sábado, 29 de noviembre de 2025

Mosquitos silvestres de la Amazonia y Cesar revelan genes de resistencia a antibióticos

 En las selvas del Amazonas y en las zonas rurales del Cesar, investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sedes Medellín y de La Paz identificaron en mosquitos silvestres una sorprendente combinación de virus y genes asociados con la resistencia a antibióticos. El hallazgo sugiere que estos insectos, conocidos por transmitir enfermedades como el dengue o el zika, también actuarían como centinelas biológicos de la contaminación y los cambios ambientales que afectan la salud humana y animal.

Aunque mosquitos como Aedes aegypti o Culex quinquefasciatus son conocidos por transmitir enfermedades como el dengue o el zika, el universo microscópico que llevan dentro sigue siendo un territorio poco explorado. Los llamados “arbovirus” (virus transmitidos por mosquitos o garrapatas, entre otros artrópodos) son responsables de millones de infecciones cada año en regiones tropicales y subtropicales. En esta familia también se incluyen el chikungunya, la fiebre amarilla y el Nilo Occidental.

En Colombia, el monitoreo de mosquitos y otros insectos para identificar los virus que transportan (vigilancia entomovirológica) se ha concentrado en los entornos urbanos y en unos pocos virus de importancia epidemiológica, dejando sin explorar los ecosistemas naturales donde se originan y se mantienen muchos de estos agentes infecciosos.

“Este tipo de vigilancia permite anticipar brotes, entender cómo cambian los virus en su ambiente y reconocer qué especies de insectos están actuando como portadoras, información fundamental para prevenir la transmisión antes de que llegue a las poblaciones humanas”, menciona el ingeniero biológico Daniel Fernando Largo, estudiante de la Especialización en Biotecnología de la Facultad de Ciencias de la UNAL Sede Medellín.

A ello se suma un contexto ambiental marcado por la deforestación y el cambio climático, factores que alteran el equilibrio ecológico y amplifican el contacto entre humanos, animales y vectores. Según el Sistema de Monitoreo de Bosques y Carbono del Ideam y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, en 2024 se deforestaron 113.608 hectáreas en el país, lo que representa un aumento del 43 % frente a 2023. El incremento ha afectado departamentos como Caquetá, Meta, Guaviare y Putumayo, zonas esenciales para la conectividad ecológica entre los Andes y la Amazonia; en Antioquia, Norte de Santander y La Guajira también presentan un impacto importante.

Paralelamente, la Organización Meteorológica Mundial confirmó que 2024 fue el año más cálido jamás registrado, con un aumento promedio de 1,55 °C por encima de los niveles preindustriales. Este incremento global de temperatura, que también se refleja en la Amazonia, modifica los ciclos de lluvia y favorece la expansión geográfica de mosquitos y otros vectores transmisores de enfermedades.

Al mismo tiempo, la resistencia antimicrobiana —causada por el uso indiscriminado de antibióticos— se ha convertido en una amenaza creciente para la salud pública y el ambiente, al favorecer la circulación de bacterias resistentes en aguas, suelos y organismos silvestres.

En este escenario, conocer qué virus y genes circulan en los insectos se vuelve fundamental tanto para anticipar riesgos sanitarios y ecológicos como para fortalecer las estrategias de prevención. Así lo plantean los expertos del proyecto “Caracterización molecular de genes víricos y de resistencia antimicrobiana en el transcriptoma de poblaciones silvestres de culícidos y flebotomíneos de Amazonas y Cesar” (código Hermes 63201), resultado de una alianza de grupos de investigación de la UNAL Sedes Medellín y de La Paz.

Del bosque al laboratorio

El investigador hace referencia a fenómenos conocidos como spillover y spillback, procesos en los que los virus pueden pasar de los animales silvestres a los humanos y viceversa. “Los mosquitos y flebotomíneos -que se alimentan de sangre- funcionan como puentes biológicos entre ecosistemas; cuando se desplazan o cambian de hábitat, los virus se mueven con ellos”, agrega.

El muestreo se realizó en 3 regiones del país: Cesar (La Paz, San Diego, San José de Oriente y Los Fundadores), Caquetá (Santo Domingo) y Amazonas (Leticia y San Pedro de los Lagos), durante las temporadas de bajas precipitaciones, entre agosto de 2023 y abril de 2024.

