lunes, 22 de diciembre de 2025

Navidad sin musgo, un gesto pequeño que protege el agua y la vida del bosque

 Cada diciembre, mientras las casas se llenan de luces, figuras y pesebres, en los bosques ocurre una extracción silenciosa que deja huellas profundas. Capas de musgo son levantadas del suelo y de los troncos, epífitas como bromelias y orquídeas son desprendidas de su hábitat, y con ellas se altera un equilibrio ecológico del que dependen el agua, el suelo y múltiples formas de vida. Lo que para muchas familias parece un gesto pequeño e inofensivo tiene efectos que tardan años en revertirse.

Los musgos y las plantas epífitas suelen pasar desapercibidos por su tamaño y apariencia discreta, pero cumplen funciones esenciales en los ecosistemas; así lo explica la bióloga y botánica Laura Victoria Campos Salazar, docente e investigadora del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), experta en briófitos, líquenes y epífitas, quien advierte que estos organismos participan de manera activa en la regulación hídrica y en la estabilidad del bosque.

“Las epífitas, como las bromelias, las orquídeas y algunos helechos, son plantas que crecen sobre otras plantas, principalmente árboles de gran porte, sin causarles daño, pues solo las utilizan como soporte. A este grupo se suman los briófitos, comúnmente conocidos como musgos, aunque allí también se incluyen hepáticas y antocerotales, organismos muy sensibles a los cambios ambientales”, afirma la experta.

“A diferencia de la mayoría de las plantas que conocemos, como árboles, arbustos o cultivos, los musgos no cuentan con un sistema interno para transportar agua y nutrientes”, explica la investigadora.  La profesora anota que, “no tienen xilema ni floema, ni una capa protectora que los aísle del ambiente, por lo que su relación con el entorno es directa y permanente”.

Esa condición hace que los musgos absorban el agua y los nutrientes directamente desde su superficie y reaccionen con rapidez a los cambios ambientales. “A eso se le conoce como poiquiloidria, una característica que los convierte en verdaderas esponjas vivas, capaces de retener humedad y liberarla de forma gradual”, anota, mientras agrega que se trata de un proceso fundamental para el funcionamiento de ecosistemas como los bosques altoandinos y los páramos.

“La gente suele ver solo una plantita verde, pero no alcanza a dimensionar que allí se sostiene buena parte del ciclo del agua”, explica. En zonas de alta montaña, donde la disponibilidad hídrica depende en gran medida de la capacidad del suelo para retener humedad, la presencia de musgos resulta determinante para la estabilidad del ecosistema.

Agrega que, “en estos ambientes, la disponibilidad de agua no depende solo de la lluvia, sino de organismos que la capturan, la sostienen y la liberan lentamente cuando el ecosistema lo necesita”. En ese entramado natural, los musgos cumplen un papel silencioso pero decisivo, al proteger el suelo de la erosión, amortiguar la radiación intensa, los vientos fuertes y las lluvias torrenciales, y conservar la capa más rica en materia orgánica.

Esa importancia contrasta con su extrema fragilidad, pues los musgos no producen flores ni semillas; se reproducen por esporas que pueden tardar semanas en germinar, y su crecimiento es lento. Según la académica, “la recuperación de una capa de musgo arrancada puede tomar años”.

La profesora Campos fue enfática en advertir que esta práctica no solo causa daño ambiental, sino que además es ilegal. La Ley 1333 de 2009 prohíbe la extracción de musgos, epífitas y otros organismos de los bosques, una infracción que puede acarrear multas e incluso sanciones penales. A pesar de ello, la recolección continúa, especialmente en temporadas como la Navidad, muchas veces de forma inadvertida, en bolsas pequeñas o canastos, bajo la idea errónea de que se trata de “solo un poco”.

Los impactos no se limitan a la época decembrina; menciona que, “en regiones como el cañón del Combeima, en Tolima, se han documentado extracciones recurrentes no solo de musgos, sino también de orquídeas y bromelias. En muchos casos, el musgo se utiliza como sustrato para mantener vivas en casa plantas epífitas extraídas ilegalmente, lo que multiplica el impacto sobre el ecosistema al afectar varios componentes a la vez”.

Al retirar el musgo desaparecen microhábitats donde viven microorganismos, invertebrados y otros organismos que dependen de estas plantas para refugiarse y completar sus ciclos de vida. “Se trata de una pérdida silenciosa, poco visible, pero profunda”, enfatiza la académica.

Tradición, pedagogía y conservación

Frente a este panorama, el mensaje del ICN apunta a resignificar la tradición, no a eliminarla. La Navidad puede celebrarse sin musgo natural, recurriendo a alternativas artesanales y reutilizables como papel, cartón, fibras vegetales, telas texturizadas o jardines vivos en materas. Materiales que, además, pueden guardarse y reutilizarse año tras año, reduciendo el impacto ambiental.

Para la profesora Campos, el cambio empieza en casa y tiene un fuerte componente pedagógico. Enseñar a niños y jóvenes a cuidar aquello que sostiene la vida es una forma de preservar no solo los ecosistemas, sino también el sentido profundo de la Navidad. “Si no protegemos ahora, serán ellos quienes pierdan esos privilegios más adelante”, afirma. 

Para ella, la conservación de musgos y epífitas no es un asunto exclusivo de biólogos o botánicos. Se trata de una responsabilidad social compartida, ligada a la comprensión de que las plantas, incluso las más pequeñas, son fundamentales para la producción de oxígeno, la captura de dióxido de carbono y el equilibrio de los sistemas naturales.  

Actualmente, la investigadora participa en proyectos que buscan entender cómo el cambio climático afecta a los briófitos en ecosistemas extremos como los glaciares y el superpáramo colombiano, escenarios poco estudiados pero importantes para comprender los efectos del calentamiento global sobre organismos altamente sensibles.

