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viernes, 16 de enero de 2026

Descubren la primera población en Colombia de una rara orquídea subterránea

 Por primera vez en el país se registró Triphora hassleriana, una diminuta orquídea terrestre de flores blancas que pasa casi todo el año oculta bajo tierra y solo emerge con las lluvias. El hallazgo ocurrió en un bosque seco tropical vecino al campus de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, dentro de un cultivo de cacao sin intervención humana.

Con más de 4.000 especies, Colombia es reconocido como el país con mayor diversidad de orquídeas en el mundo, y ahora suma el nuevo registro de una población de T. hassleriana, una especie poco conocida, descrita antes en Argentina, Paraguay, México, Estados Unidos y Ecuador.

El descubrimiento, realizado a finales de 2023 por el ingeniero agronómico Diego Andrés Rodríguez Leyton, estudiante de la Maestría en Ciencias Biológicas, ocurrió durante su jornada rutinaria de monitoreo de Cyclopogon, el género de orquídeas en el que basa su tesis. Cuando decidió avanzar unos metros más en el bosque notó una planta de tallo delgado, flores blancas de menos de 1 cm y hojas ovaladas, con una columna morada brillante, distinta a las especies que censaba como parte del Grupo de Investigación en Orquídeas y Ecología de la UNAL Sede Palmira.

El ciclo de vida de esta orquídea es subterráneo durante la temporada seca. Gracias a su raíz con forma de tubérculo, acumula energía y puede permanecer invisible por meses. Cuando comienzan las lluvias, brota y florece, aunque sus rasgos solo se pueden identificar con disección floral, una técnica que permite examinar las estructuras internas con precisión.

 Sorprendido por la rareza del ejemplar, el investigador envió fotografías y descripciones al profesor Joel Tupac Otero Ospina, líder del grupo de investigación, quien confirmó que se trataba de una orquídea terrestre atípica para la zona, probablemente del género Triphora.

 A partir de entonces comenzó una verificación científica que tomó más de un año, con el apoyo de herbarios nacionales e internacionales. El proceso incluyó análisis de forma y tamaño, revisión de literatura especializada y comparación con ilustraciones históricas del género. En esta etapa participaron David Lozano, botánico de la Universidad del Tolima, y Gerardo Salazar, investigador del Instituto de Biología de la UNAM (México).

Posteriormente se confirmó que el ejemplar correspondía a T. hassleriana. Además, el estudio corrigió un error previo, pues se había descrito como una especie de flores amarillas, cuando en realidad son blancas. El espécimen se depositó oficialmente en el Herbario de la UNAL Sede Palmira, y su registro para Colombia fue publicado en la revista Acta Botánica Mexicana.

 “El momento del hallazgo me generó una sensación muy emotiva. El bosque me sigue sorprendiendo”, señala el estudiante Rodríguez. De otra parte, el profesor Otero señala que “este es un hallazgo muy interesante porque el género Triphora agrupa orquídeas difíciles de observar: pasan la mayor parte del tiempo bajo el suelo y solo emergen para reproducirse. En Colombia no se tenía ningún registro de esta especie”.

Los investigadores creen que su aparente ausencia en otros países obedecería más a la falta de exploraciones que a su verdadera rareza. El principal riesgo para esta población es la pérdida del bosque seco tropical, uno de los ecosistemas más amenazados del país por la expansión agrícola, la ganadería, las carreteras y la urbanización. “Si no aprendemos a vivir con el bosque, tampoco podremos preservar esta diversidad”, concluye el estudiante de la UNAL.

























viernes, 28 de noviembre de 2025

En Cesar descubren 6 familias de cactus polinizados por abejas

 Las abejas son los polinizadores por excelencia en la Tierra, y gracias a su trabajo miles de plantas se pueden reproducir. En La Paz (Cesar), un grupo de biólogos analizó el polen almacenado por estas pequeñas trabajadoras, y descubrió que la familia de los cactus (cactáceas) son uno de sus grupos vegetales preferidos. Incluso identificaron 6 especies que nunca se habían reportado en Colombia como polinizadas por abejas.

La Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede de La Paz ha ahondado en la manera como se analiza el polen de las abejas melíferas (que producen miel), pues algunas técnicas tradicionales –como la microscopía– presentan limitaciones para identificar formas y tamaños que pueden ser similares, porque sí: estas pequeñas bolitas de polvo floral que ellas recolectan y combinan con un poco de néctar o saliva, también se diferencian según la región y el entorno que las rodee.

“Además requiere un tiempo considerable entre cada muestra y un personal especializado que haga los análisis”, explica la investigadora Maryuri Lobo Torres, estudiante de Biología de la UNAL Sede de La Paz e integrante del grupo Semilla del Conocimiento del Cesar, del que también forma parte Elías Bechara Zainúm, de la Universidad del Sinú Seccional Cartagena.

Por ello los investigadores implementaron un sistema para analizar el material genético o ADN del polen con mayor nivel de detalle, lo cual permite describir y encontrar las especies vegetales con las que más interactúan las abejas en Cesar.

“Es similar a lo que ocurre al escanear un código de barras en un supermercado, y cuando las secuencias del ADN se encuentran se comparan con bases de datos internacionales para identificar las especies y los géneros específicos”.

“Estas técnicas ya se han utilizado ampliamente, pero en el bosque seco tropical colombiano su aplicación ha sido limitada, máxime cuando se trata del pan de abeja –como también se le conoce al polen–, un alimento compuesto de polen, miel y enzimas que las abejas fabrican y almacenan en sus colmenas y del que se alimentan cuando son jóvenes y larvas”, explica la estudiante Lobo.

Una gran diversidad para un pequeño polinizador

Para el estudio las muestras se recolectaron en la minigranja solar La Paz – Verso Solenium, en donde manejan colmenas tipo Langstroth, comunes en esta industria y que facilitan la extracción y selección de la miel. Con la ayuda de trabajadores de la microempresa Miel Silvestre se extrajeron las muestras de panales de 3 colmenas y se almacenaron en el Laboratorio de Propiedades Biológicas y Químicas de la UNAL Sede de La Paz.

Luego se extrajo el pan de abejas de las colmenas y se almacenó en tubos pequeños con el fin de realizar dos caracterizaciones con 150 miligramos: una microscópica y otra molecular. En la primera se hizo un lavado y luego una tinción, técnica que permite resaltar la capa externa de los granos de polen para facilitar la identificación en el microscopio, con un aumento de hasta 400 veces el tamaño real.

En la segunda caracterización se usaron 3 métodos de ruptura del grano de polen, pues su capa externa es muy resistente y se requieren métodos combinados; en este caso se usaron: una maceración con un mortero, perlas de vidrio, y un homogeneizador inalámbrico; luego se realizaron 4 extracciones de ADN y se amplificaron 2 fragmentos de genes que cumplen funciones importantes en los cloroplastos de las plantas, responsables de la fotosíntesis. Los resultados se compararon con bases de datos internacionales.

El estudio encontró que este grupo de abejas melíferas de Cesar recolectan polen de hasta 92 géneros y 18 familias de plantas, en las que se destaca un 60 % de cactáceas, entre ellas de los géneros LeuenbergeriaPereskia y Rhodocactus.

“Esta riqueza se explica en que la especie se caracteriza por alimentarse de muchos tipos de plantas; en cuanto al alto porcentaje de cactáceas, este se relacionaría con el ambiente semiárido y seco, y estas plantas son abundantes”, explica la investigadora Lobo.

Además, 6 familias reportadas dentro del análisis del polen no se habían reportado antes en Colombia para estas abejas, lo cual obedecería a las limitaciones en las bases de datos nacionales, la taxonomía que puede confundirse en el polen, y los escasos estudios que existen de la flora local y de la región.

Por último, la estudiante Lobo señala que que el método usado para analizar el polen es menos costoso: 225 dólares (unos 900.000 pesos) frente al de otros métodos más avanzados de secuenciación genética, que pueden llegar a los 2.550 dólares (alrededor de 10 millones de pesos).

