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jueves, 26 de marzo de 2026

Calendario indígena revela desajuste en los ciclos del río Amazonas

 Las señales que marcan el año en la Amazonia —como la subida y bajada del río, la migración de los peces o la caída de frutos— dejaron de ocurrir de forma sincronizada con el río, lo cual afecta la pesca, la alimentación y la vida cotidiana en estos humedales amazónicos cercanos a Leticia. Este hallazgo se evidenció mediante un calendario construido por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia, la Universidad Internacional de Florida y pescadores indígenas.

Para entender la magnitud de este hallazgo primero debemos viajar a los lagos de Yahuarcaca. Este lugar es un complejo y vital sistema de humedales de 500 hectáreas, ubicado muy cerca del casco urbano de Leticia, en el que conviven siete comunidades indígenas, entre ellas La Milagrosa, Castañal, San Antonio y San Pedro. Para estos pobladores, la vida diaria, la alimentación y la cultura están dictadas por los ritmos del agua.

Sin embargo, para registrar cómo está cambiando esa dinámica, los investigadores no usaron herramientas de medición convencionales, sino que acudieron a un calendario estacional construido con el conocimiento de 25 sabedores locales, quienes han observado durante décadas el comportamiento del río, los peces y el bosque. Más que un almanaque, esta herramienta organiza el año según los ciclos del agua y su relación con la vida en el territorio.

Se trata de un mapa detallado que dibuja los cuatro ciclos hídricos del año —aguas altas, descenso, aguas bajas (no verano) y aguas en ascenso— y los cruza con eventos biológicos clave. Por ejemplo allí se registra cuándo caen los frutos que alimentan a los peces, en qué momento ocurren las migraciones o “subiendas” y cuándo llegan los friajes que bajan la temperatura.

Al reunir estos elementos, el calendario permite comparar cómo funcionaba el ecosistema según la memoria de las comunidades y cómo está respondiendo hoy frente a las variaciones del clima.

UNAL, puente entre saberes y monitoreo del territorio

El papel de la UNAL Sede Amazonia fue determinante para lograr que la articulación de saberes se diera sin imponer una visión externa. A través del Laboratorio Manejo y Gestión de Humedales, del Instituto Amazónico de Investigaciones (Imani), liderado por el profesor Santiago Duque, experto en ecosistemas acuáticos, la Universidad aportó su conocimiento en el estudio del agua y los peces, fundamentales para entender el funcionamiento del sistema de lagos.

Sin embargo, su mayor contribución fue actuar como un puente de confianza. Gracias a años de trabajo previo en procesos de educación ambiental y manejo del territorio con la Asociación de Pescadores de los los Lagos de Yahuarcaca (TIKA) se generaron las condiciones para que el conocimiento de los abuelos fuera el eje del proceso.

A través de entrevistas, talleres y recorridos por el territorio, los sabedores reconstruyeron colectivamente los ciclos del agua, las rutas de los peces y los cambios observados en las últimas décadas, convirtiendo su experiencia en una herramienta de monitoreo ambiental. En todos los encuentros surgió una misma alerta: “ya no es como antes”.

La antropóloga Lulu Victoria-Lacy, investigadora de la Universidad Internacional de Florida y autora principal del estudio, explica que el calendario se convirtió en una línea base que muestra cómo se comportaba el ecosistema hace más de 20 años, cuando las subidas y bajadas del río predecían los tiempos de reproducción de los peces, la caída de frutos y los periodos de pesca.

Al contrastar esa memoria con la situación actual, el estudio identificó un desajuste entre las señales de la naturaleza y los ciclos del río. Fenómenos que antes ocurrían de forma sincronizada —como ciertos eventos reproductivos de los peces— ahora se presentan de manera irregular, lo que altera la disponibilidad de alimento y dificulta la pesca.

Además, la investigación evidencia que estos cambios tienen efectos directos en la seguridad alimentaria y en las prácticas culturales, pues en la Amazonia los peces no solo son base de la dieta sino también el eje de la planificación de las actividades comunitarias, ya que en la Amazonia los ciclos del agua determinan cuándo sembrar, cuándo pescar y cómo organizar la vida cotidiana.

La investigadora Victoria-Lacy destaca que, más que traducir estos saberes a términos científicos, el propósito del estudio fue fortalecer su propia forma de entender y leer el entorno, demostrando así que el conocimiento de las comunidades es un sistema riguroso para observar los cambios ambientales.

Visualmente el calendario es un gran lienzo donde el río, pintado de verde en el centro, representa a la “Boa Madre”, la figura guardiana del agua que simboliza la interconectividad del ecosistema. A su alrededor, la obra documenta los indicadores que las comunidades reconocen para identificar los ciclos del agua, como las aguas altas (Narü bai) o aguas bajas (Eané Tipa).