Estas reflexiones y aportes fueron compartidos por la profesora Campos durante la reciente emisión del programa Naturalmente, del ICN de la UNAL, bajo la conducción de profesor Jaime Aguirre, un espacio radial de Radio UNAL, dedicado a divulgar el conocimiento sobre la biodiversidad del país y a promover una relación más consciente con los ecosistemas que la sostienen.







miércoles, 17 de diciembre de 2025

FINCA EL MILAGRO, EN ROLDANILLO: UN MODELO DE EDUCACIÓN AMBIENTAL Y PRODUCCIÓN SOSTENIBLE DE PUERTAS ABIERTAS

 FORTALECIMIENTO DE NEGOCIOS VERDES EN EL VALLE DEL CAUCA

En la zona alta del municipio de Roldanillo, la Finca Agroecológica El Milagro se ha posicionado como un referente destacado dentro del programa de Negocios Verdes de la CVC. Clasificada en la categoría de bioproductos y servicios sostenibles, esta iniciativa familiar trasciende el concepto tradicional de agricultura para convertirse en un ecosistema pedagógico de "puertas abiertas", en donde la conservación ambiental y el turismo regenerativo convergen.

El proyecto se fundamenta en la protección de la biodiversidad local, mediante prácticas agroecológicas rigurosas. La finca ofrece a visitantes y voluntarios una inmersión total en la vida del campo, funcionando como una gran escuela rural en donde se enseñan los ciclos de la tierra. Este enfoque permite que turistas nacionales y extranjeros no solo disfruten del paisaje, sino que comprendan el valor del trabajo campesino y la importancia de la sostenibilidad alimentaria.

Martha Cecilia Salcedo, propietaria y líder de El Milagro, destaca el propósito educativo detrás de su labor diaria: "Nuestro objetivo es que la gente reconecte con sus raíces. Aquí no solo producimos alimentos, cultivamos conciencia. Queremos que quien nos visite entienda que la ruralidad es vida y que cada proceso, desde la semilla hasta la mesa, debe hacerse con respeto por la naturaleza".

Dentro de los recorridos pedagógicos, se evidencia la diversidad productiva del predio. Los visitantes pueden transitar entre árboles de cítricos y una huerta orgánica diversificada que abastece la gastronomía tradicional que allí se ofrece. El producto insignia es el café de origen, el cual es sometido a un cuidadoso proceso artesanal de tostión y molienda en la misma finca, garantizando una taza de alta calidad y bajo impacto ambiental.


Un componente vital de su modelo sostenible es el manejo integral de residuos. La finca cuenta con una compostera que transforma los desechos orgánicos en abono, cerrando el ciclo de nutrientes y devolviendo la fertilidad al suelo, sin el uso de agroquímicos. Estas prácticas validan su estatus como negocio verde y demuestran que la productividad económica es compatible con la preservación de los recursos naturales











viernes, 12 de diciembre de 2025

Laboratorio de Suelos, Aguas y Foliares fortalece la formación, la investigación y la extensión en la Orinoquia

 Este espacio de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Orinoquia se consolida como un eje estratégico para el desarrollo sostenible de la región. Desde allí se integran la formación académica, la investigación aplicada y la extensión universitaria, con impacto directo en las comunidades y los sectores productivos.

Allí se realizan análisis fisicoquímicos y biológicos de suelos, aguas y tejidos foliares, esenciales para orientar decisiones en fincas, proyectos productivos, instituciones públicas y privadas, así como en iniciativas de conservación ambiental. Los resultados permiten mejorar la productividad agropecuaria, optimizar el uso de los recursos naturales y promover una gestión territorial basada en el conocimiento científico.

El equipo coordinador del Laboratorio menciona que más que un laboratorio de análisis, este es un lugar académico vivo en donde se integran la docencia, la investigación y la extensión universitaria, con impacto directo en la región Orinoquia.

Además de su función analítica, es un escenario pedagógico que fortalece los procesos de enseñanza-aprendizaje de la Sede Orinoquia. Las prácticas realizadas permiten que los estudiantes desarrollen competencias científicas, éticas y analíticas, enfrentándose a problemas reales del territorio y proponiendo soluciones ajustadas a los retos ambientales y productivos de la región.

Articulación con el SENA para la formación técnica

En el marco de un convenio interinstitucional, el Laboratorio trabaja articuladamente con el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA). A través de esta alianza, los aprendices del programa de Monitoreo Ambiental realizan prácticas y demostraciones en las que participan en todas las etapas del proceso: desde la toma de muestras hasta la interpretación de resultados y su relación con la calidad del suelo y del agua.

“Durante la jornada realizada en el Laboratorio de Agua y Suelo, los aprendices tuvieron la oportunidad de reconocer los materiales, equipos e instrumentos utilizados en los procesos de laboratorio, así como de observar los procedimientos fisicoquímicos aplicados en muestras de agua y suelo. Esta experiencia les permitió comprender directamente cómo se desarrollan los análisis, reforzando así su capacidad para interpretar resultados, aplicar metodologías de muestreo y comprender la importancia del análisis técnico en la gestión ambiental, fortaleciendo además el vínculo entre la academia y la formación técnica y promoviendo el aprendizaje práctico y el desarrollo de competencias esenciales para el ejercicio profesional”, destaca Silvia Dayanna Cárdenas Ramírez, instructora del SENA.

Soporte para la investigación y la extensión universitaria


El Laboratorio también respalda proyectos de investigación desarrollados por docentes, estudiantes y grupos de trabajo de la Sede Orinoquia. Los análisis se convierten en insumos para publicaciones científicas, propuestas de innovación y recomendaciones de manejo que se comparten con comunidades rurales, asociaciones de productores y entidades territoriales.

