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martes, 14 de abril de 2026

Modelos de inteligencia artificial detectarían partículas desconocidas en el universo

 Con el uso de técnicas de aprendizaje profundo, o deep learning, una física de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) evaluó un modelo computacional capaz de analizar interacciones entre las partículas más pequeñas del universo, como cuarks o bosones —los “legos” fundamentales del cosmos—, con un nivel de detalle mayor al alcanzado hasta ahora. Su desarrollo ayuda a identificar con mayor precisión qué partícula dio origen a otro, incluso en escenarios en los que antes era difícil distinguirlas en medio de grandes volúmenes de datos.

Como si se tratara de reconstruir una escena invisible a partir de sus huellas, en aceleradores como el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), ubicado entre Suiza y Francia, se producen millones de colisiones de protones cada segundo. Este flujo masivo de información genera un entorno saturado, en el que múltiples interacciones ocurren casi al mismo tiempo.

En lugar de observar partículas individuales, los detectores registran grupos de fragmentos que se desplazan juntos, conocidos como jets. Estos surgen cuando partículas fundamentales, como los cuarks, se transforman rápidamente en múltiples partículas más estables. Identificar qué originó cada uno de estos jets es uno de los mayores desafíos actuales.

El reto en este campo siempre ha sido determinar qué partícula dio origen a ese “chorro” de información. Algunas, como el cuark sima (quark top en inglés) —una de las más pesadas y efímeras conocidas—, desaparecen casi de inmediato, por lo que solo se pueden estudiar a partir de las partículas que generan al desintegrarse. Es como intentar adivinar qué objeto se rompió observando solo los fragmentos que quedaron en el suelo.

Para abordar este problema, la investigadora Diana Catalina Riaño Reyes, magíster en Estadística de la UNAL, junto al grupo de Partículas FENYX-UN, implementó y evaluó un modelo de aprendizaje profundo basado en arquitecturas tipo transformer, considerado como uno de los enfoques más avanzados en este campo. A diferencia de métodos anteriores, que analizaban las partículas individualmente o en estructuras rígidas, este modelo interpreta el conjunto completo como un sistema, entendiendo cómo se relacionan entre sí las partículas dentro de un mismo jet.

En lugar de ver los datos como una lista ordenada, el modelo analiza todas las partículas al mismo tiempo y reconoce cuáles son más relevantes para entender el evento. Así logra identificar patrones que antes pasaban desapercibidos, incluso en entornos con gran cantidad de información superpuesta.

Dicho cambio de enfoque permite capturar mejor características físicas como la energía de las partículas, su distribución en el espacio y la forma en que se agrupan. En otras palabras, el modelo no solo analiza fragmentos aislados, sino que además “aprende” a interpretar la estructura interna del jet, lo que mejora significativamente la identificación de su origen.

Enseñándole al modelo sobre el universo

Antes de reconocer estos patrones, el modelo tuvo que ser entrenado con millones de ejemplos. Para ello no se utilizaron directamente datos de experimentos en tiempo real sino simulaciones basadas en las leyes conocidas de la física, en las cuales los científicos pueden recrear colisiones y conocer con exactitud qué partícula originó cada evento.

Estas simulaciones, construidas a partir de bases de datos especializadas como JetClass, permiten entrenar el modelo en un entorno controlado, en donde cada caso tiene una respuesta correcta. Así, el sistema aprende a distinguir entre distintos tipos de partículas antes de enfrentarse a datos reales.

En total se analizaron cerca de 100 millones de jets correspondientes a diferentes tipos de partículas, entre ellas cuarks, gluones y bosones como el W, el Z y el Higgs. Esta diversidad es fundamental, ya que el verdadero reto no es solo identificar una partícula, sino no confundirla con otras que producen señales similares.

“El objetivo es aumentar la precisión con la que identificamos qué partícula origina un jet, lo que permite separar con mayor claridad los procesos conocidos del ruido de fondo y facilitar la búsqueda de fenómenos nuevos”, explica la investigadora Riaño, cuyo trabajo fue dirigido por el profesor Carlos Eduardo Sandoval Usme, del Departamento de Física de la UNAL.

Los resultados muestran que el modelo alcanza niveles de precisión superiores al 98 % en la clasificación de estos eventos. Más que una cifra aislada, esto significa que es capaz de reducir de manera importante los errores y distinguir con mayor claridad las señales relevantes dentro de grandes volúmenes de datos.