Este esfuerzo trasciende la academia, ya que el calendario funcionará como una herramienta para fortalecer la educación ambiental en las comunidades y transmitir este conocimiento a las nuevas generaciones. También abre la puerta para que los sistemas de monitoreo ambiental incorporen estas lecturas del territorio, en lugar de reemplazarlas.






jueves, 30 de octubre de 2025

Comunidad en el Apaporis crea modelo intercultural para cuidar la Amazonia

 En pleno corazón del territorio indígena Yaigojé Apaporis, líderes de la comunidad de Bocas del Pirá y un investigador en estudios amazónicos unieron esfuerzos para fortalecer el cuidado del territorio a través de un diálogo entre saberes. Durante 6 meses, la iniciativa promovió acuerdos sobre el manejo de residuos y el cuidado del agua, en respuesta al aumento de plásticos, la contaminación de los ríos y la pérdida de prácticas tradicionales de limpieza y reciprocidad con la selva. La experiencia comprobó que la selva se cuida mejor cuando la ciencia aprende a escuchar al conocimiento ancestral.

A más de 800 km de Bogotá, en la confluencia de los ríos Caquetá, Apaporis y Popeyaká, se extiende una franja amazónica de más de 1 millón de hectáreas que abarca los departamentos de Vaupés y Amazonas. En esta región, que recibe entre 2.900 y 3.400 mm de lluvia al año, cada sonido, planta y corriente de agua cumple una función vital. El área, una de las más biodiversas del país, alberga más de 300 especies de aves, 200 de peces y decenas de plantas medicinales empleadas en rituales tradicionales, muchas de ellas aún desconocidas por la ciencia.

En ese territorio, pueblos como los macuna, tanimuca y letuama han tejido su existencia a partir de principios culturales de manejo. En su cosmovisión, los ríos tienen dueños espirituales, los árboles son ancestros y cada acto humano —sembrar, pescar, cazar o curar— es un gesto de reciprocidad con la selva. Pero en las dos últimas décadas ese equilibrio ha comenzado a transformarse.

A las malocas, que durante siglos solo recibían frutos, fibras y utensilios biodegradables, llegaron botellas plásticas, empaques metalizados, latas y bolsas traídas por comerciantes fluviales desde Mitú, La Pedrera, Leticia o Brasil. Con ellas llegaron las gaseosas, las galletas de paquete, el arroz y la harina industrial, el aceite embotellado, el alcohol, los jabones y los detergentes, productos ajenos a la economía de autoconsumo que ahora se han vuelto cotidianos.

Los residuos de yuca, pescado o frutas que antes se biodegradaban fácilmente con las lluvias fueron reemplazados por envolturas que no tienen un retorno posible. El plástico comenzó a acumularse alrededor de las malocas y en los caños, o a quemarse a cielo abierto, dejando un humo agrio que los mayores describen como “aire enfermo”.

Por si fuera poco, a esta invasión silenciosa se suma la presión de la minería aurífera y la tala ilegal, que contaminan las aguas con mercurio y abren trochas en el bosque, alterando además el pensamiento cultural y el control espiritual del territorio, y debilitando las formas tradicionales de gobierno.

Frente a este panorama, Carlos Andrés Cáceres Chaves, magíster en Estudios Amazónicos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia, se internó durante 6 meses en la comunidad de Bocas del Pirá para entender cómo los saberes tradicionales pueden dialogar con la ciencia ambiental convencional.

El diálogo como forma de gestión

El estudio se desarrolló en el marco del proceso político y organizativo del Consejo Indígena del Yaigojé Apaporis (CITYA), articulado con el Régimen Especial de Manejo (REM) establecido en 2018 para coordinar la administración conjunta entre Parques Nacionales Naturales y las autoridades indígenas del territorio. En ese sentido, el magíster propuso un ejercicio colaborativo orientado a fortalecer la gestión ambiental a partir del diálogo intercultural.

“Lo más difícil fue aprender a soltar el conocimiento propio para aceptar el del otro. Venimos de una formación occidental muy estructurada, pero en el territorio hay otra forma de pensar, de sentir y de conocer. Solo cuando dejamos de vernos como ‘blancos’ o ‘indígenas’ y nos reconocimos como pares empezó el verdadero trabajo”, relata el investigador.

El proceso incluyó recorridos por el territorio, talleres con mayoras y sabedores, y la elaboración de cartografías participativas en las que los habitantes dibujaron su territorio identificando zonas de pesca, chagras, sitios sagrados y lugares afectados por residuos o tala.

Uno de los momentos más significativos ocurrió cuando el investigador fue invitado al baile del chontaduro, ceremonia que dura tres días y dos noches sin dormir, en la que se transmiten conocimientos sobre el equilibrio del territorio. “Ahí entendí que la educación ambiental no se enseña en un aula sino en el cuerpo, en la danza, en la energía compartida con la selva”, recuerda.