En el componente de extensión, impulsa procesos de capacitación, asesoría técnica y demostraciones de métodos de análisis dirigidas a productores, técnicos, instituciones educativas y organizaciones comunitarias, acciones que promueven prácticas sostenibles, fortalecen capacidades locales y contribuyen a la gestión eficiente de los recursos naturales.





jueves, 11 de diciembre de 2025

20 ESTUFAS ECOEFICIENTES FUERON ENTREGADAS A FAMILIAS DE CALIMA EL DARIÉN

 Ya son muchas las familias campesinas de la zona rural del Valle del Cauca que cuentan con una estufa ecoeficiente, gracias a que, desde hace varios años, la CVC está implementando este proyecto ambiental. 

 Las nuevas beneficiarias son 20 familias del municipio de Calima El Darién, quienes recibieron los insumos para la construcción de las estufas que, prontamente, serán instaladas en cada uno de sus predios campesinos.

La cocción de los alimentos en fogón de leña pasará a la historia, gracias al proyecto de estufas ecoeficientes de la CVC. Pronto iniciará la instalación de las hornillas.

Luego de cumplir con los criterios de selección que establece la Corporación, dichas familias apagarán sus estufas de leña en pocas semanas y disfrutarán de una estufa de cuatro boquillas, horno, calentador de agua y una chimenea con la altura y tecnología reglamentaria.

“El humo será más controlado y la presión al bosque efectivamente se disminuirá, ya que la estufa ecoeficiente utilizará menos madera para encenderla, lo que significa que el bosque dendroenergético o bosque para leña servirá para el funcionamiento de las estufas, evitando que la leña sea extraída de áreas protegidas”, dijo Rigoberto Lasso Balanta, director territorial de la CVC regional Pacífico Este.


La autoridad ambiental vallecaucana seguirá entregando más estufas ecoeficientes en todos los municipios del Valle del Cauca y las personas interesadas en conocer si aplican con los criterios de selección, pueden acercarse a las Direcciones Ambientales Regionales de Cali, Buga, Buenaventura, Cartago, Dagua, La Unión, Palmira y Tuluá.







martes, 9 de diciembre de 2025

El Observatorio que cambió la forma de ver la alimentación y la autonomía en Colombia

 Lejos de ser un centro de análisis aislado, el Observatorio de Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional (OBSSAN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) se ha consolidado durante dos décadas como un puente vital entre el saber académico y el territorial. Por medio de proyectos que vinculan a las comunidades, las autoridades y la academia, ha impactado en la toma de decisiones territoriales, en políticas públicas y estrategias nacionales e internacionales, y en el fortalecimiento de la soberanía y seguridad alimentaria.

Establecido en 2005 con la misión de fomentar el diálogo de saberes y posicionar este tema en el debate público nacional, diagnosticar sus problemas e impulsar soluciones efectivas basadas en la extensión, investigación y cooperación –ejes centrales de la UNAL–, el OBSSAN nació del trabajo directo con comunidades, vinculado desde el inicio a la construcción de justicia alimentaria y a la defensa de la autonomía de los territorios.

Dicho ejercicio de diálogo de saberes entre el conocimiento ancestral y comunitario y el rigor investigativo universitario fue el fermento que dio vida al primer grupo de investigación y luego a la Maestría en Soberanía y Seguridad Alimentaria, que también cumple una década.

Para la profesora Sara Eloísa del Castillo Matamoros, de la Facultad de Medicina, una de las fundadoras del OBSSAN, “el Observatorio es la cristalización de una metodología que interpela las formas tradicionales de producir conocimiento. Con más de 80 producciones académicas entre tesis y publicaciones, la Maestría en Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional le dice al país que hay otra manera de pensar lo alimentario, posicionando la visión del alimento como un bien común y una apuesta política colectiva”.

Políticas públicas con sello territorial

El impacto más tangible del Observatorio ha sido su capacidad para incidir en políticas públicas desde y para los territorios. Su trabajo ha llegado a casi todos los departamentos de Colombia con el claro objetivo de acompañar la formulación de políticas de la mano de las comunidades organizadas afrodescendientes, indígenas, raizales, campesinas y de mujeres de diversas dinámicas territoriales, siempre defendiendo el respeto por los alimentos ancestrales y la consecución del derecho a la alimentación.

En Casanare, un territorio fuertemente impactado por la minería, el OBSSAN apoyó la construcción de una política pública de soberanía alimentaria que pervive y es defendida incluso por la institucionalidad local, demostrando que sí es posible plantear alternativas de desarrollo frente a modelos depredadores y extractivistas.

En Tumaco (Nariño), su trabajo se materializó en el Plan Alimentario Indígena y Afro (Paniat), que logró unir a las comunidades que históricamente habían estado en oposición para crear una alianza que dio vida al Programa Alimentario y Nutricional Indígena y Afro, una política premiada por la Gobernación de Nariño y que, aunque cumplió su ciclo inicial, hoy se mantiene en un proceso de reformulación para volver a ser un referente nacional de política étnica con enfoque alimentario.

En Bogotá, el Observatorio es el autor intelectual de la política pública “Ciudades alimentarias hacia la seguridad y soberanía alimentaria Bogotá 2019-2031”, una estrategia para superar la malnutrición y la inseguridad alimentaria fortaleciendo la producción local y regional, mejorando la distribución, reduciendo pérdidas y promoviendo el consumo saludable, con foco en la sostenibilidad y la participación ciudadana.

“Dicha iniciativa ha trascendido 3 administraciones distritales, lo que evidencia la capacidad del Observatorio para diseñar instrumentos de largo alcance que promueven la soberanía alimentaria en las visiones de planeación urbana”, destaca la profesora Del Castillo.

