Un esfuerzo regional está ayudando a proteger los cultivos de banano y plátano frente a una de las enfermedades vegetales más destructivas del mundo.
- El
banano y el plátano son fundamentales para la seguridad alimentaria y los
medios de vida de alrededor de 12 millones de personas en América Latina y
el Caribe y 400 millones de personas en el mundo.
- La
enfermedad del Fusarium R4T representa una amenaza "invisible"
que puede devastar plantaciones enteras y economías rurales.
- El
proyecto VigiMusa apoyado por el BID ha logrado unificar a siete países de
la región en una red de vigilancia digital y científica para fortalecer la
prevención y la respuesta a esta plaga.
Cada vez que disfrutamos de un banano al desayuno o un
plátano frito en la cena, rara vez pensamos en la compleja red de protección
que permite que esa fruta llegue a nuestra mesa. O en las amenazas que este
alimento enfrenta, como las plagas del Fusarium R4T, el llamado "COVID de
las plantas", un hongo altamente agresivo que vive en el suelo, marchita
la fruta, se propaga rápidamente y no puede controlarse con productos químicos.
La experiencia regional muestra que anticiparse al Fusarium
R4T mediante inversión en vigilancia, innovación y cooperación es clave para
proteger la seguridad alimentaria y los medios de vida rurales.
Por eso, en el marco del Día Internacional de la
Sanidad Vegetal, te contamos el impacto del proyecto VigiMusa, impulsado
desde 2021 por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Organismo
Internacional Regional de Sanidad Agropecuaria (OIRSA),
en la mejora de la detección, prevención y respuesta a esta plaga y que ha
permitido crear una red regional de vigilancia digital y científica.
Fortalecer la vigilancia fitosanitaria en América Latina
y el Caribe
En América Latina y el Caribe, las musáceas (el nombre
técnico que agrupa al banano y al plátano) son fundamentales para la seguridad
alimentaria y los medios de vida de alrededor de 12
millones de personas.
El banano es el cuarto cultivo alimentario más importante
del mundo, después del arroz, el trigo y el maíz, por su valor bruto de
producción. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y
la Alimentación (FAO, por
su singlas en inglés), nuestra región produce el 26% del banano y plátano del
mundo, y concentra el 69% de las exportaciones globales de estos cultivos.
El objetivo de VigiMusa es evitar que plagas como el
Fusarium R4T —que ya ha sido detectado en países vecinos como Colombia, Perú y
Ecuador— crucen fronteras y destruyan el patrimonio agrícola de Centroamérica.
El proyecto apoya a siete países beneficiarios: Belize,
Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Panamá y República Dominicana,
con tres tecnologías clave para detectar y contener el Fusarium R4T:
- Tecnología
de última generación en la mano del técnico: se desarrolló una
plataforma electrónica y una aplicación móvil que permite a los técnicos
reportar cualquier planta sospechosa en tiempo real, usando GPS y
fotografías para que los expertos puedan analizar el riesgo de inmediato.
- Laboratorios
con "ojos de águila": gracias al proyecto, se
entregaron kits de diagnóstico molecular a los laboratorios oficiales.
Esto permite realizar pruebas avanzadas (como la técnica LAMP, que es un
método de detección muy preciso) para identificar la enfermedad de manera
confiable.
- Realidad
virtual para la emergencia: se implementó una sala de simulación
virtual en la que los equipos técnicos pueden "entrenar" en
escenarios de brotes ficticios para saber exactamente cómo actuar sin
poner en riesgo una sola planta real.
Drones, sensores y diagnóstico rápido: innovación para
proteger los cultivos de banano
Una de las innovaciones que el proyecto ha llevado al campo
funciona de forma parecida a una prueba de embarazo rápida, pero diseñada para
los tejidos vegetales. Este dispositivo es conocido como inmunotiras de flujo
lateral. Al extraer un poco de tejido del tallo de una planta sospechosa y
mezclarlo con una solución especial, los técnicos pueden obtener un resultado
preliminar en apenas cinco a 10 minutos directamente en la plantación. Esto
agiliza enormemente la toma de decisiones, permitiendo priorizar el aislamiento
de un área afectada sin tener que esperar largos periodos.
