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martes, 3 de febrero de 2026

Mamá Dominga, el humedal que respira dentro del campus UNAL Sede Bogotá

 No todos los humedales están lejos de la ciudad ni escondidos tras rejas, algunos sobreviven dentro de los campus universitarios. Entre senderos, plantas nativas, semillas, aves y rituales simbólicos, el humedal Mamá Dominga, ubicado en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, fue recorrido como parte de la conmemoración del Día Mundial de los Humedales. La actividad, liderada por el Museo de Historia Natural, abrió un mes de reflexiones y acciones pedagógicas para reconocer el valor ecológico y cultural de estos ecosistemas urbanos.

Los humedales son espacios en donde el agua sostiene la vida y en donde plantas, aves, insectos y otras especies encuentran refugio, alimento y rutas de paso, incluso en medio de la ciudad. Bogotá cuenta con alrededor de 15 humedales reconocidos oficialmente, 11 de los cuales forman parte del complejo urbano incluido en la Lista Ramsar, la máxima distinción ambiental internacional. Entre ellos están humedales emblemáticos como La Conejera, Juan Amarillo (también llamado Tibabuyes), Córdoba, Jaboque, El Burro y La Vaca, lugares que guardan historias, biodiversidad y memoria en distintos rincones de la capital.

A pesar de su importancia para la biodiversidad de la Sabana de Bogotá y para el equilibrio ecológico urbano, su presencia en entornos citadinos suele pasar inadvertida o ser subvalorada. Con frecuencia son vistos como “caños” o zonas residuales, cuando en realidad cumplen un papel vital en el equilibrio de la ciudad.

La conservación de dichos ecosistemas no depende solo de la buena intención, sino del conocimiento. La profesora Yaneth Muñoz Saba, directora del Museo de Historia Natural, afirma que “conservar no es sembrar plantas sin contexto. Cuando no sabemos si una especie es propia de la región o de la Sabana de Bogotá podemos introducir plantas invasoras que causan más daño que beneficio”.

Fauna asociada con el humedal Mamá Dominga, fundamental para el equilibrio del ecosistema.

La corteza de los árboles registra su crecimiento y adaptación al entorno.


Semilla de nogal, árbol nativo de los Andes y especie emblemática de Bogotá


El aprendizaje directo fortalece el cuidado del territorio

Acompañantes del recorrido orientan los procesos de educación ambiental.

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La profesora Yaneth Muñoz Saba, directora del Museo de Historia Natural de la UNAL, durante el recorrido



Pequeñas miradas que ayudan a construir futuros más verdes.



Durante el recorrido se reconocieron especies comestibles como la uchuva.



Semillas de chocho, asociadas con la mejora de la calidad del suelo.



Cultivos experimentales desarrollados por estudiantes en el entorno del humedal.



El árbol loco es una especie de girasol que contribuye a regular el ciclo del agua



Descubrimiento y reconocimiento de especies durante el recorrido ambiental.



Ingreso al humedal Mamá Dominga, un ecosistema vivo dentro del campus.



La conexión con la naturaleza como base de la educación ambiental.



Charlas que explican la importancia ecológica del humedal Mamá Dominga.



Ritual simbólico que refuerza el respeto y la conexión con el humedal.



Aprender del entorno a partir de la experiencia directa.

Desde el Museo, la apuesta es ampliar la conmemoración más allá de una fecha simbólica y convertir febrero en un espacio de encuentro entre ciencia, educación ambiental y saberes territoriales. A través de distintas miradas y experiencias de las comunidades que conviven con estos ecosistemas en la Sabana de Bogotá, se busca fortalecer el vínculo entre ciudad, naturaleza y territorio.


lunes, 7 de abril de 2025

Lagartijas estriadas se han adaptado para vivir en el campus de la UNAL Sede Bogotá

 De estas habitantes de la Ciudad Universitaria, conocidas científicamente como Riama striata y cuya característica principal son las estrías en sus escamas, existen dos poblaciones que han sorteado las amenazas de vivir en la ciudad, con adaptaciones diferentes entre sí en sus formas de reproducción que evidencian historias fascinantes de supervivencia.

Sede Bogotá se ubica en los invernaderos de la Facultad de Ciencias Agrarias y se caracteriza por un rápido recambio de individuos jóvenes, por su alta tasa de natalidad; la otra está en los alrededores del edificio de la Facultad de Cine y Televisión, en donde las lagartijas optan por una estrategia más cautelosa, con individuos que viven más tiempo, pero su reproducción es menos frecuente.

