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miércoles, 21 de agosto de 2024

Colombia, el país con mayor biodiversidad por km² del mundo, tiene 1.700 especies amenazadas

 Con 79.831 especies observadas, el territorio colombiano es un punto caliente de diversidad biológica del planeta, lo que posiciona al país como el segundo más biodiverso del mundo, superado solo por Brasil en área geográfica. Para conservar esta gran riqueza amenazada por actividades humanas, la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) resguarda más de 7 millones de ejemplares de flora y fauna en sus colecciones científicas; además sus 400 grupos de investigación y 700 profesores en las 9 Sedes aportan activamente a esta tarea.

Con 1.999 especies de aves, 82 de ellas endémicas (exclusivas del territorio nacional), Colombia alberga hoy la mayor diversidad de pájaros del mundo, además de unas 26.000 especies de plantas, 560 de orquídeas y 3.844 de mariposas (350 endémicas). Sin embargo el riesgo de que muchas de ellas desaparezcan es latente, lo que el profesor Miguel Gonzalo Andrade Correa, director del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la UNAL, califica como “vergüenza nacional”.

“Entre las 1.700 especies ‘amenazadas’, todas las tortugas continentales se encuentran en ‘peligro de desaparecer’. Entre las plantas, y pese a su riqueza, 311 especies de orquídeas están ‘en riesgo’, así como 38 especies de frailejones, plantas endémicas de los páramos colombianos. El territorio nacional cuenta con 81 ecosistemas, 20 de ellos ‘en estado crítico’ –es decir al borde de la extinción– y cerca de 30 se consideran en peligro, lo que significa que el 25 % están bajo amenaza”, advierte el profesor Andrade.

Por su parte la profesora Luz Stella Cadavid Rodríguez, vicerrectora de la UNAL Sede Palmira e integrante del Grupo de Investigación Prospectiva Ambiental, considera que “esta crisis, marcada por el cambio climático y la pérdida acelerada de biodiversidad, es reflejo de las fallas en los modelos socioeconómicos actuales, centrados en la explotación intensiva de los recursos naturales que llevará a la extinción de los seres humanos y de todas las formas de vida; por eso propongo una ‘transición civilizatoria’ que se haga mediante un cambio profundo en la relación entre los seres humanos y el medioambiente”.

“Debemos movernos de un enfoque extractivista centrado en el hombre y su postura de dominación, a uno horizontal en el que nos reconocemos como otra especie en la naturaleza y propendemos por la conservación de todas las formas de vida. No se trata solo de un cambio de modelo económico, sino también es de mentalidad: debemos pasar del consumismo desenfrenado a una economía que garantice la preservación de los recursos para las generaciones futuras”.

El grupo de investigación, de la mano de las comunidades de Tumaco y Arauca, ha promovido la transformación de residuos de pescado y desechos de comida en energía renovable, y además creó un fertilizante biológico subproducto del proceso, un aporte para detener la pérdida de biodiversidad con la eliminación de contaminantes y agroquímicos peligrosos para el suelo.


El profesor Diego Fernando Mejía Carmona, coordinador del Sistema de Gestión Ambiental de la UNAL Sede Palmira, destacó que “la biodiversidad no necesita de las personas, esta tiene un valor intrínseco independiente de las necesidades humanas”, al resaltar los servicios que la naturaleza le ofrece a la humanidad, mientras esta última representa sus principales amenazas por la deforestación, la minería, las semillas comerciales y las especies introducidas, como el caso de los hipopótamos en Colombia.

Por su parte, la diversidad genética es fundamental para la biodiversidad porque proporciona la variabilidad necesaria para que las especies se adapten a cambios en el entorno y puedan resistir enfermedades y sobrevivir ante diferentes presiones ambientales. En ese sentido, los estudios sobre el área vegetal adelantados por el Grupo de Investigación en Diversidad Biológica se han enfocado en frutales, flores, plantas medicinales, follajes tropicales y especies para alimentación animal, explorando ganado vacuno, porcinos, aves, peces y microorganismos.