Además de la investigadora Lobo, el equipo de expertos está integrado por Claudia Arenas, Brayan Anaya, y Diego Tirado, estudiantes de la UNAL Sede La Paz, y Diana Mantilla Escalante, de la Dirección Académica de la misma Sede. El proyecto fue financiado por la Convocatoria Nacional de Extensión Solidaria 2023, y en él participaron el semillero Alianza Estratégica para la Agricultura del Futuro, el grupo de investigación Semilla del Conocimiento del Cesar, y el semillero Genética y Sociedad, del grupo de Investigación Biodiversidad para la Sociedad. Los resultados se presentaron en  Unal Investiga 2025






viernes, 12 de septiembre de 2025

Descubren en los Farallones de Cali una nueva especie de bromelia ya en peligro crítico

 En lo alto del Parque Nacional Natural Farallones de Cali, a 3.500 msnm, científicos colombianos descubrieron una nueva especie de bromelia que ya nace amenazada. Se trata de Puya farallonensis, una planta de flores blancas a amarillas que habita en un solo parche de páramo, y que se propone catalogarla “en peligro crítico” por la minería ilegal en la zona.

El descubrimiento ocurrió en el Alto del Buey, un sector de páramo dentro del Parque, la mayor área protegida del Valle del Cauca, que se extiende desde selvas húmedas a nivel del mar hasta ecosistemas de páramo por encima de los 4.000 msnm, y que por su aislamiento se ha catalogado como una provincia biogeográfica única, hogar de especies exclusivas de la cordillera Occidental.

Los hallazgos se describieron recientemente en la revista científica Nordic Journal of Botany, lo que oficializa a P. farallonensis como una nueva especie para la ciencia. Esta no solo amplía el inventario de la biodiversidad colombiana, sino que además sostiene a animales emblemáticos como el oso andino, que encuentra en estas plantas parte fundamental de su alimento. Además, las puyas funcionan como “especies sombrilla”, alrededor de las cuales prospera gran parte de la biodiversidad del páramo.

El botánico Julio Betancur, profesor del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), señala que su objetivo inicial era comprobar si Puya occidentalis aún se encontraba en los Farallones de Cali, pues se registró en la década de 1940 a partir de colectas incompletas. Aprovechando una expedición del programa Colombia Bio, subió hasta el Alto del Buey, pero lo que halló no coincidía con aquella descripción.

El descubrimiento de la nueva bromelia confirma que incluso en territorios relativamente explorados, como los páramos de los Farallones de Cali, aún hay sorpresas por revelar. “Esto incrementa el acervo natural de los páramos, que son fundamentales tanto para el agua que consumimos en las ciudades como para la vida de especies como el oso andino”, destaca.

El hallazgo es al mismo tiempo una celebración de la riqueza biológica del país y una advertencia: conservar los páramos significa proteger la vida misma.

“Fui a buscar la P. occidentalis y me encontré con otra especie nueva para la ciencia; fue un hallazgo inesperado”, relata el biólogo. Con años de experiencia en el estudio del género Puya, supo de inmediato que estaba frente a una bromelia inédita.

Más tarde confirmaría que un fragmento recolectado en los años 40, atribuido erróneamente a P. occidentalis, realmente correspondía a la nueva P. farallonensis, lo que cerró un capítulo pendiente en la historia botánica de la cordillera Occidental.

La nueva especie, bautizada como P. farallonensis, se distingue por su porte más pequeño, sus racimos florales reducidos, y sobre todo por el inusual color de sus pétalos, que van del blanco al amarillo. “En Colombia, apenas dos especies de Puya presentan flores claras: P. ocroleuca y esta nueva, lo que resalta su rareza frente a los tonos azulados y verdosos que predominan en el género”, anota el investigador de la UNAL.

