Mostrando entradas con la etiqueta conocer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta conocer. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de abril de 2026

Guía de la UNAL para conocer y proteger a los mamíferos rolos

 Desde zarigüeyas, zorros y comadrejas hasta murciélagos, venados y ratones se encuentran reseñados en el libro Mamíferos rolos: Una guía para conocerlos y conservarlos, documento realizado por una bióloga de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) que resalta la riqueza e importancia de más de 57 especies que habitan en Bogotá, pues muchas veces las personas desconocemos su presencia e importancia en el ecosistema que nos rodea.

“Por ejemplo las musarañas —unos animales pequeños y casi ciegos asociados con los bosques y las zonas de hojarascas y troncos—, aunque muchas veces ni las percibimos, cumplen un papel fundamental en los ecosistemas, pues cuando escarban la tierra para encontrar lombrices e insectos airean el suelo”, asegura la bióloga de la UNAL Alexandra Castañeda Murillo.

Su investigación reunió curiosidad, entrega y compromiso por divulgar la diversidad que nos rodea en humedales, parques y demás zonas verdes o rurales de Bogotá, ciudad que concentra el 10,4 % de las especies de mamíferos del país, trabajo dirigido y apoyado por la profesora Yaneth Muñoz, del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la UNAL.

En este panorama se destacan 25 especies de ratones y 24 de murciélagos que componen el 86 % de las especies capitalinas. “Incluso en medio del concreto los mamíferos cumplen funciones ecológicas cruciales como la dispersión de semillas, la polinización, el control biológico de insectos que pueden ser plagas o la aireación del suelo, proceso referido al intercambio gaseoso que suministra oxígeno a las plantas y macroorganismos”, afirma la bióloga.

Los mamíferos comparten características como la presencia de glándulas mamarias que producen leche para alimentar a las crías; la presencia de pelo en algún momento del desarrollo, y dientes especializados.

Un mapa de los mamíferos bogotanos

Mediante la revisión de bases de datos y bibliografía de la Secretaría Distrital de Ambiente y de la Oficina de Gestión Ambiental de la UNAL, además de especímenes de las colecciones del ICN y del Instituto Humboldt, la investigadora Castañeda construyó un mapa con la presencia y ubicación frecuente de cada mamífero, así como el último registro que se tenía hasta el momento; lo interesante es que algunas especies se registraron hace 30 años, por lo que el trabajo fue una oportunidad para actualizar y clasificar mucha información.

La Guía incluye fichas con una foto de cada especie e información como familia a la que pertenece, tipo de mamífero (volador o terrestre), nombres comunes y denominación científica, estado de conservación y hábitat, así como una escala de tamaño comparado con el ser humano y una reseña sobre su historia natural con datos sobre dieta, comportamiento, reproducción, refugios y un rasgo característico de su función ecológica.

Por ejemplo la zarigüeya —también llamada fara, chucha o runcho— forma parte de la familia Didelphidae,su cuerpo es robusto con pelaje dorsal largo y las hembras tienen una bolsa abdominal llamada marsupio que funciona como incubadora para las crías. Se distribuye por localidades como Usme, San Cristóbal, Rafael Uribe Uribe o Santa Fe.

Otro caso es el murciélago de cola libre, con un peso de entre 7 y 12 gramos, pelaje de color marrón oscuro oliva y cola gruesa y larga. Su dieta consiste en insectos voladores como cigarras, grillos, moscas, polillas y especialmente escarabajos. Se puede apreciar en localidades como Usaquén o Santa Fe.

“Aunque estas especies ofrecen una riqueza sin igual, en la ciudad aún hay factores que los ponen en riesgo, como el cambio de uso del suelo con las construcciones, pues afectan los humedales y los árboles se derriban para poner edificios. Los animales ya no tienen donde vivir, comer y alimentarse; por ejemplo los murciélagos ya no encuentran todo el año las frutas de árboles que comen”.

“Las personas desconocen a los mamíferos y les tienen miedo, por ejemplo en encuentros furtivos con las zarigüeyas. A veces incluso las atropellan por accidente sin pensar en el control de poblaciones de insectos que ofrecen estos mamíferos”, señala la investigadora.

La Guía está organizada por categorías: mamíferos pequeños y medianos, y mamíferos grandes como el zorro cangrejero, el tigrillo nebuloso, el zorrillo, la taira o la comadreja, entre otros animales distribuidos por todas las localidades de la ciudad.