De estas experiencias surgieron dos resultados concretos: el documento “Estructura de gobierno comunitario – Comunidad de Bocas del Pirá” y la propuesta “Educación ambiental intercultural en el territorio indígena Yaigojé Apaporis”, ambos construidos en talleres colectivos.

El primero se concibe como una guía metodológica para fortalecer el gobierno comunitario en torno al manejo ambiental del territorio. En él, la comunidad estableció de forma autónoma roles, funciones y protocolos internos para proteger sus recursos naturales. También creó un Comité de Manejo Ambiental, fundamentado en los principios de manejo cultural e interculturalidad, encargado de promover acuerdos locales, coordinar acciones de monitoreo y resolver conflictos menores relacionados con el uso del territorio.

El segundo producto articula la enseñanza formal con el calendario ecológico indígena, que organiza el año según los ciclos del río, la floración de los árboles y las ceremonias tradicionales. Allí la educación ambiental se convierte en una práctica viva: los niños observan plantas medicinales, reconocen los sitios sagrados, identifican especies de aves y peces, y escuchan a los abuelos narrar historias que vinculan el comportamiento del bosque con el bienestar colectivo.

“El territorio no es solo el contexto de la educación, es su contenido, su método y su sentido”, enfatiza el magíster.

Las iniciativas, validadas en la maloca de Bocas del Pirá y ratificadas por el CITYA, representan un modelo de gestión ambiental intercultural que traduce principios espirituales en acciones cotidianas y consolida el liderazgo de sabedores y mayoras como autoridades ambientales del territorio.

Como parte del proceso, el investigador se apoyó en la idea de “multinaturalismo”, una noción que, en palabras sencillas, reconoce que no existe una única naturaleza, sino muchas formas de  vida que conviven en el mismo mundo. En la visión macuna, los ríos, los animales o las montañas no son recursos sino seres con memoria y voluntad, con quienes se mantienen relaciones de reciprocidad.

“En su idioma no existen palabras como ‘pobreza’ o ‘mañana’ porque no hay acumulación ni ansiedad por el futuro. Su riqueza está en coexistir sin romper los vínculos que sostienen la vida”, anota el magíster Cáceres.

Por eso, el trabajo concluye que cuidar el territorio no se trata solo de conservar árboles o recoger basura, sino de mantener vivas las relaciones entre quienes lo habitan y lo que les da sustento. La educación y la gestión ambiental, más que metas, son procesos que se renuevan cada vez que la comunidad se reúne, conversa y actúa en conjunto. En esos encuentros —ya sea limpiando un caño, sembrando una chagra o escuchando a los abuelos— se reconstruyen confianzas, se transmiten saberes y se fortalecen los lazos que permiten seguir viviendo en equilibrio con la selva.







 



viernes, 28 de febrero de 2025

Calendarios ecológicos ayudan a preservar la salud indígena en el Amazonas

 El análisis de siete calendarios indígenas de tres regiones de la Amazonia colombiana (Medio Caquetá, Igara-Paraná y Mirití-Paraná) muestra la relación que existe entre la época del friaje –temporada fría que se presenta entre julio y agosto– y la transición hidrológica, con los periodos de mayor incidencia de enfermedades como malaria y dengue.

En la Amazonia colombiana, en donde la manigua pareciera ir a otro ritmo, los indígenas han aprendido a observar, escuchar, sentir e interpretar la selva. Parte de ese conocimiento lo han plasmado en relatos y bailes tradicionales, pero también en calendarios propios que les sirven para prever los momentos más importantes de la vida en sus territorios, como por ejemplo la relación entre los ciclos lunares y solares con el momento de cultivar o cosechar la chagra, o el de las aguas altas y bajas (lluvias o sequías) con el tiempo propicio para la pesca o la caza.

Los calendarios son valiosas herramientas por medio de las cuales ofrecen un conocimiento y manejo tanto del territorio como de la organización de las actividades productivas. Además, la información que reúnen se transmite según la posición que ocupan los líderes dentro de la comunidad.

Tal habilidad para entender los ecosistemas también les ha permitido incluir los momentos en los que son más susceptibles a enfermedades como el dengue y la malaria, a las cuales no denominan así, aunque sí relacionan sus síntomas con el “tiempo del mal del cuerpo”, el “tiempo de fiebre”, el “tiempo de gusano”, o el “tiempo de vómito”.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2020 Brasil, Colombia y Venezuela concentraron más del 86 % de los casos de malaria en Suramérica, con el 90 % de los pacientes reportados en la región Amazónica.

Con respecto al dengue, Colombia enfrentó un preocupante aumento en los casos, con 242.849 registros hasta agosto de 2024, es decir, un incremento del 208 % frente al mismo periodo de 2023, según lo advirtió el Instituto Nacional de Salud (INS).

Una de las razones de esta situación es que la sequía y la disminución de lluvias obliga a las personas a almacenar agua en todo tipo de recipientes, y si estos no son los adecuados y no están limpios o cubiertos, se convierten en criaderos de mosquitos.

