Mostrando entradas con la etiqueta niño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta niño. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de septiembre de 2026

El fenómeno climático que podría intensificar las sequías durante El Niño

 Mientras Colombia se prepara para atravesar un Súper Niño, otro fenómeno atmosférico podría influir en qué tan intensas sean las condiciones secas. Se trata de la Oscilación Madden-Julian, que recorre los trópicos cada 30 a 90 días y puede alterar las lluvias a su paso. Una investigación encontró que, cuando coincide con El Niño en determinadas fases, la probabilidad de lluvia puede caer por debajo del 30 % en algunas regiones del país, reforzando las condiciones de sequía.

El hallazgo cobra relevancia ante la posibilidad de que, en un planeta más cálido, los episodios extremos asociados con El Niño se intensifiquen. El término “Súper Niño” se utiliza para describir eventos excepcionalmente fuertes de este fenómeno, caracterizados por un calentamiento muy pronunciado de las aguas del Pacífico ecuatorial y capaces de alterar con mayor intensidad los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del planeta.

Para Colombia, el problema no está solamente en cuánto pueda intensificarse El Niño, sino en la manera como interactúa con otros fenómenos atmosféricos que pueden aumentar o disminuir sus efectos sobre las lluvias, uno de ellos es precisamente la Oscilación Madden-Julian.

A diferencia de El Niño, que puede permanecer durante varios meses, la Oscilación Madden-Julian es una perturbación atmosférica que se desplaza de oeste a este por la franja tropical, desde el océano Índico hacia el Pacífico.


y condiciones más secas. Aunque se origina a miles de kilómetros de Colombia, sus efectos sobre la circulación atmosférica pueden modificar la cantidad de humedad y precipitación que llega al país.

La investigación de Juan Daniel González Caldera, magíster en Ingeniería-Recursos Hidráulicos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, muestra que cuando la Oscilación Madden-Julian se encuentra en sus fases 4 y 5 —es decir, cuando su zona de mayor actividad atmosférica se ubica sobre determinadas áreas del océano Índico y el Pacífico— y coincide con El Niño, la probabilidad de lluvia puede caer por debajo del 30 % en sectores del país, especialmente de la región Andina.

Mientras la Oscilación Madden-Julian completa su recorrido aproximadamente cada 30 a 90 días, El Niño y La Niña forman parte de un ciclo mucho más largo, que varía en escalas de entre 2 y 7 años.

“Puede intensificar las sequías al disminuir las lluvias, o incluso ayudar a mitigar los impactos cuando se encuentra en su fase convectiva”, explica el magíster González.

Según el experto, lo importante radica en dónde se encuentra la zona activa de esta oscilación. Cuando favorece el ascenso de aire húmedo y la formación de nubes puede aumentar las precipitaciones; cuando ocurre lo contrario, puede reforzar temporalmente las condiciones secas.

Esa capacidad de aumentar o reducir las lluvias también aparece durante La Niña. La investigación encontró que, cuando la Oscilación Madden-Julian se encuentra en las fases 8 y 1, la probabilidad de condiciones lluviosas puede alcanzar entre el 70 y el 80 %, con efectos especialmente notorios sobre la región Andina y sectores del Escudo Guayanés.

Por eso, conocer en qué fase se encuentra la oscilación podría aportar información adicional para anticipar periodos particularmente secos o lluviosos dentro de fenómenos de mayor duración como El Niño y La Niña.

Cambio climático podría reforzar los periodos secos y húmedos

Para explorar qué podría ocurrir en un clima más cálido, el magíster González sometió el modelo desarrollado en la investigación a una especie de “prueba de estrés”: aumentó de manera controlada la intensidad de El Niño-La Niña y de la Oscilación Madden-Julian, tomando como referencia un escenario de altas emisiones de gases de efecto invernadero. El propósito no fue predecir exactamente cómo será el clima futuro, sino observar cómo responderían los patrones de lluvia del país si estos fenómenos se fortalecen.