El documento está en proceso de edición pues los investigadores están realizando actualizaciones e incluyendo información, pero se espera que para el segundo semestre del año la publicación pueda circular con acceso libre.



lunes, 9 de octubre de 2023

Sismos en los océanos, clave para conocer la edad de las rocas

 Un novedoso método, que tiene la misma precisión que la datación clásica –en la que se ponen a prueba elementos como el carbono o el magnetismo de la Tierra–, identificó en el océano Pacífico rocas de hasta 12 millones de años de antigüedad. Así lo determinó una investigación que forma parte de más de 20 años de estudio de la estructura térmica de la Tierra, y cuyos hallazgos se pueden aplicar en la evaluación de nuevos materiales en ingeniería y en la comprensión sobre cómo funcionan los sismos en otros planetas.

El grupo de Geofísica de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), liderado por el profesor Carlos Alberto Vargas Jiménez, se ha adentrado en los misterios que rodean la estructura térmica de la Tierra, y en cómo se puede estimar la edad de sus pisos oceánicos, que están en el fondo de estas aguas; allí hay una gran diversidad de rocas como el basalto o el gabro, piezas de un rompecabezas geofísico en el que la historia ha dejado huellas y marcas.

El basalto, una de las rocas volcánicas más comunes en el planeta y que tiene un color oscuro por su composición de minerales como el magnesio, es ampliamente utilizado como piedra de construcción en edificios o carreteras por su durabilidad, una aplicación que también se da con el gabro, que es de tono un poco menos oscuro. La diferencia entre los dos es que este último es plutónico, lo que quiere decir que tiene una interacción más lenta con grandes masas de magma.

El profesor Vargas explica que estas huellas o resquicios de la edad de cada roca se pueden identificar con los sismos que se presentan en zonas llamadas dorsales oceánicas, cadenas montañosas submarinas relacionadas directamente con el magma y la actividad volcánica, y que producen estos movimientos de manera frecuente, por lo que son un tesoro para la investigación geofísica.

“En las dorsales se presentan muchos sismos, pero con una energía muy baja, así que decidimos analizar qué ocurría cuando nos alejábamos de estos puntos, a 20, 100 o 1.000 km, y lo que encontramos fue fascinante, pues a una mayor distancia los sismos eran menos frecuentes, pero mucho más profundos y con una gran energía, lo cual tiene una relación directa con las rocas, pues se puede determinar la forma en que han evolucionado y coómo las han impactado estas fracturas”, asegura.

Añade que “cuanto más cerca esté la roca de las dorsales es más joven, mientras que a mayor distancia tiene mayor edad”. Esto se comparó con métodos de datación como el isotópico, que consiste en analizar la forma en se desintegran en las rocas algunas partes de elementos como el carbono; la medida funcionó para rocas de hasta hace 12 millones de años, más allá de ese tiempo empieza a ser complejo determinar de qué época es, y se necesitan más estudios relacionados con la química de estos lugares.


Para el estudio se utilizó información de las bases de datos de acceso público de los servicios geológicos de países como Estados Unidos y el Sistema Sísmico Nacional Avanzado, una colaboración de varias regiones para monitorear movimientos significativos en las placas tectónicas.

Se analizaron cientos de datos de lo que ocurre en 8 de las principales dorsales oceánicas del mundo, especialmente del océano Pacífico central, Atlántico e Índico, que tienen las dorsales de mayor tamaño, y por ende una mayor frecuencia de sismos.

Además, se tenían datos sobre el flujo de calor de la Tierra, para determinar cómo su estructura se modifica con estos movimientos y afecta las rocas; toda la información luego pasaba por un software especializado para arrojar los patrones existentes.

Las aplicaciones de estos hallazgos son tan diversas que pueden llegar a servir para avanzar en las ciencias planetarias, ya que en otros planetas ocurren procesos muy similares en cuanto a sismos y a este tipo de materiales, por lo que sería una luz para nuevas exploraciones en lugares como Marte, e incluso la Luna.

“Esto nos abre el camino para seguir entendiendo las rocas y su composición a lo largo de la historia, aún debemos saber por qué no podemos ir más allá de los 12 millones de años, y cómo influiría la distancia de las dorsales oceánicas, pues cuando estas cadenas montañosas se van desarrollando se alejan cada vez más del centro de los océanos y comienzan a quedar por debajo de los continentes, lo cual hace complejo su estudio”, indica el experto.

La investigación fue galardonada en la edición 2023 del Premio Ciencias – Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Fundación Alejandro Ángel Rocha, y se realizó en conjunto con los investigadores internacionales Luca Caracciolo, de la Universidad de Erlangen-Nuremberg (Alemania), y Philip Joseph Ball, de la Universidad de Keele (Reino Unido); también participaron dos estudiantes del Departamento de Geociencias de la UNAL: Alejandra Josefina Angulo y Nicolas Pinzón Matapí.

“El dinero del premio se donará al Laboratorio de Instrumentación Geofísica de la UNAL, para que sirva como un apoyo a trabajos de pregrado y posgrado en los temas que hemos venido investigando”, expresa el profesor Vargas.