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miércoles, 12 de marzo de 2025

Aves de los Andes colombianos tendrían riesgo de amenaza mayor al registrado

 El análisis de las principales bases de datos digitales sobre biodiversidad en el mundo mostró que casi toda la información disponible para 11 especies de aves del género Grallaria –dentro de las que se encuentra el tororoí, que habita la Serranía del Perijá y la Sierra Nevada de Santa Marta– presentan errores en los registros sobre los lugares donde habitan y la identidad de las especies. Así, en tres de ellas, descritas en 2020, hay un riesgo de amenaza mayor al que se tenía registrado, pues su distribución geográfica y los lugares en donde se pueden encontrar son menores.

Colombia es el segundo país más biodiverso del mundo y ocupa el primer lugar en número de especies de aves, con 1.966 (20 % del global), superando a países como Perú, Brasil, Ecuador e India. Aquí por lo menos 82 de estas especies son nativas.

Un ejemplo de esta diversidad está en la Sierra Nevada de Santa Marta, hábitat principal de las aves del género Grallaria –palabra del latín que significa “que camina sobre zancos”–, conocidas por las curiosas y largas patas que las sostienen; de hecho no vuelan sino que saltan y se mueven rápidamente por hábitats boscosos. 

El plumaje de dichas aves es de color pardo, café y un poco anaranjado, una de las características que las hacen difíciles de identificar, y su canto es como un silbido intenso que sigue a una vibración, y es uno de los rasgos principales que durante años le ha permitido a los científicos identificar su presencia, pues son reacios a dejarse observar.

La investigadora Dennys Johana Plazas Cardona, magíster en Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) e investigadora de la Asociación Selva, observó con detalle si los registros geográficos disponibles para varias especies de Grallaria tenían sesgos geográficos que potencialmente influyeran en la sobreestimación o subestimación (tener más o menos datos) de los rangos de distribución, afectando así la evaluación de su riesgo de extinción. 

Luego de trabajar con más de 10.000 registros de las bases de datos de acceso público y que se alimentan de los registros de cualquier biólogo, científico o interesado en “pajarear”, y de usar programas de análisis como RStudio, MaxEnt y ArcGIS, la investigadora encontró que esto sí ocurre. Al “limpiar” la información, es decir eliminar duplicados exactos y cotejar coordenadas de la presencia de las aves, evidenció que los datos disminuían significativamente; por ejemplo algunas especies tenían 4.000 registros sin el filtrado, pero después del análisis se notó que realmente había 800 o menos. Además algunas especies se incluían dentro de una sola especie, lo cual dificulta su identificación.

“Cuanta mayor rigurosidad en el filtrado de los datos menor probabilidad habrá de obtener modelos que estimen mal la distribución geográfica, y por lo tanto los modelos de nicho ecológico utilizados en la investigación son mucho más confiables y permiten tener información de mejor calidad y confiable”, indica la magíster Plazas.

Entre las causas principales de amenaza estarían actividades como la deforestación y la pérdida de los bosques andinos y altoandinos, que se hace para plantar monocultivos de café; también la construcción de carreteras que dañan el tránsito ecológico; la extracción de carbón y oro, una industria marcada en estas zonas que termina contaminando ríos, y aunque falta más investigación, existe la posibilidad de que esto dañe la cadena alimenticia; y el cambio climático, con temperaturas altas y lluvias precipitadas que les dificultan a las aves encontrar alimento. 

Crece el riesgo de amenaza

En 1964 la Unión Internacional para la Conservación y la Naturaleza (UICN) creó la Lista de roja de especies amenazadas, que incluye criterios específicos para hablar del peligro que tienen frente a la extinción. Uno de ellos es la distribución geográfica y el lugar de ocurrencia, es decir el terreno en el que habitan: dependiendo de los kilómetros a la redonda en los que se pueden encontrar varios individuos, se puede hablar de un mayor o menor riesgo.

