Las diatomeas, microalgas invisibles al ojo humano, permitieron identificar en las aguas del río Cesar el rastro de fertilizantes químicos provenientes de la ganadería y las aguas residuales descargadas de zonas urbanas aledañas. El análisis registró 32 tipos de microalgas que crecen ante la presencia de estos residuos nocivos, inventario sin precedentes que confirma la capacidad de dichos microorganismos para revelar alteraciones en el río, incluso cuando el agua aparenta estar limpia.
Para descubrirlo, la investigadora María Camila Labrada Quintana, bióloga de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), recorrió tramos de las cuencas altas de los ríos Cesar y Guatapurí —en donde el agua desciende fría y transparente desde la Sierra Nevada de Santa Marta—, marcó pequeños segmentos de unos 50 m y comenzó a recolectar muestras cada pocos pasos. Ella no buscaba peces ni plantas visibles, sino una película resbalosa que cubre las piedras sumergidas, en donde viven las diatomeas.
Con un cepillo raspó suavemente la superficie de las rocas y guardó ese material en frascos para analizarlo después. Aunque parece simple, ese procedimiento permite capturar una especie de “huella digital” del río, porque las diatomeas permanecen adheridas al sustrato y registran lo que ha ocurrido en el agua durante días o semanas.
Ya en el laboratorio, limpió cuidadosamente las muestras
para observar en el microscopio las diminutas estructuras de sílice —un
material similar al vidrio— que forman el esqueleto externo de estas algas. Con
técnicas como la espectrometría midió con precisión la concentración de
nitrógeno o fósforo en el agua, para relacionar estos elementos con la
presencia de las diatomeas.
Entre las especies identificadas más abundantes para el río
Guatapurí están Fragilaria cf. capucina y Tabellaria
flocculosa, típicas de aguas claras y bien oxigenadas de montaña, así
como Frustulia cf. saxonia, asociada con ambientes
fríos y poco alterados. También se encontraron diatomeas como Diploneis cf.
elliptica y Nitzschia sp., capaces de responder con
rapidez a cambios en la química del agua.
Por otro lado, en el río Cesar dominaron otras formas
microscópicas como Cymbella sp., Surirella cf.
librile, Pinnularia sp. y Gomphonema cf. y Amphora cf.
borealis, especies vinculadas a ambientes con mayor variabilidad de
nutrientes, luz y condiciones físicas.
Lo esencial es invisible
Lo importante no era solo saber cuántas había, sino cuáles
dominaban en cada lugar, pues algunas especies prosperan en aguas limpias y
bien oxigenadas mientras otras resisten mejor ambientes con exceso de
nutrientes, sedimentos o contaminación orgánica, que pueden ser producto de
fertilizantes para ganadería o agricultura, o de aguas residuales de las
ciudades que finalmente llegan a estos sistemas hídricos. Al comparar los dos
ríos, los investigadores se sorprendieron al observar que sus comunidades microscópicas
eran distintas.
En términos simples, si predominan especies sensibles, el
agua suele estar en buen estado, pues no deben soportar condiciones
desfavorables; pero si aumentan las especies tolerantes, significa que algo
está cambiando. En el río Cesar, ciertas diatomeas indican una mayor influencia
de nutrientes y materia orgánica, condiciones que se relacionarían con
actividades humanas en la cuenca. El Guatapurí, en cambio, mostró
características más cercanas a un sistema de montaña menos alterado.
Una ventaja de este método es que no depende de cómo se vea
el agua: un río puede parecer cristalino y aun así estar recibiendo nutrientes
o contaminantes diluidos por la corriente. Las diatomeas, al permanecer fijas
en las rocas, integran esa información invisible y la convierten en una señal
biológica clara.
“Los muestreos se realizaron en zonas consideradas como
menos intervenidas por las comunidades, por lo que falta analizar qué ocurre en
lugares más cercanos a las ciudades, en donde la contaminación puede ser más
marcada”, indica la bióloga Labrada, quien para su trabajo contó con el
acompañamiento de comunidades indígenas de la Sierra Nevada Santa Marta.
Por estas características las diatomeas se consideran como
un bioindicador preciso de la calidad del agua, pues responden rápido, no se
desplazan y reflejan condiciones locales con gran exactitud; sin embargo, la
investigadora explica que en el Caribe colombiano se conoce poco sobre ellas,
pues los estudios se han concentrado en zonas de la región Andina. Esto
significa que su investigación amplía el panorama para mostrar la importancia
de estos seres microscópicos.
El hallazgo es especialmente relevante porque los ríos Cesar
y Guatapurí abastecen poblaciones, actividades productivas y ecosistemas de la
región. Contar con herramientas que permitan detectar cambios tempranos en su
calidad ayudaría a prevenir problemas mayores, desde deterioro ambiental hasta
riesgos para la salud.
El trabajo fue dirigido y apoyado por el profesor John
Charles Donato, del Departamento de Biología de la UNAL.




