lunes, 9 de febrero de 2026

Río Bogotá concentra bacterias resistentes y parásitos asociados con el riego agrícola

 Investigaciones del grupo Resiliencia y Saneamiento Ambiental (RESA) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) han documentado que el río Bogotá no solo concentra contaminación química y microbiológica, sino que además actúa como reservorio de bacterias resistentes a antibióticos y de parásitos que pueden llegar a los cultivos irrigados en la Sabana occidental, lo que representa un riesgo persistente para la salud pública y ambiental.

Aunque Colombia se cuenta entre los países con mayor disponibilidad de agua en el mundo, el deterioro de los ecosistemas asociados con el ciclo hídrico ha afectado la calidad y disponibilidad de este recurso en diferentes regiones del país. El río Bogotá, eje ambiental y social de la Sabana y de Cundinamarca, refleja con claridad estas tensiones entre riqueza hídrica y presión humana.

Con origen en el páramo de Guacheneque, en el municipio de Villapinzón (Cundinamarca), este afluente recorre cerca de 380 km a través de 47 municipios del departamento antes de desembocar en el río Magdalena. En Bogotá atraviesa el occidente de la ciudad por localidades como Suba, Engativá, Fontibón, Kennedy y Bosa, y resulta fundamental para el abastecimiento, la agricultura y la industria regional.

A lo largo de su recorrido se distinguen tres tramos principales: la cuenca alta, que comprende municipios como Villapinzón, Chocontá, Tocancipá, Cajicá y Chía; la cuenca media, que incluye la zona urbana de Bogotá y municipios como Cota, Funza, Mosquera y Soacha, en donde se concentra la mayor carga contaminante, y la cuenca baja, que se extiende desde Alicachín, en Sibaté, hasta Girardot, donde el río desemboca en el Magdalena.

En dicho sistema hídrico se concentran actividades económicas y productivas de gran escala, así como procesos urbanos y agrícolas que han transformado el territorio durante el último siglo. Estos cambios en el uso del suelo, junto con la descarga de aguas residuales domésticas e industriales, han contribuido al deterioro de este cuerpo de agua, uno de más estudiados del país.

Las investigaciones científicas han seguido de cerca sus transformaciones, desde los cambios en la microbiología del agua —es decir en los microorganismos que habitan el río y responden a la contaminación— hasta la presencia de metales, fármacos y microorganismos resistentes a antibióticos.

Actualmente el río Bogotá es una compleja mezcla de contaminación tradicional y emergente. Estudios realizados en su cuenca alta —en municipios como Villapinzón— ya habían documentado los efectos de las actividades humanas sobre las propiedades fisicoquímicas y microbiológicas del agua, así como la presencia de contaminantes específicos como el cromo.

Más abajo, en la cuenca media —donde los cambios en el uso del suelo son más intensos—, estudios realizados entre 2007 y 2019 para comparar la evolución de la calidad del agua confirmaron la presencia constante de coliformes totales y Escherichia coli —bacterias que se utilizan como indicadores de contaminación por aguas residuales—, mientras afluentes como el río Tunjuelo reflejan la misma tendencia de baja calidad del agua.

Durante más de dos décadas el grupo RESA de la Facultad de Ingeniería de la UNAL, dirigido por la profesora Martha Bustos López, ha investigado la relación entre contaminación hídrica, saneamiento y salud ambiental en la cuenca del río Bogotá, evidenciando un deterioro sostenido en la calidad del agua y en los sedimentos asociados con sistemas de riego agrícola.

La Ramada, punto crítico de la contaminación

En ensayos de toxicidad aguda y crónica realizados en 2020 en sedimentos de los canales de riego del distrito de La Ramada, en la cuenca media, los resultados mostraron la persistencia de la contaminación. Esto demuestra que los contaminantes no solo están presentes en el agua, sino que también se acumulan en el lecho del ecosistema, manteniendo activa la fuente de riesgo incluso cuando las condiciones del flujo hídrico cambian.

En ese mismo sistema de riego agrícola, investigaciones posteriores comprobaron la presencia de bacterias resistentes a antibióticos betalactámicos —como la amoxicilina— en aguas utilizadas para riego.

Este resultado indica que el río Bogotá no es solo un receptor de contaminantes, sino también un espacio en donde los microorganismos pueden desarrollar y compartir mecanismos de resistencia antimicrobiana, fenómeno reconocido como una de las principales amenazas globales para la salud pública.


También se han evaluado los efectos de la actualización del Plan de Ordenación y Manejo de la Cuenca Hidrográfica (POMCA) sobre la calidad del agua en municipios como Funza y Mosquera, con el fin de analizar si las estrategias actuales de gestión ambiental están logrando mitigar la contaminación en zonas de alta afectación.

Además, en 2022 se confirmó la presencia de parásitos de interés sanitario, como Giardia y Cryptosporidium, tanto en aguas de riego como en hortalizas cultivadas en la Sabana occidental de Cundinamarca.

La presencia de estos organismos en cultivos de consumo humano evidencia que la contaminación hídrica se puede trasladar desde el río hasta los alimentos, ampliando así el alcance del riesgo sanitario más allá del ecosistema acuático.

Estudios recientes basados en análisis metagenómicos —técnicas que permiten estudiar el ADN de comunidades completas de microorganismos presentes en el agua— han mostrado, además, una alta presencia de genes asociados con resistencia antimicrobiana y cambios significativos en las comunidades microbianas del río.

Los investigadores del grupo RESA consideran que el río funciona como un “reactor biológico” en el que los microorganismos intercambian información genética que les permite sobrevivir a antibióticos y contaminantes presentes en el ambiente.

Los estudios desarrollados ofrecen una visión integrada del problema, que conecta la contaminación del río Bogotá con la agricultura de la Sabana y con riesgos directos para la salud humana, lo que refuerza la necesidad de fortalecer la gestión del agua, el saneamiento y el monitoreo ambiental en la cuenca.