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viernes, 13 de junio de 2025

Pese al negacionismo, crisis climática acelera reformas energéticas en América Latina

 Aunque algunos Gobiernos de la región siguen minimizando o negando la existencia de la crisis climática, los impactos ya se sienten con fuerza: desplazamientos forzados, conflictos por el agua y pérdida de territorios. Solo en 2022 se registraron 2,6 millones de desplazamientos internos en el continente americano, de los cuales el 80 % obedecieron a desastres naturales, según la Agencia de la ONU para los Refugiados (UNHCR). En 2023 Brasil y Colombia encabezaron la lista de países con más desplazados climáticos.

Este escenario fue discutido durante el panel “Reformas energéticas en América Latina: entre negacionismo climático y sostenibilidad”, realizado en la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), en el marco de la X Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales (Clacso) 2025. Para los expertos de Argentina, Brasil, Colombia, México y Venezuela, la región debe avanzar hacia una transición energética que ponga en el centro la justicia climática, la soberanía energética y los derechos humanos.

Según alertaron, la crisis climática está siendo aprovechada por intereses económicos para reconfigurar el modelo extractivista en nombre de las energías limpias, sin consultarles a los pueblos ni reconocer los efectos sociales y ambientales de proyectos como hidroeléctricas y parques solares o eólicos. “Los países siguen atrapados en estructuras jurídicas y políticas que favorecen intereses privados”, advirtieron.

Durante el evento denunciaron el impacto del negacionismo climático en las comunidades más vulnerables, el cual debilita la respuesta jurídica y política frente a la crisis global, y llamaron la atención de que las principales víctimas sean especialmente mujeres, menores de edad, adultos mayores y personas con discapacidad. No obstante, resaltaron las formas de movilización política, jurídica y social en torno a la justicia ambiental y climática que emergen en Suramérica.

Además, según afirmaron, “la hibridación de marcos jurídicos a menudo favorece intereses privados, lo que profundiza las desigualdades y desdibuja los límites entre lo público y lo privado”.

Según el profesor Javier Valencia Garza, de la Universidad de Caldas, aunque la transición energética es una bandera del actual gobierno colombiano, esta continúa privilegiando fuentes hidroeléctricas e ignora los impactos socioambientales de las grandes y pequeñas represas, como los trasvases -que consiste en trasladar agua de una cuenca a otra, por medio de obras como canales y acueductos- y con ello el desplazamiento forzado de comunidades.

“He acompañado durante 30 años a comunidades afectadas por estos proyectos en sus luchas y resistencias. No es el cambio climático el que desplaza a las personas, son los proyectos de desarrollo mal concebidos”, afirmó. Del mismo modo, lamentó que las decisiones sobre la matriz energética se tomen desde arriba, sin tener en cuenta a los territorios ni la voz de sus poblaciones.

El profesor Valencia destacó que muchas de estas personas enfrentan lo que se denomina “atrapamiento climático”, una situación donde carecen del capital económico, social o legal necesario para migrar, viéndose obligadas a permanecer en zonas de riesgo. Aunque destacó que la Corte Constitucional haya reconocido el desplazamiento forzado interno por factores ambientales, cuestionó el reconocimiento real hacia estas víctimas, quienes son tratadas como “damnificados”, una etiqueta que evade el reconocimiento de sus derechos como desplazados climáticos.

En el caso de Venezuela, Sonia Boueri Bassil, co-coordinadora del GT de Pensamiento Jurídico Crítico y conflictos sociopolíticos de Clacso, destacó que el conflicto político ha opacado una disputa internacional por el control de sus recursos energéticos. “Todas las empresas transnacionales están detrás del petróleo venezolano”, aseguró; también denunció que más de 1.000 sanciones impuestas al país obstaculizan su capacidad de producción y exportación petrolera.

Por Argentina, Ignacio Sabatella, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), analizó el caso de Vaca Muerta, megaproyecto de hidrocarburos no convencionales que, bajo la administración de Javier Milei, ha desplazado toda posibilidad de planificación de una transición sustentable. “Hoy no hay un plan claro para avanzar hacia otras fuentes”, dijo.