A esto se suma el proyecto de “Escuelas de líderes gestores en soberanía y seguridad alimentaria y nutricional”, un espacio creado para sentir, conversar y gestar el territorio, la comida y la vida. “Se trata de una apuesta metodológica y política para construir saberes y gestionar alrededor del alimento, para lo cual es indispensable la unión entre comunidad, autoridades locales y academia”, señala Alejandra Álvarez Alvear, magíster en Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional.

A la par, el proyecto “Cocineritos y cocineritas ancestrales” se consolidó desde 2018 como una estrategia pedagógica para entender la memoria alimentaria de las comunidades de Sopó y Sibaté (Cundinamarca), Tumaco y Guachucal (Nariño), Silvia (Cauca) y Bolivia. “Este proceso se fundamenta en la generación de procesos comunicativos desarrollados por asociaciones comunitarias para fomentar espacios de formación y apropiación del territorio”, destaca la magíster Álvarez.

Los territorios: el alma y la razón de ser

“El Observatorio no existiría ni la Maestría tendría un sujeto ni un escenario de trabajo si no fuera por los territorios. Estamos proponiendo la territorialización de los procesos de investigación, lo que se traduce en formación e interacción con el territorio y con las comunidades”, manifiesta la profesora Del Castillo.

Tal principio se ha refinado durante 20 años para convertirse en una innovadora apuesta metodológica que fomenta la territorialización de los procesos de investigación, formación e interacción social. Esto significa que el conocimiento no se extrae para ser analizado desde la distancia, sino que se produce, se valida y se aplica en conjunto con las comunidades, en un ejercicio horizontal que fortalece a la academia y al tejido social local.

La profesora Del Castillo destaca que, “uno de sus mayores aportes es demostrar que la Universidad puede salir de sus muros para co-construir en espacios en donde las políticas públicas se nutren de la sabiduría comunitaria, y en donde la soberanía alimentaria deja de ser un concepto para convertirse en una práctica concreta de justicia, autonomía y defensa de la vida y territorio”.

“Habrá Observatorio para varios años más, no es solo un deseo, sino una necesidad para que Colombia siga tejiendo, desde sus territorios más diversos y resilientes, un futuro alimentario verdaderamente soberano y justo para todos y todas”, concluye la académica.







sábado, 29 de noviembre de 2025

Mosquitos silvestres de la Amazonia y Cesar revelan genes de resistencia a antibióticos

 En las selvas del Amazonas y en las zonas rurales del Cesar, investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sedes Medellín y de La Paz identificaron en mosquitos silvestres una sorprendente combinación de virus y genes asociados con la resistencia a antibióticos. El hallazgo sugiere que estos insectos, conocidos por transmitir enfermedades como el dengue o el zika, también actuarían como centinelas biológicos de la contaminación y los cambios ambientales que afectan la salud humana y animal.

Aunque mosquitos como Aedes aegypti o Culex quinquefasciatus son conocidos por transmitir enfermedades como el dengue o el zika, el universo microscópico que llevan dentro sigue siendo un territorio poco explorado. Los llamados “arbovirus” (virus transmitidos por mosquitos o garrapatas, entre otros artrópodos) son responsables de millones de infecciones cada año en regiones tropicales y subtropicales. En esta familia también se incluyen el chikungunya, la fiebre amarilla y el Nilo Occidental.

En Colombia, el monitoreo de mosquitos y otros insectos para identificar los virus que transportan (vigilancia entomovirológica) se ha concentrado en los entornos urbanos y en unos pocos virus de importancia epidemiológica, dejando sin explorar los ecosistemas naturales donde se originan y se mantienen muchos de estos agentes infecciosos.

“Este tipo de vigilancia permite anticipar brotes, entender cómo cambian los virus en su ambiente y reconocer qué especies de insectos están actuando como portadoras, información fundamental para prevenir la transmisión antes de que llegue a las poblaciones humanas”, menciona el ingeniero biológico Daniel Fernando Largo, estudiante de la Especialización en Biotecnología de la Facultad de Ciencias de la UNAL Sede Medellín.

A ello se suma un contexto ambiental marcado por la deforestación y el cambio climático, factores que alteran el equilibrio ecológico y amplifican el contacto entre humanos, animales y vectores. Según el Sistema de Monitoreo de Bosques y Carbono del Ideam y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, en 2024 se deforestaron 113.608 hectáreas en el país, lo que representa un aumento del 43 % frente a 2023. El incremento ha afectado departamentos como Caquetá, Meta, Guaviare y Putumayo, zonas esenciales para la conectividad ecológica entre los Andes y la Amazonia; en Antioquia, Norte de Santander y La Guajira también presentan un impacto importante.

Paralelamente, la Organización Meteorológica Mundial confirmó que 2024 fue el año más cálido jamás registrado, con un aumento promedio de 1,55 °C por encima de los niveles preindustriales. Este incremento global de temperatura, que también se refleja en la Amazonia, modifica los ciclos de lluvia y favorece la expansión geográfica de mosquitos y otros vectores transmisores de enfermedades.

Al mismo tiempo, la resistencia antimicrobiana —causada por el uso indiscriminado de antibióticos— se ha convertido en una amenaza creciente para la salud pública y el ambiente, al favorecer la circulación de bacterias resistentes en aguas, suelos y organismos silvestres.

En este escenario, conocer qué virus y genes circulan en los insectos se vuelve fundamental tanto para anticipar riesgos sanitarios y ecológicos como para fortalecer las estrategias de prevención. Así lo plantean los expertos del proyecto “Caracterización molecular de genes víricos y de resistencia antimicrobiana en el transcriptoma de poblaciones silvestres de culícidos y flebotomíneos de Amazonas y Cesar” (código Hermes 63201), resultado de una alianza de grupos de investigación de la UNAL Sedes Medellín y de La Paz.

