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miércoles, 17 de junio de 2026

Colibríes, las aves más afectadas por incendios forestales en Honda (Tolima)

 Cuando los incendios forestales consumen el bosque seco tropical, los colibríes pierden gran parte de las flores de las que se alimentan. La escasez de néctar los obliga a desplazarse a otras zonas y reduce su papel como polinizadores de numerosas especies vegetales.

Árboles como la ceiba, el caracolí y el guácimo, junto con arbustos y enredaderas que florecen en distintas épocas del año, proporcionan néctar, frutos y refugio. Cuando ocurre un incendio no solo cambia el paisaje: también desaparecen fuentes esenciales de alimento para colibríes, atrapamoscas, carpinteros y muchas otras especies.

Fue precisamente esta transformación la que motivó la investigación de Paula Sarmiento Garnica, magíster en Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien se interesó en entender cómo el aumento de los incendios forestales —asociado con el cambio climático— está afectando las comunidades de aves.

Mientras algunos ecosistemas del mundo han evolucionado junto al fuego, otros son altamente sensibles y experimentan cambios profundos cuando se incendian. Entre ellos está el bosque seco tropical colombiano, un ecosistema caracterizado por largos periodos de sequía y altas temperaturas y de cuya cobertura original hoy sobrevive menos del 10 % debido a actividades como la ganadería, la agricultura y la expansión humana.


Para saber a qué aves afecta más este problema, la bióloga analizó imágenes satelitales y registros históricos de incendios ocurridos entre 2014 y 2024 en el Tolima, para inspeccionar las áreas más impactadas.

Posteriormente realizó trabajo de campo en cerca de 20 municipios del departamento, y para el estudio seleccionó una zona de bosque seco tropical en Honda que en 2019 sufrió un incendio en más de 1.200 hectáreas.

Allí comparó dos áreas cercanas, una quemada y otra no afectada por el fuego. Durante las temporadas seca y lluviosa realizó censos de aves, instaló grabadoras automáticas para registrar vocalizaciones y sonidos, y evaluó variables relacionadas con la estructura del bosque y la disponibilidad de alimento.


“Lo interesante de este trabajo es que no se limitó a contar aves, sino que al mismo tiempo también medimos variables del hábitat y los recursos alimenticios para relacionarlos con las especies presentes en cada punto y en cada momento”.

“Encontramos que la disponibilidad de recursos alimenticios influía más que el mismo hábitat, es decir qué comida tenían las aves, que cómo estaba estructurado el bosque”, explica la investigadora Sarmiento.

Entre los grupos más perjudicados estuvieron los colibríes, pues su dependencia del néctar los hace particularmente sensibles a la desaparición de flores después de un incendio.

“Es como si llegaras a tu casa y encontraras todo destruido. Ellas pueden volar y alejarse del incendio, pero cuando vuelven ya no encuentran los recursos que tenían antes”, explica la investigadora.

En los remanentes de bosque seco tropical estudiados en Honda se registraron especies como el colibrí de cola rufa (Amazilia tzacatl), el ermitaño canelo (Phaethornis anthophilus), el ermitaño verde (Phaethornis guy), el mango pechinegro (Anthracothorax nigricollis), el colibrí coliverde (Chalybura buffonii) y la coronita colivioleta (Thalurania colombica), aves que dependen en distinta medida del néctar producido por las flores.


A diferencia de otras aves capaces de cambiar temporalmente de dieta o aprovechar recursos alternativos, los colibríes necesitan una fuente constante de energía para sostener su acelerado metabolismo. Por eso cuando las flores desaparecen tras un incendio, muchas especies se deben desplazar hacia otras áreas mientras la vegetación se recupera.

La situación resulta especialmente preocupante porque estas pequeñas aves cumplen una función esencial en los ecosistemas tropicales: transportan polen entre flores y facilitan la reproducción de numerosas especies vegetales.

Por eso cuando los recursos florales disminuyen el impacto no recae solo sobre los colibríes, sino también sobre las plantas que dependen de ellos para reproducirse.

Unos ganan y otros pierden

Mientras los colibríes suelen verse afectados, algunas aves encuentran oportunidades en los paisajes transformados por el fuego. La apertura del dosel facilita la detección de presas y los árboles muertos se convierten en refugio para numerosos insectos.

Tras un incendio, los troncos quemados suelen ser colonizados por escarabajos y sus larvas, que aprovechan la madera afectada para alimentarse y reproducirse. Esta abundancia temporal de insectos beneficia a las aves insectívoras que buscan sus presas entre la corteza de los árboles o las capturan en vuelo.

Entre las especies registradas en las zonas quemadas se encontraron algunos carpinteros, así como el sirirí común (Tyrannus melancholicus) y el bichofué (Pitangus sulphuratus), aves asociadas con espacios más abiertos y con la búsqueda activa de insectos.

Además del trabajo de campo en Honda, la investigadora revisó 79 estudios publicados en distintas regiones del mundo sobre incendios y comunidades de aves. El análisis mostró que los efectos del fuego no son iguales para todas las especies ni para todos los ecosistemas.

Durante el primer año después del incendio suelen predominar los impactos negativos, pero a medida que la vegetación se recupera algunas aves pueden regresar o incluso beneficiarse de las nuevas condiciones ambientales.