Hasta ahora la nueva especie de bromelia solo se ha encontrado en una población localizada en el Alto del Buey, dentro del Parque Nacional Natural Farallones de Cali. Su distribución extremadamente restringida la hace especialmente vulnerable. “Cuando decimos que solo se  conoce una población, no es que exista un único individuo, sino que solo está presente en esa área puntual del páramo”, aclara.

El proceso de confirmación no es inmediato. Tras la colecta en campo, las plantas son preservadas y estudiadas en detalle: desde la longitud de cada hoja y espina hasta el tamaño de sus pétalos y sépalos. “Es un trabajo similar a una disección médica: se examina cada parte con estereoscopios y se comparan con especímenes depositados en herbarios de Colombia y del mundo”, menciona el experto.

Además, la descripción debe cumplir con reglas internacionales de taxonomía: un nombre en latín, un ejemplar tipo depositado en un herbario de referencia, y una diagnosis que permita diferenciarla de especies similares.

De hallazgo científico a llamado de alerta

Aunque la especie habita en un área protegida, su supervivencia está en riesgo. La minería ilegal de oro ha degradado suelos y puesto en peligro la viabilidad de este frágil ecosistema. De hecho, durante la expedición, guardaparques y soldados de un batallón de alta montaña acompañaron a los investigadores por seguridad, debido a las amenazas en la zona.

Por estas razones, los autores del estudio recomendaron que la especie sea clasificada como “en peligro crítico” en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), autoridad mundial encargada de evaluar el estado de conservación de las especies. La Lista es el referente internacional más utilizado para determinar si una planta o animal está en peligro, vulnerable, o en riesgo de extinción.

“La mejor medida es simple: dejar el páramo en paz, desocuparlo y que allí no haya minería ilegal”, recomienda el científico, al advertir que en ecosistemas tan frágiles cualquier actividad humana —desde la ganadería hasta los cultivos— compromete la supervivencia de sus especies. En el caso de los Farallones de Cali, la minería es el principal riesgo, y frenarla resulta urgente para garantizar la viabilidad de P. farallonensis y de todo el ecosistema que la rodea.

El descubrimiento de la nueva bromelia confirma que incluso en territorios relativamente explorados, como los páramos de los Farallones de Cali, aún hay sorpresas por revelar. “Esto incrementa el acervo natural de los páramos, que son fundamentales tanto para el agua que consumimos en las ciudades como para la vida de especies como el oso andino”, destaca.

El hallazgo es al mismo tiempo una celebración de la riqueza biológica del país y una advertencia: conservar los páramos significa proteger la vida misma.








viernes, 5 de septiembre de 2025

¿Bagres disfrazados? Descubren mimetismo tóxico en los ríos de Colombia

 En los ríos del Orinoco y del Amazonas, y en afluentes como el Meta y el Guaviare, pequeños bagres se “disfrazan” para sobrevivir. Las llamadas corredoras o coridoras imitan los colores de sus parientes venenosos, lo que les permite engañar a depredadores como peces más grandes, aves y reptiles. Es la primera evidencia detallada en Colombia de un sistema de mimetismo tóxico en peces de agua dulce, un fenómeno conocido sobre todo en mariposas y serpientes que ahora sorprende bajo el agua.

El mimetismo es un truco evolutivo que se ha ido perfeccionado durante millones de años. Se trata de una estrategia mediante la que una especie imita la apariencia de otra para obtener ventajas, es decir para parecer más peligrosa de lo que realmente es y reforzar un mensaje de advertencia que los depredadores aprenden a respetar.

Por ejemplo en tierra firme las mariposas tropicales comparten las mismas alas coloridas, o las serpientes falsas corales copian los anillos rojos y negros de las verdaderas, que sí son venenosas. Sin embargo, bajo el agua este fenómeno ha sido mucho menos estudiado, y por eso el hallazgo en los bagres resulta tan sorprendente.

Las corredoras son peces pequeños, de apenas unos centímetros, que habitan el fondo del río en grupos numerosos. Su nombre viene de la forma en que se desplazan, recorriendo el lecho arenoso en busca de alimento —principalmente algas— como diminutas patrullas acuáticas. A simple vista son tranquilas y conocidas en el mundo de los acuarios por su resistencia y belleza. Pero detrás de sus manchas y líneas oscuras se esconde un sistema de engaños bien planeado.