Dentro del estudio, la investigadora analizó cinco nuevas especies para Colombia, descritas en 2020 por profesores como Andrés Cuervo, del Instituto de Ciencias Naturales de la UNAL. Tres de ellas, que forman parte del complejo G. rufula, presentaron un riesgo de amenaza mayor al registrado, debido a que su distribución geográfica y lugar de ocurrencia en lugares como la Serranía del Perijá y la Sierra Nevada de Santa Marta es más baja, y concuerda con el criterio de la UICN para hablar de especies en grado de amenaza. Una de las especies que presentaría el mayor riesgo es el tororoí del Perijá (G. saltuensis), cuya distribución geográfica es de unos 169 km2, lo que significa que más allá de esa distancia es difícil encontrarlo. 

Esta investigación es un llamado urgente para mejorar la calidad de los datos en plataformas científicas y fortalecer las estrategias de conservación de especies en peligro en Colombia, teniendo a la Serranía del Perijá y la Sierra Nevada de Santa Marta como lugares con una amplia diversidad que merecen tener un plan de manejo que reduzca los sesgos geográficos y ayude a proteger sus aves endémicas.







miércoles, 21 de agosto de 2024

Colombia, el país con mayor biodiversidad por km² del mundo, tiene 1.700 especies amenazadas

 Con 79.831 especies observadas, el territorio colombiano es un punto caliente de diversidad biológica del planeta, lo que posiciona al país como el segundo más biodiverso del mundo, superado solo por Brasil en área geográfica. Para conservar esta gran riqueza amenazada por actividades humanas, la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) resguarda más de 7 millones de ejemplares de flora y fauna en sus colecciones científicas; además sus 400 grupos de investigación y 700 profesores en las 9 Sedes aportan activamente a esta tarea.

Con 1.999 especies de aves, 82 de ellas endémicas (exclusivas del territorio nacional), Colombia alberga hoy la mayor diversidad de pájaros del mundo, además de unas 26.000 especies de plantas, 560 de orquídeas y 3.844 de mariposas (350 endémicas). Sin embargo el riesgo de que muchas de ellas desaparezcan es latente, lo que el profesor Miguel Gonzalo Andrade Correa, director del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la UNAL, califica como “vergüenza nacional”.

“Entre las 1.700 especies ‘amenazadas’, todas las tortugas continentales se encuentran en ‘peligro de desaparecer’. Entre las plantas, y pese a su riqueza, 311 especies de orquídeas están ‘en riesgo’, así como 38 especies de frailejones, plantas endémicas de los páramos colombianos. El territorio nacional cuenta con 81 ecosistemas, 20 de ellos ‘en estado crítico’ –es decir al borde de la extinción– y cerca de 30 se consideran en peligro, lo que significa que el 25 % están bajo amenaza”, advierte el profesor Andrade.

Por su parte la profesora Luz Stella Cadavid Rodríguez, vicerrectora de la UNAL Sede Palmira e integrante del Grupo de Investigación Prospectiva Ambiental, considera que “esta crisis, marcada por el cambio climático y la pérdida acelerada de biodiversidad, es reflejo de las fallas en los modelos socioeconómicos actuales, centrados en la explotación intensiva de los recursos naturales que llevará a la extinción de los seres humanos y de todas las formas de vida; por eso propongo una ‘transición civilizatoria’ que se haga mediante un cambio profundo en la relación entre los seres humanos y el medioambiente”.

“Debemos movernos de un enfoque extractivista centrado en el hombre y su postura de dominación, a uno horizontal en el que nos reconocemos como otra especie en la naturaleza y propendemos por la conservación de todas las formas de vida. No se trata solo de un cambio de modelo económico, sino también es de mentalidad: debemos pasar del consumismo desenfrenado a una economía que garantice la preservación de los recursos para las generaciones futuras”.

El grupo de investigación, de la mano de las comunidades de Tumaco y Arauca, ha promovido la transformación de residuos de pescado y desechos de comida en energía renovable, y además creó un fertilizante biológico subproducto del proceso, un aporte para detener la pérdida de biodiversidad con la eliminación de contaminantes y agroquímicos peligrosos para el suelo.


El profesor Diego Fernando Mejía Carmona, coordinador del Sistema de Gestión Ambiental de la UNAL Sede Palmira, destacó que “la biodiversidad no necesita de las personas, esta tiene un valor intrínseco independiente de las necesidades humanas”, al resaltar los servicios que la naturaleza le ofrece a la humanidad, mientras esta última representa sus principales amenazas por la deforestación, la minería, las semillas comerciales y las especies introducidas, como el caso de los hipopótamos en Colombia.

