miércoles, 14 de octubre de 2015

"2015 ENCUENTRO CON LA NATURALEZA"


Fríjoles que pueden vencer el calor !


Para aliviar temores de que la producción de fríjol se viera afectada por el calentamiento global, investigadores del CIAT han identificado 30 líneas “élite” que muestran tolerancia a temperaturas 4 grados centígrados por encima de la “zona de comodidad” normal del cultivo. Esta investigación representa una importante contribución a los Programas de Investigación de CGIAR sobre Leguminosas de Grano y Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria (CCAFS).

Según modelación computarizada realizada por expertos en clima del Centro en 2014, los fríjoles tolerantes al calor pueden contrarrestar la mayoría de los impactos negativos de las temperaturas en aumento. Con base en análisis empleando 19 modelos climáticos globales, con variedades actuales, concluyeron que el área apta para la producción de fréjol habrá disminuido en un 50% hacia el año 2050. Con los fréjoles tolerantes al calor, la reducción será apenas del 5%, incluso asumiendo muy moderadamente que los fréjoles tolerantes puedan soportar un aumento de temperatura de tan solo 3 grados.
“En algunas partes de África y América Latina, los agricultores que adopten las variedades que vencen al calor realmente podrán expandir la producción en tierras en donde normalmente hace demasiado calor para sembrar fríjol”, afirma Andy Jarvis, experto en clima de CGIAR. “Estas líneas representan un descubrimiento importante para proteger una fuente vital de proteína para los consumidores de escasos recursos en el peor escenario de cambio climático con un aumento en la temperatura de 4 grados”


Científicos identificaron fríjoles tolerantes al calor entre 1.000 líneas avanzadas probadas en dos sitios en Colombia. Durante años, ellos habían mejorado las líneas confiriéndoles tolerancia a la sequía y para combatir la baja fertilidad del suelo. Luego, en 2012, expertos de CGIAR en clima publicaron resultados que sugerían que en las próximas décadas la mayor amenaza para la producción de fríjol en todo el mundo sería el estrés por calor.
Investigaciones más recientes han demostrado que en América Latina las temperaturas en aumento tendrán impactos especialmente severos en el fríjol en Brasil, Haití, Honduras y Nicaragua. En África, los cultivos de fríjol en Malawi y la República Democrática del Congo son los más vulnerables, seguidos por Kenia, Tanzania y Uganda. En Nicaragua, el 60% del cultivo de fríjol se verá seriamente afectado por las temperaturas en aumento.
Estos hallazgos propiciaron que investigadores de fríjol probaran las líneas élite bajo temperaturas extremas. El fríjol es sumamente sensible al calor, y las variedades que los agricultores siembran actualmente no dan buenos rendimientos en temperaturas nocturnas por encima de 18 o 19 grados centígrados. Las temperaturas superiores reducen drásticamente la fertilidad de la semilla, generando una reducción en los rendimientos de grano y en la calidad. En las líneas tolerantes al calor identificadas recientemente, el polen de las flores del fríjol permanece viable incluso con un aumento de temperatura de hasta 4 grados.
“Solo hasta que subimos la temperatura, nos dimos cuenta que tantas líneas seleccionadas para otros estreses también son altamente tolerantes al calor”, afirmó Steve Beebe, líder del Programa de Fríjol del CIAT”.
Muchas de las líneas tolerantes provienen de cruces entre el ampliamente cultivado fríjol común y un primo menos conocido llamado fríjol tepario, que fue domesticado en el clima árido del suroccidente de Estados Unidos y el norte de México, y es más tolerante frente a estas condiciones que cualquier otra leguminosa de grano.
“El descubrimiento de variedades de fríjol tolerantes al calor es un buen ejemplo de porqué es tan importante salvaguardar y experimentar con la diversidad genética de las plantas”, comentó Ruben Echeverría, director general del CIAT. “Las semillas en nuestro banco de germoplasma son un recurso vital para contribuir a que los agricultores en los países en desarrollo sobrelleven los impactos del cambio climático”.


