“Los animales no hacen canibalismo, no es propio de su comportamiento”. Con esa afirmación, la profesora Lucy Gabriela Delgado Murcia, decana de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), explica la situación actual de los caimanes llaneros alojados en la Estación de Biología Tropical Roberto Franco, en Villavicencio.
Según explica la profesora Delgado, una visita reciente de
Cormacarena —autoridad encargada de la inspección, la vigilancia y el control
de fauna silvestre en el Meta— reporta el buen estado de salud de los
ejemplares de caimán llanero o caimán del Orinoco(Crocodylus intermedius)
alojados en la Estación, especie declarada en riesgo crítico de extinción
principalmente por la caza ilegal.
La decana asegura que las versiones sobre el presunto
canibalismo empiezan a circular justamente cuando la Universidad reconstruye
documentación, revisa convenios, inventarios y movilización de animales, y los
pone en conocimiento tanto de Control Interno como de la Veeduría Disciplinaria
de la UNAL, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (Minambiente), la
Procuraduría General de la Nación y la Contraloría General de la República. La
Institución también prepara documentación para otras autoridades competentes.
“Desde nuestra llegada a la Decanatura, el 1 de octubre de
2024, hemos convocado a todos los actores del Programa Nacional de Conservación
del Caimán Llanero para tratar de reconstruir todo el acervo documental”,
aclara.
Agrega que “ante los vacíos documentales y las
inconsistencias detectadas en el seguimiento histórico de los animales alojados
en la Estación Roberto Franco, se han revisado convenios, salvoconductos, hojas
de vida, registros de movilización y soportes técnicos de los ejemplares”.
La discusión alrededor de la Estación gira no solo en torno
a los animales que hoy permanecen allí, sino también sobre el manejo histórico
de uno de los programas de conservación más importantes del país para proteger
al cocodrilo del Orinoco.
Un programa que involucra al Estado, la academia y las
autoridades ambientales
Desde hace décadas la Estación de Biología Tropical Roberto
Franco, adscrita a la Facultad de Ciencias de la UNAL Sede Bogotá, trabaja en
la conservación y reproducción de esta especie.
El proceso inició en 1970, cuando el científico Federico
Medem, investigador del Instituto de Ciencias Naturales (ICN), impulsó la
creación de núcleos reproductivos orientados a evitar la desaparición del
caimán llanero en los ecosistemas de la Orinoquia colombiana.
Posteriormente dicho trabajo científico dio origen al
Programa Nacional de Conservación del Caimán Llanero y motivó al entonces
Ministerio de Ambiente a declarar oficialmente a la especie en riesgo crítico
de extinción, mediante la Resolución 676 de 1997.
Además, les encargó a la UNAL y al Instituto Alexander von
Humboldt apoyar el diseño del programa de conservación, mientras delegó en las
autoridades ambientales de la región —Cormacarena y Corporinoquia— la puesta en
marcha de las acciones de repoblamiento y reintroducción de ejemplares en las
zonas de la Orinoquia.
En ese esquema, la Estación asumió la reproducción de
animales y el aporte de conocimiento científico sobre la especie, mientras el
Ministerio y las corporaciones ambientales debían liderar las estrategias para
devolver esos ejemplares a sus ecosistemas naturales. “La Universidad cumplió
históricamente su papel”, afirma la profesora Delgado.
De hecho, durante años la Universidad ha asumido casi
exclusivamente los costos de reproducción, alimentación, cuidado y manejo de
los ejemplares, pese a que el Programa Nacional de Conservación del Caimán
Llanero involucra a Minambiente, al Instituto Alexander von Humboldt, a
Corporinoquia, Cormacarena y a otras entidades públicas y privadas vinculadas a
la protección de la especie.
Reproducir caimanes no puede ser el único objetivo
La revisión adelantada por la Facultad de Ciencias encuentra
que muchos de los ejemplares alojados en la Estación ya superan la edad
adecuada para procesos exitosos de reintroducción.
Según explica la profesora Delgado, los protocolos de
conservación indican que los caimanes nacidos en cautiverio se deben liberar
jóvenes, entre uno y dos años de edad, cuando alcanzan entre 1 y 2 m de
longitud. A esa edad tienen mayores probabilidades de adaptarse a las
condiciones naturales y de supervivencia en ecosistemas donde históricamente
habita la especie.
Sin embargo, hoy la Estación alberga numerosos animales de
entre 10 y 20 años, algunos con tamaños superiores a 3 y 4 m, los cuales
permanecen en cautiverio desde hace décadas.
La académica señala que el problema se agrava porque el
ciclo reproductivo de la especie continúa cada año. Entre finales de noviembre
y enero ocurre el apareamiento y la postura de huevos, de los cuales decenas
pueden resultar fértiles y convertirse en nuevos neonatos.
“Sin procesos sostenidos de liberación, el número de
animales aumenta progresivamente y termina generando condiciones críticas de
hacinamiento”, indica.