Por su parte, la diversidad genética es fundamental para la biodiversidad porque proporciona la variabilidad necesaria para que las especies se adapten a cambios en el entorno y puedan resistir enfermedades y sobrevivir ante diferentes presiones ambientales. En ese sentido, los estudios sobre el área vegetal adelantados por el Grupo de Investigación en Diversidad Biológica se han enfocado en frutales, flores, plantas medicinales, follajes tropicales y especies para alimentación animal, explorando ganado vacuno, porcinos, aves, peces y microorganismos.

Dentro de estos animales se encuentra el arapaima, el pez más grande de agua dulce del Amazonas, en cuya diversidad genética se basa el estudio de Dagoberto Martínez, estudiante del Doctorado en Ciencias Agrarias, junto con los profesores Juan Carlos Rincón, Darwin Hernández y Jaime Eduardo Muñoz Flórez, líder del grupo.

“Estamos realizando una secuenciación de alto cubrimiento del genoma, para obtener una visión detallada de las numerosas secuencias que nos permiten identificar las características específicas, incluyendo posibles variaciones según las regiones geográficas, lo que contribuye a su conservación”, explica el profesor Flórez.

Balance de la UNAL en la COP16

La profesora Nubia Janeth Ruiz Ruiz, vicerrectora de Investigación de la Universidad, anunció que el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible le notificó a la UNAL que ahora forma parte de la agenda de la Zona Verde. Además, la Sede Palmira y la Reserva Nacional Forestal Bosque de Yotoco se incluyeron en el Circuito de Movilización y Participación de la decimosexta versión de la Conferencia de las Partes (COP16).

Cada semana una Sede desarrollará una temática sobre biodiversidad en el programa Análisis UNAL, de Radio UNAL (98.5 FM), transmitido por Periódico UNAL. Este miércoles 21 de agosto el turno es para la Sede Palmira con un panel en el que se abordarán las amenazas a la biodiversidad, además de sus leyes y beneficios para las comunidades.

Por último, la vicerrectora Cadavid informó que durante la Cumbre Académica de Universidades del país, celebrada recientemente en Cali, y que contó con la moderación de la ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Susana Muhamad, se creó la Red Colombiana de Conocimiento en Biodiversidad, para contribuir con las metas emanadas del Convenio sobre la Diversidad Biológica.












viernes, 7 de junio de 2024

Aves migratorias: estadística ofrece mayor precisión sobre el cambio en sus vuelos

 Estudios clásicos de esta disciplina no han considerado cómo cambia de principio a fin el vuelo de aves como el águila calva, ignorando variables como el clima, la presión o la humedad que influyen en él. Un experto en Estadística de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) mejoró y ajustó la metodología mediante una técnica llamada “puentes estocásticos”, y ahora no habría problema para tener en cuenta estos factores.

El desarrollo fue propuesto por el investigador Jhonier Sebastián Rangel Gutiérrez, magíster en Estadística de la UNAL, quien estimó los cambios que forman parte del concepto de volatibilidad, de una manera novedosa y más precisa que en las concepciones convencionales que analizan el fenómeno.

Para entender su propuesta es necesario comprender que los puentes estocásticos son modelos estadísticos que se utilizan en disciplinas como la matemática y la física para describir un proceso de inicio y fin, o sea cómo se comporta un fenómeno que tiene un valor fijo, en este caso el desplazamiento de un ave del punto A al punto B, y los cambios en su vuelo desde que parte.

Sin embargo, según el enfoque aplicado, el movimiento se puede medir mejor: con el clásico, llamado puente browniano, se mide el vuelo de las aves como una variable independiente, o sea estableciendo que su vuelo va cambiando por sí solo, mientras en el enfoque implementado de puentes brownianos fraccionarios se incluyen parámetros que permiten tener un panorama más amplio de lo que ocurre, como por ejemplo el viento, la presión o el clima.

Los enfoques brownianos deben su nombre al médico Robert Brown, reconocido por descubrir en el siglo XVIII el movimiento de agitación que tienen las partículas en el agua; sin embargo en su momento no pudo explicar el porqué del fenómeno y su estudio fue asumido por científicos como Albert Einstein y otros investigadores que fueron transformando su concepción.