En un escenario de temperaturas más altas, sequías más prolongadas y temporadas de incendios cada vez más intensas, entender cómo responden especies tan sensibles como los colibríes será clave para proteger la biodiversidad del bosque seco tropical colombiano.



lunes, 21 de julio de 2025

CALI TIENE EL PRIMER HELIPUNTO DEL PAÍS PARA CONTROL DE INCENDIOS FORESTALES

Cali cuenta desde este viernes 18 de julio con el único helipunto del país diseñado para el control de incendios forestales con asistencia de los helicópteros de la Fuerza Aérea Colombiana. Está ubicado en un sitio estratégico para las labores del Cuerpo de Bomberos de Cali.

“El año pasado se presentaron 390 incendios que afectaron 420 hectáreas solamente en Cali, donde se presentó un 25 % de los incendios que hubo en el Valle, por eso nos pusimos de acuerdo con nuestro Benemérito Cuerpo de Bomberos de Cali y  nuestra Fuerza Aérea para construir este helipunto en un sitio estratégico donde los pilotos puedan recargar agua con el bambi bucket en un reservorio y ayudar a combatir los incendios forestales que nos afectan los cerros en temporadas de verano como la que se avecina”, dice Marco Antonio Suárez Gutiérrez, director general de la CVC.

 En este helipunto los helicópteros podrán aterrizar en una plataforma de 900 metros cuadrados perfectamente demarcada con la normativa exigida por la Fuerza Aérea Colombiana y cuenta con una manga veleta que permitirá a los pilotos calcular la intensidad y dirección del viento. Además, cuenta con un reservorio con capacidad de 160 metros cúbicos de agua que permite recargar en vuelo el bambi bucket. El helipunto se construyó en el predio Loyola perteneciente a los bomberos, ubicado en el corregimiento La Castilla de Cali.

 “Hasta ahora, los helicópteros recargaban el bambi bucket en la parte alta de Chipichape o en este mismo predio de los bomberos, pero para ello se usaban unas piscinas portátiles que se debían llevar hasta estos sitios y llenarlas con carrotanques que se abastecen del hidrante más cercano, todo el proceso tardaba unas tres horas”, añadió el Director General de la CVC. 

“Con el helipunto y el reservorio todo será más sencillo, además porque las piscinas portátiles tienen una boca pequeña y los pilotos debían maniobrar mucho, el reservorio, en cambio, tiene 9 metros de lado, suficiente para la entrada del bambi bucket. Además, cada carga del bambi bucket es de 2,5 metros cúbicos y el reservorio, con 160 metros cúbicos de capacidad, permitirá varias recargas”, explica José David Saldarriaga, ingeniero civil de la CVC y además bombero voluntario del Cuerpo de Bomberos de Cali.

Desde mayo pasado se han hecho pruebas con vuelos, aterrizajes y recargas de agua con total éxito.

La CVC entregó además una dotación por valor de 1.500 millones de pesos a los bomberos de Cali, en la que se incluyen 698 unidades de elementos de protección personal y herramientas como palas, palines, motosierras, guadañas dos bombas de alta capacidad y una cámara optrónica para la detección de incendios forestales, con esta ya se completan 9 en puntos estratégicos de los cerros tutelares de Cali.

 “No solamente se hizo la adecuación del espacio, sino que también se creó un taller para la atención de incendios forestales con la Fuerza Aérea, una capacitación para las brigadas de bomberos forestales donde se incentivó la comunicación con los pilotos en temas de señales, de manejo de la información, de lenguaje para que se entendiera tanto el piloto como el personal que está en tierra para controlar el incendio forestal”, dice Suárez Gutiérrez.

 "Es histórico no solo para Cali sino para Colombia somos los primeros en tener esta infraestructura para salvar vidas tanto humanas como las vidas silvestres", destacó María Alexandra Pacheco Muñoz, secretaria de Gestión del Riesgo de Cali.

"Todo esto lo tenemos gracias a la financiación que realizó la CVC, la institución puso el lote pero la CVC puso todo el presupuesto para financiar la helibase y la donación de estos equipos esenciales para la extinción de incendios forestales. Son equipos de alta tecnología y equipos muy finos precisamente ahora que se viene la época de incendios forestales", dijo Capitán Francisco Javier Díaz comandante del Cuerpo de Bomberos de Cali.


"Quiero agradecer a la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca y al Benemérito Cuerpo de Bomberos de Cali por confiar en las capacidades técnicas de la Fuerza Aeroespacial Colombiana para obtener este objetivo estratégico porque en eso se convierte, para la extinción de incendios en los Farallones de Cali y el área metropolitana", dijo el coronel Germán Augusto Varela comandante del comando aéreo de combate 7 de la Fuerza Aeroespacial Colombiana.










martes, 20 de agosto de 2024

Tapir, el creador del paisaje, está amenazado por incendios y altas temperaturas

 Con 3 de las 4 especies de tapires reportadas en el mundo, Colombia es el país más diverso en estos animales, pero su existencia está en riesgo a causa de la destrucción de su hábitat y del cambio climático, y con ellos la biodiversidad del bosque.

“Si desaparecen los tapires desaparece la variabilidad genética del bosque, y como consecuencia se reduce su capacidad de adaptación al cambio climático, ya que lo relevante de este animal es que se puede desplazar largas distancias, entre 5 y 7 km, dispersando semillas y frutos. Estos nuevos árboles o arbustos son el hogar cientos de especies de insectos, anfibios y aves, por eso los tapires son considerados como especie paisaje”, explica el biólogo Federico Mosquera Guerra, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), investigador del grupo de investigación en Ecología del Paisaje y Modelación de Ecosistemas (Ecolmod).

