miércoles, 11 de septiembre de 2024

El chontaduro sería una alternativa natural a los tintes alimentarios artificiales

 Aunque hoy el chontaduro se consume en mercados locales en forma de palmitos, crudo, como harina o chicha de chonta, esta fruta también tendría potencial para la industria alimentaria del país, pues contiene altas cantidades de pigmentos orgánicos (o carotenoides) y moléculas antioxidantes que servirían para reemplazar aditivos sintéticos colorantes.

Una investigación de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín comprobó que usar ventanas refractantes para secar la fruta conservaría el 88,5 % de su betacaroteno, un compuesto natural que remplazaría aditivos artificiales como la tartrazina o el amarillo ocaso, colorantes que pueden generar efectos negativos en la salud. Además, con esta técnica se reducirían costos y energía.

El chontaduro, fruta de color anaranjado quemado y textura fibrosa, es originaria de la Región Amazónica, y aunque ha sido considerada como exótica, cada vez se han conocido más sus propiedades nutritivas y ha cobrado interés por ser un frutal promisorio para promover la sustitución de cultivos de uso ilícito en Colombia.

Según el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, actualmente en el país hay más de 37.600 hectáreas sembradas con este cultivo, siendo el municipio de Tambo (Cauca) el de mayor participación nacional, con el 48 % de la producción del país.

“Es una fruta con un gran valor nutricional, con alto contenido de carotenoides, selenio, zinc y polifenoles, moléculas que ejercen un potencial antioxidante, es decir aliadas en la prevención de daños celulares y algunas enfermedades degenerativas”, explica Jeanine Kathleen Peñaloza Figueroa, doctora en Ingeniería - Sistemas Energéticos de la UNAL Sede Medellín, autora de la investigación.

Para obtener estos bioactivos de forma eficiente, el material debe estar libre de agua, por lo que el secado de la fruta es crucial. “Para extender su vida útil y usarla como ‘ingrediente’ en otros productos (jugos, tortas, mermeladas, etc.) se le debe retirar toda el agua garantizando su estabilidad y baja degradación oxidativa. Por eso, con el fin especial de preservar sus carotenoides, probamos una tecnología emergente para el secado: las ventanas refractantes”, explica.

Los carotenoides como el betacaroteno son una alternativa natural para remplazar aditivos artificiales como la tartrazina (proporciona color amarillo o anaranjado a los productos), promoviendo la reducción de efectos negativos en la salud de los consumidores.

“Inicialmente caracterizamos 3 variedades de chontaduro provenientes de Cauca, Chocó y Putumayo, y encontramos que la primera presenta mayores valores de carotenoides, la segunda mayor contenido de grasas (omegas 6 y 9) y la tercera mayor contenido de almidón”, agrega la investigadora.

Chontaduro del Cauca y uso de ventanas refractantes

En palabras sencillas, el método de ventanas refractantes consiste en un recipiente grande con agua caliente, que funciona similar al “baño María”, y sobre el que hay un plástico llamado lámina mylar, que separa la pulpa del líquido. “Elegimos el chontaduro del Cauca por sus propiedades. Extendimos la pulpa de la fruta hasta que estuviera de poco espesor, o en forma de laminillas, y empezamos el proceso de deshidratación. Para esto el agua debe estar a una temperatura entre 80 y 90 °C”, continúa.

En la parte superior hay un sistema de extracción para eliminar la humedad que sale del producto. “Durante la investigación probamos diferentes temperaturas y espesores, e identificamos que las condiciones óptimas de temperatura y espesor sonde  85 °C y 2 mm, así preservamos el 88,5 % de betacaroteno, un resultado muy favorable teniendo en cuenta que con otras técnicas como el secado por convección, el microondas, el vacío y la atomización se retenía respectivamente el 11,44 %, 23,94 %, 22,85 % y 30 %”.

Además, la investigadora Peñaloza realizó pruebas a nivel industrial, pasando de trabajar en laboratorio con una lámina de 30 cm x 19 cm, a un equipo de 5 m de largo por 80 cm de ancho. Así encontró que a gran escala se necesita incluso menos tiempo de secado (entre 14 y 20 minutos), un hallazgo adicional para la eficiencia energética y la reducción de costos e impactos en el medioambiente.

“Las ventanas refractantes representan muchos beneficios, especialmente porque necesitan temperatura más baja que otras técnicas, como el secado por atomización que requiere temperaturas de hasta 220 °C”, complementa.

Estos resultados demuestran la viabilidad de fortalecer la producción de esta fruta y de apoyar a los emprendedores de zonas vulneradas por el conflicto armado. “Podemos conseguir esta materia prima en zonas como Cauca, Chocó y Putumayo y obtener productos que se materialicen en el mercado nacional”, concluye la investigadora.





martes, 10 de septiembre de 2024

Hongos de orquídeas servirían para controlar enfermedades en cultivos agrícolas

Aunque en Colombia se han descrito más 4.270 especies de orquídeas, solo en 15 de ellas se han estudiado sus hongos micorrícicos (que les permiten germinar), lo cual limita el conocimiento sobre los múltiples beneficios que estos le aportarían a la humanidad en aplicaciones como la propagación de orquídeas comerciales, la protección de cultivos agrícolas e incluso su posible uso en la industria farmacéutica.

Las micorrizas son hongos que han existido por más de 400 millones de años desempeñando un rol esencial en la colonización de las plantas sobre la Tierra; de hecho, más del 80 % de ellas las necesitan en sus raíces para crecer y prosperar. Se trata de una relación simbiótica que implica un intercambio mutuamente beneficioso: los hongos micorrícicos ayudan a las raíces a obtener nutrientes esenciales del suelo –como fósforo y nitrógeno–, y estas a su vez les proporcionan los productos de la fotosíntesis, especialmente azúcares, necesarios para su subsistencia.