Dentro de estos animales se encuentra el arapaima, el pez más grande de agua dulce del Amazonas, en cuya diversidad genética se basa el estudio de Dagoberto Martínez, estudiante del Doctorado en Ciencias Agrarias, junto con los profesores Juan Carlos Rincón, Darwin Hernández y Jaime Eduardo Muñoz Flórez, líder del grupo.

“Estamos realizando una secuenciación de alto cubrimiento del genoma, para obtener una visión detallada de las numerosas secuencias que nos permiten identificar las características específicas, incluyendo posibles variaciones según las regiones geográficas, lo que contribuye a su conservación”, explica el profesor Flórez.

Balance de la UNAL en la COP16

La profesora Nubia Janeth Ruiz Ruiz, vicerrectora de Investigación de la Universidad, anunció que el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible le notificó a la UNAL que ahora forma parte de la agenda de la Zona Verde. Además, la Sede Palmira y la Reserva Nacional Forestal Bosque de Yotoco se incluyeron en el Circuito de Movilización y Participación de la decimosexta versión de la Conferencia de las Partes (COP16).

Cada semana una Sede desarrollará una temática sobre biodiversidad en el programa Análisis UNAL, de Radio UNAL (98.5 FM), transmitido por Periódico UNAL. Este miércoles 21 de agosto el turno es para la Sede Palmira con un panel en el que se abordarán las amenazas a la biodiversidad, además de sus leyes y beneficios para las comunidades.

Por último, la vicerrectora Cadavid informó que durante la Cumbre Académica de Universidades del país, celebrada recientemente en Cali, y que contó con la moderación de la ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Susana Muhamad, se creó la Red Colombiana de Conocimiento en Biodiversidad, para contribuir con las metas emanadas del Convenio sobre la Diversidad Biológica.












miércoles, 10 de enero de 2024

En el canto de la “reinita crestinegra” estaría la respuesta a su diversidad en el país

 La comunicación es el pilar de la vida, y un claro ejemplo de ello es la forma en que las aves lo hacen mediante curiosas melodías que producen sus cantos. Un ávido biólogo logró desentrañar los cambios en estos sonidos que hacen que la “reinita crestinegra”, un animal de gran importancia en el país, sea distinta en lugares como en la Serranía del Perijá, en el Cesar. Esto sería un interesante indicador de sus cambios, la defensa de su territorio y la transmisión de mensajes.

Esta ave es endémica de América del sur, y su hábitat se encuentra distribuido por Colombia, Ecuador, Venezuela y Perú, en áreas montañosas de altitudes entre los 1,200 y 3,000 metros sobre el nivel del mar. Se caracteriza por su distintivo plumaje amarillo y su cresta negra, aunque esto cambia dependiendo de si es macho o hembra, pues los colores de sus alas pueden ser más oscuros.

Son muy pequeñas, pero a la vez muy activas, y se mueven rápidamente entre las ramas buscando insectos y otras presas pequeñas que forman parte de su dieta; la existencia de subespecies de esta reinita es todo un misterio, sin embargo, gracias a los esfuerzos de Mateo Soler Barbon, biólogo de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), y el profesor Andrés Cuervo, del Instituto de Ciencias Naturales, esto podría dejar de ser un vacío en el entendimiento de la especie.

El biólogo Soler se tomó la tarea de estudiar los senderos del Ecoparque Nukasa, en Zipaquirá, que alberga ecosistemas de bosque altoandino y páramo muy bien conservados; así como la Reserva Natural Floresta la Sabana, en La Calera, que es uno de los hogares predilectos de esta peculiar ave de cresta pronunciada.