El tapir, o danta, es una especie de gran importancia ambiental para el mundo que se ubica en la categoría de “peligro de extinción”. Este fue el eje central del octavo simposio del Grupo de Especialistas de Tapires de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), realizado esta vez en Brasil, en julio de 2024. Allí, un representante de Ecolmod compartió los aportes del grupo desde la investigación científica y las contribuciones en pro de la conservación de los tapires.

Colombia es el quinto país del mundo con mayor riqueza de mamíferos, entre los que se encuentran el tapir centroamericano (Tapirus bairdii), tapir de montaña (T. pinchaque) y tapir de tierras bajas (Tapirus terrestris).

El tapir de tierras bajas es un mamífero herbívoro de gran tamaño que desempeña un rol muy importante en los ecosistemas en donde habita, y en la ecología de las sabanas de la Orinoquia son esenciales como dispersores las semillas y frutos de los bosques de galería y morichales, contribuyendo así al mantenimiento de las coberturas naturales y la regulación del ciclo del agua, lo que resalta la necesidad de preservar esta especie y sus hábitats en un entorno de constante cambio por las acciones humanas.

A pesar de su importancia, los tapires enfrentan amenazas como la caza, la destrucción de su hábitat, los cambios en el clima y los fenómenos extremos, como sequías o inundaciones, que pueden alterar su acceso a alimentos y al agua, degradando sus hábitats aceleradamente.

“En los últimos años el cambio climático ha generado un aumento en la frecuencia, intensidad y extensión de los incendios forestales, que se han convertido en una amenaza creciente para la biodiversidad de la Orinoquia porque deterioran los bosques riparios y morichales en las sabanas. Estas acciones humanas reducen la oferta de recursos disponibles para las especies de mamíferos, como alimento, refugio y provisión de agua”.

“A esta situación se suman las actividades productivas mal implementadas como la ganadería extensiva y la agricultura tradicional, que realizan prácticas como la tala y quema, que influyen en la presencia de estas especies en los hábitats evaluados para las sabanas de altillanura de la Orinoquia”, explica el investigador Mosquera.

Tapires: especiesvitales para el mantenimiento de los ecosistemas del país

El objetivo del proyecto “Biofuegos” del grupo Ecolmod es evaluar la influencia de factores ambientales –como las áreas afectadas por incendios forestales y las actividades humanas agropecuarias– sobre la diversidad de especies de grandes mamíferos amenazados.

“El tapir de tierras bajas –considerado como vulnerable– se distribuye en las sabanas nativas de altillanura del Vichada y actualmente está amenazado por el deterioro de sus hábitats debido a incendios forestales, construcción de infraestructura vial y la presión cinegética”, enfatizó el investigador de la UNAL.

La conservación de esta especie es esencial no solo para su supervivencia sino también para la salud de los ecosistemas que dependen de su actividad ecológica. Según el biólogo Mosquera, “la asistencia al simposio y el diálogo con los profesionales de diferentes países me permitió identificar 3 principales cuellos de botella para lograr la conservación del tapir y de sus hábitats”.

“El primer obstáculo es la protección social del conocimiento, es decir articular la academia que está generando investigaciones con el decisor, que en últimas son las comunidades; el segundo es la incidencia en las políticas públicas y el tercero la financiación de la ciencia, ya que el porcentaje para la construcción del conocimiento en nuestros países es muy bajo.

Por último, hace un llamado acerca de la importancia de conocer e implementar acciones que realmente ayuden a la conservación de los tapires y sus hábitats, debido a que su pérdida no solo afectaría esta zona de estudio del país. Mientras tanto el equipo de investigación continúa realizando estudios que ayuden a identificar las amenazas que presenta el tapir de tierras bajas y posteriormente construir las estrategias para incidir con este conocimiento en la toma de decisiones que tenga como pilar fundamental la conservación y protección de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos que prestan estos grandes mamíferos y sus hábitats en el país.

Un llamado internacional

El biólogo Mosquera representó al grupo Ecolmod en Campo Grande do Soul (Brasil) para exponer los conocimientos adquiridos por la UNAL sobre la relación entre el tapir y su entorno y el desplazamiento de grandes mamíferos amenazados, como el tapir de tierras bajas característico de las sabanas del Vichada.

El simposio del Grupo de Especialistas de la UICN se realiza cada 3 años y esta vez participaron importantes instituciones interesadas en la preservación de esta especie al rededor del mundo, entre ellas la UNAL y el Zoológico de Cali representantes de Colombia; algunas ONG como WCS e instituciones académicas como las Universidades Nacional Autónoma de México (UNAM), Nacional de Guatemala, y Nacional de Costa Rica, entre otras instituciones de Ecuador, Brasil, Singapur y demás países de Asia y Europa.

Como aporte de la UNAL al encuentro, el investigador Mosquera expuso 4 trabajos derivados del proyecto “Biofuegos” (BPIN 2020000100456) que desarrolla el grupo Ecolmod con financiación del Sistema Nacional Regalías: “el primero está relacionado con un modelo de distribución potencial para el tapir de tierras bajas para la altillanura y su representatividad en áreas protegidas; el segundo con la conectividad funcional de los tapires en la Orinoquia, con énfasis en la altillanura; el tercero con la importancia de los bosques ribereños y el hábitat de más de 31 especies de grandes mamíferos, y por último presentamos avances del libro Colombia, país de tapires, el cual publicaremos próximamente como un aporte pedagógico tangible al conocimiento más profundo de la especie en el país”, concluye el investigador Mosquera.






lunes, 15 de julio de 2024

Educación ambiental desde el colegio para prevenir incendios forestales en Vichada

 Con talleres, cuentos, dibujos y salidas de campo, el grupo de investigación Ecología del Paisaje y Modelación de Ecosistemas (Ecolmod) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) busca que estudiantes de noveno grado se sensibilicen, reconozcan y se apropien de su territorio frente a la incidencia del fuego en los bosques del Vichada.