Los resultados mostraron que, bajo condiciones de El Niño, algunos de los estados más secos de precipitación podrían aumentar su frecuencia entre un 5 y cerca de un 10 %. Con La Niña ocurre lo contrario: se refuerzan los estados húmedos. Sin embargo, la Oscilación Madden-Julian puede moderar parcialmente esos efectos, introduciendo episodios húmedos durante El Niño o atenuando algunos cambios durante La Niña.

“Lo que encontramos es que serían períodos más intensos. El ENSO puede ser más fuerte por la disminución de la precipitación, por ejemplo”, añade el investigador.

Sin embargo, los resultados también muestran que la Oscilación Madden-Julian no actúa siempre en la misma dirección: dependiendo de su fase puede reforzar las condiciones impuestas por El Niño o La Niña, pero también contrarrestarlas parcialmente. Esa variabilidad es justamente una de las razones por las que incorporarla a los análisis climáticos puede mejorar la comprensión de lo que ocurre dentro de una temporada seca o lluviosa.

Para llegar a estos resultados, el investigador analizó registros de precipitación de más de 1.000 estaciones del Ideam y los complementó con información atmosférica global sobre viento, humedad y movimiento vertical del aire. A partir de estos datos identificó distintos patrones de lluvia en Colombia y evaluó cómo cambia la probabilidad de pasar de un estado seco a uno húmedo —o viceversa— según la fase de El Niño, La Niña y la Oscilación Madden-Julian.

Para ello utilizó un modelo estadístico conocido como modelo oculto de Markov no homogéneo, que permite reconocer patrones que no son evidentes directamente en los datos y estimar la probabilidad de transición entre distintos estados de precipitación. Después sometió ese modelo a cambios controlados en la intensidad de El Niño-La Niña y la Oscilación Madden-Julian para explorar su comportamiento bajo condiciones compatibles con escenarios de cambio climático.

Más que reemplazar los pronósticos existentes, los resultados muestran que incorporar la interacción entre estos fenómenos puede ayudar a comprender mejor por qué, dentro de un mismo episodio de El Niño o La Niña, las condiciones de lluvia pueden cambiar en cuestión de semanas.

“Se deben generar estrategias de planeación para mitigar impactos; entender la Oscilación Madden-Julian es crucial para ello”, concluye González.

 


miércoles, 24 de junio de 2026

ACUEDUCTOS RURALES DE RESTREPO SE PREPARAN ANTE LA INMINENTE LLEGADA DEL FENÓMENO DE EL NIÑO

 CVC FORTALECE LA GESTIÓN PREVENTIVA FRENTE A LA TEMPORADA SECA

La importancia del ahorro y uso eficiente del agua, ante el posible desabastecimiento de fuentes hídricas, así como el riesgo de incendios forestales y sus impactos en la fauna silvestre, fueron temas destacados.

Con el objetivo de anticiparse a los impactos climáticos que se avecinan, la CVC llevó a cabo una jornada de capacitación en el municipio de Restrepo, dirigida a los administradores de acueductos rurales y a la comunidad en general, sobre los posibles impactos del fenómeno de El Niño en las fuentes hídricas.

 Los funcionarios de la CVC hicieron énfasis en la necesidad de que los acueductos rurales trabajen de manera articulada con las comunidades para promover el ahorro y uso eficiente del agua en la temporada seca. Asimismo, alertaron sobre el incremento de la probabilidad de incendios forestales, destacando las consecuencias ambientales que estos eventos generan, entre ellas, la pérdida de cobertura vegetal, la degradación de los ecosistemas y el desplazamiento de la fauna silvestre, en busca de refugio y alimento.

“El fenómeno de El Niño representa un desafío ambiental que debemos enfrentar con preparación y conciencia. En la jornada, socializamos a los asistentes la Resolución 0100 N°0600-5943 de 2026, mediante la cual la CVC adopta medidas ambientales para prevenir y afrontar los riesgos de la temporada seca”, comentó Santiago Mesa González, ingeniero ambiental de la entidad.

 El Índice de Vulnerabilidad Hídrica (IVH) indica que 16 cuencas hídricas se encuentran en estado crítico: Arroyohondo, El Cerrito, Fraile, Las Cañas, Los Micos, Mulaló, Pescador, Obando, Párraga, Sabaletas, San Pedro, RUT, Sonso, Vijes, Yumbo y Yotoco. 