La lagartija estriada es autóctona de las tierras frías y altas de la cordillera Oriental de Colombia y se distribuye en Boyacá, Cundinamarca y Santander. Los registros de la especie se reportan especialmente en la Sabana de Bogotá, los cerros Orientales y los páramos.

Esta especie se puede observar debajo de troncos, rocas, hojarasca o entre el pasto. En áreas afectadas por la expansión urbana habita debajo de escombros de cemento, ladrillo, plástico o madera. Las hembras ponen entre 1 y 2 huevos, y se ha sugerido que dos o más de ellas pueden ubicarlos en un mismo sitio, lo que se conoce como “nidos comunales”.

El biólogo Miguel Ángel Méndez Galeano, magíster en Biología, realizó el primer reporte oficial de estas lagartijas en la Universidad en 2016. Ahora, junto con sus colegas Rafael Moreno y Alejandra Pinto –también de la Institución– adelantaron un exhaustivo seguimiento de ambas poblaciones para conocer su estado, parámetros y dinámicas en un área urbana.

Para realizar el estudio, durante un año los investigadores buscaron individuos en las instalaciones de Cine, el Invernadero, y cerca al Estadio Alfonso López Pumarejo y la Hemeroteca Nacional. “Los individuos capturados se marcaron para poder identificarlos y facilitar el monitoreo de su crecimiento y supervivencia”, explica el magíster.

Este estudio arroja luces sobre la compleja dinámica demográfica de estas lagartijas, y además plantea preguntas cruciales sobre cómo las condiciones ambientales y las estrategias de vida pueden influir en la resiliencia de las especies en entornos urbanos.

Misma especie, diferentes comportamientos

Los hallazgos mostraron que las dos poblaciones de lagartijas son distintas. Aunque presentan características de estabilidad poblacional, las de Agronomía mostraron una mayor cantidad de individuos, con 68 encontrados (53 % adultos, 47 % juveniles) y un número estimado de 109 a 201. La población de Cine y Televisión, aunque más pequeña, se comportó de manera diferente en términos de estrategias demográficas. Allí se capturaron 40 lagartijas (62 % adultos, 38 % juveniles), y se estima que hay entre 60 y 126 ejemplares.

Las tasas de mortalidad también variaron entre las poblaciones. “La de Agronomía mostró una mayor mortalidad entre los adultos”, señala el biólogo Méndez. Esta evaluación, así como la de supervivencia, se realizó mediante recapturas, para llevar un control sobre si los individuos previamente marcados volvían a ser vistos, permitiendo así estimar la muerte y el nacimiento en cada población.

La lagartija estriada de la UNAL Sede Bogotá no cambia mucho de lugar y guarda fidelidad a su refugio, ubicado en los lugares que la protegen del pastoreo, los nichos térmicos, los sitios reproductivos o las fuentes de alimento, por lo que su conservación depende de que sus hábitats no se modifiquen con cambios de cobertura vegetal por urbanización, lo que podría en riesgo su existencia.

A pesar de las condiciones de alta intervención humana en el campus, las poblaciones de R. striata se mantienen estables. Esto sugiere que, aunque son vulnerables por su tamaño poblacional, han encontrado estrategias para sobrevivir en un entorno que presenta desafíos a causa de la presencia humana.

Según el investigador, “para proteger estas poblaciones únicas se aconseja preservar y enriquecer los elementos clave del hábitat de la especie, tales como mantener zonas de pastizal con refugios naturales y artificiales y evitar la poda de pasto en estos lugares”.

“Lo que puede parecer desordenado o antiestético para los humanos puede ofrecer refugio y oportunidades de supervivencia para la fauna local”, concluye el investigador.






viernes, 4 de noviembre de 2022

FOTOGALERÍA. Del campus a su mesa con la Feria Agroalimentaria UNAL

 Haga mercado en esta feria llena de sabores y saberes del campo, organizada por la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL). Acelgas de colores, cuatro tipos de papas traídas desde las alturas del Páramo de Sumapaz, ajíes ancestrales del Amazonas, quesos madurados de forma artesanal, comida cocinada con amor y sabiduría, y lechugas de excéntrica belleza cultivadas por los futuros agrónomos de la Universidad, forman parte de la diversa oferta de alimentos que se producen en las huertas que rodean parte del campus de la Sede Bogotá. La feria está ubicada en la plaza central del edificio de la Facultad y permanecerá abierta hasta mañana viernes 4 de noviembre. ¡Traiga su canasto y lleve lo mejor del campus UNAL a su mesa! Fotos: Jeimi Villamizar – Unimedios.