La iniciativa Biofuegos Vichada no solo se enfoca en la investigación científica, sino también en acciones concretas como la educación ambiental de las comunidades locales, especialmente de los más jóvenes que llevan lo aprendido a sus hogares.

Los incendios forestales en la Orinoquia son un problema recurrente que se ha venido agravado por la intervención humana y por factores climáticos como el fenómeno de El Niño, con impactos severos en la biodiversidad, el paisaje y la salud de las comunidades. Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), entre 2002 y 2020 Casanare, Vichada y Arauca estuvieron entre los territorios con mayores áreas quemadas.

Ante esta situación, el proyecto Biofuegos Vichada, financiado por el Sistema General de Regalías y liderado por Ecolmod, ha implementado una serie de estrategias participativas para reducir los incendios forestales, conservar la biodiversidad y promover el desarrollo regional en paisajes multifuncionales, entre ellas el componente educativo en pro de impactos positivos y preventivos ante los incendios recurrentes como los ocurridos en el Parque Nacional Natural el Tuparro.

“El fuego es una reacción química que involucra oxígeno, calor y combustible. En el contexto de los incendios forestales, los combustibles incluyen toda la vegetación viva o muerta”, explica Alejandra Reyes, magíster en Ciencias Biológicas de la UNAL e investigadora de Ecolmod.

Destaca además la importancia de que los estudiantes entiendan no solo la naturaleza destructiva de los incendios forestales sino también “los límites de los usos tradicionales y controlados del fuego en las prácticas agrícolas y silviculturales, que los niños reconocen en su cultura y territorio”.

Dibujos y salidas pedagógicas para reconocer el paisaje

El proyecto se ha centrado en los estudiantes de noveno grado de la Institución Educativa Eduardo Carranza, en Puerto Carreño. A través de talleres, dibujos, salidas de campo y actividades lúdicas, los estudiantes han aprendido conceptos básicos relacionados con los incendios forestales, las diferencias entre quemas controladas y fuegos descontrolados, y los impactos tanto negativos como positivos del fuego en el ecosistema.

“Los niños identificaron el uso del fuego para cocinar, y también reconocen que se utiliza para quemar el pasto, para que el ganado se coma el rebrote, además de otras prácticas indígenas. Esto se evidenció en talleres de dibujo en donde los estudiantes incluían columnas de humo en sus paisajes”.

“En la cultura llanera el fuego se ha usado tradicionalmente en las ‘quemas controladas’ para eliminar pasto y permitir el rebrote esencial para el ganado. Sin embargo, la idea es concientizar sobre el uso responsable del fuego para evitar que estas quemas se conviertan en incendios forestales. Esto es crucial, ya que las vastas distancias, las malas condiciones de las vías y la limitada capacidad de los bomberos en Vichada dificultan la extinción de estos incendios”, explica la magíster.

Para lograr una comprensión profunda y práctica, el proyecto organizó salidas pedagógicas en las que los estudiantes recorren e interpretan el paisaje identificando elementos inflamables como hojas o troncos secos, y van aprendiendo a distinguir entre ecosistemas adaptados al fuego y aquellos sensibles a este. Estas actividades educan y sensibilizan a los jóvenes sobre la necesidad de manejar el fuego de manera responsable.

Para el éxito de estas iniciativas es fundamental la colaboración del Cuerpo de Bomberos del municipio y de los profesores del colegio. “Nuestro objetivo es convertir a los estudiantes en replicadores de esta información, para que puedan llevar estos conocimientos a sus comunidades y trabajar juntos en la prevención de los incendios. También buscamos que los profesores integren esta temática en otras áreas del currículo escolar, fomentando un enfoque interdisciplinario en la educación ambiental”, señala.

Contexto ecológico en malla curricular, desafío importante

“Los Proyectos Ambientales Escolares (PRAE) son estrategias pedagógicas de las instituciones educativas que buscan promover la educación ambiental, pero por lo regular abordan temas generales como el reciclaje y el manejo del agua, que aunque también son importantes, es necesario incluir el componente del uso correcto del fuego en territorios como este, que presentan altos índices incendios forestales habituales y recurrentes. Por eso buscamos que el tema se incluya no solo en los PRAES sino también en la malla curricular, y que se relacione con cualquier materia”, indica.

En ese sentido, el proyecto Biofuegos Vichada no se limita a la sensibilización, sino que además ha desarrollado materiales educativos, que se espera sigan replicando en el futuro, como una cartilla y el cuento Las aventuras de Pipo y Chilipo, que narra la historia de una danta que se enfrenta a los peligros de los incendios forestales y a los obstáculos en áreas quemadas, en busca de su mamá. Estas herramientas didácticas tienen como objetivo facilitar la enseñanza y asegurar que los conceptos aprendidos se mantengan vivos en la memoria de los estudiantes.






sábado, 15 de junio de 2024

Con estrategias de manejo integral del fuego se prevendrían incendios severos

 Cambios en el paisaje y la vegetación, además de residuos que inducen al fuego, son dos de los grandes impactos que dejan los recurrentes incendios forestales en Vichada. Con estrategias de gestión ambiental –que abarcan manejo de la vegetación, conservación de fauna, diseño de políticas públicas y participación comunitaria–, investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) buscan reducir la incidencia y el impacto de los incendios forestales en la región.