Transiciones y enfermedad

En el estudio se analizaron siete calendarios ecológicos de tres regiones en la Amazonia colombiana, así: tres de la región del Medio Caquetá en Colombia (comunidades Nɨpodɨmakɨ, Féenemɨna’a y Andoque), dos Murui Mɨnɨka de la región de Igara-Paraná, y dos del Mirití-Región del río Paraná, uno Yukuna y otro Tanimuka.

Andrés David Jiménez, biólogo de la UNAL, amplía que “de los calendarios ecológicos sintetizamos la parte biológica, información climática, cultural y de enfermedades, y la correlacionamos con los meses del calendario gregoriano, que es el que se utiliza en todo el mundo”.

También se tuvieron en cuenta los casos de dengue y malaria reportados entre 2007 y 2019 por el Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública (Sivigila) del INS. Los datos meteorológicos para ese mismo periodo se descargaron de seis estaciones (Aguazul, Angosturas, Araracuara, Cuemaní, Monochoa y Santa Isabel) del Instituto Colombiano de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), y las temperaturas máximas y mínimas diarias de tres estaciones meteorológicas: Araracuara, Tres Esquinas y La Chorrera.

El friaje, un evento crucial

Una de las coincidencias encontradas es que durante la transición húmedo-seco –que ellos llaman “tiempo de gusano” y la asocian con enfermedad– se da el pico de malaria, mientras que el dengue mostró su pico entre marzo y abril.

“Esto es explicable, pues la forma en que se transmiten dichas enfermedades es diferente: el dengue se produce cuando el vector contaminado por el virus pica y transmite la enfermedad, mientras en la malaria el insecto pica a alguien que tiene el parásito, y debe pasar un tiempo para que el zancudo se infecte y transmita el parásito a otra persona”, explica la profesora Nubia Estela Matta, directora del Grupo Estudio Relación Parásito Hospedero (GERPH) de Departamento de Biología de la UNAL.

Señala además que “los datos mostraron que dos aspectos principales de los calendarios indígenas: la época del friaje como marcador crítico del año –se presenta entre julio y agosto– y la transición hidrológica –periodos de mayor susceptibilidad a enfermedades– están respaldados por datos meteorológicos y por la información disponible sobre la incidencia de malaria y dengue”.

El friaje es un fenómeno meteorológico provocado por las corrientes de aire frío que llegan desde Brasil impulsadas por el viento y que se desplazan hacia la selva central y norte; así, entre 3 y 10 días, la temperatura pasa de 27 a 30 °C, a entre 9 y 10 °C.

Otro aspecto identificado es que cuando se presentan estas enfermedades los indígenas usualmente no van al médico, pues, por un lado, tienen su medicina tradicional –de hecho, descubrieron los beneficios de la quina para tratar la malaria–, y por otro, porque moverse en el Amazonas es difícil y dirigirse al centro de salud más cercano puede tomar varios días.

“Al analizar los datos creemos que solo se reportan los casos graves, mas no los leves; para malaria encontramos reportes todos los años, pero para dengue no, y hay meses completos sin reportes;  por ejemplo en 2009, cuando Suramérica afrontó un pico devastador de dengue, en la región de estudio solo se reportó un caso, es decir que evidentemente hay un subregistro”.

“Las coincidencias señalan la convergencia de dos lenguajes: el científico y el ancestral indígena, cuyo potencial, demostrado en este trabajo, puede ser una herramienta poderosa para abordar interdisciplinaria e interculturalmente el cuidado de la salud de las poblaciones de esta región”, concluyen los investigadores.





viernes, 23 de agosto de 2024

Talar el bosque y perder la comida: deforestación en Amazonas impacta la alimentación de pueblos indígenas

 Las complejas interrelaciones entre las plantas, los animales y la vida humana se hacen evidentes en el sistema lagunar Yahuarcaca, en Leticia (Amazonas), donde la deforestación de árboles frutales ha provocado escasez de peces y ha puesto en riesgo la seguridad alimentaria de las comunidades indígenas en este territorio.

Aunque las comunidades cercanas a estos lagos tan importantes para la capital del Amazonas han aprovechado esta zona para la pesca, la desforestación y la contaminación han provocado que muchos de los peces busquen refugio en otras zonas del río Amazonas, haciendo que los lugareños se queden sin un sustento alimenticio.

“Muchas especies de peces dependen del bosque de inundación para alimentarse, y desafortunadamente estos árboles se han ido acabando por múltiples razones”, explica la docente Sandra Bibiana Correa, profesora asociada de la Universidad Estatal de Mississipi, experta en pepeaderos de árboles y alimentos para peces. Hasta el momento se ha evidenciado que en estos lagos la biodiversidad puede superar las 120 especies.

La Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia trabaja en un proyecto que busca restaurar y conservar los bosques inundables a través de la reforestación de los árboles que den frutos –conocidos coloquialmente como pepeaderos– esenciales para los peces que llegan hasta los lagos de Yahuarcaca. En esta iniciativa se cuenta con el apoyo de múltiples instituciones nacionales e internacionales cuyo fin es mejorar la pesca y la seguridad alimentaria de los pueblos indígenas.

“Existen unas 30 especies de peces que comen pepas, por eso es tan importante conservar estos bosques inundables. De hecho, parte de la disminución de la pesca en lugares como el río Magdalena, por ejemplo, es porque se acabaron los bosques de las ciénagas, que son bosques que han evolucionado conjuntamente y son parecidos a los de acá”, señala el profesor Santiago Roberto Duque Escobar, director del Laboratorio de Manejo y Gestión de Humedales de la UNAL Sede Amazonia, quien durante los últimos años ha trabajado arduamente en torno a la gobernanza ambiental del Yahuarcaca.

Estos peces no son solo fuente de alimento para las comunidades, sino que además son fundamentales para preservar el ecosistema, por ser distribuidores de las mismas semillas que comen, pues cuando estas pasan por el tracto digestivo y sale, favorece a su pronta germinación. “Es un papel sinérgico y favorable tanto para el árbol como para el pez” indicó el profesor Duque.

Un esfuerzo con conocimiento local


La UNAL Sede Amazonia, la Fundación Grupo PROA, la Universidad Estatal de Mississipi y la Universidad Internacional de la Florida, con recursos de la Fundación Gordon & Betty Moore,trabajan conjuntamente en el proyecto “Gobernanza ambiental de los pueblos tikuna (también conocidos como magüta), cocama y yagua del sistema lagunar y la quebrada Yahuarcaca”, liderado por la Organización de Pescadores Artesanales Tikà y financiado por el programa Visión Amazonia del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible del Colombia.

La meta de esta iniciativa es restaurar las zonas inundables donde crecen árboles de frutos o pepeaderos. “Hay un gran interés en reforestar, sobre todo, pero no sabemos cuáles árboles ni dónde, por eso la idea es recopilar la información necesaria para plantar los árboles, que no solo es para los peces sino también para las personas” aseguró la profesora Correa.

Por eso el proyecto se desarrolla en varias etapas, la primera de las cuales inició con un avance titulado “Frutas para peces: levantamiento de información para desarrollar prácticas de reforestación de llanuras aluviales para mejorar la pesca y la seguridad alimentaria 2024-2025”.

Esta etapa del proyecto irá hasta finales de 2025 y empezará con un levantamiento absoluto de información importante acerca de los árboles que pueden crecer de forma natural con frutos de diversos tamaños en la zona de Yahuarcaca. Además se realizará un inventario detallado de todos los tipos de frutos, y con un trabajo mancomunado con los pescadores locales se conocerán las especies de peces que habitan allí y cuáles son los frutos más consumidos.

Durante los primeros meses de recolección de información, que irá hasta enero de 2025, también se logrará entender los cambios en la dinámica fluvial del bosque inundable de Yahuarcaca, debido a las variaciones en inundaciones anuales, situación que es muy común en la Amazonia.

La UNAL ha sido una gran propulsora de este importante proyecto en el que ha trabajado a lo largo de 20 años con la participación de egresados, como los dos coinvestigadores con los que ya se cuenta, y quienes son expertos en Ingeniería Forestal, además de ser leticianos; y se destaca a Adrián Mauricio Muñoz, quien hará su tesis de maestría en la Universidad Estatal de Mississipi.

Por su parte, Ángel Pijachi, tecnólogo forestal de la UNAL y conocedor local de la comunidad indígena Ocaina, del Igará Paraná, se encargará –junto con el estudiante Muñoz– de caracterizar las especies de árboles que forman parte del ciclo nutritivo de los peces para ayudar a cruzar los transectos (contar la presencia de objetos en un trayecto largo) y hacer mediciones para buscar las especies de pepeaderos adecuadas para la zona.

Además se trabajará con sabedores locales de las 7 comunidades que forman parte de la Organización Tikà, de manera que se unifiquen los conocimientos y experiencias locales con la científica.

Este esfuerzo en el que el Amazonas ya es pionero, no solo es un proyecto científico sino un compromiso con las futuras generaciones, por eso en la UNAL Sede Amazonia se ha creado el semillero de investigación “Gobernanza Ambiental y Pesquera”, en el que jóvenes de los primeros semestres de Ingeniería Ambiental del Programa de Admisión Especial con Enfoque Territorial (PAET) también podrán participar como coinvestigadores y colaboradores durante su formación profesional.

