lunes, 7 de septiembre de 2026

ADN de mosquitos ayudaría a fortalecer la vigilancia de la malaria en la Amazonia

 Mosquitos, muestras de agua y el rastro de ADN que estos insectos dejan en el ambiente están ayudando a entender mejor las condiciones que favorecen la presencia de los vectores de la malaria en la Amazonia. Investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia trabajan con comunidades de la región y el Laboratorio de Salud Pública Departamental del Amazonas para generar información que contribuya a fortalecer la vigilancia y el control epidemiológico de esta enfermedad.

La apuesta cobra especial relevancia en una región en la que la malaria continúa siendo un problema de salud pública. Según datos del Instituto Nacional de Salud (INS) citados en el estudio, en lo corrido de 2026 la malaria ha afectado a cerca del 1,94 % de la población de la región, unas 1.630 personas. Para dengue la proporción reportada es del 0,12 %, equivalente a alrededor de 100 casos.

En Leticia, las altas temperaturas, la humedad, el crecimiento urbano sin planificación, la acumulación de basuras y las dificultades de acceso continuo al agua potable favorecen la presencia de mosquitos. Aunque las comunidades realizan jornadas de limpieza y eliminan recipientes con agua estancada como medidas complementarias a la fumigación y los insecticidas, controlar estos vectores sigue siendo un reto.

Por eso, para los investigadores no basta con saber dónde están los mosquitos. Entender qué ocurre en el agua donde se desarrollan, qué microorganismos están asociados con ellos y cómo las transformaciones ambientales de su hábitat inciden en su presencia puede aportar información útil para su vigilancia epidemiológica.

En esa tarea trabaja la bióloga María Camila Aroca Aguilera, estudiante de la Maestría en Estudios Amazónicos de la UNAL Sede Amazonia, cuyo estudio forma parte de la “Alianza estratégica interdisciplinaria Leticia, Medellín y La Paz para el estudio del microbioma de insectos vectores de enfermedades tropicales y su relación con el cambio climático y la sociedad”, iniciativa que entre 2022 y 2024 reunió a investigadores de distintas Sedes de la UNAL.

El trabajo integra tres componentes: la percepción de las comunidades frente a la enfermedad, la ecología del vector y herramientas de biología molecular. Además, se desarrolla en dos contextos amazónicos con características distintas: comunidades indígenas asentadas cerca de grandes cuerpos de agua y poblaciones ubicadas en zonas de interfluvio.

El territorio también cuenta

El trabajo de campo incluye recorridos, identificación de criaderos y observación de transformaciones ambientales relacionadas con la presencia de estos insectos.

Este enfoque también incorpora el conocimiento de las comunidades. En poblaciones como Wacará, sus habitantes aportaron observaciones sobre cambios en las lluvias, temporadas secas y presencia de insectos, información que posteriormente se contrastó con los datos obtenidos mediante los muestreos científicos.

“Fue un proceso cercano al territorio, con participación comunitaria e intercambio de saberes”, explica la investigadora Aroca.

La temperatura y las alteraciones en los ciclos de lluvia también pueden modificar los ecosistemas en los que viven los vectores y, con ello, su presencia y comportamiento. Por esta razón, la investigación busca relacionar esas variaciones ambientales con lo que ocurre con los mosquitos en el territorio.

“La salud humana está profundamente conectada con el ambiente; cambios en el entorno modifican los vectores y, por tanto, las enfermedades. Al final, la enfermedad no es una relación simple, es una relación del cuerpo con un todo, un todo del interior y el exterior”, afirma.

Los investigadores recolectan en ambientes naturales larvas, pupas y mosquitos adultos, además de muestras del agua en la que se desarrollan.

El rastro genético que queda en el agua

Una de las herramientas utilizadas es el ADN ambiental (eDNA), que permite rastrear el material genético que los organismos dejan en su entorno mediante células, secreciones, heces o fragmentos de tejido. Así, una muestra de agua puede aportar información sobre las especies presentes en determinado lugar, incluso sin depender exclusivamente de la captura de los mosquitos.

En la investigación, el ADN ambiental se relaciona con el estudio del microbioma de Anopheles, es decir, el conjunto de microorganismos asociados con estos mosquitos. Analizar estas comunidades permite explorar cómo las condiciones ecológicas y ambientales se relacionan con la biología y adaptación de los vectores.

Esta aproximación se apoya en resultados obtenidos previamente en la Amazonia. Al estudiar las comunidades bacterianas asociadas con dos especies de Anopheles, los investigadores encontraron que su composición cambia según la especie y la etapa de desarrollo del mosquito. Además, las larvas y pupas presentaron mayor diversidad bacteriana que los adultos.

Otro estudio, esta vez con Aedes aegypti en criaderos artificiales de Leticia, encontró relaciones entre las bacterias presentes en el agua, las distintas etapas de desarrollo del mosquito y características de los criaderos como la temperatura, la conductividad y los sólidos disueltos.

Capacidad científica desde la Amazonia

El siguiente paso es que buena parte de estos análisis pueda hacerse en la propia región. Para ello, la UNAL trabaja con el Laboratorio de Salud Pública Departamental del Amazonas en el fortalecimiento de capacidades de campo y laboratorio y en metodologías relacionadas con ADN ambiental y microbiomas.

“Es la primera vez que estamos haciendo investigación desde la región; con el Laboratorio de Salud Pública Departamental estamos ampliando esa línea de investigación para potenciar toda la capacidad humana y técnica que existe en el territorio para que no dependamos de externos para realizar estos procesos”, concluye la investigadora.





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