Ganancia nutricional fortuita

Algunas de las líneas tolerantes al calor identificadas por Beebe y su equipo también han experimentado un mejoramiento genético para lograr mayor contenido de hierro. Las deficiencias de este micronutriente esencial afligen a uno de cada dos niños en edad de preescolar y mujeres embarazadas en los países en desarrollo, lo que los convierte en una población altamente vulnerable a la anemia y pone en peligro el crecimiento y el desarrollo cognitivo de los niños.
Para brindar una nueva medida para combatir la desnutrición de micronutrientes, investigadores de CGIAR emprendieron hace más de una década un programa pionero de mejoramiento de cultivos. El contenido de hierro de las líneas de fríjol resultante de este trabajo es el doble del que poseen las variedades que se cultivan actualmente.
Los fríjoles contribuyen a la dieta diaria de más de 400 millones de personas en todo el mundo en desarrollo. Son un alimento sumamente nutritivo, que aporta una fuente de proteína, fibra, carbohidratos complejos, vitaminas y micronutrientes de bajo costo. Como tales, los fríjoles refuerzan en gran manera la seguridad alimentaria y nutricional entre los consumidores de escasos recursos, al tiempo que reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes.
“Hace un par de años, cuando expertos en cambio climático advirtieron que las temperaturas en aumento podrían devastar la producción de fríjol, se nos preguntó cómo esto afectaría la difusión de los fríjoles con alto contenido de hierro”, dice Beebe. “Ahora, estoy convencido de que podemos entregar fríjoles más ricos en hierro que además son tolerantes al calor, brindando así beneficios incluso mayores de lo esperado, porque estos fríjoles se pueden sembrar más ampliamente”.

jueves, 1 de octubre de 2015

"2015 ENCUENTRO CON LA NATURALEZA


EL ÁRBOL DE KIRI , MITIGA EL CALENTAMIENTO GLOBAL

FERTILIZAR PAÍSES. 

Kiri originario de China, puede crecer hasta unos 27 metros de altura, con troncos de entre 7 y 20 metros de diámetro y hojas enormes que pueden alcanzar 40 centímetros de ancho. Una semilla de kiri llega al tamaño de un roble de 40 años, ya que en sólo un año llega a los cuatro metros y medio de altura. Tiene la característica que sobrevive al fuego, ya que puede regenerar rápidamente sus raíces y vasos de crecimiento, tolera la polución, y no necesita suelos fértiles, por el contrario, fertiliza la tierra, ya que sus hojas son ricas en nitrógeno, sirven de abono, mientras sus raíces previenen la erosión. Además, el árbol Kiri absorbe 10 veces más dióxido de carbono que cualquier otro árbol en el mundo, y emite grandes cantidades de oxígeno. Por todo esto, en Texas se está llevando a cabo un proyecto llamado “Kiri  Revolution” que consiste en plantar 1 millón de kiri.
Es  un árbol que puede purificar suelo infértil, también absorbe 10 veces más CO2 que cualquier otro árbol.


 Emite grandes cantidades de oxígeno y absorbe hasta diez veces más dióxido de carbono que otros árboles.


Soporta bien el frío y el calor y resiste condiciones moderadas de sequía una vez desarrollado, de 1-2 años.


Las hojas pueden ser útiles como forraje ya que poseen un valor nutricional muy alto,  excelentes para la  alimentación de ganado y también para hacer compost.


En algunas ciudades como Tijuana, se reforesta la ciudad con este árbol para luchar contra la contaminación ambiental.


SIEMBRA TU ÁRBOL Y DALE OXIGENO AL PLANETA!!

Gracias por tu amable tiempo y preocuparte por investigar y dejar tu huella para minimizar los impactos del Medio Ambiente.

viernes, 27 de marzo de 2015

"2015 ENCUENTRO CON LA NATURALEZA"