Allí recopiló datos de por lo menos 15 parejas de la reinita crestinegra y las sometió a un experimento sumamente atractivo, ya que les puso en una grabación, (el método en sí se llama playback y se usa un parlante), en la que se escuchaban los cantos de aves que son de su misma especie, pero que habitan en Cesar (Perijá) y en el centro de Perú (Áncash). La idea era observar qué ocurría, si era posible que estos pajaritos reconocieran los llamados de sus “parientes”, o si por el contrario era una “tonada” distinta para ellos.

Lo que encontraron es fascinante, pues como el mismo investigador cuenta, los cantos de las reinitas del Perijá son muy distintos tanto a los de las aves en Cundinamarca, como en Perú, y esto podría deberse a que la especie en Cesar tiene un carácter aislado, lo que significa que no tienen ningún tipo de contacto, incluyendo el reproductivo, con las poblaciones de la cordillera oriental, y, por ende, guardarían diferencias en la forma en que cantan.

Recordemos que estos sonidos de comunicación en las aves pueden variar por varias razones entre ellas: la evolución y adaptación a lo largo del tiempo en cada lugar; el aislamiento entre un grupo y otro; el aprendizaje vocal, dependiendo de los cantos a los que estén sometidos desde pequeños pueden variar su interpretación sonora, o las presiones ambientales, pues puede que los niveles de ruido en regiones distintas incidan e influyan en la comunicación de los pájaros.

“Las parejas de aves de esta región de Cundinamarca son capaces de reconocer sus cantos y comunicarse, y, de hecho, también puede discernir aquellos que son de las reinitas de Perú; sin embargo, no ocurre lo mismo con las que vienen de Perijá, allí parece haber una entidad taxonómica diferente, lo que podría significar que sería tal vez una subespecie, pero aún hacen falta más investigaciones que ahonden en esta diferencia”, asegura el investigador Soler.

Dentro de las variables medidas para llegar a esta conclusión estuvieron: cuánto tiempo se demoraban en responder vocalmente o cantar cuando escuchaban la grabación, cuánto tiempo se tomaban las reinitas para acercarse al parlante de donde provenía el sonido, cuántos saltos daban estas aves durante y después de escuchar los cantos (este comportamiento denota una posición de defender el territorio para la especie), el tiempo que gastaban cantando, y el número de vocalizaciones que hacían.

Según el biólogo, cada día se ponía un tratamiento o grabación, en total fueron 60 experimentos, y luego de tenerlos eran analizados en el software estadístico RStudio, que permite caracterizar y diferenciar cada sonido en el canto de las aves; así como encontrar las frecuencias y ocurrencias de cada una de las características medidas en estos pájaros.

“El flujo de genes que se produce a lo largo de la Cordillera de los Andes en estas aves, podría ser la respuesta para que las reinitas de Cundinamarca entiendan el canto de las de Perú”, indica el investigador.

Añade que, si se toma un ave de esta especie que habita en Cundinamarca y se lleva al Cesar, puede que no consiga pareja debido a su alto grado de discriminación a los cantos de las reinitas de ese lugar, y aquí es fundamental seguir investigando e intentar hacer los mismos experimentos en el Perú y la Serranía del Perijá, con el objetivo de determinar si se repite el patrón y si efectivamente son entidades taxonómicas distintas.






lunes, 16 de enero de 2023

Residuos agrícolas podrían suplir necesidades energéticas del país

 Las biomasas residuales -troncos, frondas o maderas- de palma de aceite, caña de azúcar, café, banano y árboles madereros, tienen el potencial de suplir gran parte de la demanda de energía eléctrica del país. Un estudio adelantado por investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá y la Universidad de Antioquia, evidenció que, el 92,51 % de la cantidad de electricidad que se requiere podría satisfacerse a través de la gasificación.

Según los informes de la Agencia Internacional de la Energía, para 2019 las energías renovables representaron el 23,2 % de la generación eléctrica mundial, mientras que la energía generada con carbono, fue del 37,8 %.

Así, la bioenergía es la cuarta fuente de energía más importante en el mundo, después del petróleo, el carbón y el gas natural. En el caso de América Latina, en 2020 se generaron 85.014 GWh de bioenergía, lo que la convierte en la segunda fuente energética más importante del continente, después del petróleo.