Por Brasil, Deborah Werner, de la Universidad Federal de Río de Janeiro, señaló que a pesar de que el 88 % de la matriz eléctrica de su país proviene de fuentes renovables, estas también han generado impactos. En 2023 proyectos solares causaron la deforestación de 4.500 hectáreas, y comunidades indígenas denunciaron afectaciones como el “síndrome de la turbina eólica”.

Por último, el profesor Arístides Gutiérrez Garza, de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (México), se refirió a la tensión entre nacionalismo energético y neoliberalismo: “el Estado ha cedido poder a las transnacionales mediante tratados que privilegian el mercado sobre el bienestar social”, indicó. También criticó la mercantilización del derecho público.

Constanza Estepa, moderadora del panel y representante del Clacso, concluyó que América Latina debe pensarse como región estratégica para la transición energética global, no solo por sus reservas de hidrocarburos, sino además por minerales clave como el litio. “La transición energética es un campo de disputa geopolítica y las ciencias sociales deben abordarla críticamente”.









jueves, 15 de mayo de 2025

Organismos más pequeños advierten la crisis ambiental en los ríos del Meta

 En los ecosistemas acuáticos del Meta, bacterias, microalgas, mosquitos y libélulas están revelando un deterioro silencioso. Investigadores encontraron que estos organismos funcionan como bioindicadores fundamentales para monitorear la calidad del agua, y alertan sobre los efectos de la contaminación por pesticidas, la reducción del caudal y otras presiones humanas sobre los ríos y lagunas del departamento.

Con una de las mayores riquezas hídricas del país, el departamento del Meta enfrenta una degradación progresiva de sus ecosistemas acuáticos. Investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), la Universidad de los Llanos (Unillanos) y la Universidad Santo Tomás (USTA) advierten que factores como la contaminación por pesticidas, la extracción de materiales y la disminución del caudal están alterando profundamente la biodiversidad de ríos y lagunas, afectando organismos fundamentales en la cadena alimentaria.

Para evaluar este deterioro, los científicos se enfocaron en comunidades de perifiton (bacterias, hongos, microalgas y protozoos adheridos a superficies sumergidas) y macroinvertebrados bentónicos (como larvas de mosquitos, escarabajos, libélulas, caracoles y lombrices acuáticas), que funcionan como bioindicadores, es decir organismos cuya presencia, ausencia o comportamiento permite detectar cambios en el ambiente y evaluar el estado de salud de un ecosistema.

“Por ejemplo las libélulas usan el agua para depositar sus huevos, y su desarrollo larval refleja directamente la calidad del ecosistema”, explica el biólogo Gabriel Antonio Pinilla Agudelo, docente de la Facultad de Ciencias de la UNAL.

El estudio empleó técnicas de muestreo, identificación de especies y análisis de abundancia y diversidad, complementadas con modelos aditivos generalizados (GAM) —herramienta estadística que permite analizar relaciones complejas entre variables, como el efecto de la contaminación en la biodiversidad— para cruzar estos datos con variables fisicoquímicas como caudal, pH, oxígeno disuelto, conductividad y temperatura. En el río Orotoy, por ejemplo, mosquitos enanos (quironómidos) fueron abundantes y se asociaron con una mejor calidad del agua.

Los resultados mostraron que la pérdida de biodiversidad microbiana y la disminución de larvas son señales de alarma. Actividades humanas como la agricultura intensiva, los vertimientos domésticos y la minería han alterado la fotosíntesis de las microalgas afectando el perifiton y reduciendo la capacidad de las bacterias para procesar nutrientes y degradar materia orgánica, lo cual provoca desequilibrios en los ciclos bio-geoquímicos y afecta directamente la calidad del agua.

“La reducción del caudal impacta a los organismos microscópicos, y con ellos a los peces, aves y mamíferos como las nutrias, hasta llegar al ser humano”, señala Fabián Moreno Rodríguez, magíster en Gestión Ambiental Sostenible de Unillanos y candidato a Doctor en Biología de la UNAL.


El estudio también analizó los efectos de la extracción de piedras, especialmente en zonas del piedemonte con fuerte inclinación y golpeteo del agua, donde se produce oxígeno esencial para el perifiton. Esta actividad modifica la composición de bacterias y algas, sobre todo en temporada de lluvias.

