jueves, 2 de julio de 2026

ADN revelaría el verdadero hogar de los monos traficados en Colombia

Gracias al análisis genético de 84 primates, una investigadora de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) logró rastrear de qué regiones del país fueron extraídos monos cariblancos y monos nocturnos traficados ilegalmente, y encontró líneas de descendencia aún no descritas en el Bajo Cauca antioqueño y cerca al río Magdalena. El avance mejoraría su rehabilitación y regreso a la vida silvestre.

La investigación se enfocó en los monos cariblancos (Cebus) y los monos nocturnos (Aotus), grupos particularmente difíciles de distinguir a simple vista, incluso para especialistas. Además, son los primates más traficados en Colombia.

“Aunque tenemos alrededor de 6 y 7 especies de monos cariblancos y 8 de monos nocturnos, visualmente son prácticamente indistinguibles”, enfatiza la bióloga María José Jaramillo, magíster en Biología de la UNAL, quien lleva años trabajando en la Unidad de Rescate y Rehabilitación de Animales Silvestres (URRAS) de la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de la UNAL.

Dichas especies pertenecen a linajes distintos y tienen distribuciones geográficas muy específicas. Un mono cariblanco de la Sierra Nevada de Santa Marta puede parecer igual a otro del Magdalena Medio o de los Llanos Orientales, aunque sus poblaciones hayan seguido trayectorias evolutivas separadas durante miles de años.

“Cuando un primate es decomisado, las autoridades ambientales lo trasladan a hogares de paso o a centros de atención, valoración y rehabilitación, en donde pasa por evaluaciones clínicas, cuarentena y recuperación nutricional y comportamental, pero en la mayoría de los casos estos animales llegan sin información confiable sobre el lugar exacto donde fueron capturados”, señala la magíster Jaramillo.

Por eso muchos monos terminan atrapados en un “limbo biológico”, pues aunque sobreviven al tráfico, durante años permanecen en cautiverio porque nadie puede determinar con seguridad en dónde deberían ser liberados.

No hay camino a casa

Debido a la falta de información, algunas veces los primates se agrupan según disponibilidad de espacio; en otros casos se separan por sexos para evitar la reproducción, y también existen centros que recurren a la esterilización, y en escenarios más extremos incluso a eutanasia.

“Muchas de las decisiones tomadas hoy son más administrativas que biológicas; tales prácticas también estarían alterando el comportamiento de los animales y afectando sus posibilidades de rehabilitación”, menciona la bióloga.

Para enfrentar este problema, la experta recurrió a herramientas de genética molecular, analizando muestras de sangre de 84 primates decomisados o rescatados en centros de fauna de Cundinamarca, Risaralda, Valle del Cauca, Meta, Tolima y Antioquia. El grupo incluyó 62 monos cariblancos y 22 monos nocturnos, la mayoría adultos.

Un primer paso para el futuro

Los análisis mostraron valores de soporte estadístico (bootstrap) superiores al 85 % y probabilidades posteriores cercanas a 0,99, indicadores que reflejan la robustez y confianza en las agrupaciones genéticas encontradas.

Aunque la mayoría de los monos cariblancos analizados pertenecían a 3 especies distribuidas en el noroccidente colombiano, se identificó un linaje genético aún no descrito claramente, asociado con individuos del Bajo Cauca antioqueño.

Esto sugiere que, incluso en grupos relativamente estudiados, existirían poblaciones o linajes evolutivos que todavía no han sido plenamente caracterizados por la ciencia.

En los monos nocturnos, el estudio encontró una marcada diferenciación genética entre individuos ubicados al oriente y al occidente del río Magdalena.

El resultado plantea que el río ha actuado como una barrera geográfica importante en la evolución de estos primates, favoreciendo la separación de linajes a lo largo del tiempo.

Pero eso no es todo, pues la investigadora propone además un protocolo integral de rehabilitación y liberación aplicable en centros de fauna, el cual incluye: triage comportamental, formación gradual de grupos compatibles, socialización controlada, rehabilitación biológica, entrenamiento para detectar depredadores, reaprendizaje de búsqueda de alimento y evaluación del hábitat de liberación.

“Los animales también deben recuperar habilidades esenciales para sobrevivir después de haber pasado meses o incluso años dependiendo de humanos”, indica la experta, cuyo trabajo fue dirigido y apoyado por los profesores Mario Alfonso Vargas, de la UNAL, e Iván Darío Soto, de la Universidad de Antioquia.

El proyecto ya ha dado un primer paso hacia un cambio nacional, pues sus resultados se socializaron con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y contribuirían a futuras actualizaciones de la normativa nacional sobre rehabilitación de fauna silvestre.

“El estudio también impulsará alianzas entre universidades, laboratorios y autoridades ambientales para estandarizar métodos y fortalecer bases genéticas de referencia”, concluye la investigadora.






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