Pero la vigilancia no se limita a lo que el ojo humano puede
ver a nivel del suelo. VigiMusa ha incorporado "ojos en el cielo"
mediante la transferencia de tecnologías de teledetección. A través del uso de
drones y el análisis de imágenes satelitales, el proyecto permite monitorear
"fincas centinelas" desde el aire. Esta tecnología ayuda a detectar
anomalías a gran escala, identificando posibles focos de infección mucho antes
de que la marchitez sea evidente a simple vista.
Para dar sentido a toda esta información, el proyecto ha
desarrollado una obra de "inteligencia fitosanitaria" al crear mapas
de riesgo epidemiológico. Utilizando modelos matemáticos y sistemas
geográficos, los expertos cruzan datos de clima, topografía y rutas comerciales
para predecir por dónde podría entrar y propagarse el hongo. Con esta
información, los países han dividido sus territorios en "cuadrantes
sanitarios", lo que les permite concentrar estratégicamente sus esfuerzos
de inspección en las zonas más vulnerables.
Más allá de los satélites y las aplicaciones, el corazón de
esta estrategia sigue siendo el factor humano. Para asegurar que los equipos
técnicos estuvieran verdaderamente preparados, VigiMusa organizó "escuelas
de campo" en territorios donde la enfermedad ya está presente, como en
Colombia. Allí, los especialistas centroamericanos y caribeños pudieron
observar la marchitez de primera mano, aprendiendo en un entorno real las
estrictas medidas de bioseguridad necesarias para desinfectar calzado,
herramientas y vehículos, evitando convertirse ellos mismos en transmisores de
la plaga.
Todo este conocimiento adquirido se pone a prueba
constantemente mediante simulacros de emergencia, tal como se hace en las
ciudades para prepararse ante un sismo. Durante estos ejercicios, las
autoridades despliegan los "kits de accionabilidad" —herramientas,
trajes y equipos de bioseguridad entregados por el proyecto— para establecer
cercos sanitarios y practicar la erradicación segura de plantas enfermas en
escenarios controlados.
Capacitación, simulacros y vigilancia regional
El proyecto permitió fortalecer las capacidades de
vigilancia y diagnóstico de las organizaciones nacionales y regionales de
protección fitosanitaria, así como también capacitó a productores en el impacto
del hongo y prácticas de bioseguridad. Las siguientes cifras muestran el
alcance del proyecto:
- Cerca
de 8.000 personas han participado en más de 40 eventos de formación,
comunicación del riesgo y divulgación tecnológica.
- Nueve
simulacros de emergencia realizados (superando la meta inicial de siete)
en toda la región para asegurar que los protocolos funcionen bajo presión.
- Más
de 1.200 estudiantes de 19 países se inscribieron en el curso virtual
avanzado sobre prevención y manejo de brotes epidémicos.
Invertir antes de la emergencia: claves para fortalecer
la sanidad vegetal
La sanidad vegetal puede parecer un tema exclusivo de
agricultores o científicos, pero es un pilar de la estabilidad social y
económica de la región. Si el banano y el plátano se ven afectados por
enfermedades, se podrían generar presiones sobre los precios en el mercado
local, afectar los empleos vinculados a estas cadenas, debilitar la capacidad
exportadora y aumentar los riesgos para la seguridad alimentaria de los
sectores más vulnerables de la población. La magnitud de estos efectos puede
variar según el país, la escala del brote, el peso del cultivo en la economía
local y la capacidad institucional para prevenir, contener y responder a la
emergencia fitosanitaria.
Proyectos como VigiMusa muestran que la protección de
cultivos estratégicos como el banano y el plátano requiere inversiones
anticipadas para prevenir emergencias fitosanitarias. Fortalecer las
capacidades técnicas, modernizar los sistemas de vigilancia, preparar a las
instituciones mediante protocolos, simulacros y herramientas de diagnóstico, y
promover la cooperación regional son elementos clave para anticipar, detectar y
responder de manera oportuna a riesgos fitosanitarios.