Las micorrizas se clasifican en varios tipos, siendo las más comunes las arbusculares, que se encuentran en la mayoría de las plantas, y las ectomicorrizas, que son las más estudiadas e interactúan principalmente con árboles y algunos arbustos. Sin embargo, dentro de esta diversidad destaca un grupo especializado que ha llamado la atención de los científicos por sus posibles aplicaciones biotecnológicas: las micorrizas de orquídeas.

Así lo expuso el profesor Joel Tupac Otero Ospina, líder del Grupo de Investigación en Orquídeas, Ecología y Sistemática Vegetal, durante el Seminario Biotecnología y Biodiversidad “Clave para un futuro sostenible y resiliente”, desarrollado en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira como parte de la agenda previa a la COP16.

“Para sobrevivir, las orquídeas dependen de sus hongos simbióticos desde las primeras etapas de su vida. A diferencia de muchas otras plantas, sus semillas son diminutas y carecen de endospermo, un tejido nutritivo que alimenta el embrión durante la germinación; esto significa que sin las micorrizas las orquídeas no pueden germinar, por lo que dependen completamente de esta interacción para crecer”, explica el investigador.

Micorrizas para la protección de cultivos

Uno de los campos más prometedores de estos hongos es su aplicación biotecnológica, ya que, al contar con el potencial de mejorar la germinación de semillas de orquídeas silvestres y comerciales, puede contribuir en la conservación de las especies en peligro de extinción y en el cultivo de orquídeas ornamentales o con valor económico, como la vainilla (Vanilla planifolia).


En Colombia, pese a que la investigación ha avanzado considerablemente gracias a los estudios pioneros de los profesores Marina Sánchez de Prager y Eider Daniel Gómez López de la UNAL Sede Palmira, quienes documentaron por primera vez micorrizas de orquídeas en el país, aún queda mucho por descubrir. Además, desde el Grupo de Investigación estudiantes de pregrado, maestría y doctorado han desarrollado diversas investigaciones.

Uno de los estudios más destacados fue la confirmación de que estos hongos micorrícicos pueden desempeñar un importante papel en la protección de cultivos, según concluyó la investigadora Ana Teresa Mosquera en su tesis doctoral, al evaluar la capacidad de ciertas especies de micorrizas para inducir resistencia en cultivos de arroz frente a patógenos como Rhizoctonia solani, un hongo que causa daños graves en diversas plantaciones.

Los resultados demostraron que las micorrizas de orquídeas no actúan como patógenas en los cultivos de arroz, sino que, por el contrario, pueden reducir la severidad de las infecciones fúngicas, lo que abre la puerta a nuevas estrategias de manejo de enfermedades agrícolas mediante su uso.

“Lo preocupante es que, de las 4.270 especies de orquídeas descritas hasta 2015 en Colombia solo de 15 se han caracterizado sus hongos micorrícicos, lo que destaca la necesidad de continuar investigando para comprender mejor esta relación simbiótica y conocer su potencial biotecnológico”, señaló el investigador Otero.

Recientemente, y por primera vez en el país, estudiantes del Semillero de Investigación en Orquídeas y Ecología descubrieron e identificaron en Palmira (Valle del Cauca) la especie Microchilus riopalenquensis, una orquídea terrestre nativa de Ecuador, Colombia y Perú que crece en guaduales y zonas boscosas, un hallazgo que aporta a la formación científica y al conocimiento de la riqueza botánica del país.

Entre las orquídeas estudiadas por el Grupo de Investigación en diferentes regiones del país –Buenaventura, Palmira, Medellín y Dagua, entre otras– se encuentran especies como Vanilla rivasii, Ionopsis utricularioides y Epidendrum melinanthum, lo que demuestra la importancia de las micorrizas para que estas plantas puedan sobrevivir en diversos y hábitats, incluso con condiciones extremas.

El profesor Otero destaca que “las micorrizas también son valiosas para estudiar la historia natural y la evolución de las orquídeas: entender cómo han evolucionado estas relaciones simbióticas a lo largo de millones de años puede ofrecer perspectivas sobre la adaptación y diversificación de estas plantas”.

Entre los principales retos de la investigación están: identificar nuevos hongos micorrícicos para diferentes especies de orquídeas, crear bancos de micorrizas para aplicaciones comerciales y optimizar los métodos de propagación. La aplicación de técnicas avanzadas como la microscopía electrónica y la secuenciación del ADN permitirá una caracterización más precisa y detallada de las micorrizas.









 

sábado, 7 de septiembre de 2024

Sinfonía viva en la UNAL Sede Bogotá: la importancia del canto de las aves

 Con un poco de atención, los humanos podemos percibir la sinfonía natural que forman las aves con sus trinos –compuestos de patrones y ritmos– que nos pueden llevar a descubrir el complejo mundo que se desarrolla entre los árboles y el viento.

“La importancia del sonido de las aves” es el título de un recorrido por el campus de la Sede Bogotá de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), organizado por el Museo de Historia Natural de la Institución y liderado por estudiantes de la carrera de Biología, el cual le brindó una experiencia inmersiva a la comunidad universitaria y al público en general.

Con alrededor de 1.968 especies registradas –es decir el 20 % del total global–, Colombia es líder mundial en registro de aves, las cuales se pueden apreciar incluso en territorios urbanos.

Durante el recorrido se destacó la complejidad del canto de las aves: mientras los sonidos de algunas son elaborados, llenos de matices y variaciones, otras emiten cantos más cortos y simples.

