lunes, 16 de marzo de 2026

Simulación del universo revela el papel de la materia oscura en el origen de las galaxias

 Aunque las galaxias parecen islas brillantes flotando en el espacio, su historia podría estar escrita en algo que no podemos ver. Una investigación de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) encontró que, en especial en galaxias relativamente pequeñas y aún activas en la formación de estrellas, su evolución está muy relacionada con el momento en que se formó el halo de materia oscura que las rodea, una estructura invisible cuya gravedad actúa como el “andamio” donde nacen las galaxias.

Casi todo lo que vemos en el universo —estrellas, planetas, gas o polvo— representa apenas una pequeña fracción de su contenido total. La materia que forma todo lo visible corresponde a cerca del 5 %; lo demás está compuesto principalmente por materia oscura, un tipo de materia que no emite ni absorbe luz y que por eso no se puede observar directamente. Sin embargo, los científicos saben que existe porque su gravedad deja huellas claras en el movimiento de las galaxias y en la estructura del universo.

Con el paso de miles de millones de años, esa materia invisible se agrupa en enormes estructuras llamadas “halos de materia oscura”, cuya masa puede ser miles de millones de veces mayor que la del Sol. Estos halos funcionan como grandes reservorios de gravedad que atraen gas del espacio, especialmente hidrógeno y helio. Con el tiempo, ese gas se enfría, se concentra y da origen a nuevas estrellas. Así, los halos se convierten en una incubadora cósmica donde nacen y crecen las galaxias.

Por eso, para muchos cosmólogos la historia de una galaxia comienza mucho antes de que aparezcan sus primeras estrellas: empieza cuando se forma el halo de materia oscura que la rodea.

El reto es que los telescopios solo muestran la parte visible de esa historia. A partir de la luz de una galaxia los astrónomos pueden medir su tamaño, su color o qué tanto forma nuevas estrellas, pero no pueden observar directamente cómo se ensambló el halo de materia oscura que la contiene.

¡Al infinito y más allá!

Para investigar esa relación, la profesora Yeimy Dallana Camargo, doctora en Física de la UNAL, utilizó IllustrisTNG300, una de las simulaciones cosmológicas más avanzadas del mundo. Este modelo funciona como un laboratorio virtual en el que supercomputadores recrean la evolución del universo durante miles de millones de años y permiten seguir, paso a paso, cómo crecen la materia, el gas y las galaxias.

En ese entorno virtual la investigadora analizó más de 200.000 galaxias y los halos de materia oscura que las contienen, reconstruyendo cuándo se formaron y cómo crecieron a lo largo del tiempo.

“Las observaciones funcionan como una fotografía del universo en un momento específico, mientras que las simulaciones permiten ver la película completa de cómo evolucionan las galaxias”, explica la investigadora.

Al comparar la historia de los halos con la de las galaxias, la investigadora encontró un patrón interesante: en muchos casos —especialmente en sistemas de menor tamaño—, cuando el halo de materia oscura se formó temprano en la historia del universo, también comenzó pronto la formación de estrellas en su interior. En cierto sentido, estas estructuras parecen conservar la “memoria” del momento en que se ensambló la estructura gravitacional que las sostiene.

Entre las propiedades que tuvo en cuenta estaban: el momento en que las galaxias formaron la mitad de sus estrellas; su color —relacionado con la edad de esas estrellas—; la tasa de formación estelar, que indica qué tan activamente nacen nuevas estrellas; y la eficiencia con la que han convertido el gas disponible en estrellas a lo largo del tiempo. Esta última propiedad conecta directamente la masa de la galaxia con la del halo de materia oscura que la rodea.

La doctora Camargo encontró que esta conexión es más fuerte en galaxias centrales pequeñas, que viven en halos de materia oscura con masas de hasta unos 10¹² la masa del Sol. En estos casos, los halos que se formaron temprano suelen contener galaxias que también comenzaron a formar sus estrellas antes. En cambio, en sistemas más masivos la relación se debilita y la evolución se vuelve más compleja, influida por procesos como el crecimiento de agujeros negros supermasivos en el centro de las galaxias.

Las apariencias engañan

“Por otro lado, los halos de materia oscura no crecen aislados, sino dentro de una gran estructura llamada red cósmica, una especie de telaraña que organiza la materia a gran escala. Está formada por cúmulos densos de galaxias, filamentos que los conectan, paredes más extendidas y enormes vacíos con muy poca materia. En este entorno la materia no llega a los halos desde todas las direcciones por igual, lo que puede influir en cómo crecen, y en consecuencia en la evolución de las galaxias que contienen”, indica la física Camargo.

El estudio también reveló que el entorno del universo influye en este proceso. Según la investigadora, la gravedad puede actuar con distinta intensidad en cada región, lo que cambia la forma en que crecen los halos, y con ello la evolución de las galaxias.

“La posición dentro de esa red no lo explica todo; también importa cómo actúan las fuerzas gravitacionales en el entorno cercano de cada halo. En algunos lugares la gravedad tira con mayor intensidad en ciertas direcciones, lo que puede influir en la forma en que crecen los halos de materia oscura, y en consecuencia en la evolución de las galaxias que viven dentro de ellos”, explica la investigadora.

Comprender estas conexiones ayuda a los cosmólogos a reconstruir cómo el universo pasó de ser una nube casi uniforme después del Big Bang a convertirse en la compleja red de galaxias que hoy observamos.









