Por primera vez en el país se registró Triphora hassleriana, una diminuta orquídea terrestre de flores blancas que pasa casi todo el año oculta bajo tierra y solo emerge con las lluvias. El hallazgo ocurrió en un bosque seco tropical vecino al campus de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, dentro de un cultivo de cacao sin intervención humana.
Con más de 4.000 especies, Colombia es reconocido como el país con mayor diversidad de orquídeas en el mundo, y ahora suma el nuevo registro de una población de T. hassleriana, una especie poco conocida, descrita antes en Argentina, Paraguay, México, Estados Unidos y Ecuador.
El descubrimiento, realizado a finales de 2023 por el ingeniero agronómico Diego Andrés Rodríguez Leyton, estudiante de la Maestría en Ciencias Biológicas, ocurrió durante su jornada rutinaria de monitoreo de Cyclopogon, el género de orquídeas en el que basa su tesis. Cuando decidió avanzar unos metros más en el bosque notó una planta de tallo delgado, flores blancas de menos de 1 cm y hojas ovaladas, con una columna morada brillante, distinta a las especies que censaba como parte del Grupo de Investigación en Orquídeas y Ecología de la UNAL Sede Palmira.
El ciclo de vida de esta orquídea es subterráneo durante la
temporada seca. Gracias a su raíz con forma de tubérculo, acumula energía y
puede permanecer invisible por meses. Cuando comienzan las lluvias, brota y
florece, aunque sus rasgos solo se pueden identificar con disección floral, una
técnica que permite examinar las estructuras internas con precisión.
Posteriormente se confirmó que el ejemplar correspondía a T.
hassleriana. Además, el estudio corrigió un error previo, pues se había
descrito como una especie de flores amarillas, cuando en realidad son blancas.
El espécimen se depositó oficialmente en el Herbario de la UNAL Sede Palmira, y
su registro para Colombia fue publicado en la revista Acta Botánica Mexicana.
Los investigadores creen que su aparente ausencia en otros
países obedecería más a la falta de exploraciones que a su verdadera rareza. El
principal riesgo para esta población es la pérdida del bosque seco tropical,
uno de los ecosistemas más amenazados del país por la expansión agrícola, la
ganadería, las carreteras y la urbanización. “Si no aprendemos a vivir con el
bosque, tampoco podremos preservar esta diversidad”, concluye el estudiante de
la UNAL.




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