Además, el estudio evidenció que no solo importa la cantidad de datos, sino también la calidad de la información que se le proporciona al modelo. Incorporar mejor las características físicas de las partículas puede ser tan importante como aumentar el tamaño de los datos utilizados.

Aunque estos avances no reemplazan los sensores de los detectores actuales, que funcionan en espacios como el LHC, pero sí potencia su capacidad. En lugar de construir nuevos instrumentos, permite aprovechar mejor la información que ya se recoge, identificando patrones que antes pasaban desapercibidos.

Gracias a esto, los científicos podrían detectar con mayor facilidad eventos extremadamente raros, aquellos que ocurren muy pocas veces y que estarían relacionados con nuevas partículas o fenómenos aún desconocidos.

En un campo donde lo más importante ocurre en escalas invisibles y en instantes fugaces, mejorar la forma de interpretar los datos puede marcar la diferencia entre confirmar lo que ya se sabe o descubrir algo completamente nuevo.







martes, 10 de noviembre de 2015

" 2015 ENCUENTRO CON LA NATURALEZA "



Cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas designa un tema como eje de un año internacional, generalmente es una señal tácita de que la gente en todo el mundo tiende a dar por sentado ese tema, aunque no deberían.
El Año Internacional de las Legumbres (IYP 2016) – que será lanzado formalmente el 10 de noviembre en la sede principal de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en Roma – no es la excepción. A pesar de las virtudes nutricionales y de otra índole de las legumbres, y su enorme potencial para ayudar a enfrentar los desafíos alimentarios y ambientales más abrumadores de nuestra era, a menudo se pasan por alto esfuerzos vitales para mejorar y promover estas leguminosas de grano alimenticias.


Sin embargo, ese no ha sido el caso en el CIAT y otros centros de CGIAR. A pesar de que los tres principales cereales – arroz, trigo y maíz – continúan teniendo un lugar de honor en la investigación mundial de cultivos que lleva a cabo CGIAR, sus “mandatos” también dan prioridad a las seis legumbres más importantes: fríjol común, garbanzo, caupí, habas, lentejas y guandul. Además, en los últimos 4 años, nuestro compromiso de larga data de mejorar estos cultivos ha sido reforzado por el programa global de investigación de CGIAR enleguminosas de grano.
Para nosotros, el IYP 2016 nos brinda una oportunidad para celebrar los importantes impactos que nuestra investigación ha registrado hasta el momento, y también para convocar a donantes y socios a renovar su apoyo. Este compromiso es fundamental para traducir los extraordinarios logros de años recientes en nuevos ciclos de mejoramiento global de las legumbres, y en la seguridad alimentaria y nutricional de las aproximadamente 300 millones de personas que dependen de estos cultivos.
De modo que nuestros lectores pueden prepararse para múltiples artículos en nuestros blogs, publicaciones, imágenes, tweets y otros productos CIAT durante el próximo año – todos ellos destacando al fríjol común (Phaseolus vulgaris). Cada mes, les traeremos un tipo de fríjol único, un científico experto en el tema, un país productor, una receta de fríjol y datos interesantes.
El fríjol común es el más importante de las seis legumbres mandato de CGIAR, en términos de producción mundial y área sembrada, y la inversión de los donantes en este cultivo ha obtenido retornos especialmente altos. Según un estudio de 2008, el mejoramiento del fríjol tuvo un valor económico estimado de US$200 millones – más de 12 veces su costo.