Además, los estudiantes los enseñaron a los participantes a identificar las especies mediante Merlin Bird ID, una aplicación que permite captar el sonido de las aves y da una descripción detallada de cada una.

Los silbidos, chirridos y trinos se producen gracias a un órgano especializado de las aves llamado siringe, que les permite emitir sonidos complejos. En comparación, los humanos utilizamos la laringe para producir la voz, pero, al igual que las aves, nos comunicamos por medio de este sistema sonoro.

En la jornada se destacó que en Bogotá las aves comienzan a cantar desde las 4:00 a. m., marcando el inicio del día. Sus sonidos cumplen múltiples propósitos, como el cortejo, el marcaje de territorio y la alerta de peligros.

En el campus de la UNAL Sede Bogotá se pueden escuchar y observar varias especies de aves, entre ellas la mirla patinaranja (Turdus fuscater), el canario silvestre (Serinus canaria), y la garza ganadera (Bubulcus ibis).

Jimena Sotelo, estudiante de último semestre de Biología, destacó “que las mirlas bogotanas son las más grandes del territorio nacional. El sexo de esta especie se puede identificar por el anillo ocular de los machos, que las hembras no lo tienen”.

En cuanto a los canarios silvestres, los guías advirtieron que frecuentemente estos son víctimas del tráfico ilegal, y a menudo también se confunde con el canario doméstico

Las mirlas son territoriales y tienen una dieta variada. Sin embargo, la deforestación ha cambiado su hábitat, trasladándolas de tierras bajas a zonas más altas.

El recorrido resalta la necesidad de apreciar y conservar la avifauna colombiana, esencial para los ecosistemas por su papel en la dispersión de semillas y en la regeneración de los bosques.

El Museo de Historia Natural de la UNAL invita a todos a participar en sus actividades, dirigidas a conocer mejor la biodiversidad de Colombia. Pueden consultar la programación en sus cuentas de Instagram: @muscohnunal y @goun_unal














viernes, 6 de septiembre de 2024

Caficultura con sombrío y vías verdes reactivaría la economía en Caldas

 En los últimos 50 años la participación del café en el producto interno bruto (PIB) de Colombia ha sufrido una drástica caída: del 9 % hace medio siglo, y de un máximo histórico del 30 %, pasó a menos del 0,9 % en la actualidad. Este descenso contrasta con el creciente impacto del turismo en una zona cafetera como Caldas, que representa el 9,86 % del empleo y contribuye con un 3,27 % al PIB. Estos datos subrayan la urgente necesidad de potenciar el sector turístico tanto para maximizar sus beneficios para este departamento como para diversificar la economía de la región.

A principios del siglo XX el auge de la industria cafetera le permitió a Manizales convertirse en una ciudad próspera, con inversiones en infraestructura como la construcción del Cable Aéreo Manizales-Mariquita y el Ferrocarril de Caldas, además de un crecimiento poblacional y una marcada cultura en torno a este cultivo. Sin embargo, la introducción en 1970 del monocultivo de la variedad caturra –resultado de una mutación genética que redujo el tamaño de la planta de café– y los problemas ambientales asociados afectaron negativamente la caficultura de la región.

“La Revolución Verde introdujo un modelo de monocultivo químico que los campesinos no pudieron asimilar debido a su bajo nivel educativo. Esto provocó una migración masiva del campo a las ciudades, transformando a Caldas de un 70 % rural a un 70 % urbano, lo que generó problemas sociales y ambientales como deslizamientos y fragmentación del territorio”, explica el investigador Gonzalo Duque Escobar, profesor de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, ingeniero civil con estudios de posgrado en Geotecnia, Geofísica y Economía.

“La apertura económica de 1991 exacerbó estos problemas, lo que resultó en la fragmentación social y espacial”, agrega. Aunque Manizales ha visto un incremento en la producción y ha sido reconocida por su competitividad y progreso social, además del problema económico también enfrenta el cambio climático, que representa una amenaza para la producción de café. Los expertos estiman que la mitad de las áreas cafetaleras del mundo podrían perder su capacidad productiva.

Una vía verde entre el café y el turismo

Ante este panorama, el Museo Interactivo Samoga de la UNAL Sede Manizales, dirigido por el profesor Duque, le ha propuesto a las autoridades locales una solución a este problema social, ambiental y económico: adoptar una caficultura con sombrío en vez del monocultivo de base química.

El monocultivo de base química se basa en cultivar una sola especie –como el café, en grandes extensiones– utilizando fertilizantes y pesticidas químicos, lo que reduce la biodiversidad, degrada el suelo y contamina el agua, además de ser insostenible a largo plazo.


En contraste, la caficultura con sombrío implica cultivar el café bajo árboles nativos o especies compatibles, lo que promueve un ecosistema más diverso y saludable. Este enfoque mejora la conservación del suelo y el agua, reduce el uso de químicos y aumenta la captura carbono, lo que lo convierte en un método más sostenible y resiliente frente al cambio climático.

La caficultura con sombrío no solo protege el ambiente, sino que además diversifica los productos disponibles y asegura una mayor estabilidad en la producción cafetera. Este enfoque busca mejorar la sostenibilidad buscando el desarrollo económico, el cuidado ambiental y el bienestar social a partir de la seguridad alimentaria.

En la investigación realizada por el profesor Duque se ofrece una visión reveladora sobre cómo Colombia puede reactivar su sector cafetero y su economía rural. En vez de centrarse en un modelo de exportación que hace dependiente al país, se propone fomentar una agricultura autárquica tradicional.

