miércoles, 2 de septiembre de 2026

El fenómeno climático que podría intensificar las sequías durante El Niño

 Mientras Colombia se prepara para atravesar un Súper Niño, otro fenómeno atmosférico podría influir en qué tan intensas sean las condiciones secas. Se trata de la Oscilación Madden-Julian, que recorre los trópicos cada 30 a 90 días y puede alterar las lluvias a su paso. Una investigación encontró que, cuando coincide con El Niño en determinadas fases, la probabilidad de lluvia puede caer por debajo del 30 % en algunas regiones del país, reforzando las condiciones de sequía.

El hallazgo cobra relevancia ante la posibilidad de que, en un planeta más cálido, los episodios extremos asociados con El Niño se intensifiquen. El término “Súper Niño” se utiliza para describir eventos excepcionalmente fuertes de este fenómeno, caracterizados por un calentamiento muy pronunciado de las aguas del Pacífico ecuatorial y capaces de alterar con mayor intensidad los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del planeta.

Para Colombia, el problema no está solamente en cuánto pueda intensificarse El Niño, sino en la manera como interactúa con otros fenómenos atmosféricos que pueden aumentar o disminuir sus efectos sobre las lluvias, uno de ellos es precisamente la Oscilación Madden-Julian.

A diferencia de El Niño, que puede permanecer durante varios meses, la Oscilación Madden-Julian es una perturbación atmosférica que se desplaza de oeste a este por la franja tropical, desde el océano Índico hacia el Pacífico.


y condiciones más secas. Aunque se origina a miles de kilómetros de Colombia, sus efectos sobre la circulación atmosférica pueden modificar la cantidad de humedad y precipitación que llega al país.

La investigación de Juan Daniel González Caldera, magíster en Ingeniería-Recursos Hidráulicos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, muestra que cuando la Oscilación Madden-Julian se encuentra en sus fases 4 y 5 —es decir, cuando su zona de mayor actividad atmosférica se ubica sobre determinadas áreas del océano Índico y el Pacífico— y coincide con El Niño, la probabilidad de lluvia puede caer por debajo del 30 % en sectores del país, especialmente de la región Andina.

Mientras la Oscilación Madden-Julian completa su recorrido aproximadamente cada 30 a 90 días, El Niño y La Niña forman parte de un ciclo mucho más largo, que varía en escalas de entre 2 y 7 años.

“Puede intensificar las sequías al disminuir las lluvias, o incluso ayudar a mitigar los impactos cuando se encuentra en su fase convectiva”, explica el magíster González.

Según el experto, lo importante radica en dónde se encuentra la zona activa de esta oscilación. Cuando favorece el ascenso de aire húmedo y la formación de nubes puede aumentar las precipitaciones; cuando ocurre lo contrario, puede reforzar temporalmente las condiciones secas.

Esa capacidad de aumentar o reducir las lluvias también aparece durante La Niña. La investigación encontró que, cuando la Oscilación Madden-Julian se encuentra en las fases 8 y 1, la probabilidad de condiciones lluviosas puede alcanzar entre el 70 y el 80 %, con efectos especialmente notorios sobre la región Andina y sectores del Escudo Guayanés.

Por eso, conocer en qué fase se encuentra la oscilación podría aportar información adicional para anticipar periodos particularmente secos o lluviosos dentro de fenómenos de mayor duración como El Niño y La Niña.

Cambio climático podría reforzar los periodos secos y húmedos

Para explorar qué podría ocurrir en un clima más cálido, el magíster González sometió el modelo desarrollado en la investigación a una especie de “prueba de estrés”: aumentó de manera controlada la intensidad de El Niño-La Niña y de la Oscilación Madden-Julian, tomando como referencia un escenario de altas emisiones de gases de efecto invernadero. El propósito no fue predecir exactamente cómo será el clima futuro, sino observar cómo responderían los patrones de lluvia del país si estos fenómenos se fortalecen.

Los resultados mostraron que, bajo condiciones de El Niño, algunos de los estados más secos de precipitación podrían aumentar su frecuencia entre un 5 y cerca de un 10 %. Con La Niña ocurre lo contrario: se refuerzan los estados húmedos. Sin embargo, la Oscilación Madden-Julian puede moderar parcialmente esos efectos, introduciendo episodios húmedos durante El Niño o atenuando algunos cambios durante La Niña.

“Lo que encontramos es que serían períodos más intensos. El ENSO puede ser más fuerte por la disminución de la precipitación, por ejemplo”, añade el investigador.

Sin embargo, los resultados también muestran que la Oscilación Madden-Julian no actúa siempre en la misma dirección: dependiendo de su fase puede reforzar las condiciones impuestas por El Niño o La Niña, pero también contrarrestarlas parcialmente. Esa variabilidad es justamente una de las razones por las que incorporarla a los análisis climáticos puede mejorar la comprensión de lo que ocurre dentro de una temporada seca o lluviosa.

Para llegar a estos resultados, el investigador analizó registros de precipitación de más de 1.000 estaciones del Ideam y los complementó con información atmosférica global sobre viento, humedad y movimiento vertical del aire. A partir de estos datos identificó distintos patrones de lluvia en Colombia y evaluó cómo cambia la probabilidad de pasar de un estado seco a uno húmedo —o viceversa— según la fase de El Niño, La Niña y la Oscilación Madden-Julian.