En la Orinoquia los incendios forestales han sido un problema recurrente agravado tanto por la intervención humana como por factores climáticos como el fenómeno de El Niño; según el Ideam, Casanare, Vichada y Arauca están entre los territorios con más áreas quemadas entre 2002 y 2020.

Dada la preocupante situación, profesionales del grupo de investigación en Ecología del Paisaje y Modelación de Ecosistemas (Ecolmod) de la UNAL lideran el proyecto “Biofuegos Vichada”, financiado por el Sistema General de Regalías y enfocado en desarrollar estrategias integrales para prevenir los incendios forestales en los paisajes multifuncionales de Vichada.

“Los Llanos Orientales poseen el único ecosistema adaptado al fuego del país: las sabanas, que incluso tienen procesos ecológicos que dependen de él”, explica Alejandra Reyes, investigadora de Ecolmod y magíster en Ciencias Biológicas de la UNAL.

Sin embargo, el uso excesivo y descontrolado del fuego, especialmente en prácticas agrícolas tradicionales, ha aumentado la frecuencia y severidad de estos incendios, poniendo en riesgo no solo el equilibrio ecológico sino también la seguridad de las comunidades locales.

Residuos no tratados producen más incendios

Mediante el componente vegetal del proyecto se busca entender cómo responden los bosques al fuego, y así se obtiene información valiosa para prevenir los incendios, pues uno de los mayores desafíos identificados es el manejo de áreas quemadas.

“Las zonas afectadas por incendios forestales son más propensas a nuevos incendios, tanto por la acumulación de combustibles (leña seca, carbón y hojarasca) como por la pérdida de humedad, además de que se dan más intensos, por eso es crucial implementar estrategias de manejo integral del fuego para prevenir aquellos de alta severidad”, enfatiza la magíster.

Las estrategias planteadas incluyen la recolección de árboles muertos, los tratamientos silviculturales (manejo del bosque para favorecer ciertas especies) y el uso de quemas prescritas para manejar las cargas de combustible que se van acumulando en el entorno y prevenir incidencia de fuegos.


“Aunque actualmente las quemas prescritas están prohibidas en Colombia, se están buscando transiciones normativas para implementarlas. Hasta ahora no se ha logrado esa transición con proyectos de ley, pero se pueden generar otras estrategias o acciones directas para controlar este combustible natural, como el manejo de tractores para hacer guardarrayas que re la cobertura vegetal y crear unos callejones para que el fuego llegue hasta un punto y no pase al bosque”, precisa la investigadora.

El monitoreo de especies vegetales es esencial

Con el proyecto se está llevando además un registro más detallado de la incidencia del fuego y sus impactos, pues con frecuencia se desconoce cuántas veces se ha quemado determinada zona, y esta información es crucial para analizar el comportamiento de las especies vegetales que más resisten o que más se ven afectadas.

Para ello se han establecido más de 30 parcelas de monitoreo en reservas naturales y reservas de la sociedad civil, como el Parque Nacional Natural El Tuparro, las cuales permiten evaluar la mortalidad de árboles adultos y observar los cambios en la composición y estructura del bosque después de un incendio. “Por ejemplo, la mortalidad de árboles grandes crea claros que permiten una mayor entrada de luz solar, lo que favorece el crecimiento de especies inflamables y cambia la dinámica del ecosistema”, precisa la experta.

Para el estudio se recolectaron muestras de árboles, hojas, cortezas y ramas para analizar su resistencia al fuego. Aunque los resultados finales están en proceso, esta información ya es crucial para identificar especies clave para la restauración y el manejo forestal, fortaleciendo la resiliencia del ecosistema ante futuros incendios.

Bajo este ítem, el proyecto también sugiere crear viveros comunitarios para reproducir dichas especies, ya que “la participación de la comunidad es esencial en este proceso, no solo para plantar árboles, sino también para cuidarlos a largo plazo, lo que asegura el éxito de los esfuerzos de restauración, y además genera empleo a la localidad”, indica.

Todas estas estrategias se han construido en espacios participativos con la comunidad y están plasmadas en documentos de planeación departamental.

El proyecto “Biofuegos Vichada” trabaja en estrecha colaboración con diversas instituciones y actores locales como Corporinoquia, la Alcaldía, la Gobernación, empresas forestales, comunidades indígenas, el Ejército Nacional y el cuerpo de bomberos, quienes a través de talleres participativos buscan caracterizar la dinámica de los incendios forestales y generar todas estas estrategias colectivamente para reducirlos en pro del ecosistema y la comunidad.







lunes, 5 de febrero de 2024

Mapa de Vegetación Natural, con instrucciones para reforestar luego de incendios, no se usa

 Un ejemplo de la importancia del Mapa de Vegetación Natural es que evidencia que, en Colombia a lo largo de la historia, se ha perdido el 75 % de la vegetación del Caribe, 55 % en la cordillera andina, y 27 % en la Orinoquía. Lo cual se acentúa en la actualidad con la alerta roja por incendios declarada en 28 de los 32 departamentos del país, con conflagraciones que no dan tregua en zonas como los cerros orientales en Bogotá, o en el páramo de Santurbán.

Sin embargo, la implementación de dicha herramienta desarrollada por el Instituto de Ciencias Naturales (ICN), de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), junto con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, e institutos como el Humboldt o el Ideam, aún está en veremos, sin importar que es fundamental para la reforestación de páramos y bosques nativos, ya que ofrece información de las especies que deben ser plantadas en cada región, lo cual disminuiría errores a largo plazo y daños en los ecosistemas.