“La agricultura autárquica es un modelo que busca la autosuficiencia alimentaria al permitir que las comunidades locales produzcan sus propios alimentos en vez de depender de la exportación de grandes volúmenes. Este enfoque se centra en el cultivo de alimentos y hierbas medicinales locales, promoviendo prácticas agrícolas tradicionales y el conocimiento de los recursos del territorio”, explica el investigador.

Este modelo se puede complementar con el ecoturismo, aprovechando su auge y el atractivo que representa la rica biodiversidad del país, como sus 1.900 especies de aves, de las cuales el 42 % se encuentran en Caldas. “Esto puede generar ingresos adicionales y atraer visitantes interesados en la naturaleza, apoyando una economía sostenible y respetuosa con el medioambiente”, precisa.

El Paisaje Cultural Cafetero debería estar basado en prácticas agrícolas tradicionales y sostenibles que protejan la salud del suelo y del agua. Además se sugiere integrar el turismo fomentando vías verdes en donde las comunidades locales puedan ofrecer un turismo ecológico y cultural, no como simples paseos sino experiencias que ofrezcan conocimiento del territorio.

En este contexto también se propone formar a los jóvenes en áreas relacionadas con el turismo, como el aviturismo y la artesanía con denominación de origen, es decir la certificación que reciben los productos agrícolas, alimenticios o artesanales provenientes de una región específica con tienen características distintivas por su origen geográfico y por las condiciones locales en las que se producen.

También se podría replantear el modelo educativo actual para responder a las necesidades y oportunidades de las zonas rurales. Se propone una educación que prepare a los jóvenes para aprovechar el potencial del turismo y otras actividades económicas locales, abriendo oportunidades y contribuyendo a la reducción de la migración del campo a la ciudad.






jueves, 5 de septiembre de 2024

El mar tiene “fiebre”: impacto del cambio climático en San Andrés y Providencia

 Transformar el modelo de turismo masivo en alternativas con menor impacto medioambiental, y además implementar políticas públicas que fortalezcan la gestión del riesgo de desastres en las zonas insulares del país, forman parte de las estrategias planteadas por expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Caribe e instituciones internacionales para mitigar los efectos que ha dejado el cambio climático en el territorio.

En el archipiélago de San Andrés y Providencia los impactos de esta crisis se han reconocido en el incremento de fenómenos naturales como las marejadas ciclónicas –cambio en el nivel de agua debido a la presencia de una tormenta–, capaces de generar inundaciones permanentes en zonas costeras; en las marejadas las olas pueden alcanzar entre 7 y 8 m de altura.

En los últimos días los impactos producidos por el aumento en la temperatura de la atmósfera han dejado alrededor de 3.000 damnificados en zonas del Pacífico colombiano a causa de marejadas, situación que requiere nuevas estrategias de atención para que la vulnerabilidad social que padecen los habitantes de la zona por estos comportamientos atípicos del mar se pueda reducir.

Carolina Velásquez, Ph. D. en Gestión y Manejo Científico de Desastres y magíster en Estudios del Caribe de la UNAL, señaló que “la vulnerabilidad descrita en aspectos tanto sociales como ecosistémicos ha traspasado a situaciones de injusticias hídricas que deben ser atendidas en la gestión de riesgos.En San Andrés se han tomado decisiones legitimadas a través de políticas públicas que han llevado a que los habitantes de la Isla sufran por el acceso al agua”.

Según el Observatorio de la Reserva de la Biosfera Seaflower, el 82 % del agua que se utiliza San Andrés es subterránea, y aunque existen dos acuíferos, solo uno de ellos se considera apropiado para la captación de agua para consumo.

El acuerdo integral (naturaleza-cultura) y nuevo diálogo entre las poblaciones y el elemento agua para minimizar los impactos del cambio climático en las zonas costeras también pone sobre la mesa las consecuencias del desequilibrio existente entre la sobrepesca y la reducción de las poblaciones que componen la biodiversidad marina en los territorios.

Según Adriana Santos, doctora en Ciencias, magíster en Biología Marina y directora de la UNAL Sede Caribe, “sobrepasar los límites de explotación de las especies que conviven en el mar perjudica el ambiente en las zonas que dependen de ese recurso. La sobrepesca en múltiples ecosistemas se ha unido a la pérdida de hábitat, la contaminación y las bioinvasiones que han deteriorado la salud de estas áreas y han llevado a reconocer que el mar y el planeta tienen fiebre por el inminente incremento en la temperatura global”.

Para los expertos, la amplia biodiversidad que existe en el país tiene que convertirse en un motor de desarrollo, en el que los genes y los ecosistemas converjan como uno solo. José Ernesto Mancera, profesor de la Facultad de Ciencias y Biología de la UNAL, en el Especial La UNAL en la  COP16 de Radio UNAL, indica que las posibilidades de desarrollarnos como especie también depende del patrimonio natural.

“Al quemar toda la materia orgánica para mover nuestra maquinaria estamos calentando la atmósfera y esto lleva al derretimiento de los casquetes polares, que albergan el 3 % del agua dulce del planeta”, subrayó el profesor Mancera.

A raíz de los efectos del calentamiento global, la UNAL trabaja en más de 30 acciones de fortalecimiento de la gestión de riesgos de desastres que buscan incrementar el conocimiento, la capacidad y preparación con base en la seguridad humana y la preservación de la base natural en el Archipiélago de San Andrés, en las que también participan otras 10 entidades aliadas que desde hace más de un año y medio pretenden jalonar la respuesta a estas necesidades en el territorio.





martes, 3 de septiembre de 2024

Crecimiento del turismo en la Sierra Nevada cambia el territorio para las poblaciones indígenas

 Los habitantes del municipio de Pueblo Bello (Cesar) –en donde habita la comunidad indígena iku, llamada comúnmente como arhuacos– tratan de generar estrategias para mantener su autonomía ante las presiones que les llegan desde el exterior por las distintas modalidades turísticas que, aunque pueden ser una oportunidad económica y cultural, a medida que crece impacta la forma de habitar sus territorios.