“El país hay que reconstruirlo en estos territorios a nivel de conservación natural […] este es un esfuerzo de largo aliento, pero hay que hacerlo y nos dejará una enseñanza muy grande”, mencionó el profesor Duque.










martes, 17 de octubre de 2023

Lagos, humedales y ríos amazónicos, importantes, pero desconocidos

 Estos valiosos ecosistemas acuáticos de la Amazonia albergan una amplia diversidad de plantas, peces, algas y bacterias, y también son los responsables de la productividad pesquera de la zona. Pese a ello, afrontan amenazas como la deforestación, los incendios forestales, la contaminación y la creciente urbanización. Estudiarlos es el primer paso para conservarlos, y de paso al planeta, pues ellos son esenciales tanto en la captura de dióxido de carbono como en la supervivencia de especies y la biodiversidad.

Aunque la frase común de que “la Amazonia es el pulmón del planeta” es verdadera, este no es un apelativo que obedezca solo a sus amplias formaciones de selva. Lo cierto es que en los 7 millones de kilómetros cuadrados que conforman esta región, y que atraviesa 9 países –Brasil, Perú, Colombia, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Guyana, Surinam y Guyana Francesa–, se encuentra el sistema fluvial más largo y caudaloso del planeta: el río Amazonas.

Este afluente, que alcanza una longitud de 6.800 km, alimenta otros cuerpos de agua que, aunque menos conocidos, como lagos y humedales, son esenciales en la conservación de los ecosistemas. Para aportar a su conservación, la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonas adelanta la caracterización de los lagos caño-Pacatua y Yahuarcaca.

Los biólogos Jhon Charles Donato y Santiago Duque, profesores de la UNAL, encontraron que el caño-Pacatua posee una amplia diversidad de plantas acuáticas y microflora asociada, como bacterias, hongos o algas.

“El hallazgo contradice lo que se había considerado hasta el momento, pues se creía que, por ser lagos que se alimentan de los ríos de la selva amazónica, no tenían una presencia significativa de especies de flora, y por ende de fauna”, afirma el profesor Donato.

Explica que, “esto se debe a que en la Amazonia se reconocen tres tipos de aguas: blancas, claras y negras. El Pacatua se asocia con ríos de aguas negras, por lo que suelen tener menor productividad”.

Con respecto a las zonas litorales de Yahuarcaca y Pacatua, estas poseen la mayor diversidad de plantas acuáticas visibles a simple vista, como las macroalgas (macrófitos), con diversas especies identificadas. Un componente trascendental pues ellas proporcionan hábitats y alimento para peces, insectos, anfibios y aves.

“El 34 % de la productividad primaria de la cuenca Amazónica se asociada con las zonas litorales, por eso es importante comprender la ecología y el funcionamiento de los lagos para dar un manejo y una conservación a las plantas que habitan en ellos”, señala el biólogo.

En el lago de Yahuarcaca se realizaron mediciones de variables fisicoquímicas, además de estimaciones de la biomasa vegetal que posee mayor biomasa fotosintética –materia orgánica  producida por las plantas a través de la fotosíntesis–, lo que influye en la diversidad de especies que habitan en ella.

Sin embargo, uno de sus hallazgos más relevantes da cuenta de que las zonas litorales son una reserva biológica de organismos asociados con el perifiton (microorganismos que se adhieren a las superficies sumergidas), que produce carbono orgánico a través de la fotosíntesis, el cual es utilizado por las bacterias que viven en agua y se convierte en alimento para los pequeños animales que viven en este ecosistema.

“Este es un hallazgo importante porque tradicionalmente la investigación en el Amazonas se ha centrado en ecosistemas terrestres más que en acuáticos, y nos ayuda a entender que la visión de conservación de esta región debe ir más allá de los bosques: debe incluir los lagos, ríos y humedales, que tienen un papel fundamental en la preservación de la biodiversidad”, expresa el docente.

“Las plantas acuáticas son importantes porque generan una diversificación del hábitat; sobre sus raíces se asocian muchos organismos y es el sitio de crecimiento de juveniles de peces, algas y bacterias. Además utilizan los sedimentos, los nutrientes del agua, para alimentar el ecosistema, por lo que se constituyen en un elemento fundamental en su productividad y funcionamiento”, concluye.

 





jueves, 12 de octubre de 2023

Eclipse “anillo de fuego” se observará desde el Pacífico hasta el Amazonas

 Entre las 11:30 de la mañana y las 3:15 de la tarde de este sábado 14 de octubre, este fenómeno inusual atravesará el país de occidente a oriente, y quienes tendrán el privilegio de observarlo viven en zonas de Chocó, Valle del Cauca, Quindío, Tolima, Huila, Meta, Guaviare, Vaupés, Caquetá y Amazonas; En el resto del país se observará parcialmente. La Universidad Nacional de Colombia (UNAL) tendrá programación especial desde la Sede Palmira.

El profesor Mario Armando Higuera Garzón, director del Observatorio Astronómico Nacional (OAN) de la UNAL, explica que “la Luna tapará parcialmente al Sol de forma anular, lo que quiere decir que, en el instante máximo del eclipse, según el lugar donde se encuentre el observador, se apreciará un disco oscuro negro, que es la Luna, y un borde iluminado del Sol que forma una especie de anillo”.