El profesor Orlando Rangel, del ICN, uno de los líderes de la creación del mapa de vegetación, afirma que, este se apoya en la evidencia. “Con él se puede fácilmente determinar que, por ejemplo, en la parte boscosa de los cerros orientales, hay que plantar especies leñosas como el árbol del canelo (Drimys), el encenillo (Weinmannia) o los gaques (Clusia, Vallea); y en lugares como los páramos hay que tener muy presente a frailejones como el Espeletia grandiflora, también llamado frailejón mayor y no a otras especies como Espeletia lopenzii (frailejón perrito) de los páramos de Boyacá”.

Desde las décadas de los 30 y 40, se realizaron plantaciones con árboles que no son propios de estas zonas, como los pinos y eucaliptos, así como otros cipreses, los cuales han repoblado zonas aledañas a Monserrate, pero que no son nativas; “no hay una armonía con la situación original, además, representan un riesgo durante incendios por los aceites en sus tejidos o la necromasa que termina siendo un combustible rápido”.

“En aquellas épocas no se tenía el conocimiento y la capacidad tecnológica y científica que se tiene hoy en día, por lo que sé el trabajo no se hizo de manera adecuada; pero en la actualidad no hay excusa para ello, y la universidad desde el Instituto y todos sus profesionales tiene la capacidad y el mejor personal para asistir las estrategias de reforestación que se lleven a cabo”, indica el experto.

Otro punto clave es que, al hacer mal estos procesos, se corre el riesgo de alterar su capacidad para controlar el exceso de gases en el aire como el dióxido de carbono (CO2), un servicio ecosistémico indispensable.

El experto hace un llamado a que no haya “histeria” por eventos que han pasado desde hace muchos años, y que son propios del devenir histórico del planeta; pero asegura que, “una de las herramientas más poderosas es la pedagogía ambiental, para contrarrestar problemas como la sobrepoblación y los asentamientos, que acentúan los incendios.

Recalca que, “el país es uno de los mejores documentados en cuanto a vegetación en el mundo, y el arduo trabajo de descripción y materialización del mapa está al servicio de los entes gubernamentales desde su lanzamiento el año pasado”.


Sin embargo, anota, “no se ha logrado que pueda estar al servicio de todos los interesados, y lo preocupante es que, si se sigue dilatando el asunto, la actualización de la información, por ejemplo, lo relacionado con los incendios, va a ser más traumática”.

El profesor anota que, hay que tener en cuenta que los incendios hacen parte de cambios y fluctuaciones propias de los ciclos en la naturaleza, y que hay temporadas específicas del año en donde se sufren con una mayor intensidad, pero en los casos de la actual crisis (entre diciembre y marzo, temporada de sequía) la totalidad de los incendios son producto de la acción humana.

Otros aportes

El mapa tiene la vegetación de cada región y su distribución a lo largo del territorio, tan solo basta con verlo para saber qué tipo de frailejón o especies arbóreas son propias de la zona Nadina o del caribe; así como de los bosques del pacífico o de la Amazonía; según los registros, esta última es la mejor conservada con algunos puntos preocupantes para la conservación de bosques como los frentes de deforestación del Putumayo (San Miguel) y del Caquetá (San Vicente del Caguán o Florencia).

Para el académico, “hay que entender que por lo menos el 70 % de Colombia no tiene vocación agrícola, esto quiere decir que no se tiene la convicción de lo que representa el recurso de la tierra, y que sus potencialidades son renovables y recargables”.

“Si se siguieran las instrucciones y la información académica de primera mano que ya se tiene el problema podría solventarse, pues sabiendo qué especies deben ser plantadas en un lugar en donde la vegetación se perdió, la regeneración tendría éxito”, concluye.

 






lunes, 23 de octubre de 2023

Vuelve la leña al fuego, urge un mejor manejo de incendios forestales en el país

 La llama de los incendios en Colombia sigue latente, y una muestra de ello es lo que ocurre en el Santuario de Fauna y Flora de Iguaque (Boyacá), un lugar en el que científicos encontraron la huella de “combustible” natural (residuos de grandes robles y pequeñas plantas que resultan inflamables), que hace que estos eventos sean cada vez más fuertes. Un tema del que poco se habla y que no tiene un monitoreo riguroso.

En 2015 muchas hectáreas de bosque y vegetación de este majestuoso lugar del municipio de Villa de Leyva fueron consumidas por un incendio de grandes proporciones, provocado, al parecer, por un grupo de personas que buscaban cazar animales silvestres.

Aunque los equipos de bomberos, la Defensa Civil y la Cruz Roja llegaron al lugar para controlar el fuego, existe un factor que a largo plazo sería un talón de Aquiles, y es que cuando ocurre un incendio forestal se aplica el plan de manejo existente para atenderlo, pero poco se piensa en lo que queda en el lugar: cientos de trozos de madera y hojarasca que sirven de leña para la próxima conflagración.

La ingeniera forestal Alejandra Reyes Palacios, magíster en Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), monitoreó la zona y la encontró vulnerable por la alta carga y concentración de “combustibles naturales”, el incremento desmedido del helecho marranero, y la pérdida tanto de robustez de la corteza interna del roble andino como de humedad en sus hojas.

Para ello, entre 2018 y 2019 tomó muestras en 12 parcelas –la mitad con bosque quemado y la otra sana– de los troncos de los árboles, sus hojas y algunos transectos de bosque para determinar los desechos que sirven como “gasolina” de los incendios, trabajo que contó con el apoyo y acompañamiento de Parques Nacionales y Naturales de Colombia.

