No todos los humedales están lejos de la ciudad ni escondidos tras rejas, algunos sobreviven dentro de los campus universitarios. Entre senderos, plantas nativas, semillas, aves y rituales simbólicos, el humedal Mamá Dominga, ubicado en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, fue recorrido como parte de la conmemoración del Día Mundial de los Humedales. La actividad, liderada por el Museo de Historia Natural, abrió un mes de reflexiones y acciones pedagógicas para reconocer el valor ecológico y cultural de estos ecosistemas urbanos.
Los humedales son espacios en donde el agua sostiene la vida
y en donde plantas, aves, insectos y otras especies encuentran refugio,
alimento y rutas de paso, incluso en medio de la ciudad. Bogotá cuenta con
alrededor de 15 humedales reconocidos oficialmente, 11 de los cuales forman
parte del complejo urbano incluido en la Lista Ramsar, la máxima distinción
ambiental internacional. Entre ellos están humedales emblemáticos como La
Conejera, Juan Amarillo (también llamado Tibabuyes), Córdoba, Jaboque, El Burro
y La Vaca, lugares que guardan historias, biodiversidad y memoria en distintos
rincones de la capital.
A pesar de su importancia para la biodiversidad de la Sabana
de Bogotá y para el equilibrio ecológico urbano, su presencia en entornos
citadinos suele pasar inadvertida o ser subvalorada. Con frecuencia son vistos
como “caños” o zonas residuales, cuando en realidad cumplen un papel vital en
el equilibrio de la ciudad.
La conservación de dichos ecosistemas no depende solo de la
buena intención, sino del conocimiento. La profesora Yaneth Muñoz Saba,
directora del Museo de Historia Natural, afirma que “conservar no es sembrar
plantas sin contexto. Cuando no sabemos si una especie es propia de la región o
de la Sabana de Bogotá podemos introducir plantas invasoras que causan más daño
que beneficio”.
La corteza de los árboles registra su crecimiento y
adaptación al entorno.
Acompañantes del recorrido orientan los procesos de educación ambiental.
.
La profesora Yaneth Muñoz Saba, directora del Museo de Historia Natural de la UNAL, durante el recorrido
Semillas de chocho, asociadas con la mejora de la calidad del suelo.
Cultivos experimentales desarrollados por estudiantes en el entorno del humedal.
Descubrimiento y reconocimiento de especies durante el recorrido ambiental.
Ingreso al humedal Mamá Dominga, un ecosistema vivo dentro del campus.
La conexión con la naturaleza como base de la educación ambiental.
Charlas que explican la importancia ecológica del humedal Mamá Dominga.
Ritual simbólico que refuerza el respeto y la conexión con el humedal.
Aprender del entorno a partir de la experiencia directa.
Desde el Museo, la apuesta es ampliar la conmemoración más
allá de una fecha simbólica y convertir febrero en un espacio de encuentro
entre ciencia, educación ambiental y saberes territoriales. A través de
distintas miradas y experiencias de las comunidades que conviven con estos
ecosistemas en la Sabana de Bogotá, se busca fortalecer el vínculo entre
ciudad, naturaleza y territorio.



