En el caso de Colombia, la producción de cultivos a gran escala genera un flujo constante de biomasa que podría ser aprovechada para la producción de energía. Por ejemplo, en 2019, la actividad agrícola total del país fue de 63,2 millones de toneladas, que se dividió así: caña de azúcar, 23 millones de toneladas; caña panelera, 11 millones de toneladas; racimos de frutos de palma aceitera, 6,6 millones de toneladas; plátano, 4,1 millones de toneladas; plátanos, 2,1 millones de toneladas; y arroz, 1,9 millones de toneladas, entre otros cultivos.

El potencial bioenergético de Colombia, se estima en entre 400–750 pentajulios (PJ) por año. Este se ha calculado utilizando los cultivos más grandes, los desechos animales, los residuos forestales y los residuos urbanos como las principales fuentes de biomasa considerando la cogeneración y la biodigestión como las tecnologías de transformación”.

El estudio adelantado por los grupos de investigación en Poscosecha de Productos Agrícolas del Departamento de Ingeniería Civil y Agrícola de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá y Procesos Químicos Industriales de la Universidad de Antioquia, calculó el potencial energético de residuos agrícolas disponibles en el país para generar electricidad, mediante procesos termoquímicos de gasificación, residuos que usualmente no cuentan con una adecuada disposición o aprovechamiento.

El camino

Los investigadores hicieron una revisión bibliográfica muy detallada para reconocer los procesos de aprovechamiento energético aplicados a diferentes biomasas en el país, se tomaron datos oficiales de producción de algunos procesos agrícolas y estadísticas directas de varios gremios, para posteriormente priorizar las biomasas empleando criterios técnicos, ambientales y sociales.

Las biomasas priorizadas pertenecieron a los sectores agroindustriales de la palma de aceite, la caña de azúcar, caña panelera, café, banano, reforestación para aprovechamiento de madera y adicionalmente las podas municipales.

“Se realizaron visitas técnicas a las cadenas agroindustriales que generaban las biomasas priorizadas para validar los datos encontrados en la literatura e identificar los aspectos logísticos de primera mano que permitieran confirmar la disponibilidad del material, sus características y la posibilidad de implementar la gasificación como un proceso de transformación termoquímica en empresas representativas de estos sectores”, explica el investigador Andrés Montaña de la UNAL.

Los resultados de este estudio muestran que el potencial energético calculado para las biomasas colombianas podría satisfacer gran parte de la demanda eléctrica del país mediante el uso de biomasas como troncos de palma aceitera, frondas de palma aceitera, madera de café y aulagas, que muchas veces son recursos subvaluados.

En el estudio participaron, Claudia Patricia Pérez-Rodríguez, profesora de la UNAL, y los investigadores Carmen Sofía Duarte González, Andrés Montaña y Catalina García Marroquín, del grupo de investigación Poscosecha de Productos Agrícolas del Departamento de Ingeniería Civil y Agrícola, de la UNAL Sede Bogotá, y Luis Alberto Ríos, del grupo de investigación de Procesos Químicos Industriales de la Universidad de Antioquia.

Conectando conocimiento

Solo hasta 2014, con la Ley 1715 se empezó a promover el desarrollo y utilización de las fuentes renovables no convencionales de energía. A partir de la expedición de esta ley, los ministerios de Ambiente y de Minas y Energía desarrollaron proyectos para fomentar el uso de la bioenergía en el país.

Estos ministerios encontraron retos en la articulación de los diferentes actores, dificultad de aplicar los incentivos tributarios, falta de conocimiento, carencia de proyectos pilotos y apoyo a la investigación, así como barreras en la normatividad, especialmente de gestión de residuos.

Sin embargo, el panorama para la investigación y el desarrollo se impulsa y es aprovechado por los grupos de investigación, que en el 2019 postulan a la convocatoria de Colciencias (actual Minciencias) llamada “Conectando conocimiento”.