“El problema de los ecosistemas andinos es que no están adaptados al fuego, distinto a lo que ocurre en algunas regiones como la Orinoquia, en donde las quemas se hacen cada cierto tiempo, incluso en actividades tradicionales de ganadería; por eso el impacto es cada vez mayor, e incluso la vegetación que prefiere el calor termina muriendo, es algo insostenible y hay que prestarles mayor atención a las estrategias de mitigación”, asegura la magíster, integrante del grupo de investigación Ecología del Paisaje y Modelación de Ecosistemas (Ecolmod) de la UNAL, liderado por la profesora Dolors Armenteras, de la Facultad de Ciencias de la Institución.

Añade que “mientras en 2018 los bosques quemados en el Santuario contenían cerca de 8,34 toneladas de material leñoso por cada hectárea, en 2019 estas aumentaron a 13,92, lo cual se contrasta con la parte de bosques conservados, en donde solo se llega a 2,99 toneladas”.

Esto quiere decir que cada hectárea de bosque tiene residuos que son como la “mecha” para un próximo incendio, haciendo que la chispa sea mucho más peligrosa y arrase con todo a su paso, no  solo con la vegetación sino también con animales pequeños que viven en la zona como ardillas, armadillos, conejos y zorros.

“Más del 90 % de los incendios que se presentan en el país son generados por actividades humanas, una irresponsabilidad que se busca cambiar con pedagogía sobre un manejo integral del fuego, en la que se tenga en cuenta que algunas actividades ganaderas tradicionales en las sabanas de la Orinoquia necesitan del fuego para sus procesos ecológicos, por ello es importante conocer el régimen del fuego necesario para mantener el equilibrio”, indica la magíster.

Como se mencionó, algunas especies de vegetación –como hierbas y enredaderas– han empezado a propagarse en zonas con mayor radiación solar porque son tolerantes al calor y lo prefieren, y aunque también germinan especies del bosque nativo, se ha observado que después de un tiempo ya no están, lo cual obedecería a la presencia de helecho marranero en áreas quemadas, según reportes de la literatura.

“Así como puede haber restos de madera de 0,5 cm, que el fuego consume en solo una hora, también existe la posibilidad de que en la zona haya trozos de roble –o cualquier otra especie– de unos 8 cm, que tardan en quemarse alrededor de 1.000 horas”, expresa la experta.

Con esta información se busca empezar a plantear mejores estrategias, que tengan en cuenta la realidad de los incendios forestales y que actúen de manera oportuna después de los eventos. Una buena medida sería remover el material vegetal inflamable, pero aún se necesitan más estudios para determinar el riesgo que esta medida generaría para los ecosistemas.






viernes, 28 de julio de 2023

Calendario de quemas mitigaría incendios forestales en Cravo Norte

 Las quemas que se salen de control y las acciones irresponsables de algunos turistas que instalan fogatas o dejan residuos de vidrio en el lugar amenazan el área protegida del Distrito de Manejo Integrado (DMI) Cinaruco, ubicado en el municipio de Cravo Norte (Arauca). Para contrarrestar los efectos negativos y prevenir incendios forestales se diseñó un calendario de quemas en el cual se reconoce el uso ancestral del fuego y cómo el trabajo conjunto con la comunidad puede prevenir que los ecosistemas se deterioren.

Entre los municipios de Arauca y Cravo Norte está Cinaruco, un área natural protegida que fue la primera en el país en ser declarada bajo la categoría de DMI, figura que protege los ecosistemas naturales y que además permite el uso de los recursos de manera sostenible para las comunidades indígenas y llaneras del departamento.

Conformada principalmente por sabanas inundables tropicales, humedales, bosques de galería y cuerpos de agua provenientes de los ríos Cinaruco y Capanaparo, esta zona natural se posiciona en el departamento por sus riquezas en flora y fauna. Sin embargo, en esta área, habitada especialmente por campesinos, las quemas que se salen de control constituyen un factor de riesgo.

Con la importancia de conocer que uso le dan al fuego los actores locales y enumerar que factores inciden en los incendios forestales, el Grupo de Investigación en Ecología del Paisaje y Modelación de Ecosistemas (Ecolmod) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá adelantó un proyecto para generar estrategias que puedan prevenir los incendios forestales.

Del trabajo conjunto con la comunidad local, Parques Nacionales en cabeza de los encargados del Distrito Cinaruco, bomberos de Cravo Norte, Defensa Civil y otras instituciones del Estado, se construye un calendario de quemas, una herramienta gráfica que permite planificar y orientar las actividades forestales en torno a las quemas, y con ello organizar en detalle las acciones relacionadas con esta práctica.

“Con este calendario se empieza a describir mes a mes qué actividades realizan en la zona, y así caracterizar si había acciones que la comunidad realizara antes de los incendios forestales o, por el contrario, ver si hay alguna que esté incentivando el uso de fuego más de lo debido”, expresa la ingeniera forestal Alejandra Reyes Palacios, investigadora de Ecolmod.

En el calendario se observa que el primer trimestre del año es una época seca con temperatura más alta y más viento, lo que favorece que se presenten incendios forestales.

“El calendario busca que la comunidad reconozca cuáles son las épocas del año con mayor ocurrencia y cuáles son esas otras actividades que se puedan realizar, como las siembras”, señala la ingeniera.