El investigador Camilo Jiménez Vergara, biólogo de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), explica que “algunas corredoras han desarrollado verdaderas armas químicas, glándulas de veneno asociadas con las espinas de sus aletas pectorales; cuando un depredador intenta tragarlas, el pinchazo libera toxinas que causan dolor intenso e incluso lesiones en la boca del atacante. Para un pez más grande, como un pavón o un bagre cazador, ese primer contacto se convierte en una advertencia inolvidable: mejor no volver a morder a un pez con ese aspecto”.

Y aquí entra en juego el mimetismo. Las corredoras que no poseen veneno adoptan los mismos colores y patrones de las venenosas, mezclándose en el cardumen con sus primas tóxicas. Incapaz de distinguir cuál es peligrosa y cuál no, el depredador termina evitando a todas por igual.

La defensa está en los colores y en la química

El biólogo Jiménez encontró que en un mismo grupo pueden coexistir dos tipos de estrategias: el mimetismo batesiano, que se da cuando los peces inofensivos imitan a los venenosos, y el mimetismo mülleriano, cuando varias especies con toxinas reales comparten el mismo patrón de coloración y refuerzan la señal de advertencia. Es poco común que ambos fenómenos coincidan en los mismos cardúmenes de bagres.

Además, las corredoras cuentan con una glándula axilar en la base de la espina pectoral, que en situaciones de estrés libera una sustancia blanquecina al agua; no es un veneno inyectado sino una nube química que puede disuadir a los depredadores o actuar como protección antimicrobiana.

Para llegar a estas conclusiones, el investigador combinó observación en campo con análisis de laboratorio. Estudió más de 60 peces recolectados en los ríos Meta y Guaviare, además de ejemplares de colecciones y acuarios de Bogotá. Con técnicas de microscopía, histología y bioquímica caracterizó las glándulas y sus secreciones. En colaboración con el Laboratorio de Técnicas Analíticas Avanzadas en Productos Naturales de la Universidad de los Andes, aplicó cromatografía y espectrometría de masas para identificar un complejo abanico de proteínas y metabolitos.

El hallazgo también tiene una dimensión ecológica más amplia: estos peces rara vez nadan solos, forman cardúmenes en los que conviven varias especies a la vez, todas con patrones de color similares. Para un depredador la escena es desconcertante: un grupo de decenas de peces casi idénticos, algunos venenosos, otros no, pero imposibles de distinguir entre sí. El cardumen se convierte así en una estrategia colectiva de supervivencia, una especie de pacto visual en el que cada pez contribuye a reforzar la ilusión.

Evolutivamente este hallazgo muestra cómo la presión de los depredadores ha moldeado tanto la química como la apariencia de los bagres, generando una sofisticada red de engaños. Y en términos de conservación, subraya la riqueza única de la biodiversidad colombiana, pues entender estos mecanismos ayuda a dimensionar la complejidad de los ecosistemas acuáticos del país.

“Estos bagres no se usan para consumo sino especialmente como ornamento de acuarios, por eso los pescadores los venden para ese fin, o como un recurso para exportar. Aunque otros autores habían descrito antes la existencia de glándulas toxicas y estrategias de mimetismo, hasta ahora no se había proporcionado evidencia histológica de la glándula de veneno”, indica el biólogo Jiménez.

Que unos peces de apenas unos centímetros hayan desarrollado estrategias tan elaboradas para sobrevivir es un recordatorio del ingenio de la evolución y del valor de explorar lo que esconden los ríos sudamericanos.