En las próximas semanas, la CVC continuará reuniéndose con los acueductos rurales de los municipios de Dagua, La Cumbre, Calima El Darién y Vijes.





viernes, 19 de junio de 2026

ASEGURAR EL CONSUMO HUMANO ES LA PRIORIDAD

¡A AHORRAR AGUA!: CVC REITERA MEDIDAS Y RESTRICCIONES PARA AFRONTAR FENÓMENO DE EL NIÑO

Ante la confirmación de la presencia del Fenómeno de El Niño por parte del Ideam, la CVC reitera a las autoridades municipales y comunidad, las medidas y restricciones que impone como autoridad ambiental para prevenir y afrontar riesgos de desabastecimiento de agua e incendios forestales.

“Desde el 15 de mayo expedimos la Resolución 06600-5943 de 2026 con las medidas para mitigar estos riesgos y nos hemos venido preparando con toda la experiencia que nos dan 70 años de conocimiento sobre el clima de la región”, dijo la ingeniera Paola Janeth Patiño, directora (e) de la CVC.

 La ingeniera recuerda que el Fenómeno no implica la ausencia total de lluvias sino una fuerte disminución con niveles por debajo de los históricos. 

 “También nos estamos preparando administrando rigurosamente los niveles del embalse de Salvajina que actualmente se encuentra por encima del 84 % buscando garantizar el abastecimiento de la Planta de Puerto Mallarino que surte a más de 70 % de Cali”, añadió.

 Algunas de las medidas y restricciones contenidas en la resolución son:

1.    Los usos del agua para consumo humano colectivo o comunitario, sea urbano o rural, y para necesidades domésticas tendrán prioridad.

2.    Las Direcciones Ambientales Regionales de la CVC podrán destruir o desmontar trinchos, barreras o cualquier otro método ilegal que conlleve a la toma, desvío, represamiento o embalse de las aguas que impidan su distribución.

3.    Con excepción de las concesiones otorgadas para consumo humano y doméstico, los usuarios que cuenten con concesiones de aguas subterráneas y superficiales para un mismo predio, deberán suspender temporalmente el uso de las superficiales.

4.    Se prohíbe la utilización de aguas superficiales para llenado de piscinas y estanques ornamentales, riego de jardines y zonas verdes y lavado de vehículos y fachadas de edificaciones y viviendas.

5.    Cuando sea necesario se suspenderá el otorgamiento de concesiones de aguas superficiales, salvo que se trate de concesiones para consumo humano. 

6.    El aprovechamiento de agua superficial para aquellos acueductos que comparten la misma fuente para su abastecimiento, deberá hacerse por turnos no mayores a 8 horas continuas. 

7.    Estas medidas se aplicarán en toda la jurisdicción, pero en especial en las cuencas con muy alta vulnerabilidad hídrica como son:  Arroyohondo, El Cerrito, Fraile, Las Cañas, Los Micos, Mulaló, Obando, Párraga, Pescador, RUT, Sabaletas, San Pedro, Sonso, Vijes, Yotoco y Yumbo. 

8.    Con miras a la prevención de incendios forestales se reitera la prohibición de realizar quemas abiertas en áreas rurales de cualquier tipo salvo las quemas controladas que cuenten con el respectivo permiso de emisiones atmosféricas.

9.    Los Consejos Municipales de Gestión del Riesgo deberán mantener estricta vigilancia sobre las áreas protegidas y ecosistemas estratégicos, especialmente aquellos lugares donde históricamente se han presentado incendios forestales y en caso de emergencia activar los planes de contingencia.