Energía nuclear gana terreno en el mundo mientras Colombia se prepara para incorporarla

 En medio de la volatilidad de los precios del petróleo y del gas, y de las tensiones geopolíticas que afectan el suministro energético global, la energía nuclear vuelve a ocupar un lugar central en el debate internacional sobre la energía. Mientras en Europa líderes políticos advierten que abandonar esta tecnología fue un error estratégico, expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) señalan que Colombia también se debe preparar para incorporar esta fuente de energía si quiere garantizar la seguridad energética del país en el futuro.

La discusión se reactivó esta semana durante la Cumbre Mundial de Energía Nuclear celebrada en París, en donde se insistió en que esta tecnología puede desempeñar un papel fundamental para reducir emisiones y disminuir la dependencia de combustibles fósiles importados.

En Colombia el tema también ha empezado a tomar forma. El Plan Energético Nacional (PEN) 2024-2054 contempla incorporar la generación nuclear entre 2035 y 2038 como parte de una estrategia para diversificar la matriz eléctrica, hoy dominada por las hidroeléctricas.

“El país no se puede quedar al margen de esta discusión. El mundo está viviendo un renacimiento nuclear. Cada vez más países están apostando por esta tecnología porque es una fuente limpia, firme, y que no depende de factores ambientales”, explica el profesor David Galeano, de la Facultad de Minas de la UNAL Sede Medellín.

Cómo funciona la energía nuclear

La generación nuclear se basa en un principio físico relativamente simple: cuando el núcleo de un átomo pesado de uranio —especialmente el isótopo uranio-235— se divide tras recibir un neutrón, libera una gran cantidad de energía en forma de calor.

Ese calor se utiliza para producir vapor de agua que mueve turbinas y genera electricidad, un proceso similar al de muchas plantas térmicas convencionales, pero sin quema de combustibles fósiles.

Aunque la tecnología nuclear existe desde mediados del siglo XX, en los últimos años ha recuperado protagonismo en el debate energético global debido a tres factores: la transición climática, la volatilidad de los combustibles fósiles, y la necesidad de garantizar un suministro eléctrico constante.

“La energía nuclear es lo que se conoce como una ‘energía firme de base’, es decir que continuamente genera electricidad y no depende del sol, el viento o las lluvias”, señala el profesor Galeano.

Una energía con alta densidad energética

Otra característica que explica el interés renovado por esta tecnología es su enorme densidad energética. El combustible nuclear se presenta en pequeñas pastillas conocidas como pellets, que se insertan en barras dentro del reactor, y aunque son diminutas contienen grandes cantidades de energía.

“Un solo pellet de combustible nuclear, del tamaño de una falange, puede producir tanta energía como una tonelada de carbón”, anota el investigador.

Esto significa que requiere mucho menos combustible y espacio para generar grandes volúmenes de electricidad que otras fuentes energéticas.

Además, durante la generación de electricidad las plantas nucleares no emiten gases de efecto invernadero, lo que las convierte en una alternativa compatible con las metas de descarbonización que numerosos países se han propuesto para mediados de siglo.

Los mitos que rodean a la energía nuclear

A pesar de sus ventajas esta tecnología sigue rodeada de mitos y preocupaciones públicas. Uno de los más comunes es su supuesta relación directa con el armamento nuclear. Sin embargo, el tipo de combustible utilizado en las plantas de generación eléctrica es diferente al necesario para fabricar armas.

“Mientras para una planta nuclear se requiere uranio enriquecido apenas entre un 3 y 4 %, para una bomba nuclear se necesita un enriquecimiento cercano al 90 %”, anota el profesor Galeano.

Otro de los temores frecuentes se relaciona con los residuos radiactivos. Sin embargo, el volumen total de estos desechos es relativamente pequeño en comparación con otras industrias energéticas.

“Todos los residuos nucleares producidos en Estados Unidos desde la década de 1940 cabrían en una cancha de fútbol americano”, señala el investigador. Además, gran parte del combustible utilizado se puede reciclar para otros procesos energéticos.

Un debate que también llega a Colombia

En el caso colombiano la discusión sobre la energía nuclear está estrechamente relacionada con la necesidad de diversificar la matriz energética.

El país depende en gran medida de las hidroeléctricas, que se pueden ver afectadas por fenómenos climáticos como El Niño, mientras que nuevas grandes represas enfrentan cada vez más restricciones ambientales y sociales.

Al mismo tiempo, aunque la expansión de energías renovables como la solar y la eólica avanza rápidamente, estas fuentes no siempre garantizan un suministro constante.

“La solar funciona muy bien durante el día pero no opera en la noche, y la expansión de grandes hidroeléctricas hoy enfrenta muchos retos. Por eso necesitamos fuentes que den firmeza energética”, explica el profesor Galeano.

En ese contexto, la energía nuclear aparece como una posible pieza complementaria dentro de la transición energética del país.

“Cuantas más fuentes energéticas tenga un país, más robusta y segura será su canasta energética”, añade el investigador.

Preparar al país para una nueva tecnología

Más allá de construir reactores, uno de los principales retos será formar profesionales capaces de operar y regular esta tecnología.

Por eso desde la academia ya se están planteando programas de formación en energía nuclear y seguridad radiológica que permitan preparar el talento humano que el país necesitaría en los próximos años.

“El debate se debe dar desde ahora, antes de que el país tenga que tomar decisiones estratégicas en materia energética. El mundo está avanzando en esta tecnología y Colombia no se puede quedar atrás en el conocimiento. Es el momento de empezar a formar a los profesionales que necesitarán estas industrias”, concluye el profesor Galeano.