En medio de la volatilidad de los precios del petróleo y del gas, y de las tensiones geopolíticas que afectan el suministro energético global, la energía nuclear vuelve a ocupar un lugar central en el debate internacional sobre la energía. Mientras en Europa líderes políticos advierten que abandonar esta tecnología fue un error estratégico, expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) señalan que Colombia también se debe preparar para incorporar esta fuente de energía si quiere garantizar la seguridad energética del país en el futuro.
La discusión se reactivó esta semana durante la Cumbre
Mundial de Energía Nuclear celebrada en París, en donde se insistió en que esta
tecnología puede desempeñar un papel fundamental para reducir emisiones y
disminuir la dependencia de combustibles fósiles importados.
En Colombia el tema también ha empezado a tomar forma. El
Plan Energético Nacional (PEN) 2024-2054 contempla incorporar la generación
nuclear entre 2035 y 2038 como parte de una estrategia para diversificar la
matriz eléctrica, hoy dominada por las hidroeléctricas.
“El país no se puede quedar al margen de esta discusión. El
mundo está viviendo un renacimiento nuclear. Cada vez más países están
apostando por esta tecnología porque es una fuente limpia, firme, y que no
depende de factores ambientales”, explica el profesor David Galeano, de la
Facultad de Minas de la UNAL Sede Medellín.
Cómo funciona la energía nuclear
La generación nuclear se basa en un principio físico
relativamente simple: cuando el núcleo de un átomo pesado de uranio
—especialmente el isótopo uranio-235— se divide tras recibir un neutrón, libera
una gran cantidad de energía en forma de calor.
Ese calor se utiliza para producir vapor de agua que mueve
turbinas y genera electricidad, un proceso similar al de muchas plantas
térmicas convencionales, pero sin quema de combustibles fósiles.
Aunque la tecnología nuclear existe desde mediados del siglo
XX, en los últimos años ha recuperado protagonismo en el debate energético
global debido a tres factores: la transición climática, la volatilidad de los
combustibles fósiles, y la necesidad de garantizar un suministro eléctrico
constante.
“La energía nuclear es lo que se conoce como una ‘energía
firme de base’, es decir que continuamente genera electricidad y no depende del
sol, el viento o las lluvias”, señala el profesor Galeano.
Una energía con alta densidad energética
Otra característica que explica el interés renovado por esta
tecnología es su enorme densidad energética. El combustible nuclear se presenta
en pequeñas pastillas conocidas como pellets, que se insertan en
barras dentro del reactor, y aunque son diminutas contienen grandes cantidades
de energía.
“Un solo pellet de combustible nuclear, del
tamaño de una falange, puede producir tanta energía como una tonelada de
carbón”, anota el investigador.
Esto significa que requiere mucho menos combustible y
espacio para generar grandes volúmenes de electricidad que otras fuentes
energéticas.
Además, durante la generación de electricidad las plantas
nucleares no emiten gases de efecto invernadero, lo que las convierte en una
alternativa compatible con las metas de descarbonización que numerosos países
se han propuesto para mediados de siglo.
Los mitos que rodean a la energía nuclear
A pesar de sus ventajas esta tecnología sigue rodeada de
mitos y preocupaciones públicas. Uno de los más comunes es su supuesta relación
directa con el armamento nuclear. Sin embargo, el tipo de combustible utilizado
en las plantas de generación eléctrica es diferente al necesario para fabricar
armas.
“Mientras para una planta nuclear se requiere uranio
enriquecido apenas entre un 3 y 4 %, para una bomba nuclear se necesita un
enriquecimiento cercano al 90 %”, anota el profesor Galeano.
Otro de los temores frecuentes se relaciona con los residuos
radiactivos. Sin embargo, el volumen total de estos desechos es relativamente
pequeño en comparación con otras industrias energéticas.
“Todos los residuos nucleares producidos en Estados Unidos
desde la década de 1940 cabrían en una cancha de fútbol americano”, señala el
investigador. Además, gran parte del combustible utilizado se puede reciclar
para otros procesos energéticos.
Un debate que también llega a Colombia
En el caso colombiano la discusión sobre la energía nuclear
está estrechamente relacionada con la necesidad de diversificar la matriz
energética.
El país depende en gran medida de las hidroeléctricas, que
se pueden ver afectadas por fenómenos climáticos como El Niño, mientras que
nuevas grandes represas enfrentan cada vez más restricciones ambientales y
sociales.
Al mismo tiempo, aunque la expansión de energías renovables
como la solar y la eólica avanza rápidamente, estas fuentes no siempre
garantizan un suministro constante.
“La solar funciona muy bien durante el día pero no opera en
la noche, y la expansión de grandes hidroeléctricas hoy enfrenta muchos retos.
Por eso necesitamos fuentes que den firmeza energética”, explica el profesor
Galeano.
En ese contexto, la energía nuclear aparece como una posible
pieza complementaria dentro de la transición energética del país.
“Cuantas más fuentes energéticas tenga un país, más robusta
y segura será su canasta energética”, añade el investigador.
Preparar al país para una nueva tecnología
Más allá de construir reactores, uno de los principales
retos será formar profesionales capaces de operar y regular esta tecnología.
Por eso desde la academia ya se están planteando programas
de formación en energía nuclear y seguridad radiológica que permitan preparar
el talento humano que el país necesitaría en los próximos años.
“El debate se debe dar desde ahora, antes de que el país
tenga que tomar decisiones estratégicas en materia energética. El mundo está
avanzando en esta tecnología y Colombia no se puede quedar atrás en el
conocimiento. Es el momento de empezar a formar a los profesionales que
necesitarán estas industrias”, concluye el profesor Galeano.





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