10.    En caso de violación a las disposiciones ambientales de la Resolución, la CVC impondrá las medidas preventivas y sanciones previstas en la Ley.


jueves, 16 de abril de 2026

Aunque no se puede hablar de un “Superniño”, Colombia sí tiene que prepararse

 En los últimos días se ha hablado de un posible “Superniño” (término sin respaldo científico), pero los datos actuales muestran que el Pacífico tropical —incluida la región cercana a Colombia— se mantiene en condiciones neutrales, es decir sin un evento de El Niño activo. Sin embargo, existe una alta probabilidad de que el fenómeno se desarrolle entre mayo y junio, por lo que el país se debe preparar desde ya, advierten expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

El Niño ocurre cuando las aguas del océano Pacífico tropical se calientan por encima de lo normal durante varios meses, lo cual altera la circulación de la atmósfera y cambia los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del mundo. En Colombia esto suele traducirse en menos lluvias y más calor, lo que reduce los caudales de ríos y embalses —de los que depende una buena parte de la generación de energía hidroeléctrica—, afecta el abastecimiento de agua potable y presiona sectores como la agricultura.

“Los últimos reportes muestran que El Niño aún no está consolidado. Aunque en la región costera cercana a Perú ya se registra una anomalía de 1 °C —por encima del umbral de 0,5 °C—, estas condiciones se deben mantener durante al menos 3 meses para declarar oficialmente un evento”.

“Los modelos climáticos, tanto físicos como estadísticos, indican una transición hacia El Niño, pero aún no es posible anticipar su intensidad ni su duración, ya que estas dependen de factores como los cambios en los vientos y en la circulación atmosférica, es decir en la forma como se mueve el aire y se distribuye el calor en el sistema climático”, asegura la profesora Yuley Cardona, de la Facultad de Minas de la UNAL Sede Medellín, doctora en Ciencias de la Tierra y Atmosféricas.

Según la experta, en el corto plazo lo más probable es que continúe la neutralidad, lo que significa que el océano y la atmósfera aún no muestran señales sostenidas de calentamiento propias de El Niño. No obstante, estas condiciones podrían empezar a cambiar desde mayo, con una probabilidad creciente de consolidación hacia mitad de año.

¿Cómo debemos prepararnos?

Más allá del momento exacto en que se configure El Niño, la principal preocupación son sus impactos. En Colombia, la disminución de lluvias reduce el agua disponible en ríos y embalses, lo que afecta tanto la generación de energía como el suministro de agua potable.

En el campo, la falta de humedad en los suelos disminuye la productividad de cultivos y aumenta el riesgo de pérdidas, mientras que las altas temperaturas favorecen las sequías y los incendios forestales. Incluso en las zonas costeras del Pacífico se puede presentar un aumento temporal del nivel del mar, con posibles inundaciones.

El profesor Óscar Mesa, del Departamento de Geociencias de la Facultad de Minas de la UNAL Sede Medellín, explica que “mediante medidas de ahorro voluntario es posible disminuir la demanda en porcentajes significativos sin mayores impactos sobre el bienestar”.

Además recuerda experiencias como las de California (2000-2001) y Brasil (2001-2002), en donde se logró reducir el consumo hasta el 25 %. En Bogotá, durante crisis de abastecimiento también se evidenció que la racionalización del consumo puede generar resultados efectivos.

“Este tipo de estrategias requiere campañas bien diseñadas y difundidas, y suele ser más eficaz que las medidas punitivas. Una alternativa es ofrecer incentivos económicos a quienes reduzcan su consumo frente a periodos anteriores, de manera que el ahorro se convierta en un beneficio tanto para los usuarios como para el sistema energético”, comenta el experto.

Además, el sector eléctrico debe garantizar el suministro de gas y el mantenimiento de sus plantas térmicas, mientras que los programas de autogeneración pueden aportar energía complementaria en momentos críticos.

Impactos en salud que no se pueden ignorar

El Niño no solo impacta el agua y la energía, también tiene efectos directos sobre la salud pública. El aumento de temperaturas y los cambios en las lluvias crean condiciones favorables para la proliferación de mosquitos transmisores de enfermedades como malaria, dengue, zika y chikunguña.

El fenómeno favorece estos brotes porque las temperaturas más altas aceleran el ciclo de vida del parásito dentro del mosquito y aumentan la frecuencia de su picadura, mientras que la reducción de lluvias genera criaderos en aguas estancadas. Es decir, no se trata de eventos impredecibles sino de patrones conocidos que se podrían anticipar y usar como sistemas de alerta temprana para prevenir epidemias.

