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lunes, 5 de febrero de 2024

Mapa de Vegetación Natural, con instrucciones para reforestar luego de incendios, no se usa

 Un ejemplo de la importancia del Mapa de Vegetación Natural es que evidencia que, en Colombia a lo largo de la historia, se ha perdido el 75 % de la vegetación del Caribe, 55 % en la cordillera andina, y 27 % en la Orinoquía. Lo cual se acentúa en la actualidad con la alerta roja por incendios declarada en 28 de los 32 departamentos del país, con conflagraciones que no dan tregua en zonas como los cerros orientales en Bogotá, o en el páramo de Santurbán.

Sin embargo, la implementación de dicha herramienta desarrollada por el Instituto de Ciencias Naturales (ICN), de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), junto con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, e institutos como el Humboldt o el Ideam, aún está en veremos, sin importar que es fundamental para la reforestación de páramos y bosques nativos, ya que ofrece información de las especies que deben ser plantadas en cada región, lo cual disminuiría errores a largo plazo y daños en los ecosistemas.

El profesor Orlando Rangel, del ICN, uno de los líderes de la creación del mapa de vegetación, afirma que, este se apoya en la evidencia. “Con él se puede fácilmente determinar que, por ejemplo, en la parte boscosa de los cerros orientales, hay que plantar especies leñosas como el árbol del canelo (Drimys), el encenillo (Weinmannia) o los gaques (Clusia, Vallea); y en lugares como los páramos hay que tener muy presente a frailejones como el Espeletia grandiflora, también llamado frailejón mayor y no a otras especies como Espeletia lopenzii (frailejón perrito) de los páramos de Boyacá”.

Desde las décadas de los 30 y 40, se realizaron plantaciones con árboles que no son propios de estas zonas, como los pinos y eucaliptos, así como otros cipreses, los cuales han repoblado zonas aledañas a Monserrate, pero que no son nativas; “no hay una armonía con la situación original, además, representan un riesgo durante incendios por los aceites en sus tejidos o la necromasa que termina siendo un combustible rápido”.

“En aquellas épocas no se tenía el conocimiento y la capacidad tecnológica y científica que se tiene hoy en día, por lo que sé el trabajo no se hizo de manera adecuada; pero en la actualidad no hay excusa para ello, y la universidad desde el Instituto y todos sus profesionales tiene la capacidad y el mejor personal para asistir las estrategias de reforestación que se lleven a cabo”, indica el experto.

Otro punto clave es que, al hacer mal estos procesos, se corre el riesgo de alterar su capacidad para controlar el exceso de gases en el aire como el dióxido de carbono (CO2), un servicio ecosistémico indispensable.

El experto hace un llamado a que no haya “histeria” por eventos que han pasado desde hace muchos años, y que son propios del devenir histórico del planeta; pero asegura que, “una de las herramientas más poderosas es la pedagogía ambiental, para contrarrestar problemas como la sobrepoblación y los asentamientos, que acentúan los incendios.

Recalca que, “el país es uno de los mejores documentados en cuanto a vegetación en el mundo, y el arduo trabajo de descripción y materialización del mapa está al servicio de los entes gubernamentales desde su lanzamiento el año pasado”.


Sin embargo, anota, “no se ha logrado que pueda estar al servicio de todos los interesados, y lo preocupante es que, si se sigue dilatando el asunto, la actualización de la información, por ejemplo, lo relacionado con los incendios, va a ser más traumática”.

El profesor anota que, hay que tener en cuenta que los incendios hacen parte de cambios y fluctuaciones propias de los ciclos en la naturaleza, y que hay temporadas específicas del año en donde se sufren con una mayor intensidad, pero en los casos de la actual crisis (entre diciembre y marzo, temporada de sequía) la totalidad de los incendios son producto de la acción humana.

Otros aportes

El mapa tiene la vegetación de cada región y su distribución a lo largo del territorio, tan solo basta con verlo para saber qué tipo de frailejón o especies arbóreas son propias de la zona Nadina o del caribe; así como de los bosques del pacífico o de la Amazonía; según los registros, esta última es la mejor conservada con algunos puntos preocupantes para la conservación de bosques como los frentes de deforestación del Putumayo (San Miguel) y del Caquetá (San Vicente del Caguán o Florencia).

Para el académico, “hay que entender que por lo menos el 70 % de Colombia no tiene vocación agrícola, esto quiere decir que no se tiene la convicción de lo que representa el recurso de la tierra, y que sus potencialidades son renovables y recargables”.

