Dicho sistema, conformado por más de 60 ciénagas y fundamental para la regulación hídrica de la Depresión Momposina, enfrenta un deterioro que ya impacta la seguridad alimentaria y los medios de vida de más de 23.000 personas en Bolívar. Hoy, la desconexión entre las ciénagas, la presión sobre la pesca y los conflictos por el agua evidencian la urgencia de diseñar políticas públicas más efectivas para el territorio.
Así se analiza en el libro Gestión territorial de
las políticas públicas para la transición de los sistemas alimentarios en
América Latina, escrito por más de 20 expertos con la coordinación de los
profesores Juan Patricio Molina Ochoa, de la Facultad de Ciencias Agrarias de
la UNAL, y Delta Argelia Torres Rivera, de la Universidad Autónoma Comunal de
Oaxaca (México)
La obra, presentada por la Editorial de la Universidad
Nacional de Colombia (UNAL) en la FILBo 2026, propone repensar la forma en que
se diseñan e implementan las políticas públicas en los territorios, haciendo
énfasis en la participación de comunidades, gobiernos locales y actores
productivos.
“El gran aprendizaje del libro es que necesitamos una nueva
institucionalidad, una forma distinta de relacionar al Estado con los
territorios y sus actores. No se trata solo de diseñar políticas, sino de
construirlas con quienes habitan esos territorios”, explica el profesor Molina.
En el caso del Complejo Cenagoso de Cascaloa esto se traduce
en dificultades para articular a las comunidades, las instituciones y los
sectores productivos en torno a la restauración ecológica.
“Problemas como este muestran que no basta con intervenir,
sino que además se deben viabilizar relaciones reales entre comunidades,
ecosistemas y políticas públicas”, añade el académico.
El deterioro del Complejo se muestra en la pérdida de
conectividad hídrica, la presión sobre la pesca y los conflictos por el uso del
agua, factores que afectan el equilibrio del ecosistema y los medios de vida de
más de 23.000 personas en la Depresión Momposina.
El territorio define el resultado
Los autores también señalan en el libro que una misma
política puede generar resultados opuestos según el territorio donde se
implemente, lo que obliga a abandonar enfoques homogéneos.
“Venimos de una narrativa muy marcada por modelos neoliberales que desconocen las diferencias territoriales. Hoy el reto es construir respuestas diferenciadas, con incidencia política desde lo local”, señala el profesor Molina.
La obra también resalta la agroecología como una alternativa
concreta: “no es solo un enfoque productivo, es una apuesta política y social
que reconoce los saberes locales y permite construir sistemas sostenibles desde
las particularidades de cada territorio”, añade el profesor Yesid Aranda, de la
Facultad de Ciencias Agrarias de la UNAL, coautor de uno de los capítulos,
quien estuvo presente en la presentación del libro.
El docente resalta además que “la obra recoge 20 capítulos
que dialogan entre sí sobre un mismo eje: el territorio como espacio de
disputa. El territorio no es neutro, es un escenario en donde interactúan
actores con intereses distintos y con capacidad de incidir en las decisiones.
Entender eso es clave para cualquier política pública”, señala.
“Uno de los principales retos sigue siendo la comprensión de
esas dinámicas. Todavía hay vacíos en cómo entendemos quiénes intervienen en
los territorios y cómo lo hacen. Por eso el libro insiste en el diálogo de
saberes, en el encuentro entre la academia y la experiencia de las
comunidades”, advierte.
Además del caso de Cascaloa, el libro analiza experiencias
agroecológicas en regiones como el Catatumbo (Norte de Santander), Sumapaz
(Cundinamarca), Guayabal (Tolima) y Villa de Leyva (Boyacá), así como en México
y Brasil, lo que permite comparar realidades y propuestas desde distintos
contextos latinoamericanos.





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