“A pesar de contar con décadas de investigación, modelos de predicción y sistemas de información, el país sigue reaccionando de forma tardía”, afirma el experto.

Integrar los pronósticos climáticos con la planificación en salud pública permitiría activar medidas preventivas como campañas de control vectorial, distribución de mosquiteros, provisión de medicamentos y comunicación temprana con comunidades en riesgo. 

Los expertos coinciden en que el reto no es la falta de conocimiento sino la capacidad institucional para actuar de manera anticipada.

Una realidad que no da espera

En esa misma línea, el profesor José Daniel Pabón advierte que el océano Pacífico ya muestra una transición clara hacia condiciones cálidas. Tras el periodo de La Niña, entre finales de 2025 y comienzos de 2026, los sistemas de monitoreo evidenciaron un calentamiento progresivo que se podría consolidar en un evento de El Niño hacia mediados de este año, y extenderse hasta inicios de 2027. 

Sin embargo, insiste en que más allá de la intensidad que pueda alcanzar el fenómeno, lo fundamental es prepararse desde los territorios —municipios y departamentos— y desde los sectores productivos. El llamado no es a especular sobre si será catastrófico o no, sino a anticipar sus efectos.

Por ahora los centros de predicción climática no se han aventurado a definir su magnitud, debido a la complejidad de los procesos involucrados. Por ello la recomendación es seguir de cerca los reportes oficiales del Comité Nacional para el Estudio del Fenómeno de El Niño.







lunes, 22 de julio de 2024

Restauración de manglares debe considerar fenómenos de El Niño y La Niña

 Acciones de dragado, manejo de sedimentos y limpieza de caños en la Ciénaga Grande de Santa Marta deben tener en cuenta los fenómenos de El Niño y La Niña para evitar afectaciones en los manglares. Un estudio demuestra que la restauración ecológica debe ser climáticamente inteligente para contrarrestar o evitar reforzar los efectos que pueden tener las temporadas de sequía y lluvia en estas importantes especies vegetales.

La Ciénaga Grande de Santa Marta es muy importante para el Caribe colombiano y el país porque alberga alrededor de 519 especies animales y sustenta más de 3.000 pescadores que dependen de sus servicios ecosistémicos, según explica el doctor en Biología Marina David Alejandro Sánchez Núñez, docente de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede de La Paz. Incluso algunas comunidades viven inmersas dentro del manglar, como las poblaciones palafíticas de Buenavista y Nueva Venecia, que se benefician de la pesca, el ecoturismo, la madera y la protección contra vientos.

“Cuando se muere extensivamente el manglar, que ellos denominan como su ‘empresa’, hay muchos peces y otras especies comerciales que pueden aminorar, entre ellas sábalo, mojarras, camarón, robalo, lisa, macabí y jaiba, que utilizan para su sustento y para vender”, acota el experto. Mientras que, si los manglares se expanden, habría más hábitats para los peces, más recursos pesqueros y mayor bienestar para las poblaciones.

Para proteger estos ecosistemas y quienes dependen de ellos es necesario actuar según la variabilidad climática. “Normalmente cuando el evento es de El Niño (lluvias por debajo de lo normal en los Andes y Caribe colombiano) se pierde cobertura, o sea que se muere la vegetación; y cuando es de La Niña (donde ocurren lluvias y aumentan caudales por encima de lo normal) gana cobertura o se expande”, explica el investigador.

“Cuanto más fuerte sea El Niño, como en el 2015, cuando el Gobierno nacional impulsó el ahorro de agua y luz para evitar racionamientos, hubo muchos manglares que se murieron, mientras que con eventos de La Niña consecutivos entre 2007 y 2010 o entre 2020 y 2023 los manglares se recuperaron, y lo más interesante es que se expandieron en lugares internos difíciles de recuperar con el desarrollo de árboles”, anota el profesor Sánchez.

Así mismo, las actividades humanas, como las obras de infraestructura o mantenimiento de afluentes, impactan las condiciones de estos ecosistemas costeros. La Ciénaga Grande de Santa Marta perdió 27.380 hectáreas de manglares entre 1956 y 1995, de las 51.150 hectáreas presentes previamente por la construcción de las carreteras Ciénaga-Barranquilla y Palermo-Sitio Nuevo y de diques paralelos al río Magdalena, que aumentaron la salinidad del suelo en el sistema (hipersalinización) al reducir la conectividad mareal y de agua dulce.