“Si se siguieran las instrucciones y la información académica de primera mano que ya se tiene el problema podría solventarse, pues sabiendo qué especies deben ser plantadas en un lugar en donde la vegetación se perdió, la regeneración tendría éxito”, concluye.

 






martes, 2 de agosto de 2022

Mapa de vegetación natural, necesario para redistribución de tierras

 “El mapa de vegetación natural será una herramienta fundamental para la redistribución de tierras que anuncia el nuevo gobierno”, aseguró el profesor Jesús Orlando Rangel, del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), invitado por la Red de Naciones Unidas Pacto Global Colombia a una conferencia web para explicar los alcances de dicho proyecto.

El académico indicó que el próximo gobierno debería incluir a los campesinos en las asignaciones, además de la porción de territorio vital para satisfacer sus necesidades básicas, tierras deforestadas para resembrar-recuperar los bosques y restaurar la vegetación natural.

“Esta acción se constituiría en un gran aporte del país con mayor expresión de la biodiversidad del mundo al proceso real de mitigar el calentamiento global”, anotó.

El docente, director del proyecto, considera que esta nueva herramienta resulta especialmente valiosa para planear la producción agrícola sin afectar la vegetación nativa del país, la cual ha sido muy transformada, especialmente en las regiones Andina o cordillerana, Caribe y en el Piedemonte llanero (Orinoquia).

El mapa de vegetación natural que realiza ICN en coordinación con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (Minambiente) se desarrolla con tecnologías de información satelital mediante una metodología propuesta por Larry Niño, estudiante del Doctorado en Ciencias - Biología de la UNAL.

El estudiante explica que la recopilación de la información permitirá establecer en detalle los diferentes tipos de vegetación natural con que cuenta el país e identificar los territorios donde ha sido más transformada, ya sea por la agricultura, los cultivos extensivos y otras actividades como la ganadería intensiva.

Los datos se están consolidando en el Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia (SiB Colombia) del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt y estarán al alcance de cualquier colombiano que los quiera consultar antes de adelantar cualquier proyecto o intervención sobre estos recursos.

El biólogo Niño también trabajó desde Google Earth Engine, plataforma abierta que utilizan los científicos y académicos para estudiar y visualizar conjuntos de datos geoespaciales provenientes de miles de imágenes satelitales.

Señala que “las imágenes multidimensionales en las que se fundamenta la cartografía a presentar se componen de tres sensores distintos: dos tipos radar y uno óptico. Cada uno de estos provee datos con distintas perspectivas para diferenciar y clasificar los tipos de vegetación por medio de técnicas de inteligencia artificial, particularmente machine learning o aprendizaje de máquinas”.

Hallazgos importantes

El equipo investigador ya cuenta con la mayor parte de información que se ha producido sobre inventarios de la vegetación de Colombia y tiene sistematizada y “espacializada” la de la Orinoquia y la zona Andina (cordillerana). Entre los hallazgos más importantes se destaca que el modelo ha clasificado el 46 % de la región Andina y el 73 % de la Orinoquia como porciones del territorio cubiertas por vegetación natural.

Se resalta que fueron cartografiadas 52 alianzas/formaciones para los bosques de la Región Andina –en un área aproximada de 13,5 millones de hectáreas–, las cuatro unidades boscosas con mayor extensión, con el 44 % de los bosques andinos, corresponden a aquellos agrupados en las formaciones (alianzas fitosociológicas) como palmares mixto y bosques de roble.

En la región paramuna se diferenciaron 48 alianzas/formaciones en una extensión aproximada de 1,7 millones de hectáreas, con predominancia de tres formaciones con el 40 % de la vegetación de páramo. Predominan tres formaciones con el 40 % del cubrimiento de la vegetación, particularmente frailejonales.

En la Orinoquia fueron cartografiadas 24 alianzas/formaciones de bosques con una extensión aproximada de 7,4 millones de hectáreas, en donde predominan los palmares mixtos de la alianza. En cuanto a los pastizales naturales, se diferenciaron 20 alianzas/formaciones en cerca de 9,6 millones de hectáreas, las 4 unidades con mayor extensión, con el 45 % de los pastizales.

Para el profesor Rangel, el mapa de vegetación tendrá aplicación en diferentes escenarios, particularmente en lo relativo a la toma de decisiones para la utilización sostenible de la biodiversidad, la conservación y la preservación de la enorme riqueza que representan nuestros bosques, selvas y diversos tipos de vegetación.