El trabajo del magíster Vergara contó con la dirección y el apoyo de los profesores Mario Armando Monroy y Andrea Tonolli, de la Facultad de Biología de la UNAL.






martes, 11 de julio de 2023

Descubren cambios cerebrales causados por la nicotina, clave en la comprensión de la adicción al tabaco

 Mientras usted disfruta tranquilamente de un cigarrillo, la nicotina, un compuesto natural de las hojas del tabaco, genera en su organismo una dependencia desencadenada por los cambios que experimenta su cerebro al fumar. Un experimento realizado en roedores demostró que esta sustancia aumenta la producción de las proteínas FosB y DFosB –relacionadas con el placer y la satisfacción– en ciertas áreas del cerebro, lo cual explica la existencia de la adicción.

El estrés, la ansiedad y la presión social han llevado a un preocupante aumento del consumo de cigarrillos tanto en Colombia como en el resto del mundo. Según la Encuesta Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas 2019, realizada por el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) y el Ministerio de Justicia (Minjusticia), en el país más de 16 millones de personas han consumido estos productos al menos una vez en su vida. Lamentablemente, cada año se registran en el país más de 34.800 muertes relacionadas con el consumo de tabaco.

En la lucha contra el consumo desmedido de tabaco, que es una de las principales causas de muerte en el mundo, la psicóloga Estrella Lirdeya Campos León, magíster en Psicología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, se interesó en entender los cambios neuronales que ocurren durante el consumo de nicotina. Para ello, gracias a la similitud entre el cerebro de los roedores y de los seres humanos, en el estudio se evaluó los efectos de la nicotina en 94 roedores luego de recibir un tratamiento crónico con esta sustancia.

En el experimento se empleó un paradigma ampliamente conocido en el campo de la farmacología de adicciones, en el cual se les presentó a los animales una palanca asociada con la entrega de comida para evaluar su comportamiento bajo la influencia de la nicotina. Los resultados revelaron que los roedores se volvieron más vulnerables a los efectos reforzantes de la comida, lo que llevó a cambios en su comportamiento, con una mayor búsqueda de estímulos relacionados con la comida.

Según la magíster, en su estudio se observó que las ratas mostraron una mayor vulnerabilidad a la adicción: “ellas llegaron a lamer y morder la palanca como si fuera alimento, ya que la nicotina intensifica el placer que la comida ya les proporcionaba. Esta sustancia modifica el cerebro de manera que otros estímulos en el entorno generen aún más placer. Este fenómeno también ocurre en los seres humanos, especialmente en aquellos que han utilizado la nicotina como una puerta de entrada hacia otras sustancias adictivas”.

Las claves contextuales como el lugar de consumo, las personas e inclusive los instrumentos, según la psicóloga también son importantes, y reitera que por eso es que algunos programas de intervención en humanos no funcionan, pues se hacen en lugares diferentes al de consumo.

Nicotina al acecho

Durante 12 días se adelantaron sesiones diarias de automoldeamiento para observar el comportamiento en los animales. Los roedores se pusieron en una caja operante que contenía una rejilla de acero sobre una bandeja, un dispensador automático de comida, un generador  de estímulos sonoros, dos palancas retráctiles de presión, un comedero y un generador de luz ambiente, condiciones que permitieron entrenar a las ratas en un entorno controlado.

Después se tomaron muestras para analizar los cambios que ocurrieron en el cerebro. Mediante un software programado en las cajas, se introducía la palanca en la caja y se liberaba la comida, registrando la frecuencia de presión de la palanca y el número de entradas de los roedores al comedero durante el tiempo en que la palanca estuvo disponible. Luego se tomaron muestras para examinar las modificaciones en la actividad de las estructuras cerebrales relacionadas con el placer.

Estos hallazgos representan un avance significativo para entender cómo afecta la nicotina al cerebro. Según la magíster, “el modelo animal utilizado en el estudio proporciona información valiosa sobre los mecanismos de adicción y permite explorar intervenciones más efectivas basadas en la ciencia. Aunque los estudios directos en humanos pueden presentar limitaciones éticas y prácticas, estos resultados nos brindan una herramienta para comprender mejor los procesos que ocurren en el cerebro y desarrollar intervenciones más efectivas para ayudar a las personas a dejar de fumar o prevenir el inicio del consumo de tabaco”.