Más del 50 % de los adultos colombianos tienen exceso de peso, una condición que sigue estrechamente ligada al consumo de alimentos ultraprocesados, cuyo uso se ha expandido en el país impulsado por cambios en los estilos de vida, estrategias de mercadeo y una mayor disponibilidad en la dieta diaria.
Los alimentos ultraprocesados son productos elaborados a
partir de múltiples ingredientes y aditivos como colorantes, conservantes y
edulcorantes, diseñados para mejorar su sabor, apariencia y duración. Se
caracterizan por su alto contenido de azúcares, sodio y grasas, así como por su
bajo valor nutricional, lo que los convierte en una opción frecuente pero poco
saludable en la dieta diaria.
“Estos productos implican un mayor grado de modificación
industrial y suelen diseñarse para ser intensamente atractivos al gusto, pero
esta formulación no responde a criterios nutricionales sino a la aceptación del
consumidor”, explica Tania Yadira Martínez, profesora del Departamento de
Nutrición Humana de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).
Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), entre
2000 y 2013 las ventas de estos productos en América Latina crecieron
26,7 %, lo que evidencia un cambio sostenido en los patrones de
alimentación.
Además, datos del ANIF - Centro de Pensamiento Económico
muestran que en Colombia de los 2,2 billones de pesos recaudados por impuestos
saludables, 1,9 billones provienen de productos ultraprocesados, lo que da
cuenta de su peso en la economía, y sobre todo en el consumo cotidiano. Frente
a este panorama, expertos insisten en la necesidad de comprender mejor sus
características y efectos en la salud.
Este fenómeno no es reciente. La Encuesta Nacional de
Situación Nutricional de 2015 ya mostraba que más del 50 % de la población
adulta presentaba exceso de peso, una condición asociada con enfermedades como
obesidad, diabetes tipo 2, afecciones cardiovasculares, hipertensión arterial e
incluso algunos tipos de cáncer, y frente a la cual los avances han sido
limitados.
Estrategias de mercadeo y transformación de la dieta
El marketing es una de las principales
herramientas utilizadas para promover el consumo de estos productos. La
industria emplea estrategias como publicidad en televisión y redes sociales,
uso de influenciadores, promociones y empaques llamativos, lo que aumenta su
visibilidad y refuerza su presencia en la vida cotidiana.
En este contexto, la población infantil se ha convertido en
uno de los principales públicos objetivo. Estudios académicos señalan que las
bebidas azucaradas, las golosinas, los helados y cereales para el desayuno
concentran gran parte de la promoción en el mercado. La OPS advierte que la
exposición temprana a esta publicidad influye en las preferencias alimentarias
y se asocia con el aumento del sobrepeso y la obesidad.
En el mundo más de 390 millones de niños y adolescentes
presentan exceso de peso. En Colombia el 24,4 % de los niños entre 5 y 12
años y el 17,9 % de los adolescentes presentan sobrepeso, según la ENSIN
2015, lo que evidencia que este problema también afecta significativamente a la
población infantil del país.
“Antes estábamos más en los campos y ahora hay un efecto de
urbanización. Eso hace que los estilos de vida sean más rápidos y se necesiten
alimentos más sencillos para el consumo”, señala la profesora Martínez.
Este cambio ha reducido el tiempo destinado a la preparación
de alimentos y ha favorecido la elección de productos listos para consumir,
desplazando prácticas tradicionales como cocinar en casa y transformando
progresivamente la dieta hacia opciones más prácticas y de fácil acceso.
Medidas en marcha para reducir el consumo de
ultraprocesados
Como respuesta a este fenómeno, en Colombia la Ley 2277 de
2022 introdujo los llamados impuestos saludables, vigentes desde noviembre de
2023, que gravan bebidas azucaradas y productos ultraprocesados con alto
contenido de azúcares, sodio o grasas saturadas. Esta medida busca
desincentivar su consumo y reducir su impacto en la salud pública.
La normativa también establece la implementación de
etiquetado frontal de advertencia en los empaques. Estos sellos, generalmente
de color negro, indican si un producto contiene exceso de azúcares, sodio,
grasas saturadas o edulcorantes, y le permiten al consumidor identificar
rápidamente su composición nutricional.
“Tenemos estrategias como el etiquetado frontal. Cuando una
persona va a comprar un producto, puede ver los sellos que indican si tiene
exceso de azúcares, sodio o grasas, lo que facilita tomar decisiones frente al
consumo”, señala la profesora Martínez, quien fue invitada por la Facultad de
Medicina de la UNAL para abordar estos temas en el espacio que se emite por Radio UNAL.