Del bosque al laboratorio

El investigador hace referencia a fenómenos conocidos como spillover y spillback, procesos en los que los virus pueden pasar de los animales silvestres a los humanos y viceversa. “Los mosquitos y flebotomíneos -que se alimentan de sangre- funcionan como puentes biológicos entre ecosistemas; cuando se desplazan o cambian de hábitat, los virus se mueven con ellos”, agrega.

El muestreo se realizó en 3 regiones del país: Cesar (La Paz, San Diego, San José de Oriente y Los Fundadores), Caquetá (Santo Domingo) y Amazonas (Leticia y San Pedro de los Lagos), durante las temporadas de bajas precipitaciones, entre agosto de 2023 y abril de 2024.

En total se conformaron más de 20 “pools” o grupos de especímenes para su análisis, con predominio de Aedes aegypti y Culex en el Caribe seco, Psychodopygus y Lutzomyia en el piedemonte amazónico, y Aedes albopictusCoquillettidia venezuelensis y Nyssomyia fraihai en la selva húmeda tropical. Esta diversidad permitió comparar ambientes contrastantes, desde ecosistemas ganaderos y agrícolas hasta bosques de alta pluviosidad.

Las colectas se realizaron mediante trampas tipo CDC (dispositivos de succión con luz que atraen a los insectos hematófagos durante la noche y los capturan en un pequeño contenedor) y cebo humano, una técnica en la que una persona protegida sirve de atrayente para capturar mosquitos que buscan alimentarse de sangre. Ambos métodos son estandarizados en entomología médica para obtener ejemplares adultos de mosquitos y flebotomíneos.

La identificación taxonómica se efectuó a partir de caracteres morfológicos y se confirmó mediante secuenciación Sanger del gen de la citocromo oxidasa I (COI), una región del ADN mitocondrial que funciona como una “huella genética” para diferenciar especies, conocida en biología molecular como barcoding.

Posteriormente, gracias a la técnica de metatranscriptómica —que permite examinar simultáneamente el material genético activo en una muestra—, se logró caracterizar por primera vez en Colombia el conjunto de virus presentes en estas especies y su perfil de resistencia antimicrobiana.

Virus desconocidos y genes resistentes en los mosquitos del país

Los resultados revelan que los llamados virus insecto-específicos —aquellos que solo se replican dentro de las células de los insectos y no infectan a vertebrados— predominan en las poblaciones silvestres. Aunque no representan un riesgo directo para las personas, su presencia sí puede influir en la capacidad de los mosquitos para transmitir arbovirus como el dengue o el zika, al competir por los mismos recursos dentro del organismo del vector o interferir con su replicación.

Además, el estudio identificó genes asociados con la resistencia a antibióticos en mosquitos del género Culex, algunos de ellos vinculados a plásmidos —fragmentos circulares de ADN que las bacterias utilizan para intercambiar información genética— y a bacteriófagos, virus que infectan bacterias y pueden transportar genes entre ellas. Ambos actúan como vehículos de transferencia horizontal, un proceso mediante el cual los microorganismos comparten material genético sin necesidad de reproducirse.

“Aunque nuestros resultados no significan que los mosquitos transmitan esos genes, sí muestran que están en contacto constante con bacterias y contaminantes del entorno, lo que refleja el impacto de las actividades humanas sobre los ecosistemas”, explica el investigador.

Agrega que “el 8 % de los genes de resistencia identificados se asociaban con elementos genéticos móviles, es decir segmentos de ADN que se pueden desplazar dentro del genoma o pasar de una bacteria a otra a través de mecanismos naturales de intercambio genético”.

Según el estudiante, “esto muestra la posibilidad de intercambio entre especies microbianas y evidencia una exposición prolongada a antibióticos en el ambiente, lo que refuerza la necesidad de monitorear estos procesos no solo en hospitales o granjas, sino también en la fauna silvestre y en los ecosistemas naturales”.

La investigación empleó secuenciación de última generación y análisis bioinformático para reconstruir los genomas virales detectados y clasificar las familias predominantes. Entre ellas se encuentran Metaviridae, Chuviridae, Rhabdoviridae y Flaviviridae , algunas reportadas por primera vez en especies del país. Los investigadores planean devolver los resultados a las comunidades participantes, en el marco de un ejercicio de apropiación social del conocimiento.

Para el ingeniero biológico Largo, el trabajo demuestra que los insectos pueden ser aliados en la vigilancia ambiental y sanitaria. El estudio fue liderado por la profesora Claudia Ximena Moreno Herrera, de la Facultad de Ciencias de la UNAL Sede Medellín. También participaron los profesores Gloria Ester Cadavid, Giovan Gómez y Howard Junca. Además, contó con el apoyo del estudiante de Ingeniería Biológica Harold Gómez. Los resultados de este trabajo se presentaron durante UNAL Investiga 2025, iniciativa de la Dirección Nacional de Investigación y Laboratorios, de la Vicerrectoría de Investigación.

 






viernes, 28 de noviembre de 2025

En Cesar descubren 6 familias de cactus polinizados por abejas

 Las abejas son los polinizadores por excelencia en la Tierra, y gracias a su trabajo miles de plantas se pueden reproducir. En La Paz (Cesar), un grupo de biólogos analizó el polen almacenado por estas pequeñas trabajadoras, y descubrió que la familia de los cactus (cactáceas) son uno de sus grupos vegetales preferidos. Incluso identificaron 6 especies que nunca se habían reportado en Colombia como polinizadas por abejas.

La Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede de La Paz ha ahondado en la manera como se analiza el polen de las abejas melíferas (que producen miel), pues algunas técnicas tradicionales –como la microscopía– presentan limitaciones para identificar formas y tamaños que pueden ser similares, porque sí: estas pequeñas bolitas de polvo floral que ellas recolectan y combinan con un poco de néctar o saliva, también se diferencian según la región y el entorno que las rodee.

“Además requiere un tiempo considerable entre cada muestra y un personal especializado que haga los análisis”, explica la investigadora Maryuri Lobo Torres, estudiante de Biología de la UNAL Sede de La Paz e integrante del grupo Semilla del Conocimiento del Cesar, del que también forma parte Elías Bechara Zainúm, de la Universidad del Sinú Seccional Cartagena.

Por ello los investigadores implementaron un sistema para analizar el material genético o ADN del polen con mayor nivel de detalle, lo cual permite describir y encontrar las especies vegetales con las que más interactúan las abejas en Cesar.

“Es similar a lo que ocurre al escanear un código de barras en un supermercado, y cuando las secuencias del ADN se encuentran se comparan con bases de datos internacionales para identificar las especies y los géneros específicos”.

“Estas técnicas ya se han utilizado ampliamente, pero en el bosque seco tropical colombiano su aplicación ha sido limitada, máxime cuando se trata del pan de abeja –como también se le conoce al polen–, un alimento compuesto de polen, miel y enzimas que las abejas fabrican y almacenan en sus colmenas y del que se alimentan cuando son jóvenes y larvas”, explica la estudiante Lobo.

Una gran diversidad para un pequeño polinizador

Para el estudio las muestras se recolectaron en la minigranja solar La Paz – Verso Solenium, en donde manejan colmenas tipo Langstroth, comunes en esta industria y que facilitan la extracción y selección de la miel. Con la ayuda de trabajadores de la microempresa Miel Silvestre se extrajeron las muestras de panales de 3 colmenas y se almacenaron en el Laboratorio de Propiedades Biológicas y Químicas de la UNAL Sede de La Paz.

Luego se extrajo el pan de abejas de las colmenas y se almacenó en tubos pequeños con el fin de realizar dos caracterizaciones con 150 miligramos: una microscópica y otra molecular. En la primera se hizo un lavado y luego una tinción, técnica que permite resaltar la capa externa de los granos de polen para facilitar la identificación en el microscopio, con un aumento de hasta 400 veces el tamaño real.

En la segunda caracterización se usaron 3 métodos de ruptura del grano de polen, pues su capa externa es muy resistente y se requieren métodos combinados; en este caso se usaron: una maceración con un mortero, perlas de vidrio, y un homogeneizador inalámbrico; luego se realizaron 4 extracciones de ADN y se amplificaron 2 fragmentos de genes que cumplen funciones importantes en los cloroplastos de las plantas, responsables de la fotosíntesis. Los resultados se compararon con bases de datos internacionales.

El estudio encontró que este grupo de abejas melíferas de Cesar recolectan polen de hasta 92 géneros y 18 familias de plantas, en las que se destaca un 60 % de cactáceas, entre ellas de los géneros LeuenbergeriaPereskia y Rhodocactus.

“Esta riqueza se explica en que la especie se caracteriza por alimentarse de muchos tipos de plantas; en cuanto al alto porcentaje de cactáceas, este se relacionaría con el ambiente semiárido y seco, y estas plantas son abundantes”, explica la investigadora Lobo.

Además, 6 familias reportadas dentro del análisis del polen no se habían reportado antes en Colombia para estas abejas, lo cual obedecería a las limitaciones en las bases de datos nacionales, la taxonomía que puede confundirse en el polen, y los escasos estudios que existen de la flora local y de la región.

Por último, la estudiante Lobo señala que que el método usado para analizar el polen es menos costoso: 225 dólares (unos 900.000 pesos) frente al de otros métodos más avanzados de secuenciación genética, que pueden llegar a los 2.550 dólares (alrededor de 10 millones de pesos).

Además de la investigadora Lobo, el equipo de expertos está integrado por Claudia Arenas, Brayan Anaya, y Diego Tirado, estudiantes de la UNAL Sede La Paz, y Diana Mantilla Escalante, de la Dirección Académica de la misma Sede. El proyecto fue financiado por la Convocatoria Nacional de Extensión Solidaria 2023, y en él participaron el semillero Alianza Estratégica para la Agricultura del Futuro, el grupo de investigación Semilla del Conocimiento del Cesar, y el semillero Genética y Sociedad, del grupo de Investigación Biodiversidad para la Sociedad. Los resultados se presentaron en  Unal Investiga 2025






jueves, 27 de noviembre de 2025

CVC Y COMUNIDAD SIEMBRAN 5.000 ALEVINOS DE BOCACHICO EN EL RÍO LA VIEJA

 En la orilla del río La Vieja, a la altura del municipio de Cartago, la CVC lideró una jornada de siembra de 5.000 alevinos de bocachico con el apoyo de la comunidad arenera y la Fundación Sembrando el Planeta, una actividad que busca recuperar la población de peces y fortalecer la conciencia ambiental en la región.

“Estamos en el río La Vieja, realizando una siembra de alevinos de bocachico, una actividad con la que buscamos promover la sostenibilidad y fortalecer la conciencia ambiental entre pescadores y areneros de la zona, quienes son nuestros aliados clave en el cuidado y protección de este importante afluente”, destacó John James Díaz, funcionario de la Regional Norte de la CVC.

La jornada se realizó junto con la comunidad arenera de Cartago y la Fundación Sembrando el Planeta, como una acción estratégica que aporta a la recuperación ambiental del afluente y al fortalecimiento de las comunidades que dependen de él.