FRÍJOLES QUE PUEDEN VENCER EL CALOR

En respuesta a los temores de que la producción de fríjol sufrirá un gran impacto por el calentamiento global, científicos del CIAT han identificado alrededor de 30 líneas “élite” que muestran tolerancia a temperaturas 4 grados centígrados por encima de la “zona de comodidad” normal del cultivo. La investigación sobre estos fríjoles, financiada por el Fondo de CGIAR y documentada en un informe reciente de CGIAR, representa una importante contribución a los Programas de Investigación de CGIAR sobre Leguminosas de Grano y sobre Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria (CCAFS).
Según modelos computarizados simulados en 2014 por expertos del CIAT en clima, los fríjoles tolerantes al calor pueden resistir la mayoría de los impactos negativos de las temperaturas en aumento. Con base en análisis utilizando 19 modelos climáticos mundiales, los expertos concluyeron que, con las variedades actuales, el área adecuada para la producción de fríjol disminuirá hasta en un 50% hacia 2050. Con los fríjoles tolerantes al calor, la reducción será solo del 5%, incluso siendo conservadores al pensar que los fríjoles tolerantes pueden soportar un incremento en la temperatura de tan solo 3 grados.
“En algunas partes de África y América Latina, los agricultores que adopten las variedades que vencen el calor podrán en verdad expandir la producción en tierras normalmente consideradas demasiado cálidas para la siembra de fríjol”, afirmó Andy Jarvis, experto de CGIAR en cambio climático y director del Área de Investigación en Análisis de Políticas del CIAT. “Estas líneas representan un importante descubrimiento en defensa de una fuente vital de proteína para la población de escasos recursos contra el peor escenario de cambio climático con un aumento de temperatura de 4 grados”.
Los científicos identificaron los fríjoles tolerantes al calor entre 1.000 líneas avanzadas evaluadas en dos lugares de Colombia. Durante años, habían mejorado las líneas para lograr tolerancia a la sequía y a la baja fertilidad del suelo. Sin embargo, en 2012, expertos de CGIAR en clima publicaron resultados que sugerían que en las próximas décadas la mayor amenaza para la producción de fríjol en el planeta sería el estrés calórico.
Investigaciones más recientes han demostrado que en América Latina las temperaturas en aumento tendrán impactos especialmente severos en el fríjol en Nicaragua, Haití, Brasil y Honduras. En África, los cultivos de fríjol en Malawi y la República Democrática del Congo son los más vulnerables, seguidos por Tanzania, Uganda y Kenia. Estos hallazgos llevaron a los investigadores de fríjol a evaluar líneas élite bajo condiciones extremas.
El fríjol es sumamente sensible al calor y las variedades que los agricultores siembran en la actualidad no tienen buen rendimiento bajo temperaturas nocturnas mayores de 18 o 19 grados centígrados. Las temperaturas superiores reducen drásticamente la fertilidad de la semilla, afectando los rendimientos de grano y su calidad. En las líneas tolerantes al calor identificadas recientemente, el polen de las flores del fríjol permanece viable incluso con un aumento de temperatura de hasta 4 grados.
“Solamente hasta cuando aumentamos la temperatura, nos dimos cuenta que tantas líneas seleccionadas para otros estreses también son altamente tolerantes al calor”, comentó Steve Beebe, líder del Programa de Fríjol del CIAT. Muchas de las líneas tolerantes provienen de cruces entre el fríjol común sembrado ampliamente y un primo menos conocido llamado fríjol tepario, que fue domesticado en el clima árido del suroccidente de Estados Unidos y el norte de México, y es más tolerante a estas condiciones que cualquier otra leguminosa de grano.
“El descubrimiento de los fríjoles tolerantes al calor ilustra muy bien el porqué es tan importante salvaguardar y usar la diversidad genética de las plantas”, dijo Ruben Echeverría, director general del CIAT. “Las semillas en nuestro banco de germoplasma son una fuente vital para contribuir a que los agricultores en los países en desarrollo puedan sobrellevar los impactos del cambio climático”.
Algunas líneas tolerantes al calor identificadas por Beebe y su equipo también han sido sometidas a mejoramiento genético para mejorar su contenido de hierro. Las deficiencias de este micronutriente esencial afligen a uno de cada dos niños en edad preescolar y mujeres embarazadas en los países en desarrollo, lo que los hace sumamente susceptibles a la anemia y pone en riesgo el crecimiento y desarrollo cognitivo de los niños.
Para aportar una nueva medida para combatir la desnutrición por falta de micronutrientes, investigadores de CGIAR emprendieron hace más de una década un programa pionero de mejoramiento de cultivos. El contenido de hierro de las líneas de fríjol obtenido como resultado de este trabajo es el doble del hallado en las variedades actualmente cultivadas.
Los fríjoles contribuyen a la dieta alimentaria diaria de más de 400 millones de personas en todo el mundo en desarrollo. Son un alimento altamente nutritivo, que proporciona una fuente económica de proteína, fibra, carbohidratos complejos, vitaminas y micronutrientes. Como tales, los fríjoles refuerzan la seguridad alimentaria y nutricional entre los consumidores de bajos ingresos, reduciendo a su vez el riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes.
FUENTE :
CIAT- COLOBIA

martes, 18 de enero de 2011