Según la Agencia Nacional de Minería, el 81 % de las regalías por minerales en el Meta proviene de la explotación de materiales de construcción, a lo que se suma la expansión de cultivos como palma y arroz, cuyas prácticas intensivas contaminan y alteran el equilibrio ecológico.

Frente a este panorama, los investigadores destacan la importancia de conservar áreas no perturbadas como La Macarena y Ariari, que aún permiten estudiar la estructura y el funcionamiento natural de los ecosistemas. “Estos espacios son esenciales para comparar y entender el nivel de degradación en otras zonas y tomar decisiones informadas en conservación”, concluye el investigador Moreno.




martes, 23 de abril de 2024

Urge cambio de mentalidad ante inminente crisis climática mundial

 “No basta con preocuparse, hay que generar una nueva cultura y hacer la transición hacia una economía sostenible para detener la sexta extinción masiva”, esta una de las principales consignas del libro ¿Cambio climático o crisis civilizatoria?, del Instituto de Estudios Ambientales (IDEA) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), presentado en la Feria del Libro de Bogotá (FILBo) 2024.

En las últimas tres décadas se ha acumulado evidencia irrefutable del impacto humano en la crisis climática. Desde el aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera hasta el ascenso del nivel del mar y la intensificación de eventos climáticos extremos como sequías, inundaciones y tormentas se han vuelto más frecuentes e intensos, y según los autores del libro “tienen huellas presentes de la actividad humana”.

El libro reúne 9 capítulos abordados por profesionales de diferentes disciplinas, entre ellas física, medioambiente, derecho y filosofía. Los autores plantean la idea de que “la civilización occidental nació con una mentalidad de explotación desenfrenada de los recursos naturales, una economía que ignora los límites del planeta y una cultura que desprecia el conocimiento ancestral”.

Los primeros capítulos de Cambio climático o crisis civilizatoria son un tributo in memoriam del legado del profesor y ambientalista Ernesto Guhl Nannetti, una figura destacada que dedicó su vida a la promoción del cuidado del medioambiente y el desarrollo sostenible. Además fue un promotor incansable de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo del IDEA.

En los capítulos siguientes se cuestiona desde diferentes perspectivas la visión “antropocéntrica” que ha dominado la cultura occidental poniendo al ser humano como el centro del universo y con derecho a disponer de los recursos naturales a su parecer.

“En la mayoría de las religiones se cree que somos el centro; que el universo fue hecho para nosotros y que podemos gastarlo sin medida. Por otro lado, hemos llegado a creer en la ciencia y la tecnología como las ‘verdades reveladas’ y no tenemos en cuenta todo ese conocimiento ancestral,’ que viene de milenios; por eso estamos acabando con las esculturas ancestrales”, precisa el profesor Jairo Giraldo Gallo, del departamento de Física de la UNAL, editor de la obra.

Señala además que “la humanidad no solo está acabando con la naturaleza sino también con la cultura, y este es el tercer punto de la crisis de múltiples factores que destaca la obra”.

Por eso sostiene que “estamos ante una ‘policrisis’ que requiere una respuesta integral y urgente, y que además requiere un cambio de mentalidad sobre la idea de que los recursos son infinitos, pues es realmente insostenible”.

Durante la presentación del libro, los profesores de la UNAL: Gregorio Mesa Cuadros, de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, y Víctor Reyes Morris, de la Facultad de Ciencias Humanas, además de Carlos Eduardo Maldonado, de la Facultad de Medicina de la Universidad El Bosque, coincidieron en señalar la clara necesidad de una nueva economía, una economía ecológica que esté en armonía con la naturaleza y que reconozca los límites de los recursos del planeta.

Aunque individualmente no podemos hacer nada para frenar la crisis, el profesor Giraldo reitera que “la unión y la fuerza colectiva logran cambios de gran impacto”.

“Debemos apoyar los movimientos en defensa del medioambiente y darles orientación a los jóvenes sobre cuál es el verdadero problema; esto no se basa solo en consignas, hay que entender el dramatismo. Así podemos aportar a una posible solución”, puntualiza.

También trabajaron en la construcción de esta obra los profesores Clemente Forero Chaparro, Paula Andrea Arias, Germán Poveda, José Fernando Isaza Delgado y Ernesto Guhl.