Díaz resaltó que “esta siembra en el río La Vieja contribuye directamente a la conservación biótica, ya que esta especie no solo representa una fuente de alimento para las comunidades ribereñas, sino también para otras especies que habitan en el ecosistema del río. De esta manera, fortalecemos la cadena alimentaria y aportamos al equilibrio natural de toda la cuenca”.

 Desde la comunidad arenera, Jorge Gómez, integrante de la organización Codelrío Cartago, resaltó la importancia de estas acciones conjuntas. Agradeció la vinculación de la Corporación y el acompañamiento que también han recibido por parte de la Fundación Sembrando el Planeta.


"Esto es muy importante porque, debido al mal manejo del ser humano, la población de peces ha disminuido con el tiempo. Este río siempre ha sido majestuoso y muy rico en recursos. Esperamos que esta no sea la única jornada, sino que pueda repetirse muchas veces más”, señaló.

 Por su parte, Felipe de los Ríos, representante de la Fundación Sembrando el Planeta, destacó la importancia ecosistémica de esta labor. “Acciones como esta son fundamentales porque permiten aportar alimento a otras especies y mantener un equilibrio ecológico donde existan depredadores, presas, biomasa y se cumplan los ciclos de vida necesarios para que el ecosistema se mantenga saludable y en armonía”, señaló.

Esto es muy importante porque, debido al mal manejo del ser humano, la población de peces ha disminuido con el tiempo. Este río siempre ha sido majestuoso y muy rico en recursos. Esperamos que esta no sea la única jornada, sino que pueda repetirse muchas veces más”, señaló.

 Por su parte, Felipe de los Ríos, representante de la Fundación Sembrando el Planeta, destacó la importancia ecosistémica de esta labor. “Acciones como esta son fundamentales porque permiten aportar alimento a otras especies y mantener un equilibrio ecológico donde existan depredadores, presas, biomasa y se cumplan los ciclos de vida necesarios para que el ecosistema se mantenga saludable y en armonía”, señaló.




martes, 25 de noviembre de 2025

Nuevos envases más livianos y sustentables para la exportación de fruta fresca

 La sustentabilidad se define como el desarrollo que satisface las necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones, manteniendo un equilibrio entre lo social, lo económico y lo ambiental.

La industria frutícola también ha incorporado este concepto en su quehacer, por lo que los retailers internacionales y consumidores finales demandan una producción sustentable y que cada uno de los eslabones de la cadena vaya en esa misma línea. 

Al respecto, TYPACK Chile–RECIPET desarrolló clamshells livianos, una innovación que reduce significativamente el uso de plástico sin comprometer la resistencia del envase ni su desempeño en las líneas de embalaje.

Cristóbal Villar, gerente de la compañía, comentó a Portalfruticola.com que la innovación responde tanto a necesidades logísticas como a una convicción estratégica: "Nuestros envases viajan dentro de Chile y hacia mercados internacionales, por lo tanto, deben ser competitivos en costos, pero también representar un impacto ambiental menor”. 

Fue claro al señalar que poseen una meta ambiciosa, “lograr que entre el 70% y el 80% del portafolio reduzca entre un 12% y un 15% su gramaje hacia el primer semestre de 2026, mediante rediseños, mejoras en procesos y el uso de láminas más delgadas con propiedades técnicas equivalentes o superiores”.

Nuevo envase de uva de mesa

Consultado sobre el proceso de desarrollo del clamshell para uva de mesa, explicó que validaron la idea, pilotearon el modelo a pequeña escala y luego a nivel industrial, lo que les permitió avanzar más rápido. “En tres meses ya teníamos un piloto, y en seis meses estábamos vendiendo el producto comercialmente”, señaló.

Agregó que el foco principal fue mantener las prestaciones clave del envase, especialmente la correcta apertura y cierre, su facilidad de desabillado en las líneas de embalaje, la estabilidad en la cadena logística y su resistencia al apilado y transporte.

Tecnología en envases 

Indicó que para lograr la reducción de un 13% del peso total, TYPACK introdujo mejoras significativas en la ingeniería de su producción, trabajando en una modificación de cavidades en los moldes, optimización del proceso de termoformado para lograr espesores más uniformes y uso de extrusoras de mayor precisión para garantizar una lámina homogénea incluso con menor espesor.

“Una lámina más delgada solo funciona si la distribución del material es óptima. Por eso ajustamos moldes y mejoramos el termoformado para asegurar que el clamshell mantuviera su integridad en todo el envase”, explicó Villar.

Puntualizó que el diseño estructural general del clamshell no cambió, pero la mejora en el proceso permitió una mejor distribución de la resistencia, haciendo que cada milímetro de plástico sea más eficiente.

El gerente señaló: “Los clientes valoran que puedan presentar su fruta en envases que reducen su huella de carbono. Al usar menos plástico, disminuye el uso de combustibles fósiles y por lo tanto el impacto global del transporte”.


Sustentabilidad más allá 

El ejecutivo acotó que en la empresa trabajan con 100% material reciclado, 50% reciclado y 50% virgen, o 100% virgen. Cada producto de bajo gramaje puede incorporar RPET sin afectar su calidad. “Esa flexibilidad nos distingue en el mercado”, señaló.

Puntualizó que esto permite a los clientes elegir envases que no solo utilizan menos plástico, sino que además incorporan material recuperado del mercado local, reforzando la economía circular.

Expansión hacia otras frutas y mercados

La estrategia de envases livianos no se queda solamente en la uva de mesa. "Durante 2025 incorporamos dos formatos clave para arándanos, destinados a exportaciones desde Chile y Perú", indicó el gerente.