Para ello utilizó un modelo estadístico conocido como modelo oculto de Markov no homogéneo, que permite reconocer patrones que no son evidentes directamente en los datos y estimar la probabilidad de transición entre distintos estados de precipitación. Después sometió ese modelo a cambios controlados en la intensidad de El Niño-La Niña y la Oscilación Madden-Julian para explorar su comportamiento bajo condiciones compatibles con escenarios de cambio climático.

Más que reemplazar los pronósticos existentes, los resultados muestran que incorporar la interacción entre estos fenómenos puede ayudar a comprender mejor por qué, dentro de un mismo episodio de El Niño o La Niña, las condiciones de lluvia pueden cambiar en cuestión de semanas.

“Se deben generar estrategias de planeación para mitigar impactos; entender la Oscilación Madden-Julian es crucial para ello”, concluye González.

 


martes, 1 de septiembre de 2026

Eclipse lunar cubrió el 96 % de la Luna y tiñó de rojo el cielo bogotano

 Durante varias horas de la noche del 27 de agosto, la sombra de la Tierra cubrió cerca del 96 % de la Luna y le dio una tonalidad rojiza que pudo apreciarse desde Bogotá. Aunque técnicamente fue un eclipse parcial, la magnitud del fenómeno hizo que su apariencia fuera muy cercana a la de uno total. Desde el Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), cientos de personas se reunieron para observarlo y comprender qué estaba ocurriendo en el cielo.

Mientras casi toda la superficie lunar quedó cubierta por la sombra terrestre, cerca del 4 % permaneció fuera de ella, iluminado y conservó su color habitual. El resultado fue una Luna que combinó, durante unas horas, el blanco de su superficie iluminada con los tonos rojizos de la zona eclipsada.

El evento comenzó a las 8:23 p. m., cuando el satélite ingresó en la zona más tenue de la sombra de la Tierra, y alcanzó su mayor intensidad alrededor de las 11:20 p. m. En ese momento, los asistentes pudieron observar el eclipse a través de los diferentes telescopios dispuestos por el Observatorio.

Después de esa hora, la Luna recuperó progresivamente su brillo habitual, dejando atrás ese aspecto rojizo que simulaba un atardecer en medio de la noche. Este efecto se produce porque la luz del Sol atraviesa la atmósfera terrestre antes de llegar a la Luna.

En ese recorrido, los tonos rojizos y anaranjados alcanzan la superficie lunar, produciendo el característico color que se observa durante estos fenómenos.

“Lo que nosotros vemos en un eclipse de luna es prácticamente un atardecer o un amanecer en cualquier otro lado de nuestro planeta, sino que gracias nuevamente a la dispersión de Rayleigh, de la dispersión de la luz sobre la atmósfera de la Tierra, es que se dan esos tonos rojizos o anaranjados sobre la superficie y eso es lo bonito de observar”, explicó Juan Diego Rodríguez, estudiante de la Maestría en Astronomía y becario del Observatorio Astronómico Nacional.

El cielo también se convirtió en aula

El fenómeno pudo observarse a simple vista, sin necesidad de equipos especiales, lo que permitió seguir el avance de la sombra de la Tierra sobre el disco lunar y apreciar las variaciones de color que acompañaron el eclipse.

La observación también estuvo acompañada por una programación de divulgación científica en el Observatorio Astronómico Nacional. La Universidad abrió sus puertas a la ciudadanía y dispuso telescopios, charlas y actividades en el domo planetario.

Las actividades comenzaron desde la tarde y se extendieron durante la noche. Estudiantes de la Maestría y el Doctorado en Astronomía participaron como divulgadores y abordaron temas relacionados con los eclipses, su origen, su importancia histórica y otros fenómenos observables en el cielo.

La intención fue que la experiencia no se limitara a mirar por un telescopio. Las charlas combinaron explicaciones teóricas y actividades didácticas para acercar la astronomía a personas que no necesariamente tenían conocimientos previos sobre esta ciencia.

La jornada coincidió además con los 223 años de historia del Observatorio, espacio dedicado a la observación y formación científica. Durante la celebración, la comunidad universitaria recordó la trayectoria de este lugar y su aporte al desarrollo de la astronomía en Colombia.

La programación incluyó también una mirada histórica sobre los eclipses y la relación que distintas sociedades han construido con estos fenómenos. De esta manera, la jornada permitió acercarse al cielo desde la ciencia, pero también desde la historia y la cultura.

Además, el eclipse ofreció una oportunidad para mirar más allá de la Luna. En lugares alejados de la contaminación lumínica, la disminución de su brillo permitió observar estrellas que normalmente quedan ocultas por la intensidad de la Luna llena.

Así, durante unas horas, la sombra de la Tierra convirtió a la Luna en el principal punto de atención del cielo. Pero la jornada en la Universidad dejó una mirada más amplia: detrás del espectáculo había movimientos orbitales, fenómenos físicos y siglos de preguntas humanas sobre el universo.

El eclipse terminó durante la madrugada, cuando la Luna recuperó gradualmente su brillo habitual y abandonó la sombra terrestre. La noche cerró como había comenzado: con la mirada puesta en el cielo de Bogotá y una comunidad reunida no solo para observarlo, sino también para comprenderlo.