Por otro lado, el tema de las aves migratorias es tanto fascinante como urgente para tener mejores planes de conservación de las especies, con una medición puntual de cómo está influyendo el cambio climático en sus trayectorias, algo que este modelo estadístico puede hacer de manera inédita y abierta al público.

En Colombia se registran 275 especies de aves migratorias, de las cuales 154 provienen de Norteamérica, lo que significa que este territorio es un punto estratégico para su vida y curso natural, pues de manera casi obligatoria deben sobrevolarlo y recorrerlo.

Según el experto, el modelo teórico y de simulación analiza las ecuaciones diferenciales, una parte de la matemática que describe cómo cambia una función en relación con una o más variables independientes; su objetivo principal es determinar el cambio, o sea que su carácter es estocástico.

Después del análisis se modelaron los cambios de las aves migratorias en el lenguaje de programación Rstudio, con un examen de lo que ya se había registrado en la literatura, como por ejemplo en estudios de 2021 sobre el águila calva, en los que el autor se percató de que cuando inicia su vuelo hay un cambio importante en el tránsito del movimiento que no está determinado por sí mismo.

Lo anterior se puede explicar de manera sencilla con el siguiente ejemplo proporcionado por el experto: “si ponemos 50 palomas en una caja, y a 10 m de distancia ponemos maíz, los movimientos de los animales no variarán mucho, pero si las sacamos de ahí su comportamiento será diferente, y eso es lo que ocurre con la volatibilidad de procesos estadísticos”.

Un concepto clave en el proceso es el índice de Hurst, parámetro estadístico que se mide con valores entre 0 y 1: los cercanos a 0 se toman como un evento poco predecible, y en el caso contrario como predecible o estimable. En el caso de las aves, incluirlo da luces sobre la dirección en que se mueven, o de si es más difícil seguir su trayectoria.

Además el investigador Rangel asegura que “el método estadístico también se puede aplicar al mundo bancario y financiero –de hecho es en el que más se ha implementado–, ya que ayuda a estimar el flujo de dinero que entra y sale cada día, por ejemplo del dólar; y también en el estudio de la cantidad de partículas que hay en una sustancia al mezclarla con algún químico, lo cual ocurre en la industria de las pinturas y los materiales, en la que se busca que la composición sea estable y duradera”.


El desarrollo y ajuste propuesto tienen una aplicabilidad muy grande y sería un primer paso para seguir contrarrestando el efecto que fenómenos como el cambio climático tienen en el medioambiente y en la vida de las aves migratorias, que son clave en el control de plagas en cada territorio

 Este trabajo contó con el apoyo del profesor Viswanathan Arunachalam, del Departamento de Estadística de la UNAL.






miércoles, 8 de noviembre de 2023

Inundaciones en el país se estarían dando en un mayor porcentaje del que se creía

 Desde 2014 se ha pensado que la magnitud de las inundaciones es de un 27 % del territorio cada año, pero este porcentaje sería de hasta el 40 %, un desfase que según expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) se deberían a la falta de comprensión sobre cómo funcionan las rondas hídricas –franjas de terreno aledaño a un río o quebrada– en regiones como la Amazonia, ya que no han sido medidas con exactitud y harían más difícil temas como la gestión de riesgo ante algún desastre.

En Colombia existe el Decreto 2811 de 1974, el cual establece el uso de rondas hídricas para construir viviendas y conservar los ríos. Aunque es un documento muy completo, en la práctica tiene dificultades pues plantea que estas zonas tengan una distancia de 30 m a lado y lado del río o afluente, pero no considera los cambios que se presentan según el momento del año, o las épocas de sequía y lluvia intensa.

Así lo asegura el biólogo Santiago Duque, profesor de la UNAL Sede Amazonia, quien ha seguido de cerca el tema ambiental en esta región, en donde ha adelantado investigaciones y proyectos en los que se han medido estos fragmentos aledaños a los ríos. Así, encontró lugares en donde la ronda puede tener 1 km o 900 m, lo cual lleva a pensar en que es una zona con una alta probabilidad de inundación y se debe tener precaución.

