miércoles, 21 de enero de 2026

Emblemático árbol de Becerril (Cesar) tiene una genética única en el mundo

 Un biólogo descubrió que el guáimaro, un árbol que puede alcanzar hasta 45 metros de altura y vivir más de un siglo, presenta en Colombia variedades genéticas únicas que no se encuentran en otras regiones. Estas variantes contrastan con las 154 registradas en países de Mesoamérica, Perú y Brasil, y revelan una diversidad propia del territorio colombiano. Es la primera vez que se realiza un análisis genético detallado de esta especie en el país, un hallazgo clave para orientar su conservación y protección a largo plazo.

El guáimaro (Brosimum alicastrum) produce una semilla que, al procesarla, adquiere un olor y un sabor similares a los del café o el cacao. En municipios como Becerril –con cerca de 25.000 habitantes–, campesinos y comunidades indígenas yukpa la están tostando y moliendo para convertirla en harina, una iniciativa que busca resaltar su potencial económico y su valor social en la región. Este aprovechamiento es relevante si se tiene en cuenta que en las últimas seis décadas el ecosistema donde crece —el bosque seco tropical— ha perdido la mayor parte de su cobertura.

Durante meses, la búsqueda de más de 300 árboles de guáimaro llevó a los investigadores a recorrer el municipio de Becerril, junto a comunidades locales, con el propósito de estudiar el papel de esta especie en el ecosistema y explorar una genética hasta ahora poco conocida en el país. Este trabajo de campo fue realizado por el biólogo Andrey Yesid Mateus Ruiz, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), integrante del semillero de investigación en Genética del Paisaje Neotropical, en compañía de los profesores Gustavo Silva y Guerly León, del Departamento de Biología.

“El trabajo de campo no fue nada fácil, pues, por ser un árbol tan grande, en ocasiones los yukpa –o yuko– usaban ‘resorteras’ o debían trepar algunos metros para recolectar muestras de sus hojas”, relata el biólogo Mateus.

Luego, en los laboratorios del Departamento de Biología de la UNAL se analizaron más de 500 muestras de ADN utilizando softwares especializados que funcionan como verdaderos “detectives genéticos”, ya que permiten identificar y comparar las variaciones genéticas entre los individuos. El trabajo se adelantó con la Universidad del Rosario, con la que se lidera este proyecto en Becerril buscando hacer un primer mapeo detallado de la especie en el país.

Y es que en el Caribe colombiano el guáimaro no ha tenido una vida tranquila. Según el Instituto Humboldt, históricamente esta especie ha estado asociada con el bosque seco tropical, un ecosistema que en Colombia llegó a cubrir cerca de 9 millones de hectáreas, pero del cual hoy solo se conservan alrededor de 720.000 hectáreas.

Según el Instituto, esta pérdida se debe principalmente a la expansión de la ganadería extensiva en la región y al conflicto armado, que ha dejado heridas en forma de deforestación y desplazamiento de comunidades, las cuales ya no pueden cuidar sus árboles nativos.

Gracias a la ayuda de la ONG Envolvert, las comunidades de Becerril han vuelto a usar y proteger al guáimaro creando la Asociación Verde Campesina de Becerril (Asovecab), que elabora harina de semilla de guáimaro para hacer mermeladas, dulces y otros alimentos que se comercializan en ciudades como Bogotá y Barranquilla, y que incluso las han usado reconocidos chefs del país”.

Gen-erando alternativas

A partir de 500 muestras y de un análisis exhaustivo de colecciones biológicas y herbarios nacionales —entre ellos el Herbario Nacional Colombiano, del Instituto de Ciencias Naturales de la UNAL—,y de una muestra reducida de árboles colombianos, se evidencian tres haplotipos de un mismo gen en el guáimaro colombiano, de 154 que se ha identificado en los demás países donde se encuentra la especie, ¿qué quiere decir esto? que en un mismo gen del guáimaro hay variantes que solo se hallan en el país.

Esto es relevante porque el árbol está presente en México, Perú, Bolivia, Brasil y otros países americanos, pero la riqueza de la especie en Colombia se desconocía, imposibilitando estrategias de conservación y protección basadas en rasgos genéticos, características que evidencian la necesidad de evitar el riesgo de árboles que son la base del bosque seco tropical, uno de los ecosistemas con mayor pérdida de hectáreas en el mundo.

“El beneficio radica no solo en el desarrollo económico de las comunidades de Becerril, sino también en la interacción que este árbol tiene con especies de animales como el mono araña, que se alimenta de sus semillas, y en el proyecto de la UNAL y la Universidad del Rosario se está estudiando si este mamífero es el responsable de dispersar sus semillas por todo el bosque”, explica el biólogo.

Los parches de guáimaro que se encuentran en la zona son de apenas unas 2 hectáreas, por lo que el árbol está en riesgo, pero con la ayuda de las comunidades y de la información genética podría revivir en esta zona del Cesar y en todo el Caribe colombiano, pues actualmente el estudio se está ampliando e incluye poblaciones de más de 13 localidades de la especie en Colombia.

Según el biólogo, “hasta el momento no existen planes gubernamentales de reforestación, por lo que entender la genética del árbol es un llamado a entender su importancia para el país y el ecosistema”.