Así mismo, la profesora Delgado menciona que durante una
visita realizada por Minambiente en julio de 2025 se identificó la presencia de
al menos 18 animales ciegos y otros mutilados, presuntamente como consecuencia
de las condiciones de confinamiento y del tamaño reducido de algunos estanques
de cemento donde permanecen ejemplares de gran tamaño.
A esto se suma la transformación urbana de Villavicencio:
“hoy la Estación de Biología Tropical Roberto Franco está en el centro de
Villavicencio, detrás de los juzgados, en una zona rodeada de talleres en donde
es absolutamente evidente, y la contaminación ambiental y auditiva está
documentada”, explica. Tales condiciones no corresponden a un entorno adecuado
para una especie silvestre de gran tamaño.
Décadas de reproducción sin una evaluación clara de
resultados
Otro aspecto que hoy revisa la Institución tiene que ver con
el seguimiento mismo del Programa Nacional de Conservación del Caimán Llanero,
diseñado en 2002.
“El Programa establece una primera fase de 10 años sujeta a
evaluación, en la que se debía analizar el éxito reproductivo de la especie, la
tendencia del repoblamiento y la efectividad de la reintroducción de ejemplares
en ambientes naturales de la Orinoquia”, explica la decana.
Es decir, no bastaba con reproducir animales en cautiverio:
“el objetivo real consistía en recuperar poblaciones viables de caimán llanero
en su hábitat natural y verificar si esos ejemplares lograban adaptarse y
reproducirse fuera de la estación”, enfatiza.
Asevera además que de las reuniones con actores del Programa
se evidenció que ni Minambiente ni otras entidades vinculadas realizan balances
recientes sobre el estado y la efectividad del Programa.
“La Universidad Nacional no puede suplantar la función de la
autoridad ambiental”, recalca.
La UNAL reconstruye la trazabilidad de los animales
La Facultad de Ciencias también adelanta una revisión
documental para reconstruir el recorrido de ejemplares trasladados fuera de la
Estación durante los últimos años.
Como se trata de una especie en riesgo crítico de extinción,
cada animal debe contar con un microchip, identificación y seguimiento desde su
nacimiento hasta su muerte. Incluso cuando un ejemplar fallece, sus restos
deben ser cremados por empresas autorizadas por Minambiente para evitar que
partes del animal entren en cadenas de comercialización ilegal.
La revisión encontró vacíos documentales, ausencia de hojas
de vida completas y diferencias entre algunos registros de traslado.
Uno de los casos corresponde a un convenio con la
Universidad de los Llanos, mediante el cual 12 ejemplares salen hacia esa
institución. Aunque el convenio finalizó formalmente en junio de 2024, la UNAL
sigue aportando solidariamente alimentación para esos animales, debido a que
Unillanos argumenta que no cuenta con recursos suficientes para asumir
completamente su manutención.
Otro proceso revisado involucra al Parque Agroecológico
Merecure. La Facultad encontró una acta de entendimiento de agosto de 2020 para
entregar 18 ejemplares. Sin embargo, después aparecen solicitudes relacionadas
con más de 180 animales, sin soportes completos sobre cómo salen, quién
autoriza esos movimientos o qué salvoconductos los respaldan.
También se encontraron informes relacionados con un convenio
desarrollado en 2021 para trasladar 104 animales a Merecure en el marco de una
investigación científica financiada por Cormacarena.
“Además, algunos de los pocos salvoconductos encontrados
registran salida de animales vivos desde Villavicencio hacia Bogotá, sin
soportes claros de retorno a la estación”, señala la decana.
La revisión también incluye investigaciones científicas
desarrolladas con ejemplares de caimán llanero. Al revisar proyectos
registrados en plataformas institucionales y consultar a comités de ética de la
Universidad, la Facultad encontró que, al parecer, varias investigaciones
carecen de los avales éticos exigidos para el manejo de animales en procesos
científicos, situación que se puso en conocimiento del Cicua.
“Estoy absolutamente segura de que el Cicua, y en esta
administración de la Universidad, tomará los correctivos del caso para que
nunca más una investigación tan importante carezca de los mínimos exigidos para
el rigor de la investigación científica”, afirma la profesora Delgado.
El futuro de los ejemplares depende de las autoridades
ambientales
La profesora Delgado recuerda que “los animales reproducidos
en la Estación de Biología Tropical Roberto Franco siguen siendo fauna
silvestre, y por tanto de propiedad del Estado colombiano, lo cual significa
que nosotros no podemos disponer de esos ejemplares motu proprio si
no existe un plan claro de reintroducción o de liberación guiado por
Minambiente o por Cormacarena”.
Actualmente la Facultad de Ciencias trabaja con expertos en
biología, veterinaria y bienestar animal para definir alternativas que permitan
mejores condiciones para los ejemplares adultos y para los neonatos que nacen
en cada ciclo reproductivo.
La propuesta de la Universidad es que esos nuevos ejemplares
no sigan aumentando el hacinamiento en la Estación y que se puedan trasladar,
con autorización ambiental, a lugares más adecuados para procesos de
conservación y eventual reintroducción.
“Nosotros no podemos seguir coleccionando caimanes”,
concluye la decana.