Añade que desastres como el de Mocoa (Putumayo), ocurrido el 1 de abril de 2017 a causa de una grave inundación y que dejó alrededor de 1.400 muertos y 15.000 damnificados, se pudo prever teniendo en cuenta las rondas de los ríos, un aspecto ignorado por las autoridades locales, regionales y nacionales al hablar de estos temas en los territorios, por lo que hay vacíos e imprecisiones al respecto.

El profesor Duque ha participado en proyectos con la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Sur de la Amazonia, en los que han mejorado la capacidad para identificar estas zonas –ríos, quebradas y arroyuelos de Leticia, Florencia y Putumayo– utilizando escalas geográficas más precisas, esto quiere decir que en imágenes amplias del terreno se puede determinar qué tanto se acotan las rondas de los ríos en cada momento del año.

Para el experto, “la estrategia de poner muros en los ríos para que no se presenten inundaciones no sirve; por ejemplo, hoy el río Amazonas está retirando su cauce y se está desplazando a territorio peruano, por lo que es necesario cambiar los límites fronterizos y entender mejor los procesos de cambio de estos ecosistemas”.

La reforestación, un tema de nunca acabar

En la misma línea, el experto, director del Laboratorio de Limnología Amazónica de la UNAL, se refirió a la deforestación, un problema que también incide en las inundaciones y los cambios ambientales en la Amazonia, un lugar en donde cada árbol nativo en pie puede liberar hasta 1.000  litros de agua al día, por lo que insiste en que “urgen mejores estrategias y políticas públicas que vayan más allá del discurso sobre el cambio climático, que no es el causante de fenómenos como El Niño y La Niña”.

“La estrategia de reforestación que se adelanta hoy no resuelve el problema y se estaría haciendo de una manera poco eficiente, pues los árboles plantados no tienen el mismo impacto en términos de agua que los que se han talado”, indicó.

Aunque cifras del Sistema de Monitoreo de Bosques y Carbono del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) muestran que en 2022 la deforestación en el país fue de 123.517 hectáreas, lo cual representó una disminución del 29,1 % si se contrasta con las 174.103 hectáreas en 2021, la cantidad aún sigue siendo muy alta.

Hoy se presenta el fenómeno del “síndrome de los bosques vacíos”, que son lugares en donde ha colapsado el ciclo natural de la regeneración de especies de árboles y animales, ya que no existe una interacción beneficiosa y natural entre todas las partes del ecosistema.

“Necesitamos llegar a tener cero porcentaje de deforestación, es preferible tener un bosque en pie que reforestado, y hay que dejar de hablar del cambio climático como el principal problema y empezar a mirar los cambios ambientales globales que generamos cuando dañamos los bosques proveedores de agua”, asegura.

Este punto es determinante, pues el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible ya indicó que su objetivo de reforestación para 2026 será de 750.000 hectáreas, y en el Plan Nacional de Desarrollo el Gobierno estimó que su meta es reducir hasta en un 20 % la deforestación. Por eso revisar cómo que se lleve a cabo este proceso es fundamental, pues, como dice el profesor Duque, “la preservación es la clave real para solucionar el problema”.

La conferencia formó parte del tercer día del VII Congreso Internacional de Gestión Territorial para el Desarrollo Rural, que agrupa el XIV Foro Internacional de Desarrollo Territorial y celebra los 60 años de la Facultad de Ciencias Agrarias de UNAL.






jueves, 20 de abril de 2023

Creciente urbanización, la mayor amenaza de humedales, lagunas y ríos del Amazonas

 El incremento de la población, las alteraciones al cauce del río Amazonas –como sus desviaciones o la tala de los bosques ribereños– y el crecimiento urbanístico desordenado son los factores causantes de casi todas las situaciones de emergencia y de escasez de agua en la región.

Todo río construye a lado y lado de la ribera una ronda hídrica para encauzar el exceso de caudal, pero cuando estos espacios son ocupados por las personas, esta variación directa del entorno tiene efectos negativos en el ecosistema y genera un deterioro ambiental.

Así por ejemplo, “cuando una cuenca se queda sin bosque, pierde la capacidad de guardar el agua para liberarla en épocas de sequía”, explica el biólogo Santiago Roberto Duque, profesor de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia y director del Grupo de Investigación en Limnología Amazónica de la Sede.

