jueves, 16 de abril de 2026

Aunque no se puede hablar de un “Superniño”, Colombia sí tiene que prepararse

 En los últimos días se ha hablado de un posible “Superniño” (término sin respaldo científico), pero los datos actuales muestran que el Pacífico tropical —incluida la región cercana a Colombia— se mantiene en condiciones neutrales, es decir sin un evento de El Niño activo. Sin embargo, existe una alta probabilidad de que el fenómeno se desarrolle entre mayo y junio, por lo que el país se debe preparar desde ya, advierten expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

El Niño ocurre cuando las aguas del océano Pacífico tropical se calientan por encima de lo normal durante varios meses, lo cual altera la circulación de la atmósfera y cambia los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del mundo. En Colombia esto suele traducirse en menos lluvias y más calor, lo que reduce los caudales de ríos y embalses —de los que depende una buena parte de la generación de energía hidroeléctrica—, afecta el abastecimiento de agua potable y presiona sectores como la agricultura.

“Los últimos reportes muestran que El Niño aún no está consolidado. Aunque en la región costera cercana a Perú ya se registra una anomalía de 1 °C —por encima del umbral de 0,5 °C—, estas condiciones se deben mantener durante al menos 3 meses para declarar oficialmente un evento”.

“Los modelos climáticos, tanto físicos como estadísticos, indican una transición hacia El Niño, pero aún no es posible anticipar su intensidad ni su duración, ya que estas dependen de factores como los cambios en los vientos y en la circulación atmosférica, es decir en la forma como se mueve el aire y se distribuye el calor en el sistema climático”, asegura la profesora Yuley Cardona, de la Facultad de Minas de la UNAL Sede Medellín, doctora en Ciencias de la Tierra y Atmosféricas.

Según la experta, en el corto plazo lo más probable es que continúe la neutralidad, lo que significa que el océano y la atmósfera aún no muestran señales sostenidas de calentamiento propias de El Niño. No obstante, estas condiciones podrían empezar a cambiar desde mayo, con una probabilidad creciente de consolidación hacia mitad de año.

¿Cómo debemos prepararnos?

Más allá del momento exacto en que se configure El Niño, la principal preocupación son sus impactos. En Colombia, la disminución de lluvias reduce el agua disponible en ríos y embalses, lo que afecta tanto la generación de energía como el suministro de agua potable.

En el campo, la falta de humedad en los suelos disminuye la productividad de cultivos y aumenta el riesgo de pérdidas, mientras que las altas temperaturas favorecen las sequías y los incendios forestales. Incluso en las zonas costeras del Pacífico se puede presentar un aumento temporal del nivel del mar, con posibles inundaciones.

El profesor Óscar Mesa, del Departamento de Geociencias de la Facultad de Minas de la UNAL Sede Medellín, explica que “mediante medidas de ahorro voluntario es posible disminuir la demanda en porcentajes significativos sin mayores impactos sobre el bienestar”.

Además recuerda experiencias como las de California (2000-2001) y Brasil (2001-2002), en donde se logró reducir el consumo hasta el 25 %. En Bogotá, durante crisis de abastecimiento también se evidenció que la racionalización del consumo puede generar resultados efectivos.

“Este tipo de estrategias requiere campañas bien diseñadas y difundidas, y suele ser más eficaz que las medidas punitivas. Una alternativa es ofrecer incentivos económicos a quienes reduzcan su consumo frente a periodos anteriores, de manera que el ahorro se convierta en un beneficio tanto para los usuarios como para el sistema energético”, comenta el experto.

Además, el sector eléctrico debe garantizar el suministro de gas y el mantenimiento de sus plantas térmicas, mientras que los programas de autogeneración pueden aportar energía complementaria en momentos críticos.

Impactos en salud que no se pueden ignorar

El Niño no solo impacta el agua y la energía, también tiene efectos directos sobre la salud pública. El aumento de temperaturas y los cambios en las lluvias crean condiciones favorables para la proliferación de mosquitos transmisores de enfermedades como malaria, dengue, zika y chikunguña.

El fenómeno favorece estos brotes porque las temperaturas más altas aceleran el ciclo de vida del parásito dentro del mosquito y aumentan la frecuencia de su picadura, mientras que la reducción de lluvias genera criaderos en aguas estancadas. Es decir, no se trata de eventos impredecibles sino de patrones conocidos que se podrían anticipar y usar como sistemas de alerta temprana para prevenir epidemias.

“A pesar de contar con décadas de investigación, modelos de predicción y sistemas de información, el país sigue reaccionando de forma tardía”, afirma el experto.

Integrar los pronósticos climáticos con la planificación en salud pública permitiría activar medidas preventivas como campañas de control vectorial, distribución de mosquiteros, provisión de medicamentos y comunicación temprana con comunidades en riesgo. 

Los expertos coinciden en que el reto no es la falta de conocimiento sino la capacidad institucional para actuar de manera anticipada.

Una realidad que no da espera

En esa misma línea, el profesor José Daniel Pabón advierte que el océano Pacífico ya muestra una transición clara hacia condiciones cálidas. Tras el periodo de La Niña, entre finales de 2025 y comienzos de 2026, los sistemas de monitoreo evidenciaron un calentamiento progresivo que se podría consolidar en un evento de El Niño hacia mediados de este año, y extenderse hasta inicios de 2027. 

Sin embargo, insiste en que más allá de la intensidad que pueda alcanzar el fenómeno, lo fundamental es prepararse desde los territorios —municipios y departamentos— y desde los sectores productivos. El llamado no es a especular sobre si será catastrófico o no, sino a anticipar sus efectos.

Por ahora los centros de predicción climática no se han aventurado a definir su magnitud, debido a la complejidad de los procesos involucrados. Por ello la recomendación es seguir de cerca los reportes oficiales del Comité Nacional para el Estudio del Fenómeno de El Niño.