lunes, 16 de marzo de 2026

Energía nuclear gana terreno en el mundo mientras Colombia se prepara para incorporarla

 En medio de la volatilidad de los precios del petróleo y del gas, y de las tensiones geopolíticas que afectan el suministro energético global, la energía nuclear vuelve a ocupar un lugar central en el debate internacional sobre la energía. Mientras en Europa líderes políticos advierten que abandonar esta tecnología fue un error estratégico, expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) señalan que Colombia también se debe preparar para incorporar esta fuente de energía si quiere garantizar la seguridad energética del país en el futuro.

La discusión se reactivó esta semana durante la Cumbre Mundial de Energía Nuclear celebrada en París, en donde se insistió en que esta tecnología puede desempeñar un papel fundamental para reducir emisiones y disminuir la dependencia de combustibles fósiles importados.

En Colombia el tema también ha empezado a tomar forma. El Plan Energético Nacional (PEN) 2024-2054 contempla incorporar la generación nuclear entre 2035 y 2038 como parte de una estrategia para diversificar la matriz eléctrica, hoy dominada por las hidroeléctricas.

“El país no se puede quedar al margen de esta discusión. El mundo está viviendo un renacimiento nuclear. Cada vez más países están apostando por esta tecnología porque es una fuente limpia, firme, y que no depende de factores ambientales”, explica el profesor David Galeano, de la Facultad de Minas de la UNAL Sede Medellín.

Cómo funciona la energía nuclear

La generación nuclear se basa en un principio físico relativamente simple: cuando el núcleo de un átomo pesado de uranio —especialmente el isótopo uranio-235— se divide tras recibir un neutrón, libera una gran cantidad de energía en forma de calor.

Ese calor se utiliza para producir vapor de agua que mueve turbinas y genera electricidad, un proceso similar al de muchas plantas térmicas convencionales, pero sin quema de combustibles fósiles.

Aunque la tecnología nuclear existe desde mediados del siglo XX, en los últimos años ha recuperado protagonismo en el debate energético global debido a tres factores: la transición climática, la volatilidad de los combustibles fósiles, y la necesidad de garantizar un suministro eléctrico constante.

“La energía nuclear es lo que se conoce como una ‘energía firme de base’, es decir que continuamente genera electricidad y no depende del sol, el viento o las lluvias”, señala el profesor Galeano.

Una energía con alta densidad energética

Otra característica que explica el interés renovado por esta tecnología es su enorme densidad energética. El combustible nuclear se presenta en pequeñas pastillas conocidas como pellets, que se insertan en barras dentro del reactor, y aunque son diminutas contienen grandes cantidades de energía.

“Un solo pellet de combustible nuclear, del tamaño de una falange, puede producir tanta energía como una tonelada de carbón”, anota el investigador.

Esto significa que requiere mucho menos combustible y espacio para generar grandes volúmenes de electricidad que otras fuentes energéticas.

Además, durante la generación de electricidad las plantas nucleares no emiten gases de efecto invernadero, lo que las convierte en una alternativa compatible con las metas de descarbonización que numerosos países se han propuesto para mediados de siglo.

Los mitos que rodean a la energía nuclear

A pesar de sus ventajas esta tecnología sigue rodeada de mitos y preocupaciones públicas. Uno de los más comunes es su supuesta relación directa con el armamento nuclear. Sin embargo, el tipo de combustible utilizado en las plantas de generación eléctrica es diferente al necesario para fabricar armas.

“Mientras para una planta nuclear se requiere uranio enriquecido apenas entre un 3 y 4 %, para una bomba nuclear se necesita un enriquecimiento cercano al 90 %”, anota el profesor Galeano.

Otro de los temores frecuentes se relaciona con los residuos radiactivos. Sin embargo, el volumen total de estos desechos es relativamente pequeño en comparación con otras industrias energéticas.

“Todos los residuos nucleares producidos en Estados Unidos desde la década de 1940 cabrían en una cancha de fútbol americano”, señala el investigador. Además, gran parte del combustible utilizado se puede reciclar para otros procesos energéticos.

Un debate que también llega a Colombia

En el caso colombiano la discusión sobre la energía nuclear está estrechamente relacionada con la necesidad de diversificar la matriz energética.

El país depende en gran medida de las hidroeléctricas, que se pueden ver afectadas por fenómenos climáticos como El Niño, mientras que nuevas grandes represas enfrentan cada vez más restricciones ambientales y sociales.

Al mismo tiempo, aunque la expansión de energías renovables como la solar y la eólica avanza rápidamente, estas fuentes no siempre garantizan un suministro constante.

“La solar funciona muy bien durante el día pero no opera en la noche, y la expansión de grandes hidroeléctricas hoy enfrenta muchos retos. Por eso necesitamos fuentes que den firmeza energética”, explica el profesor Galeano.

En ese contexto, la energía nuclear aparece como una posible pieza complementaria dentro de la transición energética del país.

“Cuantas más fuentes energéticas tenga un país, más robusta y segura será su canasta energética”, añade el investigador.

Preparar al país para una nueva tecnología

Más allá de construir reactores, uno de los principales retos será formar profesionales capaces de operar y regular esta tecnología.

Por eso desde la academia ya se están planteando programas de formación en energía nuclear y seguridad radiológica que permitan preparar el talento humano que el país necesitaría en los próximos años.

“El debate se debe dar desde ahora, antes de que el país tenga que tomar decisiones estratégicas en materia energética. El mundo está avanzando en esta tecnología y Colombia no se puede quedar atrás en el conocimiento. Es el momento de empezar a formar a los profesionales que necesitarán estas industrias”, concluye el profesor Galeano.








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