 




lunes, 15 de abril de 2024

El uso del suelo agrava la crisis del agua en Bogotá

 Los expertos advierten del impacto del uso del suelo en la capacidad de retención y recarga de los acuíferos. Los cambios en el paisaje, especialmente en las cuencas hidrográficas, están alterando la tasa de infiltración de la precipitación, afectando directamente la cantidad y calidad del agua disponible para consumo humano y otros usos.

La crisis del agua en Bogotá es un problema complejo con múltiples causas y consecuencias. Dentro de los factores que han contribuido a esta situación está la escasez de lluvias por el fenómeno de El Niño, la disminución de los niveles de los embalses (entre ellos Chingaza, San Rafael y Chuza que abastecen a la ciudad), así como el aumento de la demanda y el deterioro ambiental.

Por eso hoy inició el racionamiento de agua en Bogotá, implementado por la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), una medida temporal que busca ahorrar al menos 2m3/seg de agua y así abastecer equitativamente el agua disponible. Por eso la ciudad se ha dividido en sectores que se turnan en la suspensión del servicio durante 24 horas.

En medio de esta preocupación por la disponibilidad de agua, el profesor Conrado de Jesús Tobón Marín, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, puntualiza que los cambios en el paisaje, especialmente en las cuencas hidrográficas, están alterando la tasa de infiltración de la precipitación, afectando directamente la cantidad y calidad del agua disponible para consumo humano y otros usos.

El experto indica que el uso del suelo altera la “tasa de infiltración” de la precipitación en las cuencas hidrográficas, la cual hace referencia a la velocidad a la que el agua lluvia penetra en el suelo.

“Como esta tasa de infiltración es la encargada de distribuir el agua, una fracción se va al suelo, lo drena y recarga los acuíferos. La otra fracción se va como drenaje superficial. Cuando se altera la tasa de infiltración se aumenta la tasa de escorrentía superficial y por ende se genera una mayor carga de sedimentos en cualquier parte, entre ellos los embalses”, precisa el profesor.

Con esto, el experto quiere decir que cuando el suelo está sano y cubierto de vegetación, la tasa de infiltración es alta; esto significa que el agua se absorbe por el suelo y no se escurre por la superficie. Sin embargo, el problema ocurre cuando el suelo está degradado por prácticas agrícolas o ganaderas inadecuadas, pues el agua no se absorbe por el suelo y se escurre por la superficie. Esto significa que se pierde más agua en vez de ser almacenada en los embalses.

Agrega que, “la historia de la disponibilidad del agua está relacionada con usos inapropiados que dañan las propiedades del suelo, entre ellos la infiltración. A largo plazo esto genera múltiples problemas, entre ellos una disminución en la recarga de los acuíferos que finalmente no se recuperan”.

Ante este panorama surge la necesidad de aplicar medidas inmediatas y a largo plazo para enfrentar el desafío. El profesor dice que en el corto plazo está en manos de las autoridades y empresas de servicios de agua revisar y evaluar la capacidad de sus infraestructuras actuales, pero que además otras entidades busquen la forma de implementar prácticas sostenibles en la ganadería y agricultura intensiva para reducir el impacto en el suelo.

A largo plazo se destaca la importancia de la reforestación y la implementación de cultivos sostenibles para mejorar la infiltración y la retención del agua en el suelo. Expertos enfatizan que estas medidas no solo son cruciales para garantizar la disponibilidad de agua a largo plazo, sino que también fortalecen la resiliencia de los ecosistemas frente al cambio climático.

“Se deben abrir la mirada hacia esos ecosistemas y evaluar cuáles de ellos ofrecerán su materia prima, su capital, y por ende invertir en ellos hacia la conservación. Esa es la estrategia inmediata a seguir”.

Por su parte, el biólogo Federico Mosquera, miembro del grupo de investigación y docencia en Ecología del Paisaje y Modelación de Ecosistemas (Ecolmod) de la UNAL. manifiesta que la mirada a esta crítica situación se ha dado mayoritariamente a enfoques hidráulicos y se ha descuidado la comprensión de las interconexiones entre las diferentes regiones del país. Por ejemplo, la Orinoquia y otras regiones contribuyen significativamente a los embalses aledaños a Bogotá.

