martes, 28 de julio de 2026

Diminuto sensor de oro rastrea mercurio en el agua

 El oro ya no solo sirve para fabricar joyas. Una química lo combinó con una molécula fluorescente para crear un diminuto sensor capaz de revelar la presencia de mercurio en el agua mediante cambios de luz. Este avance facilitaría el monitoreo de la calidad del agua sin depender de equipos costosos y especializados.


El mercurio siempre ha tenido una ventaja: sabe esconderse. Puede estar presente en un río, en un pez o incluso en el organismo de una persona sin dejar pistas visibles. No cambia el color del agua, no tiene olor y tampoco altera su sabor.

Por ello, detectarlo suele requerir técnicas especializadas, como la fluorescencia de rayos X, la absorción atómica (AAS) o la espectrometría de masas (ICP-MSS), que pueden costar cientos de millones de pesos y deben ser operados por personal técnico, por lo que normalmente permanecen en laboratorios.

Fue precisamente ese panorama el que motivó a la investigadora María Camila Parra Samper, magíster en Química de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), a buscar una alternativa. Mientras revisaba un informe de la Procuraduría General de la Nación de 2024 encontró que departamentos como Antioquia, Chocó, Bolívar y Cauca siguen registrando una preocupante alza de contaminación por mercurio, asociada principalmente con la minería ilegal de oro.

De hecho, la Procuraduría también aseguraba en un informe de 2023 que Colombia tenía más de 80 sitios potencialmente contaminados con mercurio, teniendo fuentes hídricas afectadas en el sur de Bolívar, el Bajo Cauca Antioqueño y en departamentos como Chocó, Caldas, Boyacá, Córdoba y Sucre, la mayoría debido a la extracción ilegal de oro.

La pregunta entonces era inevitable: ¿y si el mercurio pudiera delatarse solo? Así surgió la idea de desarrollar un material que, en el futuro, permita detectar su presencia en una muestra de agua —e incluso de sangre u orina— utilizando apenas una pequeña lámpara de luz ultravioleta.

Y como ella explica, la propuesta tiene una paradoja interesante; durante décadas el mercurio se ha utilizado para extraer oro por medio de una amalgama en la minería artesanal e ilegal. Ahora ese mismo oro ayudaría a encontrar al mercurio antes de que continúe contaminando ríos y comunidades.


El pequeño sensor funciona como una lámpara que se apaga al entrar en contacto con mercurio, lo cual facilitaría el monitoreo de la calidad del agua.

La investigadora Parra, con el apoyo y la dirección de la profesora Gilma Granados, del Departamento de Química de la UNAL, diseñó partículas esféricas de entre 19 y 21 nanómetros de diámetro, unas 5.000 veces más pequeñas que el grosor de un cabello humano.

A esa escala, el oro deja de comportarse como una joya y empieza a actuar como un nanomaterial capaz de interactuar con la luz de una forma muy distinta a la que vemos a simple vista, una propiedad electrónica que las investigadoras aprovecharon para construir el sensor.

El oro no trabaja solo

La experta de la UNAL lo unió a una isocumarina, una molécula orgánica desarrollada en el laboratorio que emite un intenso brillo bajo luz ultravioleta. Juntos forman una especie de “equipo de búsqueda”: la molécula aporta la señal luminosa y el oro favorece la interacción con el mercurio.

“Tenemos las propiedades fluorescentes de la isocumarina y las propiedades electrónicas del oro. Además, el oro tiene mucha afinidad con el mercurio y ese fue otro de los motivos por los que lo escogimos”, señala la investigadora Parra.

En las primeras pruebas observaron que, al unirse con las nanopartículas de oro, el brillo de la molécula disminuía cerca de un 30 %, pero cuando agregaron mercurio la fluorescencia prácticamente desapareció.

“Cuando estuvo en presencia de mercurio se apagó totalmente. Lo que quiere decir que en el momento en que lo veíamos bajo la lámpara UV se apagaba la fluorescencia y cuando lo medíamos en el fluorómetro las bandas de emisión características también caían. Ahí dijimos: ‘algo está pasando en la superficie del mercurio y de nuestro nanomaterial’”, asegura la experta.

La primera gran pista apareció cuando ese “apagón” de la fluorescencia se convirtió en la señal de que el mercurio estaba presente e interactuando con este nuevo nanomaterial.

Las pruebas se realizaron con cantidades muy pequeñas de cloruro de mercurio disueltas en agua. Los investigadores trabajaron con concentraciones de entre 1 y 100 micromolar (µM), una escala que en química se utiliza para medir cantidades diminutas de una sustancia.

El nanosensor logró detectar el metal a partir de 3,06 µM, un resultado que confirma el potencial de la tecnología y marca el punto de partida para hacerla cada vez más sensible.

Pero eso no es todo, el experimento también buscó reducir su impacto ambiental desde el laboratorio. Las nanopartículas de oro se obtuvieron mediante una metodología de química verde, utilizando agua como medio de reacción, un estabilizante coloidal de baja toxicidad y un proceso de apenas 45 minutos, sin largos periodos de calentamiento.

“No necesitamos reactivos contaminantes como piridinas o algún otro solvente como ácidos fuertes, solo con agitación constante y control ambiental obtuvimos las nanopartículas de oro”, explica.

Además de detectar mercurio, el material también mostró respuesta frente a otros metales como plomo, níquel, zinc, cadmio o hierro, una línea que el grupo espera profundizar en futuras investigaciones.

Aunque el nanosensor ya demostró su capacidad y potencial, ahora las investigadoras buscarán fortalecer la unión entre las nanopartículas de oro y la molécula fluorescente con el propósito de identificar concentraciones cada vez más bajas del metal y ampliar sus posibles aplicaciones en monitoreo ambiental.

 






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