En total se conformaron más de 20 “pools” o grupos de especímenes para su análisis, con predominio de Aedes aegypti y Culex en el Caribe seco, Psychodopygus y Lutzomyia en el piedemonte amazónico, y Aedes albopictusCoquillettidia venezuelensis y Nyssomyia fraihai en la selva húmeda tropical. Esta diversidad permitió comparar ambientes contrastantes, desde ecosistemas ganaderos y agrícolas hasta bosques de alta pluviosidad.

Las colectas se realizaron mediante trampas tipo CDC (dispositivos de succión con luz que atraen a los insectos hematófagos durante la noche y los capturan en un pequeño contenedor) y cebo humano, una técnica en la que una persona protegida sirve de atrayente para capturar mosquitos que buscan alimentarse de sangre. Ambos métodos son estandarizados en entomología médica para obtener ejemplares adultos de mosquitos y flebotomíneos.

La identificación taxonómica se efectuó a partir de caracteres morfológicos y se confirmó mediante secuenciación Sanger del gen de la citocromo oxidasa I (COI), una región del ADN mitocondrial que funciona como una “huella genética” para diferenciar especies, conocida en biología molecular como barcoding.

Posteriormente, gracias a la técnica de metatranscriptómica —que permite examinar simultáneamente el material genético activo en una muestra—, se logró caracterizar por primera vez en Colombia el conjunto de virus presentes en estas especies y su perfil de resistencia antimicrobiana.

Virus desconocidos y genes resistentes en los mosquitos del país

Los resultados revelan que los llamados virus insecto-específicos —aquellos que solo se replican dentro de las células de los insectos y no infectan a vertebrados— predominan en las poblaciones silvestres. Aunque no representan un riesgo directo para las personas, su presencia sí puede influir en la capacidad de los mosquitos para transmitir arbovirus como el dengue o el zika, al competir por los mismos recursos dentro del organismo del vector o interferir con su replicación.

Además, el estudio identificó genes asociados con la resistencia a antibióticos en mosquitos del género Culex, algunos de ellos vinculados a plásmidos —fragmentos circulares de ADN que las bacterias utilizan para intercambiar información genética— y a bacteriófagos, virus que infectan bacterias y pueden transportar genes entre ellas. Ambos actúan como vehículos de transferencia horizontal, un proceso mediante el cual los microorganismos comparten material genético sin necesidad de reproducirse.

“Aunque nuestros resultados no significan que los mosquitos transmitan esos genes, sí muestran que están en contacto constante con bacterias y contaminantes del entorno, lo que refleja el impacto de las actividades humanas sobre los ecosistemas”, explica el investigador.

Agrega que “el 8 % de los genes de resistencia identificados se asociaban con elementos genéticos móviles, es decir segmentos de ADN que se pueden desplazar dentro del genoma o pasar de una bacteria a otra a través de mecanismos naturales de intercambio genético”.

Según el estudiante, “esto muestra la posibilidad de intercambio entre especies microbianas y evidencia una exposición prolongada a antibióticos en el ambiente, lo que refuerza la necesidad de monitorear estos procesos no solo en hospitales o granjas, sino también en la fauna silvestre y en los ecosistemas naturales”.

La investigación empleó secuenciación de última generación y análisis bioinformático para reconstruir los genomas virales detectados y clasificar las familias predominantes. Entre ellas se encuentran Metaviridae, Chuviridae, Rhabdoviridae y Flaviviridae , algunas reportadas por primera vez en especies del país. Los investigadores planean devolver los resultados a las comunidades participantes, en el marco de un ejercicio de apropiación social del conocimiento.

Para el ingeniero biológico Largo, el trabajo demuestra que los insectos pueden ser aliados en la vigilancia ambiental y sanitaria. El estudio fue liderado por la profesora Claudia Ximena Moreno Herrera, de la Facultad de Ciencias de la UNAL Sede Medellín. También participaron los profesores Gloria Ester Cadavid, Giovan Gómez y Howard Junca. Además, contó con el apoyo del estudiante de Ingeniería Biológica Harold Gómez. Los resultados de este trabajo se presentaron durante UNAL Investiga 2025, iniciativa de la Dirección Nacional de Investigación y Laboratorios, de la Vicerrectoría de Investigación.