martes, 26 de mayo de 2026

Residuos de aguacate, café y plátano duplicarían la vida útil de estructuras metálicas

 Cáscaras y podas de aguacate, café y plátano se están utilizando para crear recubrimientos naturales que frenan el óxido y la corrosión en estructuras metálicas. La tecnología busca reemplazar productos tóxicos y extender hasta el doble la vida útil de algunos materiales industriales.

Cada año la industria mundial asume enormes costos de mantenimiento y reparación por los daños de la corrosión. Estudios internacionales estiman que cerca del 4 % del producto interno bruto (PIB) de los países desarrollados se destina a reemplazar o recuperar estructuras metálicas deterioradas por este fenómeno.

Desde hace casi una década, un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales trabaja en el desarrollo de “inhibidores verdes de corrosión”, es decir recubrimientos naturales que ayudan a frenar el óxido y el deterioro de los metales sin emplear los compuestos altamente tóxicos presentes en muchos anticorrosivos industriales tradicionales. El proyecto se adelanta en el Centro de Desarrollo Tecnológico Innterfaz, dirigido por la profesora Elisabeth Restrepo Parra.

“El problema de muchos inhibidores tradicionales es que son sumamente tóxicos y generan afectaciones ambientales importantes. Por eso hace décadas surgió la línea de investigación en inhibidores verdes de corrosión, la cual busca utilizar extractos naturales y residuos agroindustriales para disminuir esos impactos”, explica el ingeniero físico Daniel Alejandro Pineda Hernández, experto en electroquímica aplicada al estudio de la corrosión y encargado del Área de Electroquímica en Innterfaz.

Una solución natural para un problema global

Los inhibidores desarrollados utilizan residuos agroindustriales generados en Caldas, entre ellos podas de aguacate, café y plátano, además de cáscaras de plátano, materiales que contienen polifenoles y otros fitoquímicos con propiedades antioxidantes que ayudan a disminuir el deterioro de las superficies metálicas.

Aunque internacionalmente se ha estudiado el uso de inhibidores naturales desde la década de 1970, uno de los principales desafíos seguía siendo lograr que estos compuestos se adhirieran adecuadamente a las superficies metálicas y ofrecieran una protección duradera.

Precisamente el principal aporte del grupo de investigación fue crear una formula capaz de mejorar esa adherencia combinando residuos agroindustriales y componentes naturales.

“Logramos generar unos anclajes naturales que permiten que el inhibidor se adhiera mucho mejor al metal, haciendo posible aumentar considerablemente la vida útil de las estructuras”, señala el investigador Pineda.

La formulación, denominada LV-1720, se creó durante una tesis doctoral apoyada por el Semillero de Investigación en Electroquímica, y hoy está en proceso de protección industrial.

Según las pruebas realizadas, aplicando este tipo de inhibidores una estructura metálica diseñada inicialmente para durar 50 años alcanzaría hasta los 100 años de vida útil.

Aplicaciones industriales y ambientales

Además de reducir los costos asociados con la corrosión, los inhibidores verdes buscan ser una alternativa menos contaminante frente a pinturas y productos anticorrosivos convencionales, muchos de ellos elaborados con compuestos tóxicos.

El desarrollo ya superó la etapa de pruebas de laboratorio y actualmente avanza en validaciones de mercado y ensayos técnicos especializados, incluidas las “pruebas en cámara salina”, consideradas como un estándar internacional para evaluar materiales anticorrosivos.

El proceso se adelanta con 5 empresas privadas de los sectores de pinturas y metalmecánica, con las que se han realizado ejercicios de validación del producto.

Paralelamente el equipo trabaja en nuevas aplicaciones enfocadas en la preservación del patrimonio histórico. A través de una tesis de maestría, los investigadores buscan adaptar la formulación para proteger esculturas y estructuras metálicas patrimoniales en municipios como Aguadas y Manizales.

“El objetivo es desarrollar soluciones sostenibles que se puedan aplicar tanto en la industria como en procesos de conservación patrimonial”, agrega el ingeniero Pineda.

El trabajo alrededor de los inhibidores de corrosión comenzó con procesos de investigación en pregrado y continuó durante estudios de maestría y doctorado, consolidando posteriormente el Semillero de Investigación en Electroquímica del Laboratorio de Física del Plasma.

Actualmente estudiantes de diferentes niveles académicos participan en el desarrollo de nuevas formulaciones y aplicaciones, fortaleciendo así la articulación entre investigación, innovación y transferencia tecnológica en la Universidad.