 







martes, 20 de diciembre de 2022

Tala ilegal y pastoreo, entre los factores que más degradan los bosques en el país

 Una encuesta de percepción a 200 representantes de organizaciones comunitarias y de agricultores, de entidades públicas y de la academia, arrojó que el 84,8 % de los consultados asoció la degradación de los bosques tropicales del país con la extracción ilegal de madera, el pastoreo, los incendios forestales y la presencia de especies invasoras, mientras el 15,17 % lo atribuyó a impulsores indirectos económicos como los incentivos nacionales para el manejo de las tierras.

Otro resultado del estudio, adelantado por el grupo de investigación Ecología del Paisaje y Modelación de Ecosistemas (Ecolmod), de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), es que en todas regiones los participantes locales percibieron mayores cambios en los bosques en la última década, lo que ha incrementado, por ejemplo, los incendios forestales y las especies invasoras; en la Amazonia y el Pacífico se destacaron la extracción ilegal de madera con fines de comercialización; y en la región Orinoquia la extracción con prácticas poco sostenibles de madera con fines de subsistencia.

La degradación forestal es un proceso de cambio generado por el hombre que afecta de manera negativa las características del bosque, como su estructura forestal, las funciones, los procesos ecológicos y su calidad, por lo que es difícil percibirlo a simple vista.

La ingeniera forestal María Constanza Meza, integrante de Ecolmod y quien participó en el estudio, señala que “la extracción excesiva de leña, carbón o resina mediante prácticas poco sostenibles, la construcción de carreteras, la minería a cielo abierto y el pastoreo de ganado en bosques contribuyen a la degradación”.

Cabe anotar que el objetivo de desarrollo sostenible número 15 de Naciones Unidas hace referencia a la conservación y sostenibilidad de los bosques mediante la disminución de la deforestación y la recuperación de los bosques degradados, con el fin de preservar la vida de las especies y aumentar la biodiversidad.

Resultados

La investigación demostró que “la mayoría de los actores de las regiones Andina, Pacífica, Caribe y Amazonia coincidieron en que la tala ilegal y persistente de madera para usos comerciales es una causa importante de la degradación forestal; sin embargo, en la Región Orinoquia, en donde es mayor la tala insostenible con fines de subsistencia, los trabajadores encuestados no lo consideran así”.

Por otro lado, en la Región Amazónica los actores nacionales percibieron un mayor impacto de la tala ilegal, el pastoreo en bosques, el fuego y las especies invasoras.

“Los hallazgos refuerzan la necesidad de promover mejores prácticas tanto locales como nacionales para reducir las presiones que ejercen sobre los bosques la extracción ilegal de madera, el pastoreo en áreas de bosque y los incendios, para así revertir la degradación forestal y aumentar la calidad de vida de los colombianos”, enfatiza la ingeniera Meza.

Agrega que “se necesita una legislación forestal que contemple la amplia variedad de tipos de bosques y prácticas de manejo diferenciales en todas las regiones naturales del país, y que ofrezca una orientación a la gestión del recurso forestal”.

“Para ello, es importante aplicar los principios generales de la gobernanza, que involucre y considere la percepción y participación de todas las partes interesadas de forma receptiva, inclusiva y representativa, para así cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible”, enfatiza.

Importancia del cuidado

La investigadora recuerda que un bosque degradado es menos productivo porque pierde su biodiversidad, procesa menos bióxido de carbono y está expuesto a perturbaciones, como por ejemplo los incendios.

“La deforestación se refiere a la tala de un bosque, eliminándolo por completo para darle otros usos a la tierra, y cuando un bosque se degrada significa que aún existe, pero ya no funciona bien”, menciona.

Se estima que en todo el mundo el 70 % de los bosques están sujetos a los efectos de la degradación, reduciendo su biodiversidad hasta en un 75 %.

Los resultados de la investigación se publicaron en la revista científica Ambios, consulte el texto aquí.