El investigador Andrés Ricardo Restrepo Campo, magíster en Hábitat de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL),asegura que aunque algunos indígenas presentan resistencia al turismo, otros piensan en formas que puedan usar para fortalecer sus propias luchas políticas.

“Buscando la diferencia como atractivo, el turismo también visibiliza lo indígena, les da valor a los elementos naturales y culturales como el paisaje prístino, las mochilas elaboradas a mano, o las kankurwas o templos mayores de la palabra, del pensamiento y la reflexión; y su forma de vida, que antes era vista solo como obstáculos para los paisajes de la productividad, hoy son vitales para el paisaje sagrado indígena”, explica el investigador.

En este sentido, la “turistificación” –término usado por el experto para referirse a la transformación de los territorios a raíz del turismo– lleva la subordinación del hábitat a las demandas del mercado y su instrumentalización para el consumo de los visitantes, lo que implica reducir el sentido sagrado que le ha dado la comunidad indígena al territorio que habita.

En este sentido, el magíster señala que “el turismo ofrece una fórmula para resolver una tensión que normalmente está en las comunidades: proteger la naturaleza con la necesidad de desarrollarse económicamente, de proyectos que aprovechen esos recursos naturales y que generen riqueza; pero muchas veces implica consumir o explotar esa naturaleza, que iría en detrimento de ella misma. Asimismo promete generar una alternativa turística, aprovechando ese valor paisajístico, pero que al mismo tiempo se pueda monetizar para satisfacer otras necesidades”.

Impactos del turismo en zonas naturales

En la Sierra Nevada se han evidenciado cambios, específicamente en la parte del límite del Resguardo Indígena Arhuaco. Un ejemplo es Pueblo Bello, en donde se percibe una arquitectura que contrasta con la tradicional: “casas más grandes, con una estética distinta; que se notan son de propiedad de grupos sociales distintos al nativo, seguramente de personas pudientes de Valledupar, convertidas en lo que ellos llaman ‘Casa de campo’ o ‘casas de recreo’ para las zonas rurales”, cuenta el magíster Restrepo.

Así se comienza a transformar el paisaje y el hábitat, debido a la demanda y la oportunidad de ofrecer espacios amplios para la recreación durante el fin de semana, de turistas que buscan espacios tranquilos y frescos fuera de la ciudad, cercanos a la Sierra Nevada. “Para la población  asentada en esta zona, su paisaje sagrado es intervenido y marcado por el accionar de los ‘Bunachi’, es decir el blanco o no indígena, según la denominación de los nativos”, explica el experto.

“En su mismo crecimiento el turismo ejercerá presión sobre la naturaleza. En un primer momento atrae turistas que no tienen tantos requerimientos como el mochilero, que se acomoda en una carpa o en cualquier espacio y no requiere una infraestructura tan compleja, pero en la medida en que se va masificando el turismo y atrae más gente, se requiere infraestructura de acomodamiento, alimentación, restaurantes o senderos que implican intervención sobre esos territorios; a eso se suma que cuando el turismo es descontrolado genera residuos sólidos, erosión de los suelos por el recorrido de alta cantidad de gente y contaminación auditiva”, puntualiza.

Al respecto, los indígenas consultados por el académico manifestaron que en una temporada se veían cosas inusuales como usar cuatrimotos para llegar a Nabusimake (pueblo sagrado de los pueblos indígenas de este sector del Cesar) y fiestas hasta muy tarde en la noche con mucho ruido, por lo que se vieron obligados a poner un portón en su entrada, custodiado por los ‘semaneros’, indígenas a quienes la comunidad les ha encargado la tarea de vigilar y controlar quién puede ingresar o no a su territorio.

“Cabe anotar que la comunidad indígena percibe el mundo bajo una lógica muy distinta de la occidental, a través del entramado de sitios sagrados, y establecen las normas que rigen la vida a través desde la Ley de Origen, un conjunto de normas no escritas presentes en la tradición indígena que dictaminan cómo se deben relacionar en la sociedad y ante su hábitat, donde rige el principio de la armonía y el equilibrio con el universo: una especie de retribución por lo que se toma de la naturaleza”, detalla el egresado de la UNAL.

Acerca de la localidad

La zona urbana de Pueblo Bello es la única cabecera municipal ubicada en el macizo montañoso de la Sierra Nevada. Presenta una población de 14.433 habitantes, de las que el 53,44 % es indígena, pero a pesar de su alta representatividad, es la población mestiza y su modo de habitar se hace más evidente a primera vista, ya que su territorialidad y cultura son las dominantes localmente.

El 51 % de los habitantes residen en zona rural y el 31,49 % en zona urbana. De estas, 11.520 personas están ubicadas en los dos resguardos indígenas (Resguardo Arhuaco de la Sierra Nevada y Resguardo Businchama), mientras que los demás se ubican en el casco urbano y en predios rurales aún no reconocidos legalmente como parte de los resguardos.








lunes, 2 de septiembre de 2024

Paz ambiental: una tarea para garantizar la vida

 “La época actual exige pensar en cómo avanzamos en una relación diferente alrededor de la relación entre los seres humanos y el resto de la naturaleza, por eso trabajamos con la paz ambiental”, señala el profesor Germán Palacio, director del Centro de Pensamiento Amazonias

La UNAL Sede Amazonia y sus aliados estratégicos lanzaron en este sentido el Diplomado en Paz Ambiental, “iniciativa académica que pretende desarrollar los trabajos previos organizados en torno a los acuerdos de paz y el informe de la Comisión de la Verdad”, explica el docente.

