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lunes, 7 de abril de 2025

Lagartijas estriadas se han adaptado para vivir en el campus de la UNAL Sede Bogotá

 De estas habitantes de la Ciudad Universitaria, conocidas científicamente como Riama striata y cuya característica principal son las estrías en sus escamas, existen dos poblaciones que han sorteado las amenazas de vivir en la ciudad, con adaptaciones diferentes entre sí en sus formas de reproducción que evidencian historias fascinantes de supervivencia.

Sede Bogotá se ubica en los invernaderos de la Facultad de Ciencias Agrarias y se caracteriza por un rápido recambio de individuos jóvenes, por su alta tasa de natalidad; la otra está en los alrededores del edificio de la Facultad de Cine y Televisión, en donde las lagartijas optan por una estrategia más cautelosa, con individuos que viven más tiempo, pero su reproducción es menos frecuente.

La lagartija estriada es autóctona de las tierras frías y altas de la cordillera Oriental de Colombia y se distribuye en Boyacá, Cundinamarca y Santander. Los registros de la especie se reportan especialmente en la Sabana de Bogotá, los cerros Orientales y los páramos.

Esta especie se puede observar debajo de troncos, rocas, hojarasca o entre el pasto. En áreas afectadas por la expansión urbana habita debajo de escombros de cemento, ladrillo, plástico o madera. Las hembras ponen entre 1 y 2 huevos, y se ha sugerido que dos o más de ellas pueden ubicarlos en un mismo sitio, lo que se conoce como “nidos comunales”.

El biólogo Miguel Ángel Méndez Galeano, magíster en Biología, realizó el primer reporte oficial de estas lagartijas en la Universidad en 2016. Ahora, junto con sus colegas Rafael Moreno y Alejandra Pinto –también de la Institución– adelantaron un exhaustivo seguimiento de ambas poblaciones para conocer su estado, parámetros y dinámicas en un área urbana.

Para realizar el estudio, durante un año los investigadores buscaron individuos en las instalaciones de Cine, el Invernadero, y cerca al Estadio Alfonso López Pumarejo y la Hemeroteca Nacional. “Los individuos capturados se marcaron para poder identificarlos y facilitar el monitoreo de su crecimiento y supervivencia”, explica el magíster.

Este estudio arroja luces sobre la compleja dinámica demográfica de estas lagartijas, y además plantea preguntas cruciales sobre cómo las condiciones ambientales y las estrategias de vida pueden influir en la resiliencia de las especies en entornos urbanos.

Misma especie, diferentes comportamientos

Los hallazgos mostraron que las dos poblaciones de lagartijas son distintas. Aunque presentan características de estabilidad poblacional, las de Agronomía mostraron una mayor cantidad de individuos, con 68 encontrados (53 % adultos, 47 % juveniles) y un número estimado de 109 a 201. La población de Cine y Televisión, aunque más pequeña, se comportó de manera diferente en términos de estrategias demográficas. Allí se capturaron 40 lagartijas (62 % adultos, 38 % juveniles), y se estima que hay entre 60 y 126 ejemplares.

Las tasas de mortalidad también variaron entre las poblaciones. “La de Agronomía mostró una mayor mortalidad entre los adultos”, señala el biólogo Méndez. Esta evaluación, así como la de supervivencia, se realizó mediante recapturas, para llevar un control sobre si los individuos previamente marcados volvían a ser vistos, permitiendo así estimar la muerte y el nacimiento en cada población.

La lagartija estriada de la UNAL Sede Bogotá no cambia mucho de lugar y guarda fidelidad a su refugio, ubicado en los lugares que la protegen del pastoreo, los nichos térmicos, los sitios reproductivos o las fuentes de alimento, por lo que su conservación depende de que sus hábitats no se modifiquen con cambios de cobertura vegetal por urbanización, lo que podría en riesgo su existencia.

A pesar de las condiciones de alta intervención humana en el campus, las poblaciones de R. striata se mantienen estables. Esto sugiere que, aunque son vulnerables por su tamaño poblacional, han encontrado estrategias para sobrevivir en un entorno que presenta desafíos a causa de la presencia humana.

Según el investigador, “para proteger estas poblaciones únicas se aconseja preservar y enriquecer los elementos clave del hábitat de la especie, tales como mantener zonas de pastizal con refugios naturales y artificiales y evitar la poda de pasto en estos lugares”.

