lunes, 26 de enero de 2026

El erizo negro no ha desaparecido de San Andrés, pero todavía necesita ayuda

 Durante años los arrecifes coralinos del Caribe han venido perdiendo a uno de sus aliados más importantes: el erizo negro (Diadema antillarum), un animal que controla poblaciones de algas que dificultan la supervivencia de los corales. Tras décadas de mortandades masivas se temía que esta especie hubiera desaparecido en la isla de San Andrés, pero un nuevo estudio muestra que aún está presente, aunque en niveles bajos, por lo que su recuperación necesita de planes de conservación más rigurosos.

La investigación se realizó en la Reserva de Biosfera Seaflower, una de las áreas marinas protegidas más importantes del Caribe colombiano. El objetivo era conocer el estado actual de la población del erizo negro, una especie de la que hasta ahora se sabía muy poco en esta región del país.

Para lograrlo, la bióloga Valentina Rojas Manrique, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), realizó un muestreo sistemático en 11 estaciones distribuidas a lo largo de la Reserva en San Andrés. En cada punto buceó en 5 transectos submarinos de 15 metros de largo por 2 metros de ancho, cubriendo un área total de 1.590 metros cuadrados. En ese espacio, contó y estudió cada erizo negro que encontró, sin extraerlos ni alterar el arrecife.

En total registró 304 individuos de erizo negro, a cada uno de los cuales midió directamente bajo el agua registrando el diámetro y la altura de su cuerpo, conocido como testa. A partir de estas medidas los clasificó como juveniles, adultos jóvenes y adultos, lo que le permitió evaluar si la población estaba envejecida, en recuperación o en equilibrio.

“Los resultados despejan una de las principales dudas sobre la desaparición de la especie que existían tras la mortandad registrada en el Caribe en 2022. En San Andrés no se observaron signos de enfermedad activa ni evidencias de mortalidad reciente; además, la presencia de individuos de todas las edades indica que la población aún se mantiene funcional y se puede reproducir”, explica la bióloga Rojas.

Sin embargo, aunque el erizo negro no ha desparecido en la Isla, la buena noticia tiene un límite claro: las poblaciones encontradas son bajas, con menos de un erizo por metro cuadrado en promedio, muy por debajo de los valores históricos y de los niveles necesarios para que esta especie cumpla plenamente su función ecológica.

Antes de la gran mortandad de los años 1980 –ocurrida en países como Puerto Rico, Jamaica y Estados Unidos (Florida)–, algunas zonas del Caribe llegaban a albergar más de 10 erizos por metro cuadrado.

Por otro lado, el estudio de la UNAL encontró que prácticamente no hay individuos en los sectores expuestos a un oleaje fuerte y constante. En contraste, las mayores densidades se registraron en áreas protegidas por la barrera arrecifal, en donde el agua es más tranquila y el fondo marino presenta mayor diversidad.

Punta por punta

Otro aspecto analizado fue el comportamiento de los erizos: muchos de ellos se encontraban en pequeñas agregaciones o grupos de hasta 13 individuos, un patrón que se asocia con mayor protección y mejores condiciones para la reproducción. No obstante, estas agrupaciones están muy lejos de las grandes concentraciones que se observaban décadas atrás.

¿Por qué importa todo esto? Porque el erizo negro cumple un papel muy grande para su tamaño. Al alimentarse de macroalgas, evita que estas cubran el arrecife y asfixien a los corales. Cuando la especie desaparece, las algas se expanden rápidamente reduciendo el espacio disponible para que los corales se fijen, crezcan y se recuperen tras eventos como el blanqueamiento o las tormentas.

Aunque el estudio no identifica las especies de algas ni de corales involucradas, investigaciones previas han demostrado que el erizo negro controla macroalgas como DictyotaHalopteris o Lobophora, favoreciendo así indirectamente la recuperación de corales constructores del arrecife.

Aún hay tiempo

Las grandes mortandades del erizo negro en el Caribe, ocurridas en los años ochenta y más recientemente en 2022, no fueron causadas por huracanes, como a veces se cree, sino por enfermedades, probablemente de origen microbiano, que se propagaron a escala regional. Estos eventos redujeron las poblaciones en más del 90 % en muchas zonas, y en numerosos arrecifes el erizo nunca volvió a alcanzar sus niveles originales.

Al respecto, el estudio de la bióloga Rojas muestra un escenario intermedio en el Archipiélago: la especie no está extinta, pero tampoco se ha recuperado. La población actual es pequeña, aunque estable, y no parece estar limitada por la disponibilidad de alimento. Esto sugiere que existe un potencial real de crecimiento, siempre y cuando se den las condiciones adecuadas.

Ahí es donde la investigación cobra un valor adicional: al identificar las zonas donde el erizo aún sobrevive y las características del hábitat que favorecen su presencia, el estudio proporciona una base científica para diseñar estrategias de manejo y restauración, entre ellas los programas de repoblamiento con juveniles criados en laboratorio, la protección de áreas arrecifales esenciales, y el control de factores que favorecen el crecimiento excesivo de algas, como la contaminación por nutrientes, métodos que ya han sido exitosas en lugares como Florida.

La bióloga plantea una alerta temprana basada en datos: aún hay tiempo para actuar y reforzar el papel de este pequeño herbívoro en la salud de los arrecifes del Caribe colombiano.

 







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