Durante varias horas de la noche del 27 de agosto, la sombra de la Tierra cubrió cerca del 96 % de la Luna y le dio una tonalidad rojiza que pudo apreciarse desde Bogotá. Aunque técnicamente fue un eclipse parcial, la magnitud del fenómeno hizo que su apariencia fuera muy cercana a la de uno total. Desde el Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), cientos de personas se reunieron para observarlo y comprender qué estaba ocurriendo en el cielo.
Mientras casi toda la superficie lunar quedó cubierta por la
sombra terrestre, cerca del 4 % permaneció fuera de ella, iluminado y conservó
su color habitual. El resultado fue una Luna que combinó, durante unas horas,
el blanco de su superficie iluminada con los tonos rojizos de la zona
eclipsada.
El evento comenzó a las 8:23 p. m., cuando el satélite
ingresó en la zona más tenue de la sombra de la Tierra, y alcanzó su mayor
intensidad alrededor de las 11:20 p. m. En ese momento, los asistentes pudieron
observar el eclipse a través de los diferentes telescopios dispuestos por el
Observatorio.
Después de esa hora, la Luna recuperó progresivamente su
brillo habitual, dejando atrás ese aspecto rojizo que simulaba un atardecer en
medio de la noche. Este efecto se produce porque la luz del Sol atraviesa la
atmósfera terrestre antes de llegar a la Luna.
En ese recorrido, los tonos rojizos y anaranjados alcanzan
la superficie lunar, produciendo el característico color que se observa durante
estos fenómenos.
“Lo que nosotros vemos en un eclipse de luna es
prácticamente un atardecer o un amanecer en cualquier otro lado de nuestro
planeta, sino que gracias nuevamente a la dispersión de Rayleigh, de la
dispersión de la luz sobre la atmósfera de la Tierra, es que se dan esos tonos
rojizos o anaranjados sobre la superficie y eso es lo bonito de observar”,
explicó Juan Diego Rodríguez, estudiante de la Maestría en Astronomía y becario
del Observatorio Astronómico Nacional.
El cielo también se convirtió en aula
El fenómeno pudo observarse a simple vista, sin necesidad de
equipos especiales, lo que permitió seguir el avance de la sombra de la Tierra
sobre el disco lunar y apreciar las variaciones de color que acompañaron el
eclipse.
La observación también estuvo acompañada por una
programación de divulgación científica en el Observatorio Astronómico Nacional.
La Universidad abrió sus puertas a la ciudadanía y dispuso telescopios, charlas
y actividades en el domo planetario.
Las actividades comenzaron desde la tarde y se extendieron
durante la noche. Estudiantes de la Maestría y el Doctorado en Astronomía
participaron como divulgadores y abordaron temas relacionados con los eclipses,
su origen, su importancia histórica y otros fenómenos observables en el cielo.
La intención fue que la experiencia no se limitara a mirar
por un telescopio. Las charlas combinaron explicaciones teóricas y actividades
didácticas para acercar la astronomía a personas que no necesariamente tenían
conocimientos previos sobre esta ciencia.
La jornada coincidió además con los 223 años de historia del
Observatorio, espacio dedicado a la observación y formación científica. Durante
la celebración, la comunidad universitaria recordó la trayectoria de este lugar
y su aporte al desarrollo de la astronomía en Colombia.
La programación incluyó también una mirada histórica sobre
los eclipses y la relación que distintas sociedades han construido con estos
fenómenos. De esta manera, la jornada permitió acercarse al cielo desde la
ciencia, pero también desde la historia y la cultura.
Además, el eclipse ofreció una oportunidad para mirar más
allá de la Luna. En lugares alejados de la contaminación lumínica, la
disminución de su brillo permitió observar estrellas que normalmente quedan
ocultas por la intensidad de la Luna llena.
Así, durante unas horas, la sombra de la Tierra convirtió a
la Luna en el principal punto de atención del cielo. Pero la jornada en la
Universidad dejó una mirada más amplia: detrás del espectáculo había
movimientos orbitales, fenómenos físicos y siglos de preguntas humanas sobre el
universo.
El eclipse terminó durante la madrugada, cuando la Luna
recuperó gradualmente su brillo habitual y abandonó la sombra terrestre. La
noche cerró como había comenzado: con la mirada puesta en el cielo de Bogotá y
una comunidad reunida no solo para observarlo, sino también para comprenderlo.