No es casualidad que el Diplomado se ofrezca inicialmente en este territorio. Leticia, capital del Amazonas, depende principalmente de la quebrada Yahuarcaca para el suministro de agua potable, pero en los últimos años se ha registrado la disminución de su caudal por factores como la deforestación, las quemas indiscriminadas y el cambio climático, lo que afecta la disponibilidad y calidad del recurso.

A pesar de que el municipio se encuentra rodeado por el río Amazonas, enfrenta una paradoja hídrica a causa de la falta de infraestructura, por lo que aproximadamente el 80 % de los ciudadanos han optado por construir su propio pozo de captación de agua, mientras el 20 % restante es el servicio de agua municipal.

Por eso uno de los principales asuntos del Diplomado es el ordenamiento territorial alrededor del agua, como uno de los factores que contribuye a la paz con la naturaleza. Así lo expuso en la sesión inaugural la viceministra de Ordenamiento Ambiental del Territorio, Lilia Tatiana Roa Avendaño.

“La pregunta repetitiva que nos hemos formulado: ¿cómo logramos salir del extractivismo generando bienestar, pero que al mismo tiempo nos permita enfrentarnos a la crisis civilizatoria y cómo hacerlo de forma oportuna?”, inquirió la viceministra durante su charla.

Justamente este proyecto subraya lo que significa el agua para la humanidad y los ecosistemas. Esta preocupación del Gobierno nacional forma parte del Plan Nacional de Desarrollo, que busca redefinir el ordenamiento territorial en el país al poner el agua como eje central.

“Esta iniciativa busca romper esa mirada instrumental del agua, y lo que queremos es pensar en los territorios desde otra perspectiva, entendiendo las dinámicas y alteraciones del ciclo del agua […] que nos permita comprender mejor que el agua es lo que nos garantiza la vida y la biodiversidad”, puntualizó la viceministra Roa.

Así mismo, uno de los pilares fundamentales que ha llevado a avanzar en este proyecto se enfoca en la gobernanza del agua, lo que se construirá a través de acuerdos sociales con comunidades, sectores productivos, instituciones del Estado y la academia.


Igualmente mencionó que “estar aquí en la Amazonia es la oportunidad para hablar de paz con la naturaleza, tema que precisamente será el centro de la próxima COP16 que se realizará en Cali […]  este es el paso para hacer un trabajo conjunto entre la Universidad con el Ministerio para defender nuestra Amazonia”.

Por su parte, Salima Cure, investigadora del Cepam, señaló que “en el Diplomado se hará énfasis entre lo humano y la naturaleza, y estando aquí en el Amazonas, que es un territorio biodiverso y de muchas interrelaciones, desde la UNAL Sede Amazonia saldrá una gran reflexión acerca de lo que es paz con la naturaleza. Además esta oferta académica servirá para realizar un gran análisis con toda la academia y los líderes sociales indígenas acerca de la crisis ecológica tanto en el Amazonas como en el mundo”.

Con la presencia de la viceministra de Ambiente, la UNAL Sede Amazonia, junto a algunos de sus aliados estratégicos, fue el escenario para ratificar su compromiso y responder a la crisis ambiental, a través del Diplomado en Paz Ambiental.

La apertura protocolaria fue presidida por Eliana Jiménez, directora de la Sede, Demian Regehr, director de la Fundación alemana Hanns Seidel Stiftung, la cooperación francesa del Institut des Amériques, Germán Palacio, director del Centro de Pensamiento Amazonias, y Arturo Gómez, del Instituto Amazónico de Investigadores.

En ese sentido, el lanzamiento del Diplomado en Paz Ambiental es importante para continuar con el compromiso del cuidado y la protección con el medioambiente que, como menciona la viceministra Roa, “es un ejemplo de que se puede vivir una relación armoniosa y de reciprocidad con la naturaleza, por eso todos debemos aprender de ello”.








miércoles, 28 de agosto de 2024

Deforestación y ganadería serían factores de riesgo por deslizamiento en Palmira

 En un país como Colombia gestionar el riesgo de desastres es una prioridad esencial, por los desafíos que generan la geografía montañosa y la expansión urbana. En este contexto, la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales estudia una metodología que permitiría zonificar adecuadamente para reducir los riesgos de deslizamientos, inundaciones y avenidas torrenciales, eventos destructivos comunes de regiones montañosas.

Un ejemplo de ello es el municipio de Palmira (Valle del Cauca), que tiene el 42,9 % de su territorio amenazado por movimientos en masa, lo que representa un gran reto para la gestión del riesgo local, según el Plan Municipal de Gestión del Riesgo de Desastres. Por su ubicación en la ladera de la cordillera Central, esta zona se seleccionó para realizar un estudio con una metodología predictiva para evaluar la vulnerabilidad de este territorio montañoso.

“En el trabajo adelantado en la zona montañosa de Palmira se analizó el riesgo de deslizamientos de tierra en áreas con pendientes superiores al 30 %”, explica Sergio Hernando Sánchez Ospina, estudiante de la Maestría en Ingeniería – Recursos Hidráulicos, autor de la investigación.

“Uno de los casos fue el corregimiento de La Zapata, en donde se evidenció que la deforestación y el uso intensivo para ganadería han desestabilizado el suelo aumentando el riesgo de deslizamientos en las empinadas pendientes”, sostiene el investigador.


Allí se estudió un deslizamiento rotacional en la quebrada Baquero, que afecta la conexión con las veredas Llanitos y La María comprometiendo la estabilidad del terreno y causando subsidencia (hundimiento progresivo de la superficie) en propiedades privadas.

La erosión por ganado y lluvia han desnudado el suelo, facilitando su saturación. “El deslizamiento, con un volumen de 5.285,21 m³ y un hinchamiento del 74 %, aumenta el riesgo de eventos torrenciales en la quebrada Baquero y áreas circundantes”, precisa el ingeniero.

Como este, otros deslizamientos han dañado carreteras y propiedades, y causado la pérdida terreno agrícola. En Palmira, el 13 % del área del centro poblado enfrenta una alta amenaza de avenidas torrenciales y el 78 % una amenaza media.

Para la investigación se utilizó un enfoque integrado que combinó el análisis del terreno, la geología y el uso del suelo para desarrollar mapas destinados a mejorar la planificación territorial.


Puntos críticos en Palmira

En el corregimiento de Tenjo las pendientes se dividen en 4 categorías: (i) fuertemente inclinado (12-25 %), (ii) fuertemente quebrado (25- 50 %), (iii) escarpado (50-75 %) y (iv) muy escarpado (75 % y mayores). La combinación de pendientes pronunciadas y expansión agrícola descontrolada ha aumentado los deslizamientos causando daños a infraestructuras y afectando la estabilidad del terreno, según el Plan de Ordenamiento Territorial de Palmira.

En la cuenca del río Nima los riesgos se distribuyen así: en Aguaclara, el 87 % enfrenta alta amenaza por inundación y el 13 % por avenidas torrenciales. En Calucé, por movimientos en masa, el 7,2 % está en alto peligro y el 92,8 % en baja; por avenidas torrenciales, el 19 % está en amenaza alta y el 74 % en media. En Tenjo, el 0,1 % enfrenta alta amenaza por inundación y el 36 % por avenidas torrenciales, mientras que el 64 % está en media. Y en Aguaclara, el 87 % del área enfrenta alto peligro por inundación y el 13 % amenaza media.

Una metodología para prevenir

En la investigación se empleó el método Weights of Evidence (Wofe) para analizar la susceptibilidad a movimientos en masa, logrando un porcentaje predictivo del 84 %. Este método es un enfoque estadístico que utiliza la teoría de la probabilidad para actualizar los conocimientos previos sobre un evento o una hipótesis en función de nueva evidencia o datos observados. En otras palabras, demuestra ser efectivo para prever y mitigar riesgos de desastres naturales y se emplea para predecir eventos geológicos, a partir de varios datos.

Para abordar el problema de los deslizamientos de tierra en Palmira, el ingeniero Sánchez analizó mapas que clasifican las áreas de susceptibilidad en tres niveles: alta (roja), media (amarilla) y baja (verde), con el fin de aportar información sobre dónde construir y a planificar el uso del suelo, teniendo en cuenta el crecimiento urbano y la seguridad de las personas.

Según el estudio, estos mapas se deben actualizar cada 12 años para asegurar que las decisiones sobre urbanización se basen en información precisa y actualizada. Es decir, no es un estudio para atender desastres, sino para prevenirlos.


El procedimiento predictivo Wofe, utilizado para analizar la susceptibilidad de áreas a deslizamientos, se desarrolla en varios pasos dentro de un Sistema de Información Geográfica (SIG). Primero, se recogen y preparan los datos relacionados con los factores que influirían en los deslizamientos, como la pendiente del terreno, la geología y la cobertura del suelo. Estos datos se representan en capas temáticas dentro del SIG.

Segundo, se genera un mapa de los deslizamientos ocurridos antes en el área de estudio. A continuación, se calculan las probabilidades de que ocurra un deslizamiento en relación con cada uno de los factores identificados, lo cual se hace superponiendo las capas temáticas con el mapa de deslizamientos anteriores y calculando la importancia de la presencia o ausencia de cada factor.

Por último, se combinan estos cálculos para generar un mapa de susceptibilidad que muestra qué áreas tienen mayor o menor probabilidad de sufrir deslizamientos. Este mapa se valida comparándolo con los deslizamientos históricos para asegurar su precisión. El mapa resultante se utiliza para la planificación y gestión del territorio, ayudando a tomar decisiones informadas sobre la mitigación de riesgos.

Como se evidencia en la tesis, en Colombia la gestión del riesgo de desastres se centra en conocimiento, prevención y manejo. Los deslizamientos, que constituyen el 4,9 % de los desastres naturales globales y el 10 % en Latinoamérica, tienen un gran impacto. Durante la temporada de lluvias 2010-2011, agravada por el fenómeno de La Niña, el país enfrentó lluvias un 170 % más intensas que el promedio histórico, afectando a más de 4 millones de personas y causando 490 muertes. Desde entonces, la Ley 1523 de 2012 y el Decreto 1807 de 2014 han reforzado la gestión  del riesgo mediante estudios técnicos para zonificación de susceptibilidad y amenaza, destacando que la lluvia y la susceptibilidad del terreno son cruciales para una gestión efectiva.

del riesgo mediante estudios técnicos para zonificación de susceptibilidad y amenaza, destacando que la lluvia y la susceptibilidad del terreno son cruciales para una gestión efectiva.

martes, 27 de agosto de 2024

La biodiversidad salvaría la yuca de enfermedades y altas temperaturas

 La diversidad genética de esta raíz les permitiría a algunas especies tener mayor resistencia a las altas temperaturas y enfermedades relacionadas con el cambio climático, según aspectos biológicos y genéticos hallados en cultivos de yuca en una investigación del grupo Manihot Biotec de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

Aunque este cultivo es resistente al calor de climas tropicales y a la sequía, no está exento de las amenazas que representa el aumento de la temperatura en el mundo, “debido a que este cambio altera las relaciones, algunas patogénicas o bióticas del cultivo, con plagas y enfermedades”, precisa el biólogo Rubén Mora, investigador del grupo Manihot Biotec UNAL.