La salinidad del suelo es uno de los principales reguladores de las plantas de manglar. Aunque los manglares son tolerantes a la sal, cuanto mayor sea la salinidad, mayor será la energía involucrada en la absorción de agua y menor será el crecimiento del manglar.

Cabe anotar que a este sistema le entra agua dulce del río Madalena a través de varios caños y de tres ríos de la Sierra Nevada de Santa Marta, que aumentan su caudal durante estaciones lluviosas y eventos La Niña, y disminuyen su caudal durante la estación seca o durante eventos El Niño.

Un poco de historia

Entre 1996 y 1998, la Ciénaga Grande de Santa Marta fue declarada como sitio Ramsar (humedal de importancia internacional) y en el año 2000 como Reserva Internacional de la Biosfera. Durante la década de 1990 se implementó un proyecto de rehabilitación hidrológica llamado Prociénaga para aumentar la conectividad de agua dulce mediante la construcción de derivaciones que reconectan al sistema lagunar con el río Magdalena, principal fuente de agua dulce.

En 1998 cuando se reabrió el Canal Aguas Negras como medida de restauración hidrológica, sucedió al mismo tiempo un evento de La Niña fuerte. Es decir, le entró mucha agua dulce al sistema, disminuyendo la salinidad demasiado y muy rápido. El manglar no se recuperó en el corto plazo tanto como se esperaba, pues en algunos lugares proliferaron otras especies de vegetación acuática como la enea (Typha domingensis).

La alta carga de sedimentos provenientes del río Magdalena, 10 veces mayores a las existentes hace varios siglos, taponan los caños y reducen la conectividad hidrológica (los sedimentos taponan los caños como el colesterol lo hace con las arterias). Por eso desde 2004 el mantenimiento de caños se ha realizado periódicamente, y aun así la extensión ocupada por los manglares ha fluctuado con periodos de recuperación o degradación.

Luego de El Niño de 2015-2016, que fue el más fuerte que se ha registrado, se perdieron alrededor de 7.659 hectáreas de manglar, casi la mitad de la extensión de manglar recuperada entre 1995 y 2015 (16.711 ha). En 2017, este sistema natural fue incluido en el registro de Montreux (humedales Ramsar en peligro crítico) debido a la sequía severa generada por El Niño 2015-2016 y a otras a afectaciones como la expansión agrícola y ganadera y los desvíos y captaciones de flujos de agua de los ríos de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Medidas como mejoras en la disposición de sedimentos cuando se hace dragado de caños, eventos de la Niña consecutivos entre 2016-2018 y entre 2022-2023 y una restauración ecológica más efectiva han permitido recuperar el manglar a un nivel similar al presente antes de El Niño 2015-2016.

Recomendaciones

Con base en esta investigación realizada por el doctor Sánchez junto con la magíster en Ciencias de Biología, Jenny Alexandra Rodríguez y el doctor en Biología José Ernesto Mancera, docente de la UNAL Sede Bogotá, se podría recomendar que cuando se espere un evento de El Niño se realicen los dragados de mantenimiento a los canales; mientras que cuando se presenten eventos de La Niña muy fuerte no es recomendable realizar mantenimientos extensivos porque se dulcifica rápidamente el sistema de la Ciénaga Grande.






lunes, 18 de septiembre de 2023

Más allá de El Niño y La Niña: ¿por qué varían las lluvias cada día y cada semana?

 Aunque es importante estudiar fenómenos como El Niño y La Niña –que varían cada 2 a 7 años–, también es crucial entender qué ocurre con las lluvias en días o semanas para mejorar el pronóstico de eventos que condicionan la disponibilidad del agua en las cuencas, inundaciones o sequías. Las ondas Kelvin, los chorros del Caribe, Chocó y Orinoquia, juegan un papel protagónico.

