viernes, 20 de febrero de 2026

El tigrillo lanudo está en peligro, pero sobrevive en lugares de Cundinamarca

 Más pequeño que un gato doméstico y de grandes ojos marrones, el tigrillo lanudo está en estado vulnerable en Colombia, tanto por la expansión ganadera y urbana como por los proyectos de infraestructura eléctrica que afectan su hábitat. Aunque se conoce poco sobre su presencia, biólogos confirmaron que aún resiste en municipios como Tabio, Subachoque y Tenjo (Cundinamarca), en donde su presa más abundante es el ratón de patas blancas, un dato fundamental para orientar planes de manejo en la zona.

Los bosques de montaña, ubicados entre los 2.400 y 3.500 msnm, cumplen funciones esenciales en la producción de agua, la captura de carbono y la conservación de especies emblemáticas como el oso de anteojos y el tigrillo lanudo (Leopardus pardinoides), presente en Colombia, Venezuela, Ecuador y Centroamérica. Sin embargo, estos ecosistemas enfrentan una transformación acelerada: se estima que en las últimas tres décadas han perdido cerca del 80 % de su cobertura natural, lo que compromete tanto la biodiversidad como los servicios ambientales que prestan.

Ante esta pérdida progresiva de su entorno natural, el tigrillo lanudo ha debido desplazarse y adaptarse a fragmentos de bosque que aún se conservan. Uno de esos lugares es Tabio, en donde ha sido avistado desde 2015. Aunque la especie ya estaba reportada en el país, inicialmente en este municipio se pensaba que se trataba de otro tipo de tigrillo, el Leopardus tigrinus. Fue solo hasta 2024 cuando se describió formalmente al tigrillo lanudo como una especie diferenciada, lo que dejó un vacío de información sobre cuántos individuos existen realmente en Colombia y cómo se distribuyen.

Hace 2 años la comunidad, como el Colectivo Retratos Altoandinos, se interesó en la presencia de esta especie y en pensar cómo protegerlo, por lo que empezaron una estrategia en redes sociales con el hashtag #Salvemosaltigrillo, pues, además de ser una especie en riesgo según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (tan solo unos miles de tigrillos), su hábitat se ve amenazado por un megaproyecto que busca la instalar 289 torres de alta tensión del Grupo de Energía de Bogotá atravesando Tabio e irrumpiendo en más de 56 km de reserva forestal en este lugar de Cundinamarca.

Por ello la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) ha venido trabajando incansablemente por entender el día a día de estos felinos y protegerlos desde su conservación, con investigaciones de grupos como el de Conservación y Manejo de Vida Silvestre, dirigido por la profesora Olga Lucía Montenegro y el profesor Hugo López, del Instituto de Ciencias Naturales (ICN).

Dentro de este trabajo se destaca la investigación del biólogo de la UNAL Matheo Alejandro Valero Escamilla, quien llegó a Tabio con el propósito de realizar el primer estudio sobre la oferta de presas disponibles para el tigrillo en la zona. Es decir, buscó establecer si existe suficiente abundancia de especies que, según la literatura científica, forman parte de su dieta. La disponibilidad de alimento es determinante para la permanencia de un depredador pequeño como este, especialmente porque solo tiene una o dos crías al año, lo que limita su capacidad de recuperación poblacional ante cualquier amenaza.

Con cámara y trampa en mano

Con el fin de desentrañar si el tigrillo puede sobrevivir allí, los investigadores no intentaron seguirlo —una tarea casi imposible—, sino que se enfocaron en algo más revelador: medir cuánta comida tiene disponible, pues para un depredador pequeño la abundancia de presas es la diferencia entre persistir o desaparecer.

Para ello, instalaron más de 400 trampas de captura viva, con cebos elaborados con grasa de cerdo y maní molido, distribuidas en dos zonas del municipio, en transectos de 60 m a la redonda y activas durante varias noches, y le hicieron seguimiento durante un mes.

Este método les permitió capturar principalmente pequeños mamíferos terrestres —sobre todo roedores— que se mueven entre la hojarasca del bosque. Entre las especies atrapadas se destacó el ratón de patas blancas, una presa ideal para un cazador del tamaño del tigrillo, y que es una buena señal de que el felino sobreviva en la zona. Las aves pequeñas y los anfibios y reptiles fueron escasos; en otras palabras, en ese bosque hay mucho “bocado pequeño” y poco “plato grande”, justo lo que necesita un felino diminuto que caza en solitario.

Para el biólogo Valero, esto significa que todavía puede alimentarse sin recorrer distancias enormes ni arriesgarse a entrar a zonas abiertas o pobladas. Pero también deja ver lo frágil de la situación, ya que, si el bosque se reduce o se simplifica, desaparecen primero esos animales diminutos y, detrás de ellos, el depredador.

“Muchas trampas fueron saboteadas por zarigüeyas, que compiten por alimento con el tigrillo. Estas se acercaban al cebo, tiraban la trampa y luego se iban. Los tigrillos también pueden llegar a alimentarse de las crías de estos animales”, indica el biólogo, quien durante el seguimiento captó un solo tigrillo lanudo en una cámara trampa, la cual permanecía instalada en la zona para esperar su repentina llegada.

No obstante, el reloj corre en contra del tigrillo. Cada hectárea destinada a ganadería, cultivo de papa en zonas altas, ampliación urbana o infraestructura energética reduce su espacio disponible. Así mismo, el investigador advierte que los perros y gatos ferales —es decir, animales domésticos que han sido abandonados y viven en estado silvestre— pueden generar conflictos con esta especie. Aunque el tigrillo no representa un peligro para las personas, sí podría cazar gallinas si su presencia no es conocida por la comunidad.

El tigrillo lanudo seguirá resistiendo con la ayuda de la comunidad de Tabio, pero necesita planes de manejo y conservación desde los entes decisores, fortaleciendo el conteo de estos animales —pues no existe información o investigación suficiente al respecto— y disminuyendo el riesgo que enfrenta como especie vulnerable.






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