“Lo que puede parecer desordenado o antiestético para los humanos puede ofrecer refugio y oportunidades de supervivencia para la fauna local”, concluye el investigador.






miércoles, 13 de septiembre de 2023

Pulpo común se ha adaptado al Caribe colombiano para no extinguirse

 Así lo evidenció el análisis genético a 30 pulpos comunes (Octopus insularis) en Providencia, San Andrés, Cabo de la Vela, Santa Marta, isla Ceycén e isla Fuerte. El dato es relevante considerando que el conocimiento filo-geográfico –utilizado para indagar sobre el origen y la dispersión de especies– es fundamental para conservar y manejar adecuadamente esta especie.

El pulpo común de aguas poco profundas que se pesca artesanalmente en el suroeste del Caribe está bajo constante presión pesquera y sigue siendo una especie poco estudiada en la región, por lo que se desconoce el estado de su diversidad genética.

Esta especie de gran importancia ecológica, económica y social se alimenta de crustáceos, bivalvos, gasterópodos y peces, por lo que se considera como un depredador oportunista y generalista; además, aunque vive especialmente en fondos rocosos, también habita arrecifes coralinos, pastos marinos y fondos blandos, a profundidades de 1 a 30 m, por lo que es capaz de ocupar un nicho ecológico amplio.

Aunque no existen datos exactos sobre la cantidad de pulpos que se pescan, mediante un estudio filogenético (diagrama evolutivo entre organismos) es posible determinar su diversidad genética y las adaptaciones que han hecho al entorno para no extinguirse. Es el caso, por ejemplo, de lo que sucede con el cambio en la temperatura de los mares, las precipitaciones de agua salada a dulce que reducen la “salinidad” en los arrecifes de corales, y la contaminación por microplástico y petróleo.

Dichos aspectos, que se dan naturalmente pero también por la acción del hombre, generan un impacto medioambiental en los ecosistemas marinos obligando a especies como estas a modificar su información genética (ADN) para sobrevivir.

“Cuanto mayor sea la variabilidad genética de una especie mayor será su adaptación al medio”, afirma Paola Alejandra Puentes Sayo, magíster en Ciencias - Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Caribe, quien analizó el ADN de 30 pulpos comunes capturados por pescadores de Providencia, San Andrés, Cabo de la Vela, Santa Marta, isla Ceycén, e isla Fuerte con el propósito de determinar si existían variables genéticas bio-geográficas, es decir si su línea de ADN era cambiante en diferentes puntos del Caribe colombiano.

Para ello, a una pequeña parte del tejido de la cabeza del cefalópodo se le aplicó el protocolo de “extracción de sales”, que consiste en adicionarle al tejido celular dodecilsulfato sódico (SDS) y proteinasa k, una especie de detergente que al combinarse precipita o elimina ciertas proteínas de las membranas celulares. Esto se logró a través de la incubación durante toda la noche a unos 65 ºC en un horno.


Posteriormente se realizó un proceso de amplificación por PCR, que consiste en duplicar o clonar esa muestra genética para no tener que pagar cada vez por las muestras o ir hasta los lugares. En el Laboratorio de Secuenciación de ADN de la Universidad de los Andes se replicaron los genes mitocondriales COIII y 16S y se analizaron 42 secuencias del gen 16S y 37 del gen COIII.

Los análisis mitocondriales mostraron específicamente haplotipos nuevos (16S = H2, H3 y H4) (COIII = H2 – H7) y haplotipos compartidos con áreas geográficas distantes (16S = H1) (COIII = H1).

“Un haplotipo es una combinación única de variantes genéticas en un grupo de genes que tienden a ser heredadas juntas de generación en generación”, explica la investigadora.

La prueba de FST por pares, herramienta genética que mide cuán diferentes son las poblaciones de una especie, no mostró diferenciación entre localidades con los genes mitocondriales evaluados. Por su parte, el análisis demográfico de COIII indicó que el tamaño efectivo poblacional de la especie se ha mantenido constante, a pesar de ser una de las especies que más se pesca para consumo humano.

El estudio no busca promover la explotación excesiva de la especie, por el contrario, preservarlo, conociendo la variabilidad genética que lo ha hecho adaptarse, sugiriendo además una pesca controlada durante las temporadas de reproducción, que ocurre solo una vez en la vida del animal.