Según el docente del OAN José Gregorio Portilla, “que la Luna no cubra por completo el disco del Sol, como sí ocurre en un eclipse total, se debe a que en ese momento la Luna se encuentra en un punto de su trayectoria en el cual está más alejada de la Tierra, situación que se conoce con el nombre de apogeo, de manera que su tamaño aparente es un poco más pequeño que el disco aparente del Sol, y no lo cubrirá por completo”.

Los expertos de la UNAL señalan que el eclipse pasará primero por varios estados del suroccidente de los Estados Unidos –como Oregón, Nevada, Utah, Colorado, Nuevo México y Texas–, luego recorrerá parte de la península de Yucatán, regiones orientales de Honduras, Nicaragua, Costa Rica y parte central de Panamá, después atravesará el territorio colombiano de occidente a oriente entrando por el Pacífico en Chocó y saliendo por Amazonas, y por último cubrirá áreas del norte de la zona amazónica de Brasil.


Los demás habitantes de la Tierra, como aquellos que viven en Bogotá y otros departamentos colombianos por donde no pasará el eclipse solar anular, aunque no podrán ver el “anillo de fuego”, sí observarán un eclipse parcial, “en el cual la Luna cubre solo una parte del disco solar, dejando una porción del Sol visible en el cielo”.

El profesor Portilla explica que “la mayoría de los colombianos empezarán a observar el eclipse entre las 11:30 y 11:45 de la mañana; la máxima plenitud del eclipse (lo máximo que la Luna cubrirá el disco del Sol) ocurrirá entre la 1:10 y 1:30 de la tarde, y el fenómeno terminará por completo entre las 3:00 y 3:15 de la tarde”.

Con precaución

Los investigadores del OAN enfatizan en la importancia de proteger los ojos al observar el eclipse, y advierten que por ningún motivo se debe observar a simple vista, y mucho menos a través de instrumentos ópticos que no posean filtros solares.

“No es que el fenómeno del eclipse per se dañe el ojo, es solo que normalmente una persona no se expone a ver el Sol directamente por un largo periodo”, señalan.


Los rayos ultravioleta son tan energéticos que pueden producir un daño irreparable en la retina. “En el transcurso de un eclipse anular siempre habrá un sector del disco del Sol sin cubrir, y aun la intensidad de la luz de ese pequeño sector es tan fuerte que puede causar un daño importante al ojo”, amplía el profesor Portilla.

Ya que apreciar el “anillo de fuego” será un privilegio para algunos habitantes en el suroccidente del país, la UNAL Sede Palmira abrirá sus puertas a todas las personas que quieran observar este espectáculo, y para ello ha preparado una programación especial, resultado de una alianza entre la Universidad, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias) y la Red de Astronomía de Colombia.

El punto de encuentro será la cancha de fútbol del campus principal de la Sede, a las 9:00 de la mañana, y desde allí Televisión UNAL transmitirá en directo por el canal de YouTube un magazine con expertos que explicarán algunos detalles de este fenómeno; también habrá zona de telescopios, distribución de gafas seguras para la observación solar, visita al domo planetario portátil y el momento más esperado: la observación del anillo solar, que empezará hacia la 1:20 p. m. y será trasmitido en directo en pantalla gigante.

Conozca aquí la agenda en la Sede Palmira.








 













jueves, 20 de abril de 2023

Creciente urbanización, la mayor amenaza de humedales, lagunas y ríos del Amazonas

 El incremento de la población, las alteraciones al cauce del río Amazonas –como sus desviaciones o la tala de los bosques ribereños– y el crecimiento urbanístico desordenado son los factores causantes de casi todas las situaciones de emergencia y de escasez de agua en la región.

Todo río construye a lado y lado de la ribera una ronda hídrica para encauzar el exceso de caudal, pero cuando estos espacios son ocupados por las personas, esta variación directa del entorno tiene efectos negativos en el ecosistema y genera un deterioro ambiental.

Así por ejemplo, “cuando una cuenca se queda sin bosque, pierde la capacidad de guardar el agua para liberarla en épocas de sequía”, explica el biólogo Santiago Roberto Duque, profesor de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia y director del Grupo de Investigación en Limnología Amazónica de la Sede.

Estos factores han generado fases extraordinarias, como la disminución del caudal sucedida en 2005 y 2010, o el aumento exagerado, como pasó en 2011, 2012 y 2015.

Por ejemplo, en enero de 2022 se presentó un fenómeno de drástica reducción del caudal del río Amazonas, que no se daba desde 1992 y que llevó al cierre de la bocatoma del acueducto de Leticia por la disminución del nivel de agua en la quebrada Yahuarcaca, que depende de las aguas del Amazonas.

“Aunque este comportamiento forma parte de la variabilidad hidrológica, el mal manejo de las cuencas incide directamente en estas situaciones, ya que genera destrucción ambiental, cambios extremos en los ecosistemas y grave impacto en la biodiversidad”, señala el biólogo.