Por eso reitera que “es crucial que entendamos la dependencia de las grandes ciudades, como Bogotá, de otras regiones para su abastecimiento de agua y otros servicios ecosistémicos. Las ciudades densamente pobladas ejercen una presión considerable sobre los sistemas naturales, lo que puede llevar a problemas como la escasez de agua, la contaminación y los incendios forestales”, concluyó el experto.






jueves, 25 de mayo de 2023

Academia propone alternativas ante crisis del suministro de gas en el Valle y el Eje Cafetero

 La suspensión del servicio de gas está afectando a miles de colombianos en Caldas, Risaralda, Quindío, Cauca, Valle del Cauca y Tolima, generando una crisis que se podría extender hasta por nueve días; de hecho, en Cali se ha declarado la alerta roja. Expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) indican que, a través de un método de inyección para sofocar la fuente de calor se podrían controlar las altas temperaturas en la ladera del volcán Cerro Bravo, ubicado en la cordillera Central de los Andes, que desde el 20 de mayo es cercana a los 700 °C.

Si alguna vez ha experimentado un corte de suministro de gas, seguramente estará familiarizado con las importantes limitaciones que esto implica, tan solo en su casa. Este problema, al ampliarse a una escala macro, puede generar graves repercusiones, especialmente en los negocios como los de comidas y bebidas cuya operación depende en gran medida de ese insumo.

En la ladera de Cerro Bravo temperaturas cercanas a los 700 °C han provocado emisiones de gases y vapores, y, en el interior de la montaña, un fenómeno conocido como incandescencia que pone en riesgo el gasoducto que cruza por dicha zona y abastece a los departamentos del sur del país. Aunque el Servicio Geológico Colombiano descartó que estas anomalías sean originadas por el volcán, aún se estudian posibles alternativas para frenar esta situación de emergencia.

Ante esta situación, diversos comercios (hoteles, restaurantes, pymes) se han visto obligadas a buscar alternativas, como la adquisición de pipas de gas, las cuales tienen un costo promedio de 95.000 pesos, a pesar de ser de corta duración. El problema también afecta a centros hospitalarios y educativos.

¿Cuáles serían las posibles opciones de solución?

El profesor Gonzalo Duque Escobar, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales y director Observatorio Astronómico de Manizales, hace énfasis en que cortar el suministro de aire a la turbera –un depósito orgánico que puede surgir en un humedal, donde la materia que se deposita entra en un proceso de fosilización y carbonatación– mediante inyección que corte la salida a los gases, permitiría mejorar la seguridad del gasoducto y de la banca de la vía, cuya estabilidad se puede ver afectada.

Cuando una roca está al rojo vivo no es conveniente arrojarle agua para apagarla que es lo que normalmente se hace en las turberas, pues las explosiones derrumbarían el macizo rocoso, y siendo así, para esta combustión se le cerraría la entrada al oxígeno. Se deben prevenir las interacciones del agua con la roca caliente y el impacto de las vibraciones mecánicas”, explica.

Agrega que, “por fortuna en la vía no se ha derretido el asfalto, pero si el suelo se llega a saturar, puede ocurrir. Además hay que evitar que los efectos térmicos y los fluidos que está en movimiento afecten al macizo montañoso”.

Una de las alternativas a corto plazo es instalar un tramo de tubería flexible para salvar la zona afectada por este fenómeno y así restablecer la ruta del gas; en esta alternativa vienen trabajando diferentes entidades de la mano para atender esta emergencia. Este trabajo es el que se estará revisando en el transcurso de estos nueve días.

Sin embargo, el académico destaca que en reuniones adelantadas con la Transportadora de Gas Internacional (TGI), empresa que generó la suspensión gradual de gas natural luego de la alerta, se plantea la necesidad de crear una pantalla térmica o una especie de barrera que aísle las altas temperaturas y así poder restablecer el servicio en menos tiempo.

Como otra de las medidas sugeridas se plantea un mapeo de toda la ladera, mediante el cual se pueda corroborar qué otras zonas pueden estar sobre los 700 °C o en un valor inferior.