Estos factores han generado fases extraordinarias, como la disminución del caudal sucedida en 2005 y 2010, o el aumento exagerado, como pasó en 2011, 2012 y 2015.

Por ejemplo, en enero de 2022 se presentó un fenómeno de drástica reducción del caudal del río Amazonas, que no se daba desde 1992 y que llevó al cierre de la bocatoma del acueducto de Leticia por la disminución del nivel de agua en la quebrada Yahuarcaca, que depende de las aguas del Amazonas.

“Aunque este comportamiento forma parte de la variabilidad hidrológica, el mal manejo de las cuencas incide directamente en estas situaciones, ya que genera destrucción ambiental, cambios extremos en los ecosistemas y grave impacto en la biodiversidad”, señala el biólogo.

Agrega que “tres décadas monitoreando y modelando el comportamiento del río a su paso por el departamento nos permiten concluir que en los niveles hídricos de los humedales de Yahuarcaca y del río Amazonas incide más el comportamiento humano que la afectación generada por el cambio climático”.

“Y aunque este es un fenómeno global que puede generar alteraciones como exceso o defecto de lluvias, en el Amazonas de alguna manera se siguen repitiendo los ciclos con algunas variaciones que son normales. Lo que en realidad está causando una afectación grave es el manejo inadecuado de las cuencas y del agua”, recalca el experto.

Cuando se tala el bosque se pierden árboles, arbustos, plántulas y lianas, pero lo más grave es que el suelo –que es muy pobre en nutrientes– queda expuesto al calor solar y al agua, que en la época de lluvia lo lava y erosiona haciéndolo infértil y arrebatándole la posibilidad de recuperarse.

Con la deforestación también desaparece la fauna que acompaña el bosque y se altera la dinámica natural de los miles de arroyos que existen en la región. Al quedar desprotegidos de sus bosques ligados a las riberas de los ríos (riparios o de galería), los sistemas fluviales cambian drásticamente sus patrones de aumento y disminución de caudales –e incluso el color de sus aguas–, que ahora transportan toneladas de sedimentos llevándose el suelo.

Sistema hídrico particular

Los estudios realizados por la UNAL Sede Amazonia han permitido reconocer la naturaleza geográfica, climática e hidrológica del territorio amazónico.


“Por estar ubicada cerca de la línea ecuatorial, Colombia tiene fluctuaciones de lluvias, por lo que en algunos lugares del territorio llueve dos veces al año, es decir que se presenta un patrón bimodal”.

“Esta situación se presenta en la cordillera de los Andes y en los valles interandinos, por ejemplo, pero así mismo en Cauca y Magdalena los patrones son monomodales porque tienen un gran periodo de lluvias”, explica el profesor Duque.

En buena parte de la Amazonia y la Orinoquia se da el patrón monomodal. Al llover, el agua drena por pendiente –debido a la topografía– hacia un punto determinado y forma la cuenca, desde donde desagua a un punto final formando también macro, meso y microcuencas.

Lo anterior indica que todos los ríos de la región obligatoriamente cambian de nivel: primero llevan más agua por el cauce, y a mayor velocidad debido a su caudal, lo que explica por qué se desbordan: no tenían la capacidad de albergar tanta agua, y por eso surgen las inundaciones como procesos naturales.

“Cada año en la Amazonia la temporada de lluvia en ascenso inicia entre octubre y noviembre y va hasta febrero o marzo, lo que produce las aguas altas, y con ellas el desbordamiento y las inundaciones que afectan los barrios bajos de Leticia”, explica el académico.

Este periodo ocurre hasta junio, cuando inicia la etapa rápida de descenso y el fenómeno del friaje –por la llegada de los vientos fríos antárticos, que cambian la estación en el hemisferio sur–, dando inicio a la temporada de aguas bajas, que va hasta agosto o septiembre, y se reinicia el ciclo.

Existe una variabilidad climática hidrológica, la cual indica que todos los años el fenómeno no sucede igual, y aunque es natural, es importante monitorear y reunir datos para predecir las condiciones naturales. De este trabajo se encargaba antes el Instituto Colombiano de Hidrología, Meteorología y Adecuación de Tierras (Himat) y hoy está a cargo del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam).