Gracias al análisis genético de 84 primates, una investigadora de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) logró rastrear de qué regiones del país fueron extraídos monos cariblancos y monos nocturnos traficados ilegalmente, y encontró líneas de descendencia aún no descritas en el Bajo Cauca antioqueño y cerca al río Magdalena. El avance mejoraría su rehabilitación y regreso a la vida silvestre.
La investigación se enfocó en los monos cariblancos (Cebus)
y los monos nocturnos (Aotus), grupos particularmente difíciles de
distinguir a simple vista, incluso para especialistas. Además, son los primates
más traficados en Colombia.
“Aunque tenemos alrededor de 6 y 7 especies de monos
cariblancos y 8 de monos nocturnos, visualmente son prácticamente
indistinguibles”, enfatiza la bióloga María José Jaramillo, magíster en
Biología de la UNAL, quien lleva años trabajando en la Unidad de Rescate y
Rehabilitación de Animales Silvestres (URRAS) de la Facultad de Medicina
Veterinaria y de Zootecnia de la UNAL.
Dichas especies pertenecen a linajes distintos y tienen
distribuciones geográficas muy específicas. Un mono cariblanco de la Sierra
Nevada de Santa Marta puede parecer igual a otro del Magdalena Medio o de los
Llanos Orientales, aunque sus poblaciones hayan seguido trayectorias evolutivas
separadas durante miles de años.
“Cuando un primate es decomisado, las autoridades
ambientales lo trasladan a hogares de paso o a centros de atención, valoración
y rehabilitación, en donde pasa por evaluaciones clínicas, cuarentena y
recuperación nutricional y comportamental, pero en la mayoría de los casos
estos animales llegan sin información confiable sobre el lugar exacto donde
fueron capturados”, señala la magíster Jaramillo.
Por eso muchos monos terminan atrapados en un “limbo
biológico”, pues aunque sobreviven al tráfico, durante años permanecen en
cautiverio porque nadie puede determinar con seguridad en dónde deberían ser
liberados.
No hay camino a casa
Debido a la falta de información, algunas veces los primates
se agrupan según disponibilidad de espacio; en otros casos se separan por sexos
para evitar la reproducción, y también existen centros que recurren a la
esterilización, y en escenarios más extremos incluso a eutanasia.
“Muchas de las decisiones tomadas hoy son más
administrativas que biológicas; tales prácticas también estarían alterando el
comportamiento de los animales y afectando sus posibilidades de
rehabilitación”, menciona la bióloga.
Para enfrentar este problema, la experta recurrió a
herramientas de genética molecular, analizando muestras de sangre de 84
primates decomisados o rescatados en centros de fauna de Cundinamarca,
Risaralda, Valle del Cauca, Meta, Tolima y Antioquia. El grupo incluyó 62 monos
cariblancos y 22 monos nocturnos, la mayoría adultos.
Un primer paso para el futuro
Los análisis mostraron valores de soporte estadístico (bootstrap)
superiores al 85 % y probabilidades posteriores cercanas a 0,99,
indicadores que reflejan la robustez y confianza en las agrupaciones genéticas
encontradas.
Aunque la mayoría de los monos cariblancos analizados
pertenecían a 3 especies distribuidas en el noroccidente colombiano, se
identificó un linaje genético aún no descrito claramente, asociado con
individuos del Bajo Cauca antioqueño.
Esto sugiere que, incluso en grupos relativamente
estudiados, existirían poblaciones o linajes evolutivos que todavía no han sido
plenamente caracterizados por la ciencia.
En los monos nocturnos, el estudio encontró una marcada
diferenciación genética entre individuos ubicados al oriente y al occidente del
río Magdalena.
El resultado plantea que el río ha actuado como una barrera
geográfica importante en la evolución de estos primates, favoreciendo la
separación de linajes a lo largo del tiempo.
Pero eso no es todo, pues la investigadora propone además un
protocolo integral de rehabilitación y liberación aplicable en centros de
fauna, el cual incluye: triage comportamental, formación
gradual de grupos compatibles, socialización controlada, rehabilitación
biológica, entrenamiento para detectar depredadores, reaprendizaje de búsqueda
de alimento y evaluación del hábitat de liberación.
“Los animales también deben recuperar habilidades esenciales
para sobrevivir después de haber pasado meses o incluso años dependiendo de
humanos”, indica la experta, cuyo trabajo fue dirigido y apoyado por los
profesores Mario Alfonso Vargas, de la UNAL, e Iván Darío Soto, de la
Universidad de Antioquia.
El proyecto ya ha dado un primer paso hacia un cambio
nacional, pues sus resultados se socializaron con el Ministerio de Ambiente y
Desarrollo Sostenible y contribuirían a futuras actualizaciones de la normativa
nacional sobre rehabilitación de fauna silvestre.
“El estudio también impulsará alianzas entre universidades,
laboratorios y autoridades ambientales para estandarizar métodos y fortalecer
bases genéticas de referencia”, concluye la investigadora.