“En este momento no podemos esperar soluciones de largo plazo sino inmediatas, y es por eso que nosotros como académicos planteamos este tipo de alternativas para que sean evaluadas y finalmente se puedan tomar las mejores decisiones para atender la emergencia”, manifiesta el académico.






miércoles, 24 de mayo de 2023

Modelo de producción y consumo insostenible: se acelera la crisis civilizatoria del planeta

 “En un mundo amenazado por el cambio climático, por la pérdida de la biodiversidad, por la acidez creciente del océano, por el mal manejo de la tierra y otros factores asociados con la influencia muy negativa de nuestra especie sobre el planeta, el giro hacia una economía que sea más respetuosa con el medioambiente no puede verse como una opción sino como una imperiosa obligación para sobrevivir”. Este es uno de los apartados del libro ¿Cambio climático o crisis civilizatoria?, publicado por la Asociación de Profesores de la Universidad Nacional de Colombia (APUN).

El libro compila los aportes realizados por profesores e investigadores de diferentes grupos interdisciplinarios de la Universidad que buscaron compartir el conocimiento adquirido durante varios años acerca del cambio climático, tema que atañe a la humanidad entera.

Durante la presentación, el profesor José Jairo Giraldo Gallo, de la Facultad de Ciencias y editor del libro, señaló que “los autores llegan a la conclusión de que el mundo no está afrontando las consecuencias del cambio climático sino una crisis civilizatoria provocada por el modelo de producción y consumo insostenible que amenaza la biodiversidad del planeta y a todos sus moradores, tanto así, que se habla de la sexta extinción masiva”.

 “No hemos respetado los límites que el planeta nos impone para seguir sosteniendo las distintas formas de vida de las cuales dependemos. En últimas, es el trato que le hemos dado al planeta lo que nos tiene al borde del colapso”, agregó.

Crisis civilizatoria

El profesor Giraldo explica que “podemos evidenciar que la humanidad está viviendo en una crisis civilizatoria desde hace siglos. Tal es el caso del surgimiento de la economía, la cual se creó para proteger el bien común en beneficio de la comunidad, pero a partir de la Primera Revolución Industrial no ha estado orientada en esa dirección”.

“A mediados del siglo XIX se acuña el término ecología, el cual busca el cuidado de la casa común, orientado a la preservación del medioambiente con su enorme biodiversidad y este propósito choca con los de una nueva economía basada en el expansionismo, el consumismo y la acumulación desmedida de capital en unas pocas manos”.

Los autores del libro consideran que ante el calentamiento climático no existen soluciones rápidas pues el daño ya está hecho, y se debe reparar. Se debe perseverar en la implementación de energías sostenibles y de otras formas que surjan de la investigación en ciencia y tecnología.

Así mismo es necesario recuperar las selvas, los bosques, los océanos, los ríos, la fauna de todo tipo y cambiar los hábitos alimentarios. Simultáneamente hay que reducir las brechas de desigualdad y la pobreza extrema y se debe pensar en una nueva civilización en armonía con el medioambiente.


Ante esta crisis, el libro plantea tres conclusiones principales: (i) los países desarrollados no pueden seguir creciendo indefinidamente como lo pretenden, y por lo tanto se requiere con urgencia de un nuevo modelo económico, (ii) el modelo educativo se debe replantear con base en las problemáticas actuales, y (iii) países como Colombia pueden contribuir a la conservación del medioambiente si cuentan con el respaldo internacional para restaurar las selvas y los bosques, se reorienta la extracción de recursos y se pone fin a la minería ilegal.

¿Cambio climático o crisis civilizatoria? nació en tiempo de pandemia, a partir del espacio virtual desarrollado por la APUN por medio de los foros APÚNtese a la tertulia.

Durante el evento se les rindió un homenaje a los profesores Mary Falk de Losada, del Departamento de Matemáticas, y Carlos Niño Murcia, de la Facultad de Artes, quienes fueron reconocidos por su amplia trayectoria durante más de 30 años, por los aportes académicos y la huella imborrable que dejaron en cada uno de sus colegas y estudiantes.

“La Universidad, como patrimonio científico y cultural de la nación, tiene que preguntarse por el futuro de las nuevas generaciones. Más que proponer soluciones se dejan inquietudes y un llamado a tomar conciencia colectiva. Los temas ambientales son prioritarios para la supervivencia de la especie”, dijo el académico Giraldo.