Los descubrimientos recientes en la investigación en fríjol llevada a cabo por el CIAT responden a una de las mayores fortalezas del cultivo – el valor nutricional superior – y también a una de sus principales debilidades – rendimiento deficiente en condiciones de estrés en comparación con otras legumbres.
Algunas veces referidos como la “carne de los pobres”, los fríjoles brindan una fuente de proteína de bajo costo, carbohidratos complejos y micronutrientes valiosos. No obstante, incluso un alimento casi perfecto también puede tener espacio para mejorar. Para ello, investigadores del CIAT y sus socios nacionales emplearon una técnica de mejoramiento llamada “biofortificación” de cultivos – bajo el liderazgo delPrograma HarvestPlus de CGIAR – para desarrollar variedades de fríjol que procesaran niveles mucho mayores de hierro. Los fríjoles biofortificados, que brindan una solución práctica a las deficiencias generalizadas de este micronutriente clave para mujeres y niños, han sido adoptados por más de medio millón de hogares rurales en la República Democrática del Congo y Ruanda.
Además de sus rasgos nutricionales, el fríjol posee unos antecedentes evolutivos privilegiados, lo cual desafortunadamente ha dado pie a un serio defecto hereditario. El cultivo fue domesticado en un ambiente de bosque de mediana altitud en América tropical, caracterizado por temperaturas moderadas y suelos orgánicos ricos en nutrientes. Por consiguiente, realmente no está hecho para los suelos deficientes de clima cálido y seco de las zonas de América Latina y África oriental, central y sur en donde el fríjol se siembra ampliamente.
Sin embargo, a través de años de mejoramiento genético, los científicos del CIAT han logrado hacer que el fríjol sea mucho más resiliente frente a la sequía, cambiando el hábito ancestral de la planta de demorar la producción de semilla cuando enfrenta una escasez de agua. Dos claves para el éxito fueron la alta diversidad genética de los fríjoles salvaguardados en el banco de germoplasma del CIAT, y la hábil explotación de ciertos rasgos de raíz y brotes que contribuyen a la tolerancia a la sequía.
Actualmente, los mejoradores de fríjol del Centro están tratando de “cruzar” una mayor tolerancia a la sequía con los rasgos del fríjol asociados con un rendimiento superior en suelos de baja fertilidad, otro limitante importante de la producción. La idea es crear una nueva generación de variedades de fríjol altamente robustas en condiciones que sean normales para la producción de pequeña escala.
Hace algunos años, nuestros investigadores descubrieron que muchas líneas resilientes a la sequía ofrecen el valor agregado de tolerancia a temperaturas 4 grados Celsius por encima de la “zona de comodidad” normal del cultivo. La mayoría de estos fríjoles que pueden vencer el calor se obtuvieron de cruces realizados hace casi una década entre fríjol común y fríjol tepario. Este último es una especie “hermana” menos conocida – otro de los activos de alto valor bien guardados en nuestro banco de germoplasma – que fue domesticada en el clima árido del suroccidente de Estados Unidos y el norte de México, y es más tolerante al calor que cualquier otra leguminosa de grano.
En una feliz coincidencia del mejoramiento del fríjol, resulta que algunas de las variedades que vencen el calor además han sido biofortificadas para darles mayor contenido de hierro.
Incluso antes de estos avances recientes, las variedades modernas de fríjol con mayores rendimientos y resistencia a enfermedades ya habían sido adoptadas ampliamente en América Latina y África subsahariana. Tan solo en esta última región – gracias a los esfuerzos a los programas nacionales que forman parte de la Alianza Panafricana de Investigación en Fríjol (PABRA), coordinada por el CIAT – las nuevas variedades han llegado a más de
5 millones de hogares rurales durante la década pasada. No solamente han ayudado a los agricultores a fortalecer la seguridad alimentaria y nutricional, sino también a mejorar los ingresos familiares mediante la venta de los excedentes de grano.
El trabajo preliminar ya está dispuesto para lograr una poderosa respuesta con base en el fríjol frente a dos desafíos estrechamente entrelazados que muchos países en desarrollo confrontan en la actualidad. Estos son los impactos del cambio climático (incluidas temperaturas más altas y sequías más frecuentes), y un triple desafío nutricional que incluye (1) prevalencia continuada del hambre crónica, (2) el flagelo mayor pero más sutil de desnutrición por falta de micronutrientes y (3), una creciente incidencia de comer en exceso y las enfermedades relacionadas con la alimentación, como la diabetes y el cáncer.
Para movilizar a la ciencia del fríjol contra estos desafíos, se requiere un impulso importante para consolidar la investigación que ha hecho posible los descubrimientos recientes en el mejoramiento del fríjol y además acelerar la diseminación de nuevas variedades mediante esfuerzos más concertados para fortalecer los sistemas de semilla, como se está haciendo en Etiopía, Kenia y Ruanda. Durante el IYP 2016, resaltaremos los avances en esos y otros países.



