Más pequeño que un gato doméstico y de grandes ojos marrones, el tigrillo lanudo está en estado vulnerable en Colombia, tanto por la expansión ganadera y urbana como por los proyectos de infraestructura eléctrica que afectan su hábitat. Aunque se conoce poco sobre su presencia, biólogos confirmaron que aún resiste en municipios como Tabio, Subachoque y Tenjo (Cundinamarca), en donde su presa más abundante es el ratón de patas blancas, un dato fundamental para orientar planes de manejo en la zona.
Los bosques de montaña, ubicados entre los 2.400 y
3.500 msnm, cumplen funciones esenciales en la producción de agua, la
captura de carbono y la conservación de especies emblemáticas como el oso de
anteojos y el tigrillo lanudo (Leopardus pardinoides), presente en
Colombia, Venezuela, Ecuador y Centroamérica. Sin embargo, estos ecosistemas
enfrentan una transformación acelerada: se estima que en las últimas tres
décadas han perdido cerca del 80 % de su cobertura natural, lo que
compromete tanto la biodiversidad como los servicios ambientales que prestan.
Ante esta pérdida progresiva de su entorno natural, el
tigrillo lanudo ha debido desplazarse y adaptarse a fragmentos de bosque que
aún se conservan. Uno de esos lugares es Tabio, en donde ha sido avistado desde
2015. Aunque la especie ya estaba reportada en el país, inicialmente en este
municipio se pensaba que se trataba de otro tipo de tigrillo, el Leopardus
tigrinus. Fue solo hasta 2024 cuando se describió formalmente al tigrillo
lanudo como una especie diferenciada, lo que dejó un vacío de información sobre
cuántos individuos existen realmente en Colombia y cómo se distribuyen.
Hace 2 años la comunidad, como el Colectivo Retratos
Altoandinos, se interesó en la presencia de esta especie y en pensar cómo
protegerlo, por lo que empezaron una estrategia en redes sociales con el
hashtag #Salvemosaltigrillo, pues, además de ser una especie en riesgo según la
Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (tan solo unos miles
de tigrillos), su hábitat se ve amenazado por un megaproyecto que busca la
instalar 289 torres de alta tensión del Grupo de Energía de Bogotá atravesando
Tabio e irrumpiendo en más de 56 km de reserva forestal en este lugar de
Cundinamarca.
Por ello la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) ha
venido trabajando incansablemente por entender el día a día de estos felinos y
protegerlos desde su conservación, con investigaciones de grupos como el de
Conservación y Manejo de Vida Silvestre, dirigido por la profesora Olga Lucía
Montenegro y el profesor Hugo López, del Instituto de Ciencias Naturales (ICN).
Dentro de este trabajo se destaca la investigación del
biólogo de la UNAL Matheo Alejandro Valero Escamilla, quien llegó a Tabio con
el propósito de realizar el primer estudio sobre la oferta de presas
disponibles para el tigrillo en la zona. Es decir, buscó establecer si existe
suficiente abundancia de especies que, según la literatura científica, forman
parte de su dieta. La disponibilidad de alimento es determinante para la
permanencia de un depredador pequeño como este, especialmente porque solo tiene
una o dos crías al año, lo que limita su capacidad de recuperación poblacional
ante cualquier amenaza.
Con cámara y trampa en mano
Con el fin de desentrañar si el tigrillo puede sobrevivir
allí, los investigadores no intentaron seguirlo —una tarea casi imposible—,
sino que se enfocaron en algo más revelador: medir cuánta comida tiene
disponible, pues para un depredador pequeño la abundancia de presas es la
diferencia entre persistir o desaparecer.
Para ello, instalaron más de 400 trampas de captura viva,
con cebos elaborados con grasa de cerdo y maní molido, distribuidas en dos
zonas del municipio, en transectos de 60 m a la redonda y activas durante
varias noches, y le hicieron seguimiento durante un mes.
Este método les permitió capturar principalmente pequeños
mamíferos terrestres —sobre todo roedores— que se mueven entre la hojarasca del
bosque. Entre las especies atrapadas se destacó el ratón de patas blancas, una
presa ideal para un cazador del tamaño del tigrillo, y que es una buena señal
de que el felino sobreviva en la zona. Las aves pequeñas y los anfibios y
reptiles fueron escasos; en otras palabras, en ese bosque hay mucho “bocado
pequeño” y poco “plato grande”, justo lo que necesita un felino diminuto que
caza en solitario.
Para el biólogo Valero, esto significa que todavía puede
alimentarse sin recorrer distancias enormes ni arriesgarse a entrar a zonas
abiertas o pobladas. Pero también deja ver lo frágil de la situación, ya que,
si el bosque se reduce o se simplifica, desaparecen primero esos animales
diminutos y, detrás de ellos, el depredador.
“Muchas trampas fueron saboteadas por zarigüeyas, que
compiten por alimento con el tigrillo. Estas se acercaban al cebo, tiraban la
trampa y luego se iban. Los tigrillos también pueden llegar a alimentarse de
las crías de estos animales”, indica el biólogo, quien durante el seguimiento
captó un solo tigrillo lanudo en una cámara trampa, la cual permanecía
instalada en la zona para esperar su repentina llegada.
El tigrillo lanudo seguirá resistiendo con la ayuda de la
comunidad de Tabio, pero necesita planes de manejo y conservación desde los
entes decisores, fortaleciendo el conteo de estos animales —pues no existe
información o investigación suficiente al respecto— y disminuyendo el riesgo
que enfrenta como especie vulnerable.