Explicó que el objetivo es replicar el modelo en otros berries y frutas frescas, y fortalecer la presencia de TYPACK en la cadena de valor internacional.

Dijo que durante 40 años han incorporado material reciclado e impulsado prácticas de desarrollo importantes. "Nuestro compromiso es seguir ofreciendo envases competitivos, que mejoren el rendimiento de nuestros clientes y que permitan una mejor relación con el medioambiente”.

“Queremos que nuestros clientes puedan relacionarse mejor con su entorno a través del uso de menos plástico, sin sacrificar calidad. Ese es nuestro norte”, concluyó.


viernes, 21 de noviembre de 2025

Vasos y platos de cascarilla de uchuva, una alternativa al plástico de un solo uso

 Tal vez no haya escuchado hablar del capacho, la envoltura natural en la que crece la uchuva y que se retira antes de comerla, pero con este material pueden fabricarse vasos, platos y otros implementos para la industria alimentaria que, en apenas 90 días, se degradan casi por completo, todo lo contrario al plástico de un solo uso, que puede tardar más de cien años en desaparecer de la tierra.

Así como lo lee: en la naturaleza estaría la respuesta para dejar de usar las toneladas de plástico que cada al año se desechan en el planeta, y que en grandes masas terminan convirtiéndose en un desecho contaminante de mares y océanos, y que se fragmenta en pequeños pedazos (microplásticos) que los peces y aves confunden con comida.

Según Naciones Unidas, cada año se producen en el mundo más de 400.000 toneladas de plástico, de las cuales solo se recicla el 10 %. En Colombia, cifras de la organización ambiental Greenpeace señalan que de más de 1 millón de toneladas solo se recicla alrededor del 26 %. Y un último dato alarmante: cerca del 40 % del plástico que se produce en el mundo es de un solo uso, como vasos, platos, cucharas y tenedores, entre otros.

Por eso el profesor Jesús Manuel Gutiérrez, de la Escuela de Diseño Industrial de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), decidió mirar hacia un fruto que muchos colombianos han degustado, pero cuyo envoltorio natural a veces es olvidado: la uchuva y su capacho, es decir aquello que la recubre cuando apenas nace en la planta.

Con la financiación del programa Visión Circular, de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia, el profesor Gutiérrez y el semillero de investigación SIMNA convirtieron kilos de capacho de uchuva y almidón de yuca en un vaso que resiste por 20 minutos el café caliente que usted se toma en la mañana, también en platos para pastel, el mismo pocillo tintero, o incluso en un “plástico” para guardar botellas de vino.

Soluciones con sello UNAL

La innovación, presentada en el 10° Encuentro de Investigación - Creación de la Facultad de Artes de la UNAL, dejó a los asistentes con la boca abierta, pues a futuro estos empaques y recipientes se convertirían en el sustituto perfecto del plástico.

“Nuestro objetivo era producir el material sin usar químicos ni sintéticos de ningún tipo, sino únicamente ingredientes naturales; para eso usamos el capacho de uchuva proporcionado por una empresa de Chía que produce y exporta esta fruta a lugares como Países Bajos”, comenta el profesor Gutiérrez.

El proceso para fabricar este “plástico” natural consiste en secar, moler y pesar el capacho y combinarlo con el almidón de yuca en agua fría, que luego se calienta a una temperatura adecuada. Esto produce un gel al que se agrega glicerina vegetal (producto comercial obtenido de aceites vegetales como el de coco o palma), la cual le da la flexibilidad necesaria para elaborar los productos.

“La glicerina vegetal se usa para darle forma al material, pues inicialmente parecería un cartón. En este momento trabajamos en obtener una patente para comenzar a registrar los prototipos que vayamos elaborando, con la información y receta necesaria para su fabricación. En este proceso ha sido muy valioso el aporte de todos los estudiantes del Laboratorio de Prototipos y Productos de la Escuela de Diseño Industrial, a quienes agradezco su conocimiento y tiempo dedicado a la experimentación”, indica el profesor Gutiérrez.

Dentro de los ensayos evidenciaron que si el capacho no se molía era muy difícil darle forma al material, por ello era necesario llevarlo a dimensiones parecidas a una harina para obtener el mejor producto posible.

Por otro lado también se realizó un seguimiento al color obtenido del producto, con algunas formulaciones que tendían hacia el caqui o amarillo, mientras que otras eran marrones; y dentro de las formas de obtener el material se diseñaron 12 procesos diferentes, con concentraciones y variaciones específicas según lo que se quiera trabajar o elaborar.

La vajilla completa

Ya se crearon prototipos de platos de cerca de 10 cm en una termoformadora (máquina que calienta y moldea el material), y se están haciendo pruebas para determinar que el prototipo sea completamente seguro para usarse en la industria.

A su vez, se trabajó manualmente un moldeo de platos y recipientes que se “pintaban” con mezclas de remolacha, lechuga, paprika o cúrcuma para darle color. Y, si se quisieran hacer bolsas, se ensayo con un proceso de marcación con el sello de la Universidad en el material, el cual fue exitoso.

“La idea inicial era crear un molde que contuviera a las uchuvas mientras eran exportadas a Europa, por lo que también se realizaron prototipos para hacer este proceso, además de un vaso tintero que soporta 20 minutos el café sin que el material se dañe, el cual está cubierto por capacho de uchuva, y cuyo recipiente tiene una parte comestible con almidón modificado que se usa para yogures con sabor a queso o melocotón”, expresa el experto.

Por último, pero no menos importante, se encontró que el 90 % de estos prototipos se degradan en 90 días, y en solo 10 días ya se genera este proceso en un 50 %. El experimento se realizó con un tarro en el que se ponía humos con lombrices de tierra, y en otro una muestra del material que entraba en contacto.