Además de la APUN, en la publicación participaron la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y la Corporación Buinaima. Durante su presentación, el profesor Julio Carrizosa Umaña, impulsor del ambientalismo en el país, fue uno de los invitados especiales. El lanzamiento de realizó en el Auditorio Enrique Pérez Arbeláez del ICN.

La celebración contó con la intervención musical de la soprano Laura Garzón Galindo y el guitarrista Anderson Vargas, quienes deleitaron al público con sus sentidas interpretaciones.






miércoles, 3 de agosto de 2022

Mapeo a través de teléfonos móviles mejoraría gestión de crisis humanitarias

 A través del uso de información de celulares, por ejemplo, de datos de redes sociales como Facebook, o de entes que se encargan de las estadísticas o la planeación de crisis humanitarias –como la ocurrida en Ucrania– es posible elaborar mapas que permiten entender la situación de los refugiados y los desplazados forados en los territorios.

Durante el taller “Herramientas de análisis de información para la respuesta a crisis humanitarias en salud”, organizado conjuntamente por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y la Universidad del Rosario, la epidemióloga Caroline Buckee, profesora de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard y cofundadora de la organización CrisisReady, explicó cómo se pueden usar los datos de movilidad durante las crisis humanitarias para desplegar recursos de manera más efectiva.

El proyecto se encarga de recolectar datos sobre ubicación y movilidad de personas en crisis humanitarias, como por ejemplo la pandemia por COVID-19 o el huracán María en Puerto Rico.

La profesora Buckee explica que se busca crear una red entre la industria de datos, la academia y los Gobiernos, para que haya un mejor manejo de las crisis humanitarias.

Según la experta “durante la pandemia muchas personas alrededor del mundo migraron de las ciudades o regiones urbanas hacia lugares rurales, lo cual pudo agudizar la propagación del virus”.

En ese sentido, en temas de salud pública, “necesitamos conocer la población en riesgo. Cuando hay grupos humanos muy móviles, todas las estimaciones se desvanecen cuando no se sabe dónde están o cómo viven”.

El sistema de CrisisReady consiste en una preparación de datos que analiza largas cadenas de información sobre los lugares y las personas que se movilizan, priorizando el riesgo durante una crisis de manera urgente y preventiva.

Además, observa el panorama específico de la situación en cuanto al origen de estas problemáticas, su propagación y las formas de manejarlo desde una red de expertos, para hacerlo llegar a las autoridades e instituciones encargadas de gestionar las crisis.

“Aquí radica uno de los puntos más importantes de este tipo de proyectos: en las decisiones que toman los entes gubernamentales para mitigar el impacto de estas situaciones de riesgo y vulnerabilidad, si se tiene un mapeo más eficiente, con datos reales que fundamenten el estudio de cada caso, se podrían generar mejores planes de manejo”, señala la experta.

Malaria, datos y movilidad

Una de las apuestas de esta iniciativa en el país es la Crisis Ready Grant – Human Ecology of Malaria in Colombia, que contempla la posibilidad de hacer un mapeo de Colombia en cuanto a problemáticas relacionadas con este virus, y saber así cuál es el potencial de acción de estos datos en la región.


El profesor Vladimir Corredor, de la Facultad de Medicina de la UNAL, quien ha investigado por varios años sobre el tema, señala que “en Guainía la enfermedad estuvo controlada por un tiempo, pero a raíz de situaciones de movilización masiva de migrantes provenientes de Venezuela, los casos han aumentado”.

Añade que, “la importancia de estos análisis está en el contraste entre la adquisición de datos y el trabajo de campo en las regiones”, por lo que se necesita de un trabajo conjunto y actualizado entre los mecanismos de recolección y el análisis de los expertos alrededor de estas problemáticas.

Según el Ministerio de Salud y Protección, cerca del 80 % del territorio rural del país está situado por debajo de los 1.600 msnm, lo que convierte a Colombia en un lugar óptimo para la proliferación de enfermedades como la malaria. Alrededor de 25 millones de personas están en riesgo de enfermar o morir por esta causa.

Se puede seguir la transmisión de este evento a través de la página de YouTube de la Facultad de Medicina de la UNAL, https://www.youtube.com/watch?v=qvJm3gqPT4g