Juan Esteban Taborda Soto, magíster en Ingeniería - Recursos Hidráulicos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, recopiló información relacionada con las precipitaciones –es decir la caída del agua contenida en la atmósfera– en el norte de Sudamérica, para identificar patrones relevantes en los siguientes periodos de tiempo: de 1 a 10 días, de 10 a 30 días y de 30 a 90 días, además de analizar estadísticamente su relación con ondas como las Kelvin, las Madden-Julian o los chorros de bajo nivel como el del Caribe.

“Con una base de datos espacio-temporal tenemos información diaria, como ‘fotos’ diarias de las precipitaciones a lo largo de 20 años, por ejemplo. Si tenemos esas ‘fotos’ podemos utilizar un ‘análisis de componentes principales’, técnica que nos permite cambiar esas ‘fotos’ por otras y obtener patrones que nos pueden indicar si en una zona está lloviendo más de lo normal mientras en otras menos de lo normal”, explica el magíster Taborda.

Luego de encontrar estos patrones (dónde llueve simultáneamente más de lo normal y menos de lo normal), el investigador pasó a preguntarse si estos comportamientos se relacionaban con las ondas del Este, las Kelvin, las Madden-Julian, etc. Todas estas viajan hacia el este o el oeste en el Trópico y se diferencian entre sí básicamente por su tamaño y por la velocidad a la que se mueven. Así mismo, evaluó si los chorros del Caribe, Chocó y Orinoquia –que se pueden definir como una región de vientos muy estrechos que transportan humedad al centro del país– influían y si la humedad que las plantas y el suelo emiten al medioambiente (evapotranspiración) también tenían relación.

El análisis fue sobre todo estadístico

“Buscamos correlaciones entre estos fenómenos y los patrones de la precipitación en las diferentes bandas: de 1 a 10 días –que nunca se habían estudiado en la región con estas técnicas–, de 10 a 30 días y de 30 a 90 días. Así encontramos que los patrones de precipitación en la escala temporal más corta (de 1 a 10 días) se relacionan con las ondas Kelvin y las ondas TD; estas últimas son ‘depresiones tropicales’, las cuales son precursoras de huracanes. Para la banda de 10 a 30 días encontramos relaciones significativas con las ondas Rossby, que son aquellas que se desplazan hacia el oeste, mientras que para la banda de 30 a 90 días no encontramos relaciones significativas”.


Con respecto a los chorros de bajo nivel, el estudio encontró que el del Caribe y la Orinoquía influyen en las bandas de 10 a 30 días, y de 30 a 90 días, relaciones iguales o incluso mayores a las que se tienen con las ondas Rosby, Kelvin, etc. “Finalmente vimos relaciones importantes con la evapotranspiración para todas las bandas, y creemos que es porque esta sería un insumo clave que aporta humedad a la atmósfera para generar precipitaciones”.

Tras llegar a estas conclusiones, la información se utilizó para hacer pronósticos estadísticos relacionados con el caudal medio diario del río Sogamoso. Para esto se entrenaron 5 modelos, 2 de los cuales mostraron buenos resultados. “Los pronósticos de caudales también suelen hacerse a escalas mensuales y semanales. Nosotros lo intentamos a escala diaria, comparando con el pronóstico climatológico (que toma, por ejemplo, el caudal de todos los primeros días de enero, para predecir el próximo primero de enero) y el pronóstico antecedente (que toma como referencia el caudal del día inmediatamente anterior)”.

Comparativamente, los modelos aplicados lograron ganancias significativas en reducción del error, así: del 94 % para los caudales mínimos (con respecto al pronóstico climatológico) y de hasta un 28 % para los caudales medios (con respecto al pronóstico antecedente).

Esta investigación es un avance significativo para entender la precipitación y los pronósticos a escalas temporales pequeñas. Comprenderlas es útil para generar pronósticos, por ejemplo, en cuencas que surten centrales hidroeléctricas que utilizan cierta cantidad de agua cada día, además de que pueden ser insumos valiosos para anticiparse a posibles inundaciones o sequías. Por otro lado, según el magíster, es necesario hacer investigaciones adicionales que permitan explorar con mayor profundidad la dinámica física vinculada con estas relaciones estadísticas.