Diferenciar el fuego de los incendios forestales

Aunque el fuego es una perturbación que puede ser natural, la mayoría de las veces es provocado por el ser humano (antrópica), ya que en las actividades productivas como laganadería o la agricultura el fuego se utiliza para provocar el rebrote de las pasturas o adecuar el terreno para sembrar. Pero, claro, si se sale de control puede provocar incendios forestales que requieren medidas de extinción.

“Existen muchos factores que hacen que el fuego se salga de control, como por ejemplo el viento o la humedad de la sabana. No es lo mismo quemar una sabana con una altura baja y mayor humedad a una completamente seca y alta”, explica la ingeniera forestal.

Por eso, con la metodología de grupos focales se construye de manera participativa el Sistema de Fuegos para el área de DNMI Cinaruco, listando los factores que inciden en los incendios forestales. Dentro de las capacitaciones, la comunidad ha manifestado que las quemas en la frontera con Venezuela también tienen una participación en los incendios forestales.

Así mismo se resalta la falta de fortalecimiento institucional que tiene una incidencia en el manejo del fuego, ya que existen pocas estrategias para reducir los riesgos por incendios; también una debilidad relacionada con el manejo oportuno de los desastres para mitigar los efectos ocasionados por el fuego, y además la presencia de actores armados en la región que es una amenaza constante.

“Es importante abordar estos procesos a partir de una educación ambiental y de sensibilización respecto a las sabanas, pues que este ecosistema esté adaptado al fuego no significa que se deba quemar con frecuencia, así que es preciso conocer el régimen de uso del fuego para este ecosistema, y también que si hay un pasto alto y seco este va a ser más inflamable, por lo que se prenderá con mayor intensidad”, asegura la investigadora.

Por eso los espacios de capacitación han sido valiosos, ya que se reconoce que el fuego tiene un rol dentro de los ecosistemas adaptados a este, además de ser una herramienta de manejo dentro de las practicas productivas e incluso para la prevención de incendios forestales permitiendo el manejo de combustibles.


  




viernes, 12 de noviembre de 2021

Incendios impiden que calidad del aire mejore en el Valle de Aburrá

Pese a que las medidas de confinamiento para evitar la propagación del Covid-19 redujeron el material particulado generado por fuentes móviles, las quemas produjeron contaminantes que influyeron en la calidad del aire en el Valle de Aburrá entre marzo y abril de 2020.

Un estudio adelantado por la Maestría de Medio Ambiente y Desarrollo de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín evidenció que la calidad del aire en el Valle de Aburrá presenta niveles altos de contaminación, según los límites permisibles establecidos por la resolución 2254 de 2017, del Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible.

Para evaluar la influencia de los incendios en la contaminación ambiental del departamento, la magíster Juliana Uribe Castrillón utilizó sensores como el espectrómetro de imágenes de resolución moderada (Modis), el cual cuenta con una alta sensibilidad radiométrica para identificar los incendios regionales en tiempo casi real.

“Los datos recolectados nos permitieron confirmar que, en efecto, entre 2016 y 2020 hubo un aumento progresivo de quemas en Antioquia”, asegura la magíster.

El estudio detectó los puntos de calor producidos por quemas, a través un proceso de teledetección que captura las imágenes y los datos satelitales de las zonas y los meses en que se presenta más contaminación por quemas.

En el primer semestre de 2020 se presentó el mayor número de quemas con 531 puntos de calor que corresponden al 38 %, seguido de 2019 y 2018 con 318 y 295 puntos de calor respectivamente.

Por acción del viento esas partículas de gases contaminantes producidas por las quemas son transportadas hacia la zona metropolitana del Valle de Aburrá, generando un efecto negativo en la calidad del aire.

Datos de la Unidad de Manejo de Desastres de Antioquia (Dapard) muestran que la mayoría de las emergencias fueron generadas por intervenciones del ser humano y que para febrero del año pasado se tenían reportes de más de 300 incendios que pusieron el departamento en alerta roja.

Contaminantes y dañinas para la salud

Durante los últimos años el Valle de Aburrá superó los 37 µg/m3 (microgramos por metro cúbico) de PM2.5, que son partículas muy pequeñas (más que PM10) suspendidas en el aire que pueden ingresar a los pulmones al respirar y causar enfermedades cardíacas y pulmonares.

Existen diferentes gases que generan contaminación en la atmósfera (PM10, PM2,5, CO2, NO2 y O3) y que provienen de fuentes tanto internas –relacionadas con automóviles y fábricas– como externas, como el humo generados por las quemas.

La mayor presencia de incendios se da en el primer semestre del año, entre febrero y marzo, hacia el nordeste de Antioquia, en municipios como Yolombó, San Roque, Gómez Plata, Amalfi  y San Rafael, entre otros, y en el caso específico del Área Metropolitana del Valle de Aburrá se presentan en Medellín.

Una parte importante de los incendios se producen por las altas tasas de deforestación, combinadas con las condiciones climáticas dadas por la transición de la temporada seca a la temporada de lluvias.


Unir esfuerzos para mitigar el impacto ambiental



Aunque las medidas contra la pandemia detuvieron una importante movilización de gases contaminantes producidos por fuentes móviles y fábricas, los incendios contribuyeron a la contaminación del aire.

La investigadora recomienda “continuar generando políticas enfocadas en las fuentes de emisiones controlables (vehículos e industrias), además de incluir análisis de calidad del aire que aportan las fuentes externas en estos proyectos de mitigación, y ahondar su relación con procesos socioeconómicos en el territorio.

En conclusión, aunque las fuentes externas producidas por los incendios no tienen control político, estas continuarán sumando a la carga de contaminantes en el Valle de Aburrá.