En medio de la crisis climática, un libro presentado por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) en la FILBo 2026 propone que la solución no está solo en la tecnología, sino también en cambiar la forma en que entendemos la naturaleza. La obra El límite de una nube: Hacia un principio metantrópico cruza arte, botánica y pensamiento ecológico para replantear nuestra relación con los frailejones del páramo, plantas fundamentales en la regulación del agua para millones de personas.
“Es la primera vez que escribo una carta dirigida a un
frailejón. Decidí escribirla porque ahora te alojas en un libro cuyas hojas me
piden que deje una huella alfabética…”. Así empieza su obra la artista e
investigadora Eulalia de Valdenebro, profesora de la Facultad de Artes de la
UNAL, oriunda de Popayán y doctora en Estética y Tecnología del Arte de la
Universidad de París.
En su libro aparece la idea de la “intrusión de Gaia” con la
que la filósofa belga Isabelle Stengers describe la crisis climática como una
reacción del planeta frente a la presión humana. Para la profesora de
Valdenebro el problema no es solo cuánto sabemos de los ecosistemas o cómo los
clasificamos, sino la mirada con la que los entendemos, muchas veces centrada
únicamente en lo humano.
Dicha discusión aterriza en el territorio concreto de los
páramos, que en Colombia son sistemas indispensables: solo pensar en el de
Sumapaz, Chingaza o Guasca nos permite ver que los frailejones cumplen la
función vital de capturar agua de la niebla y la lluvia, la retienen y la
liberan lentamente regulando el suministro hídrico de millones de personas. Es
un sistema del que dependemos todos los días, aunque rara vez pensemos en él.
“No conocemos realmente a las plantas, y desde nuestra
mirada antropocéntrica nos creemos sus dueños; por eso los invito a repensar
esta relación que, lejos de traer beneficios, sigue abriendo la herida que
tiene la naturaleza a causa de nuestra acción egoísta”, señala la profesora.
En artículos como “Cuerpopermeable”, desarrollado en el
páramo de Guasca, la artista pone su cuerpo en diálogo con las plantas, las
mide, las dibuja a escala, busca proporciones comunes. No es solo un gesto
artístico sino una forma de entender que no estamos por fuera del ecosistema,
sino dentro de él.
Nombrar lo que no tiene nombre
De ahí surge el principio metantrópico, un término que,
aunque suene complejo, apunta a una idea muy cercana: dejar de ver al ser
humano como el centro, pero sin borrarlo del todo. En el páramo esto es
evidente, pues el agua, la niebla, el suelo y las plantas funcionan como un
solo sistema, no como piezas separadas.
Esa forma de ver también cambia la manera como entendemos el
cambio climático. Muchas respuestas actuales se enfocan en intervenir, es decir
reducir emisiones, capturar carbono y ajustar procesos, acciones importantes
pero que se quedan cortas si no se cambia la lógica de fondo. La propuesta del
libro es aprender a entender a profundidad cómo funcionan los sistemas vivos
antes de intentar controlarlos, casi que con una arista espiritual y poética
que armonice con la botánica y la ecología.
En ese camino apareció otra pregunta para la autora: ¿cómo
hemos conocido a las plantas? Por ello, hace un recorrido para ver cómo, desde
José Celestino Mutis, la botánica se ha basado en observar, clasificar y
archivar. Los herbarios permitieron estudiarlas, pero también ayudaron a verlas
como objetos separados de su entorno, y esa forma de conocimiento es la que
arrastra una herencia colonial que las reduce a recursos.
Su apuesta no rompe con la ciencia, la amplía; usa la
ilustración, la medición y el archivo, pero los lleva al cuerpo. Medirse con un
frailejón, habitar el páramo durante años, afinar los sentidos. Conocer no es
solo mirar, también es tocar, sentir y estar.
El páramo deja entonces de ser solo un ecosistema frágil
para convertirse en fuente de aprendizaje. No porque tenga respuestas mágicas,
sino porque muestra algo básico: la vida funciona en unión, en equilibrio, y en
procesos sin bordes o límites claros, pero que necesitan comprensión para
entender una crisis que no da espera y con la que la humanidad ya está
perdiendo la batalla.
Disponible en el estand de la UNAL en la FILBo 2026, El
límite de una nube: Hacia un principio metantrópico, presentado en
coedición con la Universidad de los Andes,es sin duda alguna un cambio de
mirada: no mirar por encima del hombro sino observar detenidamente en el espejo
de la naturaleza las respuestas al cambio climático.
De hecho el libro ya ha dado frutos con la creación de la
Escuela de Plantas en la UNAL, un espacio que la profesora de Valdenebro tiene
junto a algunos estudiantes de Facultad de Artes para pensar la crisis
climática en función de nuestra relación con las plantas.