Los descubrimientos recientes en la investigación en fríjol llevada a cabo por el CIAT responden a una de las mayores fortalezas del cultivo – el valor nutricional superior – y también a una de sus principales debilidades – rendimiento deficiente en condiciones de estrés en comparación con otras legumbres.
Algunas veces referidos como la “carne de los pobres”, los fríjoles brindan una fuente de proteína de bajo costo, carbohidratos complejos y micronutrientes valiosos. No obstante, incluso un alimento casi perfecto también puede tener espacio para mejorar. Para ello, investigadores del CIAT y sus socios nacionales emplearon una técnica de mejoramiento llamada “biofortificación” de cultivos – bajo el liderazgo delPrograma HarvestPlus de CGIAR – para desarrollar variedades de fríjol que procesaran niveles mucho mayores de hierro. Los fríjoles biofortificados, que brindan una solución práctica a las deficiencias generalizadas de este micronutriente clave para mujeres y niños, han sido adoptados por más de medio millón de hogares rurales en la República Democrática del Congo y Ruanda.
Además de sus rasgos nutricionales, el fríjol posee unos antecedentes evolutivos privilegiados, lo cual desafortunadamente ha dado pie a un serio defecto hereditario. El cultivo fue domesticado en un ambiente de bosque de mediana altitud en América tropical, caracterizado por temperaturas moderadas y suelos orgánicos ricos en nutrientes. Por consiguiente, realmente no está hecho para los suelos deficientes de clima cálido y seco de las zonas de América Latina y África oriental, central y sur en donde el fríjol se siembra ampliamente.
Sin embargo, a través de años de mejoramiento genético, los científicos del CIAT han logrado hacer que el fríjol sea mucho más resiliente frente a la sequía, cambiando el hábito ancestral de la planta de demorar la producción de semilla cuando enfrenta una escasez de agua. Dos claves para el éxito fueron la alta diversidad genética de los fríjoles salvaguardados en el banco de germoplasma del CIAT, y la hábil explotación de ciertos rasgos de raíz y brotes que contribuyen a la tolerancia a la sequía.
Actualmente, los mejoradores de fríjol del Centro están tratando de “cruzar” una mayor tolerancia a la sequía con los rasgos del fríjol asociados con un rendimiento superior en suelos de baja fertilidad, otro limitante importante de la producción. La idea es crear una nueva generación de variedades de fríjol altamente robustas en condiciones que sean normales para la producción de pequeña escala.
Hace algunos años, nuestros investigadores descubrieron que muchas líneas resilientes a la sequía ofrecen el valor agregado de tolerancia a temperaturas 4 grados Celsius por encima de la “zona de comodidad” normal del cultivo. La mayoría de estos fríjoles que pueden vencer el calor se obtuvieron de cruces realizados hace casi una década entre fríjol común y fríjol tepario. Este último es una especie “hermana” menos conocida – otro de los activos de alto valor bien guardados en nuestro banco de germoplasma – que fue domesticada en el clima árido del suroccidente de Estados Unidos y el norte de México, y es más tolerante al calor que cualquier otra leguminosa de grano.
En una feliz coincidencia del mejoramiento del fríjol, resulta que algunas de las variedades que vencen el calor además han sido biofortificadas para darles mayor contenido de hierro.
Incluso antes de estos avances recientes, las variedades modernas de fríjol con mayores rendimientos y resistencia a enfermedades ya habían sido adoptadas ampliamente en América Latina y África subsahariana. Tan solo en esta última región – gracias a los esfuerzos a los programas nacionales que forman parte de la Alianza Panafricana de Investigación en Fríjol (PABRA), coordinada por el CIAT – las nuevas variedades han llegado a más de
5 millones de hogares rurales durante la década pasada. No solamente han ayudado a los agricultores a fortalecer la seguridad alimentaria y nutricional, sino también a mejorar los ingresos familiares mediante la venta de los excedentes de grano.
El trabajo preliminar ya está dispuesto para lograr una poderosa respuesta con base en el fríjol frente a dos desafíos estrechamente entrelazados que muchos países en desarrollo confrontan en la actualidad. Estos son los impactos del cambio climático (incluidas temperaturas más altas y sequías más frecuentes), y un triple desafío nutricional que incluye (1) prevalencia continuada del hambre crónica, (2) el flagelo mayor pero más sutil de desnutrición por falta de micronutrientes y (3), una creciente incidencia de comer en exceso y las enfermedades relacionadas con la alimentación, como la diabetes y el cáncer.
Para movilizar a la ciencia del fríjol contra estos desafíos, se requiere un impulso importante para consolidar la investigación que ha hecho posible los descubrimientos recientes en el mejoramiento del fríjol y además acelerar la diseminación de nuevas variedades mediante esfuerzos más concertados para fortalecer los sistemas de semilla, como se está haciendo en Etiopía, Kenia y Ruanda. Durante el IYP 2016, resaltaremos los avances en esos y otros países.