El biólogo Mora realizó el estudio reciente más amplio de variedades de yuca en Colombia y adelanta una investigación doctoral en Biología en la Facultad de Ciencias de la UNAL Sede Bogotá en la que busca las regiones del genoma de esta raíz que la hacen resistente a una de las enfermedades más devastadoras del cultivo, la bacteriosis vascular de la yuca (CBB por sus siglas en inglés).

“La bacteria entra a los haces vasculares y los tapona, lo que afecta el rendimiento y el crecimiento. La planta muere de arriba hacia abajo”, explica el investigador Mora. De esta enfermedad se tiene información producto de investigaciones desde hace varios años, pero ha mantenido su prevalencia a lo largo del tiempo en todos los lugares del mundo en donde se cultiva yuca.

El investigador expone que la yuca es susceptible a varias enfermedades, entre ellas a CBB, la cual es producida por la bacteria Xanthomonas phaseoli pv. Manihotis. La interacción entre la bacteria y la yuca ha sido investigada desde hace más de dos décadas por el grupo Manihot Biotec, en cabeza del profesor Camilo López Carrascal de la UNAL.

“Por el momento esta bacteria no tiene una incidencia grave en el país, pero en el contexto del cambio climático y de las prácticas agrícolas actuales puede ser un potencial riesgo para el cultivo de yuca”, advierte el biólogo.

Como la yuca es un alimento tan importante en el mundo, es necesario tomar medidas para adaptar y mitigar los efectos de las altas temperaturas, o temporadas largas de lluvia que puedan generar problemas fitosanitarios sobre este cultivo.

La yuca tiene alto contenido de fibra y vitaminas, entre otros nutrientes, por lo que es una fuente nutricional para la seguridad alimentaria en poblaciones rurales, donde también se presenta como una fuente de ingresos para pequeños agricultores que comercian esta raíz almidonada.

En este sentido se adelanta el estudio, dirigido por la profesora Johana Soto Sedano del Departamento de Biología de la UNAL, financiado por la Universidad y el Programa de Becas de Excelencia Doctoral del Bicentenario, del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.

“Con el equipo de trabajo recorrimos diversas regiones del país recolectando hasta 380 cultivares de yuca, de las cuales se secuenció el ADN de 182, identificando marcadores moleculares que permitieron los análisis de diversidad genética”, detalla el biólogo. Las muestras se tomaron en Santander, Antioquia, Arauca, Nariño, Boyacá, Cundinamarca, la Costa Caribe –Montes de María, Córdoba y Sucre–, y en la región Amazónica, en los departamentos de Guaviare, Caquetá y Amazonas.

El conocimiento del cultivador

La diversidad de la yuca se encuentra no solo en sus genes sino también en las comunidades que la cultivan. Un aspecto que es parte de la investigación doctoral, que incluyó trabajo con las comunidades yuqueras, de las cuales se obtuvo el material vegetal. “Con ellas se buscó revalorar el conocimiento ancestral y el arraigo cultural detrás del cultivo de la yuca”, comenta el biólogo.

La mayoría de los cultivares estudiados en esta investigación han sido poco o nada explorados, no son comerciales a gran escala, pero sí generan sustento para sus comunidades, por lo que pueden albergar información de alto valor para la investigación.

“Son materiales cuya genética puede ser fuente de regiones genómicas particulares de genes que den mayor resistencia a plagas y enfermedades, entre estas a CBB. Estas regiones se logran identificar a través de metodologías como los estudios de asociación del genoma completo (GWAS por sus siglas en inglés). En este enfoque es posible detectar regiones del genoma que cuando cambian (marcadores moleculares), transforman significativamente el valor cuantitativo de la enfermedad (síntoma de la enfermedad) de cada una de los cultivares”, afirma el biólogo.

Para detectar estas regiones del genoma fue necesario realizar una infección controlada de la bacteria y bajo condiciones de invernadero a 132 cultivares de yuca secuenciadas, a las cuales se le hizo el seguimiento de los síntomas en el tiempo.

Así el equipo evidenció una diferencia de síntomas entre las variedades estudiadas. Algunas tuvieron un efecto mortal, otras se enfermaron poco o mucho, y otras que no tuvieron efecto alguno, demostrando una gran resistencia frente a la infección. Esta evaluación sigue en proceso para tener resultados más amplios y detallados.

Con este estudio queda en evidencia que la diversidad, como la de la yuca, es la base de las herramientas que ofrece la naturaleza, que permiten sortear alguna adversidad como una enfermedad.

“Si hay una alta diversidad, tenemos herramientas para no acabarnos ante la primera adversidad, se acabarán tres o cuatro individuos, pero no morirán 50 millones. Si se pierde la diversidad de yuca o de cualquier cultivo, se pone en riesgo la viabilidad ante cualquier adversidad”, argumenta el investigador Mora.

Los resultados de esta investigación permitirán abrir nuevas oportunidades en el país para crear estrategias biotecnológicas que permitan desarrollar variedades de yuca mejoradas con mayor resistencia a CBB, lo cual se espera que tenga un impacto significativo en la producción de yuca y la economía alrededor de esta.