miércoles, 17 de junio de 2026

Colibríes, las aves más afectadas por incendios forestales en Honda (Tolima)

 Cuando los incendios forestales consumen el bosque seco tropical, los colibríes pierden gran parte de las flores de las que se alimentan. La escasez de néctar los obliga a desplazarse a otras zonas y reduce su papel como polinizadores de numerosas especies vegetales.

Árboles como la ceiba, el caracolí y el guácimo, junto con arbustos y enredaderas que florecen en distintas épocas del año, proporcionan néctar, frutos y refugio. Cuando ocurre un incendio no solo cambia el paisaje: también desaparecen fuentes esenciales de alimento para colibríes, atrapamoscas, carpinteros y muchas otras especies.

Fue precisamente esta transformación la que motivó la investigación de Paula Sarmiento Garnica, magíster en Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien se interesó en entender cómo el aumento de los incendios forestales —asociado con el cambio climático— está afectando las comunidades de aves.

Mientras algunos ecosistemas del mundo han evolucionado junto al fuego, otros son altamente sensibles y experimentan cambios profundos cuando se incendian. Entre ellos está el bosque seco tropical colombiano, un ecosistema caracterizado por largos periodos de sequía y altas temperaturas y de cuya cobertura original hoy sobrevive menos del 10 % debido a actividades como la ganadería, la agricultura y la expansión humana.


Para saber a qué aves afecta más este problema, la bióloga analizó imágenes satelitales y registros históricos de incendios ocurridos entre 2014 y 2024 en el Tolima, para inspeccionar las áreas más impactadas.

Posteriormente realizó trabajo de campo en cerca de 20 municipios del departamento, y para el estudio seleccionó una zona de bosque seco tropical en Honda que en 2019 sufrió un incendio en más de 1.200 hectáreas.

Allí comparó dos áreas cercanas, una quemada y otra no afectada por el fuego. Durante las temporadas seca y lluviosa realizó censos de aves, instaló grabadoras automáticas para registrar vocalizaciones y sonidos, y evaluó variables relacionadas con la estructura del bosque y la disponibilidad de alimento.


“Lo interesante de este trabajo es que no se limitó a contar aves, sino que al mismo tiempo también medimos variables del hábitat y los recursos alimenticios para relacionarlos con las especies presentes en cada punto y en cada momento”.

“Encontramos que la disponibilidad de recursos alimenticios influía más que el mismo hábitat, es decir qué comida tenían las aves, que cómo estaba estructurado el bosque”, explica la investigadora Sarmiento.

Entre los grupos más perjudicados estuvieron los colibríes, pues su dependencia del néctar los hace particularmente sensibles a la desaparición de flores después de un incendio.

“Es como si llegaras a tu casa y encontraras todo destruido. Ellas pueden volar y alejarse del incendio, pero cuando vuelven ya no encuentran los recursos que tenían antes”, explica la investigadora.

En los remanentes de bosque seco tropical estudiados en Honda se registraron especies como el colibrí de cola rufa (Amazilia tzacatl), el ermitaño canelo (Phaethornis anthophilus), el ermitaño verde (Phaethornis guy), el mango pechinegro (Anthracothorax nigricollis), el colibrí coliverde (Chalybura buffonii) y la coronita colivioleta (Thalurania colombica), aves que dependen en distinta medida del néctar producido por las flores.


A diferencia de otras aves capaces de cambiar temporalmente de dieta o aprovechar recursos alternativos, los colibríes necesitan una fuente constante de energía para sostener su acelerado metabolismo. Por eso cuando las flores desaparecen tras un incendio, muchas especies se deben desplazar hacia otras áreas mientras la vegetación se recupera.

La situación resulta especialmente preocupante porque estas pequeñas aves cumplen una función esencial en los ecosistemas tropicales: transportan polen entre flores y facilitan la reproducción de numerosas especies vegetales.

Por eso cuando los recursos florales disminuyen el impacto no recae solo sobre los colibríes, sino también sobre las plantas que dependen de ellos para reproducirse.

Unos ganan y otros pierden

Mientras los colibríes suelen verse afectados, algunas aves encuentran oportunidades en los paisajes transformados por el fuego. La apertura del dosel facilita la detección de presas y los árboles muertos se convierten en refugio para numerosos insectos.

Tras un incendio, los troncos quemados suelen ser colonizados por escarabajos y sus larvas, que aprovechan la madera afectada para alimentarse y reproducirse. Esta abundancia temporal de insectos beneficia a las aves insectívoras que buscan sus presas entre la corteza de los árboles o las capturan en vuelo.

Entre las especies registradas en las zonas quemadas se encontraron algunos carpinteros, así como el sirirí común (Tyrannus melancholicus) y el bichofué (Pitangus sulphuratus), aves asociadas con espacios más abiertos y con la búsqueda activa de insectos.

Además del trabajo de campo en Honda, la investigadora revisó 79 estudios publicados en distintas regiones del mundo sobre incendios y comunidades de aves. El análisis mostró que los efectos del fuego no son iguales para todas las especies ni para todos los ecosistemas.

Durante el primer año después del incendio suelen predominar los impactos negativos, pero a medida que la vegetación se recupera algunas aves pueden regresar o incluso beneficiarse de las nuevas condiciones ambientales.

En un escenario de temperaturas más altas, sequías más prolongadas y temporadas de incendios cada vez más intensas, entender cómo responden especies tan sensibles como los colibríes será clave para proteger la biodiversidad del bosque seco tropical colombiano.