Agrega que “tres décadas monitoreando y modelando el comportamiento del río a su paso por el departamento nos permiten concluir que en los niveles hídricos de los humedales de Yahuarcaca y del río Amazonas incide más el comportamiento humano que la afectación generada por el cambio climático”.

“Y aunque este es un fenómeno global que puede generar alteraciones como exceso o defecto de lluvias, en el Amazonas de alguna manera se siguen repitiendo los ciclos con algunas variaciones que son normales. Lo que en realidad está causando una afectación grave es el manejo inadecuado de las cuencas y del agua”, recalca el experto.

Cuando se tala el bosque se pierden árboles, arbustos, plántulas y lianas, pero lo más grave es que el suelo –que es muy pobre en nutrientes– queda expuesto al calor solar y al agua, que en la época de lluvia lo lava y erosiona haciéndolo infértil y arrebatándole la posibilidad de recuperarse.

Con la deforestación también desaparece la fauna que acompaña el bosque y se altera la dinámica natural de los miles de arroyos que existen en la región. Al quedar desprotegidos de sus bosques ligados a las riberas de los ríos (riparios o de galería), los sistemas fluviales cambian drásticamente sus patrones de aumento y disminución de caudales –e incluso el color de sus aguas–, que ahora transportan toneladas de sedimentos llevándose el suelo.

Sistema hídrico particular

Los estudios realizados por la UNAL Sede Amazonia han permitido reconocer la naturaleza geográfica, climática e hidrológica del territorio amazónico.


“Por estar ubicada cerca de la línea ecuatorial, Colombia tiene fluctuaciones de lluvias, por lo que en algunos lugares del territorio llueve dos veces al año, es decir que se presenta un patrón bimodal”.

“Esta situación se presenta en la cordillera de los Andes y en los valles interandinos, por ejemplo, pero así mismo en Cauca y Magdalena los patrones son monomodales porque tienen un gran periodo de lluvias”, explica el profesor Duque.

En buena parte de la Amazonia y la Orinoquia se da el patrón monomodal. Al llover, el agua drena por pendiente –debido a la topografía– hacia un punto determinado y forma la cuenca, desde donde desagua a un punto final formando también macro, meso y microcuencas.

Lo anterior indica que todos los ríos de la región obligatoriamente cambian de nivel: primero llevan más agua por el cauce, y a mayor velocidad debido a su caudal, lo que explica por qué se desbordan: no tenían la capacidad de albergar tanta agua, y por eso surgen las inundaciones como procesos naturales.

“Cada año en la Amazonia la temporada de lluvia en ascenso inicia entre octubre y noviembre y va hasta febrero o marzo, lo que produce las aguas altas, y con ellas el desbordamiento y las inundaciones que afectan los barrios bajos de Leticia”, explica el académico.

Este periodo ocurre hasta junio, cuando inicia la etapa rápida de descenso y el fenómeno del friaje –por la llegada de los vientos fríos antárticos, que cambian la estación en el hemisferio sur–, dando inicio a la temporada de aguas bajas, que va hasta agosto o septiembre, y se reinicia el ciclo.

Existe una variabilidad climática hidrológica, la cual indica que todos los años el fenómeno no sucede igual, y aunque es natural, es importante monitorear y reunir datos para predecir las condiciones naturales. De este trabajo se encargaba antes el Instituto Colombiano de Hidrología, Meteorología y Adecuación de Tierras (Himat) y hoy está a cargo del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam).

 






jueves, 22 de agosto de 2019

AMAZONAS

AMAZONAS, lugar privilegiado 


El Departamento del Amazonas le debe su nombre a la selva húmeda tropical que lo rodea.

Posee una gran cantidad de biodiversidad biológica y abundantes especies endémicas.

Tiene una gran riqueza étnica.



Con grandes grupos humanos como también importantes frentes de colonización.

 El rió Amazonas  el más caudaloso del mundo, marca frontera con Perú y recibe las aguas de otros ríos del territorio.

Vista desde el aire, su selva parece un manto de bosque, la selva amazónica posee diferentes tipos de suelos y agua .



La totalidad del territorio Amazonense es de clima cálido húmedo, con un periodo largo de lluvias que se extiende desde septiembre hasta mayo, lo cual favorece el crecimiento del bosque húmedo tropical,  y un periodo seco de  corta duración  entre los mese de Junio y Agosto . 

Su biodiversidad es muy amplia .


Limita por el norte con el departamento de Caquetá, y Vaupés; por el oriente con República de Brasil; por el sur con la República de Perú; y Putumayo.

Sus principales ríos son : Amazonas, Caquetá, Putumayo y Apaporis.

 Cuidar los recursos que la naturaleza nos brinda es de todos, no seamos indiferentes con lo que pasa en nuestro entorno !